Ecos del Brexit, Parte 2: Atado y bien atado

Escrito por on Jul 15th, 2016 y archivado en Ciudadanía Económica, Destacado, Galería Fotográfica. Tu puedes seguir los comentarios a esta entrada a traves de RSS 2.0. Comentarios y referencias estan cerrados.

Ecos del Brexit, Parte 2: Atado y bien atado

brexit 3La salida de Gran Bretaña de la Unión Europea tiene múltiples consecuencias y, como ya se ha visto, también varias lecturas. Como ya lo comenté, cabe pensar que este aparentemente inesperado resultado del referéndum británico podría ser parte de un perverso juego de sombras regenteado por los mismos intereses de los dueños de los poderes fácticos que siempre juegan a dos bandas.

Durante casi tres siglos la Gran Bretaña jugó el papel de chico dominante, peleonero y acosador del barrio. Patrocinando corsarios “la pérfida Albión” dominó los mares y creó un imperio alrededor del mundo donde nunca se ponía el sol. Tal control marítimo militar global desde mediados del siglo XVII le permitió lograr la mayor acumulación de riqueza de la historia hasta entonces. Aunque es importante destacar que la Corona Británica (con mayúsculas sólo porque la cito como nombre propio) sólo era la cara visible del imperio. Los dueños sistema bancario-monetario eran en realidad los principales beneficiarios de las riquezas que a nombre de éste se obtenían. Así, ésta ponía la fuerza militar y concentraba el poder mientras los otros, desde la “City de Londres” cobraban las ganancias.

La “City”, sede del sistema bancario es una milla cuadrada de terreno soberano en pleno centro de Londres. De manera similar, en todo el imperio, las familias dueñas de la banca acapararon el oro obtenido por la Corona. Bajo la batuta de los Rothschild en toda Europa, los Li en el Lejano Oriente y los Astor, Van Duyne, Dupont, Russel, Rockefeller en diversas partes del mundo, controlaron la ruta del oro, de la seda, los alimentos y hasta la ruta del opio.

A finales de la Primera Guerra Mundial, Gran Bretaña transfirió a los EUA el papel de policía y matón del mundo, mismo que ha desempeñado cabalmente durante casi todo el siglo XX y lo que va del actual, dirigiendo los destinos globales desde la extraterritorialidad de 60 millas cuadradas llamada Distrito de Columbia. Desde allí, donde se asentaron instituciones como el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional, pero sobre todo la CFR (Comisión de Relaciones Internacionales por sus siglas en inglés), donde según propia confesión de Hillary Clinton, acude a recibir sus órdenes, se creó el llamado NWO (nuevo orden mundial).

El eje fundamental del NWO lo fue desde su concepción, en la década de 1970, la división del mundo en tres grandes bloques de países. El tratado norteamericano, TLCAN, marcó la pauta de lo que sería el nuevo tipo de bloques comerciales donde se privilegiaría el flujo de mercancías y capitales, no así el de personas, con miras a la creación de una zona monetaria en algún futuro posible. Si bien la idea de implantar el Amero como divisa de la zona no cuajó, sobre todo por la pérdida que para la banca representaría no poder emitir dólares tan libremente y sin restricciones, en el antiguo continente, la Unión Europea (UE) sí llegó a unificarse monetariamente con el Euro. Casualmente Gran Bretaña, aún siendo parte de la UE nunca abandonó su divisa, la Libra Esterlina, y Suiza, país de origen de la banca moderna (Basilea), nunca se integró a esta y tampoco abandonó el uso de su propia moneda, el Franco.

Forzados los países a someterse a los dictados de los organismos bancarios internacionales a lo que inicialmente se conoció como Consenso de Washington y, posteriormente como “Neoliberalismo”, surgieron las protestas nacionalistas defendiendo, además de su cultura e identidad, su derecho a no ser avasallados por los intereses de los monopolios internacionales: alimentos, armas, energéticos, medios de información, químico-farmacéuticos y, evidentemente, banca, moneda y finanzas.

El Brexit, que parece una importante fisura en la construcción del NWO, bien pudiera ser una válvula de escape que permite la propia elite integrada por un grupo muy reducido de familias con inusitado poder y riqueza para continuar ejerciendo control. Según la organización humanitaria Oxfam, 85 personas poseen tanta riqueza como la mitad de la población más pobre del planeta. A este ínfimo grupo que no se identifica nacionalmente ni con la Gran Bretaña, ni los EUA, Rusia, Alemania, China, incluso ni con Israel, le da lo mismo enriquecerse a costa de una humanidad organizada en bloques económicos que agrupada conforme a identidades excluyentes por motivos raciales, o de ideología/religión.

En noviembre de 2008, en la Chatham House, sede del “Royal Institute of International Affairs”, equivalente en la City de Londres de la CFR en Washington, Zbigniew Brzezinski, ideólogo y uno de los artífices del NWO, advirtió a la elite global que enfrentarían el riesgo –para sus intereses- del despertar de la conciencia de la población mundial. Que habría rechazos a la forzada disolución de identidades nacionales, a las nuevas leyes que se impondrían al interior de los bloques y a los cargos financieros y costos impuestos por los nuevos organismos multinacionales. Como todo esto ya ha sucedido, no es descabellado pensar que en la instauración del NWO pudiera haberse desarrollado un plan B.

Existen varios indicios de este posible plan alternativo. Baste tomar en cuenta, además de la calma con que se ha tomado la salida de la Gran Bretaña de la UE, el abandono del dólar como moneda de comercio y reserva internacional y fortalecimiento del Yuan chino que vendría a sustituirlo; la tolerancia de la élite respecto a la candidatura de Donald Trump, frenético nacionalista y fanático racial, pero ferviente pro-israelí. El mundo no estaría alejándose del NWO, sólo cambiando de táctica. A fin de cuentas, como lo hubiera dicho Francisco Franco, ya se encuentra atado y bien atado el NWO en países con gobiernos afines, como Sudáfrica, India, España, México, Brasil, Argentina, por citar sólo algunos.

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