…MAS ALTO – MAS FUERTE – MAS RAPIDO…. MEJOR DOPADOS…

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…MAS ALTO –  MAS FUERTE – MAS RAPIDO…. 	MEJOR DOPADOS…

dopaje  DE OLIMPIADAS A OLIMPIADAS XVII

BEIJING 2008

 

…MAS ALTO –  MAS FUERTE – MAS RAPIDO…. MEJOR DOPADOS…

 

 

La tentación del dopaje es parte integrante de la naturaleza humana.

                                                             Jean Pierre de Mondenard

No puedo probar esto en un tribunal, pero desde luego creo firmemente que la mayoría de los récords olímpicos y mundiales establecidos en el último medio siglo han sido conseguidos con la asistencia de drogas.

                                                                         Charles Yesalis.

 

 

La noción profunda de la Historia que capta Tucídides surge de una clave que él considera comprender, la que le faculta para conocer los hechos históricos del pasado, del presente y, para quien sea capaz de seguir las indagaciones, del futuro, pues la clave radica en conocer la naturaleza humana y su comportamiento en el ámbito social, el que se explica de manera semejante conforme a conductas estereotipadas que son la manifestación de caracteres psíquicos y somáticos presentes en los seres humanos, propiciando acontecimientos semejantes en diversos períodos históricos. Es decir: las leyes que rigen la naturaleza humana producen hechos semejantes en distintos tiempos y sociedades.

Siglos después. Karl Marx llega a considerar que lo que varía de una época a otra no es lo que hacen los seres humanos, sino el cómo lo hacen, puesto que los medios empleados son los indicadores de escalas graduales del desarrollo material alcanzado.

Se cuenta que desde las primeras competencias antiguas los atletas buscaban maneras de incrementar su fuerza y su resistencia. En ese entonces el deporte cumplía una función como complemento o preparación para la guerra, era una praxis en procura de incrementar las habilidades combativas, la fuerza bélica. (Ver los tres primeros artículos de esta serie)

XVI siglos antes de nuestra era, en las primeras competencias registradas en la Grecia Arcaica, los atletas solían emplear el vino (¿que podía incluir hongos?) haciendo necesario el que los sacerdotes revisaran su aliento. En las Olimpiadas Antiguas con un intensivo consumo de carnes los atletas procuraban conseguir mayor fuerza, las prácticas más absurdas y los brebajes más exóticos se implementaron en procura del fin anhelado: superar con artificios la condición humana natural.

Ya en tiempos modernos los médicos detectaron que el bazo era un estorbo al desempeño atlético e intentaron suprimirlo haciendo beber brebajes misteriosos, ya en el siglo XVII en Alemania se operó algunos atletas para quemárselo con hierro candente: Pocos resistieron a semejantes pruebas y no hay comentarios sobre las proezas de los sobrevivientes. [1]

Y si Spiridon Louys ganó la maratón gracias a que iba tomando unos vasos de vino en el trayecto, qué mejor premio que otorgarle 100 ogues de vino, equivalentes a 1,237 litros.

Que el elixir báquico era el mejor estimulante a finales del siglo XIX lo confirma el caso de Frederic De Civry, emérito competidor ciclista que vencía a sus competidores en completo estado de ebriedad (de haberlo sabido Georgie Bush se inscribe en una prueba de persecución). “El vencedor estaba totalmente intoxicado porque en la última media hora de la carrera se le había dado demasiado champaña. Cuando sonó la campana que señalaba la última vuelta, De Civry zigzagueaba en la pista. Una vez terminada la carrera, no podía parar y seguía dando vueltas hasta que se decidió mojarlo con una manguera. Sólo así volvió a sí mismo”.[2].

 

El siglo XIX comenzó utilizando el alcohol y al opio como estimulantes preferentes, lo que se le puede detectar hacia 1807 cuando dos competidores británicos en una marcha – desafío de 24 horas compitieron empleando, uno: laudanum (opio), el otro: cerveza; venciendo el estimulado por el fermento de cebada.

Un boxeador irlandés que llegó a ser campeón del mundo tenía su receta para el triunfo: un cóctel explosivo de cerveza, complementado con brandy, whisky y champaña. Hacia finales del siglo XIX,  en el mismo año de la primera Olimpiada el ciclista Arthur Linton murió en la competencia Bordeux-Paris por lo que los médicos comenzaron a denunciar el abuso en el consumo de alcohol, cafeína, cola y coca, incluso la cannabis se comenzó a usar.

Hacia 1869 se inventó el ‘vino de los atletas’, un elixir creado por Angelo Mariano, un brebaje en base de coca, reconocido oficialmente por la academia de Medicina de París. ¡Sorprendente pero aún no terminaba el siglo XIX e iniciaban las Olimpiadas Modernas y ya los estimulantes estaban al orden del día! En 1899 los médicos reconocieron que el estimulante más usado por el ciclismo profesional era la cocaína; luego venía la heroína. La cocaína se bebía mezclada con un brebaje preparado con cafeína. Cronistas de la época cuentan que durante las primeras carreras ciclistas estadounidenses de seis días “los corredores estaban tan intoxicados por la cocaína que sus rostros expresaban locura…”. Enfatiza Benjo Maso, historiador del ciclismo: “Ya en 1899 los europeos, imitando a los estadounidenses en la vuelta de seis días tragaban una mixtura conocida como american coffe. Ese brebaje a base de cocaína los ayudaba a vencer artificialmente el cansancio”[3]. La estricnina primeramente fue utilizada en los caballos de carreras, después se la recetaron a los ciclistas.

O sea que para principios del siglo XX los atletas dopados ya venían encarrerados, fue el caso del ganador del maratón en Sant Louis 1904, Thomas Hicks, estimulado con una inyección de estricnina y un buen trago de coñac francés. Siendo aún métodos que se pueden considerar artesanales. Pero el exceso en su consumo causaba la muerte: “Si el strayer (ciclista que corre detrás de una moto en una pista) estadunidense Georges Leander no hubiera tomado varias píldoras  de estricnina antes de competir…., a una velocidad de 90 kilómetros por hora, quizá todavía estaría vivo…”[4].

Este asombroso principio revela el tremendo crecimiento subsiguiente: la morfina se empleaba ya en 1912, las anfetaminas en Berlín 1936, y ese fue el parteaguas que transformó el dopaje: “Hasta la Olimpiada de Berlín, los estimulantes más usados estaban preparados a base de cafeína, estricnina, alcohol, éter, etcétera. Era algo artesanal. Sólo dosis muy altas de estos productos resultaban peligrosas. Y lo fueron a menudo: Pero el dopaje cambió la dimensión en 1936: empezó la era de las anfetaminas”. Verdaderos ‘cócteles del diablo’ en vías de perfeccionamiento se irán preparando Olimpiada tras Olimpiada.

En resultas de la Competencia entre los dos bloques durante la Guerra Fría, la alteración de atletas preferentemente olímpicos se estimuló en gran medida. “Demostrar la superioridad del capitalismo sobre el comunismo implicaba tener mucho más medallas de oro que la parte adversa. El bloque socialista partía del mismo principio. La competencia política se dio entonces en el terreno químico, vía los atletas, con sus consecuencias trágicas para muchos de ellos… Recopilé testimonios de deportistas estadounidenses que compitieron en esa época. En los vestuarios disponían de ensaladeras llenas hasta el tope de anfetaminas”.[5]

Y el desarrollo científico junto al crecimiento de los Juegos transformó el dopaje en una industria biomédica. Estimulantes cardíacos aparecen en 1956 para vencer el cansancio, cortisona en 1958, testosterona en 1959, efedrina en 1964, diuréticos en 1968, transfusiones de sangre en 1970.

Los atletas pasaron a ser conejillos de indias en laboratorios de Estado o privados, según fuese la línea política de la Nación. “Era ya el afán histérico por lograr mejor rendimiento: uso frecuente de hormonas de crecimiento desde 1980; de eritropoietina, más conocida como EPO, a partir de 1987; desarrollo cada vez más inquietante del dopaje genético, método que permite a la célula humana fabricar directamente una substancia dopante en lugar de introducirla en el cuerpo”.

El siguiente paso lo viene a ser lo que propone la ingeniería genética, con un amplio espectro de proyección en la fabricación de atletas modificados o concebidos a través del empleo de la manipulación genética. “‘La gente cree que las hormonas de crecimiento y el EPO son medicinas químicas o bioquímicas’ recalca Gerard Dine, profesor de biotecnología en la Escuela Central de París y experto ante la Unión Ciclista Internacional (UCI). ‘Pero está equivocada. Estas proteínas están fabricadas por el genio genético y constituyen el primer paso hacia el dopaje genético’. Explica: ‘Estos productos son más eficientes porque usan un soporte celular y tienen blancos precisos: las substancias que el cuerpo fabrica naturalmente’”.[6]

 

Esta nueva técnica debe representar otra revolución en el doping, si en 1985-87 (?) comienza esta práctica, de seguro en las últimas dos o tres Olimpiadas los atletas genéticamente modificados han comenzado a aparecer.

La búsqueda de las substancias perfectas que mejoren el rendimiento físico y no sean fácilmente detectables se hace posible entrenando atletas de alto rendimiento desde niños o jóvenes, pudiéndoseles preparar para que lleguen limpios a las competencias importantes, cuando que ya fueron ‘estimulados’ tiempo atrás y anticipadamente programados para aparecer en tales o cuales juegos olímpicos, campeonatos mundiales y competencias de ligas profesionales, sin rastros de substancias inducidas. ¿A eso se deberá que no se de un alto número de positivos en las pruebas antidoping?

El siguiente paso, los atletas modificados de probeta y/o seleccionados de padres bien dotados se vendrá dando si no es que ya están con nosotros. Así se ha hablado de un Ian Torpe con sus plantas de los pies extralargas, o de un Yao Ming, producto de una selección de padres. Y de la superestrella del momento, Michael Phelps, de quien sus orgullosos entrenadores y sus médicos adscritos nos dicen que: “Phelps es una persona anormal… su cuerpo es anormalmente flexible, más que el de cualesquier otro nadador profesional, y que su sangre tiene un nivel muy bajo de ácido láctico, lo cual le permite recuperarse en un lapso de tan sólo 10 minutos tras haber competido en una prueba; a un atleta o persona normal le tomaría de entre 20 a 30 minutos la recuperación física de una competencia olímpica”.[7] Y lo primero que se viene a la mente ¿No será que esta cualidad sanguínea se le fabricó de manera artificial?

Así tenemos que ‘Aquaman’ será el máximo ganador de medallas olímpicas y mundiales de todos los tiempos. Un muchacho con deficiencia de atención y afección hiperactiva, de familia aficionada a la natación, que a los 10 años ya destacaba como el mejor nadador de todos los tiempos en Baltimore a esa edad; y que a sus 12 años ya estaba bajo la tutela de Robert Bowman, entrenador olímpico de natación… Lo demás no lo sabemos, pero se puede suponer. Utilizando procedimientos bioquímicos de vanguardia para procrear un atleta superdotado, como corresponde a la tecnología existente ya en el siglo XXI tras décadas y décadas de irse mejorando, Michael Phelps llegó a ser lo que es. Pero desde luego que Phelps no es el único, si bien es el que mejor resultados ha brindado ($$$). Y si la élite de deportistas son ejemplares extraordinarios, solo resta exhibirlos –sus cuerpos- en revistas ‘eróticas’ y el negocio redondo se cierra. ¡Qué desquiten los millones de dinero invertidos en sus cuerpos! ($$$).

La credibilidad de las Olimpiadas y los Deportes profesionales está en juego en la medida en que no se logra esclarecer el uso del doping. El Comité Olímpico Internacional (COI) dice y hace esfuerzos considerables para pescar a los atletas fraude, pero para los conocedores en la materia esta es una ‘guerra perdida’.

Además de que se viene gestando una contradicción flagrante: al abrirse las puertas al profesionalismo aceptando a las superestrellas de los circuitos profesionales, y al promoverse en las últimas tres décadas el profesionalismo en el atletismo y en la natación, se intensifican las competencias exhaustivas en pos de obtener grandes premios y elevados salarios, así como para batir récords mundiales, fomentándose el estímulo y la necesidad de emplear substancias prohibidas para mejorar el rendimiento y soportar la intensa demanda y fatiga a que se someten los competidores en la mayoría de los deportes hoy en día profesionalizados.

Efectuándose un desarrollo progresivo por parte de médicos, entrenadores, atletas, laboratorios, contando en muchas ocasiones, seguramente, con el apoyo del personal oficial de las federaciones deportivas, que conciben fórmulas y procedimientos para preparar atletas alterados desde temprana edad.

Si el vuelo que se trae de los tiempos de la Guerra Fría hace perfeccionar las prácticas científicamente programadas para ‘mejorar’ a los atletas, y estas mejoran conforme la tecnología y la medicina aplicadas al deporte se perfeccionan, pues que lo de ahora es cosa de laboratorios no solo del doctor Frankenstein, sino dignos de los secretos complejos militares usamericanos en los que se están procesando los mecanismos de dominación totalitaria que ya comienzan a implementarse. Billones de dólares invertidos para vigilar, engañar, matar y torturar.

Mientras que la contraparte del antidoping sigue a la saga, siempre años atrás de poder detectar los dopajes de vanguardia. No siendo sólo la carencia técnica por retraso o desconocimiento lo que permite la existencia de atletas tramposos, sino la complicidad de altos dirigentes a nivel nacional e internacional, junto a no pocos del personal responsable de efectuar los análisis.

¿Por qué habría de aminorarse el dopaje practicado por los países prominentes después de la Guerra Fría, si por el contrario, el olimpismo abierto al profesionalismo estimuló la competencia fraudulenta, vía los elevados ingresos? Lo que tiene que ver con el dopaje parece ser un laberinto de mañas y engaños. O sea que existe el delito y el disimulo. Si durante la Guerra Fría se trataba de una estrategia política, ahora se trata de un súper negocio; las ‘estrellas’ no pueden salir positivas porque se atenta contra el ‘circo de los astros de oro’ ($$$).

Para adentrarnos en el fascinante ámbito de la velocidad olímpica, la mención de lo ocurrido en las competencias de Seúl 1988 vienen a ser el mejor ejemplo: 100 metros planos varoniles, el triunfador Ben Johnson impone un record mundial con un tiempo portentoso…. Superando por mucho a Carl Lewis, quedando en tercer lugar Linford Christie. Y ya sabemos que Ben (Benoide) Johnson fue descalificado al encontrarse positivo en el uso de estanozolol, aunque esto es otra pequeña historia.

Pues se hicieron esfuerzos desesperados para evitar que ‘Benoide’ fuese descalificado, dado que detrás de él, fungiendo como su abogado, estaba Dick Pound y su poderoso bufete, “quien durante años presidió la comisión marketing del COI. Se le conoce por haber estado dispuesto a todo tipo de compromisos para llenar las cajas del COI. Diligente realizó investigaciones superficiales para tapar escándalos de corrupción en las más altas esferas del olimpismo. Por si fuera poco su bufete de abogados se enriqueció en forma bastante turbia gracias al COI. Pues este individuo es el que dirige actualmente [2004] la Agencia Mundial Antidopaje, supuesta vitrina de la ética olímpica”.[8] (¡¡¡) Así tenemos que un alto dirigente del olimpismo con antecedentes fraudulentos fungió como abogado de Johnson intentando tapar el ilícito. He aquí ilustrado cómo procede la mafia olímpica, haciendo grandes negocios e intentando ocultar las trampas que posibilitan tan espectaculares Juegos, porque si no el negocio se ve afectado. Este es el nombre del juego en los Olímpicos adulterados por el profesionalismo: Grandes negocios en base al espectáculo proporcionado por atletas dopados que van en pos de las medallas y si se puede de los récords, ambas metas espléndidamente remuneradas ($$$).

Y si Carl Lewis se quedó con la medalla de oro eso no evita que la sombra del dopaje lo afecte. Años después de aquella olimpiada la Revista Sport Ilustrated y el diario Orange Country publicaron documentos que avalan el doping en la persona del llamado ‘Hijo del Viento’. Habiéndose encontrado residuos de estimulantes que le fueron detectados antes de las competencias en Seúl, pero fue tapado. “El USOC descalificó al corredor en primera instancia, pero luego le autorizó a competir al creer que no había habido intencionalidad (sic)”.[9] Se supuso que el abogado de Ben, ‘quien siempre estuvo seguro de que Lewis también se drogaba’ iba a proceder a la demanda, pero finalmente todo quedó bajo control de la mafia olímpica y no trascendió el escándalo.  Y el medallista de bronce en aquella memorable carrera, el afro-británico Linford Christie, sería más de lo mismo; lo que es igual a: ¡Fraude total en los 100 metros planos en Seúl 1988!

Pero entre las damas no ocurría algo distinto, aquellas carreras de velocidad son para la Historia del Doping Olímpico. Pues resulta que Florence Griffith Joiner resultó victoriosa imponiendo records del mundo en 100 y en 200 metros. Al tiempo que se le señalaba ser un producto flagrante del dopaje.[10]  La muerte de la record-woman diez años después de haber conseguido la gloria olímpica por afecciones que se prefirieron ocultar, aunado al hecho de que sus récords han perdurado tras de 20 años de haberse implantado, resultan ser la mejor prueba de que aquella mujer empleó substancias prohibidas para mejorar su rendimiento y en ello le fue la vida. [Y de Seúl a Londres han pasado ya cinco ediciones y más de una decena de campeonatos mundiales y sus marcas persisten, confirmando por suspicacia el ser tirmpod-doping]

¿Quién entre los y las velocistas estará limpio? En los Campeonatos del Mundo de París en 2003, la también atleta afro estadounidense Kelli White resultó vencedora por igual en 100 y 200 metros pero se le encontró la ‘mancha’ del estimulante mondafinil en sus fluidos. La Federación Internacional de Atletismo presionó a las autoridades usamericanas para que procedieran a castigarla y se le retirasen las medallas. (En aquellos exámenes antidoping descubrieron la THG, esteroide modificado diseñado para no ser detectado).

Marion Jones vendría a ser la siguiente en la lista, desde pequeña creció entusiasmada con ser una campeona olímpica, habiendo asistido de niña a la inauguración de los Juegos Olímpicos en Los Ángeles 1984. Ya en 1992, a sus 16 años era la preparatoriana más veloz en los EU, quedando en quinto lugar en el selectivo olímpico en 100 metros. El problema fue que no se presentó al examen antidoping. Ante la amenaza de suspensión contrató al mismo abogado que salvó a O. J. Simpson en su escandaloso juicio, y gracias a los oficios de tan destacado abogado no fue sancionada. ¡Así se la gasta la justicia del dólar!

Hacia las Olimpiadas de 1996 Marion tenía posibilidades de participar en el baloncesto, pero por ‘una lesión’ se perdió aquellos juegos. Pero para 1998 ya era la nueva reina del atletismo, campeona nacional en 100 y 200 metros y en salto de longitud. Proyección que alcanzó su clímax en Sydney 2000, consiguiendo cinco medallas, tres de oro y dos de bronce. Pero un problema colateral se le presentó por el hecho de que su marido, C. J. Hunter, lanzador de peso (bala), resultó positivo y no pudo competir en Sydney. Mala compañía para Marion se diría, así que la velocista se divorció del balista.

Así fue que la dulce Marion decidió mejor buscarse un nuevo esposo, y para sus intereses volvió a acertar, Tim Montgomery, quién hacia 2004 detentaba el record en los 100 metros planos, campeón que, por supuesto, también corría dopado. Antes de Atenas Montgomery reconoció frente a un jurado federal haberse dopado…[11] Lo mismo pasó con Chryste Gaines (100 metros) y Alvin Harrison (400 metros)… así como varios más que decidieron retirarse con diversos pretextos… ¡Se había destapado una olla de la ‘caldera del diablo’!

Tanto la USADA (US Antidoping Agency) como la AMA (Agencia Mundial Antidopaje) se crearon en 1999, la primera por el Comité Olímpico Estadounidense (USOC) y la segunda dependiendo del COI, con el propósito de controlar el excesivo empleo del dopaje. Más ficción que realidad, más apariencia que propósito efectivo…

En realidad, como es costumbre en el Imperio, juegan doble. Muy publicitados los controles antidoping, pero más bien se hicieron con el propósito de dar una buena imagen en búsqueda de que les otorgasen las Olimpiadas de 2012. Esta es la opinión autorizada de Jean Pierre de Mondenard (JPM). En realidad el problema es el mismo que se da en otros ámbitos de la política internacional. La USADA y la AMA no realizan con honestidad su función, pues son juez y parte: “Es absurdo e hipócrita afirmar que pueden asumir dos misiones totalmente incompatibles; crear un espectáculo deportivo cada vez más atractivo y lucrativo y, al mismo tiempo, perseguir a los tramposos, exhibirlos, castigarlos. ¿Acaso es imaginable que corran el riesgo de sabotear su propio show? ¿Quién puede creer eso? Nadie”.[12] Pero el caso es que pocos cuestionan la legitimidad de las competencias.

Detrás de la AMA y de la USADE y demás instituciones semejantes no deja de estar el COI y los gobiernos nacionales abogando para que no se castigue a sus atletas ‘si son sorprendidos en flagrante delito de dopaje’. Así ha pasado en innumerables ocasiones.

El problema es: ¿quién controla el mundo? ¿Puede haber organismos independientes de los poderes político-económicos hegemónicos? Con el dominio capitalista, el Gran Negocio se impone, los intereses monetarios imperan, y quiénes controlan los organismos internacionales son los propios que se benefician haciendo que las transas imperen. Diversas mafias legítimamente institucionalizadas dominan el Gran Circo.

No se puede apagarle la luz de las ‘estrellas’ al Gran Espectáculo, las pérdidas serían multimillonarias. No son capaces de terminar con el dopaje porque acaban con la gallina de los huevos de oro, huevos científicamente mejorados. ¿Qué porcentaje de los atletas se dopan? Para JPM el 90% de los ciclistas lo hace; si bien admite que este deporte es uno de los más afectados, la diferencia con otros igual de atractivos y profesionalizados sólo bajaría unas décimas el porcentaje. Es el caso de que en un análisis realizado por Mondenard a los ganadores del Toure de France desde 1947 sólo Greg Lemon puede ser considerado como fuera de toda sospecha. Cosa que no se puede decir de Lance Armstrong, pues el siete veces campeón del Tour fue en más de una ocasión acusado de emplear substancias prohibidas, el problema es que no se lo pudieron probar.[13] [Hasta ese entonces] El propio Mondenar dice refiriéndose al ciclista norteamericano: No está fuera de toda sospecha. Es todo lo que puedo afirmar. Si hablo más me asaltará la armada de abogados agresivos del señor. Al buen entendedor pocas palabras. Para el experto francés el problema no radica en que las substancias prohibidas sean indetectables, sino que en realidad no hay voluntad ‘olímpica’ para detectarlas.

Pero hay excepciones que confirman la regla: Una investigación policíaca realizada hacia 2003 por Jeff Novitzky, agente de una Corporación especializada en casos criminales que implican negocios de la droga (IRSCI), descubrió que los laboratorios BALCO estaban proveyendo de esteroides a importantes atletas. Haciendo un trabajo de recolección en la basura del Laboratorio,  el agente especial Novitzky encontró cajas, envolturas, envases vacíos, paquetes de jeringas, relacionados con ‘drogas-doping’, así como también encontró datos impresos que comprometían a destacados atletas olímpicos así como al jonronero Barry Bons.

Al parecer los cabecillas involucrados en el negocio ilícito sintieron se les venía la policía y la ‘liga de las jeringas de sustancias proteicas’ se empezó a desquebrajar: Víctor (Frankenstein) Conte es el nombre del dueño de BALCO, laboratorio de substancias prohibidas para mejorar el rendimiento de atletas en pos de la gloria olímpica o en su defecto de las ovaciones ($$$) en el Gran Circo. El Dr. Frankenstein garantizaba efectos asombrosos en el incremento del alto rendimiento para atletas de primer nivel, empleando por ejemplo el esteroide the clear. El también empresario Conte, conocido como el ‘hombre del maletín negro’ apareciendo en los escenarios deportivos, ante las desavenencias que surgían con Trevor Graham, el entrenador de Marion Jones, y con el marido de esta, Tim Montgomery, escribió una misiva en la que denunciaba los ilícitos cometidos por el entrenador, diciendo que las substancias las adquiría Graham en México y que las utilizaba para limpiar a sus atletas, revelando el procedimiento de engaño. “El deconato de testosterona limpiará el cuerpo y será indetectable en la orina menos de una semana después de descontinuar su uso. Su protocolo es ‘esconder’ al atleta al menos 10 días (cinco para usarlo y cinco para limpiarlo) después de una competencia, y entonces estará disponible para pasar los exámenes días antes de su próxima competencia. Si una muestra de orina de cualquiera de los atletas de Trevor fuera recolectada dentro de los días siguientes después de una competencia, darían positivo por T/E ratio. Trevor y su grupo están en este momento en Bahamas tomando deconato de testosterona en preparación para el selectivo nacional. Si la USADA o la IAAF están dispuestos a recolectar una muestra de orina de los atletas enlistados abajo, encontraran un resultado positivo”.[14] Conte temía que the clear pronto sería detectado.

 

La carta no fue enviada pero el agente encontró copias. Mas si no era por un lado era por el otro. BALCO estaba ubicado en California. Por su parte, en el otro lado de la Unión Americana, Carolina del Norte, Trevor Graham se contactó con la USADA y les envió una jeringa incriminatoria acusando a Conte y exonerándose de culpa. Lo que no prosperó ante la acusación directa que le hicieron Hunter y Montgomery.

Analizando la sustancia contenida en la jeringa se encontró una muestra de la avanzada en el ‘cóctel del diablo’: El líquido se asemejaba a la hormona masculina testosterona, era un esteroide, pero uno que los científicos no pudieran identificar. Un equipo de 40 personas fue asignado a la investigación…El 3 de julio (de 2003) se identificó que la estructura molecular se asemejaba a la de las substancias prohibidas gestrinona y trebolona, pero había sido alterada para no ser detectada ni por el más minucioso análisis. Fue llamada tetrahidrogestrinona, THG.[15]

 

Con los selectivos olímpicos en puerta la USADA temía que Jones y Montgomery resultaran positivos ahora que se tenía la manera de descubrir el dopaje empleado. Marion Jones testificó ante un jurado y negó haber tomado esteroide alguno, además de lo cual contrató a Chris Lehame, un experto en relaciones públicas y en limpiar imágenes de jets sets y cosas por el estilo, incluyendo a Bill Clinton en el affaire Mónica Levinsky. ¡Ah! ¡La american way of life en todo su esplendor, escándalo tras escándalo!

Saliéndose con la suya Marion pudo participar en los juegos de Atenas, todo sea por ir en pos del momento dorado. Pero esta vez no lo alcanzó, compitiendo tan solo en la prueba de salto largo (5º lugar) y en el relevo 4 X 100 (descalificadas por tirar la estafeta). El haberse empeñado en ir a las Olimpiadas del 2004 para esta nada gloriosa participación le valdría su posterior enjuiciamiento y reclusión.

Por su parte a la USADA no le quedó más remedio que investigar ofreciendo inmunidad a los atletas que se declarasen culpables y accedieran a aportar información sobre los procedimientos doping empleados. Utilizando la información documentada que le proporcionó el gobierno federal sobre el caso BALCO.

Ya en diciembre del 2004 Conte denunció ante las cámaras de televisión a Marion Jones y a sus co-implicados: Dijo que el régimen de Jones para doparse incluía HGH, the clear, EPO e insulina, y la acusó de mentirle al jurado… Por si fuera poco, su exmarido C. J. Hunter también declaró en su contra. Refirió que en Sydney la vio inyectarse HGH y después arrojar la jeringa al inodoro, además de haberse puesto debajo de la lengua dos gotas de the clear, que sacó de un frasco con la leyenda ‘aceite de linaza’; así mismo, señaló que los esteroides le provocaron la aparición de acné, el cual ocultó con maquillaje; que continuó usando drogas después de los juegos y que antes de iniciar su relación con Conte, Graham había provisto a Jones de EPO.[16] El negocio de Graham  y Conte para preparar a Jones quedó al descubierto. Para esto hay que saber que Marion ganó algo así como 7 millones de dólares después de Sydney.

Y a todo esto, hay que reparar en que Marion Jones jamás resultó positiva en control antidoping alguno, de seguro como tantos otros grandes campeones. Más que estafa, un engaño al mundo que así vive en la somnolencia del Gran Circo.

Jones se inspiró en Florence Griffith, deslumbrada por el momento dorado de su gloria olímpica en 1988 y decidió seguir sus pasos. No pudo batir sus récords mundiales pero la superó en medallas obtenidas en Sydney. Lo triste del caso es que ambas historias no tuvieron un final feliz. FGJ murió de seguro a consecuencia del uso de substancias prohibidas, y MJ está en la cárcel y tuvo que devolver las medallas.

Y qué problema si la medallista de plata en los 100 metros de Sydney 2000, la griega Ekaterina Thanou, se negó a someterse a un control sorpresa, huyendo junto con su compatriota, Kostas Kenteris (también medallista en Sydney) de la Villa Olímpica de Atenas. La prensa informó que Thanou y Kenteris por intermediación de su entrenador Cristos Tzekos también eran clientes de BALCO adquiriendo THG y The cream. Así de chico es el mundo.

1-2-3… ¿Hasta qué lugar se encontraría un atleta limpio? ¿Quién entre los superestrellas olímpicos y mundiales no es producto del doping? En la entrevista Mondenard sonríe sarcásticamente, él bien que lo sabe y ya lo ha comentado: Todo es una burla, en los pasados 28 años el COI llevó a cabo 14,225 controles y solamente 51 atletas fueron encontrados en flagrante delito. Según las autoridades olímpicas, sólo el 0.36% de los atletas se doparía.[17] En Atenas se practicaron 3,500 controles… Y… (???). En Beijing se practicaron 4,500… Y…. (!!!). Un minúsculo número de atletas dio positivo. ¡Milagro!, deberían de gritar en el COI, ¡en unos cuantos años el deporte se ha purificado! Por algo mezieu Mondenard terminó la entrevista realizada en el 2004 hojeando uno de sus libros en los que reseña las mil y una maneras de burlarse de los controles.

El manejo tramposo por parte de las autoridades estadounidenses del dopaje se advierte en el caso del ‘rey del jonron’ Barry Bons, en temporadas en las que se hizo todo para reanimar la afición por el béisbol. El gran negocio deportivo de mayor tradición en los Estados Unidos viene a ser las Ligas Mayores, pero para principios de los 90 venía perdiendo terreno ante el fut bool americano y el basket bool, con sus importantes ligas NFL y NBA.

Tras años de huelgas y de que se suspendió una serie mundial el negocio estaba a la baja: La asistencia en 1995 bajó 28%. Casi 20 millones de fanáticos –en relación a la campaña de 1993 previa a la huelga- dejaron de ir a los parques de pelota. Para 1997 se redujo 10%, o sea, se fueron 7 millones de fanáticos más. Según las estimaciones, las pérdidas para los dueños fueron de 500 millones de dólares en 1994, cifra que se elevó a 800 millones en 1995.[18]

La solución para retraer la atención de los aficionados, además de intensificar los recursos mercadotécnicos, fue la aparición de portentosos jonroneros de músculos inflados y bateando una pelotita de menor peso. Resultado: Si en 36 temporadas ningún jugador había alcanzado la marca de 61 jonrones que en 1961 implantó Roger Maris con los Yankees de Nueva York, (en 1998) dos la rebasaron: McGwire se quedó en 70 y Sosa 66.

Después se supo: McGwive se dopaba con androsteneidona, substancia que ya había sido prohibida en otros deportes en EU pero que mañosamente la MLB permitía se siguiera usando. Mientras que a Sammy Sosa en una ocasión al rompérsele el bat se descubrió que era un bat alterado… Por su parte, Rafael Palmeira (569 jonrones) fue despedido de los Orioles de Baltimore en 2005 tras dar positivo de estanozolol. Cinco meses atrás había negado en el Congreso de EU utilizar substancias prohibidas. Y como él, muchos más lo han negado. Incluso y estando de por medio el libro de otro pelotero, José Canseco: Juiced, en el que se confiesa como un atleta doping e incrimina a varios afamados compañeros, y muy campante sigue por ahí. Más recientemente el picher Roger Clements negó ante el Congreso haberse dopado aun y cuando su propio representante lo denunció….

Algunos han pagado con su vida el convertirse en estrellas, fue el caso de Kent Caminiti, fallecido de un paro cardíaco a los 41 años de edad, quien había sido elegido el jugador más valioso de la Liga Nacional en 1996. Caminiti había confesado el uso de esteroides y había sido arrestado y procesado por consumo de cocaína. En su declaración indicó que él creía que la mitad de los jugadores de Grandes Ligas recurrían a la ingesta de esteroides.

Así que la lista puede continuar, denotándose que en las Ligas Mayores han tenido a últimas fechas mayor preocupación por descubrir deportistas doping, al menos en comparación con lo que ocurre en la NBA y en la NFL. ¡De seguro que los mastodontes que habitan en esos escenarios deportivos de 120 a 150 kilogramos serán una maravilla de la naturaleza!

El caso de Barry Bons se descubre por sí solo. A sus 35 años de edad fue agraciado por una ‘transformación mágica’, un rejuvenecimiento, más que eso, un refortalecimiento: en 1999 apareció en los entrenamientos de pretemporada con algo así como 7 kilogramos más de puro músculo. Todos sospecharon como lo hizo, pero bien que lo dejaron hacer. Los parques llenos lo testimonian. Y para decirlo rápido. El dueño de los Gigantes de San Francisco Peter Magowan resume la causa de fuerza mayor detrás del récord jonronero: Invirtió 300 millones en el nuevo parque de San Francisco, inaugurado en el 2000. Firmó a Bons por 6 años a 43.76 mdd. Y con el jonronero como mayor atracción entraron 3.3 millones de fanáticos, la asistencia más alta en los 115 años de existencia de los Giants otrora de New York. ¡Cómo creen que se iba a castigar a Barry, la expectativa del camino al record de Hank Karon de 756 bambinazos era la atracción máxima en San Francisco, demás estadios y el país conectado por televisión, convirtiéndose en la sensación del momento!

Implicado desde el 2004 en el caso BALCO, Bons reconoció que utilizó the cream y the clear, así como también el haberse administrado esteroides que le proporcionaba su entrenador personal Greg Anderson en el 2001 cuando implantó la marca de más jonrones en una temporada con 73. ¿Y lo detuvieron? No, siguió jugando porque está claro que el negocio impera. Los dólares hacen ‘bailar’ a los gladiadores que entusiasman a la fanaticada y los dueños capitalizan las ganancias. La fórmula perfecta del gran negocio que es una gran estafa auspiciada por los poderosos y aceptada por las multitudes.

Los autores de Game of Shadow comentan que en una charla informal Bons se quejó: “jugamos 162 juegos (por temporada). Salimos a jugar día tras día. Hay cosas peores (que los esteroides) como la cocaína, la heroína y ese tipo de cosas. Todos cometemos errores. Todos hacemos cosas. Hay que darle la vuelta a la hoja. Debemos olvidarnos del pasado. Déjenos jugar béisbol. Somos entretenedores, déjenos entretener”.[19] Lo que viene a ser la confesión de un cirquero de la ‘Gran Carpa’, consciente de que el rol que desempeña; el que está en estado de inconsciencia es el fanático obnubilado por el marketing.

Super-atletas multimillonarios, gladiadores adulterados para que los fanáticos satisfagan su ocio prestando su atención al Circo. Ahora que a diferencia de los tiempos romanos, el Circo no lo regalan los potentados para entretener a la plebe, sino que se lo proyectan a los fanáticos para hacer un gran negocio. Capitalismo al fin. Por algo será que el Circo para el Pueblo está podrido en Babilonia.

Publicado originalmente en Crisol a otoño del 2008. Versión corregida a 29-06-2016.

[1] Anne Marie Mergier. “Las Tentaciones…”. Proceso No. 1450. 15-08-2004. Basándose en el libro de Jean Pierre de Mondenard: Diccionario del Dopaje.

[2] Ibíd.

[3] Ibíd.

[4] Ibid. Revista francesa La Salud por el Deporte marzo de 1924.

[5] Anne Merie Mergier. “La guerra perdida”. Entrevista a Jean Pierre de Mondenard. Proceso No. 1450. 15-08-2004.

[6] Ibid.

[7] J. Jesús Esquivel. “Un fantasma bajo el agua”. Proceso 1660. 24-08-2008

[8] De Mondenard. Proceso 1450.

[9] Sydney Australia EFE. 2003. Casi quince años después, Wade Exum, director de la división de antidopaje del USOC entre 1991 y el 2000, sacó a la luz lo concerniente al dopaje de Lewis y de otros atletas encubiertos en su momento competitivo por el USOC.

[10] Asunto ya tratado en: “En pos del Triunfo –el fin justifica los medios”.  Artículo No. XI de esta serie..

[11] Mismo señor Montgomery que en una entrevista declaró estar dispuesto a todo con tal de la gloria olímpica, el momento dorado, aunque le fuera de por medio la vida… ¿o el alma?

[12] Proceso 1450.

[13] El laboratorio nacional de detección de dopaje de Chatery-Malabry, analizando con posterioridad una muestra tomada en 1999, detectó la presencia de la hormona EPO en la orina de Armstrong.  En 1999 no existía ese tipo de examen: Los positivos de Armstrong mostrarían que el ciclista recurrió al Epo en tres momentos del Tour, una primera antes del inicio de la carrera para estar en las condiciones idóneas en el prólogo y la primer etapa; una segunda al inicio de Los Alpes; y una tercera al atravesar Los Pirineos. París EFE. Armstrong lo negó todo y hoy día anuncia que volverá a correr el Tour.

[14] Beatriz Pereyra. “La estafa”. Proceso 1615. 14-10-2007. Carta de Víctor Conte a la USADA el 5 de junio del 2003, presentada por Mark Fainaru-Wada y Lance Williams en su libro Game of Shadows.

[15] Ibid.

[16] Ibid

[17] Esto dicho en 1996. Vid. “En Pos del Triunfo” …

[18] Beatriz Pereyra. “El rey y su sombra”. Proceso 1606. 12-08-2007. Citando a Fainaru-Wada y Williams. Game of Shadows.

[19] Ibíd.

 

 

 

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