Economía solidaria o del amor

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Economía solidaria o del amor
Laura Collín

Laura Collín

Recojo una nota escrita por un político mexicano, de 1er nivel, allá por el 2011, que dice: “La decadencia que padecemos se ha producido, tanto por la falta de oportunidades de empleo, estudio y otros satisfactores básicos como por la pérdida de valores culturales, morales y espirituales. Por eso nuestra propuesta para lograr el renacimiento de México tiene el propósito de hacer realidad el progreso con justicia y, al mismo tiempo, auspiciar una manera de vivir, sustentada en el amor a la familia, al prójimo, a la naturaleza y a la patria”. http://www.jornada.unam.mx/2011/12/06/opinion/009a1pol

Tal expresión la empato con un libro que me llegó de Tlaxcala, presentado en ese estado en 2014: “Economía Solidaria, Local y Diversa”, que, como la expresión anterior, sigue levantando polémicas, dado que ambas son críticas del sistema capitalista que, desde su nacimiento en Europa, se dedica sin freno a la apropiación de la tierra, el agua y demás llamados “recursos naturales” extraídos de la tierra –hidrocarburos, minerales y otros- para lograr el más alto confort de menos del 1% de la población planetaria. Esta acumulación de riqueza es profundamente analizada y contextualizada en el libro en mención, de tal manera que merece su lectura y correspondiente análisis. Leer: https://www.academia.edu/16632114/Economia_Solidaria._Local_y_diversa

Más adelante el político nos dice en su alocución: “Es sabido que los seres humanos necesitan bienestar. Es prácticamente aceptado por todos que nadie puede ser feliz sin tener trabajo, alimentación o cualquier otra necesidad, material o biológica. Un hombre en la pobreza piensa en cómo sobrevivir antes de ocuparse de tareas políticas, científicas, artísticas o espirituales.

“Pero también es incuestionable que el sentido de la vida no se reduce sólo a la obtención de lo material, a lo que poseemos o acumulamos. Una persona sin apego a una doctrina o a un código de valores, no necesariamente logra la felicidad. Inclusive, en algunos casos, el triunfar a toda costa, sin escrúpulos morales de ninguna índole, conduce a una vida vacía y deshumanizada. De ahí que deberá buscarse siempre el equilibrio entre lo material y lo espiritual: procurar que a nadie le falte lo indispensable para la sobrevivencia y cultivar nuestros mejores sentimientos de bondad”. Estos párrafos recuerdan a nuestro poeta-político, precursor del modernismo. Salvador Díaz Mirón quien escribió 2 líneas, en su poema Asonancias, que pregonan: “nadie tendrá derecho a lo superfluo

mientras alguien carezca de lo estricto. Ver: http://www.lospoetas.com/diaz/glor.htm

En el libro se lee, en tono crítico-informativo que: (pag.27 a 32) los indicadores de pobreza se refieren a situaciones que son impulsadas por quienes se fueron apropiando de la riqueza y requerían compradores de sus productos, para el crecimiento de sus industrias –incluso la alimentaria que destruyó el autoconsumo-. Cuadros claros y precisos nos muestran el tránsito –por cierto de siglos- de las Unidades Domésticas en que el tequio y otras formas colaborativas imperaban, a la economía mercantil y de ahí a la neoliberal en que los productores independientes, devienen en pobres, al no poder comprar los productos industrializados, en que se transforman –incluso los alimentarios-. La autosuficiencia en que vivían, se trastoca en la mayor desventaja y sinónimo de atraso, los cataloga de pobres.

Volviendo al pensamiento político, se lee que “Cuando hablamos de una república amorosa, con dimensión social y grandeza espiritual, estamos proponiendo regenerar la vida pública de México mediante una nueva forma de hacer política, aplicando en prudente armonía tres ideas rectoras: la honestidad, la justicia y el amor. Honestidad y justicia para mejorar las condiciones de vida y alcanzar la tranquilidad y la paz pública; y el amor para promover el bien y lograr la felicidad”.

La doctora Laura Collin –autora del libro- nos recuerda los sistemas productivos –como la Milpa- que califica con razón, como “modelo de diversidad y equilibrio, único”. Su recuperación sería para México un impulso real en las rutas de la justicia y la mejora en las condiciones de vida y el resarcimiento de la relación familiar que se conduce por el amor –a que refiere el párrafo anterior-  hacia el campo en este caso, ya que Milpa no solo es maíz, raíz de la cultura alimentaria de nuestros pueblos originales, sino de otros cultivos que le acompañan y los animales de traspatio que  dan vigor y fortaleza a la autosuficiencia alimentaria, que no supimos o pudimos sostener a nivel nacional, pero que puede reiniciarse su rescate desde lo local.

Se define en el artículo de referencia que: “La honestidad es la mayor riqueza de las naciones y, en nuestro país, este valor se ha venido degradando cada vez más. Aunque esto atañe a todos los sectores sociales, es, sin duda, la deshonestidad de los gobernantes y de las élites del poder, lo que más ha deteriorado la vida pública de México, tanto por el mal ejemplo como por la apropiación de bienes y riquezas de la colectividad. Inclusive puede afirmarse que la inmoralidad es la causa principal de la desigualdad y de la actual tragedia nacional. Dicho en otras palabras: nada ha deteriorado más a México que la corrupción política”.

Este tema de la deshonestidad tiene muchas aristas. En el libro que reseñamos podemos encontrar a lo largo de sus 200 fojas, muchas referencias a las deshonestidades que afectan a los pueblos y comunidades, no solo las cometidas por políticos sin escrúpulos –sustento del pensamiento anterior-  sino las que provienen del proceso político, económico y social, entregado globalmente al neoliberalismo y controlado por determinaciones frías, que solo buscan la acumulación en pocas manos del capital, mediante el control de todo lo que existe en el Planeta.

El artículo machaca: “Por ello digo que la honestidad es una virtud que aún poseemos y sólo es cosa de revalorarla, de darle su lugar, de ponerla en el centro del debate público y de aplicarla como principio básico para la regeneración nacional. Elevar la honestidad a rango supremo nos traería muchos beneficios. Los gobernantes contarían con autoridad moral para exigir a todos un recto proceder, nadie tendría privilegios. Se podría aplicar un plan de austeridad republicana para reducir los sueldos elevadísimos de los altos funcionarios públicos y eliminar los gastos superfluos. Asimismo, con este imperativo ético por delante se recuperarían recursos que hoyAñadir un evento para hoy se van por el caño de la corrupción y se destinarían al desarrollo y al bienestar del pueblo”.

Ese desarrollo para el bienestar del pueblo, a que se refiere Andrés Manuel López Obrador en el artículo referido, la Dra. Collin, como antropóloga que es, lo apuntala con sus señalamientos precisos hacia una Economía Solidaria, que son la tarea local y resume sin buscarlo –entiendo que no se conocen entre ellos- el sentido profundo de lo escrito por Andrés Manuel quien define en párrafos claros, que preferentemente habría que leer, al igual que el interesante libro de Laura Collin, con quien habría que conversar acerca de algunos conceptos acerca de los economistas, ya que nos mete a todos en un mismo costal, pero ese es otro tema, que incluso da mayor vigor a su escrito de antropóloga experta y comprometida.

Terminemos con un párrafo del importante artículo que precisa: “En los pueblos del México profundo se conserva aún la herencia de la gran civilización mesoamericana y existe una importante reserva de valores para regenerar la vida pública. Me consta que hay comunidades donde las trojes que se usan para guardar el maíz están en el campo, en los trabajaderos, lejos del caserío y nadie piensa en apropiarse del trabajo ajeno. En muchos lugares, hasta hace poco, no se tenía noción del robo… El propósito no sólo es frenar la corrupción política y moral que nos está hundiendo como sociedad y como nación, sino establecer las bases para una convivencia futura sustentada en el amor y en hacer el bien para alcanzar la verdadera felicidad”.

Colijo de las expresiones entresacadas del artículo mencionado y del libro leído con gran interés, que ambas posiciones caben dentro de lo que se viene madurando como desarrollo sostenible o sustentable, en que se recuperan los tratamientos que en las culturas mesoamericanas se daba a la tierra –jamás sobreexplotada- y el respeto al medio ambiente –solo afectado para la sobrevivencia, pero rescatado palmo a palmo-.

Junto a ello, subyace el empeño por resolver el tema de la pobreza, tanto con la recuperación del mercado interno en base a la producción local que cubra las necesidades de pueblos y comunidades –fallida en los nobles empeños de los países progresistas de Latinoamérica y el Caribe- adicionada por la producción extra de aquello para lo que tenga vocación la tierra y pueda servir para incorporarse a la globalización –ineludible por ahora-.Ver: http://crisolplural.com/author/victor-barcelo/page/9/

El proceso de industrialización, superando los modelos de apertura total al mercado externo y el de exportación, los dos vencidos por una cruda realidad que responde a los intereses financieros de las grandes potencias y sus transnacionales, es también una ruta a recuperar. México poseía importantes producciones, algunas que competían con el exterior, referidas a hierro y acero, máquinas-herramientas, textiles, automotores, alimentos y otras, que fueron cooptadas a base de chantajes, precios elevados de partes y componentes, que llegaban a menores precios a sus competidoras extrajeras –recuerdo el caso de Tráilers de Monterrey que viví muy de cerca- . Estos temas no son privativos de un país, afectan la vida toda de nuestro continente. En todos sus rumbos hay que rehacer la vida de relación y productiva.

Recojo una nota escrita por un político mexicano, de 1er nivel, allá por el 2011, que dice: “La decadencia que padecemos se ha producido, tanto por la falta de oportunidades de empleo, estudio y otros satisfactores básicos como por la pérdida de valores culturales, morales y espirituales. Por eso nuestra propuesta para lograr el renacimiento de México tiene el propósito de hacer realidad el progreso con justicia y, al mismo tiempo, auspiciar una manera de vivir, sustentada en el amor a la familia, al prójimo, a la naturaleza y a la patria”. http://www.jornada.unam.mx/2011/12/06/opinion/009a1pol

Tal expresión la empato con un libro que me llegó de Tlaxcala, presentado en ese estado en 2014: “Economía Solidaria, Local y Diversa”, que, como la expresión anterior, sigue levantando polémicas, dado que ambas son críticas del sistema capitalista que, desde su nacimiento en Europa, se dedica sin freno a la apropiación de la tierra, el agua y demás llamados “recursos naturales” extraídos de la tierra –hidrocarburos, minerales y otros- para lograr el más alto confort de menos del 1% de la población planetaria. Esta acumulación de riqueza es profundamente analizada y contextualizada en el libro en mención, de tal manera que merece su lectura y correspondiente análisis. Leer: https://www.academia.edu/16632114/Economia_Solidaria._Local_y_diversa

Más adelante el político nos dice en su alocución: “Es sabido que los seres humanos necesitan bienestar. Es prácticamente aceptado por todos que nadie puede ser feliz sin tener trabajo, alimentación o cualquier otra necesidad, material o biológica. Un hombre en la pobreza piensa en cómo sobrevivir antes de ocuparse de tareas políticas, científicas, artísticas o espirituales.

“Pero también es incuestionable que el sentido de la vida no se reduce sólo a la obtención de lo material, a lo que poseemos o acumulamos. Una persona sin apego a una doctrina o a un código de valores, no necesariamente logra la felicidad. Inclusive, en algunos casos, el triunfar a toda costa, sin escrúpulos morales de ninguna índole, conduce a una vida vacía y deshumanizada. De ahí que deberá buscarse siempre el equilibrio entre lo material y lo espiritual: procurar que a nadie le falte lo indispensable para la sobrevivencia y cultivar nuestros mejores sentimientos de bondad”. Estos párrafos recuerdan a nuestro poeta-político, precursor del modernismo. Salvador Díaz Mirón quien escribió 2 líneas, en su poema Asonancias, que pregonan: “nadie tendrá derecho a lo superfluo

mientras alguien carezca de lo estricto. Ver: http://www.lospoetas.com/diaz/glor.htm

En el libro se lee, en tono crítico-informativo que: (pag.27 a 32) los indicadores de pobreza se refieren a situaciones que son impulsadas por quienes se fueron apropiando de la riqueza y requerían compradores de sus productos, para el crecimiento de sus industrias –incluso la alimentaria que destruyó el autoconsumo-. Cuadros claros y precisos nos muestran el tránsito –por cierto de siglos- de las Unidades Domésticas en que el tequio y otras formas colaborativas imperaban, a la economía mercantil y de ahí a la neoliberal en que los productores independientes, devienen en pobres, al no poder comprar los productos industrializados, en que se transforman –incluso los alimentarios-. La autosuficiencia en que vivían, se trastoca en la mayor desventaja y sinónimo de atraso, los cataloga de pobres.

Volviendo al pensamiento político, se lee que “Cuando hablamos de una república amorosa, con dimensión social y grandeza espiritual, estamos proponiendo regenerar la vida pública de México mediante una nueva forma de hacer política, aplicando en prudente armonía tres ideas rectoras: la honestidad, la justicia y el amor. Honestidad y justicia para mejorar las condiciones de vida y alcanzar la tranquilidad y la paz pública; y el amor para promover el bien y lograr la felicidad”.

La doctora Laura Collin –autora del libro- nos recuerda los sistemas productivos –como la Milpa- que califica con razón, como “modelo de diversidad y equilibrio, único”. Su recuperación sería para México un impulso real en las rutas de la justicia y la mejora en las condiciones de vida y el resarcimiento de la relación familiar que se conduce por el amor –a que refiere el párrafo anterior-  hacia el campo en este caso, ya que Milpa no solo es maíz, raíz de la cultura alimentaria de nuestros pueblos originales, sino de otros cultivos que le acompañan y los animales de traspatio que  dan vigor y fortaleza a la autosuficiencia alimentaria, que no supimos o pudimos sostener a nivel nacional, pero que puede reiniciarse su rescate desde lo local.

Se define en el artículo de referencia que: “La honestidad es la mayor riqueza de las naciones y, en nuestro país, este valor se ha venido degradando cada vez más. Aunque esto atañe a todos los sectores sociales, es, sin duda, la deshonestidad de los gobernantes y de las élites del poder, lo que más ha deteriorado la vida pública de México, tanto por el mal ejemplo como por la apropiación de bienes y riquezas de la colectividad. Inclusive puede afirmarse que la inmoralidad es la causa principal de la desigualdad y de la actual tragedia nacional. Dicho en otras palabras: nada ha deteriorado más a México que la corrupción política”.

Este tema de la deshonestidad tiene muchas aristas. En el libro que reseñamos podemos encontrar a lo largo de sus 200 fojas, muchas referencias a las deshonestidades que afectan a los pueblos y comunidades, no solo las cometidas por políticos sin escrúpulos –sustento del pensamiento anterior-  sino las que provienen del proceso político, económico y social, entregado globalmente al neoliberalismo y controlado por determinaciones frías, que solo buscan la acumulación en pocas manos del capital, mediante el control de todo lo que existe en el Planeta.

El artículo machaca: “Por ello digo que la honestidad es una virtud que aún poseemos y sólo es cosa de revalorarla, de darle su lugar, de ponerla en el centro del debate público y de aplicarla como principio básico para la regeneración nacional. Elevar la honestidad a rango supremo nos traería muchos beneficios. Los gobernantes contarían con autoridad moral para exigir a todos un recto proceder, nadie tendría privilegios. Se podría aplicar un plan de austeridad republicana para reducir los sueldos elevadísimos de los altos funcionarios públicos y eliminar los gastos superfluos. Asimismo, con este imperativo ético por delante se recuperarían recursos que hoyAñadir un evento para hoy se van por el caño de la corrupción y se destinarían al desarrollo y al bienestar del pueblo”.

Ese desarrollo para el bienestar del pueblo, a que se refiere Andrés Manuel López Obrador en el artículo referido, la Dra. Collin, como antropóloga que es, lo apuntala con sus señalamientos precisos hacia una Economía Solidaria, que son la tarea local y resume sin buscarlo –entiendo que no se conocen entre ellos- el sentido profundo de lo escrito por Andrés Manuel quien define en párrafos claros, que preferentemente habría que leer, al igual que el interesante libro de Laura Collin, con quien habría que conversar acerca de algunos conceptos acerca de los economistas, ya que nos mete a todos en un mismo costal, pero ese es otro tema, que incluso da mayor vigor a su escrito de antropóloga experta y comprometida.

Terminemos con un párrafo del importante artículo que precisa: “En los pueblos del México profundo se conserva aún la herencia de la gran civilización mesoamericana y existe una importante reserva de valores para regenerar la vida pública. Me consta que hay comunidades donde las trojes que se usan para guardar el maíz están en el campo, en los trabajaderos, lejos del caserío y nadie piensa en apropiarse del trabajo ajeno. En muchos lugares, hasta hace poco, no se tenía noción del robo… El propósito no sólo es frenar la corrupción política y moral que nos está hundiendo como sociedad y como nación, sino establecer las bases para una convivencia futura sustentada en el amor y en hacer el bien para alcanzar la verdadera felicidad”.

Colijo de las expresiones entresacadas del artículo mencionado y del libro leído con gran interés, que ambas posiciones caben dentro de lo que se viene madurando como desarrollo sostenible o sustentable, en que se recuperan los tratamientos que en las culturas mesoamericanas se daba a la tierra –jamás sobreexplotada- y el respeto al medio ambiente –solo afectado para la sobrevivencia, pero rescatado palmo a palmo-.

Junto a ello, subyace el empeño por resolver el tema de la pobreza, tanto con la recuperación del mercado interno en base a la producción local que cubra las necesidades de pueblos y comunidades –fallida en los nobles empeños de los países progresistas de Latinoamérica y el Caribe- adicionada por la producción extra de aquello para lo que tenga vocación la tierra y pueda servir para incorporarse a la globalización –ineludible por ahora-.Ver: http://crisolplural.com/author/victor-barcelo/page/9/

El proceso de industrialización, superando los modelos de apertura total al mercado externo y el de exportación, los dos vencidos por una cruda realidad que responde a los intereses financieros de las grandes potencias y sus transnacionales, es también una ruta a recuperar. México poseía importantes producciones, algunas que competían con el exterior, referidas a hierro y acero, máquinas-herramientas, textiles, automotores, alimentos y otras, que fueron cooptadas a base de chantajes, precios elevados de partes y componentes, que llegaban a menores precios a sus competidoras extrajeras –recuerdo el caso de Tráilers de Monterrey que viví muy de cerca- . Estos temas no son privativos de un país, afectan la vida toda de nuestro continente. En todos sus rumbos hay que rehacer la vida de relación y productiva.

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