Del culto a la personalidad y el espectáculo para votantes

Escrito por on Jul 7th, 2016 y archivado en Destacado, Galería Fotográfica, México. Tu puedes seguir los comentarios a esta entrada a traves de RSS 2.0. Comentarios y referencias estan cerrados.

Del culto a la personalidad y el espectáculo para votantes

cultoLa política, como toda actividad humana, tiene sus acepciones subjetivas, pero en general es la optativa por la función pública, el deber de representar a la mayoría en una democracia, en el entendido que velará por el interés común. A través de la historia, la política se ha convertido en una ciencia que trata de la organización del Estado y, por lo tanto, una responsabilidad que requiere de la participación de todos los sectores que conforman la sociedad.

 

Entorno a la política existen instancias que regulan la competencia entre los actores para hacer eficaz y justa la elección de quienes ejercerán en el gobierno. Nuestro sistema es específico en la forma de contender por un cargo público, ya sea por medio de un partido político o de forma independiente, la tarea es congregar en un fin común a las y los habitantes de una entidad.

 

Los organismos que aspiran a participar por un cargo político deben cumplir ciertas reglamentaciones y particularidades, de tener un plan sensato y plausible para la transformación social, así como el acercamiento a las problemáticas. En las competencias políticas se deben proponer proyectos que satisfagan las necesidades apremiantes y civilizatorias, que conforme a un proceso electoral convenzan a las y los votantes para su investidura. En esta lógica, se valen de campañas en las que promueven sus ideas y metodologías, con el fin de que la gente les conozca y se decida.

 

Las formas de comunicación y promoción varían según los contextos históricos y sociales, a la par de los progresos científicos y tecnológicos que evolucionan según el sistema económico, las leyes del mercado influyen en la propaganda y sus efectos trastocan las voluntades de la sociedad. De esta manera la política actualmente se rige por los aspectos mercadológicos que tienden a llegar a la mayoría de las y los posibles votantes, con lo que no sólo las ideologías sino las personalidades y las construcciones carismáticas tienen la posibilidad de conseguir una meta política aún sin contar con los conocimientos debidos.

 

Las agencias de publicidad se mueven a partir del desmesurado consumo que brindó el poder adquisitivo de la mitad del siglo pasado en la creación de necesidades, y esto también permeó en las actividades políticas; más allá de las ideas y propuestas se centran en la oferta de productos específicos, buscan los recovecos legales para influir en la población consumidora de información y prejuzgar sobre sus adversarios, con lo cual se enfrenta un dilema sin objetividad y la batalla de las facciones se enfrasca en la difamación y desacreditación.

 

La historia ha demostrado que quienes cooptan los medios de publicidad y de acceso al conocimiento tienen más posibilidades de lograr sus objetivos, la retórica y la promesa fácil son métodos que perpetúan las prácticas nocivas que han hecho de la política un negocio desvirtuado, sin profundidad filosófica, ni seriedad para convertir las circunstancias humanas en problemáticas a resolver. Es el espectáculo en el que la farándula se muestra ante el morbo de la ignorancia y en donde se cree que un triunfo político es el objetivo y no el medio, el resultado es una ineficacia y por lo consiguiente detona resentimiento social.  

 

Son pocos votantes los que verdaderamente conocen a las candidatas y los candidatos, quienes se interesan en sus propuestas y, sobre todo, son menos los que siguen y participan tanto en los logros como en los fracasos políticos. La mayoría desconoce los procesos a los que tienen que enfrentarse las promesas y las burocracias para verse cumplidas, solamente conocen a quienes pretenden vender esperanza donde no existe sensatez; que venden el poder donde no hay representación.  

 

La imagen política, sobrecargada de eufemismos y discurso conveniente, es la demanda de quienes sus necesidades y vulnerabilidad les ha impedido reflexionar, los políticos que pretenden transformar la vida de la sociedad se ven enfrentados con los que mantienen un interés personal y quieren asegurar el poder a como dé lugar. Las palabras, las propuestas, los postulados se ven minimizados ante los esquemas simples de la política actual que requieren de hipocresía a cambio de votos.

 

Una comunidad que exige una transformación inmediata, nutrir las esperanzas y falta de buena voluntad, se ve mermada ante los artilugios en la política que usa la publicidad como bandera beligerante antes que su ideología. El acercamiento a la gente es una postal turística y los apoyos una moneda de cambio subrepticia en el ámbito político. Estamos en un ciclo que entre más pronto modifiquemos, más pronto accederemos a la prosperidad, debemos entender que el culto a las personalidades y los gremios partidistas son una parte de nuestra representación que desconocemos y de los cuales deberíamos exigir absoluta transparencia, no basta la voluntad mediocre, ni la oferta falsaria.

 

Reconozcamos en los actores políticos a quienes de verdad estén comprometidos y sean responsables de sus acciones, a las y los que no busquen el engaño para abastecerse y satisfacerse, sino que de entre su actuar comuniquen la verdad de que lo obsoleto, lo económico y lo superficial, son síntomas de una enfermedad mayor que debemos de atender con especialistas y experiencias y no con charlatanes que nulifiquen nuestra capacidad de pensar.

 

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