Páramo

Escrito por on Jul 4th, 2016 y archivado en Destacado, México. Tu puedes seguir los comentarios a esta entrada a traves de RSS 2.0. Comentarios y referencias estan cerrados.

Ilustración PáramoPor la capacidad de recrear el consciente colectivo, tendemos a definir la naturaleza como la plasmaron autoras y autores en ciertas obras y no como son esencialmente en su origen, me refiero a que cuando descubrimos una perspectiva de la geografía mexicana agreste, desolada y que parece congelada en el tiempo, decimos que es un paisaje rulfiano. Esto quiere decir que en nuestro pensamiento, para designar las cosas del mundo, usamos la visión de otras y otros que mediante arte, trabajo e imaginación describieron el sentir y la tierra en que habitaron.

Juan Rulfo nació en Sayula, Jalisco, en 1917, fue escritor, guionista y fotógrafo, además de servidor público y agente de ventas de una importante compañía transnacional de neumáticos, escribió dos libros que cambiaron el rumbo de la literatura en español y es considerado uno de los mejores escritores del siglo XX. De pronto abandonó la literatura y esas dos piezas, Pedro Páramo y el Llano en llamas, se convirtieron en obras maestras, otorgándole a Rulfo el reconocimiento como uno de los autores más originales y significativos.

A través de los paisajes y los problemas del México rural, de sus habitantes fantasmagóricos y atemporales, nos muestra la complejidad del pensamiento mexicano, sus virtudes humanas y sus creencias metafísicas. Guiados por la desolación y la miseria, sus personajes circundan el dolor y la nostalgia de tiempos mejores que, o bien, no regresan o nunca existieron. Sus libros están compuestos a medida de la idiosincrasia del México posrevolucionario, en la que el resentimiento social, la devoción y la crueldad coexisten con la esperanza y el amor, con la venganza y la ambición. Si bien la escenografía es característica de la geografía de nuestro país, los temas son universales y esta es la razón por la cual Juan Rulfo es uno de los autores más estudiados y leídos en México y el extranjero.

Siempre es buen tiempo para leer o releer su obra, leer a nuestros clásicos es una forma de relacionarnos con ese pasado que fue parte de la construcción del México que conocemos, de entender muchos de los problemas que aún subsisten en nuestra sociedad, así como comprender las creencias y el mundo imaginario de nuestros antepasados.

Para quienes tenemos la oportunidad de vivir en una ciudad que aún cuenta con una fácil salida hacia las zonas suburbanas y rurales, podemos encontrar vestigios de aquel México antiguo, todavía poseemos el privilegio de encontrar personas y lugares que se convierten en la prueba fehaciente de que lo que sucede en la obra de Rulfo puede ser verdad, por más increíble que parezca, solamente hay que estar atento a los paisajes que guardan celosamente la historia de nuestros pueblos y a las y los adultos mayores que son portadores de las leyendas trasmitidas oralmente por generaciones, y que Rulfo supo cómo trasmitir a otras y que se van incrementando con los años. Una de las justificaciones que dijo Rulfo para abandonar la escritura, fue que murió uno de sus tíos más queridos y era él quien le platicaba todas las historias, el modo de vida, las formas de entender la muerte, los miedos y la alegría de sobrevivir bajo las circunstancias más duras de un país en formación. Así nosotras y nosotros estemos atentos a las narraciones de las personas mayores, pero sobre todo leamos a nuestros clásicos que son un páramo inagotable de conocimiento y entendimiento.

 


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