Maestros de 10

Escrito por on May 20th, 2016 y archivado en Cultura, Destacado, Galería Fotográfica. Tu puedes seguir los comentarios a esta entrada a traves de RSS 2.0. Comentarios y referencias estan cerrados.

Maestros de 10

maestrosUn maestro de Aguascalientes muy sabio me enseñó hace más de dos décadas –cuando tuve la oportunidad de ser titular del Instituto de Educación en nuestro estado– que la sociedad necesita maestros de DIEZ. Él decía que el “diez” se lo gana el educador cuando transversaliza el currículum para desarrollar en sus educandos “cinco” competencias básicas (pensar, comunicar, compartir, mediar conflictos y resolver problemas) y cuando, además, concentra su talento, tiempo y energía en rescatar a los “cinco” alumnos del grupo que están en riesgo (inclusión desde el aula).

Ayotzinapa no tendría cabida en una sociedad donde sus individuos reflexionan, se comunican, comparten las tareas, solucionan los conflictos por la vía pacífica y resuelven racionalmente los problemas y desafíos que la propia sobrevivencia plantea.

Las asignaturas del currículum oficial -y sus temas- debieran ser un pretexto para motivar a los estudiantes en el desarrollo de esas competencias genéricas, sin perder lo específico de cada materia. Lo que importa en matemáticas es el razonamiento lógico, pero también despertar la confianza en la capacidad de la razón para encontrar certezas (demostración de teoremas). El propósito de la lectura no es otro que facilitar al alumno un diálogo con los grandes pensadores de la humanidad. El objetivo de la historia es adquirir conciencia de dónde estamos, pero también de imaginar un mundo mejor y cómo lograrlo con respeto a los demás y al medio ambiente (somos hijos de nuestro pasado, pero también padres de nuestro futuro).

Los buenos maestros saben que el logro educativo no está determinado por las capacidades individuales, sino por la pertinencia del currículum (qué enseñamos) y por la efectividad del proceso de enseñanza-aprendizaje (cómo enseñamos).

Independientemente de la pobreza del entorno (contexto familiar y social) en el que viven los niños concretos que asisten a una escuela determinada, el maestro tiene a su disposición toda la cultura humana universal acumulada durante milenios; debe partir del convencimiento de que todo estudiante puede “interiorizar” esa cultura (hacerla suya), a través de una actividad profesional de mediación denominada “enseñanza” (y, por supuesto, gracias a la palabra oral y escrita).

Entre los modelos que enfatizan la figura del enseñante como transmisor del conocimiento (heteroestructurantes) y los modelos que enfatizan la figura del alumno que descubre y construye su propio conocimiento (autoestructurantes), algunos expertos como Julián de Zubiría nos proponen una tercera vía, una pedagogía denominada dialogante (o modelo interestructurante), que parte de tres principios muy valiosos:

1) el ser humano es pluridimensional: piensa, siente, se comunica y actúa en un contexto histórico-cultural;

2) el ser humano es modificable: la escuela lo hace crecer o decrecer, y el alumno se mueve entre su propensión a la seguridad o a la libertad; y

3) el fin de la educación (y por tanto del profesional de la enseñanza) no es que el educando acumule o memorice datos, sino su desarrollo integral: que piense mejor, sienta mejor, imagine mejor, comunique mejor y haga mejor su vida y su mundo.

Una escuela pública rígida en su currículum, con maestros desmotivados o poco convencidos de su propio potencial, puede agravar las diferencias sociales en lugar de cumplir su papel de vehículo de movilidad social, que es su razón de ser original.

Debemos seguir insistiendo en que, si queremos atacar las enfermedades y no sólo los síntomas, se debe recurrir al tema de fondo: LA EDUCACIÓN.

La Reforma Educativa debe buscar no sólo asegurar el fortalecimiento estructural del sistema educativo nacional, sino, sobre todo, regresarle al maestro su papel estratégico en la formación de los nuevos mexicanos.

México necesita hoy más que nunca de sus maestros, pero hay que reconocérselo cotidianamente con palabras y hechos.

Por lo pronto, deseamos un feliz día a todos los maestros de México.

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