EN EL NUEVO CIRCO PARA EL PUEBLO DEL SIGLO XXI (B)

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EN EL NUEVO CIRCO PARA EL PUEBLO DEL SIGLO XXI (B)

estadioDE OLIMPIADAS A OLIMPIADAS XIV

 

EN EL NUEVO CIRCO PARA EL PUEBLO DEL SIGLO XXI (B)

Un Supercirco para el Supermercado.

 

Los deportistas son, sobre todo, los ídolos absolutos de los individuos más incultos, que tienen acceso a los juegos y los entienden, pero que no llegan a profundizar en la estimación de los valores intelectuales.

                                                                      Antonio Franco

El deporte contemporáneo, en su dimensión de gigantesco y monstruoso espectáculo planetario, es un ‘formidable’ laboratorio ideológico, un instrumento perfecto que permite que la gente se acostumbre, sin darse cuenta, a la ideología liberal.

                                                                      Jean Pierre Brohm

Lo que comenzó en el proceso de franco progreso que para fines del siglo XIX se había consolidado con la concreción de los avances tecnológicos que la 1era Revolución Industrial había engendrado, y para cuando la segunda Revolución Industrial estaba en franca etapa de ebullición incrementando la potencia maquinal del sistema capitalista (desarrollo industrial que hasta la fecha no parece tener fin), ahora prosigue bajo la égida de los monopolios, para cuando la 3era Revolución Industrial es ya una realidad consumada que reproyecta la productividad, y fomenta rubros superestructurales, dado que la evolución del capitalismo tiende hacia la globalización que se consigue por el uso de los medios masivos de difusión, y con la prevalencia del sector financiero, favorecido por las técnicas de transferencia monetaria instantáneas, y demás técnicas orientadas a propiciar el  confort de los adinerados……

Lo que comenzó como un intento por rescatar algo del ideal antropológico helénico, ha terminado por ser un negocio manejado de manera corrupta. Lo que con los griegos era una festividad que se realizaba como una ofrenda a los dioses, haciendo posible la paz y la concordia mientras los juegos durasen, se ha visto adulterado por el dominio del dios Pluto en la Era del acero, la electricidad, la energía fósil y atómica, para cuando la guerra es el principal negocio.

O de otra manera: lo que antes del siglo XIX había sido tomado como una diversión propia de niños, se tornó en un negocio muy lucrativo, diferenciándose por completo de los juegos protagonizados por los primitivos: “El colonialismo de los juegos olímpicos se hizo evidente en San Luis Missouri. Para  reírse de los primitivos y celebrar por comparación la supremacía del hombre blanco, hubo en 1904 un anexo llamado ‘Antrophology Days’. Pigmeos africanos, patagones argentinos, áinus japoneses, esquimales y nativos de la isla de Vancouver fueron ‘desplegados’ junto con lo que quedaba de los aborígenes norteamericanos y unos cuantos indígenas de las Filipinas recién arrebatadas a España”. (Incluyendo la despoblación procurada por la USA-Army) En lo que venía a ser una edición configurada para que los vencedores se burlaran de los vencidos. “Los condenados de la tierra jugaron los deportes de sus vencedores para reconfirmarlos en su infinita superioridad”. Los pigmeos, los más ‘primitivos’ de todos: “No jugaban para triunfar sino para divertirse. El conflicto cultural mostró que el deporte olímpico había perdido la risa y las cualidades de los carnavales populares”.[1] La civilización se había vuelto cosa seria. La superioridad del homo-modernus-occidens, gestor de la economía mundo capitalista, por sobre unos pobres salvajes desvalidos estaba comprobada.

Pero he aquí que los dioses -o la Madre Naturaleza- hicieron que 8 años después -en Estocolmo 1912- se diera la revancha del ‘buen salvaje’ en la persona de Wa-Tho-Huck (Sendero Luminoso); un piel-roja de la tribu sac-fox que ganando en el decatlón y en el pentatlón, además de destacar jugando béisbol y fútbol americano, se convirtió en el atleta más completo de todos los tiempos. ¡Qué se queden los que habrían de venir con las medallas, con la fama y con el dinero! 1912 era muy temprano para que el ‘anima lucrativa del capital’ apestara los juegos. Todavía para cuando se suponía que el deporte era algo eminentemente amateur y por ello se le quitaron sus medallas. Confiriéndole un halo romántico a la figura de Jim Thorpe. (Vid artículo No. IV de esta serie)

Los cambios acelerados que ocurren durante el siglo XX producen transformaciones impresionantes en distintas actividades, sectores y ocupaciones, propiciando el desarrollo deportivo y posibilitando la organización de competencias mundiales que tienen en las olimpiadas su arquetipo. Haciéndose notar que el impulso conquistador de los pueblos occidentales los conduce a organizar y a crear prácticas deportivas en las que puedan descargar las energías características de la civilización capitalista, eminentemente productiva a la vez que urbana y por ende competitiva así como conflictiva. Y como todo en el sistema capitalista gira en torno a intereses monetarios, que es la manera como se cristalizan las ganancias, los deportes, ya de por sí espectaculares, más temprano que tarde habrían de convertirse en el gran circo, atrayente y lucrativo que continúa siendo, marchando en el mismo sentido del progreso material que marca el desarrollo capitalista.

Actualmente el excesivo interés que se le dispensa a los espectáculos circenses, la parafernalia que se ha implementado en torno al deporte espectáculo en los mass media, pasa por un boom. El soma enervado ha creado a millones de adictos que religiosamente están pendientes por todos los medios de los juegos como teleadictos, o como asiduos asistentes a los estadios y como consumidores de subvenirs y de uniformes e implementos deportivos idénticos o similares a los que usan los profesionales. La televisión, como medio de difusión preferente para propagandear al deporte-espectáculo contribuye a la exageración, dado que como aparador mercantil tiene las ganancias aseguradas, pues no hay consorcio al que no le interese promover sus productos a la hora de mayor teleaudiencia, no importando que las tarifas por anuncio sean más altas, toda vez que las grandes empresas pueden darse el lujo de pagar millones de dólares en publicidad, porque  es ‘un lujo que ellas lo valen’, acorde con sus excedentes superlativos, cuando que como empresas mercantiles le están vendiendo su imagen a miles de potenciales consumidores, (los otros millones nos conformamos con ver, y ni eso, si le cambiamos de canal a la hora de los comerciales). El caso es que el teleauditorio se incrementa generalmente cuando ocurren los super-shows deportivos. Pues constatamos que para el verdadero fanático no hay nada en este mundo que estime tanto como su deporte-espectáculo preferido, de ahí la idolatría y el fetichismo con el que se satisface el mercado, dándose la convergencia del vendedor-comprador que es un fanático estimulado para consumir.

El triunfo del capitalismo es el triunfo del Big Brother, ahora que los sujetos se consideran afortunados si son enjaulados en cómoda mansión para estar siendo monitoreados por un medio masivo de difusión que así hace negocio.[2]  En una atmósfera en la que los sujetos no tienen conciencia de su individualidad ni de su dignidad, y su razón de ser la encuentran en comportarse de acuerdo con las consignas -modas, clichés, que de manera subliminal impone el big brother (reality show televisivo). El Hermano Grande os enerva y os hace sus esclavos complacidos. En eso radica el triunfo del capitalismo totalitario, un totalitarismo basado en el libertinaje, el que se da acorde con la promoción consumista. Es el sujeto, cual borrego enjaulado, quien va gustoso a que lo esquilmen y a contribuir a las ganancias del circo. En sociedades en las que predominan los intereses lucrativos, la competencia para sobrevivir es obligada, y el dinero es la llave al confort: sobresalir es ser importante y poder cobrar mucho destacando en alguna profesión bien remunerada. En el mundo mercado el sujeto cobra para poder existir, y en el foro aluzado se puede ser famoso y adinerado: casi, casi: pobres de los que no salen en televisión, pues no existen. Para cuando la policía del pensamiento gana más batallas que la policía represiva. En el capitalismo totalitario se imponen las consignas ganándose a la opinión pública, manipulándola, pues el poder para imperar tiene que engañar; resultando ser una mejor estrategia de dominio alienar para hacer consumir o comportarse de manera ‘normal’ en el supermercado, que utilizar la burda represión como se solía hacer con más frecuencia en los regímenes totalitarios ‘socialistas’.

Aunque afortunadamente todavía no llegamos al mundo orwelliano del Ingsoc, en el cual el establishment obliga a los ‘ciudadanos’ a mirar la telepantalla, este ya es un mundo condenado por la vigilancia que ha tejido la ‘Gran Araña’ con su red satelital. Para cuando el ‘Panóptico’ parece cosa de la prehistoria. ¡Qué si el capitalismo nos ha traído el progreso! La vigilancia y el control mental que establece el Big Brother propiciando patrones de conducta se globaliza estandarizando a la población.

La fuerza de la difusión televisiva posibilita que el sujeto-inconsciente gustoso acepte el condicionamiento que se  le provoca. La excesiva importancia concedida a los juegos toma proporciones exageradas en la medida en que llegan a ser un gran negocio que coadyuva a la reproducción del capital. El público manipulado por los poderosos medios de difusión se convierte en fanaticada enajenada, propensa a la idolatría, explotada en su libido subliminal, manipulada por pasiones que se les inoculan y los propensa a ser sujetos cautivos en la telesfera; para que inducidos desde su temprana infancia en los hábitos mercadotécnicos, resultan condicionados para comportarse acorde con el rol de compradores, recibiendo los estímulos que incitan al consumo.

La fórmula publicidad-patrocinio que marcó el cambio que condujo al auge comenzó en la NFL a partir de 1974 en que aparece el ‘hombre del saco naranja’, un empleado encargado de dar la señal a los jueces de que la pausa en el terreno de juego debe ser por tantos y cuantos segundos o minutos según el segmento de comerciales a pasar por la televisión.

Y por igual la NBA y la NHL toman un formato acorde con la programación televisiva, mientras que la más tradicional MLB ya de por sí tenía un juego adecuado a la televisión, con cada inning garantizando por lo menos dos pausas comerciales que multiplicadas por 9 innings son de menos 18 (más un número variable por los cambios de pitchers). Tratándose de juegos con cobertura nacional aseguran en horario estelar la atención de millones de televidentes, ya sabemos, potenciales consumidores de las mercancías anunciadas. Propósito logrado con creces.

En el caso específico de la NBA, la periodización del juego cambió haciéndola más apropiada al formato televisivo, pasando de 2 períodos de 20 minutos a otro formato de 4 periodos de 12 minutos con descanso a la mitad, incrementándose así los cortes publicitarios, más los tiempos fuera…., lo que en la NFL da lugar a la ya famosa ‘pausa de los dos minutos’.

A diferencia, las desventajas que tiene  la League de Football Soccer estadunidense tienen que ver con su formato tradicional de tener solo un intermedio tras de 45 minutos reglamentarios, lo que aunado al menor interés por ese deporte en los EUA le redituaba una ínfima audiencia, del 6 al 7% hasta mediados de los 90.

Para remediar tal defecto, Joao Havelange en funciones como presidente de la FIFA en 1990 propuso dividir de 2 a 4 los períodos: ¡el mercado estadounidense debía conquistarse! No cuajando la sugerencia porque a fin de cuentas el fútbol es más propio de Europa e Iberoamérica, pero una solución genérica se habría de encontrar. Y la tecnología vino al rescate para superar este ‘defecto’ pudiendo incluir en las transmisiones de los partidos anuncios virtuales que aparecen mientras el juego se desarrolla o entre las inevitables pausas momentáneas que ocurren en el empastado.

La propia UEFA modificó el formato de la competencia haciéndola más accesible a la difusión, lo que le redituó un incremento en sus ganancias de unos 150 millones de dólares (mdd) en la ya lejana temporada del 1994-95, de los cuales unos 70 fueron para los equipos. “Se impusieron las exigencias mercantiles de las 123 cadenas poseedoras de derechos, en su mayoría canales comerciales sometidos a una obligación de resultados, y de las cuatro empresas patrocinadoras”.[3]

Misma incidencia de la TV en el formato de las competencias que se intenta aplicarse a otros deportes como el ciclismo, boxeo, carreras de autos y motos en sus mejores exponentes. No costándoles trabajo la adecuación del boxeo, ya de por sí apto y manejable desde décadas atrás, comenzándose a implementar en el boxeo de manera preferente la modalidad de Pago Por Evento (PPU, siglas en ingles), tipo de transmisión que restringe la audiencia pro incrementa el ingreso de las empresas emisoras.

El tenis no podía ser la excepción profesionalizándose desde los años 70, incrementándose la difusión y con ello apareciendo la primera generación de tenistas estrellas en el marketing mundial: Arthur Ashe, Ilie Nastase, Jimmy Connors, Biorn Borg, Guillermo Vilas, que entre ellos obtienen 29 Gran Slams y unos 8 torneos de maestros. Lo que significó dejar atrás el ideal olímpico amateurista, tal y como lo consignó Philippe Chatier, presidente de la Federación Internacional de Tenis de 1977 a 1991, apareciendo la ATP en 1990 para administrar este otro gran deporte espectáculo que pasa a ser otro gran negocio. Los cuatro Grand Slams (Melbourne, Roland Garros, Wimbledon, Nueva York) más 9 torneos de la serie Masters-Mil y el Torneo de Maestros, suman actualmente, 14 grandes eventos que reparten sumas que rebasan los 100 millones de dólares. Éxito rotundo, el tenis conociendo un auge también en la modalidad femenina viene siendo uno de los deportes a los  que el cambio profesional los ubicó entre los privilegiados, ganando las superestrellas más dinero por patrocinios que lo que ganan en las competencias.

Trátese de una tendencia de la época que como causa de fuerza mayor modifica a los deportes más vistosos tornándolos el gran circo-mundo y así el gran negocio en los espectáculos. A más de las cinco ligas mencionadas, inclúyanse las peleas de campeonato mundial en el boxeo y se incrementa el show business con uno de los deportes más aptos para el marketing y la manipulación de resultados, por consiguiente, uno de los más aptos para las apuestas; no es casualidad que las Vegas sea el escenario perfecto para que se escenifiquen gran cantidad de peleas de campeonato mundial.

El boxeo profesional, como deporte predilecto bajo el control de la mafia cabaretera ha sido el más afectado por la mercantilización, a ello se debe que aparecieren cuatro asociaciones mundiales que designan cada una su propio ‘campeón del mundo’, debido al auge en la promoción de peleas que demandan los patrocinadores, demeritando la seriedad de las contiendas y de los campeones.

Diez y ocho o diecinueve divisiones de diferentes pesos proporcionan 70 campeones potenciales, y un número de peleas al año de campeonato ‘mundial’ que rebase más de 100. Y quién repara en que la calidad del producto baje si el dineral en juego se incrementa. Empresarios, patrocinadores, peleadores, aficionados, todos quedan conformes. The Big Money reing.

 

La Fórmula 1, el Tenis y el Golf complementan la carpa auténticamente mundial, pues además de cubrir todo el orbe con sus competencias, abarca todo el año, generando una derrama de miles de millones de dólares que llegan a ser billones en las últimas cuatro décadas.

Así, la necesidad de héroes pasa por la difracción de la pantalla, por el espejismo de la adulteración artificial que convierte a los deportistas en ídolos super difundidos o difusos, maniquíes aptos para entretener y anunciar chifladera y media, cuando la idolatría se convierte en fetichismo: “El divo es perseguido físicamente, recibe correspondencia sentimental de desconocidos, es asaltado por la calle para obtener de él autógrafos o salutaciones, es imitado en la manera de andar, de vestir, de cortarse el cabello, y cualquier prenda suya parece tener un valor especial. Estas molestias constituyen el tributo que el ídolo debe pagar, aunque por otra parte recibe fabulosas compensaciones de tipo económico…”.[4]  El estímulo a la libido para incrementar ventas es un éxito probado, y más si el ídolo deportivo puede hacer las veces de ser un sex simbol. Entonces, los divos son producto de la manipulación mercadotécnica y la idolatría que despiertan en los aficionados, condicionados como  consumidores compulsivos, raya en lo grotesco, extravagante y exagerado, pues les conceden una excesiva importancia, con todo y que estos ‘supermanes’ muchas veces no tengan buena conducta: “Pero al divo se le perdona todo, se le pasan por alto las cosas a cambio de que a la hora de la verdad, en el ejercicio del deporte, cumpla como un campeón. La idolatría llega al nivel de que muchas personas, aun conociendo la escasa preparación humana de la mayoría de los deportistas, están dispuestas a votar por ellos sí, por ejemplo, se dedican a la política, lo cual constituye una auténtica adoración”.[5] Pues bien pueden ocupar altos cargos públicos los carismáticos campeones que en el terreno deportivo han demostrado ser vencedores en las competencias, ya que de eso se trata la ‘democracia’ moderna, de vencer en la competencia electoral, lo que viene después, gobernar, es lo de menos, puesto que en esta máquina despersonalizada gobernar es seguir la corriente autómata que marcan los imperativos capitalistas.

Antaño la religión cumplía la función de sublimizar el ánimo de los súbditos, mirando hacia la trascendencia aceptaban la jerarquía de los dioses trasladada a la tierra en la persona de monarcas y sacerdotes, quienes los condicionan a someterse ante la dominación intensa y la desigualdad flagrante qué era propia de las sociedades arcaicas, antiguas y medievales. Tomando en consideración el uso ideológico de la religión, ésta puede ser caracterizada desde una perspectiva crítica-ilustrada como ‘el opio del pueblo’, tal y como la consideró Karl Marx.

Los tiempos cambian, la sociedad moderna se ha transformado de una manera radical; en un ambiente en el que el consumo va a la par de la libido desbocada, la religión ha perdido su papel preponderante en lo que concierne al aspecto ideológico-enajenante, requiriéndose de otro tipo de ‘opio’ para mantener conturbadas a las mayorías. Tratándose de un ‘opio’ mucho más potente y enervante, de un opio que no apacigüe sino que estimule induciendo a la excitación desenfrenada.

Este ‘opio’-estímulo que incita al consumo preferentemente consiste en drogas, acompasando otros tipos de enervantes. Mas el soma que se prepara para mantener a las mayorías alienadas en la actualidad es muy sofisticado, si bien sigue la tradición del circo para el pueblo, iniciada en Roma. Para cuando millones de citadinos tienen el pan asegurado en las sociedades industriales y les sobra el ocio, el circo se ha multiplicado intensificando su preponderancia por el factor ventas y por el interés que despiertan en sí los juegos. Habiendo que mantener a las multitudes alienadas. El poder para dominar tiene que divertir, distraer a los empleados y a los desempleados de sus ocupaciones o desocupaciones baladíes que no encuentran significado más allá de la rutina que instaura la mecánica de un tipo de trabajo cada vez más maquinal, en donde la máquina capitalista, la producción en serie, o el oficio que depende de la manipulación de alguna máquina, termina por condicionar y someter al sujeto a la dinámica y al objetivo que la super-máquina cumple como producción o servicio orientado hacia la satisfacción de unos fines económico – crematísticos cada vez más adulterados y nocivos por artificiales. De tal manera que tenemos al ser humano sometido a la Máquina en la preponderancia de la producción a chorro del capitalismo multiindustrial, generando plusvalía de la que se apoderan los holdings. El trabajador asalariado, como sujeto alienado, para compensar ese trabajo robótico ha de buscar en sus horas libres diversión que lo relaje de la rutina.

Pero que pasa si el trabajo y el pan escasean, entonces el circo adquiere su real dimensión, es cosa vana, mero entretenimiento pasajero carente de valor social. Mas el efecto catártico se vuelve indispensable en una sociedad en la cual el sujeto está sometido a intensas presiones y su forma de trabajo es mecánica y enajenante. Entonces, el sistema requiere de crear escenarios para la distensión. Si en fábricas japonesas los obreros se desahogan pegándole a un monigote que representa al dueño de la empresa -catarsis directa-, en un estadio la ira de los subordinados se puede ‘desquitar’ con el árbitro o con los jugadores de manera indirecta, pues no se permite golpearlos…, hasta la fecha.

Los marginados, cual lumpen proletario, obtienen el ‘soma’ a través de la telepantalla, para que como telespectadores se sientan integrados -aun en su condición de parias modernos- a un mundo hacedor de ‘maravillas’. “Esos olvidados se pegan a las pantallas de televisión y admiran las proezas ‘fabulosos’ de los ‘dioses del estadio’, sus dioses. Entran en un universo encantado. En el mundo de la leyenda de lo maravilloso. Y esa ‘magia’ les permite olvidarse de la realidad que viven. Los embrutece. Los anestesia. Los lleva de manera perversa a interiorizar todos los mensajes ideológicos que transmiten sus ídolos”.[6]

Un socio-antropólogo estudioso del deporte lo ha señalado: “El deporte es el opio del pueblo…., se trata de una nueva religión: el deporte espectáculo. Ese opio del pueblo que moviliza a centenares de millones de aficionados fanatizados, multitudes enormes de partidarios de lo inútil o de lo irrisorio, hordas ruidosas de fieles incondicionales, que, en ciertas oportunidades, pueden transformarse en jaurías sanguinarias de venganza o linchamiento……, ese opio, pues, es objeto de un consenso absoluto. Deportistas y espectadores se precipitan como masas orantes en los lugares de culto, no vacilan de vez en cuando en practicar ceremonias expiatorias o sacrificantes contra víctimas expiatorias. Ideólogos y políticos, verdaderos trovadores de la leyenda deportiva, claman en un tono totalmente repetitivo y estereotipado los artículos de fe o del dogma de la ‘religión atlética’…. Finalmente, intelectuales y universitarios, en su inmensa mayoría, sucumben ante los encantos del populismo deportivo. En todos los casos, el fenómeno deportivo contemporáneo sigue siendo objeto de una veneración universal, casi mítica. La adoración o la idolatría del deporte es tan fuerte que provoca regularmente la irrupción de síntomas delirantes, desencadena actos patológicos y genera locuras colectivas”.     ‘Nueva religión’ que substituye uno de los aspectos que antaño cubría la religión institucionalizada fanatizando a las masas, cautivándolas y conduciéndolas a desempeñar comportamientos acordes con los imperativos consumistas del sistema, cual “refracción simbólica de una civilización dada: la modelada por el capitalismo”.[7]

La correspondencia entre los intereses predominantes de la ideología ultraliberal y el deporte espectáculo resulta conspicua. El capitalismo desenfrenado de los imperios transnacionales, a través del deporte-espectáculo, justifica y fomenta la competencia entre megaempresas, la compraventa holista y la supremacía de los poderosos: “Obviamente. La competencia desenfrenada entre las empresas, a nivel nacional o internacional, tiene su equivalente perfecto en la lógica competitiva del deporte. ¿Cuáles son los lemas deportivos: ‘¡Qué gane el mejor! ¡Arriba los ganadores! ¡Abajo los perdedores!’ ¿Qué nos dicen los cantores del neoliberalismo? ‘¡Libre competencia! ¡Arriba las empresas rentables! ¡Muerte para las demás! ¡Arriba los seres rentables! ¡Fuera los que no los son! Las empresas funcionan como clubes deportivos y los clubes deportivos como empresas. Los unos y los otros buscan rendimiento, récords, están obsesionados por la competitividad. Y esa misma ideología es la que se nos pretende imponer a cada uno de nosotros, en todas partes”.[8] Los perdedores son pobres y deben alinearse como espectadores que aceptan el espectáculo que se les sirve, así como las ayudas económicas a condición de que no cuestionen que el progreso se seguirá manteniendo bajo los lineamientos que hasta la fecha favorecen a élites privadas y gubernamentales…. El camino de la modernidad lo siguen marcando los vencedores de la modernidad definitiva, es decir: los euro-septentrionales y sus remedos, inclúyase Japón y Rusia, y su definitiva extensión global, pues ya las otras culturas milenarias, India y China, siguen su modelo, ¡la globalización es un éxito!

Y porque el capitalismo es competencia para ganar en los negocios, el deporte espectáculo es competencia para adquirir fama y fortuna, -incluida la satisfacción que otorga vencer a los contrarios. Lo que viene a significar obtener la gloria en el infierno; el dinero, la fama, así y sólo dure lo que dura el instante de placer, para cuya obtención tiene que dedicar en preparación un tiempo mucho mayor, verdadero esfuerzo dirigido al triunfo. A la manera de Dorian Grey, quien deseando intensamente conservarse joven y hermoso en un instante de vanagloria y ego enaltecido produce un hechizo mefistofélico, el atleta se entrega en cuerpo y alma para obtener la gloria que concede la victoria sin preocuparse de riesgos y consecuencias que le pueden quitar la vida, quiere conservar su vigor juvenil, su fuerza y su destreza que le brinda a la organización que lo premia. Sabiendo que su ego quedará satisfecho, pues la técnica perfeccionada proporciona el recurso con el cual  su momento de gloria queda grabado para ‘siempre’ en el vídeo.[9] Lo que en la versión de Oscar Wilde se presenta como el artista que funde ‘la estatua del dolor (el esfuerzo) que se sufre toda la vida’ para esculpir la del ‘placer que dura un instante’. Pues el atleta le ‘entrega su alma al diablo’, al Capital que lo premia, pues quiere la gloria mundana conseguida a cualquier precio, aunque se convierta en un Frankenstein o recurra a recursos ilícitos, sin sopesar las consecuencias que vengan después, en este y en el otro mundo. A eso aspira el atleta ante la pasión por la victoria llevada a parámetros exagerados. Los seguidores de la fama aparecen como polillas atraídas por la luz artificial. Un foco hoy en día muy potente. Tal y como se manifiesta y desprende de una encuesta reciente: una entrevista realizada a 100 deportistas internacionales, quienes responden a  la pregunta de si estarían de acuerdo con tomarse la “píldora mágica” que les “garantizase una medalla de oro olímpica” aunque murieran en menos de un año, y ¡oh sorpresa!, más de la mitad contestaron de manera afirmativa.[10]

No debemos extrañarnos, esta conducta responde a los condicionamientos que inocula el sistema capitalista que así premia el vivir para triunfar en los escenarios multiplicados por las telepantallas, sobresalir para acumular dinero, auténtica vanagloria de un mundo que en su encandilamiento aparece como el paraíso de los esclavos, cual propiciador de actividades efímeras y equívocas en lo referente al tránsito trascendente al más allá, en donde de seguro la vanagloria es nada, o es karma que se paga.

De otra manera, los deportes son una de las maravillas en las cuales el hombre ha empleado su ingenio para realizar actividades destinadas a fomentar su condición física a la par de procurar la recreatividad lúdica que proporciona el juego. El impulso por plantearse metas y superar obstáculos lo animan. Presentándose la naturaleza como espacio a conquistar, o de otra manera son sus propias condiciones corporales activadas en competencias las que lo empeñan en exigirse un rendimiento físico superlativo, lo que va ligado a la lucha por superar parámetros antes establecidos. Aspectos positivos que el ser humano se plantea para mejorar aplicándose una autodisciplina que resulta benéfica, tanto en lo corporal como en lo psíquico, así como en lo individual como en lo colectivo. Siendo un aspecto apreciable de la cultura moderna a la que habría que preservar, como deportes practicados por todos los pueblos del mundo, una vez que se dé más importancia al deporte social que al deporte espectáculo.

Más ahora el futuro del deporte-espectáculo está en manos de las transnacionales, sometido a intereses crematísticos parece destinado a convertirse en un espectáculo netamente circense preparado por los magnates de la TV y manejado por hampones, en el cual la parafernalia y el supershow aparatoso serán su distintivo. Prevaleciendo una evolución semejante a la ya acontecida en el boxeo (por no decir la lucha profesional que difiere enteramente de la lucha olímpica), deporte que linda en lo grotesco, controlado o intervenido por mafias de apostadores y narcotraficantes que así lavan lavado su dinero…..[11].  Un deporte comparsa del cabaret, teniendo en las Vegas Nevada su ‘Coliseo’. Y, ¿cómo empezó la decadencia del boxeo?; entregándose a la TV comercial: “En realidad, son las cadenas las que lo bloquean todo con su estrategia de conquista del mercado del PPV (pago por evento), denuncia una productora de televisión. Más de 30 millones de hogares pueden acceder a los PPV, con el pago de entre 30 y 60 dólares. Esta competencia desenfrenada ha provocado la proliferación de las organizaciones internacionales…, y de campeonatos organizados: 145 durante los primeros meses de 1993. Viejos campeones regresan y cada pelea es anunciada como ‘el combate del siglo’….. Las estrellas antiguas o más recientes del boxeo estadounidense y los canales que las contratan logran hacer buenos negocios, pero el boxeo está perdiendo credibilidad en la aventura”.[12]

Por esas actitudes la práctica del deporte dejará de ser recomendable para los niños: o mejor dicho: ‘niños, practiquen el deporte pero no se conviertan en superestrellas’. Lejos de que el ideal antiguo se lleve a cabo: la ‘mente sana en cuerpo sano’ (atribuida la frase a Juvenal), pues la propia pulsión por el triunfo que afecta al atleta lo induce a utilizar fármacos. En un Mundo desvirtuado por la codicia, la vida natural y recta no se facilita. En un mundo en el que la droga y el hedonismo-sodomita son el soma que mantiene a la población enajenada -vivita y coleando-, el narcotráfico ligado a la prostitución son los mejor negocios que se pueden emprender bajo estos parámetros y conductas sobredeterminadas por las ganancias capitalistas y el sometimiento que procura la somnolencia para los sujetos. Lo ilícito tolerado por el sistema cobra auge, en plena etapa en que el capital transnacional transa y depreda al mundo entero (V.gr. Enron).

Por lo pronto, seguirá ocurriendo durante la primera etapa del siglo XXI que el circo para el pueblo (como deporte-espectáculo) mantenga una importancia sobrevaluada, sobretodo por el haberse constituido en un gran negocio que interesa a varios sectores de la industria, del comercio y de los servicios. A la par de que su papel como des ahogador ideológico está más que consolidado, resultando imprescindible y comprometido con la evolución del sistema capitalista, bajo los parámetros de lo que comenzó siendo -y sigue siendo en lo fundamental- un modo de producción, ahora multiindustrial, y se ha convertido en un supermercado, pilar de una superestructura, abanico de oficios y actividades directamente posibilitadas por la dinámica infraestructural, cuyo potencial genera el supermercado global, haciendo de la compraventa, del consumo, la razón de ser y el sino del mundo. Tornándose en un sistema peligroso, dada su contradicción dialéctica agudizada, cuya síntesis o negación marcha cual entropía del caos y de la depredación.

Remata J-FB su estudio haciendo ver que el deporte se empantana en los negocios y las trampas sórdidas, requiriendo de purificaciones para volver a la autenticidad, auto regenerándose en su dimensión ética. El Problema es que el fracaso de la eticidad durante toda la Era Moderna se produce precisamente en resultas del predominio capitalista, y eso es lo que condena al mundo en la dialéctica negativa del progreso material sin parangón Ético.

Artículo publicado originalmente en Crisol 164, abril de 2002. Corregida y aumentada a 10-04-2016

[1] José Emilio Pacheco. “Olimpiada y fin de siglo -la risa de los pigmeos”. Proceso 821. 27-07-92: 53.

[2] Tan solo por llamadas telefónicas de aspirantes al evento se generaron “3 millones de pesos, cálculo aproximado del dividendo de 150 mil llamadas de personas que se quisieron inscribir en la lista de participantes inicial… Cada llamada telefónica tuvo un costo de 20 pesos, según se dijo en la prensa”. (Florence Toussaint. ‘El Gran Hermano’. Proceso 1323. 10-03-02: 70). Además de los comerciales hay una rifa de dinero en efectivo. ‘Esté pendiente y llame, el costo es lo de menos, no se fije usted en que Telmex es socio de Televisa’. Negocio redondo y clientes cautivos garantizados. Lo que pinta para ser el colmo de la mercantilización exagerada: sujetos enjaulados convertidos en semi-actores, siguiendo un rol preestablecido que les indiquen los productores; lo que es igual a procrear un género novedoso de tele-novela con ‘actores’ semi-profesionales, es decir: baratos, si bien se trata de los afortunados elegidos que están siendo lanzados al ‘estrellato’. Pues promocionados con todo el marketing de que es capaz Televisa, hasta la aburrida vida cotidiana de jóvenes estereotipados se hace espectáculo, complementando las ya de por sí infumables notas rojas de la intimidad que sacan desde hace años en los talkshows. Y para culminar el show business, por increíble que parezca, se anuncia que se van a subastar las cosas que hay en la casa-jaula junto con videos y hasta canciones, todo sea por perfeccionando los programas que captan la atención para seguir fomentando el sacrosanto consumo.

[3] Anne Marie Mergier. “La televisión y los patrocinadores cambian los principios olímpicos”. Proceso 1026. 30-06-1996: 66-69. Presentando extractos del libro: El Dinero Loco del Deporte, escrito por Jean-Francois Bourg.

[4] Antonio Franco. Sociedad y Deporte: 106-107.

[5] Ibíd: 105. No sabemos si para bien o para mal los divos no llegan a ser presidentes, dada la baja calidad genérica de los actuales dirigentes. Y esto se explica por el dineral que se embolsan, no teniendo ya necesidad de meterse a la política para obtener dinero, sino que suelen orientarse más hacia el sector empresarial para administrar y acrecentar sus caudales.

[6] Jean Marie Brohm. Citado por Anne Marie Mergier. Proceso 1031. 4-08-1996: 72.

[7] Ibídem.

[8] Ibídem.

[9] Lo que dura la competencia; desde los 9, 10 segundos de los 100 m planos, a las 2 hrs. y minutos de la maratón, con la respectiva vuelta olímpica vitoreado por el público y las entrevistas por televisión; cerrándose con broche de oro el momento de gloria con la subida al podio, el himno en su honor y la colocación de la medalla. Tratándose, pues, del placer que da el vencer y la gloria amplificada por los mass media, más el dinero que le puede garantizar ‘asegurar’ su futuro. El triunfar es lo que anhela el atleta, por su minuto de gloria está dispuesto a dar su vida entera, si abusa con drogas que adulteren su cuerpo, ahora que también puede ser una estrella perdurable, los 10 años promedio que suelen tener los atletas en deportes profesionales, pero en casos así, de dopados, lo que les ocurra a consecuencia  después de retirarse  de los foros no tiene la misma difusión que sus proezas deportivas.

[10] Encuesta realizada por Gabe Mirkin. Proceso 1245. 10-09-2000: 92

[11] Los casos que se pueden mencionar  de juego sucio y grotesco en el boxeo de las dos últimas décadas abundan. Desde las ‘peleas del siglo’ con bolsas financiadas por narcos contando con la intermediación del promotor-gánster estrella: Larry King, él mismo un ex convicto; pasándose por innumerables peleas arregladas y las exhibiciones indecorosas a las mordidas de Mike Tayson, al caso de Oliver MacCall, ex campeón de peso completo, quien subió excesivamente drogado a defender el título y después del 3er round se negó a sentarse en su esquina, poniéndose a caminar por el ring y a llorar en un ataque de misticismo provocado por la droga. Proceso 1059. 16-02-9197: 74-75.

[12] “Jean-Francois Bourg: 67.

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