EN EL NUEVO CIRCO PARA EL PUEBLO DEL SIGLO XXI (A)

Escrito por on Mar 14th, 2016 y archivado en De Oimpiadas a Olímpiadas, Deportes, Destacado, Galería Fotográfica. Tu puedes seguir los comentarios a esta entrada a traves de RSS 2.0. Comentarios y referencias estan cerrados.

EN EL NUEVO CIRCO PARA EL PUEBLO DEL SIGLO XXI (A)

 coi DE OLIMPIADAS A OLIMPIADAS XIII

 

   EN EL NUEVO CIRCO PARA EL PUEBLO DEL SIGLO XXI

  1. A) COI. El Dinero Garantiza la Corrupción

 

A lo largo de estos 30 años de análisis de la realidad deportiva entendí que esa realidad es un hecho social total, una totalidad concreta que condensa de manera compleja, a través de una serie de contradicciones, todas las determinaciones, instancias, modalidades, características de la sociedad capitalista. El capitalismo mismo es una totalidad concreta que no se reduce a su sola dimensión económica, como se afirma en todas partes, ya sea por ignorancia, ya sea por malevolencia. El capitalismo es una formación sociocultural sumamente compleja.

 Jean Marie Brohm

    La Televisión sólo se mueve si hay estrellas y las estrellas exigen pagos  sobre y ‘debajo’ de la mesa.

  Jean-Francois Bourg

 

Al iniciar el siglo XXI el deporte espectáculo está en su apogeo, los ingresos, la dinámica que imprime en rubros colaterales y añadidos, los montos monetarios globales que genera son parte vital de la reproducción del sistema capitalista, coadyuvando a superar las crisis de sobreproducción.

Las buenas cuentas obtenidas en las recientes temporadas de los ‘cuatro fantásticos’ de USA lo comprueban; en términos generales las entradas no han disminuido a pesar de la recesión, con lo que el deporte-espectáculo se consolida como uno de los principales animadores del consumo impidiendo una mayor caída en las ventas. Tan solo de la venta de los derechos de transmisión concedidos en un lapso de 8 años por la NFL a la CBS-Fox y a la ESPN-ABC (del consorcio Walt Disney Company) se maneja una cifra estimada en 18,000 millones de dólares, convirtiéndose el futbol americano en uno de los principales atractivos de la programación de esas cadenas; espectáculo que sirve para captar la atención del público más dispuesto a gastar, incitado por lo que ve en la T.V. (Los subvenirs del americano durante el Superbowl se venden a precios increíbles). En números de 1991 la industria deportiva estadounidense manejaba un fondo cuantificado en 60,000 millones de dólares, ocupando el 23º lugar entre las 25 industrias más grandes del país; y ha seguido ascendiendo dada la importancia creciente que cobra este rubro de la economía capitalista en la última década del siglo XX. Otras referencias así lo hacen ver. El Super Bowl es el supershow. El evento deportivo mejor cotizado que se verifique en un solo día; así tenemos que la edición XXV dejó 44.800,000 dólares, producto de la comercialización de 56 espacios publicitarios de 30 segundos cada uno, a un costo unitario de 850,000 dólares. ¡He aquí el negocio del deporte espectáculo en su magna expresión!

Cuatro fantásticas ligas profesionales en los EUA que comprenden cuatro deportes de los más espectaculares: National Football League (NFL), National Basketball Association (NBA), Major Beisball League (MBL), así como a la National Hockey League (NHL que incluye equipos canadienses). Las cuatro ligas supremas del deporte profesional norteamericano, a las que nada más la Liga de Campeones del Fútbol Europeo (UEFA) se les equipara. El circo-mundo de cinco pistas más difundido y por tanto redituable cubriendo la expectativa mundial durante todo el año al irse relevando unos a otros, viéndose complementados con los campeonatos mundiales que se celebran cada dos años y las olimpiadas.

De manera tal que los ‘cuatro fantásticos’ animan la american way of life. En el caso del béisbol las ganancias para la ciudad de NY por haber llegado los Yanquis a los juegos semifinales y a la serie Mundial en 1996 rebasaron los 120 millones de dólares. Y más recientemente, en la temporada del 2001, a pesar del atentado cometido contra las ‘torres gemelas’, los neoyorquinos llenaron el Yankee Stadium para brindarle todo su apoyo a su equipo consentido,  ¡y cuál catástrofe, y cuáles perdidas! La recesión afecta a los pisos inferiores de la economía, pero en el circo superestructural aún no hay indicios de que se vea afectado; ¿será para las siguientes crisis periódicas del capital? 

Junto a esta valencia va el aspecto anímico que puede tomar el deporte-espectáculo como animador del ciudadano medio. El aficionado vive ilusionado con el desempeño de sus ídolos y equipos y con los juegos que está por venir. Siempre atento, le concede mayor importancia a juegos en que no participa que a sus actividades cotidianas. Para que el juego aparezca como una evasión de la rutina laboral y de las domésticas actividades que son parte de la praxis monótona y repetitiva, propia de la vida urbana bajo la tecnocracia, lo que es parte de la desnaturalización y de la falta de sentido trascendente que afecta al ‘hombre esquizofrénico del siglo XXI’.

Mientras una selecta minoría de afortunados puede practicar como especialistas los deportes que llaman la atención de multitudes; en el  mundo entero la proporción de deportistas es ínfima, la práctica del deporte masivo e intensivo sólo es posible en unos cuantos países, y en estos países un reducido porcentaje de la población es apto o tiene los recursos para practicarlo con la intensidad que se requiere para llegar a ser profesionales. Lo que aparece cual imagen kafkiana de un laberinto repleto de multitudes abarrotando todo espectáculo, millones y millones de ‘show-adictos’ para ver a un selecto grupo de superdotados, creándose el espejismo de que el deporte fuese una práctica común. En realidad se trata de una  miscelánea del circo electrónico teledirigido, confeccionado para atraer, entretener y encausar a los fanáticos al consumo. Sociedad del espectador pasivo: pocos practican deporte, muchos se la pasan observándolo. Y viéndolos se idiotizan al quedar absortos en una especie de trance hipnótico que absorbe toda su atención e interés. El efecto televisión – enajenación causa estragos en las mentalidades alienándolas y amoldando la capacidad de concentración de los sujetos televidentes. Debido a ello: “Se calcula que el televidente estadounidense tiene una capacidad de atención muy breve, que oscila entre seis y diez minutos, lapso que separa dos series de anuncios”.[1] Puesto que la T.V. se ha mundializado y masificado desde los años 70, generaciones de enajenados quedan aptas para hacerle el juego al sistema, ‘educadas’ por los consorcios televisivos, los que a su vez están conectados con otras megaempresas que dominan el mercado, convirtiéndose en los promotores del supernegocio; y el supernegocio es deporte-espectáculo que al involucrar grandes cantidades de dinero ha conducido a corromper a las más altas organizaciones del medio.

Y como el dinero es el rey del mundo y rige con regla de lucro, tenemos que tanto la FIFA como el COI se comportan como organismos corruptos, lo que conduce a demeritar cada vez más los deportes que organizan. (De la FIFA recientemente se ha dicho que hubo soborno en la elección de Joseph Blatter…). Se ha descubierto que la concesión de los últimos juegos olímpicos de invierno y de verano fue realizada recurriéndose al cohecho. Algunos miembros del COI dan su voto a cambio de sobornos, regalos, colegiaturas para sus hijos. ‘Nagano destinó un fondo sospechoso de 17 millones de dólares; Atlanta le patrocinó a miembros del COI su diversión golfística; Sydney pudo haber comprado el voto de dos africanos…’. A decir de Marc Holder, ex vicepresidente del COI,  entre un 5% y un 7% de los miembros del comité ‘eran’ corruptos. “Los ‘agentes’, denunció Holder, cobran hasta un millón de dólares por garantizar datos en favor de alguna candidatura…. Holder agregó que ninguno de los cuatro últimos procesos de designación había sido limpio, pero precisó que solamente en el caso de los Juegos de Invierno del 2002 había pruebas”.[2] La sospecha generalizada incluye a los juegos de invierno a celebrarse en Turín, que se los ganó echándose al bolsillo a los dirigentes de las federaciones nacionales de esquí, para lo cual contó con la colaboración de la empresa Fiat, la que generosamente les regaló un centenar de automóviles.

 Por su parte, una serie de Comités de sedes frustradas denuncian que hubo petición de dinero para obtener la concesión. Frustrados y con razón, o más bien dicho, resultaron defraudados: Ámsterdam gastó 6 millones de dólares en pagarles una estancia placentera a los barones del COI. “Entre los regalos entregados había diamantes o bien favores sexuales de prostitutas. Brisbane, Australia, que también perseguía la candidatura, fletó un avión, en el que se sirvió cordero y langosta, para una fiesta del COI que costó 1 millón 800 mil dólares”. Los de Melbourne, a 70 pediches del COI ‘amenazaron’ con obsequiarles un coche, y 7 de estas caprichosas veleidades no aceptaron billetes de avión, sino que pidieron su dinero en efectivo. “La princesa Ana de Inglaterra obsequió un crucero por el mundo y una tarjeta de crédito con 4,8l9 dólares, entre otros regalos”. Ni duda cabe, los miembros del COI, algunos, se comportan como potentados, merced a que la decisión que pueden tomar en favor de alguna ciudad se puede cotizar caro; por ello viven como zánganos, son miembros del jet-set y toman vacaciones pagadas cada dos años gracias a su ‘decisión’ vendida. ¿Miembros del jet-set? Funcionarios altamente corruptibles que se dejan querer por dinero. ¿Cómo se gastó el dinero que Nagano pagó para ganarse a los ‘señores de los anillos’? Nunca lo sabremos, pues a petición del COI los naganitas “quemaron 90 libros que contenían la historia de esta candidatura, en los que se detallaba la forma en la que Nagano atendió a los 62 miembros del COI que viajaron a la ciudad cuando preparaba la candidatura”.[3]

En 1996 el periódico alemán Berliner Zeitung publicó que el Comité Olímpico le pagó un dineral a su directora administrativa, Monique Berlioux, para que abandonara su cargo: “porque sabía demasiado. [Este periódico] cita datos del informe secreto de Karl-Heinz Wehr, ex-secretario de la federación mundial de box amateur, al ministerio de seguridad -Stasi-, de la desaparecida Alemania Oriental, a la que Wher informaba bajo el seudónimo de Gaviota. Wehr asegura que, en 1985, Monique se comprometió a guardar silencio, pues le prometieron del 85 al 88 un sueldo de 150 mil dólares mensuales y una indemnización de un millón de dólares”.[4] Las siglas del COI en realidad significan: Corrupción Oligárquica Internacional; y su lema ‘olímpico’ es el de: más dinero, más viajes, más poder.

Lo hemos dicho; el COI es una oligarquía del deporte espectáculo, contando con 114 miembros, dirigida por un presidente ‘electo’ -en su primera ocasión por ocho años-, pudiéndose reelegir cada cuatro años de manera sucesiva hasta que la senectud se lo permita -pues el límite por edad es de 80 años-, y cuyo don de mando es incontrastable. Apoyándose en un subcomité ejecutivo integrado por 11 miembros que ratifican sus decisiones, con lo que el COI viene a ser uno más de esos organismos que operan de una manera pseudo democrática dentro del capitalismo totalitario, manejando millones y millones de dólares. Pues a pesar de los escándalos el COI tiene su futuro asegurado. La NBC paga 793 millones de dólares por los juegos de Atenas; 613 por los de Turín y 894 por los de Pekín. Aportándose de esa manera el 50% de los ingresos del COI, otro 36% lo pone el selecto grupo de patrocinadores transnacionales y el 14% restante se obtiene a través de diversos inversores. La repartición a partir del 2004 da un 49% al Comité organizador, un 17% a las federaciones olímpicas, otro 17% al programa de Solidaridad Olímpica que patrocina a los comités nacionales, y el restante 17% será para el COI. Lo que le basta y sobra para pagarle unas cómodas vacaciones permanentes a cualquiera de sus miembros en cumplimiento de sus ‘obligaciones’.

Los recientemente concluidos juegos invernales salados (Salt Lake City) confirman la descomposición del ideal olímpico. Bajo el imperio del dólar los juegos se convierten en una pachanga, en la que la justa deportiva se adultera en proporción a como el negocio prospera, cundiendo la duda de que las competencias transcurran de manera honesta. Desde el principio los juegos estuvieron marcados por el ilícito, pues la candidatura se obtuvo distribuyendo sobornos por más de un millón de dólares. Otras informaciones hablan de 2 a 4 millones: “Un total de 16 miembros del COI recibieron 662 mil 650 dólares y a 60 les fue otorgada compañía femenina. Además, otorgó becas para amigos y familiares, que superaron los 360 mil dólares. Tres dirigentes del COI recibieron servicios médicos por valor de 24 mil dólares. Además, les regalaron vino, champaña, paseos en carruajes y billetes de primera clase. A Samaranch le regalaron dos rifles, por valor de casi mil dólares, un penacho indio y una manta”.[5] Samaranch vivió en una suite en Lausana rentada a un costo de 200 mil dólares, y a 400 mil ascienden los gastos de viajes por avión de los miembros del COI.[6] No por nada el catalán ha sido quién por más tiempo ha permanecido al frente del Comité, pues a él le correspondió convertirlo en una transnacional lucrativa.

Sospechándose que Adidas detentando a la sazón 30 de los 90 votos en el COI influyó de manera decisiva para que la ciudad de Barcelona fuera la cede en la edición de 1992, como un obsequio en agradecimiento al buen desempeño que el ‘marques corrupto’ venía teniendo. De manera similar Atlantic City obtiene la sede en el 96 por la influencia de la Coca Cola, como ya lo hemos mencionado con anterioridad. (Vid artículo No. XIII de esta serie)

El poder del COI es tal que ganaron una demanda en la Corte en contra de Simson y de Jennings, acusándolos de difamación por lo escrito en el libro: Los Señores de los Anillos. Era cosa de tiempo para que se supiera si tenían o no razón los periodistas británicos.

La corrupción era tal que había que sentar en el banquillo de los acusados al ‘marques fascista’ en el país policía del mundo, puesto que en la piocha del Tío Sam se habían cometido los ilícitos. Así ocurrió que en diciembre de 1998 se presentó Samaranch ante el Congreso de los Estados Unidos, en lo que pasó a ser una parodia de justicia y arrepentimiento. Pues el ‘marques’ juró ante Dios -o ante el diablo- que se iba a corregir la corrupción, y aseguró que su señora esposa ya no iba a asistir a desfiles de moda privados dados en su honor, con un módico costo de 12,000 dólares, a cuenta del comité organizador, faltaba más. Desde luego, los congresistas no bajaron a Samaranch de corrupto y le pidieron su renuncia.[7] Y el dirigente añejo solo atinó a decir: ‘ya falta poco’… Pero qué más da, la honradez se sacrifica ante las apetitosas ganancias que hacen del mundo un paraíso para los seguidores de Pluto. Es obvio que en los propios EU el olimpismo deja grandes dividendos: “El Comité Olímpico estadounidense explota los derechos de imagen en Estados Unidos y recibe 20% de los ingresos que generan once grandes patrocinadores. Y maneja en el mundo entero los aros olímpicos para fines publicitarios, a cambio de 50 millones de dólares por cuatro años”. Y para la NBC la concesión hasta 2008 le “representan al gigante televisivo 3,500 millones de dólares. Esto representa que el comité recibirá un total de 420 millones por comercialización”.[8] Y Samaranch, bien gracias, muy campante se paseó por el Lago Salado y entregó alguna que otra medallita. Allí en USA, en donde el ‘ánima’ capitalista de la competencia fomenta al deporte espectáculo  como en ningún otro lugar del mundo. Para cuando el imperio yanqui vuelve a celebrar su intento de hegemonía global, según esto, luchando contra el mal que amenaza con perturbar el festín de las fieras: El terrorismo que en realidad no hace sino multiplicar la venta de armas, otro de los negocios selectos del capital imperialista $$$$$$$$$.

El arribo de las superestrellas profesionales a las Olimpiadas desplazó a los auténticamente amateurs tercermundistas quienes ante tales monstruos no pueden competir, fue el caso en el basquetbol de tan pedantescamente publicitado Dream Team en Barcelona 92.

La exaltación de los deportes espectáculos más comercializables, por contraparte provoca la devaluación de competencias menos telegénicas para las cadenas usamericanas, llegándose incluso a sugerir de su parte, que deportes propiamente olímpicos como la esgrima, la lucha, el pentatlón moderno, la halterofilia, el remo, se suprimiesen, ah, pero sí quieren el golf, el beisbol, el tai-kwan- do Para 1996 el ‘marqués solícito’, amenazaba con eliminar del certamen deportes que ‘sólo sobrevivían por ser, precisamente, olímpicos.

Así pues, se van creando las condiciones para que los deportes espectáculos, al estar inmersos en la vorágine consumista, tiendan a comportarse de manera deshonesta; la praxis está en función de maximizar ganancias, con lo que la justicia que sanciona la práctica cabal de los juegos queda en duda. Así como de común acuerdo con su abogado, la persona que delinque, al defenderse ante el juez  suele mentir ocultando el delito cometido para salvarse o atenuar el castigo, en el deporte, el interés por la victoria exacerbado por las ganancias lucrativas induce a una praxis tramposa, todo menos que un juego de caballeros, -el ideal olímpico originario. El fanatismo rampante fomenta la injusticia, se ejerce la perspectiva parcial, egocéntrica, soliéndose protestar por las acciones injustas que perjudican al equipo al que se pertenece o se apoya, sin tenerse el mismo celo en el caso de que la injusticia o el error se cometa para con el equipo contrario, en tal caso lo conveniente es el silencio, el árbitro se equivocó, nos favorece, consintámoslo. Exhiban a tal o cual por dopaje: Ben Johnson, Mariane Jonhes, Arm Armnstrong, Maria Scharapova, son algunas estrellas sacrificadas, a veces por segundos intereses y después de que triunfaron en las competencias, pero muchas otras permanecen impunes pues los casos exhibidos son sólo la punta del iceberg, pudiendose considerar que una gran cantidad -fraude- permanecen no son señalados.  De ahí el que predomine una ‘justicia’ que gana engañando al juez y al público; o peor aún, una justicia venal que se compra con dinero y que no afecta al poderoso.

Producto de la sobrevaloración del deporte se pagan super sueldos a las superestrellas, tratándose, por supuesto, de un reducido porcentaje de los profesionales que se dedican al deporte, los que ocupan la cima dorada de la pirámide, pues sus ingresos superan, y por mucho, lo que ganan -al menos de manera  nominal- los miembros de la jerarquía de gobernantes tecnócratas,[9] e incluso más que los ejecutivos de las grandes empresas, tan sólo quedando por debajo de los magnates, por lo que aun y siendo sus empleados favoritos, también los dueños consideran que ganan demasiado. Pero si se les pagan tales cifras se debe a que el espectáculo que ofrecen como negocio resulta ampliamente redituable, las inversiones de la televisión y la desmedida atención del público lo garantizan; mientras el producto se venda y se maximice a través de los medios masivos de difusión, el negocio seguirá siendo un éxito porque es indispensable para que la economía casino funcione.

Como lo hemos consignado, de pérdidas cuantiosas sufridas en Moscú: 1,500 U$A y en Montreal, 1,000 U$A, a partir de Los Ángeles 1984 se convierten en ganancias para el país sede y el COI: 1,000 millones de dólares en la todavía ‘dorada California’.

La conversión de deficitarios a superavitarios es debida a la intervención de la televisión y el patrocinio publicitario proporcionando entre un 60% y el 90% de recursos requeridos para celebrar los grandes eventos deportivos a partir de los años ochenta.

Y si mal, los salarios de funcionarios y deportistas son exagerados y hasta escandalosos, qué decir de las ganancias obtenidas por los empresarios y patrocinadores, a saberse. Ejemplifican la injusticia que establece el sistema capitalista bajo el dominio plutócrata, para cuando la concentración de la riqueza se conduce a un sector cada vez más reducido, y esta tecnocracia-plutócrata requiere de implementar un gran circo para mantener su hegemonía, creándose un ambiente social en el que se aprecia lo que llama la atención y garantiza ventas permanentes -la sacrosanta multiplicación de las ventas-, premiando actividades eminentemente lucrativas y hedónicas por encima de los trabajos básicos y benéficos, así tenemos que los deportistas ganan más que los campesinos, los artesanos y que los obreros, más que los buenos médicos y que los científicos, y podemos incluir a los maestros, licenciados, técnicos, servidores públicos. La vorágine del capital desenfrenado propicia esta crematística desquiciada. Todo en función de que las ganancias no aminoren, manteniendo el flujo de capitales a la industria deportiva, convertida ya a estas alturas de la diacronía capitalista en uno de los pilares que sustentan el edificio del capitalismo tardío.

Y he aquí que al adquirir tal importancia crematística el deporte se desvirtúa, así que: “Urge reflexionar sobre los principios, los valores y los fines del deporte. La lógica económica de mercado es un método, nada más. Pero el funcionamiento de la economía del deporte tiende a convertirse en su principal objetivo. Esa inversión entre medios y fines constituye la primera fuente de ‘desnaturalización’ del deporte”.[10]

Por supuesto que la ‘lucha de clases’ también se produce entre las superestrellas fantásticas, ‘explotadas’ por los dueños de los equipos. Nada más en la NBA habría que distribuir las ganancias en pos de alcanzar una sociedad más justa y equitativa en el reparto de riquezas. Circuito que en lo que respecta al manejo del dinero para 1998 andaba en los 2mil millones de dólares, así que los jugadores hicieron huelga para llevarse más del 57% de los ingresos, que según cuentas oficiales, a la sazón ya se agenciaban los ‘pobrecitos’. Para ese año “el sueldo promedio en la NBA (era) de 2 millones 624 mil dólares, más de un millón de dólares por encima del sueldo promedio en el béisbol de las grandes ligas, y casi un millón 700 mil dólares más que el del futbol americano profesional”.[11] ¡Super astros del mundo uníos para la revolución! Franca amenaza que hace temblar a los capitalistas. Cuando que en realidad los deportistas más destacados seguirán ganando super salarios mientras sigan siendo el atractivo que posibilita el incremento de las ganancias de dueños y patrocinadores.

Los golfistas Jack Niklaus y Arnold Palmer, primeros deportistas cuya fortuna rebasó los 1,000 millones de dólares, invirtieron sus ganancias en el mercado financiero, a raíz de lo cual fundaron y presidieron sus propias compañías comerciales, las que si tuvieron éxito, en mucho se debió a la promoción ya adquirida con su imagen de superestrellas. Los tiempos cambian: “En la época de Coubertin, el ganador del British Open de 1864, Tom Morris, sólo recibió como recompensa un broche de plata para cinturón y un libro…. La hazaña debía ser absolutamente gratuita…”.[12]  Pero ahora el atleta aparece como un superhombre que realiza proezas que son la envidia del común de los mortales, y al hacerlo confirman la directriz capitalista que tiende a exaltar a los vencedores de las competencias en un mundo en el cual se  sacraliza a la competencia y a los vencedores, pues se estima como la mejor manera de estimular la productividad y el acceso a la riqueza. Inclusive sin reparar en que este tipo de superman logre sobresalir transigiendo las reglas prescritas, pues al hacerlo patentiza con mayor realismo lo que tal sistema contrahecho es y representa: el encubrimiento del ilícito en los negocios institucionales, el poder de dominio por el más fuerte, la tergiversación de los valores. ¡Qué importa que las apariencias engañen, qué el fraude se consume, qué la farsa triunfe!

El mundo capitalista está configurado para premiar a los vencedores, aun y cuando puedan ser unos campeones tramposos; eso puede ocultarse, pues lo que importa es que se aporte espectáculo atrayendo a la fanaticada al festín que a fin de cuentas ella paga. El atractivo habrá captado la atención justificando la puesta en marcha de toda la parafernalia aparatosa que es pieza fundamental en el procedimiento mercadotécnico. La aceptación ciega de la afición legitima estos ilícitos, debido a que la enajenación idólatra les impide mirar con objetividad el fenómeno. El pueblo exige circo y se complace con él. Y al igual que ocurre con los manejos político – económicos fraudulentos, se desentiende de ellos, para que el círculo vicioso se cierre con el éxito obtenido por el negocio redondo. Lo que es parte de la sobredeterminación dialéctica de la interrelación entre los fenómenos infraestructurales y supraestructurales implementados a través de  praxis que se emplean como medios para obtener la finalidad con que se auto reproduce el capital, día tras día, su fin supremo: la obtención de la plusvalía y por consiguiente de ganancias netas, ahora infladas y sobrevaluadas por el mercado crematístico…, tal y como lo está el propio circo. Un sistema conferido para comprar y vender y obtener la realización con el dinero indispensable para el sujeto cosificado en un mercado que cada vez más se torna autoritario…..

Lo que ganan los superestrellas del deporte sólo se equipara a lo que ganan las estrellas de la farándula hollywoodense, pues el capitalismo de supermercado requiere de estas ‘estrellas’ artificiales, -propias de la Tecnósfera, estrellas que se admiran en el domo contaminado de la super pantalla satelital-; ídolos atractivos e irresistibles al consumidor que para existir requiere de diversión. Y claro, los primeros en agradecer tal desquiciamiento social son estos ‘nuevos cirqueros’: “En la lista de los 100 ingresos deportivos más altos, el golf, el tenis, el basquetbol, el futbol americano, el béisbol y la Fórmula 1 se reparten 95 lugares. Estos deportes tienen los tres principales ingredientes para ganar: espectáculo, televisión y patrocinadores. Los diez deportistas mejor pagados en 1993, de los cuales siete son estadounidenses, ganan en total 215 millones de dólares, es decir, 402 veces más que los diez primeros en 1990”.[13]

El caso de Michael Jordan fue paradigmático, ganando 50 mdd anuales, la máxima cantidad obtenida hasta ese entonces –primer lustro de los 90- por deportista alguno. Resaltando el hecho de que de tal suma sólo 5 millones correspondían al salario devengado en los Chicago Bulls, pues el otro 88% provenía de empresas líderes en el mercado que utilizaron su imagen para incrementar sus ventas: Nike, Coca Cola, Gatorade, Chevrolet, Johnson, Wilson. Empleo de imagen en el marketin que les reditúa beneficios cuantiosos, así Nike con Jordan incrementó sus ventas por 13 en el año inmediato a su comercialización.

Años en los que en la Fórmula 1 Ayrton Sena y Alan Prost corrían en los principales autódromos del mundo por 17 y 10 millones de dólares respectivamente y Boris Becker ganaba un promedio de 7 mdd que venían a ser “ingresos superiores a los de los presidentes de Coca Cola y Boeing juntos”.[14] Pero adviértase que los máximos ganones del juego de juegos no aparecen en pantalla o nómina, ni siquiera sabemos sus nombres, ¿quiénes serán? ¿Quién cree usted que son? Por lo menos el oficio debemos saber. El nombre del juego es Business y los ganones del juego de juegos no pueden ser otros sino los propietarios de las ligas y equipos, mismos que pueden formar parte de los grandes holdings que monopolizan a las empresas más lucrativas, ya debiéramos saberlo, pero la S. A. de Capital Variopinto (escondible) garantiza la privaticidad.

A casi diez años de estas referencias sólo habrá que decir que son otros los superestrellas que actualmente están en el ‘hit-parade’ y que el dinero que ganan ha seguido incrementándose en proporción a la inflación galopante que estimula la oligarquía-capitalista que así incrementa sus caudales, porque si sus estrellas-maniquíes ganan esos sueldos es debido a que ellos ganan mucho más regenteando deportes y espectáculos, o incluso, éstos les sirven para lavar dinero que se obtiene en otros rubros ilícitos de la crematística. ¿Por cuánto tiempo más podrá seguir siendo así? Quedando claro que el deporte espectáculo está estrechamente ligado, como un componente esencial, al destino que tenga el sistema capitalista, y por desgracia, peor aún, a efectos de la globalización, a ello va ligado el destino de la Tierra, de la Humanidad y del mundo en sí; de ahí la gravedad del problema  y de que no se tome conciencia de que globalización es igual a capitalismo totalitario; y de que este sistema crematístico-belicista-depredante es el hacedor y el causante de la Macrocrisis que padece al mundo entero, entiéndase: de la temperatura que altera al planeta y de la condición humana depravada…… Sin repararse en que un sector del sistema está ligado a otro, y de que un rubro repercute en otro…..

Ahora mal, en la medida en que los juegos estén supeditados a las ganancias que generan serán proclives a ser manipulados, ergo, las grandes marcas y cadenas televisoras pasan a controlar el deporte, no es de sorprender que lo que pasa en los diversos circos no dejen de representar la dialéctica de las ganancias concentradas, por lo que la adulteración es parte del Juego.

Se suele considerar que lo que sucede en el deporte es una realidad auténtica que a diferencia del cine se manifiesta como algo verídico que está ocurriendo en el momento en que se produce, sin que haya una voluntad intromisora que altere el resultado, por lo que todo mundo desconoce su desenlace, y éste dependerá única y exclusivamente del desempeño de los participantes en las canchas. El que las competencias puedan ser algo simulado, preparado o vendido, dependerá de si los imperativos monetarios, como causa de fuerza mayor, requieran de intervenir en casos específicos para su auto beneficio, es decir, para beneficio de los mercaderes del deporte. El procedimiento para procurar el fraude puede variar según sea el caso, desde la compra de árbitros, jueces o entrenadores, a sobornar a los mismos deportistas para que su desempeño, vendido, altere el resultado del juego.

De manera tal que al haber tanto dinero en juego en a, b, b’, b’’,  f,  g, t y h deportes, el interés por adulterar los resultados irá en función de las ganancias y las transacciones que puedan efectuar los dirigentes, los dueños o los apostadores, cuidándose de cubrir las apariencias, para que el engaño nunca sea descarado, pues el ilícito se efectúa precisamente para conseguir que el negocio siga otorgando ganancias al contar con la aceptación de las multitudes. Negocios son negocios, y  en los negocios el obtener ganancias tiene prioridad. Con lo que el deportista queda como un peón utilizado, así sea un peón de lujo al que se le pagará con creces el venderse o el dejarse manipular (la otra opción es amenazarlos en su integridad física si no acceden a cometer el ilícito, pues así actúa el capitalismo gansteril, compra o amedrenta) para que desde el alto poder se pueda montar una farsa inapercibida por los aficionados, los que contentos no cesan de vitorear a sus ídolos, y de pagar por verlos. $$$$$$

Publicado originalmente en Crisol # 163, marzo del 2002. Versión corregida y aumentada a 23-03-2016

NOTAS

[1]  Anne Marie Mergier. “La televisión y los patrocinadores cambian los principios olímpicos”. Proceso 1026. 30-06-1996: 66-69. Presentando extractos del libro: El Dinero Loco del Deporte, escrito por Jean-Francois Bourg.

[2] Pascal Beltrán del Río. “Miembros del COI ponen a la venta sus votos para designar sedes olímpicas”. Proceso 1155. 20-12-1998: 70.

[3] Sanjuana Martínez. “Aparecen más casos de corrupción en el COI, pero Samaranch se aferra a la presidencia”. Proceso 1162. 7-02-1999: 67.

[4] Francisco Ponce. “Aléjate de mí…”. Proceso 1155: 71.

[5] Proceso 1162: 68.

[6] Oswaldo Zavala. “Crónica de Samaranch en el banquillo de Washington”. Proceso 1207. 19-12-99. El sueldo de Samaranch al año se calculaba en un millón de dólares. Nada comparable a lo que gana cualquier superestrella, pero algo se gana de más.

[7] Ibíd:

[8] Francisco Ponce. “El COI, otra estrella más”. Proceso 1172. 18-04-1999: 71.

[9] Incluso el salario del presidente de los Estados Unidos resulta ridículo comparado con las ganancias obtenidas por un superestrella de los ‘cuatro fantásticos’, y el máximo período de gobierno de un presidente estadounidense son ocho años, incluso menos que la vida deportiva de uno de estos fenómenos deportivos. Pero algo se gana de más…

[10] Jean-Francois Bourg. Op.Cit: 69.

[11] Fernando Morales. “Seis meses de huelga en la NBA y ganaron… los dueños de los equipos”. Proceso 1158. 10-01-1999: 61.

[12] Bourg. Op.Cit.: 68.

[13] Ibídem.

[14] Ibíd: 69.

Be Sociable, Share!

Los comentarios estan cerrados