EN POS DEL TRIUNFO. EL FIN JUSTIFICA LOS MEDIOS

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EN POS DEL TRIUNFO. EL FIN JUSTIFICA LOS MEDIOS

dopingDE OLIMPIADAS A OLIMPIADAS XI

EN POS DEL TRIUNFO. EL FIN JUSTIFICA LOS MEDIOS

 

El doping no es más que un fenómeno más del gigantesco problema de la droga que sacude hoy al planeta. Se han descubierto verdaderas redes de traficantes de anabolizantes en Francia, Suecia, en los Estados Unidos…. En materia de represión sólo podemos castigar a los atletas. Nos es imposible perseguir a los médicos y a los dirigentes deportivos, son casi intocables. Eso también corresponde a los poderes públicos.

Alexandre de Merode

¡Basta de tanta hipocresía! Las grandes estrellas de los Juegos Olímpicos de Atlanta seguirán siendo las hormonas de crecimiento -GH y Epo-, la cortisona y los esteroides anabolizantes… Digan lo que digan las máximas autoridades de Comité Olímpico Internacional (COI), de las federaciones internacionales y nacionales del deporte, en 1996 el dopaje seguirá triunfando…

Jean-Pierre de Mondenard

Negocio, competencia, sobresalir, conseguir el éxito, triunfar para ganar dinero y vivir de manera placentera, esto es el nombre del juego en el que se ha convertido la existencia en la sociedad industrial consumista. La sociedad capitalista en buena medida se comporta como una selva en la que se efectúa una lucha despiadada por la competencia en pos de alcanzar el beneficio crematístico realizando la acumulación de bienes materiales y de dinero; una existencia si bien no brutalmente salvaje sino regulada por leyes, pero estas no dejan de favorecer a quienes detentan y ejercen el poder económico-politico. Si la política es ejercida de una manera fraudulenta y demagógica -tal como impera en la mayor parte del mundo-, funciona para procrear, proteger y mantener a capitalistas en un mercado al alza, con un sistema que funciona a su favor, debido al cual la tendencia hegemónica que impera en el mundo condiciona la existencia a realizarse efectuando actividades sobredeterminadas por la compulsión crematística, sujetos en pos del dinero…

En los deportes profesionales la competencia como parte del ejercicio capitalista tiene como premio grandes bolsas en metálico incitando a sobresalir, a superar a los contrarios por medios lícitos o ilícitos. Todo deportista se prepara aspirando a obtener la victoria, y si el medio social faculta que los ganadores obtengan dinero, fama y comodidades, otorgándoles un nivel de vida que el ciudadano medio no obtiene con su trabajo rutinario, resulta que el deportista se convierte en un ciudadano privilegiado que hace todo lo factible con tal de descollar y formar parte del círculo selecto de triunfadores que ocupan con regularidad los primeros lugares. Ubicado en un marco social desigual en el que se premia la supremacía de los poderosos, el deporte contribuye a legitimar y a apuntalar el orden hegemónico capitalista. En un medio social de por sí desigual que otorga ventajas a los competidores de los países ricos, la competencia deportiva internacional es profundamente asimétrica. La intensa desigualdad económica que afecta al mundo produce competencias deportivas acaparadas por las potencias, sobretodo en lo que respecta a los deportes profesionales en los que hay mayor circulación monetaria. Y de hecho excluye de la competencia a un sinnúmero de habitantes del mundo para quienes el deporte es un lujo que no pueden darse. Para ser un buen deportista hay que estar bien alimentados, como principio básico. Lo que conduce en el actual capitalismo superlativo a proyectar al deporte espectáculo por los medios masivos de difusión a las masas alienadas, quedando éstas en condición de ser observadores cautivos y pasivos, incitados al consumo que mejor se alude en los momentos de excitación, para quienes no son partícipes de la praxis deportiva, sino ‘deportistas de sillón’.

El deporte espectáculo ha devenido en ser un engendro conspicuo del capitalismo, una de sus ‘obras maestras’, de sus manifestaciones culturales más propias y esenciales a su modus operandi: “El deporte es la vitrina por excelencia del capitalismo avanzado, su expresión cultural, económica e ideológica perfecta. El deporte es el vehículo de los valores esenciales del capitalismo al tiempo que es su producto mejor acabado, su obra maestra institucional, digamos”.[1] La forma de ser de la idiosincrasia occidental está aquí manifiesta. Es el modo de ser de Occidente en su devenir capitalista designado por su configuración secular, la competencia resulta ser una expresión de su manera de ser consumada. El ímpetu conquistador, el ansia emprendedora, el ánimo exaltado aunado a una curiosidad inquisitiva que le son tan propias a los occidentales, cristalizando en las competencias deportivas por ellos fomentadas de una manera incomparable desde los tiempos helénicos. Sí, se trata del espíritu agresivo-competitivo que deviene en el ámbito deportivo fomentado por los europeos y sus derivados, mostrándose de una manera diferente al de las culturas tradicionales, revelándose en la conquista de las montañas, montañas que para la cosmovisión arcaica eran motivo de adoración, pero que para los europeos será un reto a vencer ascendiendo para plantar una bandera en su cima, como símbolo de la superación personal y del esfuerzo supremo por medio del cual el hombre conquista a la naturaleza.

En la modernidad capitalista la ideología eurocéntrica a través del deporte, como caja de resonancia, se difunde por el mundo entero, siendo el embajador que jerarquiza y normativiza en pos de su aceptación la competencia despiadada del capitalismo desenfrenado transnacional. Para que lo importante sea competir para vencer y ganar las grandes bolsas. Acicateados por los premios en metálico los competidores hacen uso de recursos ilícitos con tal de obtener el triunfo de manera colectiva o individual; dirigentes, dueños, entrenadores y deportistas buscan obtener ventaja dotando al competidor de recursos anormales no permitidos y no compartidos o aceptados por el reglamento. Algún aditamento técnico no accesible a los competidores de nivel medio,[2] pero sobre todo el uso de substancias prohibidas como drogas, hormonas y estimulantes que son utilizadas para sobresalir. De tal manera que los competidores de alto rendimiento en su afán de ser los vencedores utilizan drogas por medio de las cuales incrementan sus atributos corporales más allá de lo que el propio ejercicio corporal permite o posibilita convirtiéndose en una especie de ‘fránkesteins’ o robots,[3] monstruos artificiales que en aras de obtener la fama y el dinero arriesgan su integridad física, pues en los casos más extremos llegan a perder la vida a consecuencia del uso de drogas. En procura de ser mejores, de ganar los premios, el fin justifica los medios, y si el fin es ganar dinero, pues qué importa qué para conseguirlo se cometan ilícitos; y si los medios ilícitos están al alcance de la mano y un número de competidores obtienen triunfos utilizándolos, pronto muchos de los otros competidores intentan hacer lo mismo convirtiendo a las competencias deportivas “en un mundo espantoso, en el que sólo se habla de dinero y de química… ¿Qué toma fulano? ¿Dónde se consigue lo que toma perengano? El horror…”.[4]

Una otra pulsión que incita a los deportistas a conseguir el triunfo a como dé lugar se da en las competencias internacionales dentro de un contexto político-economico que intensifica el orgullo nacionalista, sobretodo cuando se produce un choque de sistemas políticos contrarios como ocurrió durante la Guerra Fría. Estado en el cual la rivalidad entre las naciones de ambos bloques trasladan la tensión política a los estadios. Siendo entonces cuando se propician justas bajo presión y factibles de ser adulteradas, incitando a la trampa. Las superpotencias tenían y tienen el poder para manipular las competencias de una u otra manera, determinando la adulteración de certámenes producto de intereses extradeportivos, ya sea por motivos nacionalistas o por intereses crematísticos poniendo en entredicho muchos resultados. Si el fin justifica los medios, la trampa está de por medio, y así como un competidor al doparse comete fraude en su intento por vencer, también se puede vender para perder.

La adulteración del deporte espectáculo comienza por la presión que ejercen los patrocinadores, los dirigentes de una federación, o los dueños de los equipos, o los entrenadores y médicos de los deportistas, quienes presionan a los atletas para que su desempeño se incremente y sean capaces de mejorar marcas o de ser partícipes de juegos cada vez más espectaculares, lo que reditúa en el incremento de las entradas monetarias. Y ya sabemos que estos propósitos se pueden conseguir en base a incrementar la preparación científico-tecnica del deportista, pero lo ilícito también es recurso común, recurriéndose con frecuencia al doping, o a la compra de árbitros, o al soborno de competidores, o a la falsificación de los resultados, cuando el interés de algún grupo poderoso así lo procure. Aconteciendo que debido a la presión crematística el deportista es manipulado y tiende a verse sobreexplotado a resultas de que tiene que desquitar el sueldo o los recursos en ellos invertidos, teniendo un calendario de competencias sobrecargado, pero todo está en función de generar un espectáculo redituable, lo que a su vez incide como presión que lo obliga a buscar fármacos que le permitan sobrellevar el desgaste físico y mental extenuante a que se ven sometidos. Asimismo es grave el hecho de que el deportista sea manejado como un ‘conejillo de indias’ al ser manipulado por sus dirigentes y entrenadores, pues en un buen número de casos son los dirigentes quienes los inducen a la ingestión de estimulantes.

Estas prácticas bien pudieron iniciarse en las primeras décadas del siglo XX de manera esporádica, pero como todo lo inmerso en el proceso progresivo tecnológico, fueron incrementándose y perfeccionándose al amparo del interés ganancioso. Desde luego, estando las potencias a la cabeza de estas malas artes, para que así, conforme los Juegos Olímpicos y el deporte profesional van adquiriendo mayor relevancia, los recursos ilícitos se incrementan. Algo que en la ‘Meca’ del capitalismo se hizo al amparo de su desarrollo tecno-científico, contando con la tecnología de punta que otorga facilidades diferenciales; en lo que la relación ente el patrocinador y la institución que prepara al deportista abre la posibilidad a discreción de emplear los recursos ilícitos procurando el encubrimiento, al cual la superpotencia tienen acceso si controla la dirigencia internacional del deporte, o es capaz -que lo son- de ir a la vanguardia en biotecnología pudiendo camuflar las substancias prohibidas de sus deportistas.[5] En esa línea algunas universidades han funcionado como laboratorios fabricantes de fránkesteins. A ello se debe que los atletas pudientes van a los Estados Unidos a ‘entrenarse’, cuando que en realidad van a hacerse “¨una cura de hormonas¨, que les puede costar entre 20,000 y 100,000 dólares. Se dan casos de patrocinadores que pagan estas curas a los atletas con los cuales firman contratos…”.[6] Deportistas fránkesteins que podemos pensar están constituidos de la siguiente manera: a) Un 50% de cualidades naturales innatas, en lo que se incluye su nivel nutricional. b) Un 25% de entrenamientos fisiológicos y psíquicos. c) Un 25% de química y entrenamiento tecno-científico.

Tras la cortina de hierro la modalidad que tomó el deporte de alto rendimiento fue la producción de los llamados deportistas de Estado amparados por las instituciones deportivas que se encargaban de procrear y de entrenar atletas elaborando formidables programas; en lo que dada la naturaleza totalitaria del sistema soviético y símiles, el deportista quedaba a merced de los intereses del Estado, convertido en un verdadero robot preparado para ganar medallas. Al calor de la competencia interpotencias el fin del prestigio socialista justificaba el sacrificio del atleta, pues ya sabemos que la Guerra Fría se libró también en los campos deportivos.

Casos patéticos acaecen en ambos bandos con estos deportistas robots, fabricados en laboratorios aprovechando los avances científicos. Una página oculta de la Guerra Fría está compuesta por las transas que efectuaron las superpotencias en su afán de obtener la ‘gloria olímpica’, sólo la punta del iceberg es conocida en la comisión de ilícitos cometidos en procura de esta fabricación de atletas con ventaja, violando los reglamentos de las justas; ya fuese recurriendo al cohecho de jueces y deportistas, o a la presentación de estos atletas chapuceros, dotados con recursos extra sobre el atleta normal, sacando ventaja de la preparación químico-somatica, dándose también el caso de recurrir a atletas transexuales, varones convertidos en ‘mujeres’ que no dejaban de conservar la fuerza propia de su auténtico sexo, compitiendo con ventaja sobre las auténticas representantes del ‘sexo débil’, o viceversa, mujeres que utilizan hormonas masculinas para incrementar su musculatura.

Aquí como en otros rubros socio-políticos, si se destapara la cloaca veríamos una tenebra fraudulenta construida por las respectivas máquinas-monstruo (Estados) que nos dejaría pasmados. Se sospecha que los recursos ilícitos se incrementaron a partir de la Guerra Fría, comenzando a salir a la luz el problema doping con un caso registrado como la primera muerte in situ ocurrida en olimpiada alguna, sucedido en los Juegos de Roma 1960, en los que un ciclista danés falleció por ingerir anfetaminas, “aunque se dijo entonces que se había debido al calor, para ocultar la verdad”.[7]

Como se ha ya referido es hasta los Juegos Olímpicos de México 68 cuando se aplican los primeros exámenes antidoping, para entonces ya habían pasado las olimpiadas de Londres 48, Helsinki 52 (en las que debutó la URSS y reaparecieron Alemania y Japón), Melbourne 56, Roma 60 y Tokio 64, sucediéndose por lo menos cinco olimpiadas en las que se ejerció la libre transa para preparar y presentar estos fránkesteins, tiempo más que suficiente para que las potencias experimentaran y afirmaran los procedimientos fisio-químicos y médicos empleados, manejándolos ya con profusión y experiencia, es decir, amplio conocimiento de causa para 1968;[8] olimpiadas en las cuales el antidoping ejercido no contemplaba el rastreo de los esteroides anabólicos a la sazón utilizados, sino que hasta Montreal 1976 es cuando se procura detectarlos…. Es de pensarse que ya para entonces las superpotencias y sus satélites eran diestras en su empleo y manipulación, sabiendo cómo utilizarlas sin ser detectadas. Pues se da el caso de que el Comité Olímpico Internacional  siempre va a la zaga del dopaje: “El COI siempre está atrasado de dos o tres Juegos Olímpicos en relación con el dopaje. Quizás ese aparato hubiera podido ser útil en Seúl, pero en Atlanta no lo será. Me parece importante señalar que sólo puede detectar los esteroides anabolizantes, pero es totalmente inútil para desenmascarar a los atletas que usan hormonas de síntesis. Quienes utilizan esas sustancias serán los grandes estrellas de los Juegos de Atlanta”.[9]

Y he aquí el que las hormonas sintéticas para fin de siglo son uno de los artilugios actualmente más avanzados en la elaboración de super atletas; estas hormonas son difíciles de detectar, de diferenciar entre las artificiales y las naturales: “Hace falta realizar más investigaciones para determinar el umbral de hormonas más allá del cual un atleta puede salir negativo o positivo en un control médico. Si el COI se hubiera proporcionado realmente los medios para luchar contra el dopaje, actualmente se podría conocer ese umbral y detectar estas hormonas que los atletas empezaron a utilizar en los años ochenta”.[10] Pero el COI gasta poco en el esfuerzo antidoping y mucho en parafernalia.

El doctor Mondenard explica cuales son las hormonas empleadas por los atletas de élite: Básicamente se trata de tres tipos complementadas con otras dos: la hormona corticosurrenal, hace las veces de un estimulante que incrementa la voluntad y la resistencia: “Los velocistas, ciclistas, lanzadores de disco, martillo, jabalina, levantadores de pesas y gimnastas son los principales consumidores de los corticoides y los usan desde los años sesenta”. La hormona de crecimiento (GH y la IGF-1) detonadora del crecimiento muscular: “Gracias a ella se pueden ganar de 10 a 20 kilos de músculos en sólo algunos meses. Interesa particularmente a los levantadores de pesas y a los velocistas, pero ‘sirve’ para todos los deportes, menos para los que exigen mucha concentración”, en uso desde los años ochenta. “La Epo de síntesis, como la natural, aumenta la capacidad de transporte del oxígeno, mejora la resistencia y disminuye el tiempo de adaptación en las competencias llevadas a cabo en zonas de mucha altitud. Es la favorita de los ciclistas, corredores y esquiadores de fondo, nadadores, futbolistas y triatletas, que la descubrieron en 1987”.[11]A futuro se espera -si no es que ya se han dado casos- adulteraciones genéticas: atletas de probetas… Esta hormona fue la varita mágica a manera de jeringa que hizo los sueños realidad de algunos ciclistas que en la Vuelta a Francia de un año para otro se convirtieron en grandes escaladores.

La corticotrofina se utiliza para estimular la producción de anabolizantes esteroidianos, los que incrementan la masa muscular, y si se busca un efecto contrario se utiliza la samatrocina, pues esta substancia inhibe el crecimiento, lo que es apto para los, o más bien, para las gimnastas.

Otros recursos prohibidos contemplan las transfusiones de sangre, la propia sangre del atleta se le extrae y congela (oxigena) para inyectársela poco antes de la competencia, vampirismo contra el cual no hay examen.

Desde luego que el empleo de todas estas hormonas tiene efectos secundarios nocivos al cuerpo que las ingiere. Lo ocurrido con las niñas gimnastas es todo un caso de explotación infantil por especialización temprana, las infantas son sometidas desde muy pequeñas a una carga de trabajo demasiado intensa que en muchas ocasiones les causa lesiones, atrofias y alteraciones al sistema óseo. La entrenadora y ex gimnasta olímpica búlgara Dovreva Stoyanka dice que la gimnasia femenil se ha convertido en un deporte traumático y hasta suicida…, incluyendo rigurosas dietas y diuréticos, para no hablar de otros procedimientos reductivos, debido a que en procura de mantener a las niñas como enanas famélicas se les causa un daño a su organismo para el resto de sus vidas. Además de que los problemas psíquicos también son agudos: “Muchos campeones olímpicos terminando su carrera se han convertido en drogadictos y alcohólicos y todo por sentirse nada, por no tener nada atrás, sólo unas medallas colgadas”.[12]

Tenemos pues que el empleo del dopaje aconteció en ambos hemisferios. En la URSS, lo que haya ocurrido con muchos ‘grandes campeones’ nos es desconocido, siendo digno de una indagación. Dándose el caso de que al desaparecer la República Democrática de Alemania (RDA) y ser absorbida por la Alemania Federal queda al descubierto la maquinaria de fabricar atletas fármacos: “Después de la caída del muro de Berlín, se pudieron realizar investigaciones muy a fondo en el mundo deportivo de la ex RDA. El 26 de agosto de 1993, las autoridades alemanas dieron a conocer documentos secretos e irrebatibles que establecían que la Stasi, policía secreta de la RDA, había dirigido y controlado todo el proceso del dopaje sistemático de los atletas de ese país. De 1968 a 1988, la RDA ganó 409 medallas olímpicas, fueron 409 medallas ‘químicas’. Durante 15 años los atletas dopados se burlaron del COI. Todo estaba científicamente organizado. Se interrumpía el dopaje llevado a cabo durante el entrenamiento del deportista, un tiempo prudente antes de las competencias, se le hacían tomar las substancias que disimulaban los productos dopantes y, además, el laboratorio antidopaje de la RDA, por cierto reconocido oficialmente por el COI, examinaba a cada atleta antes de su salida para los Juegos Olímpicos. Si salía positivo, es decir, si habían fallado las técnicas de disimulación, se inventaba un accidente, un problema familiar o una enfermedad y el atleta cancelaba su participación en los Juegos. Los soviéticos hacían exactamente lo mismo”.[13] No por ello la República Federal de Alemania (RFA) queda limpia de mancha; fue muy sonado el caso de la destacada atleta Brigit Dressel, muerta en 1995 a consecuencia de una sobredosis, siendo responsable un médico que la manejaba de nombre Armin Klumper: “Hoy, este médico está en la cárcel por un tráfico de más de diez millones de dólares de productos farmacéuticos”.[14]

En los deportes netamente profesionales, sin lugar a dudas, es donde más se usan y se abusa de las drogas aprovechándose que el cuidado por parte de las autoridades resulta más laxo, porque la naturaleza del juego convertido en espectáculo y en gran negocio así lo permite. Y peor aún, desde un escalón antes, a nivel deporte universitario, en los EU ‘estudiantes’ que en realidad están haciendo la carrera de profesionales en el deporte -de preferencia en alguno de los cuatro fantásticos-, ponen todo su interés en sobresalir como deportistas para ser seleccionados por los equipos profesionales, pues de conseguirlo sus ingresos rebasarían por mucho lo que pudieran obtener sí se graduasen en las carreras que ‘estudian’, de hecho la mayoría de estos atletas son semiprofesionales desde la universidad, puesto que si son estrellas colegiales cuentan con una beca que los convierte en ‘estudiantes privilegiados’. Los que de ser seleccionados en el ‘draff’ no se reciben nunca,[15] pues en realidad con ello han conseguido su objetivo profesional al ser contratados por las ‘grandes ligas’. La comparación de salarios devengados por un profesionista común y corriente y un profesional del deporte marca una radical diferencia; incluso, en los EU, los sueldos de altos ejecutivos y de los políticos de mayor jerarquía están muy por debajo de lo que ganan las superestrellas.

Habiendo un caso representativo del uso de drogas en el deporte profesional de los EU. Se trata del futbolista Lyle Alzado, takle defensivo de los Raiders ganador y jugador destacado en el super bowl XVIII, quien realizó una confesión pública ante las cámaras de T.V., en donde admite que utilizó substancias prohibidas para incrementar masa muscular que le causaron la enfermedad que a la postre le produjo la muerte. Lamentable y dramática su confesión y arrepentimiento. Pero, ¿fue su exclusiva responsabilidad? En realidad estos jugadores son víctimas de una sociedad desquiciada que se empeña en premiar las extravagancias con tal de obtener diversión. El lamento de Lyle Alzado es similar a una confesión atribuida a John Zigler, un médico norteamericano “pionero de los pro-anabolizantes. Me gustaría que todos los atletas aprendan esto de memoria: “Quisiera dar marcha atrás y borrar este acto de mi vida. El problema es que los hombres se han vuelto locos por conseguir esteroides. Se imaginan que si una pastilla los ayuda, tres o cuatro harán milagros y tragan eso como dulces. Ya empecé a notar problemas muy graves en la próstata, en los riñones, en el hígado y una serie de casos de atrofia de los testículos”.[16]

En lo que respecta al combate a las drogas se trasluce que se trata de una lucha parcial y manida, supeditada a los imperativos de los flujos monetarios que tienen por fuente al narcotráfico, y se trata de miles de millones de dólares. Tan sólo en el área deportiva el dinero involucrado alcanza cifras estratosféricas, estando involucrados médicos, químicos, farmacólogos, laboratorios, etc. Mientras que en las megalópolis el consumo de drogas es una práctica indispensable para un porcentaje considerable de ciudadanos que necesitan la droga para sobrevivir en la selva de asfalto, viniendo a ser una prerrogativa de la libertad-libertina de los ciudadanos que se da con la complacencia del establishment. Hasta 1988 los esteroides no estaban en la lista de las substancias prohibidas en la DEA; incluso “algunos oficiales de policía estadounidenses los utilizaban”. Para cuando se calculaba que al menos un millón de deportistas en los EU hacían uso de ellas.[17]

En Seúl 1988 se hizo famoso el caso del velocista Ben (Benoide) Johnson dando positivo en el examen antidoping con la substancia estanozolol. (Al ser descalificado la medalla se le otorgó al segundo lugar, el estadounidense Carl Lewis, y asunto arreglado). Pero en esa misma olimpiada la sospecha de que la contraparte femenina de Johnson, la estadounidense Florence Griffith, fuese otro producto del doping fue descartada y no se le sancionó: “Periódicos serios, como Le Monde, afirman que no se castigó a todos los culpables. Mencionan el nombre de Florence Griffith. Más grave aún, dicen que ‘la importancia de los intereses norteamericanos en Seúl y su peso en los Juegos Olímpicos volvieron a tapar la olla del diablo”.[18] La mano negra actúa en la clandestinidad y es imposible saber como opera y que efectos produce, quedando la sospecha de que la mano pachona tapa la ‘olla del diablo’, es decir, en este caso, la corrupción del COI, o las artimañas que ocultan las evidencias químicas. Desde luego que el responsable de la Comisión Médica del COI, el príncipe Alexandre de Merode mete las manos al fuego y asevera que en el examen Griffith no salió positiva. Pero acontece que Florence muere pocos años después en circunstancias que hacen pensar su deceso ocurre a consecuencia del uso de tales substancias; el COI y el USOC callan.

Dado el poder de las superpotencias aplicándose en el Comité Olímpico y en las Federaciones resulta creíble el que no en pocas ocasiones la presión política haya servido para solapar casos de ilícitos, lo que aunado a su mayor desarrollo en la utilización de la ciencia-técnica para obtener ventajas los ponía fuera del alcance de la ‘justicia olímpica’, la cual ha preferido ponerse una venda en los ojos. Dejemos que nos ilustre un especialista en la materia: Es impresionante el contraste entre el número tan pequeño de atletas que salen positivos o son castigados y el número estimado de dopados: “Todo es una burla, en los pasados 28 años el COI llevó a cabo 14,225 controles y solamente 51 atletas fueron encontrados en flagrante delito. Según las autoridades olímpicas, sólo 0.36% de los atletas se doparía. El COI presenta estos resultados para tapar y minimizar la amplitud creciente del problema. Es hipócrita y cínico…. David Jenkins, británico, medalla de plata en los juegos de Munich, afirmó que 63% de los atletas que ganan medallas utilizó por lo menos una vez sustancias químicas en su entrenamiento. Jenkins conocía el problema, ya que estuvo metido en un importante tráfico de esteroides. Edwin Moses, otro excampeón olímpico, declaró que 50% de los mejores atletas olímpicos se dopa. El doctor Robert Kerr, médico deportivo estadounidense, tuvo que reconocer ante la justicia canadiense que 90% de los velocistas de élite internacional se dopa. La misma justicia canadiense obligó a Ben Johnson…, a confesar que se dopaba desde 1981. Johnson explicó que había sido controlado 19 veces entre 1986 y 1988… y que había salido positivo una sola vez. (A resultas del chasco de Johnson, el gobierno de Canadá indagó la relación deporte-droga, publicando un informe de 714 pag.). Es un documento demoledor, que pone en evidencia el uso masivo de sustancias químicas en la preparación de los atletas y contradice las mentiras piadosas del COI. Por supuesto, hablar de ese informe es tabú en las altas esferas del olimpismo”.[19]

Lo que despierta la sospecha de que en definitiva hay corrupción o hay países avanzados que controlan a la perfección la utilización del doping en sus atletas, a diferencia de los países secundarios que pagan las novatadas resultando sus competidores descubiertos. El caso de Bulgaria en Barcelona es ejemplificante: habiendo sus pesistas triunfado en varias categorías pequeñas, uno tras otro salían positivos, por lo que al llegar al peso ligero decidieron retirar al resto del equipo. Los dirigentes de la Federación de Pesistas de Francia admite desde 1988: “Los pesistas búlgaros son los mejores para el entrenamiento y para la preparación. Además se dopan. Nosotros también lo hicimos. Ya no. Estamos limpios desde hace algunos años. Pero vea nuestro retraso en relación con los demás. Uno toma anabolizantes para tener más músculos durante el entrenamiento. Luego toma testosterona para lograr una mejor forma sin engordar demasiado. Para saber lo que este deporte sería sin el doping habría que bajar los récords actuales en 10%”.[20] Aumenta la duda, ¿qué cantidad de grandes campeones son dopings?

Los países subdesarrollados como tales aplicando con posterioridad los procedimientos ilícitos entran con desventaja haciéndose proclives a ser descubiertos y sancionados para cuando las potencias ya eran maestras en el camuflaje de sus atletas, estando los segundones en etapa de aprendizaje, mientras que en los países del tercer mundo no podían darse el lujo de preparase unos frankesteincitos pues estaban más allá de sus posibilidades técnicas y resultaban muy caros.

Queda en la interrogante el considerar: ¿qué cantidad de primeros lugares olímpicos eran fraudulentos antes de 1968, ? ; pues ya vemos que incluso del 68 para acá la sospecha de que algunos grandes campeones tengan los músculos o la sangre fortalecida es alta; la ocultación o el cohecho se dan por hecho. Es obvio, el uso del doping ha de darse bajo cierto control acorde con una programación que disminuya los riesgos de ser detectado; un atleta puede emplear algún tipo de estimulante durante cierta fase de su preparación de cara a un magno evento, llegando a él cuando ya la substancia haya desaparecido o pueda disimularse su presencia ante el rastreador del examen.

Tenemos pues que el deporte como negocio presiona para que en un momento determinado: Uno) la competencia se adultera, o: Dos) orille a los atletas a incurrir en la utilización de fármacos para tener acceso a los premios lucrativos y a los altos sueldos, bonos y contratos publicitarios. Por lo que: Tres) produce ganancias ilícitas a la manera de los negocios amafiados. Con lo que: Cuatro) se fabrican atletas fraude a los que se convierten en ídolos de la fanaticada…

Cuando la mafia imperaba de manera ilícita en la sociedad estadounidense controlando las apuestas, aseguraba una parte jugosa de la ganancia que otorga el juego. En el auge del capitalismo monopolista los mafiosos se han convertido en empresarios de espectáculos proclives a la transa, como en el box, por lo que el juego se ha reglamentado, la transa no es conspicua, se oculta y se vuelve discreta, pero no ha dejado de practicarse, habiéndose incrementado los caudales monetarios implicados de seguro la codicia por obtenerlos estimula el recurso ilícito: “El deporte moderno mueve millones y millones de dólares, en operaciones opacas, con métodos que, a menudo, se parecen a los de las mafias. El sistema deportivo está organizado como una gigantesca empresa multinacional de enriquecimiento mutuo. Para mí es una delincuencia con cuello blanco que goza del apoyo de todos los poderes públicos del mundo. Eso ya no choca a casi nadie. Con ese mercantilismo a escala planetaria, abierto, cínico, la gente se va acostumbrando a la idea de que todo se compra y todo se vende, empezando por sus ídolos”.[21]

El supermercado se incrementa con el estímulo ilícito, sutilmente adulterado, todo, mal que bien, mientras la Máquina logre mantener el status quo en base a asegurar la productividad y la oferta en el mercado reproduciendo las praxis superestructurales con el consumo creciente… La abundancia posibilita el consumo y por ende el entretenimiento masivo y por consiguiente el esplendor del deporte espectáculo. Y donde el negocio impera, el objetivo es obtener ganancias, de ahí el que el resultado del juego pueda en algunas ocasiones, acorde con las conveniencias de los interesados, ser adulterado. A un empresario deportivo lo que realmente le interesa es que su negocio marche bien, más que pedir que su equipo gane el campeonato, la prioridad es obtener ganancias monetarias, (en cada liga competitiva hay más de diez equipos fuertes, es imposible que un equipo gane el campeonato más de dos o tres veces en una década, lo que repercute en que la mayoría de las temporadas los equipos tienen que conformarse con no ser campeones, pero aún así pueden tener éxito con los ingresos), que el equipo sea popular y tenga su público incondicional que lo apoye campaña tras campaña; que sea escogido para vender publicidad de empresas de prestigio; siendo este el objetivo primario a lograr torneo tras torneo, pues así subsisten los equipos año tras año siendo competitivos…

Planteándose una interrogante: ¿Sí la mafia controla las apuestas, puede controlar los resultados? Al parecer en determinados casos sí, mas no de una manera común y corriente, haciéndose indispensable estar cerca de los participantes para poder lograrlo, teniendo acceso a información confidencial. Las apuestas son un ingreso extra o marginal al lado de las entradas ‘lícitas’ que el deporte proporciona, mas en determinados casos los mismos intereses lucrativos presionan para arreglar partidos sí así conviene a los interesados y están en posición de influir en el resultado. Ya sean dueños o promotores, entrenadores o árbitros, o los propios jugadores, pueden obrar para ganar o perder una competencia. En una participación oculta cuya proporción de casos descubiertos debe de ser mínima en comparación a los efectuados. Habiendo grandes cantidades de dinero en juego, o ‘prestigios nacionales’ de por medio, o la sola necesidad de mantener a las masas cautivas en el espectáculo, todas son causas de fuerza mayor suficientes para incidir en la propensión a realizar trampas. Bajo la superficie de los acontecimientos públicos se oculta una tenebra de triquiñuelas. Allí en donde los negocios multimillonarios tienen preponderancia, los intereses se traslapan, lo lícito se mimetiza con lo ilícito, ante los imperativos del capitalismo desenfrenado el orden político y el orden jurídico rinden pleitesía a los caprichos del Borrego Dorado.

La ideología embrutecedora que emana del deporte publicitado está alcanzando niveles de escándalo, las grandes figuras endiosadas pierden la proporción mesurada, en los casos más graves los superestrellas -y no sólo los deportistas- enajenados presumen de ser más populares que Jesucristo, montados y procesados sobre un pedestal cibernético, confirman lo que los mercaderes han expresado como un auténtico mensaje subliminal diabólico que capta su pérfida ideología: ¡Qué lástima Jesucristo que no hayas vivido en nuestros tiempos, pues hubiéramos hecho de ti un superestrella!

NOTAS

[1] Jean Marie Brohm. Entrevistado por Anne Marie Mergier. “El deporte contemporáneo es un formidable laboratorio ideológico. Los atletas de alto nivel son organismos cibernéticos que rompen fronteras humanas”. Proceso No. 1031. 4-08-1996.

[2] La propia preparación técnica del deportista lo puede dotar de recursos ilícitos o exclusivos gracias a los cuales obtenga ventaja sobre sus contrarios que no tienen acceso a aditamentos similares.

[3] “La idea es simple. Se considera al atleta como una máquina. Se integra un fichero computarizado con todos sus parámetros: morfología, fisiología, psicología, alimentación, higiene, modo de vida, sexualidad, vida privada, entrenamiento, y se hacen cálculos para rentabilizarlo al máximo. Se calcula el plan de entrenamiento de un atleta como la trayectoria de un misil… Un ejército de médicos deportivos, psicólogos, farmacólogos y sofrólogos, apoyados en la informática, trabajan para mejorar el rendimiento del cuerpo humano convertido en objeto balístico”. Brohm. Op. Cit. 72.

[4] Jean-Pierre de Mondenard, entrevistado por Anne Marie Mergier. Las estrellas de los Juegos de Atlanta serán las hormonas del crecimiento… El COI fácilmente superado, uso masivo de estimulantes entre los atletas. Proceso No. 1027. 7-07-96 : 66. J-P. de Mondenard es autor del libro: Dopaje en los Juegos Olímpicos. La trampa recompensada.

[5] Hace unas cuantas semanas se mencionó que se daría a conocer 17 casos de sospechosos de doping estadounidenses partícipes en las últimas olimpiadas…. No se ha confirmado nada….

[6] J-P. de Mondenard. Op. Cit: 69.

[7] Francisco Ponce.Tijuana, uno de los principales centros distribuidores de esteroides. Proceso. No. 623. 10-10-198: 62. Insolación es el diagnóstico de la muerte reciente de algunos jugadores de fútbol americano.

[8] Así como ahora dicen conocer todo lo referente a las armas bacteriológicas, lo mismo rezaría con las substancias doping.

[9] J-P. de Mondenard: 68. El aparato mencionado es un espectrómetro de masa de alta definición capaz de detectar la presencia de esteroides desde un mes antes de la competición. Se sabe que los atletas utilizaban substancias disimulantes desde 1976, “pero el COI sólo decidió tomar en serio el problema en 1986”. Ibíd. : 69. Ocurriendo que para evitar el análisis de orina los atletas practican magia, el truco de la orinada falsa, o lo que vulgarmente se diría, la orinada (miada) falsificada.

[10] Ibidem.

[11] Ibíd: 68-69.

[12] Entrevistada por Rafael Ocampo. Proceso No. 802. 16-03-92: 62.

[13] J-P. de Mondenard : 67.

[14] Alexandre de Merode, entrevistado por Anne Marie Mergier. “El Comité Olímpico Internacional: En el antidomping ni un paso atrás”. Proceso No. 624, 17-10-1988: 64

[15] La carrera de instructores en educación física o periodismo, o comunicación, les viene bien a estos semiprofesionales pseudoestudiantes, algunos están inscritos en ellas, pero se da el caso que para recibirse tienen que proseguir estudiando cuando ya son profesionistas del deporte espectáculo, y esto lo hacen sólo unos cuantos.

[16] Proceso No. 624: 65.

[17] Proceso No. 623 : 61 y 60.

[18] Proceso No. 624 : 62. Es significativo que en ambos casos estos atletas impusieran marcas mundiales que no han sido superadas, aunque por supuesto, la de Johnson no fue homologada.

[19] J-P. de Mondenard : 66-67.

[20] Proceso No. 624 : 65.

[21] J.M. Brohm : 72. Subrtayado añadido.

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