Homenaje en la UAA a Carlos Lozano de la Torre

Escrito por on Dic 5th, 2015 y archivado en Bullidero, Destacado. Tu puedes seguir los comentarios a esta entrada a traves de RSS 2.0. Comentarios y referencias estan cerrados.

clt 2Ya va para seis años, y la vida de México sigue, para bien, regular o mal, midiéndose en sexenios, que, platicando con el Ingeniero Carlos Lozano de la Torre sobre la grave responsabilidad que estaría a punto de asumir, luego de haber sido electo gobernador del estado, me preguntó sobre la Universidad Autónoma de Aguascalientes. Le comenté que a partir de su fundación había sido un modelo de planificación, y se había estimado que su crecimiento habría de estar normado para evitar el crecimiento monstruoso de otras, por lo que en los sucesivos planes de desarrollo se había fijado un tope que estaría a punto de alcanzar, momento en el que habría que promover la creación de una universidad alterna. El Ingeniero Lozano, que siempre ha seguido de cerca y ayudado a la U.A.A. me contestó: “Sí está haciendo bien las cosas hay que apoyarla, y no hay que descuidar la necesidad de crecer en otras áreas”. Su percepción, estoy tentado a decir su clarividencia, en éste como en otros sectores se ha puesto de manifiesto con el esfuerzo impresionante que ha dado a nuestra casa de estudios que le ha permitido en estos 5 años de su gobierno crecer mas del doble. No es en desdoro de nuestra Universidad señalar que en el área pública tenemos instituciones tecnológicas que, como la Autónoma son también ejemplo nacional, que la educación media ha crecido y se ha fortalecido como nunca antes y que el esfuerzo educativo de su gobierno no tiene precedentes.

La encomienda del Sr. Rector de hacer una semblanza excedería los límites de tiempo y por lo tanto de prudencia, pero bien podría intentarse un esbozo desde mi percepción que por supuesto es sesgada, pero que contrastada con la obra material se atempera y se pondrá en su justo tamaño. El Ingeniero Lozano pertenece como un buen número de sus amigos a la generación del ’68 que marcó la vida del país en un antes y un después. Un parteaguas, desde un grito de exigencia democratizadora de la juventud del mundo, que tuvo terribles y luctuosas repercusiones en nuestra patria. El ’68 trastocó la vida de la capital y terminó permeando al resto de la provincia. Más allá de un pliego petitorio o de la tragedia de Tlaltelolco, la juventud buscaba nuevas vías sociales y políticas. Los que eramos jóvenes en el ’68 ahora en la perspectiva de los años se pueden agrupar en tres: los indolentes que ahora se conocen como “ni-ni” y que alguién con mas justicia llama los “sin-sin”, que existían entonces, que existen ahora y que existirán mañana. Los contestatarios cuya prisa les hizo elegir el camino de la lucha, del enfrentamiento violento, de la transformación urgente, muchos de ellos quedaron en el camino sacrificando con su vida sus esfuerzos que habrían podido lograr buenos frutos en otras vías, y un grupo de los que escogieron el servicio, en particular el servicio público como el medio para modificar estructuras anquilosadas, convencidos que antes de repartir la riqueza hay que crearla y que el bienestar no se obtiene debilitando a unos sino sentando las bases del progreso para todos. El Ingeniero Lozano experimentó de cerca la tentación de las vías violentas, algunos de sus amigos las eligieron. Él prefirió el llamado de la vocación de servicio.

Dice el poeta Enrique González Martínez, sólo tres cosas tenía para su viaje el romero: los ojos abiertos a la lejanía, el ánimo firme y el paso ligero. El Ingeniero Lozano bien podría ser ese viajero pero contó con mucho mas que el héroe del poeta. Nació y creció en una familia sólida, amorosa, esforzada y trabajadora. El padre su primer maestro, su madre la guía generosa, sus hermanas el entorno de cariño, de ejemplo, de respaldo. Tuvo la desgracia de perder a su primer maestro siendo muy joven, pero la semilla estaba sembrada y la tierra fértil.

Afirma el proverbio zen: Cuando el alumno está preparado llega el maestro. Y llegaron: el maestro por antonomasia J. Refugio Esparza Reyes, el Señor (con mayúsculas) Rodolfo Landeros Gallegos, y Don Héctor Valdez Nájera, cada uno de ellos marcó, modeló, aportó, y el discípulo ávido, aprendió. Hubo otros, sin duda, pero el tiempo que restaña heridas y desgasta asperezas, terminará de colocarlos en su sitio.

Si hubiera que intentar describir en pocas palabras la personalidad del Ingeniero Lozano me quedaría con estas: sensibilidad y exigencia. Valora a las personas, valora su trato y encuentra de inmediato el punto que le permite la comunicación y la interacción. De igual manera capta en las situaciones, matices que para otros resultan inadvertidos. Hombre de acción, hombre de resultados, tiene una gran exigencia que empieza por su persona, disciplinado, entregado, apasionado, y como se exige, sabe exigir, de allí los resultados positivos de sus gestiones en las diversas responsabilidades que ha tenido en el transcurso de su vida. Perdón, me faltó una: gratitud. ¡Sensibilidad, exigencia y gratitud!

Cuesta trabajo imaginar al Ingeniero Lozano al atardecer en el jardín de la casa, luego de la energía desplegada en una jornada agotadora de trabajo como las que se impone día a día, contemplar como bajan aves diversas que alegran y distraen, a comer como lo ha dispuesto esparciéndoles granos, mientras sus perros retozan y ajusta los últimos detalles de la jornada y los de las siguientes. Pero el día no quedaría completo sin la lectura. Lector infatigable, como todo lector que se respete tiene una amplia y variada biblioteca. Y como decía Juan José Arreola, toda biblioteca es un proyecto de lectura. Pero en su caso, como es en su vida y como ha sido en su gobierno, es un proyecto en ejecución. Lee para informarse, para estar al día, pero también para formarse, para seguir creciendo y lee para solazarse. Eso es lo bueno, lo malo es que suele dejar tareas de lectura a colaboradores y amigos. No es infrecuente recibir la invectiva: “Ya leíste esto…pues leelo”.

Su gusto por la naturaleza lo abrevó desde el hogar, conserva el rancho familiar y adquirió otra pequeña propiedad, un terreno en que sólo el esfuerzo, la constancia y la paciencia, ¡ah! y el cariño logran arrancar magros frutos a la tierra. Cultiva y cría ganado con una pasión comparable a la con la que ha desempeñado su función pública. Ha sido impulsor convencido de la ecología y especial objeto de sus cuidados la Sierra Fría, en donde conjuntamente con otros copropietarios promueve la reforestación y repoblamiento de especies, haciendo que retome su belleza originaria: un auténtico santuario de la naturaleza. Por cierto que los nombres de sus ranchos bien podrían ser una metáfora de su proyecto de gobierno: La Campana y La Esperanza: la convocatoria y la propuesta. Proyecto que se ha venido consolidando en realidades de las que hace unos días ha dado cuenta en su quinto informe de gobierno.

Pero este intento de semblanza quedaría incompleto, quedaría inexplicado, quedaría trunco, sin la presencia de Blanquita, su esposa, y de sus hijos, las gemelas Blanca Yahaira y Emma Daniela, y José Carlos, que han sido estímulo y complemento. Como es un tema que corresponde a la vida privada, basta con apuntar que en él reproduce el entorno en que tuvo la fortuna de crecer.

Termino con una indiscreción que el Ingeniero Lozano habrá de disculpar. Entre broma y veras después de su elección le comenté: “Ya pasaste a la historia, el voto te trajo aquí, ahora toca pasar a la posteridad, y eso ya depende de tí.”

Pero juzgarlo, Sr. Gobernador, ya no nos toca ni a tí, ni a mí…

Palabras pronunciadas en el homenaje que la UAA rindió al C. Gobernador del Estado Ingeniero Carlos Lozano de la Torre, por Jesús Eduardo Martín Jáuregui

Aguascalientes, Ags., a 4 de diciembre de 2015.

Para ir al archivo de textos del autor, Jesús Eduardo Martín Jauregui, dar clic en su nombre

 

 

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