El juego de los magnates

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El juego de los magnates
Mario Vázquez Raña y Juan Antonio Samaranch

Mario Vázquez Raña y Juan Antonio Samaranch

Las Olimpiadas Modernas IX

EL JUEGO DE LOS MAGNATES

 

A nadie debe sorprender que, en un mundo donde finalmente todo se calibra en dinero, en el que la apetencia de lucro continúa siendo el motor de las iniciativas económicas, el deporte no consiga escapar de la tendencia dominante. La verdad es que no hay ninguna razón para pensar que la publicidad, que invade sucesivamente todos los sectores de la vida social, habría de respetar al deporte.

Antonio Franco

 

Desde los años sesenta las Olimpiadas se agigantan creciendo en gastos y en requerimientos, proceso que las transforma y aleja del ideal amateurista, pues el deportista pasa a ser un especialista muy sofisticado y el deporte se convierte en el espectáculo supremo del mundo-escaparate, para cuando la Sociedad Industrial transita por su etapa de mayor auge dado el incremento progresivo que produce la tecno-ciencia. El amateurismo se vuelve algo imposible, la sola preparación de una delegación olímpica, que a más de los atletas requiere de gran cantidad de entrenadores y delegados, se hace posible sólo contando con aportaciones multimillonarias en dólares; a lo que hay que aunar la práctica de incentivos que otorgan los países al atleta para que obtenga medallas.[1]

Cabe añadir que el auge prolongado acaecido en el capitalismo tardío como tal es un auge-beneficio a favor de minorías privilegiadas, élites entre las que se encuentran los deportistas profesionales, protagonistas de los grandes espectáculos y así partícipes  en la lluvia de millones de dólares generada en este que viene a ser uno de los grandes negocios del Capital.

En lo que vendría a ser la primera etapa de la comercialización de los Juegos, de los años sesenta a principios de los ochenta, el patrocinio que sostenía al COI (Comité Olímpico Internacional), en su mayor parte, un 90% aproximadamente, provenía de los ingresos obtenidos por la venta de los derechos de transmisión a las grandes cadenas televisoras. En Roma 1960 los Juegos costaron 1.3 millones de francos, pudiendo financiarlos el COI gracias al aporte de las televisoras comerciales, pagando éstas un millón del total.

Conforme acrece la hipertrofia de los Juegos y la espiral inflacionaria en los montos monetarios se produce, las cadenas televisivas van interviniendo en mayor medida en el patrocinio de las ediciones olímpicas; es el caso de la NBC “…-que obtuvo los derechos de transmisión de los Juegos de Tokio, Moscú y Seúl- y compró los derechos en Barcelona por 401 millones de dólares, más quince de publicidad”. [2] En lo que respecta a Barcelona 92, los ingresos televisivos se vieron complementados con lo que pagaron otras grandes cadenas de ocho macro-regiones o países, sumando un total de 641 millones de dólares.[3]

Y lo uno va con lo otro, un sector atrae a otro. Con el desarrollo de la sociedad de consumo el deporte como espectáculo atrae a las televisoras y las televisoras traen consigo a los grandes consorcios como copatrocinadores. Ya en pleno predominio capitalista, inmersos en el show world, el nombre del juego es money & business are business, de ahí el que procediera la subastación de los Juegos al mejor postor, para cuando una nueva generación de funcionarios se ubica en la dirección del COI teniendo como presidente a Juan Antonio Samaranch. Dirigentes con mentalidad empresarial que finiquitan los preceptos olímpicos escriturados por el Barón de Coubertin, con lo que se adultera el original espíritu olímpico moderno, todo sea para que los Juegos estén a tono con la época y se verifiquen de manera ingente. Así acontece que con la nueva administración, para que el citius, altius, fortius se lleve a cabo es necesario, indispensable, el patrocinio publicitario bajo el slogan de The Olimpic Program (TOP): sponsoring, licencing, marketing (patrocinio, concesión, comercialización). Programa activado en 1985, año en que 9 grandes empresas le inyectan 100 millones de dólares al COI destinados a los Juegos de Calgary[4] y de Seúl 1988. Para 1992 la suma mencionada alcanzó 170 millones de dólares invertidos en los Juegos de Albertville y de Barcelona. Con ese dinero se sustentan los Juegos, el COI y los Comités Olímpicos Nacionales.

Todo con el poder del TOP, implementado por el COI a la manera de como se estilan los grandes negocios en la época actual, en lo que se concesiona el producto -en este caso el evento deportivo- al patrocinador -comprador de los derechos mercantiles, diversas empresas cotizadas- edición tras edición. El patrocinio llega porque se otorga la concesión de vender la imagen olímpica, lo que incluye al logo y demás símbolos de los Juegos permanentes o propios de cada edición, de manera que el marketing campea en la difusión de los Juegos: “El patrocinador puede utilizar los aros olímpicos, anunciarse como ‘patrocinador oficial de la delegación olímpica mexicana o francesa’ y de los Juegos Olímpicos; disponer de instalaciones para exhibir y vender sus productos en los Juegos Olímpicos; derecho preferencial para participar en el siguiente programa TOP; acceso a los archivos del COI para buscar material con fines publicitarios y elaborar objetos de colección para inmortalizar los Juegos y a sus patrocinadores”.[5] Y si la Carta Olímpica prohibía la comercialización de los lemas olímpicos, el nuevo comité, la nueva empresa, la modifica en 1987 permitiendo la concesión para fines comerciales.

El sueño dorado de Pluto se hace realidad. ¡El gran evento cuadrienal del deporte mundial en manos de los grandes patrocinadores! Para Barcelona el TOP II estuvo integrado por las doce siguientes empresas: “Coca-Cola, Kodak, 3M, Sports Ilustrated-Time, EMS, National-Panasonic, Ricoh, Mars, Brother, Philips, Visa y Bausch & Lomb”. Grandes empresas en condiciones de gastar millones de dólares a la manera de una publicidad mundializada que les garantiza la supremacía en la competencia internacional. La audiencia convertida en potenciales consumidores se calcula en 3.5 mil millones, motivo por el cual, los grandes patrocinadores como Coca Cola, Visa y Mars están dispuestos a gastar (invertir) 30 millones de dólares por hacerse del derecho de publicitarse en los Juegos. Mientras que a Rank Xerox, Philips, IBM Seat, les costó más de 23 millones el formar parte de tan distinguido club; mismo al que se incorporaron Seiko, Danone y Asics, pagando 6 millones de dólares para poder usar el logotipo olímpico en sus presentaciones, grupo al que hay que añadir 18 compañías más que “se comprometieron a ‘regalar’ cada una 2 millones de dólares de material de todo tipo… y se volvieron así proveedores oficiales del los JO”.[6]

Efectuándose un acomodo entre la función originaria de la empresa y su adaptación al género deportivo convertido en show business, todo en aras de estimular al mercado. De manera que cada empresa involucrada se inmiscuye cumpliendo con una función apegada al desarrollo del deporte espectáculo; desde la ‘legendaria’ Coca-Cola, -ya presente en los Juegos desde 1928-, que sin poder presumir de ser una bebida apta para deportistas, ya sabemos que su consumo mundial se ha generalizado y no deja de involucrarse en cualesquier espacio mercantilizado, convertida en un símbolo del capitalismo con un poder de penetración en el subconsciente colectivo haciendo soñar con espectáculos alienantes.

Algo semejante ocurre con Mars, una fábrica que produce chocolates, lo que le permite relacionarse con en el aspecto nutricional del atleta, o al menos así lo anuncia. A su lado aparecen Kodak, -el abuelo de los patrocinadores olímpicos, pues ya estuvo presente desde Atenas 1896-, Panasonic, Philips, todas ellas empresas a la vanguardia en la facturación de equipos de vídeo, fotografía, radiografías, espectros sanguíneos, imágenes, luz, sonido, monitores pantallas gigantes, comunicación satelital, complementados con la comunicación por fax realizada por la marca Ricoh. No pudiendo faltar una industria de múltiple fabricación de materiales propios para pista y demás escenarios, incluyendo también artefactos informativos, de eso se encargó 3M. Mientras que la difusión por correo corre a cuenta de Express Mail Service, misma que se encarga de imprimir la filatelia olímpica de ocasión. En lo que concierne a la edición del álbum oficial de los Juegos nada mejor que Time. Y por supuesto que en un evento para turistas de esta magnitud no podía faltar su tarjeta de crédito que le garantice un viaje cómodo y placentero, Visa es la mejor opción; ahora que sí le molestan los rayos del sol Bausch&Lomb tienen la solución para que usted disfrute de la mejor vista portando unos estéticos lentes…., etc.

La manera como se organizan las empresas capitalistas tiende hacia una configuración piramidal regida por una reducida élite que controla a cientos de industrias, organismos financieros, e instituciones de servicios. Las cúpulas que manejan el deporte internacional también tejen una red de sucursales por todo el mundo afiliadas a sus matrices metropolitanas. Deviniendo el deporte espectáculo en un supe negocio dentro de una sociedad en la que predomina la mercantilización crematística, la que actúa como causa de fuerza mayor que sobre determina los lineamientos del quehacer económico, convirtiéndose en una tendencia socioeconómica que propicia que los eventos se efectúen como un negocio que reditúa cuantiosas ganancias al efectuarse bajo los parámetros que impone el capitalismo monopólico. El caso del olimpismo lo ejemplifica de manera conspicua. Al convertirse los Juegos en un evento de proporciones descomunales, los costos requeridos los orillan hacia la dependencia del patrocinio de los consorcios, de otra manera no sería posible realizarlos.

El COI es una de esas cúpulas elitistas que funcionan a nivel internacional beneficiándose, en su caso, de la difusión global de los eventos olímpicos que antes se realizaban cada cuatro años y en la actualidad se efectúan cada dos, pues las Olimpiadas de Invierno ya no se llevan a cabo el mismo año en que se realizan las de Verano. La transformación del COI tiene su historia, una historia que fue investigada por Vyv Simson y Andrew Jennings y escrita en un libro intitulado: Confiscaron los Juegos Olímpicos, investigación que les resultó más áspera de los esperado: “Esa encuesta fue la más difícil de nuestra carrera. En los últimos años hemos escrito o realizado documentales sobre la mafia, el Irangate, el terrorismo, la corrupción en Scotland Yard y otros temas tenebrosos de la vida pública. Pero el mundo del deporte olímpico se reveló más oscuro que todos los demás”.[7] Libro editado a principios de la década pasada. Trabajo en el que disertan sobre el funcionamiento del COI haciéndolo ver como lo que es, un club de funcionarios de élite beneficiándose de un gran negocio, practicando la corrupción globalizada propia del capitalismo.

Un organismo oligárquico pseudo democrático que funciona como una corporación cuya jurisdicción es transnacional a similitud de las corporaciones de las megaempresas, devengando altísimos salarios que los convierten en miembros del jet-set. Y como el dinero atrae a los vivales capitalistas en el COI se establece una estirpe de dirigentes amafiados al servicio de las transnacionales. Y ergo, al convertirse los JO en un gran negocio se requiere de un COI a la medida, de 11 administradores con Samaranch pasan a ser 61, devengando sueldos de hasta 6 millones de dólares, ubicados en un lujoso edificio de mármol y viajando por el mundo entero: “Los gastos de transporte en primera clase o en ‘jets’ privados de los miembros del COI, con estadías en hoteles de lujo, cuestan 1.5 millones de dólares por año”. Y a pesar de que las cuentas monetarias en el COI son secretas, se llega a saber de que a fines de 1990 el COI disponía de un presupuesto cercano a 20 millones de dólares, teniendo activos en la misma moneda por 118, más otros 60 millones depositados en una cuenta bancaria, 75% en francos suizos y el resto en dólares, por aquello de multiplicar el dinero con las tasas de interés.[8]

El promotor capitalista que inicia el asalto al COI fue el alemán Horst Dassler, presidente de Adidas. Dassler se inmiscuyó en el negocio deportivo produciendo calzado para atletas, estimulando una competencia de marcas que afloró desde 1968, pero como en aquellos tiempos los magnates no controlaban al Comité, se procuró que el calzado deportivo no se anunciase durante las competencias impidiendo el efecto publicitario multimediático. Y entonces es cuando la tendencia que apuntaba hacia el crecimiento desaforado de los Juegos, multiplicando los requerimientos monetarios, juega en favor de los magnates, poniendo al COI a merced del patrocinio de sus empresas. Así ocurre que Dassler enfoca sus esfuerzos hacia el control de las federaciones. Efectuándose la triangulación: cadenas de TV→ federación deportiva→ empresas ligadas al deporte como Adidas→ empresas cuya tecnología tiene que ver con las actividades competitivas, como cronómetros, equipos de vídeo → empresas ubicuas propias del medio de los espectáculos, Coca-Cola, Pepsico, tarjetas de crédito o los propios bancos, llegándose a incluir incluso marcas de bebidas alcohólicas y hasta cigarreras.

La estrategia de Horst Dassler consistió en primera instancia en dirigir sus tentáculos hacia la FIFA, en donde Joao Havelange fue el primer alfil impuesto a su servicio. En lo que viene a ser una típica estrategia de predominio plutocrático, Havelange, durante su campaña de contendiente promete incentivar el fútbol ganándose a ciertas federaciones, especialmente a las del Tercer Mundo, y logra ser elegido contando con el apoyo de los ‘amigos de Dassler’; una vez en la presidencia, para cumplir lo ofrecido, la FIFA requiere de cantidades monetarias de las que no dispone, pero, por supuesto, el dueño de Adidas está dispuesto a contribuir con ellas una vez que la FIFA le conceda los contratos de uniformes que portan los distintos representativos nacionales. Mas como los gastos a cubrir en la FIFA eran demasiados para la sola empresa alemana, pues la solución fue llamar a otro elefante, la Coca-Cola. En lo que a principios de los sesenta podía parecer una aventura riesgosa se concreta en los ochenta como un big-business a resultas de la explosión mercantil acaecida en las últimas décadas del siglo XX.

Para cuando el funcionamiento del sistema capitalista sobre determina las actividades políticas estableciendo los lineamientos mercantiles que tienen por fundamento al productivismo multiindustrial, del que se deriva el consumismo y el mercado-mundo. En tal Sociedad mercantilizada eventos como las Olimpiadas se inflan globalizados por los imperativos lucrativos quedando remitidos a la esfera de influencia de las corporaciones transnacionales. Magnas empresas que en forma de consorcios van acaparando el mercado, lo que les permite obtener ganancias estratosféricas, facultándolos para patrocinar magnos eventos, a la par de que van controlando al mundo con una política economía que obra a favor. Las cuantiosas ventas de las transnacionales en un mercado que al globalizarse abarca al mundo entero con el poder de difusión de los mass media y un sistema de producción y transporte ubicuo y veloz, capaz de llevar las mercancías a millones y millones de consumidores,[9] es lo que explica la plusvalía y las ganancias netas de estas fábricas y el porqué pueden darse el lujo de utilizar sus excedentes en la publicidad y el patrocinio deportivo, inundando al deporte profesional con una lluvia de dólares, y ya sabemos que este patrocinio no hace sino estimular aún más sus ventas y ganancias.

Y después de la FIFA siguió el COI, para entonces Dassler contaba ya con una organización mucho mejor estructurada que incluye a una agencia de marketing denominada ISL. Es importante constatar el procedimiento gansteril seguido por Dassler para apoderarse de las cúpulas deportivas, haciendo uso del ancestral ardid que considera que es mejor tener deudores que amigos,[10] lo que funcionó a la perfección; se menciona que Horst tenía un fichero que contenía las biografías de los dirigentes deportivos más importantes conociendo por igual sus gustos como sus debilidades e ilícitos, y como la corrupción es algo generalizado…..

El control del emporio que inició Dassler (quien murió en 1987) sigue vigente, y es todo un éxito, aún y cuando Adidas fue ya vendida por los herederos quedándose tan sólo con ISL; pero con ISL basta para administrar una parte suculenta del gran pastel, pues para 1992 “tiene los derechos mundiales exclusivos de comercialización del Mundial de Fútbol, de los campeonatos mundiales de atletismo, de los campeonatos mundiales de basquetbol y también de los Juegos Olímpicos”. Ni más ni menos, detentando los derechos exclusivos por más de una década.

El TOP es obra de ISL; propuesto en 1983 y adoptado bajo contrato en 1985 como asociación que “reúne en un solo programa de marketing al COI, a los CON que desean participar y a los Comités Organizadores de los Juegos Olímpicos (COJO). Las empresas interesadas pagan sumas de varios millones de dólares para entrar en el TOP. Ese dinero se reparte entre los socios del TOP”.[11] Bienvenido el olimpismo a la esfera de los negocios, justo en la etapa en la que el sistema capitalista predomina haciendo que todo se venda, que todo se compre, que todo se realice en función de concretar en un gran negocio que multiplique las ganancias.

Controlar a la FIFA y al COI reditúa en tener acceso a múltiples medios de exhibición y venta, y hasta donde sea posible, en un mercado internacional competido por unas cuantas transnacionales, a obtener contratos de monopolio para anunciarse en el evento más difundido por el mundo. Así, en las Olimpiadas de Seúl, 110 delegaciones de las 160 participantes utilizaron de manera exclusiva la marca Adidas.

A decir de Simson y Jennings, siete barones encabezados por Samaranch controlan al COI. Además de Samaranch se encontraba Un Yong Kim, presidente de la Federación Mundial de Taekwondo; Primo Nebiolo, presidente de la Federación de Atletismo Amateur (sic); Bob Helmick, presidente del Comité Olímpico de EUA (USOC). Mario Vázquez Raña, presidente de la Asociación de los Comités Olímpicos Nacionales (ACON); y por último, pero el no menos importante, Horst Dassler, dueño de Adidas. Que el perfil político e ideológico de los barones esté identificado con la derecha resulta consecuente con el dominio establecido en la etapa del capitalismo imperialista. Samaranch es un ex amigo del extinto dictador Franco. Kim es un ex guarura del dictador Park Chong Hee (quien gobernó durante 20 años con mano dura a Surcorea hasta que fue asesinado). Se sospecha que Kim, hasta esa fecha, seguía siendo un miembro de los servicios de inteligencia coreanos. Nebiolo se da la gran vida a costillas del presupuesto olímpico, en dos años gastó 516,000 dólares en actividades deportivas y un millón y medio de dólares en una noche de gala en Mónaco. Y lo peor de su caso: se le comprobó el haber cometido un fraude en los campeonatos mundiales de atletismo en Roma 1987, lo que no obsta para que siga como miembro honorífico del COI. Helmick chantajeó empresas interesadas en el patrocinio pidiéndoles dinero para favorecer su candidatura; no hubo más remedio que despedirlo.

El caso de Mario Vázquez Raña es ilustrativo de lo que significa pertenecer a esta mafia deportiva. Presidente vitalicio desde su creación en 1979 de la Asociación de Comités Olímpicos Nacionales. El propio Horst Dassler fue su padrino, puesto que el ambicioso magnate alemán sintió afinidad con el magnate mexicano, la similitud de intereses los convirtió en aliados en el afán de integrar el buró hegemónico del olimpismo monopolizado. Dassler requería de gente similar a él en la conducción del negocio olímpico. “Dassler apoyó la ACON de Vázquez Raña desde el primer momento. Lo ayudó a financiar la organización, todavía balbuceante, y le permitió utilizar las oficinas parisienses de Adidas para sus reuniones. Vázquez Raña y Horst se hicieron muy amigos. No sé si esa amistad sirvió a Horst en sus actividades comerciales en México, pero es bastante posible que Vázquez Raña le haya abierto las puertas del mercado de Centroamérica [sic]”.[12]

Por consiguiente Samaranch también apoya a Vázquez R, y gracias a su espaldarazo lo convierte en miembro del COI, a pesar de que el mexicano había sido rechazado en el primer intento efectuado en 1984, y de que es mal visto por los que se podrían considerar la élite de sangre azul del Comité, pues los aristócratas ven a Vázquez como a un mafioso cuyo caudal monetario le permite comprar su permanencia en la administración del olimpismo, dado que se sabe que Vázquez mantiene a la ACON haciendo uso de su fortuna personal, y de esa manera se gana su reelección: “En la asamblea general de la organización en 1981, los delegados descubrieron en las cuentas 407,318 dólares simplemente presentados como donativo especial recogido por iniciativa del presidente. El tesorero de la ACON, el español Anselmo López, se limitó a declarar que el dinero provenía de cuatro empresas anónimas, tres de las cuales eran mexicanas […] “En su campaña de 1981 para la reelección a la presidencia de la ACON, Vázquez Raña pagó los gastos del viaje a Milán y los viáticos de una buena parte de los Comités Olímpicos Nacionales, para permitir a sus representantes asistir a la conferencia en la cual se iba a proceder a la votación. Resultado: se logró la participación de 127 comités nacionales, un récord. Vázquez Raña venció fácilmente a su contrincante británico, Sri Dennis Follow, [la burguesía adinerada sigue venciendo a la nobleza de capa caída], al obtener 95 votos en su favor, 25 en contra y siete abstenciones”. Para 1991 Don Mario volvió a intentar ingresar al COI, y a pesar de que el grupo aristocrático se oponía a su nominación lo consiguió debido a que Samaranch hizo caso omiso de las intenciones de proceder a una votación secreta -tal es el temor que inspira el mexicano-, pues consta que una coalición de miembros del Comité se unificó en su contra sin poder derrotarlo, pudiendo más la cúpula amafiada. En palabras de un miembro del COI de nombre Mary Glen Haig: “Trece personas votaron en favor de Vázquez Raña. Diez en contra. Y hubo 60 abstenciones… Después varios miembros me visitaron para decirme: ¨Estamos de acuerdo con usted, pero nos encontramos en una posición bastante delicada¨”.[13]

Más trasparente ni el agua pura, queda la impresión de que el COI de Samaranch es una oligarquía en la que imperan magnates cuya función consiste en facilitar que los intereses de las grandes corporaciones se impongan, manejando el negocio olímpico estimado para la última olimpiada en 3,5 billones de dólares. Tan solo Sídney anuncia ganancias por 1430 millones de dólares. Pues bajo tal organización mercantilizada es que los Juegos se convirtieron en un éxito crematístico. Los Ángeles 84 reportó ganancias por 215 millones de dólares, a partir de entonces las principales ciudades del mundo gastan sumas impresionantes que incluyen sobornos para promocionar su candidatura: “Se calcula que las trece ciudades candidatas para los JO de 92 gastaron un total de 15 millones de dólares para impresionar a la asamblea del COI, reunida en Birmingham. Barcelona desembolsó 2.25 millones de dólares. Estas sumas permiten cubrir a los miembros del COI y a sus familiares de regalos, pasearlos por el mundo. Abrigos de mink, computadoras portátiles, relojes de lujo, se amontonan en las habitaciones del hotel que alberga a los nobles herederos del ideal olímpico, a pesar del estricto reglamento del COI, que impide semejantes prácticas”. Los sobornos que hace unos cuantos años se han venido mencionando no deben ser ni la punta del iceberg. Las cifras no mienten, los caudales del COI se han venido incrementando en las dos últimas décadas del siglo pasado; de 1989 a 1992 se registran 1,840 millones de dólares en las entradas al COI por concepto de derechos de TV y patrocinios.[14]

La concesión recién otorgada a China de celebrar los JO del 2008 en Beijing puede entenderse en el sentido de que los intereses capitalistas se anteponen a toda consideración. Cualesquiera sea la ciudad elegida el ‘ilustre’ comité la lleva de ganar. El COI se ve beneficiado de la disputa que se establece entre los comités representantes de las diversas ciudades que pujan por albergar la siguiente edición, en esta ocasión han sido seis los países que entraron en la competencia ‘diplomática’ por obtener la sede: París, Toronto, Estambul, Osaka y Beijing. ¿Cuántos millones de dólares se gastaron en el intento?, ¿hubo sobornos de por medio? El caso es de que las empresas patrocinadoras van a la segura, ahora estarán felices de contribuir a terminar de abrir las puertas de China al capital transnacional, gran potencia-mercado que entra de lleno al juego de las competencias capitalistas. Como quiera que sea se trata de que el ‘olimpismo’ por el momento tiene el beneficio asegurado ($$$) y el éxito es un negocio redondo como la globalización. ¡Y pensar que hay globalifóbicos!

(Continuará)

Artículo originalmente publicado a julio del 2001. Versión corregida a 17-11-2015.

NOTAS

[1] En Seúl, “Corea del Sur ofreció a cada uno de sus atletas que gane medalla de oro la cantidad de 150,000 dólares. Francia…, ofreció algo así como 33,000 por medalla de oro. Y así por el estilo otros países”. La propia URSS, en vísperas de su extinción, pagó 25,000 dólares por medalla. Francisco Ponce. “Olimpiada de Seúl. La competencia Estados Unidos – Unión Soviética, lo que realmente importa”. Proceso No. 620. 19-09-1988.

[2] Francisco Ponce. “El nuevo objetivo olímpico no es competir, sino ganar…, dinero”. Proceso No. 818, 6-07-1992.

[3] “El Channel 7 (Australia), 33.75 millones de dólares; CTV (Canadá), 16; UER (Europa), 90; TVNZ y Sky Network TV (Nueva Zelanda), 5.9; NHK y otras (Japón), 62: OIRT (Europa del Este), 4; OTI (América, salvo EU, Canadá y Puerto Rico), 3.5 millones; Telemundo (Puerto Rico) 500,000; KBS, (Corea del Sur), 7.5 millones y (Taiwan 8ROC) un millón”. Ibíd.

[4] No se ha mencionado en esta serie de artículos por economía de espacio y carencias de material bibliográfico, pero el caso es de que desde 1908 se verifican pruebas de invierno, por supuesto que contando con una participación mucho más restringida que la de los Juegos de Verano, debido a que son deportes practicados en nieve. De 1908 a 1920 durante el desarrollo de los Juegos de Verano se hicieron intentos por practicar esquí y el patinaje, siendo hasta 1924 en Chamonix, cuando se inician como edición especial.

[5] Francisco Ponce Proceso 818.

[6] Anne Marie Mergier. “El olimpismo, un turbio negocio administrado por siete hombres del COI”. Proceso No. 819. 13-07-1992.

[7] “Simson y Jennings entrevistados por A.M. Mergier. Op.Cit.

[8] Ibid.

[9] Si bien, no todos pueden comprarse un carro último modelo, queda el consuelo de que se puedan tomar una coca cola.

[10] Así se creó el Estado, o al menos así se fomentan los caciques, y así ha funcionado con éxito el imperialismo yanqui, por aquello de que los EU no tienen amigos sino intereses…

[11] A.M. Mergier. Op.Cit.: 65.

[12] A.M. Mergier. “Temor en el Comité Olímpico Internacional de que Vázquez Raña compre también la Presidencia”. Proceso819 . Incluye cita de Simson-Jennings y un comentario de John Boutler, un ex corredor olímpico que trabajó para Dassler.

[13] Ibíd. En una entrevista concedida a Proceso. No. 766 el propio Vázquez Raña menciona quién votó en su contra: las mujeres de EU, Canadá e Inglaterra, el representante de Nueva Zelandia y el príncipe de Mónaco, además (y esto no lo dice el entrevistado) de Pedro Ramírez Vázquez de México.

[14] Francisco Ponce. “Muerto el Espíritu Olímpico los Juegos se Subastaron y Perdió Atenas”. Proceso No. 725, 24-10-1990.

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