La última del Necaxa

Escrito por on Nov 16th, 2015 y archivado en Destacado, Futbol. Tu puedes seguir los comentarios a esta entrada a traves de RSS 2.0. Comentarios y referencias estan cerrados.

necaxaYa se la saben todos, al menos todos los aguascalentenses y una muy buena parte de la afición nacional. La última, triste y molesta nota del Necaxa, el espacio en los medios de este club, otrora noticia por sus campeonatos, involucra la muerte, casi literalmente a patadas, de un joven. Dos jugadores del que fuera llamado alguna vez “equipo de la década” (y si, fue un título inventado por Televisa para jalar gente, pero al final de cuentas alguna gente lo creyó, como suele pasar con todo lo que dice Televisa) se emborracharon, se portaron mal con una muchacha, se pelearon y terminaron, a la vuelta de unos meses y de tanto sensacionalismo en los medios que la gente ya no sabía si estaba oyendo al sr. José Luis Morales o viendo la Sección Amarilla, por matar al sujeto que se le ocurrió la mala idea de ponérseles en frente.

No es el interés de este breve y más bien trasnochado artículo sumarme al análisis freudiano o lacaniano de los jugadores ni indagar en lo profundo del subconsciente colectivo de Aguascalientes el porqué de semejante tragedia. Dejemos las condenas morales y los minutos de silencio para otros espacios, que seguramente lo harán con mayor entusiasmo del que de momento pudiera poner yo. Pondré en pausa el análisis de sociólogo o de aprendiz de criminólogo, primero, porque a estas alturas ya todo el mundo hizo sus propias conclusiones del asunto, sacando a pasear al Sherlock Holmes que todos llevamos dentro, y segundo, porque me interesa mucho abordar este doloroso hecho desde la perspectiva que desde hace tiempo llevo trabajando, a saber, la relación que existe entre un equipo, su ciudad y su afición.

Para los que hemos estado siguiendo el irresistible descenso del Necaxa hacia el inframundo, esta parecería ser ciertamente la última estación antes del cadalso. El peregrinar desde los cuernos de la luna en aquella cada vez más y más lejana década de los noventas hasta terminar arrumbados en el rincón más morboso de la nota roja local (y en las tenebrosas manos del Sr. Morales, destino funesto si alguno hubiera) es algo que genera pena ajena hasta al antinecaxista más recalcitrante. Incluso cuando, como ocurre con un servidor, nunca hemos estado de acuerdo con la llegada de los albirrojos al estado, no deja de ser lamentable ver arrastrando la cobija a una institución que una vez quiso ser grande. De dar entrevistas sobre la forma en cómo ganaban la liga, pasaron a dar explicaciones de por qué descendieron, a justificar por qué no pueden volver a subir y ahora, en el colmo de la vergüenza, de cómo van a tratar de evitar que sus jugadores maten más gente.

Desde afuera, parecería la inevitable consecuencia de una migración que nunca se llevó a cabo del todo, Necaxa siempre ha estado en Aguascalientes como los sirios están ahora en Alemania, ocupan un espacio y viven ahí, pero no son de ese lugar. La calidad de refugiado del conjunto de los rayos no ha cambiado a pesar de los años, no ha logrado encontrar la forma de naturalizarse. Su llegada, del brazo de Televisa y Luis Armando Reynoso no auspiciaba el mejor de los escenarios para que el equipo enraizara, menos aún si recordamos que llegaron a instalarse literalmente encima de los siempre recordados Gallos de Aguascalientes. Pero esta caída libre era difícil de pronosticar. En los días inmediatos a la agresión de los futbolistas, alguien propuso en internet que se hiciera un boicot en repudio al equipo, para que jugaran solos en el estadio, a lo que de inmediato alguien contestó que el Necaxa YA jugaba solo.

Y es que, a pesar de los años, los títulos obtenidos, los jugadores que vienen y van, las campañas y promociones, Necaxa sigue siendo un equipo que juega en Aguascalientes, no un equipo de Aguascalientes. ¿No me creen? Entren al sitio de internet del Necaxa y busquen una sola referencia visual a la ciudad o al estado, no la van a encontrar. Con los equipos regionales, la relación simbólica entre el equipo y la ciudad está dada por la tradición y no es necesario añadir otras representaciones. Santos no necesita poner algo que simbolice a La Laguna o a Torreón, el mismo Santos es el símbolo por excelencia de esa zona; Rayados y Tigres son tan representantes de Monterrey como el Cerro de la Silla y la Macroplaza y hacia allá caminan equipos como el Querétaro y los Xolos. Necaxa no tenía ese lujo, no era un equipo nacido aquí, necesitaba algo mucho más fuerte y claro que ponerse “hidrorrayos”, pero no lo hizo. Aún hoy, el club sigue tratando de rastrear una herencia y un pasado que ya no corresponde a la realidad. El equipo de hoy no tiene nada que ver con el Estadio Azteca o Alex Aguinaga, es un equipo que juega en otro lugar, con otras personas, con otra historia, lo malo es que la historia que están escribiendo ya no está siquiera en deportes, sino en la policíaca.

Con todo, la última del Necaxa podría ser también su última oportunidad. La necesaria limpieza de rostro que tiene que hacer el club ante su afición puede ser precisamente el espacio que necesitan para llevar a cabo el trabajo que debieron haber hecho desde que llegaron. Tienen ante sí la posibilidad de establecer esa conexión con la gente de Aguascalientes que vaya más allá de una rebaja en las taquillas o un regalo de boletos a los niños. En los estudios que hemos hecho sobre las aficiones, una de las principales constantes es que la lealtad de los aficionados es buena cuando es a un jugador, es mucho mejor cuando puede ser a unos colores, pero es gigantesca e irrompible cuando es a la idea que proyecta un equipo, cuando un equipo transmite a través de su juego valores e ideas, entonces se generan fenómenos de afición que traspasan las ciudades y se pueden volver nacionales o hasta internacionales (ver el caso de Barcelona o Real Madrid). Aquí es donde el Necaxa necesita encontrar esa visión, esa unidad simbólica con lo que los aguascalentenses sienten como suyo, para poder transmitir una idea radicalmente distinta a la ahora tienen frente a la población, un equipo venido a menos que patea a la gente. Podría ser el ahora o nunca para el Necaxa, convertirse en el equipo de Aguascalientes, o seguir en su ruta sin retorno al olvido.

Para ir al archivo de textos de Darío Zepeda Galván dar clic en su nombre

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1 comentario en “La última del Necaxa”

  1. beto dice:

    Un cambio de nombre, un nombre representativo.

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