Tercer Informe: ni balance, ni relanzamiento

Escrito por on Sep 3rd, 2015 y archivado en Agenda Pública, Destacado, Galería Fotográfica. Tu puedes seguir los comentarios a esta entrada a traves de RSS 2.0. Comentarios y referencias estan cerrados.

Tercer Informe: ni balance, ni relanzamiento
Enrique Peña Nieto

Enrique Peña Nieto

Llega el Tercer Informe del presidente Enrique Peña Nieto en medio de una profunda crisis política que explotó por los trágicos acontecimientos del último año: Tlatlaya, Ayotzinapa, el escándalo de las propiedades de la primera dama y el secretario de Hacienda, y la fuga del narcotraficante Joaquín Guzmán. La aparente recuperación que dieron los resultados electorales no logró el enderezamiento esperado, ni el definitivo olvido de agravios por el que se había apostado, por lo que se demandaba un viraje, señales de entendimiento de la realidad y rectificación.

Conforme a los tiempos de la liturgia política, previo al corte de caja que significa el informe presidencial, y fundamentalmente ante el descrédito del gobierno por la fuga del Chapo, se operaron algunos ajustes con miras al eventual relanzamiento de la administración peñista para su segunda parte: el ascenso de Manlio Fabio Beltrones en el PRI, el informe oficial sobre la Casa Blanca de Angélica Rivera y la de Luis Videgaray en Malinalco, y los cambios en el gabinete.

La llegada de Beltrones si bien es calificada como una medida políticamente pragmática por parte de Peña, lo cierto es que doblegó sus intenciones originales de poner al joven Aurelio Nuño. El informe de la Secretaría de la Función Pública resultó lógico y limitado a una interpretación estricta de la normatividad que no debió haberse dilatado tanto, pero contraproducente en términos de imagen, aunque logra cerrar el expediente. Mientras que los cambios en el gabinete obedecen a la lógica de acomodos y juego sucesorio, antes que a la premisa de los resultados, sí así hubiese sido en la lista estaban por delante los presidenciables Osorio y Videgaray, pero el presidente no podía sacrificar a sus brazos operadores.

Además de las adversidades políticas, los resultados en materia de desarrollo social y económico no son los más alentadores. De acuerdo al Coneval, de 2012 a 2014 se incrementó en dos millones de mexicanos el número de pobres (de 53.3 a 55.3), y el crecimiento económico sigue ajustándose a la baja, ciertamente en un entorno económico internacional adverso.

La caída presidencial viene arrojando números negativos, Consulta Mitofsky en su última encuesta registra que 61% de la población está en desacuerdo con el gobierno (Gran Encuesta: Enrique Peña Nieto, 11 Trimestres de Gobierno, septiembre de 2015); en tanto que para Buendía & Laredo 6 de cada 10 (63%) mexicanos cree que el país va por mal o muy mal camino y únicamente 2 de cada 10 (21%) cree que el país lleva buen rumbo (Encuesta Buendía & Laredo Septiembre 2015).

El informe presidencial es el documento que se entrega al Congreso (en esta ocasión de 616 páginas, además de un Anexo Estadístico de 821 páginas). En el otrora día del presidente se entregaba esta documentación y además se comparecía ante el Legislativo con un mensaje. Ahora, después de la descomposición de estas citas, se llegó a que el Congreso de la Unión sea una oficialía de partes y posteriormente el presidente rinda un mensaje al público que seleccione con motivo de su informe. Lo deseable es diseñar una práctica más republicana de diálogo respetuoso entre los poderes. En todo caso, el centro del análisis son las palabras del titular del Ejecutivo, a falta de un sistema de información y rendición de cuentas que permita conocer, sin retórica, los resultados contra metas y presupuestos de manera accesible para la ciudadanía.

De hecho, el punto de partida para estar informados es el Plan Nacional de Desarrollo y los diversos planes y programas, tenerlos a disposición y ver los avances, incluyendo los compromisos de campaña, que en particular en el caso del presidente Peña Nieto si están siendo monitoreados y reportan un bajo nivel de cumplimiento (51 de 266 compromisos firmados ante notario, 19%, según la columna Expediente Político de José Contreras: Lo que Peña Nieto no ha cumplido, La Crónica, 1 de septiembre de 2015).

El mensaje

Hay tres partes distinguibles, en primer lugar el contexto y diagnóstico, luego la relación de acciones de estos tres años conforme a las Cinco Metas Nacionales establecidas en el Plan Nacional de Desarrollo 2013-2018, y finalmente el mensaje político que fija algunas posiciones y traza medidas de lo que puede considerarse el relanzamiento de la administración.

El contexto que se presenta arranca con una afirmación optimista del avance de nuestra democracia, que vio transcurrir el pasado proceso electoral con orden y normalidad. En efecto, prevaleció en términos generales el apego a la legalidad, pero estamos ante la democracia procedimental todavía con deficiencias y lejos de una democracia sustantiva que sirva para conducir el arreglo cotidiano de convivencia política y social.

Luego Peña Nieto hace una pausa para reflexionar sobre lo que a la gente le molesta, lo que pasó en el último año que reconoce como difícil. Ahí se refirió a Iguala y a la fuga de un delincuente (no dijo su nombre) que debilitan el Estado de derecho; habló de conflictos de intereses y la corrupción que lastiman el ánimo y la confianza. Un buen arranque que levantó expectativas, pero que hasta ahí quedó, no profundizó ni reconoció sus falencias.

En el columpio de dramatización se refirió a la preocupación por la caída del precio del petróleo y el incremento del dólar, que generan desconfianza al interior e incertidumbre por lo exterior.

Pero el breve recuento de la problemática solamente sirvió para retomar el discurso oficialista tradicional: enfrentar los retos con claridad de rumbo, apego a la ley, respeto a los derechos humanos, nuevas instituciones a favor de la transparencia y combate a la corrupción, disciplina y control ante los factores económicos externos, México avanza gracias a las reformas estructurales, México es un país atractivo y responsable, hay visión y proyecto.

Aquí ya se marcaba la línea discursiva de todo el mensaje: hay problemas pero vamos adelante.

Vino luego el antes y después del retorno priísta al poder. Antes de 2012 había agravios y parálisis legislativa, se requerían reformas, sin dejar de reconocer la economía abierta y la transición política, prevalecían obstáculos y las instituciones estaban quedadas, por ello era necesario un cambio estructural.

Ante este panorama presentado, el presidente expone nuevamente el eje de su gestión: las reformas estructurales. Reconoce el diálogo como herramienta y la disposición de los actores que lograron el Pacto por México, como instrumento de entendimiento para la agenda reformista, pero se apropia de lo alcanzado: 13 grandes reformas estructurales, en total 90 reformas a 51 artículos constitucionales, que colocan a México como el país más reformador en los últimos dos años de acuerdo a la OCDE.

Cuentas históricas indudablemente, gracias a voluntades y oficios de todos, esencialmente de los grupos parlamentarios de la LXII Legislatura, no solamente del Ejecutivo, que no puede gobernar solamente legislando.

La segunda parte del mensaje, ya marcada la pauta, consistió en una relatoría de logros, siguiendo las metas en las que se estructura el Plan Nacional de Desarrollo 2013-2018: México en Paz, México Incluyente, México con Educación de Calidad, México con Responsabilidad Global y México Próspero.

Larga lista de resultados positivos que abruma ante la falta de indicadores de medición de lo presupuestado contra lo alcanzado. En México en Paz se aplaude a las fuerzas armadas, pero no se reconoce el mal diseño de la estructura de seguridad pública, la continuidad de las medidas antes criticadas, los limitados alcances en la restauración del tejido social y la penetración a los aparatos de inteligencia.

En México Incluyente hay un vaciado de datos favorables, se resalta el trabajo de la Cruzada contra el Hambre, particularmente el programa de comedores comunitarios y el cambio de Oportunidades a Prospera, pero termina aceptándose que la pobreza aumentó, lo cual debe reconocerse como una buena nota de autocrítica, pero que debió ser fundamental para guiar el cierre del discurso.

México con Educación de Calidad hace la apología de la Reforma Educativa como la más trascendente de todas las reformas. La intervención en Oaxaca se subraya -incuestionablemente acertada para frenar las mafias sindicales- y se ven las medidas de evaluación del magisterio como sinónimo de calidad. Con todas sus limitaciones, los cambios ya están operando y eso es bueno, pero verdaderamente se requieren muestras de que la apuesta por la educación es prioritaria. El cambio en la SEP y la creación de la Secretaría de la Cultura que anunciaría más adelante el presidente son medidas que se deben acreditar con hechos, no con un reconocimiento político al SNTE como el privilegiado interlocutor de los maestros de México.

En la meta México con Responsabilidad Global, el guión es la recomposición de la diplomacia mexicana después de los extravíos de los dos sexenios panistas, de tal forma que se habla de ajustes y acuerdos. Así, México tiene una relación de diversidad de tópicos con los Estados Unidos; tiene agenda múltiple y productiva con Latinoamérica, así como con Europa y Asia Pacífico; logra acuerdos comerciales e inversiones notables en la industria automotriz; atiende a sus connacionales en el extranjero; se alista en la ONU para labores de pacificación y reposiciona a México en el mundo.

Todo bien si se acepta la tesis del extravío, que tiene sus razones; pero debe distinguirse el plano de mensajes al de los hechos. Por ejemplo, el entendimiento en términos de seguridad nacional entre los Estados Unidos y México está sumamente deteriorado por la displicencia en los temas bilaterales del actual gobierno; que hay una agenda amplia de tratados de comercio libre es algo que se viene trabajando desde hace años; y que la presencia de México en el orbe se recupera es real si pasa por el fomento del turismo, pero no por las posiciones ante los atracos a los derechos humanos, ya no en Cuba, sino en Venezuela, donde México prefiere no opinar.

Respecto a la meta México Próspero, Peña plantea que la elevación de la calidad de vida es a partir del desarrollo institucional y el crecimiento económico sostenido, por ello las prioridades de política económica se resumen en estabilidad y crecimiento. Viene la exposición de la situación internacional: bajo crecimiento, depreciación del petróleo y volatilidad financiera. Se expone luego que las finanzas públicas están ante un desafío que puede tener salidas erróneas como subir los impuestos (se apalanca para anunciar que no al IVA a los alimentos y medicinas), o endeudarse, de ahí que la medida es que el gobierno se apriete el cinturón, gastar menos y gastar mejor.

Esta, que es una meta crucial, lleva al mensaje presidencial a una larga explicación de su política hacendaria y a mostrar los beneficios de las reformas y sus programas de empleo, telecomunicaciones, energía, infraestructura, campo, agua, fomento empresarial, turismo y hasta cambio climático. El PIB creció en el último semestre y la industria automotriz es puntal.

La última parte del mensaje es pletórico de más ganas y fuerza, como dicen los spots, la línea de mensaje presidencial adoptada para este momento. La directriz es trabajar sobre la plataforma edificada en los primeros tres años, sería irresponsable la improvisación, las ocurrencias y partir de cero. La prioridad son las acciones en beneficio del bienestar familiar. La ruta es el Plan Nacional de Desarrollo 2013-2018 y las reformas estructurales. Para el presidente es la hora de que las transformaciones que se operaron en la Constitución transformen ahora la vida diaria de los mexicanos, cambiar las situaciones de inseguridad, injustica, corrupción, falta de oportunidades, pobreza y desigualdad.

Enseguida viene la parte sentimental sobre la oportunidad de conocer al país, que debe ser su motivación para tener más ganas y más fuerza.

Posteriormente, el presidente Peña lanza un nuevo decálogo, el tercero ya, antes uno en su campaña y otro para responder a la gravedad de Ayotzinapa, que ahora recicla; también en su tercer informe, Felipe Calderón lanzó un decálogo para la prosperidad y en 2010 uno en materia política.

El recurso no es novedoso, lo importante es que se lleve a cabo. De la propuesta las dos primeras son en torno al Estado de derecho, que resultan flojas pues sigue pendiente el decálogo del año pasado. Otras dos son para abatir rezagos de algunas regiones e impulsar la actividad productiva en las zonas más marginadas. Las siguientes tres medias son en materia educativa, mejorar la infraestructura educativa con la inversión a través de bonos bursátiles, el Programa Nacional de Inglés y la creación de la Secretaría de Cultura. La últimas tres medidas son económicas, estabilidad, acelerar el desarrollo de infraestructura y austeridad presupuestal.

Sin descalificar las propuestas porque pueden rendir sus frutos, es evidente que no hay un sacudimiento que atienda la falta de confianza de la ciudadanía, no se advierte un cambio notable.

Por otra parte, la incredulidad se refuerza a partir de la tesis de que las reformas estructurales eran la panacea. Entonces para qué otras medidas. No hay un relanzamiento que vaya a los reclamos sociales, y sí en cambio hay modificaciones que preparan el juego de movimientos de la clase gobernante, plataforma de acciones para los titulares de Desarrollo Social, Educación y Hacienda, todos apuntados para las pretensiones sucesorias.

Gana el conservadurismo. En el mismo tono es la alerta de Peña Nieto contra las tentaciones de intolerancia, demagogia y populismo en un entorno adverso que puede desencantarse por medidas precipitadas. Es correcta la reflexión refiriendo varias experiencias históricas, pero aquí se acentúa la idea de que estamos bien, estamos en paz y hay otras latitudes donde están peor las cosas. El destinatario natural es López Obrador y algunas expresiones radicales, pero lo preocupante no es la dedicatoria, sino la concepción del equipo presidencia de una sociedad cómoda por su adormecimiento, así como la clausura de la posibilidad de que la indignación genere movimientos e iniciativas propositivas.

El cambio con rumbo que asegura tener el presidente es el que marca su moderación, su falta de autocrítica y quietismo. En resumen, en el mensaje del presidente Peña Nieto no hay un balance de fondo ni un relanzamiento esperanzador.

Para ver el archivo de textos del autor Gustavo Martínez Romero dar clic en su nombre

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1 comentario en “Tercer Informe: ni balance, ni relanzamiento”

  1. SERGIO RODRIGUEZ PRIETO dice:

    “…TRES ELEFANTES SE BALANCEABAN SOBRE LA TELA DE UNA ARAÑA…”, Y COMO VEÍAN QUE RESISTÍA, PUES ¿QUE HICIERON? PUES LLAMAR A OTRO ELEFANTE….

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