Fugas, escapes y salidas

Escrito por on Ago 12th, 2015 y archivado en Agenda Pública, Destacado, Galería Fotográfica. Tu puedes seguir los comentarios a esta entrada a traves de RSS 2.0. Comentarios y referencias estan cerrados.

Fugas, escapes y salidas
Manlio Fabio Beltrones y Enrique Peña Nieto

Manlio Fabio Beltrones y Enrique Peña Nieto

Después de los resultados electorales de junio de 2015, con más quietismo que novedades, al presidente Peña parecía que se le recomponía el panorama con la integración de la Cámara de Diputados y las gubernaturas obtenidas por el PRI.

Pronto terminó este eventual escenario de recuperación con la fuga de Joaquín el Chapo Guzmán el pasado 11 de julio, una afrenta al Estado, una burla a los sistemas carcelarios y de seguridad, la penetración profunda del crimen en los aparatos gubernamentales. Vinieron limitadas reacciones, equívocas, cortas y hasta encubridoras. Sin duda, la peor crisis para el presidente y su equipo.

Haber podido procesar las crisis de Tlatlaya, Ayotzinapa y la Casa Blanca, con respuestas pobres pero finalmente útiles para la distracción y el olvido, como se constata con los decorosos dividendos electorales, permitía suponer que la segunda parte del sexenio podría llevarse con cierto margen de maniobra, a pesar de un Ejecutivo sin claridad en su lista de prioridades y a pesar de las complicaciones económicas y los limitados avances en materia de seguridad.

Todo cambió con la fuga del capo, y el cuadro no es nada halagador no solamente para el gobierno federal, sino para el país. Hay tres procesos que se están presentando en la circunstancia actual y que podrán definir recomposiciones o hundimientos.

El primero de ellos es la caída presidencial que se sigue acentuando (64% de los mexicanos desaprueba la gestión de Enrique Peña Nieto según la encuesta de Reforma del 31 de julio), un cifra brutal que refleja la falta de credibilidad, pero que además se acredita con la fragilidad de la situación económica, la lentitud de los logros de las grandes reformas, la dilación o renuncia a tomar decisiones, es decir el encapsulamiento en formas de hacer política que no están logran virajes o sacudimientos. ¿Cuáles serán los límites de este declive pronunciado? A nadie conviene que siga, a nadie conviene un escenario de inestabilidad.

En segundo lugar, las expresiones partidistas, que quizá en su mezquindad no ven con desagrado llegar al precipicio, están extraviadas en sus luchas internas de poder. El PAN con un cambio de dirigencia que elevará como nuevo jefe partidista a Ricardo Anaya, que ofrece sus credenciales de juventud y renovación, frescas sin duda al exterior, pero con dudas reales en torno a sus dependencias y la capacidad de romper los vicios que han colonizado al panismo. En el PRD los pobres resultados, escisiones y rupturas internas llevaron a Carlos Navarrete a entregar su cabeza para que llegue una dirigencia joven para tratar de enderezar un barco que anda al garete. Mientras que en el PRI, las nomenclaturas doblegan al presidente y a la vez lo salvan del gravísimo error de haber llevado a la presidencia priísta a Aurelio Nuño; la política real se impone y se ungirá a Manlio Fabio Beltrones, que no solamente llega para librar las batallas partidistas, sino como un personaje que operará en el gobierno peñista. Los demás, cotizando y levantando sus restos.

El hecho es que no hay en la agenda más que la lucha inmediata y los roles de representación real con la sociedad se dejan de lado. Además, la lucha sucesoria está corriendo ya en todos los partidos rumbo a la contienda por 2018.

Finalmente, lo que se ha venido subrayando en otras entregas es que no hay una formación social alternativa que encauce las inconformidades hacia acciones organizativas, propositivas u opositoras con banderas atractivas y pertinentes. En ese sentido, el proceso que se ha gestado es la explosión de la inconformidad que se expresa en escepticismo, coraje, burla, chiste, relajo y desánimo. El contrasentido absoluto es la entronización de Joaquín Guzmán, la celebración de su fuga, los aplausos en su honor y el trastrocamiento del orden (Pitbull: “Donald Trump, ten cuidado con el Chapo papo”).

Con todo lo que está pasando se confirma el no entiende que no entiende que le endilgó The Economist el pasado mes de enero al presidente Peña; pero es extensivo a su equipo, a los partidos, a toda la clase política y a una sociedad que también se está evadiendo.

La fuga del Chapo es también la fuga de la confianza y credibilidad en las instituciones; es la fuga del Estado que se pinta con imágenes ridículas: la procuradora asomándose al hoyo del túnel por donde escapó el narco, la de la procuradora tapándose la cara con la foto del prófugo, la de Peña Nieto inaugurando un estadio vacío, la del presidente diciendo que a otros países les ha ido peor.

El escape del Chapo ha provocado el escape de la sociedad que se indigna y se mofa, se regodea en su desgracia, festeja al pillo, celebra la caída de la popularidad presidencial y se arroja a los linchamientos cibernéticos, dejando de lado el aporte que podría dar.

La salida del Chapo estrecha las salidas del trance en el que estamos. Sin salidas alentadoras en la economía que sigue bajando en su crecimiento, sin salidas efectivas para superar la inseguridad que se quiso combatir ignorando, sin salidas para restaurar la confianza en que se combatirá la corrupción, sin salidas para detener el aumento de la pobreza y la desigualdad. Acaso desplantes para la eficacia y pragmatismo de los arreglos políticos y para hacer llevadera la administración de las múltiples crisis.

Para ver el archivo de textos del autor Gustavo Martínez Romero dar clic en su nombre

Be Sociable, Share!

Los comentarios estan cerrados