Domar la condición humana

Escrito por on Jul 2nd, 2015 y archivado en Agenda Pública, Destacado, Galería Fotográfica. Tu puedes seguir los comentarios a esta entrada a traves de RSS 2.0. Comentarios y referencias estan cerrados.

Domar la condición humana
Enrique Peña Nieto

Enrique Peña Nieto

Con motivo de la instalación del Consejo del Sistema Nacional de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos Personales el pasado 23 de junio, el presidente Enrique Peña Nieto reafirmó en su discurso su concepción de la corrupción como un fenómeno de orden cultural, y en ese sentido su propósito de domar la condición humana con las medidas que se han dado en materia de transparencia y combate a la corrupción:

“Decía yo que he señalado de manera reiterada, que éste es un problema a veces de orden cultural. Me he llevado, por ello, a veces algunas críticas que se señalan que no es cultural.

“Si no lo fuera, porque, además, está en el orden mundial, no es privativo de nuestro país, ni de nuestra sociedad, me parece que es un tema de orden global, está en todo el mundo; y a veces más que aparejado a una cultura, lo está a una condición, a la condición humana.

(…)

“Le decía yo en palabras, quizá, así de directas al Presidente del Senado en corto, lo que hemos o lo que estamos haciendo, y a lo mejor le voy a dar con ello material a más de un caricaturista, pero el Estado mexicano y su sociedad, lo que estamos haciendo es domar auténticamente la condición humana, llevarla por nuevos caminos, estableciendo parámetros, estableciendo límites, controles, obligando a la apertura y a la transparencia.” (1)

Con motivo de esta aseveración que había expresado desde el año pasado primero Luis Videgaray y luego el presidente, se ha generado un debate abierto en el que conviene contar con algunos apuntes para tener una idea más clara del enfoque con el que se pretende abordar el fenómeno y sus implicaciones.

El punto de partida es que sí hay una perspectiva cultural para el estudio de la corrupción, como hay también ópticas morales, religiosas, legales y económicas (2). Siguiendo a Ugalde, entender la corrupción desde este mirador significa analizar los valores, actitudes, símbolos e identidades de una sociedad, es decir los patrones que la delinean. De este modo, una sociedad en donde se ha imbricado la corrupción es aquella que se ha degradado moral y culturalmente. Consiste por tanto en una revisión histórica de elementos como los antecedentes coloniales, patrimoniales y clientelistas. Así, lo que se analiza es el descontento social frente a la sustitución de las responsabilidades de las autoridades por otro tipo de arreglos.

El análisis hace entonces un recorrido del comportamiento de la autoridad ante la corrupción y de los mecanismos que adopta para incurrir a lo largo del tiempo en diferentes actos de esta naturaleza y el deterioro de la representación política.

Para Ugalde las deficiencias del modelo culturalista son la omisión de la institucionalidad, la vaguedad del concepto cultura y fundamentalmente el determinismo con el que se juzga como corrupta determinada sociedad.

En torno a estas carencias que son muy evidentes es que se pueden enderezar las críticas a las palabras del presidente Peña. La primera de ellas y más elemental es tratar de dilucidar si en efecto el encuadrar las políticas públicas de transparencia, rendición de cuentas y combate a la corrupción ha sido una decisión valorada y tomada a partir del análisis del equipo presidencial de las corrientes que estudian el tema, o si fue una consideración que se subió sin la mayor reflexión.

No parece que se introdujera pensadamente. Es más, da la impresión de que se metió como para conformarnos ante nuestra triste realidad en plena crisis de impunidad, inseguridad y corrupción, precisamente después del rosario de escándalos de opacidad y sospecha que se le vinieron encima al gobierno federal. No se insertó el punto explicando las otras visiones y la convicción propia por el que se inclinaba el gobierno federal. Se percibe esto más como una idea que se lanzó y que luego hubo de buscar fundamentarse.

Con tal simplismo, la fórmula explicativa de nuestra condición corrupta por tener una raíz cultural abonó a la campaña priísta, como se dijo en esta columna anteriormente: “Sobre el mensaje del priísmo expuesto hasta ahora, lo que estamos viendo es la promoción del voto seguro, el del ciudadano conformista que acepta un México con dificultades, pero que cuenta con él para salir adelante, ahí están los ejemplos de solidaridad del pueblo mexicano. Así, más vale malo por conocido que bueno por conocer en su decisión, lo que hace sintonía con lo expresado anteriormente, que la corrupción y desconfianza está en nuestro ADN.” (3)

La segunda crítica se desprende de la condena a México como un país corrupto, irredento, sin salvación, que justamente por eso requiere domarse. El tema es sumamente complejo, por eso las críticas a las palabras de Peña Nieto en el sentido de que se puso filosófico.

Hay una amplia literatura sobre lo que significa ser mexicano: Ezequiel A. Chávez, Alfonso Reyes, Antonio Caso, Rodolfo Usigli, Samuel Ramos, Leopoldo Zea, Octavio Paz, Santiago Ramírez y Roger Bartra, entre otros, se abocaron a tal estudio. En sus escritos describen rasgos positivos de nuestra identidad, así como también otros negativos; pero no existe una caracterización acabada y definida del ser mexicano. Lejos están estas líneas de adentrarse a tales profundidades, pero cabe la referencia para señalar que la afirmación de Peña Nieto es temeraria y lapidaria.

Quizá se confía en su dicho porque los diversos estudios nacionales e internacionales sobre transparencia, corrupción, calidad de los gobiernos, confianza en las instituciones, democracia y valores arrojan de manera generalizada datos reprobatorios para México.

Así pues, el discurso del gobierno federal tiene una explicación determinante y simple, la sentencia del Filósofo de Güemez: Estamos como estamos… porque somos como somos.

Pero además, y es la tercera crítica, Peña Nieto se mete en mayores honduras cuando introduce el tema de la condición humana. Un tema de antropología filosófica más complicado que el perfil del mexicano. ¿En qué línea de pensamiento político se ubica esta posición? ¿En el hobbesianismo que considera que la convención del Estado surge del miedo del individuo hacia el otro? ¿En el cristianismo que concibe al hombre caído por el pecado? ¿Es una posición determinista y catastrófica contraria al optimismo de Rousseau con su buen salvaje y por otra parte contrario también a la ética protestante? Y más interrogantes que pueden hacerse desde muchas más escuelas de pensamiento.

Que saludable resultaría que el gobierno federal y su grupo de asesores haya concebido un marco conceptual para su toma de decisiones; pero lo que vemos es que, como la mayor parte de los políticos, sacan las cosas al día, no tienen referencias teóricas sólidas para llevar a cabo su responsabilidad.

La cuarta crítica es que los cambios estructurales y jurídicos no tienen mayor relevancia ante el peso de nuestra cultura. Ciertamente, la venta del presidente de las reformas legislativas como propias, como si fueran acciones de gobierno, está excedida, pretendiendo demostrar una transformación estructural trascendente, una nueva ola modernizadora para el país. Sin embargo, las normas y figuras que existen desde hace muchos años y las nuevas que se vienen incorporando al andamiaje jurídico son insuficientes mientras prevalezca la impunidad.

Se presumen los avances en las leyes a pesar de que se siguen quedando cortos, sin dientes. No hay cambios palpables en tanto la norma siga siendo violada. Sin duda que el peso debe estar en el diseño institucional, pero hacer que se cumplan las disposiciones. Tolerancia cero ante el incumplimiento es la solución, así lo demuestra el cambio de comportamiento del mexicano en otras latitudes, pues sabe en dónde está parado.

Se ve muy correcto Peña Nieto con su intención, pero incongruente entre el decir y el actuar. En esto radica la última crítica al mensaje presidencial, cómo pretender domar la condición humana de los mexicanos cuando se ha dado reiterada demostración de que la condición de la clase gobernante no tiene diques. (4)

Es que no hay buenos ejemplos para llamar a una conducción apropiada en el servicio público y en la política, las evidencias numerosas y documentadas ahí están. (5)

¿Cómo entonces se atreve el presidente Peña a pretender domar la condición humana de los mexicanos cuando no ha domado los actos propios, los de sus colaboradores y en general los de las castas políticas?

En resumen, estamos ante una ocurrencia desafortunada que está lejana de la intención política del Ejecutivo. Realmente el combate a la corrupción debería ser el eje del relanzamiento del quehacer gubernamental, que hasta ahora no muestra ganas de sacudirse, ni presenta una agenda de prioridades para la segunda mitad del sexenio.

 NOTAS

(1) http://www.presidencia.gob.mx/articulos-prena/palabras-del-presidente-de-los-estados-unidos-mexicanos-licenciado-enrique-pena-nieto-durante-la-instalacion-del-consejo-del-sistema-nacional-de-transparencia-acceso-a-la-informacion-y-proteccion-d/).

(2) Véase Ugalde, Luis Carlos: El debate sobre la corrupción en México, VII Congreso Internacional del CLAD sobre la Reforma del Estado y de la Administración Pública, Lisboa, Portugal, 8-11 Oct. 2002.

(3) Martínez Romero, Gustavo: Respuestas pobres, Agenda Pública, 11 de marzo de 2015.

(4) Ricardo Raphael en Mirreynato. La otra desigualdad refiere tres restricciones: personales, sociales y jurídicas que están ausentes en el régimen que él define como mirreynal: “Una época, en efecto, donde predomina la arbitrariedad de las consecuencias y la selectividad de los castigos. No será de otra manera mientras la corrupción pueda hacer tanto en contra de tantos.” (Planeta, México, 2014, p. 98).

(5) Véase García Soto, Salvador: Peña y la “condición humana”, Serpientes y Escaleras, El Universal, 24 de junio de 2015.

Para ver el archivo de textos del autor Gustavo Martínez Romero dar clic en su nombre

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