Serpientes y Escaleras en la Banca y en la Bolsa (Primera Parte)

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Serpientes y Escaleras en la Banca y en la Bolsa (Primera Parte)

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Serpientes y Escaleras en la Banca y en la Bolsa

(Primera Parte)

 

Desgraciadamente la privatización de la banca y el auge de la economía casino van de la mano, véase por ejemplo el aumento totalmente especulativo que se presenta en la Bolsa de Valores mexicana…

Juan Castaingts Teilliery

Como negocio, la banca ha sido la peor inversión y hemos perdido muchísimo.

José Maradiaga Lomelí.

Los Capitostes del Salinato

El golpe de Estado técnico efectuado para entronizar a Carlos Salinas y el desarrollo sexenal de su autoritaria política económica, marcan la imposición sin alternativa del modelo administrativo que signa el destino de México como nación supeditada al dominio del Gran Capital.

Tal y como lo hemos prefigurado en los artículos anteriores de esta serie, los millonarios Forbes (o Fortune) patentizan y apuntalan el modelo que privilegia el dominio del Capital que desde la Metrópoli-Septentrional, a través de su formulación, como Consenso de Washington, quedaba designado.

El México S. A. que se vislumbra desde el sexenio de Miguel de la Madrid con su disposición a entregar las empresas prioritarias a los de la privada iniciativa, tal y como lo hacía ver Manuel Buendía en su columna ‘Red Privada’ a unos cuantos días de ser asesinado. (Vid. Artículo No. 3 de esta serie); los millonarios Forbes, y en sí un círculo elitista de empresarios califican para convertirse en la oligarquía plutócrata que el Salinato gesta:

Carlos Abedrop Dávila, reposicionado como ‘empresario financista’, tomando paquetes de acciones en Aeroméxico y Mexicana de Aviación, consejero (codueño) de Conductores Latincasa, Nacional de Resinas, Real Turismo, asimismo, dueño de la casa de Bolsa Finsa y de Seguros Olmeca, de las arrendadoras Cafsa y Asomex, copropietario de Ingeniería Financiera Internacional, asociada al banco Lazard de París, Nueva York y Londres.[1]

Jerónimo Arango Arias, uno de los consentidos de Salinas, a la sazón accionista principal del Grupo Cifra, el consorcio más atractivo en la Bolsa mexicana, pudiendo cotizar también en las bolsas de los Estados Unidos. Consorcio comercial preponderante en cadenas de supermercados, incluyendo: Aurrerá, Superama, Bodega Aurrerá, Club Aurrerá (asociado con la estadunidense Walt Mart) y Suburbia. Indicando cómo lograba realizar un Conglomerado que acaparaba buena parte de los supermercados, e inclúyanse a los restaurantes Vips y El Portón. Accionista principal en Banamex, para ubicar a su Consorcio como el cuarto más importante de México detrás de Telmex, Visa y Vitro.

La familia Autrey Mesa venía a ser otro de los conglomerados empresariales favorecidos con las privatizaciones adquiriendo Altos Hornos de México junto con otras 13 empresas mineras y siderúrgicas, conjuntadas en el Grupo Acerero del Norte; familia que se había iniciado en los grandes negocios en el comercio de fármacos con Nacional de Drogas, teniendo en los terrenos bursátiles participación con la Casa de Bolsa México, que junto a Inverlat, de Agustín Legorreta, se hicieron dueños del Banco Comermex.

Emilio Azcárraga Milmo. Por aquellos años considerado el magnate supremo no solo de México sino de toda América Latina. Según Forbes, su fortuna alcanzaría los 3,000 millones de dólares, basando su emporio en Televisa. Cadena de televisión que durante el Salinato vuelve a crecer en número de emisoras y retrasmiores con que cubren prácticamente todo el país, logrando acaparar el 90% del mercado del teleauditorio, líder en la televisión por cable de México, incluyendo 10 estaciones de radio, disqueras, dos equipos de fútbol, el Estadio Azteca (y virtualmente la selección nacional de ratones verdes). Propietario asimismo de editoriales de revistas y arrendatario en una empresa de anuncios exteriores. Agregándose entre sus posesiones un alto porcentaje en transportes Aeromar y una empresa de localización electrónica de personas.

Aparentemente los negocios prosperaban durante el sexenio por igual que la administración salinista, de cierto que incrementando su influencia determinante en la política pro empresarial que los neoliberales establecen, cual aliado y beneficiario prioritario, convirtiéndose en el llamado Quinto Poder, pasando de ser el aliado natural del Partidazo: ‘el soldado del PRI’, en su condición de hacedor de la desinformación y la culturita light, (la chespiritización y chavelización de la subcultura que afecta la mentalidad del mexicano), cual contra-secretaría de educación en vías de convertirse en el emporio capitalista envolvente de México, destacando sus desinformativos carentes de objetividad puesto que no pueden ser parte beneficiada y medio de comunicación sin tender a fomentar el orden establecido, así, pregoneros del ‘buen gobierno’, y más ahora que han logrado poner un títere en Los Pinos, factótum del status quo.

Alberto Bailleres. Empresario taurino y ganadero, propietario de Industrias Peñoles (que controla unas 30 empresas), Fomento Económico Mexicano, Grupo Desc, Palacio de Hierro. Al igual que la mayoría de los mega millonarios de esa (de)generación, combina la propiedad de industrias con comercios y el creciente sector bancario-bolsista, accionista en Bancomer, teniendo participación en cinco sociedades de inversión, una arrendataria y las aseguradoras Nacional de Seguros y la Provincial. Incluyéndose en su emporio las ex paraestatales Compañía Minera Cedros, Refractarios Hidalgo e Industrial Torreón.

Gilberto Borja Navarrete. El Principal en ICA (Ingenieros Civiles Asociados), la empresa consentida durante el sexenio con la construcción de carreteras; de los principales accionistas en Transmisiones y Equipos Mecánicos; con nexos en Cemex y Fomento Económico Mexicano (de Zambrano y Eugenio Garza Lagüera). Copropietario, junto a su hermano Ángel, de las casas de bolsa Interacciones y Acciones Bursátiles, inclúyase Seguros América. En el reparto de paraestatales se hicieron de Polimar y Compañía de Manufacturas Metálicas Pesadas.

Alfonso de Garay y Romo, capitoste que venía a ser uno de esos que hicieron fortuna con la ‘bursatilización de las finanzas’, presidente de la casa de bolsa Grupo Bursátil Mexicano, ‘la tercera más importante del país controlando nueve sociedades de inversión’. Flamante propietario del Banco del Atlántico, encabezando a un grupo de empresarios que lo adquieren para que GBM-Atlántico pasara a constituirse como un grupo financiero completo, incluyendo una arrendadora, una empresa de factoraje y una casa de cambio. Representando el intento por establecer grupos financieros mexicanos que controlaran el mercado de dinero, lo que fue un fracaso rotundo, al ser estas nuevas asociaciones puente hacia la extranjerización de la Banca….

Otro neo banquero de efímera presencia venía a ser Antonio del Valle Ruiz, partícipe en cada subasta de bancos a reprivatizarse, hasta lograr adjudicarse el Banco Internacional, penúltimo vendido por la administración Salinas. Junto a su hermano Ignacio manejaría la casa de Bolsa Prime, controladora de 12 sociedades de inversión, siendo propietario también de Aseguradoras La Latinoamericana y Seguros Interamericana, así como la arrendadora Aprime. Cuya familia controla el Grupo Penwalt, adquiriente de la paraestatal Cloro de Tehuantepec, logrando realizar el 5% de la producción de sosa del país. Siendo asimismo accionista considerable en Teléfonos de México, y aún más en Nacional de Cobre, además de ser propietario de industrias textiles.

Bernardo Garza Sada (Alfa), junto a su parentela, Eugenio Garza Lagüera (Visa), Adrián Sada Treviño (Vitro) y Zambrano (Cemex), venían a ser la cuarteta regiomontana de mayor relevancia dentro y fuera del país. Hacia 1993 el Grupo Monterrey, a más de 10 años del rescate que les brindó López Portillo, se mantenía a flote y reverdecía laureles, para que el Grupo Industrial Alfa ocupara un 3er lugar nacional manteniendo preponderancia en las ramas industriales de petroquímica, papel y cartón, hierro y acero, resinas y fibras sintéticas, además de participar en otros rubros manufactureros. No obstante lo cual, Alfa no tenía ya ni 20 subsidiarias habiendo tenido que pagar sus mayúsculas deudas con un porcentaje elevado de sus acciones -como ya se ha advertido en esta serie de artículos-, implicando la posible extranjerización disimulada de la propiedad de tal empresa, obvio, sin dejar de ser uno de los más importantes conglomerados del país. Por supuesto que también inmiscuido en el sector financiero, siendo Bernardo Garza Sada para ese entonces accionista importante en Banca Serfín, Inverlat y Seguros las Américas.

Cuajando de esa manera la configuración del empresariado Forbes aupado por Salinas que procuraba con unas cuantas famiglias empoderadas garantizar la continuidad neoliberal al unísono de permitir la prolongación de su liderazgo personal.

Empero, por esa data, la debilidad financiera de esta clase dominante-dominada ante los dueños de las finanzas mundiales los pondrían a merced del auténtico capital preponderante, siendo el mercado monetario su punto débil y objeto de apropiación, pasa a ser enajenado por el capital extranjero, pendiente de apoderarse del sector bancario como sector clave para ejercer la subordinación neoliberal.

Otro ejemplo del neo empresariado gestado por el Salinato venía a ser Raymundo Gómez Flores del Grupo Empresarial de Occidente, iniciado en los negocios del autotransporte, accionista mayoritario en Tres Estrellas de Oro, Norte de Sonora, Transportes del Pacífico y Autobuses Estrella Blanca, así como de centrales camioneras. Dando el salto con el ofertismo de las paraestatales al adquirir el Grupo Dina (Dina Autobuses, Dina Camiones, Dina Motores y Plásticos Automotrices Dina), haciendo el uno-dos con la compra de Banca Cremi. Otro caso de estos que fraguaba el ocaso de industrias y bancos nacionales.

Claudio X González vino a ser desde el Salinato el empresario correa de transmisión con el gobierno, el empresario enlace con la Presidencia procediendo a intensificar la ‘desincorporación de empresas que causan la obesidad del Estado’, incrustado por Salinas en el instituto de Estudios Políticos, Económicos y Sociales del PRI (IEPES), haciéndolo coordinador en áreas de inversión extranjera, al lado de José Córdoba Montoya, Jefe de la Oficina de la Presidencia, y de Jaime Serra Puche, fungía como el personero privado en las negociaciones del TLC, representando los intereses de los principales capitostes nacionales y/o extranjeros.

Teniendo participación considerable en la privatización de las industrias y en sí en la concreción del dominio oligárquico que la plutocracia mexicana instaura concretando el proyecto Libre Empresa S. A. de C. V. denunciado por Manuel Buendía a mayo del 84. (Vid artículo 3º de esta serie)

Hacia enero de 1990 el presidente Salinas le proporcionó ayuda suprema evitando que su empresa Kimberley Clark, acusada por la SEDUE de incurrir en omisiones e irregularidades por afectar el medio ambiente en San Juan del Río, fuese clausurada por más de un día…, con el favor de la presidencia a los dos días se reabrió.

Posicionado Claudio X González desde la década de los años 80 como un empresario-accionista, partícipe en el consejo administrativo de muy diversas cuan preponderantes empresas, tales como: Teléfonos de México, Nacional de Cobre, Samborns, Alfa, Grupo Minera México, Grupo Carso, Operadora de Bolsa, y el grupo financiero Banamex-Accival. Muchas de ellas empresas que habrían de consolidarse para llegar a ser las beneficiarias del orden plutocrático.

Desde el principio del la etapa neoliberal se hace presente como presidente del Consejo Mexicano de Hombres de Negocios (1983-85), para luego fungir como presidente del Consejo Coordinador Empresarial (1985-87). Puestos desde los cuales se ubica como el agente sobresaliente del sector privado-privatizador inmiscuido en la transformación del México entregado a los capitalistas. Eminentemente un ‘aperturista’ y privatizador a ultranza, abogado de la ‘modernización’ con participación de la gran industria extranjera, ‘porque si no arriba México no progresa’: como tal el empresario emblema de la privatización neoliberal y sus funestas consecuencias.

Para julio del 95 se le menciona incluido como consejero y accionista de empresas extranjeras como Kellogg Company, Chermical Bank International, Advisory Board, IBM World Trade Latin America. Su condición de empresario comienza en Kimberley Clark, pasando de ser un empleado a llegar a ser presidente y principal accionista.[2]

¿Extraña que recién se pronuncie este capitoste designando a ‘los buenos y los malos’ toda vez que a efectos de la política económica neoliberal por ellos implementada la situación social no hace sino empeorar para las mayorías? Preludio a la fascistización del dominio de la oligarquía en seguimiento de la ruta que el capitalismo imperialista le marca a las naciones del norte y del sur…. Seguiremos informando, lo seguiremos constatando….

Carlos Hank Rohn. El hijo mayor del Profesor, heredero en la Sociedad Industrial Hermes, creciendo bajo el paraguas de su llega a ser un prominente empresario aprovechando contratos otorgados por el Departamento del Distrito Federal,[3] pasando a incrementa sus propiedades con Industrias Campos Hermanos e Industrias Purina, diversificando sus actividades con la aerolínea Taesa así como con la concesión de distribuidoras de automotrices alemanes, no pudiendo faltar su incursión en los negocios monetarios con la Bolsa Interacciones, por igual también accionista partícipe en relevantes empresas tales como Grupo Embotellador de México (Pepsi), Prolar y Synkro, fungiendo como consejero partícipe en Banamex, Somex, Grupo Financiero Banacci, Seguros La República y la afianzadora Credimex, inmiscuido en la fuga de dólares por intermedio de un tal Roberto Polo.

Roberto Hernández Ramírez, un capitalista de nueva (de)generación y como tal beneficiado de las comilonas en la Bosa mexicana. La racista Business Week, lo ubicaba hacia 1993 como el barón del dinero de el ‘nuevo México’, quien hasta mediados de los años 80 era incapaz siquiera de mantener vigente su American Express.

Su negocio, la Casa de Bolsa Acciones y Valores, una de las privilegiadas en el boom bursátil, concentrando la sinergia de más de 8,000 inversionistas que aportaron casi 10 billones de pesos (viejos) para adquirir el banco más grande de México: Banamex, otorgado como compensación al haber perdido en la puja por Telmex; su fortuna personal se calculaba por aquel año en 1,000 mdd.

Jorge Larrea Ortega. Quien se quedó con la emblemática minera de Cananea en la gran subasta organizada hacia 1990, contando con el espaldarazo que le proporcionó Claudio X. González, quien así pasó a tener participación en el Grupo Minera México.[4] Larrea Ortega se convierte en el ‘zar del cobre’ acaparando el 90% de la producción cuprífera en México, la que alcanza para ser el 6% mundial. Magnate que también incursiona en la industria del aluminio.

Ángel Lozada. Dueño de la cadena de supermercados Gigante que por aquel tiempo era la principal competidora de Aurrerá, teniendo el privilegio de que sus acciones se llegaran a cotizar en bolsas estadunidenses. Propietario de las cafeterías Toks, de la tienda de electrónicos Radio Shack y partícipe en calidad de consejero propietario en Telmex, Condumex, Banamex, Banacci, Inverlat, Acciones Bursátiles y Seguros América.

José Madariaga Lomelí. Otro capitalista producto del mercado monetario, propietario de Probursa, vencedor en la subasta del Multibanco Mercantil de México, pasando a ser Mercantil Probursa, presidente de la Bolsa Mexicana de Valores, accionista en Grupo Sidek, Diana y Ericsson, por aquellos años Presidente de la Asociación de Banqueros de México.

Jorge Martínez Guitrón. Presidente del grupo Sidek de Guadalajara, un auténtico holding de empresas que incluyen el sector siderúrgico, metal-mecánico, turístico, inmobiliario, comercial y de servicios. Especializado desde 1988 en el rubro hotelero. Primer Grupo en cotizar en bolsas estadunidenses.

Adrián Sada Treviño, con el Grupo Industrial Vitro reconstituido se mantenía como el 2o emporio más importante de México, contando con 80 subsidiarias, ejerciendo un dominio en el mercado del vidrio, tanto en México como en Centroamérica y penetrando en los EU con Anchor Glass. Continuando asimismo su liderazgo en la producción de embaces de todo tipo, cristalería y grupos automotrices, prolongando su presencia en electro-domésticos, minería, química, petroquímicos, fibra de vidrio y su participación junto con Operadora de Bolsa en Banca Serfín.

Carlos Slim Helú. Para el fin del sexenio de CSG era indiscutiblemente el No.2 de los multimillonarios Forbes con una fortuna que dicha revista calculaba en ese tiempo en 2,600 mdd, sólo detrás de Emilio Azcárraga Milmo. Ubicación que estaba por modificarse, dado que el ‘Tigre’ iba en descenso y Slim en franco ascenso de sus caudales….

La fortuna de CSH se fraguó en el mercado de dinero, prosigue con la compra de empresas a bajo precio para rehabilitarlas y venderlas a una cantidad mayor. Pero la clave de su proyección a la cima es el haber sido el empresario consentido desde el primer sexenio neoliberal, haciendo de Grupo Carso un conglomerado que participa en muy diversas ramas tanto de la industria como del comercio y los servicios. No pudiendo dejar de ser poderoso en el sector bancario-bursátil con la casa de bolsa Imbursa, Seguros de México y participación en los bancos más importantes recién PRIvatizados.

Eloy Vallina. Dirigente del Grupo Chihuahua, emporio maderero más importante de México, contando con tres subsidiarias y con Intercerámic a la cabeza de la producción y comercialización de mosaicos y de empaques de envase de cartón, incursionando con Ponderosa Industrial en el procesamiento químico de madera.

Lorenzo Zambrano, magnate cementero que llevó a Cemex a expandirse a España y a los Estados Unidos tras de convertirse en la mayor cementera nacional, abarcando el 68% de producción de cemento y el 72% en concreto premezclado, habiendo absorbido a las cementeras del Grupo Anáhuac y Tolteca; a la sazón incursionando en la fabricación de maquinaria pesada y en turismo.[5]

Tales eran los principales beneficiados con la política pro empresarial a fines del Salinato, algunos en vía de consolidación, otros destinados a venir a menos o incluso a desaparecer del Olimpo de la Plutocracia. Como fue el caso de las fábricas de calzado Canadá, de Aurelio López Rocha, mientras que otros invitados estarían por arribar al festín de las fieras en México, como Ricardo Salinas Pliego al frente de otro consorcio de empresas diversas incluyendo participación con el Banco Azteca en el negocio monetario, y con Tele-Azteca en el Duopolio de la tara-visón que aqueja a México.

Monopolios que son la cúspide en la concentración de la riqueza, exhibiendo la efectividad de la política económica neoliberal implementada y por mantenerse como el modus operandi hegemónico incontrastable. Ubicando a México con el TLC como al Estado-nación ejemplar en el orden neocolonial que el capitalismo imperialista establece en su consumación, sí, acabando de consumir a la Tierra dominando nación por nación.

Aconteciendo que todos esos empresarios enriquecidos durante los años del mandato salinista -que ya sabemos fueron más de seis- fueron convocados por su Presidente y gestor para que contribuyeran con cuantiosas aportaciones rendidas en donativos con los que le retribuían al Partidazo un poco de las generosas dádivas que les concedió, en procura de asegurar la reproducción del status quo que un PRI ya completamente converso a ser un partido pro empresarial había impuesto, haciendo por continuar su hegemonía como partido supremo pero involucrado en la transformación neoliberal y por tanto hermanado con el PAN. Para peor condición de la Nación.

Cuando Salinas se ‘indispuso’ la misma agrupación de sus ahijados que seguía encabezada por Claudio X. González, se presentó ante Zedillo anunciándole que qué problema, ‘borrón y cuenta nueva’, los grandes negociantes estaban dispuestos a invertir 6,200 mdd en 1996. El rumbo y la dirección no deben perderse, por aquello de que ‘los gobernantes pasan pero las políticas económicas pro empresariales persisten en la etapa neoliberal’, (ligera modificación de la anterior cantaleta: ‘…, pero las instituciones persisten’). Presumiendo el capitoste epónimo del Salinato, de que ya habían invertido 4,400 mdd tan sólo durante el 95, con la certeza de que el país seguía teniendo viabilidad por su gran potencial mercantil y dado que los cambios estructurales realizados y en realización iban por el rumbo correcto, la oligarquía mexicana procreada y/o refortalecida durante el Salinato, a diferencia de su hacedor seguía navegando con el viento a favor.

‘CSG había sido el gran transformador de México’, doliéndole a CXG la situación por la que atravesaba, pero contra los ilícitos ‘no habría impunidad sino castigo, tal y como lo expresó el presidente Zedillo’.[6]

Veinticuatro generosos empresarios patrocinadores de la campaña presidencial del PRI, con Zedillo, mejor que con Colosio, podían continuar fortaleciendo sus negocios. Fueron 30 los invitados a la ‘supercena’ con charola de ‘25 millones de dólares por cabeza’. Siete de los cuales se encontraban entre los megamillonarios Forbes: Slim, Martínez Guitrón, Arango, Bailleres, Hernández, Romo Garza, Sada González y Servitje del ‘Osito Bimbo’. El ‘Tigre’ Azcárraga con más de 60 concesiones recibidas en el sexenio ubicaba a Televisa como a la empresa que concentraba mayor porcentaje de audiencia en medios electrónicos en el mundo. Así denunciado en la Cámara de Diputados por el propietario de Multivisión: Joaquín Vargas: “Televisa tiene la concentración más grande de medios electrónicos que exista en país alguno…”. Motivo por el cual el Tigre fue uno de los que con más entusiasmo le puso a la charola, encontrando eco su declaración: “He ganado tanto dinero en estos años, que me comprometo a aportar una cantidad mayor (a los 25 millones de dólares)…”.[7]

El dirigente bancario José Maradiaga Lomelí no estuvo presente a pesar de la invitación, recordándose que ya había participado en el enaltecimiento de Salinas a fines de su sexenio: ‘Carlos Salinas pasará a la historia de México como el presidente impulsor de nuestro país hacia la modernidad…, con una visión hacia el siglo XXI, constituyéndose en el líder de este movimiento para toda Latinoamérica’ (sic).

Salta a la vista que la modernización neoliberal en México cumplía cabalmente con los propósitos que la configuraron: beneficiar a unos cuantos mega empresarios…., en detrimento de la condición económica del país y así de la mayoría de los ciudadanos afectados por esa concentración monopólica de capital privado.

La Reprivatización, un Atraco a la Nación

La Nacionalización (expropiación) de la Banca decretada por José López Portillo en septiembre de 1982 no la hizo fungir como tal, es decir, la Banca no fue puesta al servicio de la sociedad, sino que fue una ‘paraestatal’ más en manos de un Estado que de estar afectado por la intensa corrupción pasaba a estarlo, además, por una fiebre privatizadora, viniendo a ser una institución incómoda, desacorde con los programas de gobierno abiertamente pro iniciativa privada y así pro entrega de las paraestatales al empresariado.

La Bolsa había sido el refugio de los barones del dinero durante el sexenio de Miguel de la Madrid, su fortaleza desde la cual fue creciendo la nueva (de)generación de agentes monetarios a lo capital agio que el capitalismo imperialista de los monopolios auspicia, respalda, apadrina, solapa.

En el México del Salinato cabría hacer la siguiente distinción precisa que desmiente los supuestos de la nacionalización y su consiguiente reprivatización: “En realidad la banca nunca estuvo al servicio de la nación; por el contrario, funcionó parcialmente hacia el Estado y totalmente para el gobierno. Se necesitaba una banca nacional y se contó con una institución gestora de la deuda pública gubernamental”.[8]

Una de las intenciones que se aludían para efectuar la reprivatización era la de que se evitaría su monopolización, por igual que los créditos preferenciales, manteniéndose de seguro la propiedad con banqueros nacionales. Pudiéndose constatar desde aquel momento que tales postulados eran meros anuncios propagandísticos propios del engaño demagógico, y como tales desmentidos por la realidad prontamente, pues en los mismos procedimientos de venta se procedió con tendencia a entregarlos a neo banqueros no aptos para cumplir con los propósitos anunciados, en su condición de ser agentes inclinados a lo opuesto y solapados si no es que incitados por el propio gobierno y su nueva legislación bancaria laxa, a la manera neoliberal.

El perfil de los neo banqueros los ubicaba como neo empresarios obrando en pro de la concentración de capital a la mayor intensidad y a la menor brevedad posibles. Uniendo sus empresas con los bancos, aquello era propiciar monopolios capitalistas a la más pura esencia neoliberal que no favorece la competencia.

Agustín Legorreta aludió a que unas 300 familias se hacían con el control de la Banca, pero exageró, ni siquiera a 200 llegaban: “Estos son los poderosos que han dominado en los últimos años, ellos son los que se quedarán con la banca; el resto de los accionistas servirán para ‘taparle el ojo al macho’”.[9] Por aquello de los muchos accionistas pero unos cuantos son los capitalistas.

Los neo empresarios aupados por los tecnócratas se convertían en neo banqueros para cuando muchos de ellos ya se habían curtido en las casas de bolsa mostrando su exaltada pasión por el lucro especulativo.

Supuestamente se procuraba diversificar las acciones, mero truco que no evitaba la concentración de acciones bancarias al portador, destinadas a caer en manos de los grandes propietarios capitalistas, los auténticos dueños y señores del quehacer bancario.

‘El mercado deificado’ imponía leyes a su favor, la globalización obligaba a la creación de la Gran Banca, capaz “de hacer frente a las grandes y complejas operaciones monetarias y financieras, necesarias a nivel nacional e internacional”.[10]

Asunto delicado y de gran importancia el que esta ‘Gran Banca necesaria’ funcionara acorde con las necesidades de la Nación, así fuera fungiendo en favor del gran capital nacional, pero ni eso…. La agravante radicó en generar el peor de los escenarios posibles, pasando de su privatización…, a su extranjerización.

Pues he aquí el que aconteció una (re)privatización de hurtadillas a escondidas de la Legislatura en turno, faltándose a los más elementales procedimientos éticos y civiles.

Si el Banco BCH se le otorgó a Carlos Cabal Peniche (ya en el artículo No. 5 de esta serie nos hemos ocupado del caso), ocurría que para septiembre del 95 estaba prófugo de la justicia oficial, acusado de fraude. En otro caso: Ángel Rodríguez, el nuevo propietario de Banpaís, hijo del magnate de los autotransportes Isidoro Rodríguez, había sido acusado de fraude en su desempeño en la Bolsa; data en la que Banca Serfín se entregaba a Operadora de Bolsa, la institución bursátil que más acusaciones en contra recibió por fraudes cometidos en la enaltecida institución de lucro privado durante el sexenio pasado. Otro caso era el de Banca Cremi, concedida en venta a Raimundo Gómez Flores, ‘repentino industrial sin experiencia financiera’.

Un muestrario de la banalidad con que se procedió a privatizar tan importante sector entre junio del 91 y julio del 92, 18 bancos vendidos a nominalmente 13,000 billones de viejos pesos, no conociéndose los nombres de todos los inversionistas, nada más de quienes formaban los grupos de control.[11]

Se sospechó que en algunos casos fue el propio gobierno quien apoyó con recursos del erario al comprador, predisponiendo su venta preferente a como durante el Salinato fue costumbre acorde con el propósito de procrear una élite empresarial transexenal a su favor. Esto es, neo políticos y neo empresarios coludidos en el contubernio neoliberal de entregar el Estado al capital privado y tornándose ellos mismos en funcionarios públicos a su servicio, o en seguimiento, pasando a ser empleados de corporaciones transnacionales apreciados por la información privilegiada con que cuentan, profesión en la cual el Doc. Zedillo es el mayor ejemplar exitoso que la tecnocracia mexicana ha producido.

Llegándose incluso a mencionarse que en la compra de algunos bancos se empleó dinero de narcotraficantes. Pero ‘nada de eso se sabe’, pues en la desincorporación se obró con ‘total discreción’.

Fue el caso de que en la Comisión de Vigilancia de la Contaduría Mayor de Hacienda, presidida a la sazón por la priísta Laura Alicia Garza Galindo, hizo caso omiso de las peticiones de revisión de los procedimientos de venta, la información se negó repetidamente, en un ocultamiento que fue solapado por la mayoría priísta en las Cámaras.

‘Faltan documentos claves, de vital importancia, para comprender cabalmente la reprivatización bancaria’, dicho esto por Juan Antonio García Villa, presidente de la Comisión de Vigilancia de la Contaduría Mayor de Hacienda, para cuando a septiembre del 95 ‘se detectaban serias irregularidades y no pocas corruptelas en el ejercicio del gasto público de aquel año’. Mientras que en el caso específico de la enajenación de los bancos poco sabían los legisladores, “porque de acuerdo con el principio jurídico de anualidad, el caso de la venta de los bancos ya está cerrado”.[12]

En sí, tal fue la norma como se procedió en la entrega de paraestatales, con ‘libros blancos’ y expedientes de desincorporación imprecisos, faltando “actas de recepción de ofertas, contratos de depósitos de garantía, actas constitutivas de las empresas a las que se asignaron las ventas, documentos con los que los compradores garantizan los pagos, y (pago de) enteros a la Tesorería de la Federación o a Nacional Financiera / Así, por ejemplo, los contratos de compraventa de 12 ingenios fueron suscritos de forma extemporánea, y no se localizó evidencia documental de autorización para venderlos ‘por debajo de 80% del valor mínimo de referencia’”.[13]

Un argumento preferente que fue originalmente aludido como pretexto para proceder a la reprivatización de la Banca indicaba que ‘en el servicio público de bancas y crédito no era prioritario la propiedad y el control del Estado’. Habiendo “Salinas enviado a la Cámara de Diputados, el 2 de mayo de 1990, una iniciativa de reforma a los artículos 28 y 123 constitucionales, con la que dejaba a la banca y al crédito en apenas ‘una actividad muy importante’, pero no estratégica ni prioritaria; susceptible, por tanto, de ser controlada por los particulares” (sich). El supuesto propósito anunciado de que se procedía a ‘asegurar que la banca fuese controlada por nacionales’, se encaminaba hacia lo contrario, el fracaso se avizoraba.

Mero solapamiento de una política pro empresarial que necesitaba de ambages para disfrazar su naturaleza pro capitalista, pro monopolista, pro extranjerizante, pues tal fue el principio de la enajenación de la banca a particulares en tránsito a ser entregada al capital extranjero. Proceso por el que se pueden canalizar innumerables empresas nacionales enganchadas al extranjero por sus defectos funcionales y la potencial intención del capital metropolitano por apropiarse de lo que más les convenga de un país abierto de par en par a su injerencia, pudiéndose adquirir empresas claves para el funcionamiento de una economía auténticamente nacional, toda vez que ‘no son ni importantes, ni prioritarias’…, sí, para un gobierno comprometido con el Capital y no con la Nación.

El fomento del ahorro interno, ‘su canalización óptima y suficiente a la inversión productiva’, se convirtió en todo lo contrario; la ‘visión de largo plazo’ que debían tener los neo banqueros, fue todo lo contrario, de por sí cortoplacista y apurada por recuperar a la mayor brevedad lo gastado en su compra; la especulación de unos cuantos, los propios propietarios, se efectuó en su favor, trasladando tan nociva práctica de la Bolsa a la Banca.

Postulados del supuesto funcionamiento requerido para mejorar el rendimiento con la banca privatizada que eran un contrasentido dada la reciente experiencia de lo acontecido con los fraudes en la Bolsa.

En la caída rápida y estrepitosa de la Banca tuvo mucho que ver la praxis gansteril de algunos neo banqueros asimismo bolseros, los preferidos y consentidos por la administración salinista. El ya mencionado Ángel Rodríguez ubicado en la Casa de Bolsa Mexival, venía a ser otro ejemplo de neo banquero con antecedentes fraudulentos en su reciente operar bursátil, puesto que Mexival había sido acusada de fraude en el crack del 87: “al grado de que dos de sus altos funcionarios, Juan Carlos Fernández Cueto y José Francisco Rodríguez Dupont, fueron detenidos y encarcelados, junto con Eduardo Legorreta Chauvet, de Operadora de Bolsa, en febrero de 1989”. Síguese de eso el que a marzo del 95, Banpaís fuese intervenido por la autoridad: “Las causas: infinidad de operaciones irregulares, como autopréstamos, préstamos de complacencia a los accionistas, triangulación ilícita de operaciones, créditos relacionados, faltantes de capital e insuficiente provisión de reservas, utilidades infladas, falseo de información a la autoridad, entre otras bondades”.[14]

La competencia requerida para que los costos del servicio e intereses fueran bajos, nunca ocurrió. Desde antes que se procediera a la entrega a los ‘señores de las moscas’ no se percibían “contrapoderes que rompiesen el bloque unificado de los barones y los obligue a actuar con sentido bancario al mismo tiempo que (al menos) limite los excesos de su fiebre especulativa / Naturalmente que todos estos problemas, que son muy graves, tienen como origen esa ley que reprivatizó la banca y cambió las reglas del juego en los mercados monetarios y financieros”.[15]

Como lo apuntó tempranamente Juan Castaingts (marzo de 1990), de cuando acá ‘los 300 supuestos banqueros eran símbolo de la nacionalidad y garante de honorabilidad’.

En la relación de inflación → devaluación → fuga de capitales → incremento de la deuda externa, en tal secuencia los nuevos propietarios habían jugado un papel de villanos prominentes al causar daño a las finanzas auténticamente públicas haciendo transas (sí transacciones) en la Bolsa y sacando dólares.

La deuda externa es uno de nuestros principales problemas, uno de los orígenes fundamentales de la deuda externa es la fuga de capitales. Buena parte de los barones del dinero, han sido los que más han sacado su dinero; la especulación monetaria ha sido la norma de muchos de ellos; la muestra es el brutal renacimiento de la ECONOMÍA CASINO; todavía no se apropian de la banca y ya de nuevo en la bolsa la especulación es la norma”.

Señalizándose la más que notoria tendencia al capital agio detentada entre los neo banqueros elegidos por el gobierno, peligro latente por su orientación especulativa: “Desde mi punto de vista, el principal problema con los barones del dinero, es que ellos han actuado como un grupo monolítico en términos económicos y políticos. La banca controlada por un grupo monolítico (que además ama la especulación) es un peligro importante. Como en México no hay grupo de poder que se les oponga, éste es un hecho que plantea un grave problema”.[16]

Los cambios designados por el absolutismo neoliberal que hizo imperar Salinas, modificó drásticamente las condiciones en el mercado monetario, detectándose dos diferencias fundamentales a comparación de la situación presente hacia 1982: “a) en aquellos tiempos los barones del dinero tenían contradicciones y había competencia entre ellos, hoy constituyen un grupo monolítico: b) aunque con muchos problemas (mal uso del poder, corrupción, etc.) en aquellos tiempos había un poder estatal que se les oponía e incluso, en ocasiones, los dominaba; hoy hay una integración profunda entre este grupo y el aparato de Estado”.[17]

El neoliberalismo practicado por los tecnócratas catequistas del Consenso de Washington desamparaba a la Sociedad liberando el agio bursátil y ahora bancario, propio de los empresarios banksters que venía procreando, puesto que como buen capitalismo de periferia, era el Estado el que a fin de cuentas se ocupaba de implementar el marco proclive a la aparición de neo empresarios que pasan a ser neo banqueros.

¿FOBAPROA?, NO, ROBAPROA (Sus inicios)

La Ruta del Fobaproa comienza con la venta mal hecha de los bancos rematados algunos a sobre precio otros infravalorados y con facilidades otorgadas por el propio vendedor, para cuando las metas felices se contemplaban en el horizonte en pleno embeleso de la ‘modernización’ en curso, augurándose un crecimiento económico continuo con incrementos considerables en el PIB para el 92-93 y el 94, superiores al 4%, y así por el estilo.

Que la venta de las paraestatales además de dar para ir pagando la deuda externa alcanzaba para ciertas obras pública, como carreteras con sus puentes y edificaciones deslumbrantes como la Torre de Pemex. Más aparatosidad que obras bien realizadas a costos reales y no inflados, toda vez que la privada iniciativa quedaba a cargo de ellas, y como en tal sector lo que cuenta es obtener los mayores beneficios, estos se obtienen en detrimento de las construcciones, y para peor, los criterios tecnocráticos edificativos promueven obras no óptimas ni necesarias.

Pero las cuentas alegres y las predicciones halagüeñas tenían que desvanecerse en la cruda realidad del México neoliberal, parangón del ‘desarrollo’ que garantiza un mayor subdesarrollo, presunción de modernización que sume en la mayor dependencia, en la persecución siempre inalcanzable de la modernidad primermundista por imposible en el dominio-mundo capitalista.

Años en que la Asociación de Banqueros de México se quejaba de que su negocio recuperado ‘por el sector dinámico y capaz’ no redituaba lo que se había contemplado al adquirirla, echándole la culpa al gobierno de haberles vendido entidades caras y en mal estado, atrasadas en su funcionamiento operativo, pasando a ser un mal negocio irrecuperable.

A tres años de haber concluido la reprivatización, puesto que el último banco se vendió en julio del 92, el valor comercial del conjunto de bancos había caído a 6,500 mdd, habiéndose pagado casi 13 mil millones por ellos, de un valor total considerado en 19 mil millones, quedándose el gobierno con el faltante.

Y si el arranque fue halagüeño, en el mismo 92 las utilidades comienzan a caerse al unísono de que la cartera vencida se incrementa de 55 mil millones de nuevos pesos a 80,000 millones. Que el boom de la Banca reprivatizada fue efímero, habiendo llegado con las ‘mejores intenciones’ de recuperar en corto tiempo lo invertido en su gloriosa adquisición, contando con el respaldo del vendedor y su apertura privatizadora que estableció nuevas normas (des)regularizantes a su favor; las que, por ejemplo, permiten a los banqueros fijar libremente las tasas de interés, en un marco que tendía hacia la concentración del grueso de capital en unos cuantos megabancos, inhibiendo la competencia y fomentando los excesos y las prácticas abusivas, procreando una situación calificada de semejante a la habida en 1982. Vuelta a lo mismo, vuelta a la derecha.

Teniendo en el caso del Grupo Financiero Banca Cremi-Unión, de Carlos Cabal Peniche, a la instancia más agresiva en excesos e irregularidades cometidas.

Subidos al tren sexenal, los números negros se fueron tornando rojos, como en sí la generalidad de las cuentas sexenales, conforme el impulso de las reformas y la reprivatización con sus fondos reducidos se iban mermando. Como el borracho que vendió la vaca en la feria para medio pagar la cuenta y seguir embriagándose hasta despertar en la cruda realidad: sin vaca, sin leche, sin carne y con una deuda mayor. Que el auge de la modernización dio para un flamazo.

La venta le significó al gobierno una cauda de 38,000 millones de nuevos pesos (mnp), menos 1,400 retornados por supuestas fallas de avalúo, dinero tendiente a evaporarse en gastos y pagos improductivos, mientras los banqueros incrementaban los intereses en procura de recuperar en lo inmediato lo empleado en su compra; voracidad bancaria que se constata en el incremento de los márgenes de utilidades.

Así en el 91 las utilidades netas de la Banca fueron de 3,862 mnp; 6,007 en el 92; 8,392 en el 93 y 5,248 en el 94, representando un incremento del 64.6% en los ingresos de operación y de un 61.4% en ingresos por empleado; con un margen de utilidad –el cociente entre la utilidad neta y el ingreso financiero- que pasaba de 2.0 en 1983-85 al 3.6 en 86-88 (banca gubernamental) a un 5.2 en 89-91 (banca salinizada), y a 6.6 en el bienio de la recuperación privada 92-93.[18]

Los excesos cometidos por los neo banqueros le dieron línea al propio gobierno que los propició para proceder a autorizar la apertura de otros bancos con el propósito de incentivar la ‘sana competencia’; en realidad abrían la ventana para que comenzara a colarse la banca extranjera, así fuera primero en calidad de subsidiarias, acorde con lo concertado en los acuerdos recién firmados del TLC. Habiéndose autorizado hacia 1993 el arribo de 17 subsidiarias de bancos extranjeros y 19 bancos mexicanos de efímera vida, contemplándose en la proximidad permitir la entrada de un total de 21 filiales de instituciones monetarias extranjeras.

Fue el caso de que la crisis de fines del 94 hizo descender drásticamente el margen de utilidades en el sistema de la banca múltiple, pasando del 6.9% alcanzado en diciembre del 93, a un 2.6% al año siguiente; mientras que la rentabilidad del capital cayó estrepitosamente del 39% al 12.6% en el mismo lapso, en tanto que en lo concerniente al rendimiento sobre activos, éste pasó de 1.6% a 0.6%, y el margen de interés neto descendía de 6.9% a 5.9%. En suma, un pobre desempeño, que se tradujo en una reducción nominal de casi un 60% en las utilidades netas.   Para cuando algunos de los bancos preponderantes fueron los más afectados, puesto que tales utilidades netas en Banamex cayeron 63.4%, las de Bancomer, 55.4%, las de Serfín, 91.8%; las de Inverlat, 49.3%; las del Banco Internacional, 61.1%, las de Banco Mexicano, 99.5%.[19] Inclúyase que el propio Serfín, Inverlat, Bital, Confía, Del Centro y Oriente, todos ellos habían descendido al nivel mínimo de capitalización recomendable: un 8%.

Estas malas cuentas en el prontuario de los barones del dinero representaban condiciones peores para los usuarios, quienes se veían afectados con el incremento continuo de su cartera vencida, la que en números totales repuntó de un 25% al terminar el 94, agravándose al subir a un 45% en los tres primeros meses del 95, para lindar en los 80 mil millones de nuevos pesos, 80 billones de los viejos. Y para rematar el devalúo bancario, el conjunto de la Banca mexicana tenía concertada un deuda con la banca exterior por casi 21 mmd, a pagarse en ese año.

Ante tal depreciación, y a tan solo tres años corridos de modernización privada, de nueva cuenta y a cuenta del erario, el gobierno que alentó, aupó e hizo creer que la ‘vuelta a sus mejores dueños’ haría de la banca el pilar del desarrollo, resultaba que requería urgentemente de la intervención del Estado implementando el Programa de Capitalización Temporal (Procapte). Programa de rescate que para pronto incluyó a las principales instituciones bancario bursátiles, fungiendo cual fideicomiso financiero administrado por el Fondo Bancario de Protección al Ahorro (sic), emergiendo el FOBAPROA como una entidad gubernamental creada ex profeso para rescatar a sus engendros monetarios del fracaso y volverlos a levantar, todo a costa del erario y por tanto del gasto público, y por tanto significando la afectación de la economía nacional.

Serfín aparecía inaugurando Fobaproa con 3,200 mnp, cantidad a precios actualizados superior en 572.2 millones a lo que recibió el gobierno tres años antes por su venta. A otra joya de los neobanqueros que hicieron su capital en las correrías de la Bolsa la década anterior, Inverlat de Agustín Legorreta, se le proporcionaban 1,400 mnp, algo más de la mitad de su precio de venta por 2,706 millones. El éxito repentino se tornaba en fracaso sepulcral.

Así por el estilo, Bital recibía 700 millones habiendo sido vendido en 1,487, a Confía se le confiaban 425 mnp para que resarciera sus apremios; al Banco del Centro le tocaban 452 generosos millones, la mitad de su precio de venta, y al Banco de Oriente se le apoyaba con 311 mnp habiendo sido entregado a los hermanos Margáin Berlanga en 223.22 millones.

El generoso monto de apoyo prestado por Procapte-Fobaproa sumaba el total de 6,488 mnp el 31 de marzo del 95, 2,518 millones menos de lo que había costado los seis bancos primeramente rescatados. ¡Atraco a la Nación! ¡Artera imposición!

Pero ojo, que lo más nocivo del fracaso bancario estaba fraguándose subrepticiamente. De acuerdo con el programa de rescate, “si al cabo de cinco años los bancos socorridos no pueden liquidar el crédito, corren el riesgo de que el gobierno venda los paquetes accionarios a inversionistas nacionales y extranjeros”.[20] Anunciándose el siguiente paso en dirección a su entrega al capital extranjero como consecuencia del fracaso fraguado por el gobierno y efectuado por neobanqueros con su voracidad. Y quién pierde, este solo fracaso desmentía el proyecto de progreso programado por el ‘liberalismo social’, entregar la banca representaba entregar el pilar del supuesto desarrollo que conducía a México hacia el Primer Mundo.

En esta misma operación de rescate el Fobaproa intervenía concediéndoles créditos en dólares para que pagasen sus obligaciones con el extranjero, requerimiento indispensable de toda banca periférica que no quería quedar mal con el centro-dólar, puesto que como tal dependen del centro emisor.

Lo importante del caso, había que tomar consciencia, venía a ser que el gobierno neoliberal a tres años de haber augurado el éxito del sistema financiero privatizado, pasa a efectuar su rescate presuroso ante su total cuan repentino fracaso; y todo eran pérdidas públicas que dan lugar a la entrega de un sistema financiero que deja de ser nacional. Desembolsar 17 mil mnp para salvar momentáneamente a neo banqueros tan pronto desinflados es un fracaso sobre otro, excavar más hoyos para tapar un pozo sin fondo, pasando a representar ‘un costo público cargado al contribuyente cautivo en el fisco’, tal y como se hace ver en un documento confidencial que daba cuenta de la política monetaria para 1995, presentado ante autoridades usamericanas de parte del gobernador del Banco de México Miguel Mancera: “El costo de la operación de rescate de los bancos será absorbido por la política fiscal[21]. Ergo, entiéndase, la sociedad, el trabajador cautivo, contribuyente tributario, paga la voracidad de los mercaderes del dinero incentivada por un gobierno auto enajenado con las privatizaciones y así gestor del atraco a la Nación.

El Impuesto al Valor Agregado incrementado (IVA), pasa a ser en realidad la sustracción al sustrato público obtenido del trabajo nacional, arrancado para solventar la deuda causada por las ineficiencias fomentadas por el mal gobierno y los voraces gana-dineros, al unísono de que el costo de este fracaso monetario repercutía en disminuir el poder adquisitivo, con salarios que nunca alcanzan el porcentaje del aumento de los precios, impuestos y precios dispuestos para pagar la deuda e(x)terna.

A mediados del 95 el proceso de afectación a los bancos se veía encaminado a su enajenación al extranjero empleándose los artilugios propios de la maquinación imperialista.

Una institución monetaria de ‘prestigio mundial’, llamada Thomson BankWatch Inc., calificadora de la condición bancaria calculando el grado de riesgo con 9 cartabones, procedía a hacer pública la calificación del conjunto de la Banca mexicana, dando cuenta del estado de los cinco preferentes: Banamex, Bancomer, Serfín, Banco Internacional y Multibanco-Comermex, todos los cuales fueron considerados como instituciones de alto riesgo.

No vale la pena dar cuenta de los criterios incluidos en cada cartabón clasificatorio del uno al nueve, solamente observar que en el noveno y último escalafón, se desahucia la viabilidad del banco no quedándole más remedio que la ayuda externa, ‘regulatoria o de otro tipo’. Ninguno de los bancos era ubicado todavía en ese zócalo, pero ya su ubicación baja servía para exhibirlos y devaluarlos en los circuitos internacionales.

El efecto de tal clasificación cuan arbitraria como no deseada, proveniente de una entidad del centro monetario no viene a ser fortuito ni a dejar de tener sus repercusiones negativas, puesto que inducia a las grandes empresas transnacionales ubicadas en México a no colocar sus depósitos o a que no invirtiesen a través de dichas instituciones nacionales. Kimberley Clark, Procter & Gamble, Colgate o General Motors preferían no colocar sus depósitos o invertirlos aquí en México en resultas de la calificación realizada por BankWacht.[22]

La devaluación del inicio de sexenio pasó a afectar de manera drástica a los flamantes neo banqueros complicando su manejo atrabancado en búsqueda de la ganancia inmediata. Y aunque el apoyo gubernamental solícito se concedía, una vez más para salvarlos de la quiebra, 40,000 mnp. El daño era irreversible y su condición de declive iba en tobogán.

Las utilidades venían en picada, inferiores en un 43.6% a las registradas en el último trimestre del 94. La ayuda concedida a través de Fobaproa y Procapte, por un monto a la fecha de 39,765 millones de nuevos pesos, los mantenía a flote pero con la quilla agujereada.

El desbalance era drástico, la banca recién privatizada vivía de prestado, puesto que en los primeros cuatro meses del año prestaron al usuario una cantidad menor a la que recibieron del gobierno: 25,204 mnp, viéndose afectada por una continua pérdida de activos y con una creciente cartera vencida cercana a los 100 mnp, representando un 15% de su capacidad.

Disminuyendo su valor de 15 mil millones en el 92 a una tercera parte, y los neo banqueros podían culpar la devaluación y la compra a precios elevados, pero su funcionamiento avorazado por interés propio fue el causante de su pronto deterioro.

Cometiéndose errores o teniendo debilidades desde el traspaso, así lo detecta Alfonso García Macías, ex director de la banca nacionalizada: a) en varios casos los grupos adquirientes carecían de solvencia financiera “para poder con el compromiso, orientándolos a buscar apoyos en otras fuentes de fondeo para poder digerir la compra, con graves consecuencias de diversa índole: préstamos interbancarios a los accionistas, auto préstamos obtenidos de los propios bancos adquiridos, apasivando a sus empresa, o bien, otorgando créditos a empresas fantasma”. Todo lo cual limitó la función de apoyo a la planta productiva; b) en algunos casos las alianzas originales terminaron por reventar, pasando el control con el traspaso de acciones a otros propietarios; c) el avorazamiento de los nuevos gana-dinero repercutió en los costos al usuario: “ya que se incrementó en forma sustantiva el costo de los servicios y los spreads agregados al costo de fondeo de los bancos en sus operaciones activas”; d) inexperiencia y aplicación de criterios propios de la privada iniciativa, despidiendo personal con experiencia substituido por ejecutivos tipo junior, mejor pagados pero con peor desempeño: “como consecuencia la calidad de los servicios se ha venido deteriorando en forma alarmante, y algunas operaciones que son fundamentales para una economía moderna prácticamente han desaparecido”; e) un punto de mayor consideración porque implica la responsabilidad de los neo banqueros: El abuso de auto-préstamos: “El crédito se ha canalizado, en parte, para empresas de los propios accionistas, dándoles prioridad en relación con el resto de la clientela y a veces en condiciones preferenciales de tasas, para apoyar el financiamiento de las acciones adquiridas”. Lo que se complementó con otra deficiencia al faltar la canalización de recursos como “apoyos al proceso de modernización del país”. Representando un contrasentido en el propósito de fondo de la política supuestamente emprendida en pro del desarrollo moderno, imposible sin una banca nacional activa en su función financiera; f) por sustitución de las deficiencias en el cumplimiento de su función crediticia, aparecieron arrendadoras, uniones de crédito y empresas de factoraje, una segunda banca que tuvo gran auge en los últimos cuatro años, intermediarios que otorgaban el crédito sustituto sin regulación ni supervisión, sin experiencia, casi de manera experimental.[23]

Un sinfín de irregularidades se venían efectuando en la banca reprivatizada, conduciéndola a su derrumbe. Bancos importantes como Banpaís, Unión-Cremi, Grupo Havre, una Caja de Fomento, una Unión de Crédito etc., ejemplificaban cómo cantidades considerables de recursos fueron a parar “a manos fraudulentas, representando pérdidas para el gobierno y para el país en su conjunto”.[24]

A Multibanco Mercantil Probursa, por compra de cartera, Fobaproa le había ya inyectado 4,700 mnp, cuando que tan sólo habían pagado por su compra 611 mnp. No obstante el apoyo gubernamental, Probursa daba los primeros pasos en la transferencia de propiedad a extranjeros, comenzando por realizar una ‘asociación estratégica’ con el Banco Bilbao Vizcaya, el que a cambio de 350 millones de dólares, tomó el control de Multibanco, pasando a detentar el 70% de las acciones. Buen comienzo de ruta a ser imitado en la concesión de más bancos a extranjeros.

Banpaís era todo un ejemplo del fracaso reprivatizador. El adquirido por el Grupo Mexival que hemos dicho encabezaba Ángel Rodríguez, a tres años requería de un salvataje por 545 mnp, con la agravante de que: “En esta empresa se estima que existen importantes desviaciones de recursos en apoyo de los accionistas y operaciones fraudulentas. La intervención del banco implica su saneamiento, capitalización y futura venta”.[25] Reformado, reprivatizado y a los tres años vuelto a rescatar para volverlo a ofertar, se les debía antojar su venta al extranjero como una nueva modalidad.

Banca Cremi, fusionada con BCH para ser Banco Unión de Cabal Peniche, vino a ser el caso extremo, escandaloso, defectuoso; su elevado rescate lindó los 24,000 mnp, cifra por demás elevada y onerosa, si recordamos que sus noveles propietarios habían tan solo pagado 2,100 mnp por la adquisición tanto de Banpaís y Banco Unión, así como por el 67.7% de las acciones de Banca Cremi.

Otro Banco destinado al escándalo lo era Banca Confía, adquirida por el Grupo Abaco de Jorge Lankenau, para pronto haciéndose notar de manera negativa, pues si pagó 892 mnp por su apropiación, a la sazón ya había recibido un apoyo por una cantidad cercana al 50% de dicha cantidad, y cabalgaba en caballo del cerro de la silla rumbo a su intervención…

El también de Monterrey, Adían Garza Sada, junto a Gastón Luken, adquirientes de Banca Serfín por 2,827 mdp, como Grupo Financiero Obsa, fueron responsables de su pronto fracaso: “De acuerdo con información no oficial, el deterioro de la cartera de Serfín ha provocado una fuerte descapitalización del banco, obligando a apoyos del Procapte que se estiman superiores al 150% del valor de venta del 51% de las acciones adquiridas por dicho grupo, siendo el banco con mayores pérdidas reales durante el primer trimestre del año en curso”.[26]

Comermex, convertido en Inverlat, adquirido por un grupo de inversión liderado por Agustín Legorreta en 2,700 mnp, estaba ya siendo saneado con el equivalente al 52% de su precio de venta. Y ante su desestabilización ya buscaba ‘asociarse’ con el Banco Nueva Escocia de Canadá.

Banco Internacional, banco abaratado en su venta, concertada a un 51% de su capital, adquirido por el Grupo Prime de Antonio del Valle Ruiz. No desentonaba con los congéneres al presentar graves problemas de cartera vencida, requiriendo el apoyo de Procapte por el equivalente a la mitad del precio de su venta.

Aquello era la apoteosis del fracaso estrepitoso de uno de los fundamentos de la modernización desarrollista. Desmintiendo los postulados neoliberales de que la privatización de las entidades financieras dotaría a las empresas productivas del capital requerido para su crecimiento, resultando en lo contrario.

A mediados del 95 el apoyo otorgado a 10 de los 18 bancos reprivatizados rebasaba los 40,000 mnp, cantidad ya mayor en 6% al total obtenido por el gobierno con su venta.[27] El amañado cuan viciado proceder de sanearlos para venderlos y volverlos a rescatar, defecto de una política cien por ciento pro empresarial, ahora tras la recurrencia en el círculo vicioso, ponía a la banca mexicana en ruta a una ‘solución final’ para peor, privatizarlos al capital extranjero.

Tal ruta se estaba delineando cuando en la propia Cámara de Senadores se acusaba a los neo banqueros de incurrir en ‘prácticas de agio y usura, preocupados más por las cotizaciones en Wall Street que de servir al país’. Exigiendo los senadores al ejecutivo acciones más enérgicas a favor de los deudores. En realidad, estas aparentes intervenciones y peticiones en pro de la protección de los afectados de abajo iban encaminadas a tener un efecto inverso con el Fobaproa convertido en Robaproa, no favoreciendo a los deudores, sino todo lo contrario, a los acreedores. Efecto perverso a lo Hood Robin de corazón auténticamente neoliberal. Asimismo y para peor, la presión contra los neo banqueros en tales momentos coadyuva a su entrega al extranjero.

La imprescindibilidad de los bancos en la sociedad monetizada juega a su favor en cuanto que resultan indispensables para la reproducción del sistema de mercadeo. Manejando el ahorro social para financiar los proyectos rentables de crecimiento. Tan imprescindible función en el mundo dominado por la posesión de capital, les garantiza su presencia indiscutible dentro de la economía burguesa, pero si el ahorro del contribuyente en general es tan importante, a más de los impuestos, el Estado debe ser quien los administre, un Estado integrado por funcionarios capaces y honestos, no los corruptos incapaces que suelen echar a perder la función pública.

Pero no, los bancos son un engendro del Capital y como tales instrumentos del sector privado para beneficio propio.

Para Ricardo Guajardo Touché, por aquel entonces director general del Grupo Financiero Bancomer y vicepresidente de la Asociación de Banqueros de México, ‘el apoyo brindado por instancias gubernamentales al no pago era una propuesta meramente populista que no resolvía el problema de la cartera vencida, pasándole para peor efecto la factura a la sociedad entera’; ‘porque alguien tiene que pagar’. Y efectivamente, la disposición funcional determina que las pérdidas son absorbidas por el contribuyente cautivo, máxime bajo la égida neoliberal programada para socializar las pérdidas y privatizar las ganancias de manera estructural y así fomentada en las instituciones y sus procederes vigentes; máxime las desregulaciones ex profeso concedidas para beneficiar el agio capitalista y la entrega de las instituciones a voraces personeros de la estirpe mammónica – plutócrata (y no es albur).

Las protestas de deudores insolventes eran tan naturales como inevitables, empero, se percibía en el ambiente un impulso de mano invisible –más precisamente la mano pachona imperialista.

No estaba del todo equivocado Guajardo Touché al sospechar que el ‘descontento estuviese siendo manipulado con fines políticos de otro tipo’, ¿qué tal que el empujón favoreciera la entrega de la Banca a extranjeros? Esto último no lo dice el banquero aludido, pero estaba en cierne, se oteaba en la atmósfera enrarecida como incluido en un proceso que de la reprivatización conduce a la extranjerización, ¡que la mano pachona es dirigida con propósitos que favorecen al capital metropolitano!: “A nosotros nos ha tocado verificar, en manifestaciones o dentro de grupos que reclaman ante nuestras oficinas, que en muchos casos nadie de los que protestan es cliente del banco (Bancomer). Y en algunos casos muchos no eran clientes de ningún banco. Eso, a veces, da un poco qué pensar”.[28]

Con diez millones de clientes insolventes y reservas insuficientes, el peligro de una fuga de capitales se hacía factible. Situación en la cual el factor externo debilitando al sistema bancario nacional volvía a jugar su partida, poniéndolo a tiro para su extranjerización.

El propio dirigente de Bancomer y de la Asociación de Banqueros Mexicanos percibía así la problemática, si al privatizarse las expectativas pintaban como halagüeñas: “Realmente la situación del país se empezó a complicar en el verano del 92 –en ese entonces fue la última venta-, cuando se percibió que el Tratado de Libre Comercio estaba en riesgo y se empezó a apretar la llegada de recursos del exterior; subieron las tasas de interés externas y la economía entró en recesión. Todo el 93 fue un año recesivo, con altas tasas de interés…”.[29] Sugerida de manera indirecta o subrepticia queda insinuada la movida externa de la mano pachona.

Pues sí, otra oportuna alza de la tasa de interés en la metrópoli del dolarcentrismo complicó la recuperación tras la compra de los bancos; afectación a la economía que se da acompañada de otros virus propios de la patología capitalista: la recesión→ la inflación → la devaluación, el procedimiento se volvía a repetir, pero esta vez con más graves consecuencias. La caída de diciembre 94 enero del 95 ponía a la Banca reprivatizada a merced de otra privatización pero ahora con compradores extranjeros. Gran defecto de la cacareada modernización neoliberal en ruta a producir mayor dependencia del capital extranjero. Eso no es entrar al Primer Mundo sino mantenerse en la Periferia neo-re-colonizada. Modernización siempre dilatada…, diferida a la época del nunca jamás.

Se complementaba el empujón al exterior con el análisis de la correduría internacional Baring Securities, la que no percibía –porque no lo había- una protesta masiva en contra del programa de gobierno, por lo que no habría cambio alguno en él, y qué mejor, ‘si acaso el PRI iría aflojando gradualmente el control sobre el país conforme creciera su impopularidad’.

En lo que: “La recesión fortalecerá a los cárteles de la droga norteños y la violencia relacionada con el narcotráfico y el crimen continuará al alza”.[30] (Como si no favoreciese a la entidad perversa que representan). Tan es así que este otro efecto del defecto también es promovido por la mano pachona del Tío Sam.

No se equivocaba la correduría extranjera, de eso se trataba la tendencia, el empujón a la mayor dependencia. Ante la caída de los ingresos reales y el incremento del desempleo, lo apropiado, recomendaban los asesores extranjeros, era ‘comprar en la Bolsa de Valores’, cual refugio de los adinerados en tránsito a la plutocracia. Instrumento de agio superior que en ‘los momentos de peligro’ reportaba un alza entre junio y julio (95) de un 28%, haciéndose ver que este ascenso fue producto del cambio de percepción que de México se tenía en los Estados Unidos –TLC confirmado-, aunado a una reducción en las tasas de interés que se produce junto con el segundo envío del paquete de ayuda proporcionado por el gobierno estadunidense, complementado por el FMI…, para sanear los Tesobonos, of course.

Es decir, una vez más, la intervención extranjera y su mecánica intrusiva, ‘salva’ al país de la debacle, mas no fijarse que los bancos han quedado a modo para su entrega al extranjero.

Dependencia in crescendo en la que también incidía el flujo de exportaciones a los EU, acorde con la intensificación de aquel mercado que absorbía la mayor parte de las exportaciones originadas en México, dada la orientación preferente y los imanes que del Norte nos atraen, lo que ya no era un problema, sino pasaba a ser una oportunidad envidiable (dixit del catecismo neoliberal itamita).

Para mayo del 96 ya eran 126 mil millones de pesos los gastados por el gobierno de Ernesto Zedillo para salvar de la quiebra a los bancos (más bien a los banqueros) recién re privatizados sin lograr ningún efecto positivo, para cuando anunciaba estar dispuesto a emplear otros 20,000 más en breve con el mismo propósito inefectivo.

De cierto que se percibía que aquel rescate no solucionaba nada: “No hay más dinero suficiente que levante a la banca. Y lo peor, al deterioro en la calidad de sus activos, la falta de liquidez, la capitalización insuficiente y sus perspectivas de rentabilidad poco halagüeñas, la banca debe sumar no pocos hechos que la hacen vivir el peor de sus momentos”.[31]

Al descrédito causado por dos neo banqueros prófugos de la ‘justicia’, los ya mencionados, Carlos Cabal Peniche, Banca Cremi y Unión, Ángel Rodríguez de Banpaís, se sumaba la ineficiencia generalizada, la creciente cartera vencida y al empujón que daban las instituciones monetarias y extra monetarias usamericanas, como la Agencia de Antinarcóticos (DEA) informando ‘oportunamente’ de que ‘la banca mexicana lava dinero del narcotráfico’; sucesos manejados oportunamente que se utilizan marcando el acoso que lanzaba a las instituciones crediticias mexicanas por el tobogán de la insolvencia y el desprestigio rumbo, así pues, no ya sólo a su privatización, sino más grave aún, a su extranjerización.

Los deudores agraviados organizados en el Barzón hacían su parte en defensa de los intereses de la ciudadanía atropellada por la voracidad bancaria , de ‘usureros y agiotistas’ no bajaban a los neo banqueros.

La numeraria en rojo marcaba la breve cuan catastrófica administración reprivatizada: si la cartera vencida no alcanzaba los 20 000 mdp a fines del 92, ya rondaba los 160 000 millones en el 96, habiéndose incrementado a partir de la catástrofe de diciembre del 94 cuando sumaba 53 500 millones.

El rotundo fracaso de la maniobra modernizante incluida en la ideología neoliberal de la mejor política posible liberando a las fuerzas del mercado regida por empresarios privados, volvía a quedar demostrado que era una vil falacia, un vil engaño realizado en seguimiento de aplicar el Consenso de Washington, favoreciendo la concentración de capitales oligopólicos que de preferencia son extranjeros o extranjerizantes, dada la relación histórico estructural determinada por el eje Norte-Sur predominante.

La Kakistocracia neoliberal puesta al servicio del Gran Capital se empeñaba, empeñada como está en complacer a los potentados, cumpliendo decimonónicamente con los designios del catecismo neoliberal, considerándolos medios y fines sin alternativa, religiosamente procurados a pesar de los evidentes quebrantos.

A mediados del 96 la extranjerización procedía, el propio Grupo Probursa de José Maradiaga, dirigente bancario en funciones, había ya entregado el 70% de su propiedad al Banco Bilbao Vizcaya, mientras que el Banco Nueva Escocia canadiense se apropiaba del 55% del Grupo Inverlat de Agustín Legorreta, un pretendido banquero de la vieja guardia, cuyo historial lo revelaba más bien como a un neo banquero tipo agio en la Bolsa mexicana. Resultando que con la inconsiderada administración privada para pronto se procedió a despedir a más de 33 mil empleados bancarios.

Se les agregaban Probursa y Bital, dejando en manos extranjeras el 70% y el 20%, respectivamente, de sus capitales; incluíase ya al segundo más grande de México: Bancomer, de Eugenio Garza Lagüera, enajenando al 16% de sus acciones al Banco Montreal.

Viniendo a ser el caso de Probursa, la primera institución monetaria mexicana que dejaba de serlo, pasando a ser una filial de Banco Bilbao Vizcaya. Y si el TLC estipulaba que la apertura bancaria se libraría hasta el año 2000, Ernesto Zedillo se apresuraba en febrero del 95 a realizar una reforma en el marco legal haciendo permisible que bancos extranjeros pudieran adquirir instituciones nacionales, por supuesto, ‘con el propósito de contribuir al saneamiento, capitalización y competitividad del sistema financiero nacional’, y bla, bla, bla.

Pero ojo, que otras empresas monetarias ‘mexicanas’ también estaban cayendo subrepticiamente en poder de capitales fuereños: “El 24% de las acciones del Grupo Financiero Banorte está en manos de 35 fondos de inversión estadunidenses e ingleses; la última semana de marzo, el exsecretario del Tesoro estadunidense Nicolas Brady compró 2.5% de las acciones del grupo”.[32] ¿Se ha vuelto a referir y dar cuenta cabal de la transacción revelando la participación extranjera? He, sí…, grupo eminentemente mexicano…. La desinformación es el mejor aliado de la secrecía que se fomenta tras de la S. A.

Meses en que Banca Serfín ya estaba propuesta para vender entre el 16 y el 20% de su capital, y para peor, ya había ‘vendido’ cerca de 20 000 millones de pesos de su cartera crediticia al Fobaproa. Para cuando el rescate de los fraudulentos Cremi-Unión y Banpaís, vía Fobaproa, estaba en proceso implicando su saneamiento y recapitalización para volverlos a vender, el cuento de nunca acabar en el que el gobierno paga una y otra vez los abusos privados.

Pues el gobierno de tecnócratas intransigentes toma recursos públicos para su rescate y saneamiento con el fin de volverlos a entregar a otros semejantes, por igual que aconteció con muchas paraestatales. El robo de los siglos por los siglos de la sub modernidad periférica, significando pérdida total para el erario y la economía nacional y ganancia de capital extranjero, lo que con ‘Robaproa’ se institucionaliza, ¡gran logro de la modernización neoliberal en proyección de México al Primer Mundo!

El Fobaproa procedió a encubrir fraudes a la Nación al saldar los adeudos irregulares de los mencionados banqueros prófugos. Ya 80 000 millones de pesos habían sido adquiridos por Fobaproa a febrero del 96 con ese franco propósito de resarcir el adeudo causado por los neo banqueros a costa del usuario, cuando algunos ingenuos hablaban de la ‘re estatización silenciosa’; no, se trataba del volverlos a sanear y pagar su cuantioso adeudo, pero con las mejores intenciones de entregarlos a los verdaderos amos del dinero ubicados en los pisos superiores de la pirámide mundo.

El efecto devaluación no dejaba de fastidiar haciendo su parte para poner la banca a tiro del capital mayor: “La devaluación propició un considerable incremento en el valor, en pesos, de los créditos bancarios denominados en moneda extranjera”.[33] Devaluación e inflación siempre oportunas en toda ocasión requerida para efectuar un movimiento a favor del Norte. Una maniobra desequilibrante más maquinada en los centros capitalistas, y muy solícito el Doc. Zedillin procede a secundarlos que para eso se doctoró en Yale: abriendo una ventanilla en el Banco de México para que los bancos obtuvieran dólares preferenciales con los que procedieran a pagar sus adeudos, en otra forma más de seguir pagando el tributo de la deuda e(x)terna al Norte acreedor y central del capital agio.

Tanto las Unidades de Inversión (UDI) como el Acuerdo de Apoyo Inmediato a Deudores de la Banca (ADE) -unidades de cuenta con valor constante indexadas a la inflación- para denominar los créditos y evitar la amortización acelerada que provoca la inflación, terminaron fracasando, precisamente, por la inflación y las altas tasas de interés desconsideradas, se trata de que la solución radica en que la administración tecnócrata paga los desastres que ella misma auspició: “En todo 1995, el costo fiscal de los programas de saneamiento financiero –UDI, ADE, Fobaproa, Procapte y apoyos a quienes invirtieron en autopistas concesionadas- fue de casi 91,000 millones de pesos. Nuevas compras de cartera crediticia de bancos con problemas y nuevos apoyos a deudores hipotecarios incrementarán ese costo, en 1996, según analistas de grupos financieros, en otros 60,000 millones de pesos”.[34]

Y el problema requería de más intervenciones, salvatajes realizados por el Estado en un caso conspicuo que por sí solo desmiente las falacias neoliberales de la autorregulación y la solvencia del ‘libre mercado’, tratándose en realidad de la aplicación de una política económica que subordina el Estado al Capital, así libre mercado para que los potentados capitalistas, como tal capitostes, procedan a establecer negocios ventajosos a costillas de empresas menores y de los usuarios y consumidores cautivos, en lo que merced a los abusos cometidos con excesos propios de un capitalismo desenfrenado, proceden a pasar la cuota de pago al gobierno gerencial, mismo que solícito los (en)cubre con recursos públicos, es decir, con los impuestos cobrados al trabajo, de manera tal que con las crisis neoliberales las mega empresas ganan-ganan a través de excesos y fraudes, mientras que el sector público pierde-pierde debido a que el gobierno ha sido cooptado por los capitostes.

Un auténtico banquero de la vieja guardia, Manuel Espinoza Yglesias, habiendo quedado fuera de la reprivatización, y por tanto ajeno al juego podía comentar: “el apoyo del gobierno a los bancos es injusto y denigrante, pues favorecía a los hombres del dinero antes que al pueblo…, es inocente decir que no se ayuda a los banqueros. La compra de la cartera vencida es ridícula, ya que es cartera perdida y eso ayuda a los bancos”.[35]

En un auténtico sistema capitalista liberal, bancos y banqueros deberían quebrar y ser finiquitados, substituidos por una banca auténticamente de inversión nacional, pero en el sistema-mundo neoliberal, el dominio de los banksters hace de la propiedad de sus instituciones del agio: ‘demasiado importantes para no dejarlas quebrar’, credo neoliberal a su vez sustentado en: ‘no hay otra alternativa’, puesto que el dominio conjunto del Estado por el capital-gobierno las ha cerrado, conduciendo a la Humanidad al desastre que produce el dominio de los monopolios monetarios con su capital-agio.

Y la Puerta Gira en Redondo, y la Escalera Sube a Pisos Extranjeros.

La apertura que el neoliberalismo promueve acorde con el orden Norte/Sur moderno, el orden mundial capitalista, obviamente favorece a la concentración de capitales en el septentrión de las metrópolis, condición de dominio colonial que con la aplicación de las políticas neoliberales conoce un nuevo período de dominancia intensificada por la preponderancia que vienen a tomar las corporaciones transnacionales del Primer Mundo.

Haciéndose ver correctamente que si el proyecto político personal de Carlos Salinas se había venido abajo, su modelo de apertura por el contrario no hacía sino florecer permitiendo que los vínculos entre las corporaciones industriales y financieras se integrasen a los mercados internacionales en condición subordinada, resaltando el que algunos de los políticos promotores de la apertura y en específico del TLC para pronto se ubican en importantes empresas regiomontanas. El caso de “Pedro Aspe en Pulsar, Lloyd Bentsen en Femsa y Nicolas Brady en Banorte, en calidad de accionistas y miembros de los consejos de administración”.[36]

Confirmándose que el Grupo Monterrey se internacionalizaba pero no porque adquiriese o abriese filiales y sucursales en el extranjero, sino porque era penetrado en su dirigencia y propiedad por agentes extranjeros y/o extranjerizantes.

Bajo las estipulaciones del TLC las fusiones entre grandes consorcios procedían, caso de la alianza efectuada entre Alestra y Unicom. Otra relación fomentada con la apertura privatizante venía a ser el empleo de consultorías extranjeras. Preferentemente usamericanas “por parte de empresas, instituciones y oficinas gubernamentales mexicanas”. No significando otra cosa sino la penetración de la inteligencia capitalista en el mercado mexicano viniendo a tener una posición privilegiada y con evidentes proposiciones de dominio.

La apertura significa entrega del capital nacional al extranjero, así de simple y sencillo, como cierto y contundente en sus repercusiones nocivas para la economía nacional. Resultando entendible que el ataque del capital privado producía un efecto pernicioso en la economía popular, no fortuito sino procurado. La pobreza y miseria creciente no es accidente imprevisto, sino una consecuencia lógica derivada por la aplicación del neoliberalismo.

El modelo neoliberal impuesto a la de fuerzas por los tecnócratas pasaba a incentivar el funcionamiento de unas cuantas empresas con capacidad de incursionar en los mercados extranjeros, en teoría se nos hace ver que el proyecto delineado por Salinas, fue diseñado cuidadosamente para rescatar, primero, y fortalecer, después, a la gran industria, suponiendo que posteriormente la pequeña y mediana le seguirían los pasos: “Sin embargo, los escasos programas orientados a lograr este último objetivo no recibieron un apoyo serio y consistente”.[37]

Debiendo quedar en claro que el modelo neoliberal en su consigna por favorecer al Gran Capital, de entrada está negado para el segundo movimiento, no es su propósito la promoción de las empresas secundarias, si estas no quedan encadenadas en alguna línea integrada a la Gran Industria, su condición se torna marginal.

Era obvio que el modelo neoliberal aplicado a la Periferia tendía a la concentración de capital y en un sentido vertical Norte → Sur. Como hemos referido, los capitostes en México pasaban a ser unos cuantos preponderantes hombres de negocios que fracasaban con los emporios monetarios: “Antonio Madero Bracho, Claudio X. González y Carlos Slim formaban ahora parte del consejo de administración de Alfa. Carlos Slim cuenta con 11% de las acciones de este grupo industrial que dirige Dionisio Garza Medina. Gilberto Borja Navarrete, de ICA, se integró a la cervecera y embotelladora Femsa, así como a Tremec y Tolmex, propiedad de Cementos Mexicanos. Alberto Bailleres se incorporó al consejo de Femsa. Madero Bracho es también consejero de Cydsa…”, y así por el estilo, unos cuantos capitostes formando parte de los ‘consejos’ de las principales empresas ‘nacionales’.

No pudiendo faltar a la esencia constituyente del capital monopolista: la vinculación entre capital industrial y financiero, verificándose de la siguiente manera: “Los dueños de Alfa tienen acciones en Banamex, Bancomer, Probursa, Inverlat y Serfín. El propietario de Femsa, Eugenio Garza Lagüera, lo es también de Bancomer. Los Clariond-Canales, dueños de Imsa, tienen acciones en Probursa, Arka y Abaco. Los Sada González son propietarios de Vitro y codueños de Serfín. Roberto González Barrera es el accionista principal de Maseca y Banorte”.[38] A imagen y semejanza del capital metropolitano.

Lo que la investigadora de los Pozas consultada detectaba en un estudio centrado en el caso regiomontano era la creciente configuración del capital industrial y financiero como grupos de poder, monopolios detentando el control de las finanzas como líderes mundiales, diversificando su conglomerado productivo con unidades de producción flexibles ubicadas en la periferia. El fenómeno de la deslocalización en curso aprovechando las ventajas que otorgan los países menos desarrollados y en función de incrementar la plusvalía y los precios de monopolio, disminuyendo costos y conquistando el mercado mundial. Empero, el detalle en esta expansión global del Gran Capital, es que a las empresas de la periferia les toca desempeñar un rol eminentemente subordinado.

Insertado en este orden que no deja de ser un dominio colonialista, la propensión natural del capital monopolista en México a reproducir el modelo emanado de las metrópolis tendía a fallar al no poder constituir la banca privada de su pertenencia…, salvo un caso y medio, o a medias, por lo que el negocio quedaba fragmentado representando una debilidad crucial…. Obvio que en realidad no podía ser de otra manera dado el orden hegemónico internacional.

Detectándose asimismo la sigilosa entrada de capitostes extranjeros en la dirigencia (consejos) de importantes empresas mexicanas, como era el caso en el Consejo de Administración de Cydsa que recién incluía la participación de Hiromi Yokohama, presidente de Barclays Bank de Japón.

Y la pregunta crucial o indagativa radica en saber si además de sus valiosos consejos para ‘atacar los mercados’ (sic) internacionales, estos prominentes consejeros no implicaba la concesión de acciones al extranjero. De cierto que a fines de marzo de ese 96 fue cuando un 16% de Bancomer fue adquirido por el Banco de Montreal en 465 millones de dólares, y: “No fue ese el primer trato de Garza Lagüera con un negocio canadiense. En julio de 1994, la empresa Labatt adquirió 22% del capital de Femsa-cerveza en 510 millones de dólares; se informó que esa cantidad se destinaría a disminuir la deuda de 950 millones de dólares que tenía en esa fecha”.[39]

Mientras que en el caso del Grupo Financiero Banorte, se conocía que a fines de abril vendía 2.5% de sus acciones de serie B a Nicholas Brady ‘actual presidente del Fondo Derby inversor en fondos y acciones en mercados emergentes’. ¡El mismísimo ex secretario del Tesoro!

La contraparte bancaria del Grupo Monterrey, Banca Serfín, también perdía acciones a propiedad de J. P. Morgan, quien a costa del 16.20% de ellas otorgaba 350 millones de bonos convertibles en el propio Serfín. Información aportada por The Wall Street Journal, agregando: “‘el riesgo que asumía J. P. Morgan sería insignificante, ya que se espera que el gobierno mexicano garantice el pago de la inversión’. El mismo medio dijo que la inversión de J. P. Morgan podía ser reemplazada por una adquisición de un socio ‘estratégico’”.[40] Cual debe de ser en el catálogo neoliberal, el gobierno mexicano respalda y el provecho lo obtiene un ‘socio estratégico’, entiéndase: gran empresa privada nacional o extranjera.

En definitiva una cosa va con la otra y engranan en la mecánica promocionada por el Gran Capital: ‘Si la apertura de la banca mexicana al capital extranjero es forzada por la crisis fraguada, de igual manera se inserta en el proceso de globalización’. Tal y como lo detecta Alejandro Dieck, puntualizando que “los cambios recientes a la Ley de Instituciones de Crédito incluyen una serie de medidas que permiten que los extranjeros puedan convertirse en accionistas mayoritarios en bancos, según su participación en el mercado”. A lo cual muy solícito se prestaba el Doc. Zedillín… Y compraron a precio de ganga.

Inclúyanse en esta enajenación al extranjero los indispensables gastos empleados en contratar las necesarísimas consultoras estadunidenses para empezar a gestionar la venta del país, perdón, ‘la imagen del México Moderno’. La sola Secretaría de Comercio gastó 6 millones de dólares en ello en 1995.

El empleo de bonos generalizados en los préstamos internacionales aumentaba los instrumentos de endeudamiento y agio: ‘endéudese más y siga pagando por décadas’, o mejor aún para el capital imperialista, ‘usted gran empresa mexicana, Cemex, alivie su deuda utilizando bonos y termine aflojando acciones’. Lo mismo vale para Bancomer, Maseca, Banorte. Obvio: “La internacionalización le pasa factura a empresas mexicanas, informó sobre los problemas financieros de Vitro, Cemex, Synkro y Aeroméxico. Resaltaba que Anchor Glass, filial estadunidense de Vitro, había iniciado conversaciones para reestructurar su deuda, ‘lo que constituye un giro que en su momento se consideró el modelo de la estrategia empresarial mexicana’”.[41] A la sazón, ventas invisibles de acciones se fraguaban, mencionándose que el Grupo Maseca entablaba negociaciones con Acher Daniels Midland, agroindustria estadunidense, aludiéndose que estaba en juego el 20% de sus acciones, por las que la empresa mexicana pretendía obtener entre 80 y 120 millones de dólares,[42] estando por verse si se concretaba.

¡Ah! ¡Lo que cuesta entender que el capital industrial y financiero preponderante es el metropolitano! La implementación del modelo neoliberal, obviamente no fungía para que las empresas del Tercer Mundo se igualaran con las del Primero, no, sino para que la avalancha imperialista cubriese con mayor facilidad al Sur, en lo que las ‘asociaciones internacionales’ representan venta a empresas extranjeras de parte de la planta industrial.

Hay que repetirlo hasta entenderlo: El neoliberalismo es el modelo de capitalismo propio de la etapa imperialista dominada por los monopolios internacionales, como política económica implementada sin alternativa que funciona en procura de establecer la hegemonía del capital transnacional con la cual se acentúa la concentración de riquezas en favor del Norte. Si uno analiza cómo se implementa en los tratados y en las transacciones de inmediato se da cuenta que las medidas que establecen van en función de llevar a cabo este propósito, ergo, no se puede considerar que ha fracasado, como pasan a decir no pocos ‘críticos’ y que por tanto hay que cambiarlo, cuando que su propósito señalado se está cumpliendo con creces, desde México hasta Grecia pasando por Argentina y cuantos más, aplicando el agio bancario y la intromisión de las industrias transnacionales que pasan a incrementar el empleo de los vectores centrífugos – centrípetos en el eje re-colonizado Norte-Sur….

El entrelazamiento en portentosos holdings tiene por cometido la flexibilización industrial abarcando diversas modalidades alternas, pero es la gran industria del Centro y sus grupos financieros agregados (y viceversa) quienes determinan y terminan por absorber la ganancia capitalista de índole monopólica.

Para cuando las crisis recurrentes no hacen sino favorecer la concentración monopólica metropolitana, quedando los gobiernos mexicanos por completo comprometidos con la continuidad neoliberal a pesar de las catástrofes, la alineación supeditada al dominio vertical queda garantizada con empresas de capital matriz septentrional y sus filiales ubicadas en el Sur, o con algunos monopolios locales que actúan por igual ejerciendo la concentración de capital monopólico, además de que requieren para funcionar de importar la tecnología que proviene de la industria desarrollada.

El mundo globalizado por el capital hegemónico imperialista, ciertamente no ofrece alternativas: ‘o entras en el juego reciclando tu dependencia re colonizada o quedas fuera de él petrificado’; de allí parte la fuerza de arrastre que empuja al mundo entero bajo la dirección de capitostes obnubilados por la obtención de más y más ganancias, mecánica de explotación capitalista que genera la entropía que consume al mundo.

24-06-2015. Revisión a 23 de julio del 2015

NOTAS

[1] Los datos referidos de la ‘magnatósfera’ procreada por Salinas son tomados de: Carlos Acosta. “El gobierno pasa factura a los beneficios de la venta de bancos y paraestatales –quiénes y cuánto tienen los que van a financiar al PRI-“. Proceso 853. 8-03-1993: 15-19.

[2] Fernando Ortega Pizarro. “Claudio X. González, es reelecto como dirigente del Consejo de Hombres de Negocios, expresión del salinismo empresarial”. Proceso 974. 3-07-1995: 39. Personaje que a partir de ese mes volvía a la dirigencia del Consejo de Hombres de Negocios.

[3] Carlos Martínez. Las Enseñanzas del Profesor. Océano, 1999: 48.

[4] Vid artículo No. 7 de esta serie: “Grandes logros del ‘Liberalismo Social’, subcapítulo: ‘privatizando para servir mejor a la Nación’, en el que se refiere la colaboración de CXG en la venta de Cananea a Jorge Larrea.

[5] Carlos Acosta. Proceso 853.

[6] Antonio Járquez y Fernando Ortega Pizarro. “Los grandes empresarios creyeron en Salinas, idolatraron a Salinas, se enriquecieron con Salinas –puso en sus manos bancos, empresas paraestatales, concesiones sin límites-”. Proceso 996. 4-12-1995: 18.

[7] Ibíd: 21, 23.

[8] Juan Castaingts Teillery. Sociedad y Economía en la Vida Cotidiana en México. Instituto Cultural de Aguascalientes, 1995: 294-95.

[9] Ibíd: 296.

[10] Ibídem.

[11] Carlos Acosta Córdova. “Banco por banco, de la privatización es más lo que se ignora que lo que se sabe –integrados por Aspe y Guillermo Ortiz, los ‘libros blancos’ carecen de documentos claves-“. Proceso No. 985, 18-09-95: 6.

[12] Ibíd: 7.

[13] Gerardo Albarrán de Alba. “La cuenta pública del 93: una larga lista de errores, anomalías, omisiones, desviaciones, faltantes… Lo que, según Ortiz, son ‘bombas de Humo’”. Proceso 985: 9.

[14] Carlos Acosta. “Banco por banco…”: 10.

[15] Juan Castaingts. Op.Cit.: 298-99. Subrayado añadido.

[16] Ibíd: 298. Subrayado añadido.

[17] Ibídem. Subrayado añadido.

[18] Carlos Acosta Córdova. “Salvar a los banqueros le ha costado al gobierno 19,900 millones de nuevos pesos que serán absorbidos con aumento de impuestos –compraron, ganaron, se excedieron, experimentaron y ahora se quejan-”. Proceso No. 962, 10-04-1995: 21.

[19] Ibíd: 23.

[20] Ibídem.

[21] Ibídem.

[22] Fernando Ortega Pizarro. “BankWatch, califica a los cinco bancos más importantes de México como instituciones de riesgo”. Proceso. 978, 31-06-95: 13.

[23] Carlos Acosta Córdova. “La banca comercial se desploma en los números rojos: recibe del gobierno más de lo que presta y más de lo que costó –pérdidas, ínfimas utilidades y enorme cartera vencida, con prácticas viciadas y errores de los nuevos banqueros-“. Proceso 978: 15.

[24] Ibídem.

[25] Ibíd: 17.

[26] Ibídem.

[27] Ibídem.

[28] Carlos Acosta Córdova. “La cartera vencida se ha magnificado; las propuestas de ‘no pago’ le pasan la factura a toda la sociedad: Guajardo Touché, del Grupo Bancomer”. Proceso 978: 14.

[29] Ibíd: 15. Subrayado añadido.

[30] Pascal Beltrán del Río. “La Banca Mexicana podría recuperar solo 15% del valor de los préstamos, y la reestructuración costaría 2.6% del PIB: Baring Securitis”. Proceso 978: 16. Negritas añadidas.

[31] Carlos Acosta Córdova. “Para salvar a los bancos, el gobierno lo ha intentado todo y todo ha fracasado –con todo y sus carteras vencidas, pasan poco a poco a manos de instituciones extranjeras-“ . Proceso No. 1018, 6-05-1996: 6.

[32] Ibíd: 8. Subrayado añadido.

[33] Ibídem.

[34] Ibídem.

[35] Ibíd: 9.

[36] Antonio Járquez. “Los grupos económicos privilegiados por Salinas abren la puerta al capital de Estados Unidos y se asocian con exministros que impulsaron la apertura – Lloyd Bentsen en Femsa y Nicholas Brady en Banorte, con Pedro Aspe en Pulsar, entre los centinelas de la recomposición industrial y financiera-” Procero No. 1020, 20-05-1996: 6, 7.

[37] Ibíd: 8. Siendo una referencia tomada de la investigadora María de los Pozas.

[38] Ibíd: 9.

[39] Ibíd: 10.

[40] Ibídem. Subrayado añadido.

[41] Ibíd: 11. Nota tomada del Wall Street Journal.

[42] Pascal Beltrán del Río. “La historia de Dwayne O. Andreas, tan turbia como la de su casi socio, Roberto González Barrera”. Proceso 1020: 6-9.

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