Elecciones 2015: continuidad y novedad

Escrito por on Jun 18th, 2015 y archivado en Agenda Pública, Destacado, Galería Fotográfica. Tu puedes seguir los comentarios a esta entrada a traves de RSS 2.0. Comentarios y referencias estan cerrados.

Elecciones 2015: continuidad y novedad

partidosDespués de la jornada electoral del pasado 7 de junio, hay varios datos interesantes en la conformación del nuevo mapa político, trazándose ya algunas líneas de acción para los próximos tres años de cierre de sexenio y lucha sucesoria.

 Algunos de ellos confirman la continuidad y quietismo, mientras que otros muestran nuevos hechos y formas de actuación en las campañas.

Continuidad

Lo que más se ha destacado en medios y discursos es que se logró la realización de la jornada electoral sin escollos graves, después de las amenazas de boicot que se presentaron en Guerrero, Michoacán y Oaxaca por los integrantes de la CNTE, y de campañas que se vieron manchadas de sangre en varios puntos.

Esto es un logro de la fortaleza institucional del sistema político-electoral, aunado con una participación aceptable en unas elecciones intermedias, además de que el movimiento pro anulación no tuvo la fuerza que esperaba, con todo y que el porcentaje de votos nulos rebasó al de cuatro partidos (Nueva Alianza, Encuentro Social, Partido del Trabajo y Partido Humanista). La participación en 2003 alcanzó 41.8 por ciento, en 2009 fue de 44.6 y ahora se superó con 47 por ciento. Este registro es un revés a la apuesta desestabilizadora y un refrendo al sistema electoral y su autoridad, seriamente cuestionada por su transformación de IFE a INE, por el nuevo entramado en las entidades y por la composición partidista de todos los órganos electorales.

Ese respaldo no significa que se avalen las deficiencias en el modelo electoral por el exceso de gastos oficiales y privados, la llamada espotización que satura y se vuelve ruido sin sentido al electorado, así como la propensión a la judicialización.

Sin hacer menos el perfil de los candidatos ganadores y sus propuestas, en general la disposición de recursos y las estructuras partidistas continúan siendo determinantes para la obtención de triunfos. Estas capacidades estratégicas de desplegar la proyección de personajes, ideas, activos y movilización fueron los elementos que determinaron los resultados en cada elección.

Pero la nota más relevante en esta línea de continuismo que deja el proceso es que pareciera que en México no ha pasado nada después de meses de aprietos en la conducción política y económica del gobierno peñista. La serie de graves escándalos y la crisis de impunidad, inseguridad y credibilidad que se ha venido padeciendo no afectó en las urnas al presidente y su partido. Los presupuestos que esperaba (40% de la votación federal) no son los mejores, pero conserva la mayoría en la Cámara de Diputados en conjunto con sus aliados del Partido Verde y Nueva Alianza.

¿Pues no que la sociedad está indignada y harta? Sin duda que los está, pero no vio alternativas, castigó a muchos gobiernos corruptos, pero no de manera determinante a los traspiés del gobierno federal.

El peñismo tuvo la capacidad de contener los daños con el cierre de expedientes y la apuesta por el olvido. Para esto fue fundamental desde el frente partidista el eficaz diseño de ingeniería electoral con sus franquicias asociadas. Los escándalos y continuas crisis de comunicación, los focos de ingobernabilidad, el bajo crecimiento económico, la tardanza en los logros de las 11 reformas insignias, los ataques desde el exterior a la presidencia, el bajo desempeño del gabinete, las presiones de los radicales antisistémicos ante los que se reculó con la reforma educativa, el vapuleo a Enrique Peña Nieto con argumentos sólidos y por puro bulliyng en las redes sociales, la pobre aprobación a la figura presidencial y el desánimo fueron poca cosa para que las preferencias a la gestión de Peña se desplomaran.

Una primera explicación es que no se entabló una campaña de real indignación frente a lo que venía sucediendo en el mando de la política del país. Si se analizan las piezas de comunicación de los partidos opositores, todas pretendieron ser críticas, débilmente propositivas y algunas alternativas, pero no prendieron. Hubo un alto desperdicio de los espacios por parte de todos, especialmente del panismo, que era quien tenía las mejores argumentaciones para vulnerar al priísmo, y no lo logró por una campaña contra la corrupción que le revirtieron, porque terminó con iniciativas populistas sin seriedad, y luego con puro sonsonete; en el caso de PRD sucedió algo parecido, poca consistencia y coincidencias con las iniciativas ligeras; el que sí aprovechó y obtuvo dividendos fue Morena con la proyección de su figura emblemática, lo que le basta para encaminarlo hacia la candidatura en 2018.

La explicación de mayor fondo es que ante la desastrosa situación del país no se articuló un movimiento de restauración serio, con propuestas, causas, programa y acciones. La gran indignación por todo lo que ha pasado -muertos, impunidad, corrupción, cinismo, inseguridad, incertidumbre, desamparo, decepción y sorpresa ante la descomposición política- no se encauzó a una indignación constructiva, desprovista de banderas imposibles, generadora de entusiasmo y capaz de sostenerse para incidir en los cambios institucionales.

Sin un proyecto de esta naturaleza el electorado se queda con la oferta existente, y ahí les ganó el gobierno federal y el peñismo a la pésima lectura y actuación de los demás partidos frente a la oportunidad de elevar el malestar y configurar un justificado voto de sanción al desorden y pobres resultados del gobierno federal.

Los partidos prefieren atrincherarse en sus prácticas tradicionales, una opción alternativa es un riesgo para ellos mismos, y quizá prefieran cerrar filas entre sí a poner en riesgo el modelo de prebendas que los sostiene. Por eso resulta sorprendente el tamaño de la indignación frente a las trampas del Verde, por arriba de los riesgos que amenazaron al proceso, les calentó más que un jugador se quisiera pasar de listo que las amenazas al proceso.

Con los resultados de la elección de diputados federales caen en posicione el PRI (de 207 a 203), PAN (de 114 a 108), PRD (de 101 a 56) y PT (de 19 a 6); suben el PVEM (de 33 a 47) y Movimiento Ciudadano (de 16 a 26); Nueva Alianza se queda como estaba (10), considerando en todos los casos las diputaciones obtenidas en el proceso 2012, no la integración actual de la cámara. Las nuevas formaciones Morena (36) y Encuentro Social (8) logran curules, mientras que el Partido Humanista no gana ninguna, además de que habrá un diputado independiente.

Este intercambio de votos, con excepción de quienes pierden el registro, a todos los deja como ganadores, pues son parte del juego de la partidocracia y tienen asiento en la mesa de repartición. Algunos se descomponen en la correlación de fuerzas y tensiones internas, otros logran mantenerse, y los menos dan saltos importantes para revalorarse en la bolsa electoral, pero al final todos conforman un bloque sólido que se constituye como la vía institucionalizada de acceso al poder, a pesar de las amenazas de candidaturas independientes.

Evidentemente la elección no es una vía de recomposición, pues dirime únicamente el resultado, significa solamente una estación en la vida política para la renovación de poderes o representantes, de manera que la agenda de una transformación de mayor calado, de sacudimiento en la vida pública no está encontrando forma, al menos no la encontrará por la vía de las contiendas electorales.

En ese sentido, la posibilidad de que la nueva composición en la Cámara de Diputados y los resultados en las elecciones locales impulsen una agenda de reformas de mayor alcance y real transformación es remota, por lo que se caminará en la administración de la agenda viable que permita el cálculo político. El gran paquete de reformas que se presumen se dio en la LXII Legislatura, no se reeditará en la próxima. Los márgenes de maniobra se estrechan por al menos tres causas: la apropiación del crédito de las reformas por el Ejecutivo y su partido, el adelantamiento de la lucha sucesoria y la pérdida de confianza en la autoridad, que regatea la aplicación de la norma ante las presiones políticas.

No hay que confundirse, pese a su agotamiento y deficiencias, el sistema político electoral sale avante en un escenario que advertía múltiples riesgos, pero ello no significa un respaldo a la administración peñista, ni que se haya elevado la calidad de nuestra democracia, prevalece el desánimo y la ausencia de consensos, no hay una ruta unificadora de la ciudadanía y el tablero de gobernabilidad mantiene muchos focos encendidos.

Novedad

Las candidaturas independientes se constituyen en la nueva figura que abre las vías de acceso al poder y representación fuera de las instancias partidistas. Su institución es parte de la última reforma político electoral, pretendiendo una mayor apertura del sistema e incentivar la participación ciudadana. El resultado de la reforma y las particulares adecuaciones en las entidades parece desbordado y los triunfos sonados de algunos de estos candidatos fortalecerán esta vía, pero también pueden abrir la caja de pandora para que se desate una efervescencia que no necesariamente abone a la democracia.

Los independientes ganadores Jaime Rodríguez “El Bronco” (gubernatura de Nuevo Léon), Manuel Clouthier (Distrito federal 6 de Culiacán, Sin.), Pedro Kumamoto (Distrito local 10 en Zapopan, Jal.), César Valdés (alcaldía de García, N.L.), Alfonso Martínez (alcaldía de Morelia, Mich.) y Alberto Méndez (alcaldía de Comonfort, Gto.) son las estrellas fulgurantes de la pasada elección, un viento de frescura que alienta esperanzas y muestra innovaciones en la forma de comunicarse con el electorado y hacer campaña.

Las buenas noticias son que la burbuja partidista se ha roto y que los moldes acartonados del marketing electoral son inoperantes, de manera que esto es un sacudimiento a la forma en que se venía haciendo las cosas y un desafío a los partidos políticos, que tienen el imperativo de dar resultados ante la amenaza de la opción independiente. Es momento de hacer cosas nuevas desde los gobiernos, la oposición, el trabajo legislativo y la militancia.

Sin embargo, el entusiasmo no debe impedir ver algunas vulnerabilidades y riesgos de las candidaturas independientes. En primer lugar debe revisarse si las figuras que se postulan al amparo de la modalidad tienen realmente un perfil independiente y ciudadano, o si bien saltan a esta supuesta independencia por el estrechamiento de espacios y oportunidades en los partidos tradicionales. De los cinco candidatos vencedores mencionado anteriormente, solamente el joven Pedro Kumamoto tiene una trayectoria ajena al activismo partidista. Así entonces, asistimos a una nueva modalidad de chapulinismo, en cierta medida justificado, pero que también fragiliza las lealtades no tanto partidistas, sino de convicciones y principios.

En segundo lugar, la alternativa independiente puede ser un instrumento de los electores para castigar a los partidos, pero no es correlativo que se elijan a los mejores perfiles, por lo que se abre el riesgo de ungir a malos gobernantes o legisladores, con lo que la pérdida puede ser mayor.

En tercer lugar se da la posibilidad de que las candidaturas independientes se conviertan en la vía de acceso al poder a los más diversos intereses, desde la iniciativa particular ingenua de obtener una posición a pesar de la inexperiencia, hasta la integración de perfiles atractivos que obedezcan a una agenda oculta.

Finalmente, la gobernación de las instituciones se puede también poner bajo amenaza por la carencia de cuadros y estructuras para la operación política y administrativa.

En resumen, los resultados de las campañas de este 2015 muestran más resistencias que pasos hacia adelante para elevar la calidad de nuestra democracia.

Para ver el archivo de textos del autor Gustavo Martínez Romero dar clic en su nombre

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