México: la anomia política. la oligarquía plebiscitaria y la partidocracia

Escrito por on Jun 1st, 2015 y archivado en Así Vamos, Destacado, Galería Fotográfica. Tu puedes seguir los comentarios a esta entrada a traves de RSS 2.0. Comentarios y referencias estan cerrados.

México: la anomia política. la oligarquía plebiscitaria y la partidocracia

anomiaLa palabra anomia proviene de un concepto creado por el sociólogo francés Emile Durkheim para describir un proceso patológico muy importante que se desarrolla en las sociedades modernas. Desde nuestro punto de vista, en México padecemos de la enfermedad de la anomia y, desgraciadamente, en un grado bastante avanzado.
Siguiendo a Emile Durkheim, por anomia entendemos una situación en la cual, los procesos sociales tienen problemas para poder reproducirse adecuadamente; la anomia viene de varias causas, ya sea por una fractura en el proceso de comunicación social o por rupturas en la misma estructura social.
La anomia social tiene su origen en la relación entre el individuo y el proceso social en su conjunto.

1. ANOMIA EN EL CAMPO POLÍTICO

Se puede ser mucho más concreto y observar cómo se ha establecido en México la anomia en el campo político. El campo ya lo hemos visto, es una estructura de relaciones sociales en la que participan actores, entre ellos se establecen relaciones y existe un conjunto de reglas institucionales que conducen a premios y castigos.

Desde mi punto de vista, todo el campo político mexicano está sujeto a una anomia. Se pueden enumerar algunas de las características de esta anomia como las siguientes: a) Existencia de una oligarquía plebiscitaria. b) Oligopolios de la comunicación. c) Partidocracia. d) Crimen organizado. e) Espacio cerrado para buena parte de la juventud que en conjunto, conducen a una crisis de configuración simbólica.
Desde otro punto de vista, podemos decir que vivimos una república dominada por una oligarquía plebiscitaria.

Una oligarquía según el diccionario, es una “forma de gobierno en la cual el poder supremo es ejercido por un reducido número de personas que pertenecen a una misma clase social”. No hay duda de que la clase social adinerada es la que ejerce el poder en México. Es cierto que el sector más importante y dominante es el que ha hecho su fortuna por las vías del sector financiero y bursátil pero, hay otras vías: la industria, el comercio, los servicios; también existe la vía de la acción política: puestos en el gobierno, de representación, control de sindicatos, etc., que dan acceso hacia fortunas no pequeñas. Casi todos los miembros de la política que ejercen el poder, son seres que tienen o representan diversos niveles de fortuna económica. Los representantes directos y reales de clases medias, obreras y campesinas, forman evidente minoría.

Es una oligarquía plebiscitaria ya que actúa conforme a sus intereses pero, de tanto en tanto, resuelve sus conflictos por medio de plebiscitos en forma de elecciones.

Lo clave de la oligarquía que ahora domina, no es que tenga ideologías e intereses diversos sino que actualmente se encuentre profundamente dividida. La lucha de intereses e ideológica se había dado en el interior de un campo; en él se habían configurado alianzas de clases y o de grupos más o menos estables pero hoy, la estabilidad parece perderse, las ideologías quedan, pero los proyectos se vacían en lo que parece una oligarquía cada vez más dividida que se enfrenta en el interior no de un campo sino de una arena.

Lo típico del momento actual no es la presencia de caciques sino la carencia de una alianza estable en el interior de la oligarquía y el enfrentamiento de los grupos caciquiles en términos de arena. Sería una ingenuidad pensar que estos enfrentamientos sólo corresponden al PRI ya que también se presentan entre y en el interior de los partidos y entre y con el gobierno constituido. Estas arenas pueden ser peligrosas para la nación.

Además de la existencia de una oligarquía, se tiene una partidocracia. En lo político hay una separación creciente entre la sociedad política y la sociedad civil. La partidocracia que gobierna es nefasta. En todos los partidos hay grupos oligarcas que lo controlan todo, mantienen el poder, gozan de las enormes subvenciones del Estado y no dejan que ciudadanos talentosos puedan acceder a puestos en el partido y a puestos públicos. Las elites oligarcas políticas dominadas por la desconfianza y la paranoia son temerosas del talento, por lo que únicamente buscan individuos leales. Sólo pocas personas talentosas logran penetrar estas barreras.

De hecho los partidos se han convertido en entes rentistas que viven del presupuesto y que luchan por todas las rentas asociadas a él. Desde un punto de vista estricto los partidos son entes necesarios a la sociedad y que le rinden servicios, pero en el caso mexicano las acciones de los partidos ya no ayudan a la reproducción social y política de la sociedad sino que, en muchos aspectos, se han convertido en entes negativos por lo que sus servicios no son productivos y por ende los ingresos provenientes de servicios improductivos son rentas. Estas son jugosas y no sólo hay que considerar las fuertes atribuciones económicas que reciben los partidos sino todos los beneficios que se derivan de los puestos políticos que se alcanzan. Se puede decir que incluso, y en ocasiones, al Estado se le ve y se le vive como botín.

Una oligarquía voraz que controla el duopolio televisivo, se burla de la ciudadanía y de las disposiciones del Estado. Partidocracia y duopolio televisivo tienen aprisionada a la ciudadanía. Los procesos electorales sin análisis, sin programas y dominados por la nueva retórica del spot que, lleno de frases sonantes y bellas, sólo reflejan un vacío de contenido y la pobreza espiritual de los partidos que los diseñan.

Nuestros gobernantes están también dominados por la mediocridad. Se tienen discursos generalizantes, sin análisis, sin programas claros, sin objetivos realistas, sin estrategias. Sólo vaguedades que podían ser dichas por cualquier estudiante medio de inicios de cualquier carrera de ciencias sociales ¡Qué carencia de talento!. La nave va al garete.

La juventud tiene los espacios casi cerrados. En un buen e interesante libro de Luis Reygadas denominado “La apropiación. Destejiendo las redes de la desigualdad” ( Anthropos y UAM), se presenta una imagen muy afortunada de la desigualdad, la estratificación y el ascensor social: “… me atrevo a recurrir a una imagen de una red de redes con mallas de distinto calibre, que dejan pasar o impiden el paso de diversos tipos de bienes, produciendo distribuciones desiguales de los mismos” (p. 109).

Siguiendo esta imagen yo creo que hay distintas redes con tejidos más o menos cerrados o abiertos no sólo de bienes sino de personas, que cierran o dejan el paso a los individuos de abajo hacia arriba. Entre las clases y los estratos sociales hay una red que deja pasar fácil o difícilmente a los individuos que buscan el ascenso en la pirámide social. Hay ocasiones en las que, en ciertos niveles, esta red tiene tejidos que son casi impermeables

Desde mi punto de vista, en cada nivel de la pirámide social, estas redes pueden ser homogéneas en toda su extensión o bien heterogéneas, es decir, que en ciertas partes impiden el ascenso y en otros espacios sociales lo permiten con cierta dificultad y en otros lo facilitan. Así, en la sociedades tradicionales los tejidos eran casi impermeables en todos los espacios sociales salvo en el caso de la milicia y el clero, razón por la cual muchas personas abrazaban estas carreras.

Las redes en la sociedad porfiriana tenían tejidos casi impermeables que impedían el paso aun en la milicia y el clero. No hay duda que una de las causas de la Revolución, fue el intento de romper esos tejidos y hacerlos más abiertos y permeables. Muchas de las revueltas en Túnez y Egipto tienen este origen y contenido. El régimen priista duró mucho tiempo, en parte porque organizó una sociedad en la que los tejidos sociales de arriba eran relativamente abiertos y permitían varios medios de ascenso social.

Una de las causas por las que cayó éste régimen fue que al final, se cerraron los tejidos sociales.

La apertura de los tejidos sociales es indispensable en una sociedad no sólo porque la estabilidad política así lo requiere sino porque con dicha apertura todo talento que surge en las capas bajas de la sociedad tiene la posibilidad de desarrollarse con lo cual, no sólo el individuo que tiene y desarrolla ese talento se beneficia sino también lo hace la sociedad en que vive. La meritocracia (el ascenso por el mérito) es fundamental. Una sociedad con tejidos abiertos hacia arriba es un fuerte estímulo al esfuerzo individual y colectivo y de ese esfuerzo todos ganan. Una sociedad con tejidos cerrados configura un caldo de cultivo fabuloso para la mediocridad.

El México actual tiene su estructura de redes, tejidos y filtros profundamente enferma. Por ejemplo, en política todos los partidos políticos han puesto redes casi impermeables para que la gente con talento pueda ascender. Los partidos no son generadores de ideas, orientaciones y cosmovisiones encaminadas a dirigir la sociedad y a resolver sus problemas sino que funcionan como franquicias oligopólicas que tienen la concesión de decidir quiénes son los candidatos a los puestos de elección. Los grupos dirigentes amparados en dichas franquicias y en las enormes subvenciones cierran todas las posibles entradas. Resultado, una clase política profundamente mediocre y una separación profunda entre clase política y sociedad civil.

En México hay todavía algunos espacios abiertos. Por ejemplo, los sectores de bajos ingresos pueden acceder a una educación superior en universidades públicas y, gracias a las becas CONACYT, hay estudiantes de bajos ingresos que hacen maestrías y doctorados de muy alta calidad. Pero estos jóvenes con muy elevados niveles educativos, encuentran una sociedad totalmente cerrada. Sólo cuentan las redes del dinero y del poder y se desprecia al mérito y al conocimiento.

Otro caso es el de los jóvenes marginados y excluidos en donde la sociedad sólo les ofrece tres alternativas: un trabajo miserable con dos salarios mínimos y sin ninguna perspectiva; el vivir en la economía informal y el camino de la delincuencia. En la economía informal las redes tienen tejidos menos cerrados que en la economía formal pero, desgraciadamente, los tejidos abiertos están en la delincuencia.
En síntesis, se vive una crisis de configuración simbólica, de pérdida de sentido de los signos, de carencia de esquemas de referencia y verosimilitud y, de confusión en los sistemas de valores. Se vive un proceso de descomposición de valores, ya no se saben valorar ni las cosas ni las relaciones y además, se han trastornado una buena parte de los viejos valores éticos que sustentaban a la sociedad mexicana. Una sociedad en la que una buena parte de sus miembros busca en la criminalidad de toda especie un mecanismo para enfrentar la vida, es una sociedad enferma. La violencia criminal creciente no solamente nos amenaza como individuos, sino que golpea directamente a las estructuras de sostén del proceso social.

Todos los procesos de comunicación social se encuentran llenos de ruido y de problemas.

El Estado es un productor de símbolos de referencia que organizan y direccionan el sentido que la sociedad tiene de sí misma. El estado mexicano ya no cumple esta función y por tanto, deja un vacío que tiende a desestructurar todo el sistema.

Para ir al archivo de textos de Juan Castaingts Teillery hacer clic en su nombre

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1 comentario en “México: la anomia política. la oligarquía plebiscitaria y la partidocracia”

  1. RAMON JIMENEZ LARA dice:

    Estimado Juan,
    intersante análisis, excepto en el párrafo:
    “Nuestros gobernantes están también dominados por la mediocridad. Se tienen discursos generalizantes, sin análisis, sin programas claros, sin objetivos realistas, sin estrategias. Sólo vaguedades que podían ser dichas por cualquier estudiante medio de inicios de cualquier carrera de ciencias sociales ¡Qué carencia de talento!. La nave va al garete.”
    Donde por respeto a los estudiantes, incluso al estudiante medio, yo diría: “Sólo vaguedades que podrían ser superadas por cualquier estudiante de inicio de carrera de ciencias sociales y aún considerando el nivel de la educación en México!!!…”

    Saludos cordiales.

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