¿Estado fallido?

Escrito por on May 6th, 2015 y archivado en Agenda Pública, Destacado, Galería Fotográfica. Tu puedes seguir los comentarios a esta entrada a traves de RSS 2.0. Comentarios y referencias estan cerrados.

¿Estado fallido?

fallidoEl desafío del Cártel Jalisco Nueva Generación al Estado mexicano que se presentó el pasado 1° de mayo en Jalisco y alrededores, rebasa la capacidad de reacción mostrada hasta ahora por la delincuencia organizada en el país. Hay elementos para caracterizar como graves las falencias del Estado, sin necesidad de caer en la descalificación política.

El think tank norteamericano especializado en el tema Fund for Peace elabora desde hace algunos años el Fragile States Index de acuerdo a doce indicadores: 1. Crecientes presiones demográficas, 2. Movimiento masivos de refugiados y desplazados internos, 3. Legados de grupos que buscan venganza o que se siente perseguidos, 4. Éxodo crónico y sostenido de la población, 5. Desigual desarrollo económico de distintos grupos, 6. Declinación económica severa, 7. Criminalización o pérdida de legitimidad del Estado, 8. Deterioro progresivo de los servicios públicos, 9. Suspensión o aplicación arbitraria del Estado de derecho y extensas violaciones de los derechos humanos, 10. Aparato de seguridad que opera de manera independiente del Estado, 11. Prominencia de élites sectorizadas, 12. Intervención de otros Estados o actores políticos externos.

El último reporte de 2014 analiza el comportamiento de 178 naciones, agrupándolas en 11 categorías: a) Muy Alta Alerta, b) Alta Alerta, c) Alerta, d) Muy Alta Advertencia, e) Alta Advertencia, f) Advertencia, g) Menos Estable, h) Estable, i) Muy Estable, j) Sustentable y k) Muy Sustentable.

Los cinco países de la primera categoría son Sudán del Sur, Somalia, República Centroafricana, Congo y Sudán. Hay 11 países de Alta Alerta, entre los que se encuentra Haití. Los estados de Alerta son 18 y aparece Corea del Norte, no obstante su régimen dictatorial, lo que sirve para ejemplificar que no solamente el monopolio de la fuerza y el orden componen la calificación de las quiebras de los estados. Entre las 32 naciones de Muy Ata Advertencia aparecen dos latinoamericanos: Colombia en el lugar 59 y Guatemala en el 66, lo que sirve para advertir también que no obstante la pacificación del país sudamericano y la restauración del entramado social no se coloca todavía en una posición excepcional, aunque esto desde la relatividad del Índice.

El bloque más grueso lo componen los países catalogados de Alta Advertencia con 43, entre ellos se encuentra México en la posición 105, mejor calificado que naciones como Israel (67), China (68), Rusia (85) y Arabia Saudita (96), pero por debajo de Cuba (107). Hay 117 estados en el nivel de Advertencia, entre ellos Brasil (125), uno de los países de la región con los que compite México. Menos Estable tiene 12 países, entre ellos los caribeños Antigua y Barbuda, Panamá, Bahamas y Barbados, pero también Grecia, que se encuentra procesando una severa crisis financiera. Hay 15 países considerados estables, entre ellos los latinos Costa Rica, Argentina y Chile, y los europeos Italia y España.

Los países Muy Estables son 12, destaca Uruguay y las potencias Japón, Estados Unidos, Francia, Reino Unido y Alemania. Hay también 12 naciones en la categoría Sustentables, los europeos Holanda, Austria, Irlanda, Islandia, Luxemburgo, Suiza, Noruega, Dinamarca y Suecia; Canadá de América, y Australia y Nueva Zelanda de Oceanía. Finalmente, solamente Finlandia es considerada una nación Muy Sustentable (http://fsi.fundforpeace.org/).

Hay que precisar que el Índice tiene un carácter global y se alimenta de fuentes electrónicas disponibles con el propósito de alentar ideas e iniciativas para una mayor estabilidad en el mundo, por lo que cada país tiene su abordaje particular, lo que no demerita el valor del análisis.

En ese sentido, ante los hechos que se han presentado en México durante los últimos años, los de los últimos meses y especialmente los de hace apenas unos días, encuadrarlo como un estado con Alta Advertencia podría considerarse como una calificación poco severa, sobre todo si se empiezan los comparativos con otras naciones; sin embargo, ello resultaría engañoso.

El concepto de Estado fallido es reciente y no es unívoco, podría en cada caso debatirse el enfoque y la calificación, pero hay al menos unos rasgos que nos pueden ayudar a caracterizarlo, y a partir de ello elaborar un juicio, para el caso del Estado mexicano:

“A pesar del debate que genera la definición del Estado fallido podría decirse que un Estado es fallido o comienza a fallar cuando las estructuras internas no son viables, y por ende, el aparato se hace disfuncional y se complejiza al momento de responder a todas las demandas de la ciudadanía; llevando a que los bienes tanto políticos como sociales, económicos y culturales, se vean deteriorados. Así, se dirá que un Estado falla cuando otros agentes le disputan el monopolio de la violencia, las condiciones de inseguridad se establecen como un común denominador, las políticas sociales se hacen ineficaces para responder a las demandas de la comunidad, el régimen político se degenera y deja de representar o servir a las personas, la economía es obsoleta y genera todo tipo de crisis, el desarrollo humano y la seguridad humana no se garantizan o son precarios, entre otros.” (Zapata Callejas, John Sebastián: La Teoría del Estado Fallido entre aproximaciones y disensos, Revista de Relaciones Internacionales, Estrategia y Seguridad, vol. 9, núm. 1, enero-junio, 2014, p. 106, Universidad Militar Nueva Granada, Bogotá, Colombia).

Cada uno de estos rasgos se puede debatir en el contexto nacional, en la evaluación hay elementos irrefutables que nos hablan de serios deterioros, vacíos y territorios perdidos. Si duda, estamos ante una situación grave, más allá del calificativo de si estamos o no ante un Estado fallido.

A la acumulación de hechos que configuran la crisis ética de impunidad e inseguridad que se han venido manifestando en los últimos meses, ahora se agrega un escalamiento en la violencia con que reaccionó el Cártel Jalisco Nueva Generación que estremece la sociedad y que debe alertar a todos los aparatos gubernamentales.

Estamos ante la presencia de eventos nunca antes vistos, el derribo de una aeronave del Ejército y la eficaz coordinación de más de 200 sicarios para colapsar una amplia región del país e infundir el terror en la población, constatan una capacidad de fuego y estrategia que se desplegaron e hicieron fracasar una operación de inteligencia militar. Desde luego este dato es igual de preocupante, pues habla de un carente dispositivo y quizá también de la penetración a los cuerpos de seguridad.

De fondo también el problema es que estamos ante una actuación errática del gobierno federal, pues en la lucha contra las bandas del narcotráfico su primera línea de acción consistió en bajar de la agenda pública el tema de seguridad para disminuir los decibeles de la problemática que marcó al sexenio de Calderón y establecer una diferencia; pero eso solamente sirvió para atacar la percepción, no resolvió la problemática enraizada.

Las medidas de reestructuración de los cuerpos de seguridad que pasaron a manos de Gobernación resultaron cosméticas y el impulso del trabajo con la ciudadanía para el rescate de espacios públicos y el fortalecimiento del tejido social ha sido insuficiente.

De hecho, el Ejército y la Marina siguen en las calles y lo que tanto presume la administración de Peña Nieto es la captura de grandes capos, lo que no habla de otra cosa más que de continuidad con la política que se venía siguiendo. Además, el decálogo en la materia que anunció el presidente para contrarrestar el caso Ayotzinapa sigue esperando su aprobación completa en el Congreso.

El escenario termina por desdibujarse con la multiplicación de actos delincuenciales y brotes de violencia a lo largo de varias regiones del país. Urge de nueva cuenta una reacción, quizá un nuevo acuerdo de las fuerzas políticas, los gobiernos y la sociedad para tratar de obtener alguna oportunidad de esta crisis.

El proceso electoral hace complejo emprender algo por ahora, así como las disputas sucesorias que se han adelantado; sin embargo, no puede esperar la presidencia de Peña Nieto a que pasen las elecciones y pueda lograr la mayoría que se había planteado, y que es posible que logre pese a todo, así como tampoco puede esperarse a que su apuesta sea la dilatación de los problemas y el olvido.

Para ver el archivo de textos del autor Gustavo Martínez Romero dar clic en su nombre

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