‘Modernidades’

Escrito por on Mar 30th, 2015 y archivado en Destacado, Galería Fotográfica, La Nueva Europa. Tu puedes seguir los comentarios a esta entrada a traves de RSS 2.0. Comentarios y referencias estan cerrados.

‘Modernidades’

modernidadA partir de entonces el entusiasmo fue creciendo cada vez más a medida que se veía cómo las casas de los otros se llenaban de esclavos y cómo aumentaban sus propiedades. Y nuestro Señor y Dios, con el deseo de recompensarles (a los portugueses) todo el trabajo que habían hecho a su servicio, les concedía como prisioneros –a hombres, mujeres y niños- el número de 165 personas.

Azurara (Conquista de Guinea)

La búsqueda de una sociedad justa, la erradicación de la violencia destructiva, la conquista de la ‘paz perpetua’ no se encuentran dentro de los planes de la modernidad capitalista.

Bolívar Echeverría

Originalmente la palabra moderno (en latín modernus) dio cuenta de la distinción establecida entre la etapa cristiana y la pagana, en la cultura romana. A partir de ese entonces el uso del término desaparece o se presenta de una manera intermitente, cuando se toma conciencia de estar viviendo una nueva época, siempre en relación con otra inmediata anterior que se deja atrás, o con la temporalidad clásica que se conserva de una manera idealizada, dado que la Antigüedad era concebida como un modelo arquetipal a ser recuperado.[1]

Así fue que el concepto de lo ‘moderno’ surgió en la Roma tardía y se utilizó en Europa de manera esporádica hasta llegar al Renacimiento; tiempo en el cual, a efectos del descubrimiento y de la conquista de América pasa a tener una connotación más precisa y definitiva. De manera tal que se puede considerar que en el 1942 comienza la Era Moderna,[2] para que a partir de entonces decir Modernidad sea hacer referencia a los procedimientos procesuales realizados por los europeos en su expansión mundial y a las transformaciones económicas internas que se van desarrollando en aquellas naciones: Exploración, conquista, colonización, construcción del sistema mundo, con la implementación de una economía capitalista…

Lo que acontece en el 1492: el ‘encuentro’ de culturas distintas que se desconocen mutuamente –lo que en realidad fue un encontronazo violento que significó el fin de un ‘mundo’- posibilita el surgimiento de la Era Moderna. Desde entonces se es moderno con referencia a un pasado medieval y antiguo –concepto temporal- , y a que los europeos se consideran ‘modernos’ y ‘superiores’ con respecto a las culturas aborígenes que contactan en el Nuevo Mundo que ellos procrean –concepto de otredad cultural. Con un sentido que denota, ya, superioridad material, los europeos como hacedores de la Modernidad ubican y consignan a los aborígenes en calidad de ser salvajes primitivos, incivilizados; por ende, seres inferiores que deben ser aculturados por intermedio del ‘cristianismo’.

La diferencia con el otro irrumpe[3] y constituye la Modernidad, la hegemonía europea, los dos lados de una moneda mundial: conquistadores-conquistados, colonizadores-colonizados; metropolitanos-periféricos. De un lado, europeos y criollos, del otro múltiples castas de subordinados.

El cercenamiento de las condiciones de vida prevalecientes en el Horizonte Arcaico –incluyendo los valores y la ideología sacramental,[4] así como las formas de la economía doméstica- va posibilitando el encendido de la dinámica materialista que propicia un mundo preferentemente urbano en el que cobran preponderancia las actividades mercantiles. Apareciendo una formación social metropolitana en la que al unísono de que se atrae riqueza del exterior, se va incrementando la elaboración de mercancías; procedimiento con el que se irá estructurando el desarrollo material con el concurso de la “razón constructiva”, gracias a la cual se desenvuelven e incrementan las actividades prácticas que tienen por finalidad la fabricación de enseres[5]; entonces la materialidad del mundo se incrementa, las personas se concentran en la inmanencia de los quehaceres terráqueos-mundanos; ya no prevalecen las nociones trascendentales-trasmundista; la economía doméstica, con sus normas de justicia medievales, es desbordada por la creciente productiva y por la intensificación del intercambio, para que así vaya prevaleciendo el valor de cambio sobre el valor de uso –la fortuna inmobiliaria sobre la fortuna mobiliaria-; condición que cobra mayor relevancia cuando el dinero es invertido en la industria para disparar al capital…

Si antaño la noción de atemporalidad, de tiempo-eterno-inmutable, o de tiempo cíclico, predomina, han de perder credibilidad ante el paradigma moderno del tiempo continuo y progresivo. La perduración de la temporalidad que se deja percibir como continua, puesto que aún y mirándose hacia el pasado transcurren los siglos sin que el mundo conozca el fin anunciado (revelado, apocalíptico), aunado al incremento económico que se realiza en Europa a partir del siglo XI –sin que la crisis del siglo XIV logre interrumpirlo-, posibilita una nueva percepción del tiempo que concibe la noción de acumulación y progreso. Por la concatenación de una continuidad que se conoce, se concibe una historia lineal engarzando épocas distintas, para que aparezca la certeza de que se pueden ir mejorando las condiciones de existencia en ruta hacia un futuro que ya no parece tan incierto, sino factible de ser realizado, gracias a lo cual la idea de progreso ira cobrando sentido. Puesto que en el decurso de ese tiempo continuo la sociedad se modifica y se acrecienta la demografía, triunfándose por sobre las pavorosas mortandades que de manera recurrente diezmaban a las poblaciones[6], todavía en los primeros siglos de la Era Moderna. A este mismo factor va ligada la intensificación del trabajo y la acumulación material que cobra mayor relevancia. El Mundo Nuevo europeo es un orbe acrecentado.

De esta manera, el tiempo histórico lineal, sucesivo e irrompible, eclipsa al tiempo cíclico y a sus contenidos culturales.

La Era Moderna es una temporalidad histórica; el capitalismo la dota de contenido ontológico a la par de que funge como su motor propulsor.

En la propia Europa, el proceso de escisión de los siervos de la gleba viene siendo una condición fundamental para la instauración del modo de producción capitalista. Lo que Marx llama la “acumulación originaria de capital, su punto de partida”; proceso que presenta un doble carácter: En el plano socio estructural, se trata de “el proceso histórico de escisión entre productor y medios de producción[7]; de la condición existencial de los trabajadores que siendo desposeídos de la tierra comunal son arrojados a la pasarela urbana, incipiente mercado de trabajo en el que están condenados a ganarse el sustento de cada día con el sudor de su trabajo vivo, esto es, a convertirse en asalariados, sin ningún pedazo de tierra del cual poder vivir en base al cultivo de sus frutos.

De ahí el que este procedimiento de escisión, practicados por ‘gentiles’ terratenientes y por ganaderos –contando con el apoyo de los administradores en turno-, sea conocido como el ‘pecado original’ que comete el Capital en su eclosión. En este caso se trata de la expropiación de múltiples ‘paraísos terrenales’ que han de ir quedando en manos de acaparadores privados. La manzana aparece como el capital codiciado que se ofrece tentadoramente, como el fruto prohibido a ser poseído por la compulsión capitalista: la manzana engusanada reluce tentadora y el gusano es la serpiente que incuba huevos en el fruto acerbo, para que a partir de entonces el reino de la serpiente se instaure en la Tierra. Aunque la versión burguesa de tal pecado se nos presenta como un cuento favorable a sus intereses, similar a la fábula de la ‘hormiga y la cigarra’, en la cual se ocultan los procedimientos inescrupulosos con los que generalmente se realizó la apropiación originaria. No en balde ese cuento idílico ha sido promovido una y otra vez por los ideólogos del poder, pretendiéndole dar un carácter historiográfico con presunción de cientificidad. Son pamplinas, diría Marx: “En la historia real el gran papel lo desempeñan, como es sabido, la conquista, el sojuzgamiento, el homicidio motivado por el robo: en una palabra, la violencia… En realidad, los métodos de la acumulación originaria son cualquier cosa menos idílicos”.[8] Con lo cual se menciona el otro factor histórico que se activó en este proceso; lo que propiamente es la acumulación de riquezas que pasan a convertirse en capital, toda vez que se utilicen en la compra del trabajo vivo, valorizando –dinamizando la producción, acrecentando el producto- gracias a ese trabajo añadido que retribuye ganancias con creces. Por lo que el fruto del trabajo ha sido conquistado junto con el ‘paraíso perdido’, cual reino de la abundancia multiplicada.

La acumulación de riqueza neta, en su carácter mercantil, fue lograda por los europeos gracias a las cruzadas con el pillaje efectuado en diversos califatos musulmanes así como en Bizancio. De allí parte en buena medida el capital-dinero que activa a Venecia y a Génova, y en menor medida a Francia, a los Países Bajos, la Hansa e Inglaterra. Capital-dinero que efervesce en los mercados del Bajo Medievo e incrementa su dinámica, la que desemboca en el Renacimiento y en la Conquista de América; lo que viene a funcionar como la acumulación originaria, en este caso de capital comercial, con el cual se va gestando la economía-mundo:

La circulación de mercancías es el punto de partida del capital. La producción de mercancías, la circulación mercantil y una circulación mercantil desarrollada, el comercio constituyen los supuestos históricos bajo los cuales surge aquél. De la creación del comercio mundial moderno data la biografía moderna del capital”. [9]

Aunado a lo cual, el incremento de las actividades productivas intra europeas se va dando de manera paulatina entre los siglos XV al XVI, acrecentando la riqueza generada en un proceso simultáneo que termina de instalar el modo de producción capitalista, en tiempos que se aproximan a su consolidación cual transición radical que culmina en el industrialismo….

Sobre un doble eje de sujeción y succión se construye la modernidad capitalista. La cauda de riquezas arrancadas a las colonias, combinadas con la plusvalía de los trabajadores europeos, pasa a ser la acumulación que propicia el arribo definitivo a la Era del Capital y a la Modernidad que crea una periferia sobre-explotada; por igual, el capital propicia desposeídos-asalariados (el proletariado urbano) al interior de las células en cada una de sus agrupaciones.

Tal y como Marx ya lo estipuló: “En general [y a lo largo de toda la época colonial] la esclavitud disfrazada de los asalariados en Europa exigía a modo de pedestal, la esclavitud sans phasedesembozadaen el Nuevo Mundo”.[10] Dominancia del capital intra europeo: siervos, artesanos, asalariados. Dominación del capital colonial: jornaleros, peones, esclavos autóctonos e importados, más tardíamente asalariados.

Así como el funcionamiento del capitalismo en un nivel macroeconómico establece y agudiza diferencias de clases, así también ocurre que en el mundo moderno se van estableciendo asimetrías internacionales entre países desarrollados y naciones subdesarrolladas. Así como hay capitalistas y asalariados hay países colonizadores y colonizados. Siendo estos los dos niveles en que se manifiesta y concreta el dominio del Capital.

De manera que podemos considerar que la Historia Moderna es la historia cincelada por el capital a través de algo así como ocho siglos en que se ha desenvuelto la vida procesual de este sistema, en una alegoría orgánica en que lo captamos desde su gestación intrauterina hasta el principio de su senectud, etapa actual en la que se encuentra.

Sabemos, pues, que la Modernidad se gesta en Europa entre el siglo XI y el XV, ligada a las primeras formaciones capitalistas –capitalismo mercantil- que florece en las pequeñas ciudades-repúblicas del Norte de Italia, Flandes y Alemania (la Hansa), principalmente. Teniendo el capital en ellas las células y el protoplasma de su estructura, la que se irá consolidando con la aparición de los modernos Estados nacionales, en los que ese potencial generativo se ve incrementado con políticas económicas tendientes a hacer funcionar y a fomentar la productividad simultánea a la adquisición de ganancias. Proceso en el cual los burgueses van tomando por asalto y trasformando al Estado y a la monarquía semi feudal. Para que por primera vez en toda la trayectoria de la Civilización la clase de los comerciantes pase a ocupar la cúpula del poder desplazando a la nobleza. Los intereses del capital mercantil –entre otros motivos- impulsarán a los europeos a salir de sus fronteras, convirtiéndose en conquistadores y en colonizadores del Continente ignoto (la futura América). Constituyéndose así en la cultura dominante, la moderna por antonomasia, la que impone condiciones y establece el patrón de comportamiento al resto de culturas sometidas a su férula.

Siendo este proceso histórico de expansión geográfica, de descubrimiento, conquista, colonización, de explotación, de comercio. De difusión, de intensificación que concreta en el auténtico sistema mundo colonialista, procreado por la acumulación capitalista obtenida con los vectores extractivos aplicados sobre las colonias. Con lo que al ir tejiendo la red metropolitana eurocéntrica, va constituyendo a la Modernidad como una etapa histórica en la que los diversos pueblos del mundo van siendo contactados e integrados en un sistema de explotación-producción y mercadeo, por medio del cual se engorda al capital metropolitano.

Los intereses económicos del capital se hacen predominantes, y en base a ellos se implementan estructuras y mecanismos de extracción, de producción y transferencia, con los cuales los europeos van interrelacionando al Planeta e imponiendo una dinámica que les favorece; siendo una forma de sistema, más que comercial, colonialista, por el tipo de violencia y de relación de dominio que establece; tipo de relación impositiva cuya función primordial consiste en transferir innumerables recursos a Europa. Por esta ruta los europeos explotaron el trabajo de millares de esclavos y jornaleros aborígenes, cuya mano de obra represento un costo ínfimo que cubrir, por lo que las ganancias netas así obtenidas fueron inconmensurables.

La dinámica mercantilista acrecentándose por todo el orbe y la succión centrípeta aplicada por las metrópolis propiciaron la cuantiosa acumulación de capital con la cual Europa noroccidental se consolidó como la región más desarrollada del Planeta. La capitalización de esos recursos por las potencias septentrionales fue la fuente directa de energía para su revolución industrial. Mientras que para la contraparte, por efectos del eje metrópolis-colonias, este mismo proceso significó la conformación de sociedades en condiciones desventajosas; estructural e históricamente subordinadas, dependientes de las potencias colonialistas, apareciendo así, en un sentido político-militar, estados dominantes y naciones dominadas; y desde un aspecto económico: países desarrollados y países subdesarrollados. Países avanzados en tecnología, con una eficiente infraestructura productiva que se acrecienta de manera constante, y naciones atrasadas con respecto a esos elementos materiales.

Por todo ello, la dominación colonial constituye la base sustentante del sistema moderno. Entonces, la Modernidad se presenta como una condición socio-histórica establecida por el desarrollo del capital que concreta en el sistema mundo colonialista ejerciendo una capitalización (absorción de recursos) metropolitana.

En la historia moderna el capital acecha desde las sombras, es el monstruo draculezco que tiene necesidad de subyugar a los trabajadores, el monstruo frío e insepulto que se alimenta de sangre humana… Simplemente, el alma de la Modernidad está insuflada por el capital; diríamos: el capital es su alma, su espectro, su carne. Como motor de la modernidad, como impulso vital que le hace crecer e ir produciendo más y más materialidad y sistema; en un proceso económico-social que se intensifica y va inflando al mundo, inundándolo con comercio, con mercancías, acrecentándolo con estructuras urbanas, con fábricas y máquinas; activado por ese cúmulo de ansias particulares e insaciables que en aras de incrementar riquezas invaden y dinamizan todos los ámbitos mundanos, al unísono de que se va consolidando un complejo sistema de dominio intra e internacional.

La Modernidad transcurre modernizándose, episodio tras episodio, período tras período. La clave del desarrollo capitalista irá consistiendo en la elaboración de una tecnología aplicada tanto a la productividad mercantil como al establecimiento de un arsenal militar; conglomerado industrial por medio del cual las potencias consolidan su hegemonía. Lo que implica la implementación de una instrumentalidad adecuada a los oficios de carácter industrial que se va perfeccionando en serie, como potencial infraestructural que acrecienta a las economías desarrolladas propiciando una transformación cualitativa-cuantitativa en todos los rubros mundanos. Y en seguimiento a esta tendencia la Modernidad cristalizó en la civilización industrial a mediados del siglo XVIII en Inglaterra, para que desde entonces podamos considerar que estamos viviendo una etapa histórica superior de la Era Moderna, período relativo al predominio de la máquina industrial: industrialismo, maquinismo.

Capital mercantil → capital comercial → metropolitano → capital industrial. Esta es la secuencia del desarrollo capitalista que remata en la sociedad contemporánea multi-industrial. Esto es, la sociedad industrial culmina el desarrollo de aquel sistema que a veces es llamado como el “primer capitalismo”, capitalismo preindustrial que se concentra todavía más en la extracción y en el mercadeo de los bienes materiales que en la producción. Pero que ya es un tipo de sistema que aún y siendo incipiente hace de las suyas desde el siglo XV instaurando toda clase de actividades y estructuras proclives a su desenvolvimiento.

De manera que diversas formas de capital van constituyendo a la Modernidad y a la Sociedad Industrial a través de una secuencia histórica. Dialéctica del desarrollo y del progreso material en la que el Capital, como quintaesencia de la Modernidad, encuentra en la industria la dínamo productiva que transforma por completo la vida material en las diversas sociedades en que se va instaurando el industrialismo, con la producción en serie, la maquinaria sofisticada[11] y el consumismo.

Así pues, capitalismo y sociedad industrial son los componentes fundamentales de la Modernidad; y aunque con el correr de las décadas se vayan transformando tales entidades, sus estructuras esenciales no sufren alteraciones cualitativas, sino sólo modificaciones operativas y perfeccionamientos acordes con la funcionalidad del Sistema que se incrementa y se vuelve más sofisticado, en la medida en que progresa el instrumental productivo. Desarrollo, progreso material que se acrecienta sin conocer hasta la fecha un límite, siendo esto una cualidad constitutiva del capitalismo y de la modernidad, que cual ‘espíritus hegelianos’ se tornan más vigorosos en su madurez.

Por lo que la Era Moderna aparece como una etapa histórica que ha producido continuidad progresiva en el desenvolvimiento del factor productivo, considerado como el preponderante. Desenvolviéndose a través de una serie de procesos que se interrelacionan y estimulan unos a otros dentro de un marco de posibilidades autogeneradas por las mismas formas de organización social establecidas bajo el predominio del Capital.

La Modernidad es un continuum histórico que se ha dado sin sufrir ruptura alguna, sino tan solo fracturas o transformaciones, en las cuales el contenido global y genérico se siguen manifestando por los causes factibles que se realizan acordes con las características constitutivas del Sistema. Una secuencia continua que sufre transformaciones, cambia de modalidades, modifica las estructuras para implementar su poder productivo y su dominancia política; se trata de un cambio de edad en la misma entidad; crecimiento como aumento de potencialidad, cambio como crecimiento sin modificar las estructuras fundamentales constitutivas de los fenómenos esenciales de la globalidad capitalista que crece y se infla al efervescer en el mundo entero. Ocurriendo que como efecto alterno de este mismo desarrollo aparece una problemática muy intensa que tiende a irse complicando con el correr de los tiempos contemporáneos. Por lo que en esta época, y muy a pesar de Hegel y de los posmodernos, el mundo entero se precipita en una crisis[12] irreversible y acelerada, con pronósticos catastróficos; toda vez que el sistema capitalista, de manera inevitable, se adentra en su senectud, como plena decadencia de un sistema que se descompone. Aunque esta decadencia presenta una característica sui generis, que hace que acontezca de una manera anómala comparada con otros eclipses históricos, (dado que por ser una macrocrisis global, involucra a todo el mundo, y las causas y efectos de esta problemática son de dimensiones nunca antes conocidas). En mucho porque las endemoniadas fuerzas productivas de la máquina capitalista no paran de producir modelos más y más desarrollados, creando una situación contradictoria en la que aumentan las fuerzas productivas al mismo tiempo de que el malestar social se acrecienta, en una ecuación entrópica[13]: a mayor dinámica productiva, mayor crecimiento de la burbuja consumista e intensificación y agudización de los problemas operativos del sistema, mayor polución del caos.

Por lo hasta aquí dicho, y dado que existe una confusión en el uso del concepto relativo a lo moderno, modernidad, modernización, es pertinente realizar una aclaración:

Era Moderna: Período histórico que va de fines del siglo XV hasta nuestros días, presentando varias etapas que lo subdividen. Era que se caracteriza por la construcción del sistema mundo, el desarrollo del capitalismo y la concreción de la productividad industrial. (De ahí la importancia de hacer ver que la realidad contemporánea sigue siendo determinada por el capitalismo industrial, para combatir el efecto posmodernista-posindustrial).

Modernidad: Relativo a la Era Moderna; vale para indicar la consideración histórico-genérica que va predominando, consideración que favorece la noción de progreso material, y que también se refiere a un supuesto proceso de emancipación, mito justificativo de la dominancia irracional capitalista.

   Modernización: Política económica de planificación que se propone acorde con la dialéctica: país desarrollado-nación subdesarrollado. Modernidad por alcanzar, desarrollo siempre diferido para los países atrasados tecnológicamente. (Lo importante aquí es hacer ver cómo se es moderno en calidad de subdesarrollado. Puesto que el sistema capitalista así funciona, ese es el orden internacional que constituye al sistema y lo fundamenta).

Modernismo: Corriente estética elaborada por artistas en los siglos XIX y XX.

   Economía Mundo, ‘economía colonial’. Por primera vez en la Historia se logra establecer propiamente una economía mundo transoceánica a través de los intercambios efectuados entre Europa y sus colonias; implicando un régimen de transferencias impositivo, controlado por la coronas ibéricas, propiciando una economía colonial basada en la aplicación de los vectores centrífugos-centripetos hacedores del flujo de intercambios realizados por las metrópolis a su favor, en base a su predominio político-militar.

Mundo Nuevo: Concerniente a la reactivación de la sociedad europea, que comenzando en el campo culmina en las urbes; significando condiciones materiales de existencia revolucionadas, refiriéndose a lo que se factura como nuevo en todos los ámbitos del saber y del hacer; dinámica social que se incrementa a partir del Renacimiento, constituyendo preferentemente al sector metropolitano.

Nuevo Mundo: Referente al continente Americano en calidad de periferia y nuevo mundo edificado por los europeos; el mundo colonial que ellos propician: Que es ‘nuevo’ desde la perspectiva de los europeos porque les era desconocido y porque prefieren ignorar y suprimir su contenido autóctono. Por consiguiente, la colonización, el mestizaje (si lo hay), la nueva urbanidad con condiciones materiales incrementadas en este otro Continente, será historia acaecida en el Nuevo Mundo que los europeos generan.

Un sentido es hablar de lo moderno como referido a situaciones históricas acontecidas en la Era Moderna. Sentido histórico-holista del término que hace referencia a la realidad gestada a lo largo de siglos en que los procesos capitalistas van realizando a una formación social dominante y determinista. De otra manera, “modernidad” hace referencia a las cualidades socio-culturales (industrialización, racionalismo, progreso, civilización por antonomasia, cristiandad, etc.) que el modo de vida europeo desarrolla a la vez que impone a los conquistados y colonizados. Por extensión, Modernidad significa iluminismo, ilustración: autorreferencia ideológica y propagandística del desarrollo material alcanzado por los europeos que suelen funcionar como ideología encubridora de la dominación imperialista efectuada por ellos.

El término “modernización” resulta más claro. Bien definido como un “proceso imitativo de constitución”, el que se les presenta a los países subdesarrollados como estigma para salir de esa situación, terminando por ser “la falacia desarrollista”.[14]

Era Moderna como etapa histórica: capitalismo como su constituyente socio-económico.

Capitalismo como sistema dominante: modernidad, modernismo, posmodernidad, como su engendro ideológico.

Como hemos visto, la Modernidad es una etapa histórica en la cual se desarrolla el sistema capitalista. Pero en el ámbito de la ideología, una vez que el sistema se ha vuelto hegemónico, puede fabricar una imagen intelectual de la “modernidad” acorde con su perspectiva y con sus intereses particulares: esto es el eurocentrismo: una ideología encubridora de la dominancia que han ejercido las potencias europeas y sus herederos y símiles, desde la primer colonización hasta la actual expansión mundial del capitalismo.

Forma de dominio ideológico que tiene por más connotada presentación al liberalismo, tanto el de la vieja guardia como al neo, con los cuales enarbola y despliega las consignas dictadas por los intereses dominantes. Influencias y sobredeterminaciones que se llevan a cabo en los dos niveles preponderantes, ya sea como imposiciones de las potencias sobre los países subdesarrollados, así como por la burguesía sobre los trabajadores; complementándose la dominación material con una de índole ideológica, factores, ambos, preponderantes para estructurar una hegemonía global sobre el mundo entero.

La situación de un país subdesarrollado –como es México- ilustra la condicionalidad a seguir cuando se pretende “alcanzar el desarrollo”. Toda vez que se encuentra en los países desarrollados el modelo histórico-económico a reproducir; o más bien dicho, esto se lo imponen y no encuentra otra alternativa, dado que el socialismo real siempre estuvo fuera de su alcance –América para los ‘americanos’-, y ya ahora el pseudo socialismo es un intento fallido por modificar al capitalismo. Entonces, en la actualidad México está obligado a tratar de establecer un tipo de economía que siga los parámetros de los modelos desarrollados con la intención de llegar a ser como aquellos.

En este horizonte cerrado de fin de milenio no se encuentra ninguna alternativa de cambio macrosocial a mediano plazo. El mundo contemporáneo está condenado a vivir el pandemónium del capitalismo tardío, el capitalismo desenfrenado, hasta que este sistema se autodestruya por sus excesos y sus contradicciones internas.

De ahí el que en la actualidad las naciones dependientes vivan bajo una condicionalidad que evita la implementación de variables, una sobredeterminación que de manera a fortiori conduce a los países subdesarrollados por la ruta que marcan las potencias económicas y tecnológicas. El círculo de la dominación del capital se cierra sobre el mundo y las economías internacionales funcionan dentro de un círculo vicioso.

En estas circunstancias las preguntas pertinentes que se preocupan por el futuro desde la posición de los subdesarrollados consisten en: ¿Pueden los países infradesarrollados alcanzar el nivel de las potencias mundiales en una temporalidad en que la crisis descompone al propio Sistema? (Ni ahora ni antes). ¿Realmente el sistema capitalista internacional, con sus directrices estructurales, permite el proceso? ¿Qué acaso no vive este sistema de la desigualdad estructural, congénita, que él mismo ha engendrado y a toda costa se empecina en mantener? ¿Qué acaso la macrocrisis actual no es un producto neto del desenvolvimiento del sistema capitalista que nos ha traído hasta aquí y amenaza con desembocar en una catástrofe? ¿Cuándo los ideólogos del capitalismo desarrollado de los EUA nos dicen que la solución para México radica en intentar seguir asemejándose a su sociedad, no están acaso ocultando cómo la política impositiva que ellos han establecido sobre América Latina desde hace más de un siglo, en realidad para lo que ha servido es para retardar o imposibilitar este desarrollo? ¿Qué acaso la disparidad tecnológica y el déficit perpetuo en los flujos comerciales –recuérdese que México para exportar tiene que importar bienes de capital e insumos-, a más de que las exacciones causadas por la deuda, no están en realidad sino incrementando la desigualdad en aras de un sistema de dominación que esquilma lo que puede y lo que quiere a las naciones del bloque sur? ¿Qué acaso el mercado mundial contemporáneo, con la apertura comercial, no favorece a las transnacionales y éstas imponen su ley en base a su inigualable infraestructura instalada y a su avanzada tecnología? Y si no, pues que se dejen de proteger las patentes y se permita que esa tecnología se implemente en las naciones infradesarrolladas; aunque en realidad esto en vez de contribuir a solucionar problemas lo que haría es incrementarlos en el caos entrópico.

Por todo ello es pertinente entender de una vez por todas que el sistema capitalista, tal y como ha existido hasta nuestros días –y no tiene por qué cambiar-, vive de proporcionar la desigualdad en los dos macroniveles sociales. Puesto que el complejo sistema internacional contemporáneo presenta mecanismos muy sutiles para la extracción de recursos en el flujo de los intercambios del eje norte-sur.[15] En los cuales la balanza suele inclinarse a favor de las potencias gracias a varios factores de gran proporción, como pueden ser, por sólo mencionar tres: la deuda ex(t)erna; las regalías trasladadas por las transnacionales a sus matrices; así como las exportaciones de bienes de capital de la industria avanzada hacia las naciones atrasadas. Mientras que en el nivel intranacional se acrecienta la desigualdad entre las clases, dado que el constitutivo básico del capitalismo radica en la extracción de plusvalía y en la concentración de ésta en un sector social muy reducido; porque toda edificación institucional en la sociedad industrial ha crecido sobre esa cimentación y no hace sino reproducirse conforme avanza e intensifica sus modelos y parámetros de producción y reproducción. Aconteciendo que en estos mecanismos estructurales radica la dominación y la dependencia internacional que impera bajo la égida del capitalismo tardío, en lo que debe ser la modernidad epigonal.

Sumergidos en esta temporalidad hay dos maneras de plantear la ubicación dentro del mundo moderno. Por una parte se considera a lo moderno como atributo exclusivo de los países desarrollados, los primeros en alcanzar la revolución industrial son los modernos por antonomasia. Los países subdesarrollados serán infra-modernos, para modernizarse y alcanzar el ‘primer mundo’ deben industrializarse. Lo paradójico es que México, según esta concepción, ‘está alcanzando la modernidad’ en la era ‘posmoderna’ –seguimos haciéndole el juego a estos ideólogos posmodernos-, en la era ‘posindustrial’. En realidad, con la agravante de que esto ocurre cuando ya la sociedad industrial ha depauperado buena parte de los recursos naturales del Planeta, y se da por consabido que la continuidad de los procesos industriales-consumistas solo conduce hacia la agudización de los problemas presentes. Entonces, queda por verse en qué consiste ‘nuestra adscripción al primer mundo’. La respuesta sería: como socios comerciales; sociedad que en realidad significa competencia desigual y flujo de ‘inversiones’ que van a parar a la ‘bolsa’ –de la plutocracia-, capitales golondrinos que perpetúan a México en su calidad de país dependiente del capital extranjero de las potencias industriales. Toda vez que durante el salinato se entregó la economía a los especuladores nacionales e internacionales[16], y que el actual gobierno se desvive para que estos agiotistas no sufran mermas en sus cuantiosas ganancias; puesto que la tecnocracia mexicana –como las demás en Latinoamérica- al implementar los modelos neoliberales favorecen los intereses del gran capital monopólico-transnacional.

En este sentido se pretende que existe un desfase entre los países que son auténticamente modernos-desarrollados- y los infra-desarrollados que deben esforzarse por alcanzar tal modernidad, cerrándose la distancia que significa desventaja, algo así como el proyecto inconcluso de la modernidad aún por concretarse.

De cierto que estas concepciones son aptas para aquellos que consideran que el capitalismo es el fin de la historia, que no puede haber un futuro distinto al que impone este sistema. Ilusamente consideran que todos los países del mundo algún día serán igualmente ‘modernos’ en razón de que alcancen la potencialidad industrial que los primermundistas ya han consolidado. Ingenuidad, porque no se ha comprendido que es el sistema capitalista y cómo funciona.[17]

Como hemos indicado, el capital comercial adquirió mayor fuerza gracias a la colonización, para llegar a ser una especie de capitalismo metropolitano que extrae grandes riquezas y obtiene inmensas ganancias de la explotación colonial. De allí proviene la importancia que adquirió la disputa establecida entre las naciones europeas por el predominio en la Era Moderna, como condición que propicia el ulterior desarrollo de las potencias triunfantes. Y es debido a esta procesal histórica el que los estados subdesarrollados hayan adquirido tal condición. Entonces, el problema para nuestros países dependientes y subdesarrollados se debe a que estas características las ha adquirido, precisamente, por la manera histórica como se ha desarrollado la Modernidad; y en el cómo nuestras naciones han sido incluidas en el proceso civilizatorio bajo la dominación que gesta el colonialismo metropolitano de fuerza centrífuga-centripeta. Proceso que alcanza su apogeo actualmente con el capitalismo desenfrenado que intensifica su dominancia por todos los sectores establecidos.

mapa

Los Vectores Centrífugos de las diversas metrópolis europeas en sus inicios.

Fuerza Centrífuga Europea. Factores que la posibilitan:

  • Desarrollo intrauterino efectuado desde el siglo XI al XV, no interrumpido por la Pandemia de la Peste Negra. Haciendo posible incluso un desarrollo tecnológico considerable efectuado durante el siglo XV.
  • Salvando la Pandemia se inicia un crecimiento demográfico sostenido, lo que activa la competencia intra-europea al unísono de que acrecienta las relaciones de intercambio y la eficacia militar.
  • Ergo, en Europa se incrementa la necesidad de obtención de especias, materias primas, metales preciados.
  • Los anteriores factores promueven el desarrollo marítimo-mercantil, así también militar, concretando en la supremacía sobre el resto del mundo que le permite a las potencias europeas proyectarse allende los mares.
  • La proyección de las cruzadas en procura de la obtención de botín, lo que seguirá siendo justificado con la pátina religiosa de propagar la ‘verdadera religión’, asumiéndose la justificación ideológica y el celo fanático impulsivo.

Esta otra perspectiva consiste en considerar a la Modernidad como a una etapa histórica que comienza desde fines del siglo XV, en la cual, a nivel mundial se expanden las contradicciones inherentes en los estados nacionales (europeos) recién formados. Es decir, si al interior de los Estados hay dominadores y dominados, en el mundo colonizado hay conquistadores y conquistados, y por ende, también, dominadores y dominados; con dominadores que a su vez son dependientes de otros dominadores, en la escala del poder piramidal del sistema mundo colonialista. Puesto que en la Era Moderna los europeos conquistaron y colonizaron a medio mundo, creando el eje norte-sur que hasta la fecha sigue imperando. Siendo una condición histórica más profunda que la significada por el eje este-oeste, ya de hecho finiquitada. Dado que dicha distribución geográfica del poder también se asentó en la Europa moderna definitiva; de manera macroregional el Mundo Mediterráneo quedó por debajo del Septentrión Occidental, en lo que respecta al desarrollo material; y así aconteció al interior de las naciones mediterráneas como España e Italia, en donde el norte es zona industrializada mientras que el sur no presenta igual grado de desarrollo. Y en los mismos EUA se produjo este patrón: yanquis industrializados, confederados esclavistas.

Por tanto, se es moderno, se está incluido en el orden socioeconómico moderno, aun y como región expoliada, como país periférico subordinado a una metrópoli. Esto es, se ocupa una posición estructural en el sistema como el componente dominado de la totalidad mundo; posición secular difícilmente superable, pues el sistema capitalista vive, efectivamente, de tejer esta red de dominancias y de la plusvalía que de ella extrae. De cierto, la emancipación de los dominados, en cualquier sector y nivel de la pirámide, desequilibraría el orden de tal sistema, lo que significaría el fin del capitalismo-imperialista como tal.

En este sentido, el problema radica en que entramos a la Modernidad, desde el principio, como naciones dominadas, dependientes del orden metropolitano. En la dialéctica dominador-dominado, la región Iberoamericana ha jugado el papel de periferia a lo largo de toda la Era Moderna, y mientras siga funcionado el orden histórico que genera el capitalismo seguirá ocupando un puesto subordinado en el sistema internacional. Tipo de países cuyas políticas económicas siempre están supeditadas a los modelos y a los intereses del ‘primer mundo’, de ahí su calidad de ser naciones subordinadas.[18] Dentro de esta dialéctica planetaria que el capitalismo difunde a todos los niveles sociales. Y nuevamente no hay que perder de vista la doble condición política que la estructuración capitalista ha implementado: en el plano internacional dominancia de las naciones colonialistas, metrópolis desarrolladas, sobre las naciones colonizadas, igual a periferias subdesarrolladas; mientras que en lo intranacional y con valencia en todo el orbe, predominan las diferencias de clase que se agudizan, pues cada vez más los medios de producción, lo mismo que los de financiamiento y las empresas del sector servicios, se concentran en la propiedad de unos cuantos capitalistas, mientras que los sin-trabajo, los subempleados y los asalariados encuentran mayores dificultades para la supervivencia. Entonces, entiéndase, en ambos macroniveles se trata de un orden acorde con los imperativos capitalistas. En una mundialidad interconectada en donde el poder de las transnacionales se impone internacionalmente gracias a ciertos mecanismos, preferentemente de corte industrial-financiero, así como en el plano intranacional por medio de los aparatos de control hegemónicos locales, que cada vez más están a su servicio, proporcionándole un marco adecuado a las grandes empresas internacionales y a sus filiales, conformándose así poderosos consorcios que dominan la economía mundial.

En esta situación se da un manejo político de la noción de ‘llegar a la modernidad’ por las cúpulas gubernamentales-empresariales iberoamericanas. Así aparecen los neoliberales vendiéndonos el viejo sistema capitalista renovado por la tercera revolución industrial, y reeditado ideológicamente. De ahí el que los políticos tecnócratas vivan obnubilados ofreciendo el viejo sistema como si fuera el remedio nuevo. Hablamos de que la característica esencial del capital no se modifica –o se modifica para mal, para crear más desempleo y más polución, en este sentido no hay postcapitalismo sino neocapitalismo-, como tampoco se modifica gran cosa la alineación internacional de las potencias, y es nula la posibilidad de ascenso al ‘primer mundo’ para los países subdesarrollados. De manera que la disputa por el predominio en la Era Moderna se definió en la formación internacional del poder entre los siglos XVII, XVIII y XIX, a favor de los europeos oeste-septentrionales y de sus continuadores estadounidenses. Quedando el resto de países colonizados en desventaja económica, subdesarrollados en lo tecnológico, condenados a la dependencia, a permanecer en un segundo o tercer plano en la relevancia de los intereses mundiales.

Así es que desde esta interpretación desarrollista la ‘Modernidad’ siempre será el estado de realización perpetuo por alcanzar, siendo en realidad el estado del perpetuo subdesarrollo. Llegar a la ‘Modernidad’ es como alcanzar la zanahoria atada al lazo que va enfrente del buey que tira el carro; es el espejismo que nos proyectan en la telepantalla vía satélite desde las grandes metrópolis para que nos portemos bien –pagando la deuda- y así lleguemos a ser cuando seamos grandes; toda vez que reproduzcamos las mismas estructuras económicas, fomentemos la misma industria (cosa imposible de lograr porque en algunos sectores claves el atraso es de décadas o de siglos, y no por nada se protegen las patentes y los prototipos,[19] con lo que en realidad sólo estamos incrementando los problemas sociales y ecológicos del Planeta…).

A manera de sinopsis, se puede decir que el Capital ha creado su propio espacio y su propio tiempo, su propio tipo de Sociedad. Siendo que distintas formas de capital preceden, gestan, eclosionan y crecen con la Modernidad hasta arribar a la Era Industrial para consolidarse como un modo de producción dominante procreador de la Tecnosfera. Por lo que el desarrollo del capitalismo se da en la Era Moderna, el capital procrea tanto lo concerniente a la infraestructura como a lo super estructural; entonces, la Modernidad es hechura del capitalismo, está condicionada por las formas de dominación colonialistas, por la forma de producir y por la intensificación del trabajo, por la preponderancia que va tomando la tecno-ciencia y por los intereses lucrativos que imponen los capitalistas…. Pero ahora: ¿Será que hay Pos modernidad capitalista?[20] No puede concebirse Modernidad sin capitalismo: ¿Podrá concebirse capitalismo sin Modernidad, capitalismo después de la Era Moderna o Modernidad que supere al capitalismo? O más bien, Modernidad socialista; la auténtica Posmodernidad será socialista o no será, sino totalitarismo capitalista culminando en la autodestrucción.

cuadro 1

Imperialismo Colonialista Europeo

Tres Grandes Imperios: I.1. España. I.2. Gran Bretaña. I.3. Estados Unidos de América

Tres Grandes Competidores Coloniales: C.1. Portugal. C.2. Holanda. C.3. Francia.

I.1. España: El Imperio mundo primario; colonialismo originario, capitalismo incipiente.

C.1. Portugal: El colonialismo mercantil primario; colonialismo costero e insular.

I.2. Gran Bretaña. El imperio propiamente moderno; colonialismos y neocolonialismos que alimentan el capitalismo avanzado habilitando la revolución industrial.

C.2. Holanda: El colonialismo mercantil avanzado; colonialismo privado, por Compañías

I.3. Estados Unidos. El neo imperialismo-neocolonialismo; el capitalismo imperialista de las transnacionales.

C.3. Francia: la constante colonialista; del colonialismo originario al neocolonialismo. Incapaz de establecer un imperio mundial, o de elaborarlo en un segundo plano, detrás de los anglosajones.

cuadro 2

Mayo de 1996

Postcriptum Anti Posmoderno

Nos deja a merced del status quo, encerrados en lo existente y sin posibilidad de una crítica sociopolítica racional. Tal pensamiento, aunque se proponga lo contrario, termina no ofreciendo apoyo a la democracia y siendo apoyo de las injusticias vigentes. Merece, por tanto, ser denominado conservador o neoconservador o, al menos, sospechar que realice tales funciones.

José María Mardones

Cuando el hambre mata cada cuatro días tantos niños como la bomba atómica en Hiroshima, la posmodernidad no deja de ser un sueño decadente, clasemediero y pequeñoburgués.

Jorge Galeano Massera

Posmodernidad, fin de las ideologías igual a fin de las utopías; capitalismo permanente en vías de perfeccionarse, igual a triunfo definitivo del Capital; fin de la Historia habiendo alcanzado su nivel supremo, restando tan sólo perfeccionar el sistema social y equipararlo por todo el orbe.

Tres tesis se desprenderían del mero discurso posmodernista. En una temporalidad oportuna se conjugan los ‘posmos’ para exponer el focus de la intelectualidad comparsa; líneas complementarias adecuadas al asalto final del capitalismo imperialista sustentando tesis que le vienen como anillos a la mano derecha de la entidad dominante, engendro mediático que la ideología-engaño expresa propiciando una atmósfera adecuada a su accionar sobredetermiante para con una sociedad aletargada.

 

  1. El Fin de las Ideologías. Como también de las utopías o en sí de los intentos emancipativos por sobre el capitalismo. El consenso post ideológico facilita y faculta el dominio hegemónico globalizado del Capital suprimiendo los ‘metarelatos’ o las ‘leyes universales’. Pensamiento débil acorde con la dominación fuerte de la ideología triunfante promovida por el establishment mediático, propio de los sujetos sujetados, cuan desvalidos y desilusionados, colaborando a la confusión en la Torre de Babel de la intelectualidad desperdigada. Cada quien desde su parcela pronunciando un mero discurso tan retórico como rebuscado e insubstancial, galimatías apto para propagar la confusión, diseminar el desconsuelo, la actitud resignada, el extravío y estrabismo de los que se retiran sin combatir adaptados en sus islas a la decadencia, contribuyendo a debilitar a la filosofía, abandonando su propósito principal en esta época: la crítica al Sistema capitalista.

Una Historia sin sentido y una realidad copada dan lugar a una historia perdida en particularismos y a una filosofía acrítica, sometiendo a las dos disciplinas intelectuales tradicionales, coartando su valía de analizar, reflexionar y proponer más allá de los paradigmas del vencedor-dominante, desactivando su combatividad, resultando en un humanismo vencido y en un sujeto débil y desvalorado, desarmado ante el Hegemón potencializado del capitalista.

  1. Sociedad Pos-industrial. Cuando que el predominio de los conglomerados industriales metropolitanos se expande irrefrenablemente por el mundo entero, ejercitando con más fuerza los vectores de expansión-extracción capitalizando en unos cuantos emporios los beneficios, centralizando las ganancias estratosféricas, dando lugar a que el capital ‘financiero’ (convertido en capital agio) manejando astronómicas cifras de capital-dinero deviniendo en capital-ficticio proceda a inflar burbujas chicle bomba, cuyo estallido es cubierto con fondos públicos patentando la incidencia de una plutocracia imperial que saquea países enteros y hace del mundo su paraíso fiscal.
  • El Fin de la Historia. El capitalismo (imperialista) es el non plus ultra de la Historia porque no hay sistema social alternativo que lo supere, con el derrumbe la URSS (y con la conversión china al capitalismo) se presume su insuperabilidad, el Sistema preponderante per seurbe et orbi. Triunfo sin alternativa puesto que el capitalismo es la fase suprema de la Civilización integrando a todo pueblo en el ‘mundo libre’. El non plus ultra en la Historia alcanzando ésta su culminación. Ergo, el mundo puede mejorar, perfeccionarse, conforme el sistema capitalista expanda el ‘mundo libre’, con su ‘libre comercio’, ‘libre cambio monetario’, suponiendo que los regímenes democráticos se incrementarán y superarán cualitativamente. ‘Y entre democracias no hay guerras’.

Todo lo contrario a lo acontecido en estas últimas tres décadas bajo el imperio del capitalismo absolutista, para que como hacedor de la Modernidad, siga generando el continuum de una misma Era, significando realmente su etapa epigonal.

El posmodernismo al asumirse como una época diferente pasa a justificar el dominio del peor de los capitalismos, el senil, el decadente, cuando éste provoca con el continuum de su dialéctica negativa la Crisis terminal conmoviendo al mundo entero.

Etapa de los ‘pos´ que no son sino supuestos falsificados, términos de una Era Moderna aún inconclusa y por tanto vigente, dado que su constitutivo ontológico está conferido por el Capital y como tal en su concreción histórica avanzada por una industria progresiva.

Pero a decir de los ‘posmos’: ‘Vivimos una nueva era, una etapa distinta en la que la modernidad ha terminado, tal y como se comprueba en la arquitectura, las artes y en la filosofía’, implicando un uso no acorde con el sentido original que pudo tener como filosofía crítica a la Ilustración y a la filosofía ‘clásica’, a la razón absolutizada, al capitalismo, a la ética burguesa, tal y como Marx y Nietzsche lo iniciaran.

Así Marx desenmascarando el bienestar burgués, haciendo ver que en su sustrato está construido y basado en la inmisericorde explotación de las clases trabajadoras en beneficio de una porción reducida de la sociedad, la capitalista, capaz de generar toda una representación cargada de engaños. Y el engaño es propio de una sociedad profundamente hipócrita y así enferma, destinada a su descomposición nihilista (Nietzsche); conforme la injusticia no hace otra cosa sino incrementarse en una sociedad que se corrompe más y más conforme avanza proyectando un desarrollo cuantitativo, agudizando sus defectos, con todo y su ‘cristianismo’ (humanismo) aburguesado, comparsa encubridora.

Nietzsche ve como inminente e inevitable la caída en el nihilismo, convirtiéndose en su profeta, con una noción del devenir impregnada de transformación cíclica. El nihilismo ha de acontecer cual Kali Yuga de la que se siga una nueva Aurora.

Marx, en parte ‘heredero de las luces’, detentaría la perspectiva lineal hebreo-judaica-cristiana, que ya el propio Hegel habría adoptado como buen moderno ilustrado, pero el mundo no alcanzaría su clímax sino superando la barbarie capitalista (verdadera prehistoria de la humanidad) con el advenimiento del socialismo tras del triunfo de la clase propiamente revolucionaria, el proletariado, los trabajadores urbanos, de no ser así, al no acontecer la revolución en los países centrales sino suscitarse la acentuación del sistema, se sigue la degradación, no dándose la superación dialéctica, sino que por el contrario se cae en la dialéctica negativa que promueve la Crisis.

Y si la era Moderna va conducida, es producto del desarrollo capitalista y éste ha entrado en su senectud, se vive su peligrosa decadencia en vías de su Crisis definitiva que termina con ella, cuando el sistema capitalista de una u otra manera concluya su modernidad capitalista.

La filosofía que se da a la sombra de la sociedad dando cuenta de lo que importa y trasciende, puede romper en el ámbito intelectivo con la Ilustración y la modernidad apoteótica, dedicándose al lenguaje, los discursos, el remedo de lo pensado otrora por los grandes filósofos y a perorar los filosofemas ajenos o correlativos al orden hegemónico, sin cuestionarlo o intentar superarlo; o convertirse en crítica y rebelde, reflexionando en profundo sobre el malestar antropo-social y reflejándolo o describiéndolo tal y como ocurre. Incluso superándolo metafísicamente, pues el reino de este mundo es en sí intrínsecamente despreciable. A como el Crucificado os ha mostrado vencer al mundo.

Un aspecto válido de lo posmoderno es el que pueda referir etapas distintas en las artes y en la filosofía, pero no resulta válido el que por este hecho se pase a existir en otra etapa diferente; ni el arte ni la filosofía hacen la realidad en la sociedad globalizada, sino el Capital. La filosofía y el arte no son por sí solas componentes prioritarios de la Sociedad, sino manifestaciones culturales integradas y sometidas a la hegemonía imperante, aunque disientan y se rebelen. El arte contestatario y la filosofía crítica pueden haber enterrado el halo pretencioso del ‘mejor de los mundos posibles’ y su proyección indetenible con el progreso material que se supera de continuo; cuando que tal engañifa se viene desmintiendo simple y sencillamente constatando la realidad desde hace siglo y medio de intenso progreso material, sí, pero contradictorio y contraproducente. Se ha roto el encantamiento de la modernidad ilustrada, constatándose que el ‘mejor de los mundos posibles’ es una falsedad deviniendo en su antítesis.

El auténtico artista no puede reflejar lo óptimo positivo del ‘mejor de los mundos posible’ puesto que el mundo real devino en lo contrario, para que el ‘esteticismo clásico’ se torne en estridente, irreverente, deforme, caótico. Mientras que a la par la filosofía no puede mantener el optimismo y ponderar a la Diosa Razón, cuando ésta de menos ha sido extraviada al emplearse preferentemente para eficientar la producción y la administración capitalistas.

Pero esa renuncia-denuncia-rompimiento por sí solo no representa superación del referente, del contenedor en el que se encuentra inserto, no lográndose romper la diacronía reproductiva capitalista; la reproducción del sistema capitalista es su factor preponderante, que cual dialéctica negativa prosigue su curso y como consecuencia de las otras etapas de la Era Moderna, en su continuum irrompible, aún transita como capitalismo tardío en su etapa conclusiva.

Por tanto, en la filosofía como en el arte se da un auténtico rompimiento con los arquetipos ideales modernos, mismos que al fracasar derivan arrastrados por un progreso meramente técnico, sin valor social cualitativo. Ergo, los ‘posmos’ pueden presentar periodizaciones en las que lo moderno (el modernismo como corriente filosófico, ética, esteticismo) ha caducado, ha quedado atrás para ser auténticamente ‘post’, un período pasado. Verbi gracia, procede una clasificación del tipo: realismo→ modernismo→ posmodernismo, pero tal secuencia no comprende ni es válida en la realidad histórica, sino que por el contrario, no deja de estar contenida en ella, por tanto dentro de la historia del sistema capitalista que impone el ser social moderno.

Entonces los supuestos ‘pos’ (prefijo empleado para designar algo pasado) no son post sino sub-etapas. No hay sociedad pos industrial sino multiindustrial, no hay post ideología sino triunfo de la ideología del establishment y la Historia no ha alcanzado un nivel supremo sino el de la Crisis más calamitosa en la Historia con un mundo enteramente globalizado. Adviértanse y descúbranse las engañifas:

Sociedad pos-industrial en el Primer Mundo, ocultando la deslocalización al Tercero y/o toda producción industrial, cuando que el mundo entero es una fábrica de producir y reproducir en grandes cantidades todo tipo de mercancías y enseres, como nunca antes en la Historia. Nunca antes se produjo tanto por tantos para tantos. Empero, las sociedades multiindustriales controladas por los monopolios transnacionales mantienen la tendencia de la burguesía propietaria de ocultar el sector productivo acorde con su idiosincrasia (deformación ideológica-prejuicios burgueses) que niega las condiciones de explotación en que se produce el torrente de artículos elaborados procurando su absconcidad; cual si lo producido que se adquiere en los mercados brotasen de la tierra o cayeran del cielo para repletar los estantes de los supermercados en las grandes ciudades integradas en una red comercial internacional. Con tal encubrimiento el desconocimiento de cómo se produce permite además de ocultar la explotación de los trabajadores que realizan lo ofertado, ocultar asimismo la afectación extractiva a los recursos requeridos para elaborarlas. Encubriéndose así la doble explotación que configura la lacra de la sociedad capitalista que en el colmo de la inconsciencia hace suponer que el ofertismo no tiene límite.

Post-ideológica, el fin de las ideologías (y de los metarelatos, palabreja inventada por los ´posmos’ para denostar las luchas y las utopías; sí, para que triunfe en exclusiva la ideología capitalista, y no sólo la ideología sino el modo de producción y en sí todo el sistema capitalista). Queriendo dar por entendido que el combate intelectual es mero discurso, retórica superada, y no representación cual denuncia de la realidad y proposición de superación en el marco de la lucha de clases, posibilitando el predominio de la ideología dominante burguesa capitalista, generadora de misceláneas teórico mediáticas con que empapan la mente moldándolas para dejarlas como mentalidades alienadas y conductas programadas por el ofertismo en el diktat de la tecnocracia, fomentando sujetos pasivos e integrados.

El posmodernismo no deja (dejó) de ser una filosofía esnob, apta para el pensamiento débil del intelectual burgués inserto en el no pensar del dominio tecnocrático.

El pretender que se vive otra época le sirve y así es propiciado por la dominación oligarca mundial para encubrir la exacerbación de su hegemonía, cual capitalismo imperialista consumado. La etapa de ‘no hay otra alternativa’, para que diferentes potencias y naciones emergentes compitan por agenciarse los recursos naturales efectuando el mismo sistema de producción-explotación. Globalización del capitalismo, confrontación por la hegemonía en tránsito de ver cambiar la égida de época, empero, viéndose coartada por la etapa terminal en cierne que ya no admite otra etapa de predominio nacional regional, así fuese una hegemonía compartida tripartita: USA, Rusia, China, dada la virulencia de la explotación y la marginación que afecta a toda sociedad, y al límite alcanzado en la explotación de los recursos naturales con el hartazgo del consumismo. Haciendo de ésta la auténtica etapa conclusiva del sistema-mundo-capitalista, condición socio mundial insuperable en sí misma, sólo superable por su transformación radical. Pero para peor, dada la dialéctica negativa prolongada, la tardanza en finiquitar a tan nocivo Sistema, el peligro potencial de destrucción total o de causar enormes daños -hecatombes y extinciones masivas- se acrecienta conforme el Capital sigue rigiendo las relaciones sociales y efectuando su explotación desenfrenada. Toda vez que la abundancia ha sido desperdiciada y los excesos provocan escasez y carestía.

Si el progreso cual desarrollo tecnológico se puede tener por ser el aspecto positivo de la Modernidad, el socialismo → comunismo deberá poner la tecno-ciencia al servicio de la Humanidad.

Si hasta ahora la sociedad industrial ha logrado sobredeterminar tanto a la sociedad capitalista como al socialismo real devenido en pseudosocialismo, constituidos como tecnocracias supeditadas al dominio de grupos de poder y una élite dirigente; la vida en el mundo queda remitida a la procura de beneficios y a una distribución de la riqueza concentrada; imponiéndose imperativos tecnocráticos acicateados por la propia competencia intra capitalista y/o en su período, entre los dos bloques mundiales, dándose preponderancia al desarrollo militar.

Mientras el capitalismo rija las relaciones sociales la tecno-ciencia seguirá siendo un genio invocado y puesto al servicio de intereses lucrativos perdiéndose el control sobre su producción ingente y contraproducente. (Así preferentemente militar).

Es por ello que sólo un socialismo que conjure los fetiches que se desprenden de una técnica luciferina controlando su desmesura y su utilización para favorecer a los mefistofélicos, no teniendo por prioridad el generar plusvalía, hará posible una sociedad en que las técnicas productivas estén al servicio de las necesidades humanas comunes, suprimiendo la sobreproducción y los supermercados con sus numerosos intermediarios que propician incrementos desmesurados en los precios, elevando por mucho los costos y precios reales de producción y venta.

En procura de la emancipación social se pondría coto a la máquina automatizada y autómata cuando el capitalista ya no ejerza su tiranía.

Publicado originalmente en Crisol el 21 de mayo de 1996. Versión corregida y aumentada a 5 de abril de 2015.

[1] Jürgen Habermas. “La modernidad, un proyecto incompleto”. La Posmodernidad. Hal Foster. Barcelona. Cairo. 1986: 19, 20, 21. Horst Kurnitzky. “¿Qué quiere decir modernidad! La Jornada Semanal No. 288: 23-24. Lo moderno europeo es una noción que le viene a Europa desde el Mundo Antiguo, para ser así un concepto que es parte de la historia de larga duración europea. Es decir, es una noción que se remite a lo que se considera la etapa formativa de la Civilización europea. Siendo así un aporte cristiano a la ontología de Occidente.

[2] Enrique Dussel. 1492: El Encubrimiento del Otro. Colombia Antropos. 1992: 11-12. Por supuesto que el uso de todo concepto moderno referido a la Era Moderna cobra relevancia hasta que la historiografía europea se ha desarrollado plenamente.

[3] Aún y cuando este ‘otro’ intente ser subsumido en la mismidad de la cultura conquistadora. Ibíd: 53-54. El ego supremo domina a los egos parciales, tribales. Y el otro no deja de ser otro, derrotado e infravalorado por los europeos, será exterminado o transformado radicalmente en: otro ‘otro’; siendo así siempre distinto del invasor y también del criollo. En realidad, hoy en día, aquel otro está muerto, lo han convertido y denigrado (salvo honrosas excepciones), sobrevive en reservas o marginado.

[4] Sacramental, significando un tipo de mentalidad que se concentra en lo sagrado y lo enaltece, entendiendo por ello la verdad suprema revelada. Tipo de idiosincrasia que prevalece hasta el Medievo.

[5] Enseres, como conjunto de utensilios que componen el instrumental y las edificaciones materiales, sobre todo en las urbes, pero también en el campo.

[6] “De la guerra, el hambre, la muerte y la peste líbranos señor”, oraban los fieles espantados ante las catástrofes que los ‘jinetes del apocalipsis’ desataban por el orbe. Y aunque el progreso material no anula las hambrunas y las grandes mortandades, (sino que las abarca dentro de un incremento global en el cual caben yuxtapuestas a una condición radicalmente contraria: derroche-miseria / hartazgo-hambruna…), ha posibilitado la explosión demográfica.

[7] Kart Marx. El Capital. T 1. Vol. 3 México. Siglo XXI, 1980 : 893.

[8] Ibíd: 892.

[9] Ibid T.I. Vol. 1: 179. “El comercio y el mercado mundiales inauguran en el siglo XVI la biografía moderna del capital”. (3a y 4a ediciones).

[10] Ibid. T 1. Vol. 3: 949.

[11] “Sofisticado, da, adj. Que carece de naturalidad. /Dícese de un aparato o técnica muy perfeccionados, de gran complejidad” (Larousse esencial). Conceptualidad netamente propia de la Modernidad.

[12] Crisis que en realidad es una macrocrisis; abarcando diversos ámbitos del quehacer humano, así como una temporalidad que rebasa con mucho una o dos décadas. Y aun y cuando es difícil poder determinarle una fecha de origen con su periodicidad, de manera tentativa me inclino a considerar que la macrocrisis comienza a principios de este siglo. Pero el análisis que respalde a esta noción aún está por realizarse.

[13] Manejándola como una entropía social no del todo acorde con la ley de la termodinámica, para no caer en un reduccionismo sometido a una ley de la física, o en un determinismo naturalista-catastrofista. Entropía social como graduación del desorden, como proceso de deterioro, como intensificación del caos por alteración de los ciclos naturales e incremento de los problemas sociales. Entonces, entropía como proceso industrial que va generando el caos en la sociedad y en el medio ambiente.

[14] Dussel. Op.Cit.: 47

[15] Los llamados flujos invisibles son claves para entender que este tipo de intercambios y de transferencias a fin de cuentas favorecen a los países desarrollados a pesar de que en algunas estadísticas aparezcan al país subdesarrollado con una balanza o saldo a su favor. Hay que traer a la luz a esos flujos invisibles para entender cómo opera el desequilibrio, la asimetría, el déficit crónico, estructural e histórico, que favorece a los países desarrollados.

[16] Vid. Proceso 993: 12-13. El Financiero. 10-12-1995: 26, para darse una idea de hasta qué grado puede estar la economía mexicana sometida a los caprichos de los especuladores, así como ya desde hace años a los intereses egoístas de los sacadólares.

[17] Ellos no nos están esperando a que los alcancemos; el capitalismo vive a expensas de fomentar esa desigualdad. De ahí que las naciones poderosas implementen programas continuos de desarrollo industrial-tecnológico con los que la brecha para con los países tercermundistas se incrementa. En este sentido basta con ver las deficiencias que existen en el rubro del transporte marítimo para darse cuenta de lo que eso representa como herencia colonial en la economía global de un país que aspira a ser moderno: “El 98% del comercio exterior de México por vía marítima es movilizado por embarcaciones extranjeras… [El presidente responsable del sector asevera] que durante muchos años esta industria ha carecido de un programa de fomento y estímulo acorde con las necesidades, [por medio del] cual se prevean créditos preferenciales para la modernización de embarcaciones… Asimismo, precisó que la falta de una flota mercante propia ha originado que año con año se incremente el pago de fletes a navieras extranjeras, el que pasó de 931 millones de dólares en 1985, a más de cinco mil millones en 1995, lo que representa el equivalente al comercio de México con Japón”. La Jornada 31-XII-95: 36.

[18] Naciones subordinadas que en los casos más extremos y durante la guerra fría llegaron a tomar aptitudes como la de aquel presidente de Honduras, que ante la presión del reaganismo para que fungiera como plataforma de agresión a Nicaragua, llegó a decir, (parafraseándolo): “Es que siendo un país tan pobre y tan pequeño no se puede tener dignidad”. La dignidad se la compraron con dólares y con presiones y pseudo beneficios.

[19] En la dependencia subdesarrollada se vive intentando alcanzar los prototipos que fabrican los países industrializados, los que al irse renovando periódicamente se vuelven imposibles para los subdesarrollados. Habiendo ramas de la industria en las cuales los países subdesarrollados tienen un atraso medido en años que puede ir de 10 a 100 años. Siendo que en los rubros más sofisticados de la industria, como puede ser el militar y la aeronáutica, están fuera del horizonte de posibilidad. De otra manera las empresas transnacionales pueden trasladar la maquinaria primer mundista a los países del tercer mundo, pero hasta ahora lo que realmente les importa es la mano de obra barata y la ubicación geoestratégica que les de ventajas competitivas. Quedando claro que en los flujos económicos el capital matriz es el que resulta favorecido, la extracción de regalías va en sentido centrípeto, hacia la sede de las transnacionales, como antaño las riquezas coloniales a las metrópolis.

[20] Tal y como lo pretenden algunos posmodernos, ¿o es que de plano ya estamos viviendo en el poscapitalismo-posindustrial y en lo pos ideológico, lo pos-siguiente?, para que así el capitalismo esté con nosotros por siempre, en el milenio dorado posmoderno. ???

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