“Yo veo un México”, 21 años después

Escrito por on Mar 26th, 2015 y archivado en Destacado, Forma es fondo. Tu puedes seguir los comentarios a esta entrada a traves de RSS 2.0. Comentarios y referencias estan cerrados.

Luis Donaldo Colosio

Luis Donaldo Colosio

Luis Donaldo Colosio es uno de los personajes más emblemáticos y significativos para entender nuestra posmodernidad política, como hoy solemos catalogar los tiempos de cierta estabilidad y normalidad democráticas que caracterizan a la democracia mexicana en las primeras décadas del siglo 21. Y en tal sentido, a 21 años de su muerte, el mejor homenaje que los mexicanos podemos hacerle al mártir de Magdalena de Kino, Sonora, es atrevernos a esbozar una valoración sobre que tanto, y en que dimensiones de nuestra azarosa vida nacional, los ideales del malogrado Candidato Presidencial priísta, forman parte hoy de nuestros haberes democráticos y en materia de desarrollo.

Habríamos, en esta valoración, que justificar primero, y dejarlos a buen resguardo, lo que yo llamaría los méritos personales de Luis Donaldo Colosio. Pues medidos éstos en términos de su capacidad y vocación genuinamente democráticas, nos darán una idea de que tanto Colosio encarnaba en vida, al prototipo del político de la posmodernidad. Y efectivamente, su perfil, como hombre público, proveniente, como él lo sostenía, de una cultura del esfuerzo y no del privilegio, sus orígenes familiares modestos, en el seno de una familia de clase media del norte del país, que tuvo la posibilidad de enviar al niño, al joven Donaldo a formarse académicamente, primero en escuelas públicas, y posteriormente, ya en la Universidad, en una prestigiada institución educativa privada, más sus estudios de posgrado en el extranjero, son todos estos rasgos biográficos de Colosio, una muestra, un claro ejemplo, de la capacidad de ascenso y de permeabilidad políticas al que hoy tienen pleno derecho las distintas élites en el juego democrático, para el caso de la democracia mexicana.

Lo anterior, constituye entre otros rasgos, uno de los distintivos más claros que nos permiten apreciar nuestro propio proceso de fortalecimiento democrático. Hoy en día, en el caso de la democracia mexicana, las élites mantienen una expectativa de ascenso y de movilidad que el juego democrático les permite; es de hecho uno de los aspiracionales de la democracia, que nos permite medir, entre otros factores, su funcionalidad. La mexicana lo es desde esta perspectiva. Colosio era y es hoy más que nunca un buen ejemplo de ello.

Pero Colosio tenía ideales, y como político, buscó transmitir su propia visión de país, y quiso ofrecernos en su momento su propio proyecto de transformación democrática. “Como candidato del PRI a la Presidencia de México, reafirmo mi compromiso indeclinable con la transformación democrática de México” , sostuvo en su histórico discurso del 6 de marzo de 1994 en el 65 Aniversario del PRI, y pronunciado en el Monumento a la Revolución. Y México se transformó democráticamente, pero por favor no se me tome siquiera que me atreva yo a sugerir que todo el mérito es de Colosio, porque no es así. Simplemente trato de señalar y elicitar, el diríamos, carácter prototípico del político que en su momento demandaba la transición democrática de México. Y Colosio lo era. Colosio puede ser catalogado como un político visionario de la transición democrática que viviría México con el entierro del viejo régimen y la instauración de la alternancia.

Me remito al citado histórico discurso para seguir bordando sobre esta idea, apreciado lector. “Quedó atrás la etapa –decía en su discurso el de Magdalena-, en que la lucha política se daba, esencialmente, hacia el interior de nuestra organización y no con otros partidos. Hoy vivimos en la competencia y a la competencia tenemos que acudir; para hacerlo se dejan atrás viejas prácticas: las de un PRI que sólo dialogaba consigo mismo y con el gobierno, las de un partido que no tenía que realizar grandes esfuerzos para ganar. Como un partido en competencia, el PRI hoy no tiene triunfos asegurados, tiene que luchar por ellos y tiene que asumir que en la democracia sólo la victoria nos dará la estatura a nuestra presencia política. Cuando el gobierno ha pretendido concentrar la iniciativa política ha debilitado al PRI. Por eso hoy, ante la contienda política, ante la contienda electoral, el PRI, del gobierno, sólo demanda imparcialidad y firmeza en la aplicación de la ley. ¡No queremos ni concesiones al margen de los votos ni votos al margen de la ley!

Estoy seguro si Colosio viviera, que una de las mayores satisfacciones que sentiría al observar lo que es hoy México, provendría precisamente de todo lo que hemos avanzado en cuanto a nuestro comportamiento institucional democrático. Como lo proponía, los tiempos de la competencia política acabaron por instaurarse definitivamente en nuestro país, acabando con toda presunción de la existencia de un partido de estado. La alternancia llegó para quedarse, y es una realidad que no se puede negar. La incertidumbre en los procesos político electorales, hoy es la constante y tal ecuación sólo se resuelve en la competencia entre iguales.

Ocurre esto en prácticamente todas las fórmulas que entran al discernimiento electoral: gubernaturas, alcaldías, ayuntamientos, diputaciones, senadurías, y desde luego la joya de la corona: la Presidencia de la República. Las cuales hoy en 2015, se disputan bajo reglas de cierta y normal equidad en el juego. Este no es un mérito menor, porque ciertamente no lo es sólo del gobierno, lo es también porque tal objetivo ha sido posible mediante el decidido impulso y participación de la sociedad políticamente organizada y participativa en sus distintas formas y modalidades.

Pero el México que no dejaría satisfecho a Colosio, si éste vivera hoy, es el México con hambre y sed de justicia, como literalmente lo dijo en su discurso del 6 de marzo. Los jóvenes que Colosio veía, las mujeres, los empresarios, los profesionistas, las y los maestros universitarios e investigadores, las ciudadanas y los ciudadanos a quienes se refirió en esa ocasión, bajo la expresión “Yo veo un México”, en un balance objetivo de lo que a ellas y ellos les hemos venido prometiendo como ofertas de cambio, indudablemente que continúan como saldos pendientes del ideal colosista, que todavía tiene incubiertas la clase política mexicana. Pero eso será materia de otro momento de reflexión con usted, apreciado lector.

Para ir al archivo de textos del autor Luis Fernando Muñoz López dar clic a su nombre

 

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