De corridas de toros, circos y animales varios

Escrito por on Mar 13th, 2015 y archivado en Deportes, Destacado, Toros. Tu puedes seguir los comentarios a esta entrada a traves de RSS 2.0. Comentarios y referencias estan cerrados.

circosEl respeto a la vida debe prevalecer, sí. Pero, ¿hasta qué punto? Los grupos pro derechos animales señalan con dedo flamígero, separando justos de injustos con frases hechas y retórica fácil, los ejemplos están en el muro de Facebook de cada quien. La vida abarca muchas cosas que incluyen, además de los animales (donde estamos nosotros, cosa que también solemos olvidar), a las plantas, hongos y los otros dos reinos que comprenden a la vida microscópica, monera y protista; esto lo menciono no por pedantería de mis recuerdos de biología de secundaria sino para señalar que la vida no nada más son los perritos y gatitos que inundan las redes sociales, sino escorpiones, víboras, plantas, hongos desde las deliciosas trufas hasta los venenosos como el amanita muscaria, y la vida microscópica que incluye desde las bacterias que nos dan la cerveza y el vino hasta los bacilos, cocos y demás que causan enfermedades mortales en algunos casos. ¿Qué vida debemos respetar? ¿Debemos ser como monjes budistas descalzos para no matar ni una hormiga?

El ser humano es omnívoro, no es cuestión de ética sino de biología, eso quiere decir que comemos y hemos comido de todo, incluidos a nosotros mismos, ya que el canibalismo hasta hace relativamente poco estuvo presente. Usamos animales para vestir y en general vivir una vida más cómoda, sí. Supongo que si le preguntáramos a una vaca sobre su opinión de ser utilizada para hacer cinturones o chamarras se quejaría amargamente, sin embargo, para poder vivir mejor nosotros lo hemos hecho desde que aprendimos a usar herramientas. No dudo que los demás animales lo harían si tuvieran la oposición del pulgar. Por supuesto, esto no debe ser llevado al extremo, no quiere decir que podemos acabar con el mundo impunemente.

Hemos moldeado al mundo, en la medida que hemos podido, para nuestra mayor comodidad, lo cual como todo si se mantiene de forma mesurada no le veo lo malo, incluso a pesar de los animales. No me remuerde ni un poco la conciencia que una vaca sea asesinada para convertirse en mi cena, y eso no me hace ni bueno ni malo. Todo lo que consumimos tiene un precio ambiental, todo. La tala de árboles, responsable o irresponsable, tiene repercusiones en la atmósfera, el consumo de cosas hechas a base hidrocarburos como el plástico o la electricidad que para producirla en México ocupamos petróleo y así sucesivamente, todo tiene consecuencias ambientales, la cosa está en qué tanto y no abusar. En resumen, no entiendo los argumentos de quienes juzgan a los que usan productos de origen animal, cuando todos, de forma directa o indirecta tenemos un impacto, dicho sea de paso, como el resto de los seres vivos.

Me llaman la atención los que se rasgan las vestiduras por el maltrato animal, porque son selectivos a la hora de reclamar. Defienden vehementemente a un perro, pero jamás he visto a nadie defender con la misma pasión a una serpiente o a una araña, o es acaso que la belleza de un animal determina su derecho a vivir. Porque si lo anterior es el caso, los pro animal me parecen incluso despreciables en el sentido que juzgan el derecho a la vida en base a sus criterios estéticos o de lo que consideran bueno. No es acaso lo que los pro-animal critican a los demás humanos, su complejo de creerse Dios, y sin embargo son ocasión de lo mismo que juzgan. ¿Una foca tiene derecho a vivir pero una morena no? ¿Una simpática tortuga tiene derecho a vivir pero una serpiente de cascabel no? De nuevo, quién es el que está autorizado para decidir quién vive y quién muere, ¿Greenpeace? ¿Los pelmazos que publican cualquier sandez en Facebook? ¿Los intelectuales? Creo que nuestra relación con nuestros parientes lejanos es un poco compleja, en el sentido de que hay animales que nos sirven y otros que no, en diferentes culturas un animal puede ser visto como bueno o malo según su utilidad para el grupo humano en cuestión y eso tampoco nos hace buenos ni malos, como a otro animal no lo hace bueno o malo servirse de otro animal para su satisfacción.

Sobre este aspecto le platicaré, lector, sobre una plática que tuve con Anita Hoffmann, una de las más grandes biólogas que ha dado este país, que descubrió más de 20 especies de seres vivos, todos microorganismos, y fue Premio Nacional de Ciencias. Estaba yo sentado en la sala de su casa en Coyoacán, platicando con ella de algún tema sin importancia, cuando de pronto ve a una araña en la mesa de la sala, toma una revista, la hace rollo y la aplasta con fuerza. Le dije, con una sonrisa mordaz, que cómo era posible que una ardiente defensora de la vida como ella era capaz de terminar con la vida de una pobre araña que además ni siquiera era venenosa. Ella me volteó a ver con seriedad y me dijo: ella se metió en mi hábitat, por lo tanto, tengo derecho a quitarla de él, así como ella tendría derecho de atacarme si yo me hubiera metido en el suyo.

Pasemos al tema de los circos. Creo que los circos con animales son buenos, ellos constituyen una de las pocas oportunidades para los niños de estar cerca y de ver en vivo un animal que no sea doméstico. De la vista nace el amor, dice el dicho, y creo que es más fácil que un niño aprenda a respetar a sus parientes lejanos si por lo menos los ha visto. Jamás he visto a un niño volverse perverso por haber ido al circo, con leones o sin ellos. Se alega el maltrato como motivo para cerrar los circos, pero creo que lo que debe combatirse es precisamente el maltrato y no los circos, que me parece es una profesión digna y honrada como cualquier otra, excepto ser diputado del verde (así en minúsculas). No veo mal que exista un circo con animales, si estos reciben el cuidado apropiado. Claro, estarían mejor en sus hábitats, sin duda alguna, pero creo que los animales en cautiverio, y aquí incluyo a los que viven en zoológicos o acuarios, sirven para mantener la débil conexión que tiene un ser humano con los demás animales. Pregúntese lector que vive en la ciudad, qué contacto tiene usted con un animal no doméstico. No creo que se pueda respetar lo que no se conoce o nunca se ha visto. Lo que me parece francamente despreciable y ruin es que un montón de sinvergüenzas vengan a querer quitarle su medio de vivir no sólo a los cirqueros, sino a los propios animales, porque dudo que el niño verde (un cenutrio ruin, bajo, despreciable y criminal hasta donde se puede ver y deducir) le vaya a dar asilo a los elefantes del circo Atayde, o tal vez tenga planeado que vivan en sus múltiples bienes raíces en Cancún.

Ahora, las corridas de toros. Este tema se ha debatido hasta el cansancio y existen buenos argumentos tanto a favor como en contra. A muchos les agrada acudir a las muy sobadas falacias de autoridad, por ejemplo, que si a Picasso o a Hemingway les gustaba las corridas por lo tanto están bien o que como Da Vinci era defensor de los animales entonces están mal, no acudiré a tales argumentos.

Las corridas me parecen un espectáculo fuerte, no es como ir a ver un show de delfines. Es un espectáculo en el cual un ser vivo generalmente muere, por lo general el toro y a veces, el ser humano. Pero creo que las corridas tienen todavía mucho que enseñarle al humano en cuanto a su entendimiento y relación con la muerte misma, nuestra vieja compañera. El ser humano ahora se ha empeñado en relativizar y descafeinar todo, banalizar lo demás hasta el punto en el que no concibe nada importante por lo que pelear. Conforme nos hemos urbanizado hemos perdido la conciencia de lo que implica estar vivos y eso es quitarle la oportunidad de vivir a otro ser, pero nos hemos acostumbrado a pensar que la carne que nos comemos aparece de la nada en el supermercado y jamás pensamos en la vaca que tuvo que dormir el sueño de los justos. Creo que las corridas nos acercan a la muerte, en un mundo que ha relativizado a ésta, que le seguimos teniendo miedo y optamos por escondernos de ella y la tratamos de prohibir, como si pudiéramos lograr prohibir la muerte.

No creo que el torero sea artista, creo que hay toreros que lo son. La decadencia de la fiesta brava creo que se debe más a la avaricia y miopía de los organizadores que porque la gente la rechace. La gente ha abandonado las plazas en parte porque los ganaderos y toreros de medio pelo se empeñan en torear becerritos mansos y no toros de verdad con los que se juega el pellejo. Esto lo percibe la gente, que al ver la fiesta convertida en una farsa aburrida prefiere dejar de ir. Esto y que los aficionados no han sabido comunicar el gusto por la tauromaquia a las nuevas generaciones. No creo que las plazas se vacíen a causa de que nos hayamos vuelto redentores del planeta de buenas a primeras. Creo también que todas las tradiciones, y la tauromaquia es una tradición, tienen su ciclo de vida, aunque no sé si estemos presenciando la muerte de las corridas de toros. Tengo la impresión que la mayor parte de los que critican las corridas jamás han ido a una, critican de oídas, y aparte por moda, porque es lo de hoy, como lo de ayer era ser anti otra cosa. Como si la humanidad no tuviera cosas más importantes de las cuales preocuparse…

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