El fin del Estado: del bien común a la felicidad

Escrito por on Feb 5th, 2015 y archivado en Agenda Pública, Destacado, Galería Fotográfica. Tu puedes seguir los comentarios a esta entrada a traves de RSS 2.0. Comentarios y referencias estan cerrados.

El fin del Estado: del bien común a la felicidad

finPara qué sirve el Estado, cuál es su fin, para qué nos dicen los gobiernos que están. Garantizar la paz y el orden social es el deber primario de la autoridad pública, pero más allá la causa final del Estado es el bien común, en la tradición clásica del pensamiento político occidental. El término se ha cuestionado por su alcance pretensioso y quizá lejano, la implicación de un necesario poder fuerte omnipresente en la vida pública y lo abstracto e inagotable del concepto. (1)

La complejidad de la agenda estatal, entendida como el acumulado de problemáticas sobre las que la autoridad decide y se le impone actuar, conduce a otros fines intermedios: gobernabilidad en la política, equidad en la sociedad y competitividad en el mercado.

 Además, la identificación de más problemas, el contexto de la globalización y la especialización de diferentes disciplinas, hacen que se introduzcan muchos desafíos y competencias para que los gobiernos, la sociedad civil y los agentes económicos logren nuevos propósitos, tales como la calidad de vida, el crecimiento económico, el desarrollo humano, el bienestar social, la democracia, la sustentabilidad ambiental, la convivencia, el acceso efectivo de derechos, la obtención de capacidades, etc.

 La anterior lista no es exhaustiva ni ordenada, solamente una enumeración que nos muestra como el quehacer estatal se ha venido ensanchando y es objeto de constante análisis. Adicionalmente, hay al menos dos hechos que pueden contribuir a la confusión para apreciar la razón de ser del Estado.

 En primer lugar la carga ideológica de la disputa política, en virtud de la cual los actores políticos pueden establecer sus posiciones en el espectro de izquierda, derecha y centro, con sus variaciones y grados, que pueden llevar a la maximización y confrontación. Por ejemplo el papel del Estado en la economía, el rol de un país en la comunidad internacional, la soberanía nacional, las compensaciones a los grupos vulnerables, el modelo de beneficencia pública, la política hacendaria, los estímulos a los empresarios, la agenda de nuevos derechos y el régimen de libertades, así como la participación ciudadana son, entre otros, temas que marcan posturas partidistas que suelen gritarse entre la clase política, generando grandes vacíos informativos y desorientaciones en la sociedad.

 En segundo lugar, la irrupción de la mercadotecnia electoral en las campañas no solamente no ha logrado superar dificultades para transmitir los mensajes y las propuestas de los candidatos y partidos, sino que las simplifica y las desvirtúa. El electorado ve imágenes, colores y figuras; algunas frases que pretenden impactar; pocas ideas y más denostación. La polarización fija a los votantes duros, pero también confunde y desalienta al ciudadano que busca razonar su voto.

 Los dos hechos se aprecian contradictorios: embrollo en la exposición de ideas y simplismo en su forma de ofertarlas.

 Agréguese que muchos propósitos y proyectos que venden los políticos en realidad son pasos para ulteriores y loables fines. Por ejemplo, la democracia no es un fin per se, sino una vía para alcanzar mejores estadios en diferentes esferas. Cuando al ciudadano se le dice que la democracia traerá consigo múltiples beneficios y no se le habla de las responsabilidades que conlleva, viene el fenómeno de desafección a la democracia que caracteriza a muchos países que han vivido procesos de alternancia.

 Cuando en 2000 el candidato Fox se fijó la misión de sacar al PRI de Los Pinos, su oferta resultó atractiva y ganadora, pero se le revirtió porque en el fondo de lo que se trataba era de consolidar la transición democrática, no solamente de sustituir a la élite priísta, lo cual no logró e incluso, al tiempo, terminó por apoyar en su retorno. Cuando en 2012 el PRI promueve su regreso inevitable a Los Pinos para la recuperación de la eficiencia y los resultados, está obligado a que su agenda reformista se traduzca en beneficios tangibles para la población, no solamente administrar la expectativa de que viene lo mejor, pues los cambios estructurales deben dar frutos.

 Independientemente de las interpretaciones, enfoques, principios y dogmas con que cada partido en el poder busca cumplir sus objetivos, y de la consagración de fines con que cada constitución política delinea su proyecto de Nación, el bien común es un concepto abarcador, entendido como el conjunto de condiciones que permiten la realización plena de los individuos, familias y comunidades. (2)

 Norberto Bobbio afirma que el bien común “es propio del pensamiento político católico”, lo critica e identifica como una elaboración para sociedades agrícolas y sacras, no se adapta para las sociedades industrializadas y sacralizadas. (3) Sin embargo, su descripción desde la militancia –desde luego válida-, no resta al alcance del concepto, perenne para los seguidores del clasicismo y realmente con recobrada actualidad.

La felicidad como fin

Dejando a un lado el debate teórico que no terminará, ha surgido una aparente simplificación de la finalidad de los gobiernos que no se contrapone a la idea del bien común: alcanzar la felicidad. En las siguientes líneas se revisará si es una asignatura nueva o si ha estado siempre presente.

Desde la filosofía hasta la literatura de superación personal, la felicidad para el ser humano se ha señalado como fin supremo. Diseccionar su significado no ocupa al presente texto (4), pero sí ubicarla como nueva expresión en la acción programática y las aspiraciones que elaboran los gobiernos.

La felicidad aparece en el Plan Nacional de Desarrollo del gobierno de Enrique Peña Nieto. Sin decir que el gobierno federal se puso en el plano filosófico o resbaló a la automotivación, el dato es que el Plan Nacional de Desarrollo 2013-2018 dice lo siguiente a modo de visión en su parte inicial: Un México donde cada quien pueda escribir su propia historia de éxito y sea feliz.

La apología de lo anterior es toda la estructura y metas del instrumento: “…el Plan expone la ruta que el Gobierno de la República se ha trazado para contribuir, de manera más eficaz, a que todos juntos podamos lograr que México alcance su máximo potencial. Para lograr lo anterior, se establecen como Metas Nacionales: un México en Paz, un México Incluyente, un México con Educación de Calidad, un México Próspero y un México con Responsabilidad Global. Asimismo, se presentan Estrategias Transversales para Democratizar la Productividad, para alcanzar un Gobierno Cercano y Moderno, y para tener una Perspectiva de Género en todos los programas de la Administración Pública Federal”. (5)

El 22 de octubre de 2013, el presidente venezolano Nicolás Maduro firmó el decreto por el que crea el Despacho del Viceministerio para la Suprema Felicidad Social del Pueblo, integrado al Despacho de la Presidencia. La nueva entidad, de acuerdo al Decreto 506, “ejercerá la rectoría de las políticas, planes, programas y acciones de prevención, protección, salud, atención, educación, recreación e inclusión social, así como la evaluación y seguimiento de tales políticas, para el abordaje de la problemática social de los venezolanos y venezolanas con miras a lograr la erradicación de los fenómenos sociales que afectan su protección social integral, con especial énfasis en las personas con mayor vulnerabilidad social”. (6)

En el Decreto se establece como objetivo estratégico de la nueva entidad la articulación e integración de políticas y programas para la atención de grupos vulnerables. En tal sentido, se le faculta para el desarrollo de diversas acciones que agrupen y organicen los esfuerzos de diferentes instancias, se cuente con el apoyo de otras instituciones gubernamentales y se desarrollen diversos mecanismos operativos.

No se generó ningún debate sobre lo expresado en el Plan Nacional de Desarrollo del gobierno mexicano, pero sí se armó un gran revuelo por la disposición de Nicolás Maduro. Como una ocurrencia más del mandatario venezolano fue calificada la constitución del Viceministerio para la Suprema Felicidad Social del Pueblo, con justificada razón por el populismo y las carencias de sus políticas públicas, la creciente oposición a su gestión y lo inusitado del término para una entidad de la administración pública. Lo último fue un juicio severo por lo que veremos enseguida.

La búsqueda de la felicidad para el ciudadano como propósito del trabajo gubernamental es algo que viene analizándose seriamente. En 2008, el presidente francés Nicolas Sarkozy ordenó la realización de un estudio por su insatisfacción respecto a los estadísticas en materia económica y social, lo que dio lugar al Informe de la Comisión sobre la Medición del Desarrollo Económico y del Progreso Social, en el que se enfatiza la importancia de que el sistema estadístico se centre más en la medición del bienestar de la población que en la medición de la producción económica. (7)

En el mismo sentido, al interior de la actual coalición de gobierno de Ángela Merkel en Alemania, el entramado de intereses y diversidad ideológica pone en el centro del acuerdo pensar en los beneficios para la población de ese país.

En Ecuador, el Plan Nacional para el Buen Vivir 2013-2017, se basa en el concepto indígena quichua Sumak Kawsay, que significa vida en plenitud y que hoy da identidad al discurso del gobierno socialista de Rafael Correa. Buen Vivir es “La satisfacción de las necesidades, la consecución de una calidad de vida y muerte digna, el amar y ser amado, el florecimiento saludable de todos y todas, en paz y armonía con la naturaleza y la prolongación indefinida de las culturas humanas…” (8)

En China, con la llegada de Xi Jiping al poder, en años recientes se viene hablando al interior de la burocracia partidista y en el contexto internacional del Sueño Chino: “La materialización del sueño chino de la gran revitalización de la nación china tiene precisamente como objetivo hacer realidad un país floreciente y fuerte, una nación vigorosa y un pueblo feliz”. (9)

El 19 de julio de 2011, Naciones Unidas aprobó la resolución La felicidad: hacia un enfoque holístico del desarrollo, en la que establece bases para esta perspectiva de desarrollo y su debate, entre las que destacan reconocer la felicidad como un objetivo humano fundamental, que constituye el espíritu de los Objetivos de Desarrollo del Milenio, que el indicador PIB no es un reflejo de la felicidad, y que el actual modelo de producción y consumo obstaculiza un desarrollo sostenible. En razón de esto, la Asamblea General “Invita a los Estados Miembros a que emprendan la elaboración de nuevas medidas que reflejen mejor la importancia de la búsqueda de la felicidad y el bienestar en el desarrollo con miras a que guíen sus políticas públicas”. (10)

En esta línea, la Unión Europea, en su plan Europa 2020, se propone alcanzar una economía inteligente, sostenible e integradora.

Para cerrar con estas referencias respecto a la felicidad como propósito del Estado, es obligado citar el documento fundacional de los Estados Unidos de América, la Declaración de Independencia, que en su segundo párrafo describe la aspiración de la nación que surgía: “Sostenemos como evidentes estas verdades: que todos los hombres son creados iguales; que son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables; que entre éstos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad; que para garantizar estos derechos se instituyen entre los hombres los gobiernos, que derivan sus poderes legítimos del consentimiento de los gobernados; que cuando quiera que una forma de gobierno se haga destructora de estos principios, el pueblo tiene el derecho a reformarla o abolirla e instituir un nuevo gobierno que se funde en dichos principios, y a organizar sus poderes en la forma que a su juicio ofrecerá las mayores probabilidades de alcanzar su seguridad y felicidad.” (11)

El tema da para más en cuanto a diversos abordajes como el del Buen gobierno o la Economía de la Felicidad, esencialmente el abundante y profundo aporte de la filosofía y la literatura, además de todos los estudios que se vienen elaborando sobre los indicadores de la felicidad, su medición y las encuestas mundiales y regionales que vienen aplicándose.

Las líneas aportadas pretenden exponer la convergencia de los conceptos bien común y felicidad como causa final del Estado a partir de la centralidad de ambos en la persona.

El desafío es que en la construcción más acabada de los componentes y medidas de la felicidad, esta no se quede vacía de contenidos éticos, que no se monetarice, que impulse el individualismo y que renuncie a las libertades y derechos alcanzados.

(1) Véase el texto El bien común, de Antonio Argandoña, donde revisa como el concepto es pieza fundamental de la tradición aristotélico-tomista de la filosofía política, como cayó en desuso con la modernidad, se pervirtió con los totalitarismos, y cómo a pesar de las críticas mantiene una vigencia renovada. (http://www.iese.edu/research/pdfs/di-0937.pdf).

(2) Una definición más actualizada es la del Pontificio Consejo de Justicia y Paz, Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, 2005: “el conjunto de condiciones de la vida social que hacen posible a las asociaciones y a cada uno de sus miembros el logro más pleno y más fácil de la propia perfección”.

(http://www.vatican.va/roman_curia/pontifical_councils/justpeace/documents/rc_pc_justpeace_doc_20060526_compendio-dott-soc_sp.html#Significado y aplicaciones principales).

(3) Bobbio, Norberto, et. al: Diccionario de Ciencia Política, Siglo XXI Editores, México, 2005, Tomo I, pp. 144-145.

(4) La Real Academia Española define felicidad como “Estado del ánimo que se complace en la posesión de un bien”.

(5) Gobierno de la República: Plan Nacional de Desarrollo 2013-2018, México, 2013, p. 13.

(6) Gaceta Oficial de la República Bolivariana de Venezuela, No. 40.280, Caracas, viernes 25 de octubre de 2013. (http://www.tsj.gov.ve/gaceta/octubre/25102013/25102013-3825.pdf#page=22).

(7) Pueden leerse la Síntesis y recomendaciones del Informe elaborado por Joseph Stiglitz (Presidente de la Comisión), Amartya Sen (Consejero) y Jean-Paul Fitoussi (Coordinador) en http://www.embafrancia-argentina.org/IMG/pdf/Commission_Stiglitz_ES.pdf

(8) http://educacion.gob.ec/que-es-el-buen-vivir/

(9) Discurso de Xi Jiping ante la Primera Sesión de la XII Asamblea Popular Nacional, 17 de marzo de 2013, en http://www.chinatoday.mx/pol/content/2014-11/20/content_653860.htm

(10) Asamblea General: 65/309. La felicidad: hacia un enfoque holístico del desarrollo, Resolución aprobada por la Asamblea General el 19 de julio de 2011, 109ª sesión plenaria, Sexagésimo quinto periodo de sesiones, Tema 13 del Programa, Distr. General 25 de agosto de 2011.

(11) http://www.archives.gov/espanol/la-declaracion-de-independencia.html

gustavomtz@azpol.com

Para ver el archivo de textos del autor Gustavo Martínez Romero dar clic en su nombre

 

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1 comentario en “El fin del Estado: del bien común a la felicidad”

  1. Omar dice:

    Tomado del libro verdad, valores poder de Joseph Ratzinger

    ¿Qué es, pues, el Estado? ¿Para qué sirve? Podemos decir sencillamente que la tarea del Estado es
    «mantener la convivencia humana en orden» 43, es decir, crear un equilibrio entre libertad y bien que
    permita a cada hombre llevar una vida humana digna. Podríamos añadir que garantiza el derecho como
    condición de la libertad y el bienestar generales. Corresponde al Estado, ante todo, gobernar, pero, en
    segundo lugar, es también función suya hacer que el gobierno no sea simplemente un ejercicio de
    poder, sino protección del derecho que asiste al individuo y garantía del bienestar de todos. No es
    misión del Estado traer la felicidad a la humanidad. Ni es competencia suya crear nuevos hombres.
    Tampoco es cometido del Estado convertir el mundo en un paraíso y, además, tampoco es capaz de
    hacerlo. Por eso, cuando lo intenta, se absolutiza y traspasa sus límites. Se comporta como si fuera
    Dios, convirtiéndose -como muestra el Apocalipsis- en una fiera del abismo, en poder del Anticristo. En
    este contexto es importante comparar dos textos bíblicos, sólo aparentemente contradictorios, pues en
    realidad se complementan el uno al otro: la Epístola a los Romanos, 13 y Apocalipsis, 13. La Epístola a
    los Romanos describe el Estado en su forma adecuada, el Estado que se mantiene dentro de sus límites
    y no se hace pasar por fuente de la verdad y la justicia. Pablo se refiere al Estado como agente
    fiduciario del orden que permite al hombre realizar su existencia individual y comunitaria. Es deber de
    todos obedecer a un Estado así. La obediencia al derecho no es un impedimento de la libertad, sino
    condición suya. El Apocalipsis considera, en cambio, el Estado que se tiene por Dios y establece por
    propia iniciativa lo que se ha de considerar justo y verdadero. Un Estado así destruye al hombre, niega
    la verdadera naturaleza humana y no puede exigir obediencia44. Es significativo que tanto el
    nacionalsocialismo como el marxismo negaran, en última instancia, el Estado, declararan esclavitud el
    vínculo del derecho y pretendieran poner en su lugar algo más alto: la llamada voluntad del pueblo o la
    sociedad sin clases, que deberían relevar al Estado entendido como instrumento de la hegemonía de una
    clase. Aunque ambas ideologías consideraban el Estado y su orden como enemigos de sus pretensiones
    absolutas, mantenían conscientemente en su rechazo algo de su verdadera esencia. El Estado, en tanto
    que Estado, establece un orden relativo de vida en común. Sin embargo, no puede dar respuesta por sí
    solo al problema de la existencia humana. Debe dejar abiertos espacios de libertad para acoger algo
    distinto y quizás más grande. Tiene que recibir de fuera la verdad sobre lo justo, pues la verdad no es
    patrimonio suyo. Pero, ¿cómo y de dónde la recibe? Esta es la pregunta a la que ahora debemos
    enfrentarnos definitivamente.

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