Banderas rojas en la exedra de Aguascalientes

Escrito por on Nov 26th, 2014 y archivado en Aguascalientes, Destacado, Sobremesa. Tu puedes seguir los comentarios a esta entrada a traves de RSS 2.0. Comentarios y referencias estan cerrados.

Marcha en Aguasalientes (Foto de Juan Manuel Robledo)

Marcha en Aguasalientes (Foto de Juan Manuel Robledo)

El pasado 20 de noviembre, unas horas antes de que una efigie de Peña Nieto ardiera en la Plaza de la Constitución, en una imagen que quedará para siempre grabada en la memoria de este país, yo estaba sentado en la recién e inútilmente remodelada Plaza de Armas, Plaza Patria, Plaza de la Convención o Plaza de lo que a usted se le ocurra, total, es la Plaza, a un lado de la exedra, esperando que llegara la historia. Con menos frío del que supuse que habría, con más oscuridad de la que se supondría tendría que haber a las seis de la tarde, esperaba mirando la enorme pared de adobe en el costado recién descubierto del Teatro Morelos decidiendo si se veía fea o se veía horrible.

Para cuando me había decidido por horrible, empezaron a sonar los altavoces y a través de ellos sonó la inconfundible voz de una Maestra de Cañada Honda, como primera conclusión de esa noche me traje la sensación de que la búsqueda del futuro, al menos hasta donde se vio en la Plaza, sigue estando firmemente anclada por el pasado, la Maestra, toda consignas, toda retórica de los setentas, pintó desde el principio la manifestación por los jóvenes de Ayotzinapa en Aguascalientes, con el difícil papel de telonera de una manifestación que todavía no se olfateaba siquiera entre el aroma de chaskas y salsa valentina, la Maestra cumplió haciendo que volteáramos la cabeza hacia el centro de la Plaza, tras de ella, un par de Maestros le pusieron un poco más de carne al caldo, empezando a hacer análisis, diagnóstico y crítica de la situación en México, porque Ayotzinapa le está pasando a todo México y – de manera por demás trágica – todo México está repetido en Ayotzinapa. El Maestro aclaró de forma clara y contundente en donde están los verdaderos “desestabilizadores” de México, en la banca, en las transnacionales, en los oligopolios y monopolios empresariales y financieros, que son los primeros en persignarse y subirse a una silla cuando ven gente protestando en la calle. Alrededor, la gente, mamás con sus niños, jubilados (los habitantes nativos de la Plaza), señores con aspecto de estar buscando chamba, algunos chavos que se adelantaron al contingente mayor o que, como yo, son demasiado flojos para andar caminando, empezábamos a hacer un grupo nutrido. Aplausos sinceros y calurosos al primer orador de lo que sería una lista tirándole a muy larga para esa noche.

Luego algo de inquietud, se supone que ya viene la marcha, pero todavía no llega, por lo bajo pregunta la Maestra ¿Dónde vienen? Intenta llenar el espacio con consignas “ayotzi vive, la lucha sigue” pero con poco éxito, en general, las consignas prendieron poco, ¿mucho frío? o el tradicional arranque lento del público hidrocálido, como sea tardará casi una hora hasta que la primera consigna alcance a sonar de manera fuerte en la Plaza (y será un estentóreo “fuera Peña”, “fuera Peña”, que me queda claro, es el punto común a todos los que estuvimos ahí).

Finalmente llega el contingente, las estudiantes de Cañada Honda por delante, con una inmensa manta roja y cantando “venceremos”, me asombro, venceremos es la canción que cantaban mis papás en las peñas y en la huelga del 68, me cuestiona otra vez la permanencia de estos espacios de la memoria, pero no hay tiempo de reflexionarlo ahora, siguen llegando jóvenes a la plaza, cantan, gritan, enarbolan cartulinas, se toman fotos y autofotos (selfies para los que no saben español), viven. Llega un grupo de encapuchados, me acerco para verlos mejor, diría el lobo, son menos de diez y son escandalosamente niños, me atrevo a decir que ninguno tiene 17 siquiera, dos niñas, los demás son chicos. Evidentemente ellos no vienen a aventar cocteles molotov, supongo que es parte de la indumentaria de “protesta” y ayuda a sentirse malote en grupo, que a veces también de eso se trata, de hecho, solo encontré a otro encapuchado en la multitud y francamente estaba más interesado en cotorrear con sus cuates que en los discursos en la exedra. Así que afortunadamente, el espectro diazordacista tan presente en el DF no ha llegado acá.

El evento en sí comienza, en una larga letanía van hablando uno por uno, una por una, los representantes de las instituciones que coincidieron esa noche en ese punto, las de siempre, las normales, Cañada, la superior, el CRENA (ausencia notable de la del estado). Los que más gente llevan, el ITA, la UAA y, me voy de espaldas, la Concordia. Alguien más de algún colectivo o asociación civil, y también para mi pasmo, las juventudes comunistas, que adornan la exedra con una postal de 1980, banderas rojas con la hoz y el martillo ondean en el centro de uno de los estados más conservadores del país. ¿Juventudes comunistas en Aguascalientes en 2014? Vaya usted a saber, las cosas que se ven hoy en día.

A destacar, el diagnóstico está bastante claro para todos, el sistema completito, no una o dos partes, ya no funciona. Se pide la salida de Peña, pero se entiende que es poco lo que se logra si no se arregla el país en conjunto. Destaco también el excelente discurso de la representante de la UAA, muy bien articulado, a salvo de lugares comunes, con buenos argumentos, incluido un ángulo que a mí se me había escapado, la situación de Ayotzinapa y esa región montañosa de Guerrero como reserva de minerales, con toda la ambición transnacional que la riqueza mineral conlleva. Mientras se suceden oradores, quedan claro dos visiones muy definidas, la que encabeza Cañada Honda, hablando de Lucio Cabañas, de rifles en las manos, de dar la sangre y la que representó la UAA que habló de lucha pacífica, de cuestiones sistémicas y evitar que las tragedias vuelvan a ocurrir.

Me concentro en esta narrativa que parece tan trasnochada, incluso al finalizar el acto la Maestra inicial pide a todos que cantemos La Internacional, con la excepción de Cañada, todo el mundo se mira como si estuviera en el lugar equivocado. Lo primero que se me ocurre es precisamente eso, que se han quedado atrás, que no se han movido un centímetro de los setentas, y luego me sobreviene una duda aterradora, ¿y qué tal que no se han movido porque todo a su alrededor sigue igual? Las consignas socialistas, la idea fija que la lucha tendrá que ser violenta, la parafernalia, las imágenes, las banderas, todas son una fotografía de una época en la cual te podían matar por tener un disco prohibido, por ir al lugar equivocado, por tener las amistades incorrectas. ¿esa realidad ya no existe o ya no queremos aceptar que existe? Para las normales rurales, como Cañada, como Ayotzinapa, esa es su realidad cotidiana, en el campo no ha dejado de haber caciques, no ha dejado de haber represión, las normales rurales han tenido que pasar toda su vida, hasta hoy, con el cuchillo entre los dientes, porque el gobierno siempre ha estado en su contra, es un enemigo real, un enemigo físico, no es una cuestión vaga y virtual como la amenaza de Peña Nieto y el sistema es para muchos de nosotros. En su caso las consignas responden a los golpes, a las detenciones, a las desapariciones, a los asesinatos. A estas alturas ya no sé si el pasado nos está alcanzando o el futuro está dando la vuelta.

La noche sigue oscura, las luces de la Plaza no dan entrada a ninguna estrella, las ganas se van apagando poco a poco, parece que se ha dicho todo, insisto, el diagnóstico está claro pero no parece que se vaya a ir más allá, sabemos qué está mal, pero no sabemos cómo cambiarlo. Uno de los organizadores toma el micrófono y reconoce esta realidad, está muy bien el grito y el sombrerazo, pero ¿y luego? Invita a mesas de diálogo terminando el mítin. No hay buena respuesta, todos quieren (queremos) regresar a casa, entonces el sábado, algunos dicen que sí, son los menos. En Aguascalientes vi pasar la indignación, habló el enojo, el hastío, la rabia e incluso la ira. Hasta el momento ha hablado muy poco la imaginación, la propuesta, la inventiva.

Como para refutarme, dos actos finales, Abril del Trigo, así se llama o así se dice canta dos canciones, en la mejor tradición de Amparo Ochoa o incluso Violeta Parra llena la plaza, ya casi vacía, con una extraordinaria voz y dos canciones hermosas, una, compuesta para la ocasión, lenta, dolorosa y bella sobre Ayotzinapa, otra, sobre los estudiantes, de Mercedes Sosa, que tendría que haber levantado a todos de su marasmo, pero imagino que está muy lejos de ser un ritmo que resuene en el público presente, tal vez si hubiera sido ska. Otro joven, cuyo nombre no queda registrado por el altavoz lee dos poemas, buenos, sólidos, inteligentes sobre la protesta y los trabajadores. Me voy con ese buen sabor de boca, aunque muchos ya no llegaron a escucharlos, éramos alrededor de dos mil, tal vez más, soy malo para contar desde adentro a una multitud, pocos para los que deberíamos ser, muchos para los que suelen darse cita para estas cosas en Aguascalientes.

Camino hacia la zona de desastre que es Nieto, rumiando lo ganado y lo que falta por ganar. El taxista me pregunta que porqué era el desastre en la Plaza, le contesto que por lo de Ayotzinapa, se pone serio y asiente, sabe de qué se trata el asunto, no le gustó que lo hicieran esperar, pero entiende por qué está protestando la gente “es que ya ni la chinga el gobierno”. El diagnóstico, una vez más, es certero. Pero necesitamos ir más allá de la queja y la consigna, urgen más ideas, más diálogo, menos discursos individuales o grupales y más claridad para avanzar. Espero que el sábado pasado puedan haber llegado a algún inicio para que esto no quede en una hermosa estampa en el tiempo y las banderas rojas en la exedra puedan tener algún propósito todavía.

Para ir al archivo de textos de Darío Zepeda Galván dar clic en su nombre

Be Sociable, Share!

Los comentarios estan cerrados