¿Y ahora para donde?

Escrito por on Nov 12th, 2014 y archivado en Destacado, Galería Fotográfica, Sobremesa. Tu puedes seguir los comentarios a esta entrada a traves de RSS 2.0. Comentarios y referencias estan cerrados.

¿Y ahora para donde?
Jesús Murillo Karam, Procurador General de la República

Jesús Murillo Karam, Procurador General de la República

¿Qué tendría que hacer el gobierno federal ante el inmenso problema de la inseguridad, destapado y desbordado por la última ofensa de Ayotzinapa? A todos nos queda claro que lo que se ha hecho hasta hoy –presumiendo que algo se haya hecho – es a todas luces insuficiente. La exigencia que se manifestó este miércoles en todo el país y en otros puntos del mundo al gobierno es que tiene que hacer más, que no basta con presentar a los presuntos autores intelectuales – los peones, como bien los llamó Edgardo Buscaglia- y por supuesto que no basta con la muy poco feliz idea de un pacto por la seguridad, el solo hecho de que estén pensando seriamente en semejante tontería da una imagen muy clara de lo poco que ha entendido Peña Nieto y porra que lo acompaña de lo que está ocurriendo en México.

Pero regresemos a la pregunta inicial. Ya vimos que el Estado Mexicano tiene la capacidad de reacción de un nopal seco a la hora de hacer otra cosa que no sea impulsar reformas y pactos entre sus cuates, pero nosotros, del otro lado, ¿sabemos también qué es lo queremos del gobierno en este justo momento? Descartando la respuesta obvia de que necesitamos saber dónde están los normalistas, ¿qué más? ¿Cómo se va a lograr que realmente no ocurra lo mismo una y otra vez? En el internet abundan las propuestas más variopintas y surrealistas, que van desde la renuncia de Peña Nieto -que dado el caso, no sería necesariamente mala idea- hasta el cierre de las normales rurales por ser “nidos de guerrilleros” y otras cosas igualmente carentes de sentido. ¿Pero eso realmente tendría el impacto que se busca? ¿Lograría la caída de tal o cual personaje aligerar la violencia que pesa sobre casi todo el país?

Si queremos que toda esta energía social activada no le ocurra lo mismo que pasó con yo soy 132 y con el movimiento por la paz de Sicilia y compañía, que terminaron por languidecer en el escenario nacional, creo que es el momento de empezar a considerar metas más concretas no sólo para lo inmediato (la presentación con vida de los chavos), sino para el mediano y largo plazo. Si logramos que esta tragedia pueda ser el lugar en donde empezamos a dejar de pensar solo en todo lo que está mal (que es mucho) sino también como el punto en donde empezamos a imaginar las salidas de esta situación y, acaso lo más importante, las posibles llegadas a donde iríamos después de salir, habremos avanzado enormidades. Veámoslo de esta manera, imaginen que mañana el señor de los copetes va y lee en su teleprompter que renuncia, ¿qué sigue? ¿Se elige otro presidente y se deja todo lo demás igual? ¿Mantenemos un congreso lleno de sujetos que solo ven para su santo? recordemos que Abarca, el terrible Abarca, estuvo en un tris de ser diputado federal, ¿Cuántos Abarcas están en este momento cómodamente sentados en alguna curul? ¿Serviría de algo que se fuera Peña para quedar en manos de Beltrones?

Para que la cosa cambie, la sacudida tiene que ser más general y más profunda, o seguiremos cayendo el mismo juego del tio lolo, en el que cada seis años giramos la ruleta con la esperanza de que ahora si nos toque “el bueno”, solo para confirmar que siempre se puede caer más bajo. Ayotzinapa, Tlataya, Allende Coahuila, Sonora, San Fernando y el eterno etcétera se sigue acumulando y seguirá si el cambio no afecta los cimientos mismos del sistema en el que estamos viviendo. Lo comenté en otras aportaciones, lo comento de nuevo, vivimos bajo un sistema criminal, las muertes, las desapariciones, la crisis económica, los desastres ambientales, la discriminación, la violencia de género no son hechos aislados o accidentes que se puedan ir corrigiendo, son parte del resultado inevitable y lógico del tipo de sociedad en la que estamos viviendo. Vivir sin miedo implica vivir de un modo diferente al actual, vivir sin necesidad implica dejar de vivir bajo las reglas y condiciones de este sistema.

Y esto obliga a darle la vuelta a algo más que al gobierno. Ningún partido que llegue al poder servirá de nada si el resto de la sociedad sigue igual, el mejor y más puro presidente que pudiéramos imaginar, no servirá de nada si seguimos siendo una sociedad que pone primero su hueso, su chamba, que la vida de los demás. Porque ese es el problema de Ayotzinapa, alguien quiso matar o desaparecer estudiantes y otra persona fue y lo hizo, porque esa era su chamba y ni modo de decirle que no al jefe, ustedes saben lo difícil que es conseguir un buen trabajo hoy en día y de que me friegue yo a que se friegue otro, mejor los demás.

Si vamos a salir de esta, tenemos que recuperar la imaginación. La posmodernidad y la caída de los referentes ideológicos de la izquierda nos han quitado la posibilidad de pensar en mundos mejores, y los pensadores del capitalismo insisten en decirnos que no hay de otra, es esto o el caos total. Tenemos que superar ese estado de cosas, tampoco es que sea imposible o que no se esté intentando en otros lados, la experiencia cercana de Sudamérica está patente, no para que la imitemos en su totalidad, porque sabemos que lo que funciona en un lado, no tiene por qué funcionar en otro, sino para que aprendamos lo que les ha servido, evitemos sus errores y sobre todo tengamos claro que es posible intentar vivir de otra manera.

Además de seguir con la insistencia en lo inmediato, además de aumentar la participación ciudadana y de aplicar un marcaje personal que haga saber a los políticos que no podrán dar ningún paso sin que los ciudadanos estemos al pendiente, es hora de empezar a hacernos otras preguntas, ya no preguntarnos ¿quién será el nuevo presidente? Sino ¿necesitamos un presidente?; ya no ¿cómo hacer que funcione mejor la policía? Sino ¿tener policía es la mejor forma de evitar la violencia?; ya no ¿Cómo evitar que el Estado siga violando derechos humanos? Sino, ¿vale la pena seguir con este modelo de Estado?; ya no ¿Cuál es el menor peor de los partidos políticos? Sino, ¿vale la pena seguir con un modelo de representación que ha demostrado hasta el cansancio que no funciona?; ya no ¿Cómo hacemos para que los políticos se porten menos mal? Sino, ¿son realmente necesarios los políticos para llevar adelante una sociedad?

Las respuestas a estas preguntas y a otras más pueden ser diversas, positivas o negativas, pero aquí y ahora lo importante es convertirlas en el centro del debate, y no bajarnos del mismo hasta que tengamos nuevamente una cierta claridad sobre el tipo de país que queremos ser. Ahí es donde reside el núcleo de la cuestión, no en cómo tener más productividad; no en cómo imponer un imaginario “estado de derecho”, que apesta con el tufo de la represión cada vez que sale de la boca de un mega empresario; no en como tener contentos a “los mercados”; ni siquiera en cómo hacer otro pacto de lo que sea entre partidos políticos, mucho menos en saber si tuvo más culpa los Chuchos, el PRI, AMLO o la tía de las muchachas.

La ineficacia, ineficiencia, incompetencia e incapacidad de la clase y el sistema político en su conjunto está más allá de reformas, de secretarías anticorrupción o antiimpunidad (son capaces de inventarse algo así) ya no es cosa de que si no pueden renuncien, ya no pudieron, ni van a poder, no pueden erradicar la corrupción ni la impunidad porque de eso viven, gracias a eso tienen lo que tienen, no lo van a soltar.

Yo estoy bastante cierto de que se tienen que ir, todos, pero también estoy cierto de que no servirá de nada que se vayan si no tenemos algo distinto para reemplazarlos. De lo contrario, volveremos a caer en el mismo ciclo de errores de toda la historia del país y nos volvería a atrapar la Ley de Hierro de Michels, quitando una oligarquía para poner otra. Nos corresponde el trabajo de imaginar y construir algo que recupere lo bueno y deje fuera lo malo, al menos hasta donde se pueda. Insisto, experiencias e ideas hay regadas en el mundo, no nos casemos con una sola ruta, no volvamos a caer en el vicio del dogma y la homogeneidad de pensamiento. Los zapatistas, la gente de Cherán, la primavera árabe, los indignados, los aymaras y quechuas de Bolivia, el feminismo y la teoría queer, recuperemos las formas de pensamiento alternativo y tratemos de construir otra manera de hacer nación, con la conciencia que es un trabajo que nunca se puede concluir y siempre se puede mejorar. Partamos de una serie de principios comunes e irrenunciables, que ni siquiera tenemos que inventar, están ahí en la Declaracion Universal de los Derechos Humanos, tomando eso como una base irrenunciable, vayamos más allá del reclamo, más allá incluso de la exigencia y empecemos a hacer las cosas por nosotros mismos. ¿O vamos a seguir esperando que el gobierno las haga?

Para ir al archivo de textos de Darío Zepeda Galván dar clic en su nombre

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