El General Eulalio Gutiérrez protestó como Presidente de la República

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Protesta de Eulalio Gutiérrez como Presidente de México

Protesta de Eulalio Gutiérrez como Presidente de México

EL DÍA A DÍA DE LA CONVENCIÓN DE AGUASCALIENTES

EL GENERAL EULALIO GUTIÉRREZ PROTESTÓ COMO PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA

 

Aguascalientes, Ags., seis de noviembre de 1914.

La Soberana Convención Militar Revolucionaria vivió hoy momentos de gran solemnidad y emoción, al tomar posesión de su cargo como Presidente Provisional de la República, el otrora gobernador de San Luis Potosí, general Eulalio Gutiérrez, y al aprobar un Manifiesto a la Nación.

Tal y como se acordó ayer, hoy juró el general Gutiérrez para el cargo que fue elegido el pasado día primero. Hacia las 11:30 hrs., mientras la Asamblea sesionaba, comenzaron a escucharse nutridos aplausos. Momentos después entró en el recinto el presidente Gutiérrez, acompañado por el general José Isabel Robles.

En vista de que la jornada de hoy revestía una importancia especial, una cantidad inusitada de gente se reunió en las puertas del Teatro Morelos con la intención de entrar. Sin embargo, el acceso fue impedido por una sustanciosa guardia. Por lo especial de la ocasión, una banda de música fue instalada en el pórtico del coliseo, en donde interpretó variadas melodías que fueron del gusto del público.

Luego de subir al foro, el general Robles tomó en sus manos la histórica bandera, y con gran solemnidad declaró lo siguiente:

“En estos momentos se registra uno de los más solemnes actos que registra nuestra historia. Esta Soberana Asamblea, clara y terminantemente ha designado al general Eulalio Gutiérrez para que asuma el cargo de Presidente Provisional de la República por 20 días. Este es uno de los actos más solemnes porque el país entero espera entrar al camino franco hacia la paz, hacia el progreso y la dicha completa. Por eso yo, en nombre de esta Asamblea que me honro en presidir, exhorto al general Gutiérrez para que cumpla los acuerdos que la misma ha sancionado, entre ellos, que entrará a desempeñar sus funciones el día 10 de los corrientes”.

Acto seguido tomó la protesta al presidente Gutiérrez mediante estas palabras: “¿Protesta usted, por su honor de ciudadano armado y como Presidente Provisional de la República, cumplir y hacer cumplir las decisiones de esta Convención?”.

El general Gutiérrez contestó afirmativamente, y al bajar la mano estalló una cerrada ovación que fue acompañada por las notas del Himno Nacional y el repique de las campanas de catedral. A continuación, el nuevo Ejecutivo federal, visiblemente conmovido, tomó entre sus manos la bandera y pronunció unas sencillas palabras, que en cierta medida constituyeron su programa de gobierno. “Haré respetar de manera más clara y terminante los principios de la Revolución” –declaró–.

“La elección hecha en mi favor no ha sido para mí otra cosa que imponerme sacrificios, porque los hombres como yo, no hemos sabido otra cosa que interpretar el patriotismo que se anidó en nuestros corazones”.

“Yo espero que esta Convención en que están representados todos los elementos revolucionarios de la República –continuó–, se dé cuenta de todos los actos realizados en ella y que si vamos a la lucha, porque a ella nos llevan nuestros enemigos, yo os digo que desde estos momentos estoy resuelto a hacer respetar, y respetaré yo mismo, todos los acuerdos de esta Asamblea, porque quien así no lo haga, será un traidor”.

“Sólo nos queda seguir el camino de los hombres honrados –dijo finalmente–, el camino de la verdad, y yo pido que en esta lucha, que probablemente se avecina, todos me ayuden y que luchemos por la Patria, no por personalidades”.

El zapatista Soto y Gama retomó las últimas palabras de Gutiérrez y señaló que este era un programa: “con él habremos dado muerte a todos los ‘ismos’, y ya no habrá carrancismo, ni villismo, ni tampoco gutierrismo; dejemos de ser rastreros; que no haya cortesanos, que no haya adulaciones, para que no corrompamos a este hombre honrado y modesto que representa a la Revolución”.

Guillermo Castillo Tapia, al hacer uso de la palabra pidió al presidente de la República “hacer justicia al indio, al propietario de la tierra, que lleva sobre sus espaldas el peso de varios siglos de esclavitud y que siempre, desde la época virreinal, ha venido siendo explotado. Y entonces, cuando la raza india, fuerte y heroica sea redimida, entonces será cuando con criollos y con mestizos habremos formado a la Patria”.

Acto seguido, el presidente Gutiérrez, que vestía de civil, se retiró del Teatro Morelos entre aplausos, mientras la banda de música interpretaba de nueva cuenta el Himno Nacional.

A continuación, la Asamblea procedió a tratar el asunto del Manifiesto. Cabe destacar que el coronel Roque González Garza presentó un texto, que fue rechazado por la Convención. El documento aprobado es el siguiente:

“Mexicanos: La Convención del 10 de octubre se ha reunido con el objeto de unificar el criterio revolucionario, para determinar las bases y orientación del nuevo Gobierno de la República, inspirados en la opinión de la mayoría de sus ciudadanos, para que ese Gobierno realice los ideales de la Revolución y de las instituciones democráticas, pues de este modo cumplimos con el compromiso solemne contraído con la Nación, de sustituir a la tiranía por un Gobierno que satisfaga las necesidades públicas actuales. Y esa misma Convención se ha declarado soberana, para hacer efectivas y obligatorias sus resoluciones para todos los jefes del Ejército, evitándose de esta manera la dictadura que podría resultar de permitir a cualquiera de ellos que tratara de imponer aisladamente su voluntad y su opinión al resto de los ciudadanos de la República”.

“Somos el poder supremo nacional porque nuestro movimiento armado no triunfó de la reacción debido al esfuerzo de uno solo de sus jefes, sino en virtud del concurso que hemos prestado todos para ello. Y del mismo modo que obedecimos a una sola idea y estuvimos animados de una sola aspiración de redención y de progreso para lanzarnos a las armas contra la dictadura el 20 de noviembre de 1910; de esa misma manera e impulsados por los mismos sentimientos nos hemos reunido en esta Convención, ya no para derrocar ni para destruir, sino para organizar y construir el nuevo Gobierno Republicano, en el cual se han de sintetizar todos nuestros ideales y todas nuestras tendencias”.

“Esta Convención es soberana, porque en ella están sintetizados la fuerza y el pensamiento de la Revolución. Para nosotros deben concluir los tiranos, y para la Convención es una necesidad primordial hacer efectiva la paz en la República”.

“Constituidos así en Asamblea para ser escuchados, y en poder supremo de la Nación para ser obedecidos, podremos acabar para siempre con las ambiciones individuales de poder, las intrigas de gabinete, y con la inmoral y antipatriótica labor del incondicionalismo”.

“La República entera ha cifrado todas sus esperanzas de mejoramiento social y político en esta Convención, y para satisfacer sus anhelos debemos hacer respetar sus resoluciones, no precisamente porque contamos con la fuerza de las armas para ello, sino porque nos apoya la inquebrantable fuerza de la opinión pública”.

“Se ha pretendido relegarnos a un papel secundario con el pretexto de que somos o debemos ser la representación genuina de un hombre; siendo así que constituimos la base democrática del futuro gobierno, en nuestro carácter de Asamblea preconstituyente”.

“Conscientes, pues, del papel histórico que desempeñamos en este instante y asumiendo la responsabilidad de la suerte de la República, hemos elegido al Presidente Provisional de ella, y declaramos que estamos resueltos a sostenerlo, a pesar de todos los obstáculos, contra todas las rebeldías y sobre todas las ambiciones de aquellos que, inspirados sólo en intereses mezquinos, no se resuelven a colaborar en la nueva organización del gobierno emanado de la Revolución”.

El manifiesto aprobado por la Convención culmina con estas enardecidas palabras: “Mexicanos: la primera Asamblea preconstituyente emanada del movimiento revolucionario que derrocó a las dictaduras que acaban de pasar, os demanda vuestra colaboración unánime, en la cual están vinculados los destinos nacionales, y debéis estar ciertos de que al proceder así habréis merecido el bien de la Patria”.

A continuación, se leyó un telegrama del señor Carranza en el que repite las condiciones para retirarse que expresara en su mensaje del 23 de octubre.

“Los informes que se tienen respecto a los trabajos de la Convención de Aguascalientes –dice el ciudadano Carranza en su mensaje fechado el día de ayer, y remitido desde Tlaxcala–, son siempre vagos y muchas veces inexactos. Por otra parte, parece que mi nota no ha sido interpretada con exactitud en Aguascalientes, creyéndose que contiene mi renuncia, cuando sólo expreso en ella las condiciones en que estoy dispuesto a presentarla; y, por último, parece ser que la comunicación telegráfica con Aguascalientes no se halla enteramente libre de accidentes que pudieran hacer dudar de su autenticidad. Por lo tanto, deseo que ustedes estén perfectamente entendidos de que, mientras yo no comunique a ustedes oficialmente haber presentado mi renuncia, y mientras no les haga yo saber la resolución tomada respecto a ella, continúo en mi puesto como Primer Jefe del Ejército Constitucionalista y como Encargado del Poder Ejecutivo y, por lo tanto, las órdenes relativas a las funciones que ustedes desempeñan sólo pueden emanar de mí”.

Acto seguido, Mateo Almanza propuso que se subrayen con tinta roja las firmas de los delegados que han desconocido a la Convención para que la Historia juzgue el comportamiento de todos. Guillermo Castillo Tapia consideró que la propuesta era injusta, pues muchos delegados no tenían la culpa del proceder de sus poderdantes.

Por otra parte, se leyeron mensajes de adhesión del gobernador de Sinaloa, Felipe Riveros y el general Ernesto Santoscoy, mientras que Jacinto Treviño y Jesús Agustín Castro se manifestaron desconociendo a la Convención.

En otro orden de cosas, Salvador Herrejón, Miguel Ángel Peralta y Gabino Banderas propusieron que la Convención se traslade a San Luis Potosí, acompañando al Presidente Gutiérrez. Peralta agregó que en vista de que la División del Norte había escogido la ciudad de Aguascalientes para acuartelarse, y aunque considera que su presencia de ninguna manera constituye un impedimento para las deliberaciones de la Convención, en México ocurriría lo contrario.

Eduardo González se opuso. “Vamos a convertirnos en saltimbanquis, yendo de un lado para otro –dijo–. Mejor esperamos aquí a la resolución del señor Carranza, y si el día 10 desconoce a la Convención, la División del Norte podrá venir en su apoyo”. Enrique Paniagua también se opuso y opinó que si la Convención viaja, deberá hacerlo a México, en donde el presidente Gutiérrez tomará posesión el día 10.

De cualquier manera, la proposición fue turnada a la Comisión de Gobernación. A la de Guerra pasó la petición de Samuel Hernández, para que se permita a la División del Norte ocupar cuarteles en esta ciudad a las tropas que están acampadas en las cercanías de aquí. La misma suerte corrió otra de Roque González Garza, en el sentido de permitir la entrada de todas las tropas adheridas a la Convención que se encuentran en las cercanías de Aguascalientes.

Finalmente se acordó otorgar al presidente Gutiérrez facultades extraordinarias en los ramos de Gobernación, Guerra y Hacienda.

Carlos Reyes Sahagún

Cronista del municipio de Aguascalientes

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