La UAA y las colegiaturas

Escrito por on Oct 22nd, 2014 y archivado en Destacado, Ensayo y Opinión, Galería Fotográfica. Tu puedes seguir los comentarios a esta entrada a traves de RSS 2.0. Comentarios y referencias estan cerrados.

La UAA y las colegiaturas

uaa 2En estos últimos días, admito que he llegado tarde al debate, se ha hablado mucho acerca del más reciente aumento a las colegiaturas universitarias. Se ha intentado darle un contexto dentro de lo que ha sucedido en el Distrito Federal y Ayotzinapa, no porque tenga algo que ver, sino porque se hace un silogismo bastante pobre entre situaciones que lo único que tienen en común es el grupo afectado, o si se quiere, el grupo que reclama, es decir, los estudiantes. El problema de las colegiaturas siempre ha sido motivo de debate y disgusto entre los estudiantes de la UAA, lo cual puede confirmarse con cualquiera que haya estudiado ahí, y yo me incluyo. Es un problema de años, no de ayer, y definitivamente no es un problema fruto de una exacerbación efímera por parte de los estudiantes, como me da la impresión de que se quiere hacer ver.

Cuando entré a la Universidad, una persona, que se volvió un gran amigo mío, decía en broma que la UAA era la universidad privada más barata del país en alusión a las elevadas colegiaturas (comparadas con otras universidades públicas del país). Este comentario refleja la visión que se tiene de la Universidad, que cobra como privada ofreciendo los servicios de una pública. Ácido, sí, mordaz, también, pero cierto sin duda. Lo cual nos lleva a la vieja pregunta de si una universidad pública debe cobrar, o no, por la educación que imparte.

Que las universidades cobren me parece inevitable, no deseable, puesto que si no cobraran, la situación se volvería insostenible. No todas las universidades tienen el privilegio de ser la UNAM en este sentido. Sin embargo, lo que hace la UAA me parece un exceso. Una cosa es que se cobre una cuota simbólica, y otra, muy distinta es que ”se manchen” como se diría por ahí.

En otra publicación de Crisol Plural alguien lanzaba una pregunta al aire, si usted apreciable ciudadano debería de pagar por la educación de otro. Mi respuesta es que sí, porque yo (o usted, apreciable lector) al cooperar para la educación de la población estamos ayudando, aunque sea un poco, a que la situación educativa mejore, porque somos parte de una sociedad, de una ciudad, y un estado, en el cual vivimos todos, de manera que si cooperamos, estamos ayudando a que vivamos, todos, en un mejor lugar. Y esto no es retórica barata, es una realidad que se comprueba. A nadie se le debería negar la oportunidad de estudiar por no contar con recursos económicos, y si la institución que niega esa oportunidad es pública, me parece abiertamente despreciable. La opinión egoísta que llama a un liberalismo mal entendido, sobre dejar a la deriva a los demás por el único hecho de no ser “yo” me parece, a falta de otro calificativo, miserable, y digna de lástima, pero pues cada quien.

Cuando fui estudiante de la UAA también me encontré con un mito urbano, todas las universidades los tienen, y me refiero a la historia aquella de que existían mujeres que se prostituían (o si se prefiere, se puede utilizar el término “escort”) para poder pagar las colegiaturas. Me da pena haberme enterado de que no era un mito urbano, sino un problema real. Me reservo el nombre de aquellos que vieron dichos casos, así como de las mujeres que así pagaban su colegiatura por obvias razones. Pero yo le pregunto a usted, amable y consciente lector, qué opina usted de una institución que obliga, indirectamente, a estudiantes a prostituirse para poder pagar una educación decente. Alguien pudiera contestar con una sandez del tipo de “pues que trabajen en otra cosa”, y sí, a lo mejor, pero la realidad es esta, y es que existen mujeres en nuestro siempre tan decente y moralista Aguascalientes que se prostituyen para poder pagar las colegiaturas de la Universidad. Esto no es culpa de la institución, sino de la negligencia de sus autoridades, que es algo muy distinto.

También, durante mi estancia en la Universidad, tuve conocimiento de una gran cantidad de personas que simplemente tuvieron que abandonar sus estudios porque no tenían dinero para pagar, de manera que tenían que elegir entre comer y estudiar. Es una obviedad decir que tiene mayor importancia comer que estudiar, pero parece que es una problemática ajena a muchas personas. Se ha dicho que la UAA está compuesta principalmente por estudiantes de clase media, pues claro, porque los pobres no tienen para pagar, evidentemente ni siquiera van a hacer el intento. Ojo, no digo que se privilegie a un nivel socioeconómico sobre otro, sea cual sea, pero en un lugar digno lo que debería de contar es la capacidad intelectual y el esfuerzo, no la amplitud de tu cartera. La realidad es que el mayor motivo de deserción en la Universidad, o uno de los mayores, es la falta de recursos económicos y no el bajo desempeño académico. Los ejemplos están a la vista en cada uno de los centros de nuestra Universidad, tal vez el más evidente sea en estomatología donde los estudiantes, y sus familias, tienen que hacer verdaderas proezas económicas ante el cinismo de quienes en teoría tienen que otorgar la educación, aunque a veces parecen más mercaderes.

Usted dirá, apreciable lector, que la Universidad no tiene dinero, que hace maravillas con lo que se le otorga, es decir, que como cualquier mexicano de a pie hace lo que se puede con lo que se tiene. Entonces, yo que soy bastante escéptico y malpensado, mencionaré todos estos nuevos edificios tan bonitos y bien diseñados, el nuevo campus, las pantallas electrónicas que se instalaron, todo eso que… Digo, uno pensaría que la prioridad de la Universidad son los profesores (que reciben salarios miserables, al menos los de asignatura) y los estudiantes, al parecer para ellos las arcas están siempre vacías y se apela a que entiendan las circunstancias, sin embargo, sí hay dinero para llenar la Universidad de todo lo mencionado. Desconozco si todo eso fue pagado con dinero de la UAA o se consiguieron los recursos, pero entonces me maravilla la capacidad de las autoridades universitarias para conseguir dinero para obras, y su nula capacidad para conseguir recursos para becas, o para detener el aumento de las colegiaturas; algo que sin duda da que pensar.

No sé si esto amerite una huelga por parte de los estudiantes, yo en lo personal no creo mucho en ese tipo de movimientos. Pero yo, como universitario orgulloso de esta institución y a la cual le tengo un aprecio enorme por muchas razones que no vienen a cuento de este texto, considero que en la Universidad deberían de tener un poquito de vergüenza o un “poco de por favor” como diría mi abuelo. Tal vez si por primera vez en sus vidas dejaran de verse el ombligo, entonces se darían cuenta todo lo que la UAA ha perdido por culpa de su tradicional intransigencia a la realidad de sus estudiantes; y todo lo que ha perdido por confundir lo grandioso con lo grandote.

P.S.: Le agradezco de antemano a Don Gus por aceptar revivir este espacio que ya tenía muy abandonado.

Textos anteriores del autor:

El bache mexicano

Lo que se viene… y que ya se ha visto

La vieja costumbre de jugar con fuego

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