PAN: la irrelevancia como destino

Escrito por on Sep 18th, 2014 y archivado en Destacado, México. Tu puedes seguir los comentarios a esta entrada a traves de RSS 2.0. Comentarios y referencias estan cerrados.

Gustavo Madero y Felipe Calderón

Gustavo Madero y Felipe Calderón

Hubo entre los fundadores del PAN hombres creativos, generosos y patriotas. Manuel Gómez Morín, el mayor entre ellos, fue subsecretario de Hacienda, representante financiero de México en Washington; apoderado jurídico de la embajada soviética en tiempos en que no cualquiera asumía esa responsabilidad; rector de la Universidad Autónoma de México, hoy UNAM, en una difícil etapa de la casa de estudios; redactor de la ley que creó el Banco de México, el Banco Nacional Hipotecario y de Obras Públicas, el Banco Nacional de Crédito Agrícola y Nacional Financiera y coautor de varias leyes más que dieron solidez a nuestro sistema jurídico.

Otro fundador del PAN, Efraín González Luna, abogado y profesor de las universidades tapatías, candidato presidencial de su partido en 1952, fue un brillante intelectual, colaborador de la legendaria revista Bandera de Provincias, autor de varias obras y, hasta donde sabemos, primer traductor mexicano de Claudel y del Ulises de James Joyce.

Junto a los anteriores figuró como miembro del presídium de la asamblea constitutiva del PAN e integrante de su primer comité directivo, el abogado Enrique Loaeza Garay, quien fue delegado a la primera Asamblea de la Organización de Aviación Civil Internacional de la ONU y su primer vicepresidente, coautor de la Ley sobre Aviación Civil de 1949 y secretario del Patronato Universitario durante la construcción de la Ciudad Universitaria.

Esos tres casos permiten advertir el alto perfil de algunos fundadores del PAN, entre los cuales hubo también intelectuales que hicieron una abierta defensa del fascismo, como Ezequiel A. Chávez y Jesús Guisa y Acevedo, pues Acción Nacional, como todo partido, tiene en su seno tendencias y corrientes que defienden ideas no siempre aceptadas por la mayoría.

Igualmente, no faltaron pícaros en las filas panistas, diputados a los que coptaron las autoridades priistas, medianías deseosas de sobresalir, fanáticos religiosos empeñados en su fundamentalismo… Sin embargo, esos incidentes y personajes nunca significaron algo más que pequeñas piedras en el camino de Acción Nacional, pues nunca el prestigio del partido en su conjunto se vio empañado por todo aquello.

Mientras el sistema político-electoral condenaba toda oposición a la marginalidad, la militancia en el PAN, como en otros partidos de veras independientes, era una especie de martirologio, una amplia disposición para estar en la vida política sin más posibilidad que la de ocupar alguna alcaldía sin importancia o contar con unas cuantas curules cada tres años, y los partidos existen precisamente para dar puestos públicos.

Nunca faltaron pleitos internos, pero éstos cobraron un encono desconocido cuando a partir de 1989 se fueron ocupando gubernaturas, senadurías, diputaciones federales y locales, alcaldías importantes. Empezó la competencia en condiciones menos injustas, si bien nunca parejas.

Entre 2000 y 2006 Acción Nacional ocupó el poder presidencial y entonces, como nunca, se sumergió en la realidad que ofrece la máxima de Lord Acton: el poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente. De esa tremenda escuela los panistas no salieron indemnes y su actual división, atizada por la irresponsabilidad de Felipe Calderón y la confianza de Gustavo Madero en sujetos indignos, ha llevado a no pocos de ellos a exigir y recibir cochupos, participar en orgías y aparecer otros en casos de escándalo que tienen al PAN, un viejo de 75 años, no al borde de la extinción, pero sí de la irrelevancia.

 

 

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