Caída de fachada y sumisión reconfirmada

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Caída de fachada y sumisión reconfirmada
Ernesto Zedillo

Ernesto Zedillo

LA SUBORDINACIÓN EN LA ETAPA NEOLIBERAL (Novena Parte)

Ernesto Zedillo Ponce de León 1994-2000

 

Caída de fachada y sumisión reconfirmada

-Continuidad de fondo, intermitencias entre los agentes de la Compra-Venta-

El programa económico implantado en el país desde el sexenio de Miguel de la Madrid hasta el de Fox, expresa un traspaso intenso de empresas públicas y privadas a favor de entes extranjeros. Después de que Salinas de Gortari privatizara desde principios de los noventa un torrente de empresas públicas (se estima que mil 200 empresas, con un valor de 23 mil millones de dólares), Zedillo se esforzó por llevar al piso de remates las grandes joyas de la nación.

John Saxe-Fernández

En el nuevo gobierno, los funcionarios responsables –Serra Puche a la cabeza-, que fueron igualmente colaboradores del régimen de Salinas, se mostraron incapaces de enfrentar con eficacia las deficiencias heredadas. Había mentiras contables y financieras por todas partes.

Elías Chávez

Vivimos sometidos a una doble espiral cuyos lados tienden a abrirse en sentido opuesto. De un lado una riqueza que se acumula y del otro una pobreza que se agranda.

No es por casualidad que se hayan creado tantos megamillonarios en tan poco tiempo. Hay en el sistema que se nos ha aplicado una lógica que produce millonarios al tiempo que generaliza la pobreza.

Juan Castaingts Teillery

 

Paga el quebranto y sigue generando otros

 

Con el Tratado de Libre Comercio (TLC), la orientación de la administración pública federal tendía a volverse más dependiente del flujo de capitales externos y a generar exportaciones centralizadas en unas cuantas empresas competitivas capaces de procesarlas, muchas de ellas maquilas y filiales de empresas extranjeras, para ser una estrategia intransigente y vertical tendiente a favorecer al gran capital y por tanto a generar una creciente concentración de la riqueza en unas cuantas firmas y así empresarios bien acomodados. No por nada con Salinas surgió la generación de multimillonarios Forbes.

El Boom propio del inicio del TLC alcanzó para los primeros semestres de su puesta en función, en los que se da un crecimiento impulsado por los nuevos flujos de capitales, pero aquello fue un flamazo, efímero cuan ineficaz en sus sustentos. La apertura termina por favorecer al capital-transnacional extractivo y monetario, abriéndose el país a la explotación intensiva de sus recursos naturales y su clase obrera y campesina, de por sí ya empobrecida en los últimos ocho años, no generándose industrialización ni valor agregado, además de descuidar las correlaciones que favorecen al mercado interno.

Sino todo lo contrario…, el TLCAN (Tratado de Libre Comercio de América del Norte) no podía representar un auténtico impulso a la economía nacional dado su propósito de apertura que favorecía la instauración de un empresariado élite y la desatención del campesinado, dejado a su suerte ante la competencia dumping norteamericana. Ocurriendo lo que tenía que ocurrir, la intensificación del deterioro de la ya de por sí traqueteada economía nacional, puesto que las medidas aplicadas por los regímenes neoliberales en realidad resultaban contraproducentes para la manutención general de las condiciones de vida de las mayorías.

La apertura al extranjero en términos generales tronó a multitud de empresas nacionales grandes, medianas y pequeñas, incapaces de competir con las norteamericanas, ante un empresariado medio mexicano orillando a escoger entre tres opciones: a) mejorar su producción con tecnología de punta, equiparable a la de sus competidores –procedimiento de por sí costoso que requería de la existencia de excedentes de capital que pocas tenían ante un crédito encarecido-, incluyendo procesos de administración empresarial más eficientes no factibles de realizar en un país conmocionado por las medidas de choque aplicadas en seguimiento del recetario del BM-FMI, b) disminuir los salarios al trabajador, evitándose de esa manera c), que lo que disminuyese drásticamente fuesen las ganancias del empresariado, anatema contra el status quo capitalista. De manera tal que la ‘solución’ obligada era la segunda.

De cierto que de buenas a primeras no se modernizaría la planta productiva y menos ante la feroz competencia advenida del norte y sin apoyos gubernamentales o de la banca reprivatizada y en proceso de extranjerización. Modernizar la industria sin apoyo gubernamental y ante desventajas históricas para con la competencia norteamericana perfilaba la ascensión de unas cuantas empresas oligopólicas aupadas esas sí por el gobierno tecnocrático, de hecho engendradas por el Salinato con la venta de paraestatales. El caso Telmex y el Grupo CARSO de Carlos & Charles.

Y he aquí por qué de manera estructural, acorde con la tendencia histórica ya consolidada, el TLC acrece desempleo y pobreza: truene de empresas, bajos salarios, empresas reprivatizadas incapaces de asentarse ante la apertura a la competencia y su procura sistémica de ganancias; con un efecto en el mercado interno que estimula el tráfico del bienes suntuarios.

No había que ser vidente sino realista para saber que se optaba por la ‘solución’ preferida por el Gran Capital: disminuir los salarios e incrementar la intensidad del trabajo y su desprotección, contándose con el apoyo irrestricto de los sucesivos gobiernos neoliberales. Ergo, a partir de ese entonces el desempleo y el trabajo precarizado se incrementan y con ello el aumento de los índices de pobreza.

Si bien el sexenio salinista tuvo un boom de tres años caracterizado por un incremento productivo, éste “fue el resultado de un renovado proceso de inversión y de una mejora en la administración de las empresas. Pero de todas formas la nueva inversión requirió mucho menos mano de obra, con lo que hubo desplazamientos e incremento del desempleo; otro tanto sucedió con los cambios administrativos. La sobreabundancia de mano de obra fue negativa para el trabajo y la mejoría en la productividad fue para una mejoría en las ganancias empresariales. Se logró estabilidad pero también salarios bajos y menor empleo”.[1]

Con otra de que el proceso de modernización –la reconversión industrial- de la planta productiva de por sí implica disminución de empleados ante el desplazamiento que crea la maquinaria nueva autosuficiente. Generándose asimismo una disparidad creciente entre un sector reducido de empresas que pueden modernizarse y una amplia mayoría de otras que caducan. Y es el caso de que éstas, como empresas medias son las que mayor generación de empleos dotan, cayéndose en una espiral de crecimiento sin empleo.

Por lo que entiéndase: ningún otro resultado se puede obtener con la implementación de las medidas neoliberales por su condicionamiento ya de por sí histórico estructural y su desempeño institucional preestablecido por la dinámica capitalista y la sobre determinación neocolonial. Ergo, determinación establecida por el capital monopolista transnacional. El verdadero beneficiado con los modernos tratados de ‘libre comercio’.

Evidenciándose desde un inicio que las medidas tomadas por los tecnócratas solo sirven para concentrar el capital en una élite propietaria.

El funcionamiento de un capital-agio acribilló a la industria reduciendo producción y ganancia ante tasas de interés de usura que apocaron la auténtica inversión financiera, canjeada por el alto costo del crédito gerenciado por una banca reprivatizada.

Exportaciones de concesionarias automotrices, como las de General Motors ‘de México’, Ford Motor Company de ‘México’, Volkswagen…, Nissan…, elevan las exportaciones ‘nacionales’, evidentemente una burla de supuesto desarrollo de la industria mexicana. En general el impulso de la apertura y la reconversión industrial es más de lo mismo y afectando a la verdadera industria nacional, se entra en un nuevo ciclo que no sale de los círculos viciosos recurrentes: al sobrevaluarse el peso, las exportaciones descienden y las importaciones se incrementan, de por sí estas empresas ‘mexicanas’ para exportar requieren de importar en gran medida componentes extranjeros de sus matrices, mientras que la tecnología es cien por ciento extranjera y así se queda.

A la sazón quiénes eran las principales compañías exportadoras e importadoras en México: “Pemex, General Motors, Chrysler de México, Teléfonos de México, IBM de México, Desarrollo Industrial Minero, ISPAT Mexicana, Aerovías de México, Celanese Mexicana y Met-Mex Peñoles”. En lo concerniente a las 10 empresas de mayores exportaciones. Mientras que en lo que respecta a las de mayores importaciones éstas venían a ser: “General Motors, Chrysler de México, Aerovías de México, Teléfonos de México, Controladora Comercial Mexicana, Teleindustria Ericcsson y Dina Autobuses”.[2]

El listado revela que predominan las filiales de monopolios extranjeros, acompasadas por unas cuantas empresas nacionales anteriores al Salinato, que empiezan a verse desplazadas por las de reciente formación, propias del impulso y beneficencia de la concentración propiciada por los tecnócratas cien por ciento pro Gran Capital.

La apertura indiscriminada, crédito caro, la deuda no deja de incrementarse, la sobrevaloración del peso desembocan en inflación, aspectos de una economía incomparablemente menos competitiva que “la de nuestros concurrentes comerciales… La protección de la industria interna se perdió por la mayor inflación interna que no estuvo compensada con el deslizamiento del peso y por la pérdida de protección por medio de permisos de importación y por tarifas arancelarias; ambos hechos se manifestación en una sobrevaluación muy fuerte del peso”.[3] Obvio, empresas inferiores desprotegidas no pueden competir y quiebran.

El flamazo de los primeros dos años y medios del sexenio salinista no podía perdurar por su naturaleza de artificio no sustentable al no tener bases auténticamente económicas y así sólidas.

Las permanentes taras y ataduras que afectan a las economías subdesarrolladas vuelven una y otra vez y no se anulan, no se superan con la pretendida ‘modernización’ que el salinismo pregona, cuando que la dependencia para con la Metrópoli Septentrional se agudiza, sí, merced precisamente a la nueva política económica implementada.

A mayor importación de bienes de capital mayor es la intensificación de préstamos para financiar el incremento productivo, y para peor cosa, la afluencia de capitales extranjeros en la etapa neoliberal tiene preferencia por la ganancia monetaria obtenida en la Banca y/o en la Bolsa (capital indirecto), provocando que el conjunto de la economía dependa de los vaivenes del sector especulativo.

Gestándose círculos viciosos que inhiben el desarrollo industrial, condiciones nocivas como la cartera vencida en una banca comercial que no presta sino a intereses muy elevados (tipo monopolio)[4] ahogándose multitud de empresas medianas y pequeñas.

Si en el 87 se había padecido un desfalco en la Bolsa, para el 92 un nuevo crack bursátil acaeció en junio reventando el boom del sexenio. La especulación monetaria volvió a efectuar su maléfico influjo, pero para peor ocasión amplificada por la intromisión del capital extranjero que arriba para ‘modernizar’ al sector bursátil: “Desde principios de 1989, la inversión extranjera fluyó de manera importante hacia la compra de acciones de las empresas cotizadas en la Bolsa Mexicana de Valores y, por tanto, el índice de precios y cotizaciones de tales acciones comenzó a repuntar con mucha fuerza. Los recuerdos del crack del octubre negro de 1987 pasaron al olvido y nuevamente la especulación bursátil se desató con desenfreno”.[5] Desmemoria propia del frenesí que promueve el propio gobierno salinista con la supuesta superación de la crisis.

El Salinato con su apertura indiscriminada al capital extranjero pone a tiro a la economía nacional, siendo el capital agio extranjero, preferentemente estadounidense, el que aprovecha la ocasión dorada en condiciones inmejorables para el beneficio de capitales golondrinos: “a partir del crack de junio de 1992, hubo un cambio de estructura en los flujos del capital extranjero hacia México. Hasta dicho momento el capital extranjero de cartera se había colocado preferentemente en la compra de acciones y, a partir de tal fecha lo hace fundamentalmente en títulos de la deuda interna mexicana”.[6] Juego del agio a lo Wall Street beneficiándose de la apertura de la Bolsa y de desregulaciones que comienzan a generarse favorables al capital especulativo, encontrando en ese momento en los Tesobonos el mecanismo de constructo (ingeniería ‘financiera’ le dicen ingenuamente) empleado para expoliar vía agio y transacciones asimétricas a las arcas públicas nacionales, propagándose los débitos con mecanismos bursátiles.

La ingeniería bursátil que las reformas neoliberales procrean está configurada para asegurar e incrementar la ganancia especulativa del capital-agio, cuando que la compra-venta de acciones no está sujeta a pagar impuestos, pero el capital productivo sí. La política económica neoliberal premia al capital usurario en detrimento del industrial pasando a ser una política económica eminentemente, descaradamente, crematista.

El círculo vicioso del exportar-importando y el pagar pidiendo más prestado tiene su desembocadura en el fregadero del endeudamiento acrecentado –la deuda eterna- y la mayor dependencia de importaciones, no solo de bienes de capital sino también de alimentos y gasolina. Nada más y nada menos, a las claras, toda la alharaca con que venden el desarrollo neoliberal es una vil farsa que en realidad implica el acrecentar la dependencia para con las potencias del Norte hegemónico.

El giro que se efectúa durante las administraciones neoliberales genera condiciones que favorecen al juego de los monopolios transnacionales de afuera y a los que se procrean adentro y nada más que a ellos y a un sector de empresas medianas enganchadas, que en total no suman ni el 20 por ciento del total. Y el giro que favorece las exportaciones termina por revertirse con la sobrevaluación del peso presionando hacia otra devaluación. Por tanto, sin desarrollo interno, ni mejoras en el empleo las condiciones de vida de la clase asalariada se van por el tobogán de las depresiones neoliberales.

Los capitales golondrinos más que volar –ya sabemos- son buitres a la espera del momento oportuno para el cobro Shaylock de ganancia abusiva y adúltera, para cuando el dominio mundial del capital especulativo favorece el incremento del capital ficticio por sobre la producción de bienes y servicios.

La ‘modernización de México’ se dejaba arrastrar por los parámetros impuestos por el capital especulativo triunfante desde Wall Street. Así en México 89-93: “El papel no tenía correspondencia con la producción interna y era evidente que un día tendría que volcarse hacia el dólar en la búsqueda de un sostén a su valor que no podía encontrar en el conjunto de bienes y servicios generados. La economía casino había generado un exceso increíble de papel que formó la base para la especulación contra el peso”.[7] No podía ser de otra manera dada la asimetría entre peso y dólar e intercambios desfavorables que inclinaban la balanza comercial en forma deficitaria; y como el capital ‘financiero’ externo no financia nada o poco o amañadamente, el supuesto desarrollo no tenía sustento, ergo: pues a devaluar abruptamente.

De la confianza en los bonos a largo plazo se pasó de manera premeditada a los de corto plazo y a títulos sobre el adeudo nacional, puesto que los Tesobonos indexados a dólares eran el instrumento bursátil adecuado para efectuar la extracción de capital dinero rumbo a los centros ‘financieros’ –no dejaban de ser capitales golondrinos que emigran al Norte. Contándose con la premeditada cuan oportuna y ya consabida –debían de saber los pececitos por memoria reciente- alza de la tasa de intereses made in USA. Crezca endeudándose – pague exponencialmente después.

La acumulación de capital-dinero por procedimientos agio es sorprendente, confirmando el éxito de las medidas neoliberales tomadas para tal fin: “…, si en enero de 1986 el total histórico de la riqueza monetaria y financiera era de 16.8 mil millones de dólares (esta cifra contiene lo que se ha acumulado en este rubro en toda la historia del país), desde principios de 1988 esta riqueza creció en forma vertiginosa hasta llegar a los 302 mil millones de dólares a principios de 1994, para luego reducirse ligeramente hasta los 264.2 mil millones de dólares en marzo de este año”.[8]

La apuesta de los ‘inversores’ es a incrementar la ganancia en el casino, la preferencia en porcentaje de ‘inversiones’ se hará notar, la tendencia conduce a ubicarse en los bonos especulativos y en el cobro de la deuda interna, esto es, apostarle a la quiebra de las finanzas nacionales. Qué se diera de nuevo en 1992 un crack bursátil era consecuencia obligada, cual resultado conducido.

México como fiel reproductor y ejemplo de modelo neoliberal se convierte en una economía casino (de Banco y Bolsa desregulados-privatizados-extranjerizados), en donde la productividad por mucho queda atrás del capital ficticio, tendencia propia del desquiciamiento monetario a lo friedmaniaco.

La oscilación del préstamo fácil, abundante, se torna en su contrario, escaso y caro, tal y como suele ocurrir en el juego que tiende la trampa, el paso de la abundancia a la desecación; pero adviértase que en este flujo propio del mercado monetario puede haber mano pachona dirigiéndolo y aprovechándose de él, pues adeudos incrementados con repentinas subidas de las tasas de interés y/o la depreciación del peso ante el dólar, afectan a millares de requirentes de crédito indispensable o también a los pececitos embaucados en el engolosinamiento de la ganancia cremática: la aberración monetaria de multiplicar al dinero, repercute como afectación social en el empobrecimiento de los muchos al unísono que se produce el enriquecimiento de los pocos en resultas de esta ‘ingeniería’ khremata.

Inflación→ intereses→ deuda, pasa a ser el némesis de la auténtica economía, inflación producto de la exacerbación de la ganancia capitalista estimulada con el trato monetarista que le carga el costo a los salarios desde el impuesto oculto al trabajo que cobra el Estado a favor de los emisores de la moneda, por ello la inflación es falsamente combatida por el monetarismo friedmaníaco, cuya terapia rabiosamente anti-inflacionaria es un depresivo que afecta la economía (popular) para rescatar la ganancia capitalista.

Restricción monetaria y crediticia, elevar las tasas de interés, restringir el préstamo social pasando a disminuir el gasto público…. Tal combate a la inflación no propone otra cosa sino una sangría para debilitar más al famélico y transferirle esa sangre al vampiro. Un depresivo que elimina la función social del Estado de Bienestar sacrificado a la ganancia monopólica.

Dicho fuere por el dirigente de la Coordinación de Usuarios de la Banca (Conaub) Francisco Castro de la Cruz: “A todos los sectores se les está pidiendo que mantengan bajos los precios, en cambio, a la banca se le permitió aumentar descomunalmente sus tasas de interés. En pocos días, por ejemplo, los intereses de las tarjetas de crédito saltaron de 36 al 72%. Esto se debe a que nuestras leyes se adecuaron a la medida de la avaricia de la banca. El gobierno la ha sobreprotegido al permitirle la transgresión sistemática de las leyes… / Hubo un contubernio entre los banqueros y el gobierno de Carlos Salinas de Gortari quien fue juez y parte”.[9]

¿Cómo compitió el México de Salinas? Con mega millonarios, creándose unos cuantos grandes consorcios de alcance internacional que hacen lo mismo que los extranjeros, explotar y depredar (trabajo y natura).

Altas tasas de interés para atraer el interés de los adinerados extranjeros llegando a pagar un 12% anual cuando en USA promediaban un 4.8% de ganancia agio hacia 1993.

Las estadísticas que reflejan el crecimiento monetario hacen notar que la ganancia bancaria y bursátil se acrecienta a partir del crack del 92, precisamente. Obvio que si el peso está sobrevaluado las importaciones del Norte se incrementan; obvio que la apertura a la entrada de productos de Estados Unidos y Canadá es abrupta y la balanza comercial se torna deficitaria y los flujos de capital procedentes de estos mismos países no están para financiar tal desproporción sino para agudizarla.

Sí, primero crecen las exportaciones conforme procede la importación de partes para exportar y conforme la sobrevaluación del peso se va acentuando, ergo el crecimiento de las importaciones se propicia.

Las importaciones crecieron de manera explosiva a través del sexenio: “En 1980 fueron de 18,324 millones de dólares, en 1990 de 22,457, en 1991 de 31,034 millones, en 1992 de 39,600 millones, en 1993 de 44,010 millones y hasta septiembre de 1994 fueron de 38,483 millones”.[10]

En las estadísticas macroeconómicas los ingresos por exportaciones de productos manufacturados se eleva en gran medida descendiendo el porcentaje de exportaciones petroleras. Sí, durante el Salinato decrece considerablemente la dependencia de la exportación petrolera, pero para concentrarse en la exportación de productos manufacturados en maquiladoras, esto es, de artículos ensamblados, sin superar su condición de paria del infra desarrollo al importar para exportar y al ofertar una mano de obra de muy baja remuneración.

Al iniciar el período del fraudulento gobierno de Salinas de Gortari, en diciembre de 1988, la participación en el total de exportaciones del sector manufacturero era de 73%; las maquiladoras participaban con el 34% y la manufacturera no maquiladora con 37%, mientras la participación petrolera seguía descendiendo, ubicándose en 22% del total. Al final del período de Salinas en 1994, la participación de ese año del sector manufacturero en el total de exportaciones era del 82%; las maquiladoras con 43% y la manufactura no maquiladora con 39%, mientras la participación del petróleo seguía descendiendo, ubicándose en 1994 en 13% del total”.[11]

Lo que este autor tiene a bien calificar de venir a ser un ‘cambio estructural con inserción [reinserción] marginal: de la sustitución de importaciones a la exportación de importaciones con explotación de mano de obra proto-esclava’. Sin duda, dado el bajo, bajísimo porcentaje de contenido nacional en los artículos maquilados, ¡de un 2%!, el factor preponderante en el negocio de la apertura es ofertar la explotación de mano de obra abaratada. “En diciembre de 1986 –año del desplome del precio del petróleo- las maquiladoras participaban con el 20% y la manufacturera no maquilada con 36%, mientras el petróleo cae a sólo 32% de las exportaciones; caída de más de 50% en cuatro años / A partir de ese año y en especial a partir del impulso de apertura económica total de los gobiernos de Salinas y Zedillo, el modelo mexicano se va claramente convirtiendo en un modelo de ‘modelo-trabajo-esclavo’ que convierte al país en un territorio maquilador del sistema-mundo-capitalista”.[12]

Ni más ni menos. La subordinación reconfirmada y reafirmando la dependencia y el subdesarrollo; nulo desarrollo industrial, abaratamiento de la mano de obra como recurso de modelo paria en la reinserción al orden internacional que el neoliberalismo exige con una entrega del trabajo que pierde poder adquisitivo y prestaciones ante la creciente del ejército de reserva y la automatización productiva.

El ‘gran cambio’ efectuado durante el Salinato fue un nuevo defecto en la supuesta virtud que superaba la ‘petrolización del país’- A posteriori lo admitió hasta el presidente de la Concanaco. Y lo dijo claro y contundente: “Fue un error depender del petróleo, como también lo es depender demasiado de las inversiones de bolsa”.[13] Ingenuidad considerar que un capital de naturaleza no financiera sino especulativa sostendría el crecimiento.

El poner el ‘desarrollo’ del país en el templo de la usura no podía, obviamente, arrojar resultados económicos favorables, la ‘inversión’ extranjera en la era neoliberal no es inversión, es extracción monetaria, especulación, y en el mejor de los casos si es productiva, explotación de trabajo y recursos nacionales.

Todo acorde con la ‘lógica de la dependencia’ que se acrecienta, se juega con la debilidad de una economía que requiere tanto de bienes de capital como de capital financiero para crecer, más como la preferencia inducida va hacia las exportaciones de manufacturas descuidando el mercado interno, porque así lo indica el Consenso de Washington, para exportar desde una planta industrial retrasada se requiere de desarrollo tecno-científico y no de importar e importar maquinaria ni fábricas extranjeras. Y si para exportar se requiere importar, la supeditación al dólar se intensifica y cuando este se encarece…, además de que la tecnología no se transfiere.

La dependencia colonialista no deja de poner trampas en las que cae cíclicamente el dependiente, el círculo vicioso supeditado al déficit externo y al endeudamiento que se achica y se agranda con el peso sobrevalorado y con las tasas de interés terminando en el abultamiento de las carteras vencidas. Porque dependencia es subdesarrollo y subdesarrollo es dependencia: ‘présteme para crecer y présteme para pagarle’; ‘permítame usar su tecnología para competirle’; seguimos supeditados y vénganos la inflación y la devaluación y la fuga de capitales.

Y el espejismo de haber alcanzado el Primer Mundo con el TLCAN y la entrada a la OCDE Organización de Cooperación para el Desarrollo Económico –el club de los países ricos-) se evapora, tal cual se refiere en el artículo de la revista Proceso 948 “Ante el espejismo….”. Se optó a fortiori por medidas decimonónicamente neoliberales tomadas del Consenso de Washington, alineando al país a las disposiciones y requerimientos que el capital transnacional reclama en su asalto a la economía nacional, empleando a un gobierno de tecnócratas.

En tal realidad descontextualizada por el engaño mediático, procreado por los doctores de Harvard-Yale, del MIT (Instituto Tecnológico de Massachusetts) y Stanford y reproducidos en la cacofonía de los medios de difusión comerciales que pasan a ser parte importante del Negocio. El Salinato, cual dirección sobre-determinada de la política económica en México, orientada a la privatización y creación y fortalecimiento del Gran Capital (las empresas Forbes) y satélites que las circundan en detrimento de la auténtica economía nacional y del mercado interno.

El presidente espurio y su corte de técnicos y paleros supo durante el transcurso del sexenio revertir la imagen negativa original, vendiendo la creencia de que el desarrollo del país por fin se alcanzaba toda vez que los ajustes se habían efectuado en el sexenio pasado, tras de una enorme sacudida necesaria para implementar el desarrollo asegurado, sí, por ellos mismos ante la incredulidad popular y de la crítica especializada.

Carlos Salinas de Gortari y su equipo de tecnócratas hábilmente mostraban que las reformas neoliberales comenzaban a rendir frutos yendo en camino de hacer de México un país digno de la OCDE, cuando que en realidad los logros de la modernización fueron un despegue para sobrevolar a baja altura el resto del sexenio no queriendo aterrizar al final de él en la realidad de que el flamazo se terminaba, la fachada moderna de un mismo viejo y deteriorado edificio ‘sujeta con alfileres’, tal y como lo reconocieron después los corresponsables al iniciar el sexenio, ya sin su líder y padrastro, en campaña para ser presidente de la Organización Mundial de Comercio (OMC). No les quedó más remedio a los pupilos que quitarle los alfileres a la fachada y ésta se cayó estrepitosamente a menos de un mes de haberse efectuado el ‘cambio’ de administración sexenal; cambio entre comillas puesto que era el mismo equipo aupado por Salinas con la misma convicción arraigada de serle fiel al Consenso de Washington.

Consenso de Washington redactado, hecho explícito, oportunamente en 1990 para reactivar la hegemonía septentrional con el decálogo neoliberal; ergo: disciplina fiscal (del gasto público); reordenamiento de las prioridades del gasto público (entiéndase recortes del mismo); reforma impositiva (cargada al contribuyente cautivo medio); liberalización de las tasas de interés (ya sabrá usted a favor de quién gana en la cima del capital agio); una tasa de cambio competitiva (que suele sobrevaluar la moneda y depreciarla); liberalización del comercio internacional (sí, para que el torrente de excedentes de la industria productiva desarrollada invada el mercado dependiente); liberalización de la entrada de inversiones extranjeras directas (que penetre sin obstrucciones el capital superior metropolitano); privatizaciones de las empresas paraestatales (a precios de regalo al capitalista nacional y de ser posible de preferencia extranjero); desregulación y derechos de propiedad (a favor de firmas privadas).

Adviértase la calcometría del diktat econométrico per-formateado por el Dúo monetarista (Mammónico), inspirados ex profeso por el ofertismo friedmaníaco. El arsenal teórico-doctrinal aupado explícitamente para proceder a realizar la conquista transnacional.

El espejismo se figuraba con beneficios monetarios y concentración de capitales, la farsa del desarrollo modernizador se sostuvo hasta el fin del sexenio porque en ella estaba comprometida la imagen del ambicioso Salinas y de un proyecto que como tal era impuesto como la única salida tras del fracaso del desarrollo sustentable y la sustitución de importaciones.

El espejismo consistió en una burbujota de crecimiento sin desarrollo, retocado con nuevos procederes de apertura que no harán sino intensificar más las condiciones precedentes, pero el proyecto fue vendido como el despegue hacia la superación del fracaso del anterior modelo, trazado con religioso afán durante los 9 años al frente de la dirección administrativa de las instituciones de un Estado intensamente transformado.

Ante el Fracaso…, más de lo Mismo.

Viejas taras vuelven a afectar la economía, huida de capitales e inflación más deuda simulada, el supuesto equilibrio fiscal y cuentas públicas positivas eran parte del disfraz y del maquillaje. Resultado: La Gran Burbuja sexenal termina en cuantioso déficit.

Si en la Secretaría de Programación y Presupuesto –antes de que la desaparecieran- se consideraba que se debía incluir en las cuentas públicas los recursos canalizados al sector privado; en la Secretaría de Hacienda se opinaba lo contrario, pretendiendo que al eliminarse la intermediación se posibilitaba el conseguir el ‘equilibrio presupuestal’…, sí, en sus cuentas guajiras: “El tiempo dio razón a la SPP. El explosivo crecimiento de la intermediación financiera explica, en buena medida el deterioro de la cuenta corriente. Hacienda hizo creer que dicho déficit tenía su origen exclusivamente en el gasto privado, ya que, en sus papeles, el sector público se había convertido en ahorrador neto. Pero eso era sólo en el papel”.[14]

Los flujos de capital financiero como inversión era (es) el gran fiasco tendiente a optar por la ganancia especulativa, cuando que: “El problema es que las entradas de capital en 1992 y 1993 sólo reflejaron un cambio de portafolio, principalmente de los inversionistas institucionales. Esto lo sabía la Secretaría de Hacienda, pero decidió arriesgarse con el mismo esquema un año más”. El empecinamiento de Pedro Aspe (Secretario de Hacienda durante todo el sexenio) se mantuvo hasta el final pretextando que se terminaría el sexenio en ‘equilibrio fiscal’ y sin adeudo público.

El paquete económico para 1995, dejado por Aspe, maquilló el cierre de 1994 y el marco macroeconómico base. A pesar de que el nuevo equipo de la Secretaría de Hacienda percibió el problema, no supo o no tuvo tiempo de llegar al fondo del desajuste”.[15] Pasando a ser la apertura a los tesobonos un problema de fondo y a largo plazo…

El supuesto estímulo de la ‘inversión’ privada proveniente de capitales externos era un fraude; el engaño: se trataba de capitales preferentemente especulativos y calculados para obtener pingües ganancias con pagos de intereses.

El alza de las tasas de interés para mantener los flujos de ‘inversión extranjera’ sirvió para soplar inflación, inhibiéndose la auténtica inversión productiva en procura de salvar a como diera lugar los intereses del capital extranjero patentados en sus tesobonos.

La vuelta a lo mismo con un déficit comercial flagrante: “El propio Presidente detalló la magnitud del déficit, es decir, del saldo negativo en las importaciones y las exportaciones de mercancías y servicios, que fue de casi 25,000 millones de dólares en 1992, de 23,000 millones de dólares en 1993 y de casi 28,000 en 1994”.[16]

El déficit se pagó con las reservas (de dólares) acumuladas paliando la fuga de capitales. Con demanda explosiva de dólares y falta de auténtica entrada de capital financiero a la producción el sostenimiento de la burbuja se tornaba un espejismo de gráciles pompas de jabón. ¡Cómo si no hubiese ocurrido de manera semejante en el fin del régimen mixto, el que supuestamente los neoliberales habían superado! Las reservas caían de 17,500 mdd a 12 mil mdd en octubre del 94.

El pretexto podía ser los zapatistas y los asesinatos de Colosio y Ruiz Massieu, pero era el caso de que tal déficit se generaba de por sí acorde con los intereses del capital agio, posicionado en el predominio del mercado monetario bursatilizado.

Claro que la tendencia a ‘invertir’ en los nuevos mecanismos del capital-dinero por agentes especializados en la ganancia cortoplacista cobran preferencia puesto que tal era (es) la norma que se imponía desde los centros monetarios hegemónicos, así Wall Street y la Reserva Federal, en un cambio de época tendiente a favorecer la implantación de un monetarismo imperialista sin ambages (desregulado).

Cuando que en México la sobrevaluación del peso se mantenía para evitar la caída de la fachada, cuando que no podía faltar el otro movimiento programado desde el Norte de elevar las tasas de interés, disminuyendo la disponibilidad de capitales externos e incrementando el pago de la deuda eterna, deuda abultada y asegurada a largo plazo por sucesivas renegociaciones; peor por igual, no dejando de succionar el tributo, en la succión centrípeta Norte/Sur en trance a estar siendo fomentada con los tesobonos.

Cuando la banca reprivatizada era otro cuento del desarrollo en cierne, puesto que en realidad eran los bancos de gobierno quienes prestaban sumas exorbitantes sin quedar incluidas en las cuentas fiscales. Nacional Financiera y el Banco de Comercio Exterior encubriendo el déficit del sector público y la ganancia privada, pasando a sumar a fin de sexenio un agujero de 15 mil millones de dólares (mdd) tapado, ocultado por el ‘éxito’ de las reformas neoliberales.

En realidad, todo el supuesto desarrollo dependía de ‘flujos de capital externos’, mismos que al entrar la administración zedillista se intenta a toda costa y costo mantener e incentivar. Siendo el caso de que el nuevo Presidente y sus secretarios del Buró Administrativo no podían pretextar desconocer la situación deficitaria ni alegar que se opusieron a su manutención. Estaban adentro del gabinete respaldando de manera incondicional, la política económica procreada por Salinas, manteniendo de manera irrestricta e intransigente los mismos lineamientos del paradigma monetarista.

El mismísimo doctor Serra Puche, durante el sexenio salinista Secretario de Comercio, pasando a ser el efímero Secretario de Hacienda al inicio del Zedillato, era defensor acérrimo “de la inversión golondrina, pues, consideraba que equilibraba el déficit de la balanza comercial…: el doctor Serra creyó que nunca se irían los capitales”.[17] Ingenuidad acorde con la proyección procurada por el capitalismo imperialista, verdadero gestor de tales políticas administrativas sexenales ligadas en el encadenamiento que sujeta al México neo-re-colonizado por la hegemonía norteamericana.

El 22 de diciembre de 1994 el flamante Secretario de Hacienda ‘suplicaba en Washington la intervención del banco central estadounidense para que entrase al rescate del peso hundido’, sí, hundido por la fuga de capitales… (Flamante cuan efímero, el 29 del mismo mes es sustituido por Guillermo Ortiz).

Por lo que el tropezón de fin de sexenio en su concepción fundamentalista no representaba motivo de cambiar el rumbo, sino todo lo contrario, de reafirmarlo, formando parte de la nueva generación de tecnócratas, y por tanto, convertidos en religiosos propugnadores del monetarismo desregulado e implementado acorde con los patrones…, y los patrones de Washington, a partir del Salinato, la política económica pro monopolios queda anclada por causas de fuerza mayor septentrionales encontrando eco en una nueva generación de capitalistas pitiyanquis, el capital dependiente pero imperante en la Nación y con posibilidades de convertirse el mismo en transnacional, clase hegemónica imperialista y local que no admite vuelta atrás ni correcciones ante sus particulares beneficios, dado que ellos no pierden con las crisis sino a fin de cuentas ven incrementar sus caudales, si en realidad pertenecen a la élite neoliberal.

Incluso al tomar posesión Ernesto Zedillo (EZ) anunció que mantendría la política cambiaria de su antecesor, 60,000 mdd en déficit que para solventarse hacía de nuevo necesario el llamar al bombero piromaníaco, entiéndase, sujetarse a las condiciones de ajuste impuestas, perdón, sugeridas por el FMI en otra vuelta más de la tuerca.

Representando el retorno al empleo de las políticas de choque empleadas 10 años atrás al inicio de la nueva época del supuesto despegue neoliberal, como condición de saneamiento de finanzas públicas dejadas hechas una catástrofe por la última administración mixta. Implicando tanto en el 82 como en él 95 drásticas disminuciones en el gasto público, caída salarial y desempleo, así como mayores privatizaciones. Porque, qué duda cabe, el propósito de fondo con los logros ininterrumpidos consistía en: “profundizar los cambios estructurales”, en la ciega necedad de los tecnócratas doctorados en teoría y praxis de la dependencia fielmente indoctrinados en las universidades monetaristas.

Y el cuento del teatro fantástico montado por Salinas terminó en una cruda realidad de la pesadilla, con el empeoramiento de la economía reflejada en condiciones sociales más arduas. Las supuestas mejorías que vendieron hasta el último: no más deuda asfixiante, no más inflación galopante, no más devaluaciones, cayeron por su propio peso, empero, el Presidente saliente se despedía afirmando que su administración había realizado un cambio de época con transformaciones sin precedentes, sólidos y así perdurables logros por generaciones abarcando a ‘sus hijos y los hijos de sus hijos –lo decía en las giras de Solidaridad-, quienes lo habrían de agradecer’: “hoy nuestras condiciones son otras”, proclamó Salinas el 23 de noviembre de 1994 ante la cúpula empresarial que lo homenajeaba: “La memoria nacional lo tendrá como el gran reformador. Carlos Salinas de Gortari, mexicano universal”.[18] Tal era la leyenda plasmada en una charola de plata que le regalaron los del Consejo Coordinador Empresarial.

Su propio maestro en Harvard, Mr. John Kenneth Galbraith, lo alabó al considerar que con él ‘México ha encontrado una situación estable, de trayectoria estable, inteligente’[19]…, si tan estable como para durar 22 días.

‘Y no devaluaremos…,’ pero terminaron por devaluar para iniciar el sexenio con la burbuja reventada pero dispuestos a porfiar en el más de lo mismo, comprometidos con sus patrones (en el doble sentido de la palabra) externos e internos. De manera tal que ‘los errores de diciembre’ o ‘la inevitable quita de los alfileres a la fachada’, significó el fin del espejismo sin que el desarrollismo neoliberal se alterase, haciendo por asegurar su reproducción ante la carencia de fuerza político social de cambio.

El que dijeran oficialmente al principio de su administración que no se devaluaría afectó a la mayoría de los mexicanos de pesos ligeros, pero también a empresarios medios e incluso a otros prominentes, incrementándose su adeudo repentinamente. De un día para otro los agarro desprevenidos, el 19 de diciembre tras de sopesarlo Zedillo -de seguro tras de consultar con alguna eminencia gris del dúo monetario- procede la devaluación fijada en un 15% que pasa vertiginosamente a ser de un 30% para alcanzar su pico en 130%, puesto que efectivamente el peso se había mantenido sobrevaluado como parte de la ficción de la fortaleza cambiaria que se conseguía con el TLC.

La devaluación dejaba colgados de la brocha a los empresarios que habían modernizado sus plantas productivas con maquinaria nueva e importada, cuando que el problema consistía en que la ‘reconversión industrial’ lo que hizo fue eliminar la fabricación de partes y pizas antes abastecidas por la industria nacional, a ser abastecidas con facturación externa, sí, gracias a la apertura, elevándose la calidad del producto y también los precios. Pero con la devaluación el encarecimiento de lo importado pone en serios predicamentos a multitud de empresas que apenas empezaban a despegar, llevando a no pocas a la quiebra.[20]

Pero he aquí que los dos consentidos de los gobiernos neoliberales resultaron beneficiados por el aviso oportuno de pájaros serviciales: Televisa de Emilio Azcárraga Milmo y el Grupo Carso de Carlos Slim, consolidado como el gran consorcio de la ‘nueva era’, fueron alertados de la devaluación pudiendo aún negociar su adeudo en pesos, no así otras 65 de las empresas preponderantes de la Nación, las que se vieron afectadas al tener que pagar dólares con pesos devaluados, viendo aumentar sus adeudos en más de un 45%.[21]

Trátese de empresas como Cemex, Vitro, Celaneses, Elektra, Bimbo, Gigante que resultaron perjudicadas, y dentro de la lista Alfa, Aeromex, Femsa, Cydsasa, Tamsa, Dina, TMM con mayores pérdidas.

Quedando claro que el privilegio se otorgaba a los dos grandes monopolios que la política económica impuesta por Salinas había decidido favorecer y constituir en lo futuro los conglomerados preferentes en el reparto del país. Ellos eran y ellos son los dueños del pastel. Si bien Televisa se reconfiguraría para constituir un conglomerado empresarial re fortalecido a la muerte del ‘Tigre’ Azcárraga…

Tiempo en el que la deuda externa en números del FMI-BM se calculaba en 85.000 mdd en lo concerniente solo al sector público; 10.000 mdd a cargo del sector bancario; y 30.000 mdd de empresas privadas no bancarias. En momentos en que se incrementa las tasas de interés en más de 30%, pasando a elevar mayormente el brutal endeudamiento: “La banca, explica, reportó que tiene unas 50,000 empresas en cartera vencida, al mes de julio. Hay, aproximadamente, unas 500,000 con créditos. Las que tienen deuda en dólares son menos, Sólo las llamadas firmas grandes pueden hacerlo…. Explica: ‘Hubo una apertura para contratar en dólares. Un incentivo explícito fue el decir que había mucha seguridad en el peso, que no habría devaluación. Uno implícito: Bancomext estaba dando apoyos a las empresas en dólares, es decir, se estaba provechando que las empresas se endeudaran en esa divisa. Ambos incentivos indicaban que se podría invertir en dólares con toda tranquilidad y seguridad. Y, bueno, infinidad de empresas optaron por endrogarse en moneda extranjera y ahora van a sufrir las consecuencias’”.[22]

Tal cual una trampa a favor de los consorcios monopólicos y en prejuicio de la pequeña y mediana empresa incapaces de competir por el crédito extranjerizado. De ese tamaño son las canalladas con que se afianza en México la política neoliberal pro empresarial que solo favorece al Gran Capital, lo dicho, externo e interno.

Y a todo esto, de nueva cuenta, en el río revuelto: ¿quiénes habían sido los principales saca-dólares entre marzo y agosto de 1994? Respuesta: el 80% del total correspondía a los 5 conglomerados más grandes de México.

Acorde con el comportamiento típico del capital especulativo incentivado por la laxitud de los regímenes salinizados, los bonos de empresas mexicanas cotizantes en Wall Street se devaluaban, pero los tesobonos exigían su retribución con la ganancia acordada más compensaciones. Según esto, a 6.500 mdd ascendía la pérdida entre ‘inversionistas’ estadunidenses por ¡’la inusitada e indebida devaluación’! “Analistas de Wall Street, citados por The New York Times, calcularon que entre 61% y 68% de los 73.000 millones de dólares de inversión extranjera en México corresponde a empresas estadunidenses; éstas tendrían 15,000 millones de dólares invertidos en fábricas, maquinaria e inmuebles, y entre 30,000 millones y 35,000 millones en la bolsa, así como en bonos y certificados gubernamentales”.[23] Nótese que el capital agio predominaba, pero aquello era solo el principio.

Y qué problema, si en México se había instalado en el gobierno el funcionariado gerencial más pagador del mundo, el que estaba para retribuir en toda su extensión y con creces las pérdidas de tenedores extranjeros. Había que respaldar la confianza del ‘inversionista foráneo’ que nos había hecho el favor de colocar sus ‘ahorros’, cuando que aquellos sólo esperaban hacer efectivo su apuesta especulativa efectivizada en ganancia de agiotista. Y qué apuro, 22,552 mdd en tesobonos estaban por vencer en el transcurso de 1995.

El Dúo Mammónico al rescate de su mejor discípulo

La insidia– malicia – estulticia del FMI (Fondo Monetario Imperialista) y del Banco Lobo (Wolff Bank por sus verdaderas denominaciones esotéricas y como tales: el dúo Mammónico), se manifiesta en sus programas y propósitos impuestos con chantajes y de manera abusiva, sus mentadas políticas de ajuste eran (son) veneno para la economía en un nuevo embate para desarmar al Estado de beneficencia pública y porfiar con su mismo recetario ahondando la sangría de la economía nacional: “Reducción del gasto público; eliminación de subsidios; reformas a las leyes sobre impuestos; restricción de créditos; privatización de casi todas las empresas públicas; liberalización comercial; devaluación; salarios ‘competitivos’; retiro de barreras a la inversión extranjera”.[24] Reiteración de las obligaciones acuñadas una década atrás para sacar a México de la insolvencia en que lo habían metido los dinosaurios y su política económica petrolizada, se dijo, y ahora reprogramados para intensificar lo que ya había sido una sangría prolongada con los resultados esperados, la debilitación de la economía de Estado y en la contraparte, el fortalecimiento de los monopolios privados.

Por supuesto, para que tales medidas se efectuaran los del Dúo ponían como condición su implementación para acceder a otorgar nuevos préstamos con el fin de ahondar más y más la apertura y las privatizaciones; y fue toda una seguidilla de préstamos desde el sexenio de Miguel de la Madrid: “Apenas cinco años después del último préstamo, México registraba un enorme déficit comercial de 23,000 millones de dólares en 1993”. Pero la intervención monetarista era todo un éxito al lograr que el número de empresas paraestatales se redujera de 1,155 a menos de 150 y a la baja. “Con la venta de esas empresas el gobierno obtuvo 26,000 millones de dólares, gran parte de los cuales invirtió en Pronasol, pero esas ventas también provocaron una mayor concentración de la riqueza en manos privadas”.

Lo ya consabido, cuando que con Pronasol y el ‘liberalismo social’ el gobierno intentaba paliar la pobreza momentáneamente y de manera muy parcializada, a costa de generar más y mayor pobreza a mediano y largo plazo al abandonar la rectoría económica. “Seis meses después de que México firmó el Tratado de Libre Comercio, las tasas de desempleo aumentaron en fábricas pequeñas y medianas. En los primeros meses de 1994, las importaciones de México crecieron en 26% en comparación con el período de 1993. Las exportaciones aumentaron en 17.3%”.[25] Más claro ni el cielo azul, las consecuencias de la aplicación del recetario neoliberal monetarista no servían para solventar las crisis sino para agudizarlas y para entregar los bienes materiales y las riquezas extractivas a los potentados.

Las cifras del desempleo fueron obscurecidas. Al compararse los criterios utilizados en las encuestas con los de Estados Unidos se encontraba que la metodología empleada en México procedía al encubrimiento aplicando criterios menos rigurosos, obteniéndose como resultado datos parciales y faltos de rigor.

Ocultándose asimismo un elevado número de ‘empleados’, en realidad subempleados, ocupados en la llamada ‘economía subterránea’. Trabajadores inestables y marginales, incluidos jornaleros a medio tiempo y no remunerados ocupados en negocios familiares, hasta un 5.3% de éste subconjunto no recibieron remuneración alguna en 1993; inclúyanse también a subempleados, ex empleados o posibles futuros empleados considerados ya como tales, a decir de analistas críticos que revisaron las estadísticas oficiales.

En realidad la condición laboral durante el Salinato para millones de mexicanos ya era una cuestión de sobrevivencia: “En una década caracterizada por el estancamiento económico y la pérdida de poder adquisitivo de los salarios, el incremento de empleos no remunerados y poco remunerados sólo refleja una estrategia de sobrevivencia”.[26]

Matar a los pueblos de hambre es un propósito expedito que se le puede atribuir a la dupla prestamista (sí, a sus préstamos condicionados) impuestos con todo y gobiernos neoliberales incluidos: “En 1988, el Banco Mundial definió como meta principal proporcionar un préstamo al sector agrícola de México, el retiro de los subsidios globales, que cubrían tortillas, derivados de la harina, frijoles, aceite, arroz, sorgo, soya y azúcar. Entre 1986 y 1990, se retiraron todos los subsidios globales, dejando solamente los subsidios en tortillas y leche. Sin embargo, de acuerdo con el informe, son tan difíciles de obtener, que solamente el 44% de las familias necesitadas tiene acceso al subsidio de la leche”.[27]

Desde aquellos años estaba claro que la dupla Mammónica con tales medidas “buscaba más subsidiar a los bancos comerciales que satisfacer las necesidades de la gente”.[28] Y a pesar de las cuentas negativas flagrantemente contraproducentes, seguían (y siguen) porfiando los tecnócratas cabeza-duras al servicio del agio internacional: ‘que se requería de más tiempo para que sus programas de ajuste fructificaran reduciendo la pobreza’ (sic). ¡Qué cinismo! Y pensar que más de una década después ahora el ‘ángel de la Dependencia y Quique Peña siguen remedando la misma cantaleta, pues ya sabemos que hacia el 2050 las reformas estructurales, por fin, fructificarán.

Para aquel entonces ya dos sexenios de nulo o bajo crecimiento daban cuenta del ‘éxito’ obtenido en la transformación a un México moderno con la reconversión industrial; sí, con la canasta básica encarecida en un 61 por ciento sobre el salario mínimo; y un 30% menor de crédito otorgado al campo; tres veces mayor el número de niños muertos debido al hambre y la desnutrición. (Ibíd. Carlos Heredia)

Los números hablan por sí solos y son contundentes a la hora de demostrar que la política económica neoliberal era (es) un fracaso al terminar el Salinato, su supuesta ‘etapa de auge’. Pero iban por más, puesto que los verdaderos propósitos sí que se estaban consiguiendo, la concentración de la riqueza, esa sí que se cumplía de manera exitosa: “Entre 1984 y 1992, el 20% de los mexicanos más ricos incrementaron su porción del ingreso nacional del 48.4 al 54.2%. Mientras que en ese mismo período, los más pobres redujeron su participación del 5 al 4.3%”.[29]

En lo que respecta al comercio exterior, rubro que con el TLC presumía avances sustantivos, también resulta que se daba una manipulación de las cifras, alteradas hasta en más de un 50% a decir de un revisor, con el propósito de ocultar un contrabando muy intenso, cuyo artífice venía a ser Francisco Gil Díaz, ex subsecretario de Ingresos en Hacienda, habilitado recién con la administración entrante como vicegobernador del Banco de México.

Las estadísticas económicas del Banco de México no son más que una sarta de falsedades y en estas se han basado, invariablemente, las decisiones en materia económica que han tomado quienes han estado a cargo del Ejecutivo. Por eso sus gestiones, normalmente, devienen en fracasos, porque es obvio que no se puede llegar a conclusiones razonables basados en mentiras”.[30]

Intencionalidad manida acorde con el maquillaje que la administración sexenal se empecinaba en realizar presentando éxitos rotundos en el comercio exterior gracias al Tratado. Pero aquellas cuentas alegres tenían una carga negativa mayor ligada a la corrupción y a la obtención de beneficios para un grupúsculo de facinerosos que hacían su agosto con el contrabando. Mal endémico de la economía nacional.

La consistencia y la insistencia de las mentiras del Banco de México se producen porque quién ha manejado el Departamento de Información Económica de esta dependencia ha sido Francisco Gil Díaz. Este hombre, en el régimen de Miguel de la Madrid, fue precisamente el director de ese departamento y cuando fue subsecretario de Ingresos en el sexenio anterior, siguió controlándolo y más aún hoy que es vicegobernador del Banco. Estas mentiras están avaladas por Miguel Mancera, el director, y por otro de los subdirectores, un místico marrullero que se llama Francisco Borja Martínez”.[31]

Parte del truco de adulteración de cifras consistía en excluir las referentes a las maquiladoras. Pero para peor, variando las estadísticas cuantitativas entre dependencias, e incluso entre departamentos de la INEGI. Si para 1991 el Anuario de los Estados Unidos Mexicanos, publicado ya en 1993, indicaba que las importaciones entre el 90 y el 91 habían sido “por 32,807.7 y 51,724.5 millones de dólares, respectivamente, y en cuanto a las exportaciones marca 26,838.4 y 42,687.5, en el mismo orden de años”; en otra fuente de la misma INEGI: Estadísticas del Comercio Exterior de México. Información Preliminar Enero-Diciembre de 1991, Volumen XIV Número 12, se informa: “en cuanto a importaciones, que fueron por 31,090.4 y 38,356.8, y las exportaciones por 26,950.3 y 27,175.0 millones de dólares”. Pareciera que estas estadísticas responden a una organización deficiente o a que fueron manipuladas intencionalmente, al antojo del gobierno. Para cuando durante los dos sexenios neoliberales transcurridos el contrabando se había elevado a niveles de escándalo.

Lo que lleva a concluir a España Kraus: “Definitivamente. Durante los últimos doce años esta información ha sido alterada y el que la ha falseado se llama Francisco Gil Díaz”.[32]

Era y es un México disfrazado y maquillado en el que se había levantado una espléndida fachada por delante de una casa rústica y carcomida, provocando una visión externa de espejismo que la realidad interna siempre desmintió, salvo para quienes adentro de la casa se dejaban llevar por la información pantalla procedente de las televisoras comerciales. La apoteosis del fin de sexenio no era tal, el arribo al Primer Mundo era para ubicarse en los pisos inferiores, ocupándose los últimos puestos en el Club de países ricos llamado Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico…, sí, del supuesto.

De cierto que el Salinato había tornado a la economía nacional más dependiente de lo que fuere antes y tal era su legado para las generaciones venideras, sin superarse los defectos histórico estructurales propios del subdesarrollo sino ahondándolos. En lo que la supuesta ruptura con la administración Zedillo no era, pues, sino resarcir el puente caído para seguir pavimentando la misma carretera de la dependencia acrecentada, así con el patrocinio de la dupla Mammónica.

Dicho fuere por un profesor de economía aplicada de la Universidad Johns Hopkings, Steve H. Hanke, refiriéndose a la política de emergencia con que inicia el Zedillato: “este arreglo y el sistema monetario que está en crisis han sido impuestos a México por el Fondo Monetario Internacional. Si el país decide recibir más líneas de crédito para apuntalar su moneda, estará aceptando ser abrazado con mayor fuerza por el Tesoro de Estados Unidos o el FMI, que son los que lo metieron en problemas en primer lugar”.[33] Evidente verdad que la diría cualquiera que fuese sincero, incluso este ‘economista’ que se jactaba de promover la paridad del dólar-peso en Argentina y en Venezuela…, el tiempo le daría la razón…, pero acá en México el problema era otro y lo seguiría siendo puesto que entre los tecnócratas no habrá reconocimiento de sus errores ni de su flagrante entrega de la economía nacional al agio y al capital extractivo internacional.

Tesobonos igual a Teso-agios

En la fiesta de la modernización de México que el salinismo vendía se requería de instrumentos financieros apropiados para financiar el crecimiento que había llegado para proseguir hasta consolidar a México entre las principales economías del mundo. Uno de estos instrumentos bursátiles de la nueva ingeniería disque financiera vinieron a ser los Tesobonos, papeles de bolsa ofertados con altos intereses indexados en dólares pero pagados en pesos, los que junto a otros similares atrajeron entre 1989 y 1994 63.4 millardos de dólares, de los cuales en tesobonos se contaban 30 millardos de dólares equivalentes al 47% del total hacia fines de 1994.

El chiste de tal instrumento bursátil radicaba en que el gobierno de México garantizaba su pago en pesos al valor nominal en dólares más intereses devengados al tipo de cambio vigente, por lo que ante la devaluación del peso, los especuladores interesados perdían un alto porcentaje de su ganancia nominalmente concertada; los riesgos de apostar en el Casino, pero como la transfiguración del gobierno neo colonizado funge de manera franca en favor de los especuladores -sobre todo si eran extranjeros- garantizándoles a toda costa y costo sus ganancias de agio, pues había que rescatarlos.

Como suele ocurrir en el laberinto amañado por el que se manejan los flujos de capital-dinero en el Templo del enriquecimiento por agio, este otro desfalco a la Nación se propicia con un aviso oportuno favorable a los tiburones de la Bolsa, habiendo acontecido que dos semanas antes de la devaluación del 20 de diciembre, ocurre una repentina compra de tesobonos por parte de cinco prominentes Casas de Bolsa incrementando su posesión en casi un 400%. “El negocio yacía en el hecho de que los especuladores mexicanos ya habían acordado con Zedillo que sus tesobonos fuesen pagaderos en dólares en lugar de pesos, contra lo estipulado en el decreto de junio de 1989 para su emisión y venta. El evento muestra un claro caso de daño moral al país –además de un duro daño económico- por el trafico de información y de influencias entre la escoria ladrona que operaba tanto en el sector privado como a partir del encargado del despacho del capitalismo de compinches mexicano”.[34] Qué duda cabe.

El gobierno de Zedillo se compromete a resarcirles las pérdidas y concederles beneficios pagando en 14 meses el total de tesobonos propiedad de nacionales y extranjeros por un monto de 30 millardos de dólares: “Zedillo premiaba así a los especuladores que provocan una ‘corrida de deuda’, con un pago por encima de las condiciones estipuladas, con cargo a todos los contribuyentes mexicanos y el bienestar del país”.[35] Aunque no estaba estipulado en el procedimiento nominalmente concertado el pago en dólares de los tesobonos, el gobierno de Zedillo se compromete a resarcirles las pérdidas a tan ‘inocentes víctimas’ de la devaluación. Cuando que como en casos anteriores, la quiebra de las finanzas públicas fue resultado de movimientos efectuados por los propios especuladores al retirarse de forma masiva y precipitadamente del mercado bursátil.

Obrando con la perversión del capitalismo desaforado que genera el Consenso de Washington, el especulador es protegido por el Estado, aberración máxima a la que llega el capitalismo decadente.

Cumplirle a los detentadores de tesobonos tenía prioridad; si los ‘inversionistas’ norteamericanos ‘financiadores’ de la pobreza en México, indignados ante la devaluación del peso exigían la recuperación de las cantidades perdidas en sus bonos y que el gobierno mexicano se los pagara, por supuesto que el sustituto Secretario de Hacienda, Guillermo Ortiz, fue de inmediato a Washington D.C. a garantizarles su dinero y con creces, ya que de nueva cuenta ‘se trataba de un problema de liquidez y no insolvencia’ (sic). Así que el gobierno de México se comprometía formalmente a pagar a tiempo 17 mil millones de dólares en tesobonos, y para mayor contento de los tenedores norteamericanos, ahí mismo, se anunciaban nuevas privatizaciones, contemplándose poner en venta: puertos, ferrocarriles, una porción importante de la Comisión Federal de Electricidad (CFE), los satélites, aeropuertos, carreteras, acciones bancarias…,[36] y demás que se pudiera y apeteciera el devorador, perdón, acreedor y tenedor. Qué ya lo sabemos, de esa manera sí que se resuelven las crisis de infra desarrollo.

Por supuesto que los comensales imperialistas exigían de una buena vez por todas se privatizara por completo el sector energético y así nos evitásemos tales molestas recaídas. De momento Guillermo Ortiz se comprometía a otorgar unas cuantas rebanadas más del pastel de chapopote y de la venta de electricidad, las dos joyas de la corona, o guirnaldas que coronan la entrega del ángel de la dependencia, sí, por allí de Insurgentes Sur esquina con Vendepatrias.

La alharaca que se arma en el Congreso, allá en Washington, revela algunos aspectos interesantes del dominio del capital metropolitano sobre los del patio trasero.

a)      Por supuesto que el apuro por ‘ayudar a México’ en realidad era en primer lugar para rescatar a los avorazados especuladores estadunidenses, perjudicados por la devaluación del ‘nuevo peso’ (sin 3 ceros). Empero, tal motivo real queda ocultado por los de la administración Clinton.

b)      Así que había que hacer parecer ante los ojos de la ciega opinión pública estadunidense (sí, el zonzenzo televisado) que el propósito del rescate tenía por principal destinatario realizar el salvataje de algo así como 700 mil puestos de trabajo en los EU, relacionados con el comercio entre fronteras.

c)      No podían faltar las cuñas de la presión política para aprovechar la ocasión solicitando que México retirase su apoyo (sic) a países en los que no hubiese elecciones multipartidistas: léase a Cuba.

d)     Las perlas de la mentalidad supremacista usamericana corren a cargo de algunos congresistas preferentemente del Partido Republicano, quienes no dejan de congratularse de la desgracia del de por sí vilipendiado vecino del Sur: ‘México era un país quebrado’. Sí, pero: ¿por qué o por quienes?, ¿en resultas del seguimiento de qué política económica y de qué acuerdos comerciales? Esta otra dimensión de la realidad geoeconómica escapa a su muy reducida cuan mañosa perspectiva.

e)      Of course ratoncitos, la solución resulta flagrante y está enfrente de sus narices: ¡México debe privatizar por completo su petróleo!

f)       Por supuesto que los gringos ricos no tiene por qué ser caritativos, se trata del Big Business; como es sabido, los yanquis no tienen amigos sino socios menores, entonces entiéndase por qué lado Clinton hace plausible a los congresistas el rescate: “La crisis financiera de México es un caso pertinente. Sé que no es popular decirlo esta noche, pero debemos actuar, no por el pueblo de mexicano, sino por el bienestar de millones de norteamericanos cuya vida está ligada al bienestar de México. Si queremos asegurar trabajos norteamericanos, preservar expropiaciones norteamericanas, salvaguardar las fronteras de Estados Unidos, entonces debemos aprobar el programa de estabilización y poner a México de nuevo en el camino. Ahora déjenme repetir. No es un préstamo, no es ayuda externa, no es asistencia”.[37] … No es una devaluación, es una presión procurada para cobrarla con las joyas de la corona y las cerezas del pastel…, es decir, con más petróleo y soberanía del desvalido; más que ‘preservar expropiaciones’, se trataba de incrementarlas’, O no, Mr. Clinton.

g)      La ignorancia en lo referente a la condición de México era flagrante por parte de los 14 demócratas y 13 republicanos partícipes en el debate, revelando su inconsciente impulsos intervencionistas, desconfianza en México, en que su gobierno cumpliera los pagos; se nota que no estaban al tanto de la imposición de sus nuevos súbditos neoliberales.

h)      “…, de ser necesario, los ingresos petroleros de México serían entregados a la Reserva Federal directamente de los bolsillos de los importadores del crudo, sin pasar por México; anunciaron que las arcas estadunidenses recibirían una ‘pequeña ganancia’ en caso de que México pague puntualmente su eventual deuda, y revelaron la existencia de garantías no financieras que están siendo entregadas ‘voluntariamente’ por el gobierno mexicano, de manera paralela a estas negociaciones”.[38] Con toda la buena fe y el compromiso de cumplirlas. Atentamente sus serviles servidores del ‘nuevo gobierno mexicano’.

i)        Personeros del capital agio de la canalla de un Alan Greenspan (Jefe de la Reserva Federal) llegan a decir: “Si esto fuera estrictamente sobre México, yo diría que no hay razón en absoluto para tener un paquete”.[39] Resumiendo con tales palabras la misericordia de los agentes de Mammón.

j)        En la misma sintonía estaba la postura de un senador republicano representante de Alabama de nombre Spencer Baruch, quien consideraba que la salvación de México llegaría revaluando el peso, ‘si su nivel de endeudamiento es menor que el nuestro y tienen un presupuesto equilibrado’ (sich). “Leí en el US New que ese nuevo gobierno es apoyado por sólo una tercera parte de su pueblo [alguna verdad tenía que decir]. ¿Vamos a confiar en ese Zidillou, o como se llame?”.

k)      Lo extraordinario del affaire es que había en aquel entonces un senador socialista en el Congreso usamericano. Berni Sanders de Vermont, quien le espetó a Robert Rubin: “Usted trabaja para Goldman Sarch, ¿verdá? Así que tiene familiaridad con este proceso. Entonces, ¿por qué no regresa con sus amigos patrióticos de Wall Street y les dice: ‘Oigan, tenemos un problema. Tienen oportunidad de ganar 19, 20%, tal vez más, en su inversión en México. Todos ustedes creen en el sistema de libre empresa y el capitalismo. A veces ganas y a veces pierdes. ¿Por qué el norteamericano promedio debe garantizar esas inversiones…? Este es un país donde hay cinco millones de niños hambrientos. [Y contando] Si no somos capaces de conducir bien nuestra economía, me sorprendería que pudiéramos conducir bien la de México, y tal vez debamos dejar que el pueblo de México conduzca su economía lo mejor que pueda”.[40]

l)        Saliendo a relucir donde yace el Borrego Dorado. En la opinión de la senadora Nydia Velázquez, demócrata por Nueva York: ¿por qué tenemos que atosigar y tratar despectivamente a los países Latinoamericanos y no hacemos lo mismo en el caso de Israel? La respuesta está en Wall Street, querida amiga.

m)    Otro senador demócrata de corte liberal, Fritz Holings, “aconsejó a los mexicanos no comprometer su petróleo, ‘porque en Wall Street están gritando ‘queremos esas reservas’”.[41] Un trío de almas caritativas entre tantos judas de senadores prepotentes, soberbios y de miserable cociente intelectual.

Así transcurrió este coloquio en el que se consideró la generosa ayuda que los del Imperio estaban dispuestos a otorgarle a su socio del patio trasero. Para cuando ya en el Fondo Monetario Imperialista habían anunciado que concederían un crédito (más) por 7,575 mdd, ‘el paquete más grande reunido por el FMI’, ¡qué honor! Y sí que lo fue, puesto que se incrementó a más de 17 mmd….

Qué generosidad, con la marca de la casa y ¿los intereses de a cuanto, y las letras chicas a que obligan? Y ¿por qué siguen prestando para rescatar al país modelo, él que ya a más de una década venía aplicando decimonónicamente el diktat del Consenso de Washington?

Cómo procede el desenlace: “… Cuando el peso se derrumba y Zedillo se queda sin fondos en dólares para pagar la huida de los especuladores…, los estadunidenses deciden rescatar a sus inversionistas, institucionales e individuales, mediante un préstamo a México de $52 millardos de dólares… El paquete se conformaba de 20 millardos del gobierno estadunidense, 17,8 millardos del FMI, 11 millardos de otros países industrializados, un millardo de Argentina, Brasil, Chile y Colombia y 3 millardos de bancos comerciales; al final [como es costumbre, pero se cobran intereses sobre el faltante] sólo 40 millardos de ese paquete se hicieron efectivos. Esto constituye un préstamo impuesto –con cargo a nuestra soberanía, nuestros contribuyentes y nuestros recursos naturales- que fueron gustosamente aceptado por el nuevo encargado del despacho de la escoria ladrona”.[42]

Resaltando el que los países latinoamericanos, ellos sí, se solidarizasen con el hermano caído en desgracia; esa sí que es hermandad ante la falta de un club de deudores., ‘hoy por ti mañana por mí’. En cambio la opinión de la Pérfida Albión sería contrastante: ‘hay que darles una buena lección de una buena vez por todas, a fin de justificar el apoyo que se les está brindando’. (Sich los del Banco de Londres y el Tesoro Británico).

Muy preocupado Zedillo por quedar bien ante sus amos del Norte accede a poner el petróleo de garantía para que la administración Clinton bajo la dirección del secretario del Tesoro, Robert Rubin, proceda a organizar el rescate de los especuladores estadunidenses, que no de México.

Procediendo a reclasificarse productos petroquímicos básicos aún reservados al Estado, e incluso, el Sr. Presidente daba instrucciones para que se elaboraran nuevas disposiciones y se turnasen a las Cámaras para concertar la enajenación de Pemex y de la CFE, tal y como lo recuerda hoy en día Antonio Gershenson: “Empezaron con una petroquímica y enviaron los documentos a la Cámara de Diputados. Yo era asesor de la Comisión de Energéticos de la Cámara, así que sólo me enteré de lo que pasaba, sino que participé en ello / Vimos que los documentos que llegaron estaban llenos de fallas, y por unanimidad la comisión (de 30 diputados de los tres partidos importantes) los rechazó después de un tiempo de estudio / Mandaron los documentos de otra planta petroquímica, y al cabo de un tiempo también se rechazó. El gobierno de Zedillo, optó por privatizar las plantas eléctricas, CFE y LyFC. Se cambiaron los artículos 27 y 28 de la Constitución. Se enviaron (ahora al Senado) en febrero de 1998, poco menos de año y medio antes de las elecciones nacionales”. Y por supuesto, se menciona el apremio y el apremiante: “La presidencia de Zedillo empezó con un pacto de este señor con autoridades económicas de Estados Unidos, porque el gobierno se había arruinado y quería mucho dinero prestado. Y los prestadores fijaron tremendas condiciones, que fueron aceptadas. Entre ellas estaban la privatización de plantas petroquímicas de Pemex y de plantas para generar energía eléctrica”. (La Jornada. 10-08-14)

El vendepatrismo de Zedillo le salía de lo más profundo de su indoctrinación en Yale, universidad yanqui en la que tuvo el honor de ser programado para ser el tecnócrata más decimonono que hubiera podido haber en el gabinete mexicano, junto con Pedro Aspe –éste, un engendro del MIT-, componía la dupla de neoliberales ultra reaccionarios que seguían los lineamientos planteados por Salinas, (no por nada su trayectoria posterior les ha retribuido con creces su ‘función pública’, si a favor del capital privado) los que no eran otra cosa sino los propios del Consenso de Washington y así por el estilo, recetas FMI-BM y fundamentos del monetarismo cuantitativo.

Lo reiterado vale para hacer ver el orden del poder-dominio impuesto en primer instancia por las instituciones del capital imperialista yanqui-sionista y sus detentadores de carne y hueso, representando a la entidad suprema que designa el dominio capitalista internacional a través de sus agentes ejecutivos usamericanos o londinenses, suizos, alemanes…, para que en un tercer plano aparezcan los cipayos, los sujetos del gobierno colonizado y su burguesía cola-boracionista, la que en México tuvo en el Virreinato de Salinas al hacedor del programa neoliberal, concebido para ejecutarse en 25 años, proseguido fielmente hasta la fecha en favor de los millonarios Forbes y de una casta política de entreguistas PRI-PANISTAS con sus ‘chuchos’ perredistas, malinchistas anfitriones y beneficiarios del arribo del capital extranjero.

Desde aquellos sexenios se sigue una misma trayectoria, un mismo derrotero trazado desde el Norte que no lleva al Norte sino a profundizar la dependencia del Sur, el accidente de fin de sexenio comienzo del otro no representan ruptura alguna en este propósito preponderante sobredeterminado por la hegemonía imperialista. Fue que el defecto flagrante por excesos se tenía de momento que corregir para proseguir en automático aplicando la misma política económica tendiente a re colonizar el México neoliberal en el festín de las fieras que realizan su Compra-Venta.

En el caso específico del proceder en tal sentido, la actitud de Zedillo era propia de un vendepatrismo descarado, entendible sólo por ser un indoctrinado en teoría y praxis de la dependencia en Yale. Tecnócratas capaces de entregar el país a una casta de capitalistas y al capital extranjero, viniendo a ser una escoria de gobernantes.

Llegando a cometer actos contra la Constitución y contra México, de traición a la patria, lesa patria que afectan la condición de vida de la mayoría de los mexicanos, o al menos de los que tienen madre y no participan en el ultraje a la Nación.

Así procedió Zedillo con todo descoco en su entreguismo abyecto: “…, operando al margen de la normatividad constitucional vigente, y sobre la base de las concesiones en la materia hechas por Salinas en el TLACAN, el gobierno de Zedillo, a raíz de la gran crisis financiera de diciembre de 1994, avaló un sometimiento jurisdiccional’ sin precedentes en la historia posterior de la Revolución mexicana contenido en el ‘Memorando de Entendimiento con las Instituciones Financieras Internacionales y el Gobierno de Estados Unidos’, por medio del cual el Gobierno Mexicano, el Banco de México y Pemex aceptan la resolución de controversias bajo la jurisdicción del Distrito de Manhattan”.[43]

Sin lugar a dudas un objetivo trazado por el capital imperialista estadunidense aspirando a concretar la enajenación de las joyas de la corona, es decir, las rebanadas del pastel de chapopote y la generación de energía eléctrica, esto es, el fluido vital que mueve este país y lo hace producir, nada que ver por supuesto con la soberanía ni la independencia.

Pero ya sabemos que ‘vamos y seguimos por el rumbo correcto’. Qué problema, ya lo dijo Quique Peña, con las contrarreformas, perdón, con las reformas por fin -de nuevo por fin- ‘México ha eliminado los obstáculos que le impedían crecer, ahora sí, pasamos a consolidar el desarrollo’. Tardamos en modernizarnos plenamente casi dos siglos, pero ya comienza el desarrollo pleno del México Moderno. Supina ceguera que en realidad representa el triunfo demagógico del dominio irrestricto de la clase dominante-dominada ‘mexicana’. (Continuará)

18-08-14

NOTAS

[1] Juan Castaingts Teillery. Sociedad y Economía en la Vida Cotidiana de México. Instituto Cultural de Aguascalientes. 1995: 19-20.

[2] Fernando Ortega Pizarro. “Empresas medianas y grandes endeudadas en dólares y dependientes de las importaciones” –‘nos la jugamos con la modernidad y estamos atrapados’-“. Proceso 949, 9-01-1995: 23.

[3] Juan Castaingts. Op.Cit: 24.

[4] “Con tasas de interés activas tan elevadas, los usuarios de la banca no pueden trabajar adecuadamente; con excesivos cargos financieros y sin liquidez, la industria mexicana tiene problemas muy graves que se reflejan en el vencimiento de sus carteras” Ibíd: 22.

[5] Ibíd: 23.

[6] Ibíd: 25.

[7] Ibíd: 33.

[8] Ibíd: 36.

[9] Rodrigo Vera. “Organizados en una coordinadora. Los usuarios de la Banca dispuestos a doblegarla en materia de intereses”. Proceso 949: 22.

[10] Fernando Ortega Pizarro. “Empresas medianas y grandes endeudadas en dólares ….“. Proceso 949: 20.

[11] Álvaro de Regil Castilla. México Frente a la Escoria Ladrona –dignidad o capitulación frente al secuestro de México por las mafias político-empresariales. La Alianza Global Jus Sempere. S/a: 67. Libro tomado de la sección Libros Libres de Rebelión.org. Para el caso citado, basándose en datos proporcionados por el Banco de México, Balanza de Pagos 1980 – 2006.

[12] Ibídem.

[13] Dicho esto por Germán González Quintero, a la sazón Presidente de Concanaco (Confederación de Cámaras Nacionales de Comercio). Fernando Ortega Pizarro. “Líderes empresariales señalan ahora los errores de Salinas, después de que lo aplaudieron como ‘el Gran Reformador’”. Proceso 948, 2-01-1995: 8.

[14] Carlos Acosta y Elías Chávez. “Ante el espejismo del Primer Mundo, Salinas dejó, disfrazado y maquillado, un enorme boquete en las finanzas del país –Zedillo, corresponsable: como secretario de Programación, como candidato y ahora como Presidente-”. Proceso 948: 7.

[15] Ibídem.

[16] Ibíd: 7-9.

[17] Germán González Quintero. Fernando Ortega Pizarro. “Líderes empresariales…”. Proceso 948: 9.

[18] Ibíd: 8. Y: “Se esfumó el México de ficción…”. Proceso 949: 9.

[19] “Ante el espejismo…”: 9.Según lo relató en sus ‘Crónicas del Poder’ (Más bien: ‘Al Servicio del Poder’) uno de los apologistas oficiales del sexenio (…, y de los sexenios) Joaquín López Dóriga, dicho sea de paso, hasta la fecha el mayor ‘chayotero’ de la prensa vendida en México, vocero de los poderosos, el subsiguiente de Jacobo Zabludowsky….

[20] Consideración de Humberto Simoneen, vicepresidente de la Asociación Nacional de Importadoes y Exportadores de la República Mexicana. En: Fernando Ortega Pizzarro. “Empresas medianas y grandes…”. Proceso 949: 26.

[21] Rafael Ocampo y Fernando Ortega Pizarro. “Los grandes empresarios se dicen engañados; sólo Azcárraga y Slim renegociaron a pesos, antes de la devaluación, parte de su deuda”. Proceso 948: 10.

[22] Ibídem. Referencia de Germán González Quintero.

[23] Pascal Beltrán del Río y Antonio Járquez. “La ira en los mercados de Nueva York, acompañada de razones: devaluación injustificada, inoportuna, ruinosa y excesiva”. Proceso 948: 17.

[24] Beatriz Johnston Hernández. “México recoge la cosecha de doce años de ajustes impuestos por el Banco Mundial: empobrecimiento de la mayoría y concentración de riqueza”. Proceso 949: 6.

[25] Ibídem. Con información obtenida de un estudio realizado por Carlos Heredia. “La polarización de la sociedad mexicana: Una perspectiva desde debajo de las políticas de ajuste económico del Banco Mundial”.

[26] Pascal Beltrán del Río. “Inconsistencias, datos parciales y falta de rigor: Las Estadísticas Oficiales ocultan el drama real del desempleo en México”. Proceso 953. 6-02-1995: 31. Dicho esto por Constance Sorrentino, coautora del informe: “Empleo y desempleo en la fuerza laboral de México”, realizado por el Departamento del Trabajo de Estados Unidos.

[27] Beatriz Johnston.”México recoge la cosecha…”. Proceso 949: 7.

[28] Ibídem.

[29] Ibíd: 6.

[30] Rafael Ocampo. “El gobierno mexicano altera las cifras de comercio exterior para adaptarlas a sus decisiones económicas: España Kraus – Gil Días, autor del maquillaje a las estadísticas de intercambio con Estados Unidos-“. Proceso 953: 32.

[31] Ibídem.

[32] Ibíd: 33. Emilio España Kraus, empresario que se tomó la molestia de analizar las estadísticas oficiales concernientes, a la sazón articulista del diario Excélsior.

[33] “La ira en los mercados…”. Proceso 948: 19.

[34] Álvaro de Regil Castilla. Op.Cit.: 86. Incluye información tomada de Carlos Fernández Vega, ‘México S.A.’ La Jornada, 18-04-2008.

[35] Ibíd: 87.

[36] Pascal Beltrán del Río. “Paga Zedillo el precio de la confianza de los estadunidenses: satisfacerlos en todo”. Proceso 949: 16.

[37] Pascal Beltrán del Río. “A debate, en Washington, lo que debe hacer el gobierno mexicano en materia de petróleo, política exterior, impuestos, migración, justicia…”. Proceso 952. 30-01-1995: 9.

[38] Ibíd: 10.

[39] Ibíd: 8.

[40] Ibíd: 10.

[41] Ibíd: 11.

[42] Álvaro de Regil. Op.Cit.: 86.

[43] John Saxe-Fernández. La Compra-Venta de México. Plaza & Janés. 2006: 178.

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