De animales y otras bestias

Escrito por on Jul 30th, 2014 y archivado en Aguascalientes, Destacado. Tu puedes seguir los comentarios a esta entrada a traves de RSS 2.0. Comentarios y referencias estan cerrados.

toroRecientemente conocimos de las noticias provenientes del Distrito Federal y otras entidades en donde se prohibió tener animales como parte de los espectáculos circenses.

El principal argumento, se dijo, es que los animales sufren por el cautiverio y por el entrenamiento a que son sometidos. Sin embargo nadie se preocupó por terminar con ese sufrimiento, sino prefirieron la solución simplista y simplona de prohibir por completo la presencia de animales.

Antes que nada, debemos dejar clara la diferencia entre dolor y sufrimiento. Generalmente utilizamos dolor y sufrimiento como sinónimos. ¿Por qué Buda aseguraría, después de años de aprendizaje y meditación, que el dolor es inevitable, pero el sufrimiento es opcional?

Surge el dolor cuando somos heridos, física o emocionalmente. El dolor físico es producto de nuestro sistema nervioso, y las terminaciones del mismo que se encuentran ramificadas por todo el cuerpo. El dolor emocional, es el sentimiento negativo que surge ante determinadas situaciones o problemas, generalmente relacionadas con una pérdida o con un problema que nos afecta de manera importante.

Por su parte, el sufrimiento es la respuesta psico-cognitiva, que tenemos ante el dolor físico o emocional. Sufres cuando tus expectativas difieren de la realidad. Querías que sucediera tal situación y no sucedió, inicia el sufrimiento. Y puede ser mucho más tormentoso que el propio dolor. Es el caso de una persona que, en vez de responsabilizarse de una situación particular, juega a ser víctima y a estar resentida con la vida y con los demás.

Una de las grandes dificultades que tenemos para manejar el dolor se debe a que vivimos en una cultura que lo niega y evita a toda costa. El dolor es inevitable, pero para eliminar o disminuir el sufrimiento podemos modificar nuestra actitud ante la vida.

Mientras hay personas que sufren cuando ven a un animal en un circo, habría que conocer las cifras reales de cuáles son las actividades humanas con animales que les provocan dolor a éstos últimos, y cómo reducir la intensidad de ese dolor, o el tiempo que la padecen.

Muchos, por ejemplo, defensores de los toros de lidia, los caballos en charreadas, los gallos de pelea o los animales de los circos, creen que los peces, al sacarlos del agua, no sienten dolor y que su muerte es casi inmediata. Están equivocados.

Aunque el dolor en los peces no se manifiesta de igual forma que en los mamíferos, como todos los vertebrados, tienen receptores nerviosos que les permiten sentirlo. Cada lata de atún, cada pescado frito, cada rebanada de salmón, cada trozo de sushi que los defensores de los animales han comido, provino de un pez que silenciosamente se agitó al ser sacado del agua en una red o un anzuelo. Su muerte silenciosa, dependiendo de la especie, puede demorar hasta diez minutos de asfixia. Equivaldría que al becerro del que formó parte su bistec favorito lo hubieran sacrificado ahogándolo por inmersión en una pila de agua, y estuviera pataleando y agitándose por diez minutos.

Si a quienes promueven “circo sin animales” les interesara realmente este dolor animal, iniciarían por dejar de incluir pescado en su dieta. Pero no, el interés es otro. Se quiere buscar un protagonismo fácil, aprovechando la compasión humana y el proceso de antropomorfia a que ha sido sometido el ser humano desde el siglo XX, con la humanización de animales en las historietas y películas de dibujos animados.

Circula en la red una carta que le es adjudicada al matador de toros Jesús Martínez Barrios, Morenito de Aranda, y que resalta lo más sublime de los sentimientos de un matador de toros, hacia ese, su enemigo amado.

La epístola inicia dirigiéndola “A ti, tú que te llamas antitaurino y nunca has tenido el menor contacto con un toro. A ti, que dices que defiendes a un animal del que solo te acuerdas cuando toca ir de manifestación… A ti, que para atacar lo que consideras un espectáculo desagradable solo se te ocurre desnudarte y cubrirte de tomate…”

Continúa, con el respeto que los que nos denominamos aficionados practicamos hacia vosotros. Y lo invita a sentarse un día con un torero, a hablar con él, a escucharle. “Solo así podrás saber que es amar a un animal, vivir por él”.

La carta lleva por la vida de un torero, aquellas cosas a las que desde niño tuvo que renunciar, sus juguetes, sus amigos, su juventud, por un sueño que exigía olvidarse de todo: “tu familia, de tus amigos, de tu tierra y de tu gente”. Invita después al lector a acudir al campo, a ver nacer al animal que tanto defiende, y observar cómo embiste “cuando todavía no tiene fuerzas para ponerse en pie, para que la próxima vez, no podrás decir que no nació para luchar, que no tiene instinto”.

Provoca al lector a conocer, junto con el torero, a un ganadero, que la mayoría son excelentes anfitriones. A contarle cómo viven y luchan los toros entre ellos, “como se afanan por ser los mejores en ese albero que para ti es un matadero”.

“Probablemente entre los dos te aburrirán de historias de tentaderos, de tardes de gloria y noches de decepción porque las cosas no salieron como esperaban. Cuando llegue el amanecer ellos seguirán contándote anécdotas cuyo único protagonista será siempre el mismo. El toro”.

Y la puntilla del libelo es reconocer el derecho de los animalistas a defender a los animales, desnudos, bañados en tomate y gritando con unas falsas banderillas. Jugando con el futuro del animal que dicen defender, mientras que quienes lo aman, en verdad, dedican su vida a que el animal respire.

“No quiero con este alegato convenceros de nada –concluye la carta- no intentéis convencerme a mí de que nosotros no amamos al toro bravo”.

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1 comentario en “De animales y otras bestias”

  1. juan carlos gutièrrez dice:

    licenciado, no me extraña de quienes no estàn a favor de la presencia del animal en el espectàculo,,, sino de las “autoridades” que vetan a los mismos; èsta bola de paràsitos, imbèciles y de realidades deformadas, olvidan que quienes votamos en las casillas somos los seres humanos,,, y no los animales.. ya es hora de que elevemos la voz ante el avance de èstas acentuadas provocaciones…. si tanto quieren salvar la vida, que empiecen por adoptar un toro bravo y se lo lleven a su casa………… excelente artìculo.. felicidades..

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