La misma historia

Escrito por on Jul 1st, 2014 y archivado en Destacado, Futbol. Tu puedes seguir los comentarios a esta entrada a traves de RSS 2.0. Comentarios y referencias estan cerrados.

Giovanni Dos Santos

Giovanni Dos Santos

Y al final la sorpresa, como suele ocurrir, es que no hubo sorpresa.  Aviso, lo que sigue en los siguientes párrafos no tiene ninguna aspiración a ser una análisis social, ni cultural ni nada de eso, al menos no en la forma, lo que sigue es solamente un lamento y una mera crónica personal de que lo fue la enésima eliminación de la selección mexicana en un mundial de futbol.

El partido del domingo me estaba generando una clase de ansiedad distinta a la que regularmente me invade cada que juega México, era como si estuviera viendo un partido que ya había visto. El gol de Giovanni me  sorprendió tanto que ni siquiera lo festejé, algo andaba mal, no estaba dentro de lo previsto que México fuera ganando. Como si estuviera viendo una de esas películas que pasan cada domingo y que ya sabe uno como terminan, mi profundo pesimismo futbolero me decía que el guion tendría que cumplirse tarde o temprano, ¿México ganándole a Holanda? ¿En octavos? Nah, algo estaba mal. Conforme se acercaba el final, la duda y la angustia se apoderaban de mi, la siempre peligrosa esperanza avanzaba paso a paso, estaba justo al borde de empezar a emocionarme, de empezar a creer, de empezar a sentir que era posible ganar, pasar a cuartos, romper la maldición, ir más allá de nuestras propias limitaciones, cuando Sneijder y la defensa mexicana me regresaron a mi asiento y a la realidad.

Después de ese gol todo estuvo dicho, lo mismo daba, el partido estaba perdido, Holanda había desafiado el farol de México y a la hora de mostrar el juego, se vio que no teníamos ni un par. Poco importaba el cómo, el partido se perdió en el empate, pudo haber sido en tiempos extras o en penaltis, lo mismo daba, la suerte ya estaba echada. Estaba ya seguro que algo pasaría, un error del portero, un pase malo de un defensa, algo que otra vez evitaría dar ese paso que de alguna manera nos hemos prohibido a nosotros mismos dar. Y al parecer, el pesimismo no era solamente mío, el grotesco clavado de Robben fue solamente la forma que tomó la fatalidad, así tenía que pasar, México fue derrotado en los últimos cinco minutos, nos cruzazuliamos en el mundial.

De Holanda no tengo nada que decir, porque Holanda llegó al partido en los últimos minutos y porque México la invitó, durante el resto del juego no tuvo nada. Pero lo de México me tiene franca y verdaderamente enojado (en realidad el adjetivo correcto es otro, pero no hay necesidad de tanta violencia), la derrota estaba prevista y dentro de lo esperado, es más, yo estaba seguro de que no habría un cuarto partido, así que se suponía que todo esto era ganancia, además en frente se encontraba Holanda, la misma selección que trapeó la cancha con el todavía campeón España. Perder era la cosa lógica, pero no perder así. Una goliza en contra me hubiera generado menos problemas que la derrota tal y como se dio, cuando el adversario resulta ser superior a tu equipo, ni hablar, pero cuando jugaste mejor durante 85 minutos y dejas ir la victoria, es más que triste, es vergonzoso.

Los hubieras y los quizás no tienen espacio, hubo y sigue habiendo cosas que no entenderé del planteamiento del Piojo y nadie me convencerá que Layún y Paul Aguilar tenían algo que hacer en el campo (aparte del ridículo), pero así es como se la jugó, se murió con la suya y hay que reconocer que durante tres partidos y nueve décimas partes del cuarto, le había funcionado. Ahí donde falló el planteamiento, surgieron las individualidades, allá donde también fallaban los individuos, estuvo la suerte. La selección hizo más de lo que yo creí que podía hacer, pero menos de lo que realmente resultó que eran capaces de hacer. Por eso no tengo buenas palabras para el tri, fallaron literalmente en el último minuto, evitaron que me tragara mis palabras y justificaron mi pesimismo, teniendo todo para evitarlo, eso no se le hace a la gente.

Parece que buena parte de los mexicanos vivimos dentro de lo que Turner llamó la liminalidad, en el área fronteriza que no acaba de ser, como dijo la India María, ni de aquí ni de allá, vivimos en un espacio donde todo es flexible, donde todo se puede arreglar si sabemos cómo y con quién hablar. Es la zona preferida de lo incierto, de la teatralidad, de la invención y lo improvisado, en donde a un sujeto que no pudo hallar a una niña debajo de un colchón lo mandan a arrestar estilo Chinameca a un dirigente incómodo, en donde una senadora a la que caen en la maroma queriendo hacer transas se excusa de participar y el resto de senadores y diputados que ya están haciendo transas siguen tan campantes, total, que según se ve ese es el espacio en donde nos gusta vivir, o mejor dicho, donde nos gusta sufrir.

El domingo se pagó el precio de vivir en la zona de lo mítico, de la magia y el engaño, después de haber sido rabiosamente racionales y hasta sensatos durante tres juegos y casi todo este, se tiró todo por la borda y finalmente llegó la derrota por medio de un exceso dramático de Robben, se volvió a apostar por lo inseguro, por lo misterioso y nos respondió de la misma manera en que lo ha hecho desde el 94, por aquí no pasan. No se ustedes, pero yo ya estoy hasta el gorro de las derrotas heroicas y los goles en contra de último minuto, como fiel reflejo de sus dueños, la historia de la selección se recicla como cualquier telenovela, siempre el mismo libreto, siempre el mismo final. Y ya chole.

Lo peor de todo esto no será la eliminación, esa, como digo, ya estaba descontada, lo peor es que se intentará en hacer héroes al Piojo y al tri a pesar de su manifiesto fracaso y eso prevendrá cualquier posibilidad de corregir el rumbo. Se hablará de la caída “con la cara al sol” y demás tonterías que ocultarán el hecho de que, por pura suerte, se había conjuntado una selección capaz de pasar a cuartos de final (y tal vez hasta semifinales) y la desperdiciaron. El apapacho que Televisa dará a Herrera y sus muchachos no dejará espacio a la autocrítica, ni siquiera a la evaluación, y todo seguirá como siempre, hasta que dentro de cuatro años (si vamos a Rusia), volvamos a poner el mismo disco y a contarnos la misma vieja historia.

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