Las guerras intestinas

Escrito por on Abr 2nd, 2014 y archivado en Destacado, Diálogo Privado. Tu puedes seguir los comentarios a esta entrada a traves de RSS 2.0. Comentarios y referencias estan cerrados.

Mancera-Ebrard

Mancera-Ebrard

Durante algunos años el PRI arrastró el lastre llamado “Pemexgate”, del que ciertamente no se ha podido aún despojar. Pero ya no está solo. Ahora le acompañan el PAN, con el Caso Oceanografía, y el PRD, con el escándalo de la línea dorada del metro capitalino. Y es que en todas partes se cuecen habas.
En días pasados un comunicador de la televisión matutina aseguraba que el PRD ya había perdido la batalla de las elecciones intermedias del 2015 y aventuraba que sus posibilidades para el 2018 estaban aniquiladas. No será para tanto, pero es incuestionable que por lo pronto hay varios que ya fueron “tocados” por el affaire de la línea del metro que asciende a miles de millones de pesos.
Algunos creen que Marcelo Ebrard está acabado políticamente. Y es que sobre él recae la principal responsabilidad del affaire del metro. Tal vez no sea culpable, pero sí el responsable. Y como está en juego la presidencia nacional del PRD, el fuego amigo no se hará esperar. Bien se sabe que las guerras políticas son más cruentas al interior de los partidos que hacia afuera.
Lo peor que le pudo haber pasado al solaztequino, es que le estrellaran en las manos a Miguel Mancera el asunto de la línea dorada del metro. Porque ocurrió en momentos en que Andrés Manuel López Obrador anda por el País promoviendo a MORENA y formando comités municipales. López Obrador es un líder nato. No por menos, un importante político dijo hace algún tiempo que el único líder popular en México es Andrés Manuel López Obrador. Lo que pasa es que su influencia social no abarca todo el territorio nacional. López Obrador no tiene ninguna oportunidad en Estados como Baja California, Sonora, Chihuahua, Coahuila, incluso Durango y otros. Su fuerza se concentra en el Centro del País, es decir, en el Distrito Federal y su zona conurbana.
Hoy los panistas están en plena campaña interna  para la renovación de su dirigencia nacional pero con una estrategia que a la ciudadanía no le abona nada positivo. A ello habrá que agregarle las pifias de Errnesto Cordero y su equipo de campaña. Primero Cordero se resbala y dice que quiere ser presidente nacional ¡del PRI! Y luego su equipo demandó a López Obrador “por estar violentando el principio de equidad”, en lugar de haber puesto a Gustavo Madero. Es obvio que la Comisión Organizadora Nacional de la Elección del PAN desecharán la denuncia. Ésta acusación fue presentada por Emmanuel Carrillo Martínez, representante sustituto de Cordero ante la Comisión Organizadora Nacional de la Elección quién también tuvo otro error en la fecha de inicio de la contienda interna: refiere que es el 19 de mayo cuando debió decir 19 de marzo. O sea que están cometiendo errores infantiles.

Le llaman “fuego amigo” las nuevas generaciones de periodistas y de políticos grillos. Pero en realidad, esta práctica ha existido desde que se inventó la política. De hecho, durante varias décadas, ya en el siglo XX, este innoble ejercicio era llamado simplemente como “golpes bajo la mesa” pero también “juego sucio”, esta última definición sin duda más apropiada.
Viene a cuento lo anterior a propósito de lo que está sucediendo al interior del panismo a nivel nacional. La filtración de conversaciones en donde se da a conocer trapacerías de unos y malos manejos de otros, con sus respectivas acusaciones de “rateros”, es una práctica innegable de ese fuego amigo, como le digo muy común en nuestro país. Lo anterior ciertamente deja muy mal parados a los políticos que son los protagonistas de ese tipo de prácticas desleales y sobre todo de mucha bajeza e inmoralidad.

El nuevo sainete en el que se ven involucrados estos legisladores, es para dar pena ajena pues no es digno de un representante popular la manera en que se expresa y sobre todo en que actúan.  Es cierto que sus enemigos ya están capitalizando esta situación pero también es cierto que el único responsable de lo que le está ocurriendo es el propio legislador. Como sea los golpes bajos o “bajo la mesa”, están a la orden del día. Es cierto: En el PRI este juego sórdido no se ha hecho notorio. A lo mejor es porque los priístas ya tienen jefe nacional.

En mis casi 30 años en este oficio, he visto y conocido de todo. Negado para la grilla barata, llegué a creer que no me acostumbraría a la práctica de la política a la mexicana. Tenía mis ideas, no crea usted.
Sin embargo, terminé por entender la mecánica de la política y la cultura priísta, tan arraigada en millones de mexicanos que ha sobrevivido a los cambios, a la llegada de la democracia y a las nuevas generaciones.
No es que ahora me guste mucho, pero la entiendo y trato de justificar algunas de sus expresiones más socorridas. En este contexto, cuando me inicié en el periodismo, la primera experiencia fue en eventos políticos priístas. De hecho, en esa época no se entendía ningún acto político si no era de priístas. Corría la primera mitad de los ochentas y en Aguascalientes simplemente no existía ningún otro partido.
Muchas veces renegué de las prácticas sucias que algunos políticos utilizaban para golpear a sus reales o supuestos adversarios políticos.
En la prensa y principalmente en las columnas, se hablaba de “juego sucio”, de “golpes bajo la mesa” y todo iba a la cuenta de los pasivos del PRI. Pero las cosas cambiaron.
Los partidos de oposición se abrieron paso y en el 2000 el PAN, efectivamente, sacó al PRI de Los Pinos.
Se pensó, entonces, que la política sería distinta. Que los nuevos hombres en el poder, reflejarían la decencia de sus principios fundamentales y que “los golpes bajo la mesa” pasarían a ser cosa del pasado.
Error. Llegó el PAN a Los Pinos y el ejercicio de la política pareció envilecerse más. Hacían lo mismo que los políticos del PRI pero en forma silvestre, sin habilidad, sin oficio. Incluso, la corrupción se hizo más burda y cínica y la ambición no pareció conocer límites.
Déjeme decirlo: Yo he conocido al PRI y al PAN por dentro. De hecho, me pareció conocer la psique de los perredistas. Por eso, con absoluta certeza, afirmo que ahora la “guerra sucia” intramuros de los partidos, ya no es entre militantes de un mismo partido, sino entre militantes de los tres principales partidos del País. Ahora mismo lo estamos viendo en el panismo nacional, aunque en el PRI todavía no surgen los primeros brotes de juego sucio. Pero surgirán, no lo dude usted. Y es que, con o sin jefe nacional, los priístas no pueden ir contra su naturaleza, como el alacrán. Y si no, tiempo al tiempo.

EL MORBO CIUDADANO

A contrapelo de lo los lectores pudieran pensar, a mí nunca me ha gustado escribir sobre hechos violentos.
En realidad, el tema de la violencia, por su propia naturaleza me deprime, me aplasta moralmente.
Pero ciertamente no puedo eludir su tratamiento periodístico porque pertenece a la realidad de este País, que es mi patria, que es mi tierra que tanto amo.
Sí, no puedo negarlo: detesto hacer referencia a los muertos que diariamente deja la violencia en México.
Me duele hablar de la gente que matan en las diferentes ciudades. No importa si son o no criminales. Son seres humanos, son personas, en su mayoría, que derivan de un hogar y con frecuencia son jefes del suyo propio. No me gusta que maten a la gente. Por eso el periodista, está obligado a escribir de lo que sucede en su entorno. ¿Qué hay autocensura? A lo mejor.
Y por eso me intereso mucho el programa en donde Juan Villoro, de la Organización Artículo 19, expuso una perorata sobre la situación en que trabaja el periodista en México. No voy a referirme a las estadísticas. Él habla de cifras en relación con las agresiones a la prensa. Pero este no es el punto.
El punto es que Villoro, aunque tiene razón, reclama al Gobierno que no brinde seguridad al periodista para realizar un periodismo de investigación sobre el crimen organizado, sobre la línea entre el negocio del narcotráfico y el lavado de dinero. Le echa en la cara al Estado que no haya puesto interés en darle protección al trabajador de la prensa para que haga indagaciones profundas sobre el crimen organizado.
En este rubro estoy cierto que Juan Villoro está equivocado. ¿Cómo podrá el Gobierno proteger a un periodista que realiza una investigación sobre el narcotráfico y lavado de dinero, cuando los propios elementos de seguridad del Estado no saben cómo protegerse a sí mismo? Villoro no puede ignorar que el problema de la falta de seguridad para el gremio periodístico no radica en que el Estado le ponga dos, tres o más agentes a cada periodista que hace trabajo de investigación. No es por ahí, de veras. Ninguna escolta sirve cuando hay gente dispuesta a todo para acabar con la vida de alguien.
Jesús Blancornelas no pudo evitar ser herido de gravedad por el hecho de andar acompañado de un elemento de seguridad. ¿Cuántos mandos policiacos y militares han sido asesinados por el crimen organizado, a pesar de llevar escoltas y armas de grueso calibre? Un general colombiano asegura en un libro publicado hace un par de años, que la solución es combatir el mal desde la raíz. Es un crimen que el Gobierno le diga a un medio de comunicación que mande a sus periodistas a investigar el crimen organizado porque ya tiene una Fiscalía Especial y protección policiaca.
En términos reales, ni la dichosa Fiscalía Especial sirve para nada ni la supuesta protección del Estado garantiza la seguridad de los comunicadores.
Villoro dice que no se debe caer en la autocensura pero tampoco se puede ser una caja de resonancia de la violencia, lo cual conduciría al amarillismo y a la atemorización de la sociedad. ¿No se puede caer en la autocensura? A Villoro no se le puede escapar que la autocensura es una práctica que se emplea cotidianamente en muchos medios del interior de la República.
La comunicadora de televisión y radio, Denise Maerker, se escandalizó en una ocasión durante una visita a Tamaulipas. Estando hospedada en un hotel, le tocó casi ser testigo de una balacera en pleno centro de Nuevo Laredo con saldo de varios muertos. Al día siguiente mandó traer los diarios de la ciudad. Se fue de espaldas al cerciorarse que ningún diario consignaba los hechos violentos del día anterior.
La autocensura es una presencia arraigada en gran parte de la República. Y no se puede condenar a los periodistas que la practican porque a fin de cuentas es la vida de ellos la que está en juego.
Usted no lo podra negar: La violencia está, ya, en cada rincón del territorio nacional. Quiérase que no, nos hemos acostumbrado a ella. ¿Y sabe usted qué es lo más doloroso? Que las personas que leen periódicos buscan la página policíaca sólo para saber sí ese día se publica una nota macabra. Y peor: si la hay, leen el encabezado, tal vez buscan el nombre de la víctima y ya no le siguen. Las notas sobre ejecuciones se han vuelto rutinarias. El morbo lleva a la gente buscar muertos pero luego muestra aburrimiento y se van a las noticias agradables, como las deportivas.
Pues sí: nos hemos adaptado a nuestras circunstancias, sea que a uno le guste o no se lo restrieguen en la cara. Incluso, sucede otro tipo de crímenes que no son denunciados a la policía, ya sea por desconfianza o porque temen a las posibles represalias. En fin, así están las cosas.

JUBILACIONES DE A DEVERAS

¿Sabía usted que los cinco ministros de la SCJN en retiro, ganan hasta 261 mil pesos mensuales, como pensión vitalicia? Y luego el Gobierno se queja de que las pensiones están estrangulando la economía del Estado. Es evidente que a los señores Ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, les gusta la buena vida, pues ha de saber usted que ellos siempre se han negado a reducir sus percepciones disque porque es “inconstitucional”. Ah, se me olvidaba: Es que ellos son muy respetuosos de la Constitución y las leyes que de ella emanan.
Los 5 ministros en retiro en cuestión, son: Juan Díaz Romero, Genaro Góngora Pimentel, Mariano Azuela Guitrón, Guillermo Ortiz Mayagoitia Y Sergio Salvador Aguirre Anguiano.

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