La religión y sus ministros como factores de dominación

Escrito por on Mar 4th, 2013 y archivado en Destacado, Macías opina. Tu puedes seguir los comentarios a esta entrada a traves de RSS 2.0. Comentarios y referencias estan cerrados.

Sócrates fue sentenciado a morir bebiendo veneno, por atreverse a sostener que los dioses griegos no tenían existencia objetiva, sino que eran meros símbolos de las creencias

La religión ha sido siempre un factor de dominación. Todas las religiones tienen y han tenido su dosis de pretensión de sujeción y sometimiento en base a mitos y dogmas, a fin de propiciar el ejercicio del poder por parte de sus administradores. La ignorancia de las masas es y ha sido aprovechada por lo ministros de los cultos, para la consecución de sus fines: la observancia de la religión –en cuanto ideología- y la conservación de sus cargos –fueros, prebendas y privilegios- y la detentación del poderío que en ello se implica.

Es grave el destino de quién atente contra los dictados de la jerarquía. Sócrates fue sentenciado a morir bebiendo veneno, por atreverse a sostener que los dioses griegos no tenían existencia objetiva, sino que eran meros símbolos de las creencias. El gran sabio fue condenado, pues esto afectaba sin duda el poder teocrático de la Grecia antigua. También el astrónomo de Samos, Aristarco –Siglo III A.C.- fue tratado de impío y hereje por afirmar que la tierra se mueve.

Los aztecas adoraban al sol, considerándolo como un dios. Hoy difícilmente hay en el mundo quien considere como divinidad a la estrella de nuestro sistema planetario. Sin embargo, esa creencia fue un factor de poder para los jerarcas –sacerdotes y emperadores- del antiguo imperio prehispánico en México.

En África, los sacerdotes –brujos o como se les quiera llamar- teólogos de la religión tribal de los Urúa, asentados junto al lago Tangañica, sostenían que ellos –los sacerdotes- eran dioses y ante el pueblo justificaban su acción de beber y comer, argumentando que lo hacían no por necesidad sino por mero gusto. Los sacerdotes entre los Incas del Perú, enseñaban que los monarcas eran dioses y que las enfermedades que padecían eran mensajes del dios supremo para llevarlos a reunirse con él.

Bien pudiéramos decir que esas son cosas del pasado, de la remota antigüedad y que si pasaron, lo fue por las circunstancias de entonces. Sin embargo, la actitud de los jerarcas ha persistido a lo largo de los siglos. Dos mil años después de Sócrates y Aristarco, la jerarquía católica emitía fulminantes sentencias condenatorias contra Galileo, quien, por sostener que la tierra gira alrededor del sol y no a la inversa, fue obligado a retractarse de su descubrimiento para salvarse de la hoguera, no así Giordano Bruno, quien sostuvo la existencia de muchos sistemas solares, contra la creencia de que la Tierra era el centro del Universo; este sabio, al ser conducido a la hoguera, fue amordazado como símbolo punitivo para la disidencia de aquellos que opinaban en contra de la jerarquía, en contra de lo que decían los maestros de la verdad, los príncipes de la Iglesia.

Buffon, el gran naturalista, postuló tan recientemente como a mediados del Siglo XVIII, la tesis de que el viento, el agua y otros factores geológicos han conformado las montañas y los valles de la Tierra. Sin embargo, los teólogos de la Sorbona de Paris condenaron su tesis bajo el argumento –hoy irrisorio- de que la superficie de la Tierra había sido formada tal cual por Dios, al momento mismo de la creación. Y había que creerles, so pena de caer en las garras del Tribunal del Santo Oficio y acabar quemado.

Las religiones han sido manipuladas por los clérigos, como instrumentos de poder y dominación, malinterpretando, tergiversando, retorciendo y aún modificando los textos de los libros sagrados o, en su caso, las enseñanzas de los fundadores de ellas. En esos procesos, ha habido una respectiva dosis de utilización y manipulación de las enseñanzas religiosas, a fin de conquistar, preservar y usufructuar el poder.

Los escritos religiosos –a manera de libros sagrados- con pretensiones de ser de origen y carácter divino, están presentes a lo largo de la historia. Los hindúes con sus “Vedas” y los mayas con el “Popol Vuh” son ejemplos de culturas que han basado su religión y su teología en escritos sacralizados. Igual acontece con el Judaísmo –basado en los libros del Antiguo Testamento- y con el Cristianismo –católico, protestante y ortodoxo- basado en la Biblia –libros del Antiguo y del Nuevo Testamentos-. Todos estos escritos han sido y son usados para el ejercicio del poder –explotando o aprovechando la ignorancia de las masas- no obstante las imprecisiones, inexactitudes y aún los crasos errores que contienen. En efecto, los libros de origen o autoría divina –utilizados por las religiones- resulta que no son tales, so pena de sostener que los dioses han estado equivocados. No podemos pasar por algo cómo la teocracia del Islam manipula el fanatismo de millones de musulmanes, al grado de hacerlos mártires suicidas en nombre de Alah.

La Biblia de los cristianos ha sido manipulada presentándola como una obra de inspiración integralmente divina y la creencia absoluta de que es la palabra de Dios ha sido difundida y sostenida por la jerarquía –por error o por engaño- pero siempre con propósitos de dominación. Inclusive los textos bíblicos han sido sustituidos por las doctrinas de los teólogos, acomodadas en sus conceptos, para sus fines y propósitos de dominación.

En la Biblia claramente se dice que la Tierra está inmóvil y que es el centro del Universo. Cuando Copérnico demostró lo contrario, fue severamente atacado por los teólogos de la época. Alegaban que el Espíritu Santo no podía haberse equivocado. Otros errores bíblicos son el considerar a la liebre como animal rumiante, siendo que no lo es, y que el rey Baltasar fue hijo de Nabucadonosor, cuando entre ambos hay cuatro siglos de distancia. Aceptar a rajatabla los textos literales de la Biblia es aceptar que el Espíritu Santo andaba despistado cuando inspiró a sus amanuenses. Los textos bíblicos, llenos en mucho de simbolismos de los teólogos que los redactaron, están influidos por las circunstancias sociales, políticas, culturales y desde luego religiosas de las épocas en que se escribieron. Sin embargo, la jerarquía católica las ha tomado y manipulado en su favor y beneficio. Y hay de aquél que no lo crea. Los ejemplos están a la vista.

Para mantener y mantenerse en el poder, los teólogos –de las diversas religiones- han sostenido postulados contrarios y contradictorios; lo que ayer enseñaron y cuya observancia o incredulidad castigaban con el infierno, hoy lo aceptan. Lo que antes era pecado mortal, hoy no lo es. Se trata entonces de circunstancias y actitudes acomodaticias, para perpetuar su dominación.

Los mitos y los dogmas –partes de las creencias religiosas- han sido en múltiples casos derrumbados por la fuerza de los hechos, pero aún así, las religiones subsisten largas temporadas; muchas se han extinguido, pero en otros casos los ministros de los cultos, obligados a adaptarse ante la evidencia de la falsedad de las creencias, se ajustan a las nuevas ideas, la mayoría de las veces no sin dificultad ni reticencia, y al afecto esgrimen teorías que pretenden justificar los errores y mentiras que sostuvieron, defendieron, pregonaron e impusieron en el pasado. Ser acomodaticios, oportunistas, es al parecer en mucho su esencia, a fin de seguir y proseguir usufructuando la esclavitud de las mentes.

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1 comentario en “La religión y sus ministros como factores de dominación”

  1. E. MTz. Roaro dice:

    Muy interesante y documentado el artículo, pero, me pregunto, si este recuento histórico lo lleváramos a otras áreas de la producción humana ¿sería distinto?
    Siguiendo a M. Elíade, H. Arenth, obligadamente a M. Foucault et alter infiero que la sacralidad -sustancia del hecho religioso- atraviesa la condición humana y asecha a todas sus relaciones y productos.
    T. Khun, Fereyaben descubren otras cofradías con similares características de nominadas “comunidades científicas” o artísticas o políticas…
    Por ello creo que es bueno, muy bueno escribir sobre ellas, hablar, discutir, disentir y mantenerse informado. ¡FELICITACIONES!

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