Condenas y exaltaciones

Escrito por on Dic 7th, 2012 y archivado en Agenda Pública, Destacado, Galería Fotográfica. Tu puedes seguir los comentarios a esta entrada a traves de RSS 2.0. Comentarios y referencias estan cerrados.

Condenas y exaltaciones

Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto

En el momento actual que vive la política mexicana, en el que estamos siendo testigos del fin de la primera alternancia panista y el regreso del PRI, están abundando opiniones e interpretaciones de lo que acontece con altas dosis de subjetividad, expresiones desde las fobias y las filias que poco tienen de análisis y en nada contribuyen a comprender lo que está sucediendo.

 Hay muchos datos contundentes para cuestionar el gobierno de Felipe Calderón y en general de la docena panista; pero no se puede sentenciar que haya sido el suyo el peor sexenio de la historia para México. Por el contrario, abundan hechos que le serán reconocidos. El juicio de la historia se irá asentando con el transcurso de los años.

 Por ahora sigue estando muy caliente el ambiente después de la contienda, no obstante que transcurrieran ya más de cinco meses. El ala que fijo a Calderón como su enemigo número uno, AMLO y sus seguidores, sigue con toda su saña atacando, como desde 2006, para ellos el ilegítimo y espurio Fecal está condenado desde ese entonces.

 Para algunos grupos duros del priísmo, más bien lejanos del centro de poder y ávidos de que lleguen las posiciones a sus feudos, se observa ostentación y soberbia, vienen de regreso a demostrar cómo se deben hacer las cosas, lo que contrasta con las formas que ha cuidado el presidente Peña Nieto y su equipo hasta el momento, lo que apunta a que no habrá linchamiento hacia Calderón y robustece la idea de que hubo un entendimiento político.

 Del lado del PAN priva la división de opiniones en torno a la figura y papel de Calderón. Hay algunos que lo siguen responsabilizando del desastre del 1° de julio y otros le reconocen su aporte a la democracia y la estabilidad del país. Las posiciones que mantiene el grupo de Calderón anuncian que seguirá inmerso en la política partidista, aunque se haya ido a vivir a los Estados Unidos.

 Pareciera que es el perredismo moderado el que, sin dejar de tener un juicio severo hacia el calderonismo, ya no se ocupará preponderantemente del expresidente. La mira parece puesta en hacer valer su peso dentro del juego institucional, como se constata con la firma del Pacto por México que recientemente hizo su dirigente nacional.

 En cuanto a Enrique Peña Nieto, los aciertos en sus primeras decisiones muestran en muchos sentidos la restauración de las viejas formas priístas que para muchos ciudadanos se extrañaban, pero lo más relevante es que presenta un programa de trabajo articulado en cinco ejes y trece decisiones que son saludables, atractivas y hasta esperanzadoras para el país, como han sido muchos discursos de arranque de sexenio. Luego, la firma del Pacto por México, que parecía pospuesta, coronó un buen comienzo que demostró el oficio y la capacidad de arreglo que pueden lograr los principales partidos políticos. Habrá que esperar a su aterrizaje para poder considerarlo un acuerdo fundacional.

 Con todo y el cuidado en los ritos y formas, tuvo algunos desaciertos en la operación política previos a la toma de posesión, nombró a varias figuras de viejo cuño en su gabinete, sigue atorada hasta el momento su propuesta de reestructura administrativa en el Senado y, de manera grave, asumió el poder en medio de un caos de protestas en la Ciudad de México y otras ciudades.

 Estos pasos de eficacia y los atorones que han surgido deben servir para moderar el juicio. Es decir, con Peña inicia un nuevo gobierno, cargado de buenas intenciones y portador de altas expectativas, pero no estamos en el arranque de una nueva época de promisión y modernidad. Eso lo establecerá el tiempo. Así como no son del todo correctas las condenas a quien se fue, tampoco son objetivas las exaltaciones a quien llega.

 Las claves del análisis para comprender la realidad hay que tenerlas en las mesa. Algunos elementos que pueden orientar la valoración pasan por la revisión de las fallas de quienes dejan el poder y los aciertos de quienes lo recuperan, que se retoman para esta columna de anteriores colaboraciones (Los lastres del PAN y los resultados de 1° de julio, 12 de julio de 2012, y Los aciertos del PRI y los resultados del 1° de julio, 1 de agosto de 2012). También sirve un vistazo a la evaluación ciudadana de los gobiernos que realizan las casas encuestadoras especializadas.

 I.  Los lastres del PAN

 1. La falta de diseño y seguimiento de un plan.

 El principal déficit de Acción Nacional fue la ausencia de un proyecto de conducción del proceso de transición democrática en el 2000, año en que asume el poder. No hubo vía de ruptura, ni de pacto para tratar de construir un nuevo modelo de entendimiento, sino cohabitación con el viejo molde de hacer política, al que nunca se propuso desmantelar.

 2. No hubo cambio en la conducción política.

 Una de las expectativas inherentes a la alternancia de parte de la ciudadanía fue contar con una clase gobernante sensible, eficaz y limpia. La expectativa no se cumplió porque no se acreditó cercanía con la gente, porque faltan resultados y porque los datos de corrupción siguen siendo graves. Hay asegunes y atenuantes de todo lo antes dicho, pero lo cierto es que el panismo no logró una diferenciación respecto al priísmo.

 Sin duda que hay avances en resultados que los gobiernos de Acción Nacional pueden enarbolar como logros propios, productos de buenas gestiones, pero no insertos en un plan de trabajo político que implicara cambios en las leyes, las estructuras y la cultura política, vía la labor legislativa, la educación, el trabajo con la sociedad y la comunicación.

 3. La ausencia de análisis de la realidad política.

 Lo más cotidiano fueron las malas decisiones políticas, producto de la falta de conocimiento y análisis del entorno.

 El ejercicio del poder es una dinámica permanente de toma de decisiones, por lo que es indispensable contar con análisis objetivos de la realidad. Si no se cuenta con ello, o si se dejan de lado por la superficialidad de Fox o la cerrazón de Calderón, los saldos en conjunto del panismo se quedan pobres en materia política.

 4. Consistencia en la relación PAN-gobierno.

 No se conformó un diseño de relación funcional. De la crítica histórica del panismo al PRI-gobierno, se terminó con la implantación de Calderón de dos presidentes impresentables (Germán Martínez y César Nava), la expulsión de Manuel Espino, el enfrentamiento con Madero, el fallido intento de imponer a Cordero, y el supuesto apuntalamiento de la campaña de JVM.

 No hubo definiciones de cómo llevar la relación entre partido y gobierno. La tradición marcaba una sana distancia, pero para ser eficaz se pedía también que el presidente en turno hiciera valer su peso. Ni una ni otra cosa se dio, se quedaron en medio y sin resultados.

 5. La formación de una nueva cultura política en la ciudadanía.

 La bandera de formación de ciudadanos, de abrir los cauces de participación y lograr un cambio en la cultura política terminó por perderse. El fracaso más rotundo del PAN no es la debacle electoral y la derrota de Josefina, sino el haber desperdiciado la oportunidad de contribuir a una transformación en la formación política de los mexicanos.

 II. Los aciertos del PRI

 1. La negativa a la concesión.

 La imagen de Zedillo reconociendo el triunfo de Vicente Fox en 2000 y el respaldo de las bancadas priístas a Calderón para que tomara protesta en 2006, supondrían un priísmo democrático e institucional. En los hechos, el PRI como oposición no concedió espacios para que se lograran las mentadas reformas estructurales y la reforma del Estado. Aunque hay una coincidencia programática muy amplia entre PRI y PAN, el primero no permitió oportunidades para que se avanzara en la agenda reformista por el cálculo de que los méritos significaran reconocimiento y avance electoral del segundo.

 El PRI se instaló en su papel de oposición como un duro crítico de las administraciones panistas, documentando fallas, pero principalmente montando el discurso de la impericia política de los blanquiazules.

 2. La perennidad de la cultura política priísta.

 Lo primero que hay que asentar es que sí hay una cultura política priísta que ha formado por décadas a los mexicanos en el clientelismo, la subordinación, la pertenencia a una entidad orgánica que decide por todos -el corporativismo-, la disciplina, la aceptación del autoritarismo si hay paz y resultados, así como la tolerancia a una corrupción redistributiva de beneficios.

 Esto no desaparece con la simple alternancia, sino a través un largo proceso de apertura y participación que debe ser alentado desde la autoridad, lo que evidentemente no sucedió en los últimos doce años con los gobiernos que enarbolaron la bandera democrática, pero que no trabajaron a su favor en los espacios ciudadanos.

 Pero no solamente hubo omisión, sino que esa forma de comportamiento político priísta terminó colonizando a todos los partidos políticos, entendible en algunos que tienen su origen en el PRI, pero inexplicable en quienes postulan la formación de los ciudadanos, que terminaron como ridículas copias del tricolor.

 3. La simplificación de la oferta política.

 Con la correcta lectura de la realidad descrita en el numeral anterior, el PRI construyó la candidatura de Enrique Peña Nieto con una ecuación muy simple: ofrecer un liderazgo mediático atractivo que se pudiera proyectar con un poderoso aparato de publicidad y un soporte de resultados.

 De ese modo, desde la gubernatura del Estado de México se vino vendiendo la figura de EPN, y con la gestión de gobierno se conformó la tesis de mayor descarga de responsabilidad al ciudadano-elector: el gobierno cumple y resuelve. En la parte final de campaña, el reduccionismo de la propuesta, pero a la vez el tino en llegarle al elector, se observó en la oferta de que la gente ganara más.

 El éxito de la campaña del candidato priísta fue la consistencia con la venta del producto que se había diseñado, a través de un despliegue impresionante que, al menos durante la primera mitad de la contienda, aplastó a sus adversarios.

 4. La maquinaria electoral priísta.

 Sí hay un partido que sabe operar electoralmente ese es el PRI. Antes de la alternancia con las viejas prácticas fraudulentas y en democracia con nuevas evoluciones. La caída de 2000 llevó al aprendizaje de que las victorias estatales eran la plataforma de recuperación. Así lo hicieron y lograron muy buenas cuentas con la dirigencia de Madrazo, pero llegaron fracturados a 2006 y perdieron la elección presidencial, cayendo al tercer lugar como fuerza política, la peor derrota en la historia del PRI.

 El PRI llegó a la disputa de 2012 con el mejor record, con efectivos mecanismos de intervención en los procesos, y con el aprovechamiento de una nueva figura que se forjó en estos años de alternancia, ante la pérdida del poder presidencial: el encumbramiento de los gobernadores como poderosos políticos que contralan sus estados, disponen de recursos y pueden influir en los resultados electorales.

 5. La permanencia del PRI como mito.

 El PRI, que se pensó muerto en 2000 y 2006, no ha dejado de tener una imagen mítica como el partido poderoso, el forjador de la historia de México, el dueño y detentador del poder.

 Ese imaginario que logró permanecer es el motivo de que la cultura política no se haya transformado y constituye la gran envoltura de todo el accionar priísta para regresar a Los Pinos.

 Los doce años de pesadilla panista a los que se refirió Coldwell al arranque de la campaña son, en la perspectiva del mito priísta, un accidente que es hora de rectificar. De hecho, el ejercicio de la militancia se inspira en las viejas imágenes de operación partidista, en los años de gloria y poderío. El dinosaurio nunca se fue y logró mantenerse ahí, a disposición de los electores que buscan resultados y tranquilidad.

 III. La evaluación ciudadana

 La percepción de la gente es el dato más frío a considerar en el juicio de los políticos. A continuación algunas conclusiones de las encuestas en este cierre e inicio de sexenios.

 Consulta Mitofsky

 “De los últimos 4 presidentes, quien inicia con una evaluación mayor es Vicente Fox (70%) y el que inicia en ese sentido con mala aprobación es Ernesto Zedillo (42%). Al final el mejor evaluado es Carlos Salinas (77%) y el peor Felipe Calderón (53%). En su último año de gobierno la evaluación promedio de Salinas fue 68%, de Fox y Zedillo 61% y de Felipe Calderón 50%. Si consideramos todo el sexenio, el presidente mejor evaluado en promedio fue Salinas (73%), seguido por Fox (58%), Calderón (57%) y Zedillo (55%).” Consulta Mitofsky: Felipe Calderón: Evaluación final de gobierno (206-2012), 30 de noviembre de 2012.

 “Fox lograba al iniciar una credibilidad del 69% entre los mexicanos, Calderón del 44% en 2006 y Peña Nieto del 46% en 2012.

 “En el 2000 con Vicente Fox 60% consideraba que el nuevo gobierno significaría un cambio total de sistema; 6 años después al repetir el PAN en la presidencia las respuestas se inclinaron (51%) a que solo sería un cambio de personas; y hoy en 2012 regresa la percepción de que será el sistema el que se modificara (49%) en esta nueva alternancia.

 “Cuando llega Fox el 28% esperaba ver los cambios antes de 6 meses; al llegar Calderón y Peña esos porcentajes bajan a 16% y 18% respectivamente.” Consulta Mitofsky: Enrique Peña Nieto: Expectativas ante el nuevo gobierno (Nov/12), 3 de diciembre de 2012.

 Gabinete de Comunicación Estratégica

 “El presidente de México, Felipe Calderón, cierra su sexenio con una calificación de 7.2, al ser evaluado en ámbitos como seguridad y economía, según la Encuesta Nacional 2012 del Gabinete de Comunicación Estratégica.

 “En primer semestre de 2009, el mandatario tenía 7.5 y bajó a 6.8 en el mismo periodo de 2010 y subió a 7.2 en este año.

 “Hay una relativa estabilidad con una baja a medio sexenio y la recuperación al final”, explicó Berrueto, director general de la empresa encuestadora.” Milenio: Cierra Calderón el sexenio con 7.2 de calificación, 29 de noviembre de 2012.

 Reforma

 “Calderón deja Los Pinos hoy con un 61 por ciento de aprobación ciudadana a su trabajo misma que obtuvo Vicente Fox hace seis años y por debajo del 69 por ciento que obtuvo Ernesto Zedillo hace doce años.” Reforma: Encuesta Reforma 22ª Evaluación al Presidente Felipe Calderón, 30 de noviembre de 2012.

 El Universal/Buendía & Laredo

 “En términos generales, 64% de la población aprueba algo o mucho el desempeño de Calderón como presidente, en contraste con el 25% que lo reprueba mucho algo y con 11% que ni aprueba ni reprueba la labor del mandatorio. Felipe Calderón se despide con una tendencia positiva en sus niveles de aprobación que comenzamos a registrar desde agosto y con un incremento de 10 puntos porcentuales respecto de la medición de ese mes.

 “La opinión sobre el rumbo del país continúa con una tendencia ascendente. El porcentaje de personas que consideran que el país va por muy buen o buen camino aumentó de 35 a 41 puntos, mientras que los que tienen una visión negativa disminuyeron de 39 a 32 puntos respecto de la medición de agosto.” Buendía&Laredo/El Universal: Aprobación Presidencial, 19 de noviembre 2012

 En resumen, ni muy muy, ni tan tan es el proverbio que aplica para la evaluación de lo que está pasando. Ni Calderón pasará al infierno de la historia nacional, ni Peña es el redentor de la patria.

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