Miguel De La Madrid (1982-1988) crisis neoliberal y el inicio del salinato

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Miguel De La Madrid (1982-1988) crisis neoliberal y el inicio del salinato
LA SUBORDINACIÓN EN LA ETAPA NEOLIBERAL (CUARTA PARTE)

Miguel De La Madrid (1982-1988) crisis neoliberal

yel inicio del salinato

 

 Se pueden distinguir dos grandes periodos en la operación del BM [Banco Mundial] en México. El primero cubre desde su lanzamiento hasta mediados de la década de 1970 y principios de 1980, operando con el esquema de desarrollo industrial por la vía de la ‘sustitución de importaciones’. El segundo ocupa la época ‘neoliberal’, es decir, el régimen económico implantado a los ECP [Estados Capitalistas Periféricos] que, conocido como ‘Consenso de Washington’, en realidad se instaló por medio de un régimen acreedor a ultranza resultado de la negociación de la deuda derivada de la crisis de 1982.

John Saxe-Fernández, Gian Carlo Delgado

Pocos observadores de la realidad nacional dudarán que no paga la lealtad de los gobiernos del Tercer Mundo a los designios de la banca internacional. A pesar de que se apeguen a las normas establecidas por el Fondo Monetario Internacional, no hay la menor muestra de reciprocidad / A la carta de intención dirigida por el gobierno de MMH al FMI siguieron otros documentos. Cada seis meses se analizan conjuntamente los resultados. Hay por desgracia, desde hace más de dos años un –cuando menos- cogobierno del FMI y del PRI. La reducción del déficit presupuestal prometida se cumplió a pie juntillas sin importar para nada que hubiera que sacrificar como nunca a los trabajadores. Se congelaron salarios, se liberaron precios, se anuló el control de cambios establecido en 1982, se abrieron de par en par las puertas a la inversión extranjera y se tomó como alternativa total, para salir de la crisis, el pago de la deuda. Pagar antes que nada pareció ser la consigna gubernamental desde el 1° de diciembre  de 1982. Los banqueros internacionales han destacado reiteradamente la disposición de México a pagar. Se ha premiado, incluso, al secretario de Hacienda por esos méritos /  De nada han valido todos esos esfuerzos / De nada valdrán / El sistema financiero internacional es insaciable.

Heberto Castillo

Todo indica que de continuarse por el mismo camino, en años posteriores nuestra independencia y nuestra soberanía nacional serán cada vez más restringidas…, la crisis trabaja en una dirección en la que se está perdiendo el contenido económico de nuestra soberanía, con lo que todo el proceso de desarrollo nacional, es decir desarrollo a partir de las necesidades e intereses del pueblo, encontrará obstáculos insalvables.

Gregorio Vidal

 ¿Renovación Moral? Darwinismo social

Si uno revisa el indicador de la prensa independiente a nivel nacional que viene siendo la revista Proceso en México, en el número correspondiente a la toma de posesión de Miguel de la Madrid (MdeM), encuentra indicadores de lo que será el nuevo sexenio, pudiéndose auspiciar que tal administración pasaría a ser el primer régimen neoliberal liderado por tecnócratas.

¿Renovación moral? Un cartón de Naranjo en la primera página de la edición nos ilustra sobre lo que en realidad debiera ser una auténtica renovación moral, comenzando por castigar a los corruptos de arriba. Intitulado vox populi, en el que se dibuja una mano casi cadavérica presentándole una lista al nuevo mandatario, quien en el estrado lee su discurso inaugural. La lista contiene los siguientes nombres: Díaz Serrano, Lerma Candelaria, Flores Tapia, Hank González, Bob de la Madrid, Arturo Durazo, Toledo Corro, Gamboa Pascoe y Ramírez Limón.[1] Todo un catálogo de peces gordos del Partido de diversa condición y procedencia social y cargo público detentado, que habían abusado de la generosidad que permite administrar las finanzas públicas o de hacer uso desenfrenado del poder que se obtiene al ocupar un cargo policíaco. ¿Podría la ‘renovación moral’ proceder a enjuiciarlos y resarcir los agravios cometidos a la sociedad por aquellos, y en qué medida? Por supuesto que no, el combate a la corrupción, como otros tantos propósitos de renovación quedaban como simulación.

El sólo caso de Arturo Durazo era calamitoso y el más conspicuo y no vinculado a la ‘nobleza’ del Partido, por lo tanto venía a ser el más fácilmente encausable. Lerma Candelaria era otro expediente delincuencial abierto; Díaz Serrano, el ex presidenciable, el de mayor carga, involucrado en las trácalas negras como el chapopote en la gloria efímera de Pemex. Pero en general, la mayoría de los mencionados eran miembros con suficiente arraigo e influencia en el Partido, por lo que no habrían de verse afectados; cuando mucho separados momentáneamente de los cargos públicos. Como fue el caso de Carlos Hank González que se pudo ir muy campante a su casita de Connecticut. Como siempre, el combate a la corrupción quedaba como uno de tantos buenos propósitos de campaña o de principio de sexenio, meramente algo nominal, la corrupción era uno de los permanentes defectos del así vigente PRI-corrupto-gobierno; cuando que la renovación en realidad iba por otros lindes en los que se hará más ostensible y escandalosa la corrupción, cual vicio consustancial que es de la administración capitalista, propio de las sociedades burocratizadas que en el México Contemporáneo ha tenido egregios representantes.

La ‘renovación moral’ era el intento de una moralina burguesa presentada como ‘decreto contra la obscenidad’ que proveía la censura que el Estado necesitaba para ir instaurando un orden más estricto anti popular, mas por su falta de autoridad real, destinada al fracaso. Pero lo que no había de fracasar era el cambio a una política económica neoliberal, concebida como salvataje a la Nación, lo que en realidad habría de funcionar apropiadamente para irla hundiendo paulatinamente en la Depresión por crisis sucesivas. El Partido podría renoval su política económica y modificar su ideología, pero la corrupción pasaría a ser un continuo contagioso…, y si no que lo digan los panistas y perredistas con posterioridad partícipes en las administraciones del período neoliberal, quienes se adosaron al carro de los elegidos del sistema para ejercer el gasto público, prosiguiendo hasta conseguir la apoteosis de la corrupción, que no del gasto público. Renovación moral no, continúo a la corrupción, sí.

Es inmoral la dualidad de quienes gobiernan y hacen negocios. Los puestos públicos no deben ser botín de nadie”. Proclamaba Miguel de la Madrid (MdeM); lamentablemente la mayoría de los encumbrados ‘servidores públicos’ en realidad son servidores de su propio patrimonio, aprovechándose del botín que en todo Estado son las arcas de la Nación.

De cierto que el ‘último de los gobiernos de la revolución’ José López Portillo (JLP dixit) fue altamente corrompible, cuando la continuidad no dejaba de efectuarse entre los de la misma agrupación política. Pero aunado a la calamitosa situación ‘moral’, el mayor perjuicio radicaba en haber dejado a la Nación desvalijada, en pésimas condiciones: inflación de casi un 100%; déficit sin precedentes del sector público, con paraestatales en números rojos, incapaces de competir con las empresas monopólicas que se vienen en avalancha. Arguyéndose que el Estado no debe ya subsidiarlas pues encubre ineficiencias.

El ingreso de dólares a las arcas públicas en unos cuantos años se había vuelto dependiente del petróleo; con un adeudo externo e interno a nivel de récord histórico, representando una carga excesiva al presupuesto, como fuga de divisas legalmente establecida por el orden monetario internacional; aminorando en gran medida los recursos y presupuestos destinados a la inversión productiva y gasto público. Ah, pero se anuncia una reforma fiscal…, siempre impedida por consideraciones a la alta burguesía.

El programa inicial de gobierno expuesto en 10 puntos por MdeM proponía iniciar el sexenio combatiendo la crisis, y el primer punto bastaba para entender la subordinación en la que había caído el nuevo gobierno de México: La aceptación expresa de la recomendación número uno del FMI. ‘Disminución del crecimiento del gasto público’, tal asignación debía ser prioritaria. “Una política de austeridad ‘que preserve los servicios públicos al nivel indispensable’”.[2] Cuando que se evidenciaban desde su planteamiento los efectos perniciosos que acarrearía, como lo hacía ver Heberto Castillo, no atendiendo a que una nación subdesarrollada y con grandes injusticias, requiere indefectiblemente de programar un gasto público elevado, racionalmente empleado para ir cubriendo las carencias.

Cuando que la configuración del gabinete entrante anunciaba la ‘renovada mano férrea del Estado’ en lo concerniente al control del trabajo, al conceder la Secretaría del Trabajo a Arsenio Farell Cubillas, hombre duro e intransigente del Partido, apto para contener las contempladas protestas laborales, presuponiéndose conflictos inminentes en respuesta a las ‘medidas de ajuste’ con que arrancaba el sexenio.

Un cuarteto de ‘economistas’ tendría a bien remediar la situación financiera. Jesús Silva Herzog, “el hombre que firmó y ocultó acuerdos con el Fondo Monetario Internacional y el Departamento de Energía de Estados Unidos [Proceso números 315, 316 y 317], es ratificado en la Secretaría de Hacienda y Crédito Público; Francisco Labastida Ochoa, secretario de Patrimonio y Fomento Industrial; Carlos Salinas de Gortari, secretario de Programación y Presupuesto, y Héctor Hernández Cervantes, el empecinado promotor del ingreso de México en el GATT, secretario de Comercio”.[3]

En lo que se suponía que la dupla Silva-Salinas funcionaría para aplicar en conjunto las medidas de emergencia requeridas –plan de ajuste contractivo-, pasando posteriormente a consolidar el nuevo modelito ‘económico’ que habría de solucionar la situación crítica y proyectar el ‘futuro crecimiento’. Empero, la dupla no funcionó, presentándose criterios diferentes entre los titulares de las respectivas supremas secretarías en la conducción de la administración pública. Sin que desde Hacienda Silva Herzog quisiera implementar una política alternativa, incrustado como estaba ya en la creciente marea neoliberal que iba cubriendo por completo al Estado y a la Nación, tendría diferencias de criterio con el funcionario público que desde ese entonces se venía perfilando como el alfil apropiado para implantar el neoliberalismo en México, quién desde la Secretaría de Programación y Presupuesto (SPP) operaría en procura de imponer de manera unívoca la política designada desde el Norte.

Presentándose un estira y afloja en la implementación de la política económica entre las dos secretarías mencionadas, detalles precisos e importantes tendían a manifestar cierta heteroclicidad a la hora de activar el modelo de ajustes.

El indicador más evidente de que el nuevo gobierno asignado no era la continuidad del saliente se revela en el elemento de mayor consideración en el traspaso de cargos de un gabinete a otro; lo concerniente a la Banca nacionalizada. Desde un principio la señal presentada por MdeM dejó ver lo que se advenía, al nombrar como director del Banco de México a Miguel Mancera Aguayo, el ex en el cargo, separado del mismo por JLP cuando se decidió efectuar la expropiación:

Marginado de las decisiones por rechazar las medidas contra la fuga de capitales, jubilado para dar paso a Carlos Tello en la dirección de un nuevo Banco de México, cuestionado por cuidar los intereses de los banqueros y no los de la nación y acusado de sabotear decisiones presidenciales, Miguel Mancera Aguayo fue repuesto en la jerarquía que la crisis le quitó sin miramientos, [habiendo estado en ese cargo tan solo unos meses, del 16 de marzo a agosto del 82]. Su reinstalación en el Banco de México lleva implícita una rectificación en la política económica, sobre todo para dar marcha atrás a aquellas dos únicas medidas que permitieron saber que el país tenía salidas justas, con imaginación. El regreso de Mancera es el retorno de los brujos, el regreso de la ortodoxia monetarista que convirtió a la banca central en el instrumento a favor de los banqueros privados”.[4]

La Crisis que inicia a principios de los 70 se vuelve crónica a fines de esa década, principios de la siguiente, presentándose como la manifestación de una Crisis más profunda, obligando a implementar cambios en el modelo económico que se venía desarrollando. No más substitución de importaciones; ante la quiebra de empresas públicas y privadas y la devaluación del peso, se entregan los activos y las acciones al capital extranjero y se reconfiguran los nacionales, incluyendo una nueva élite de empresarios beneficiados con la ‘venta de garaje’ de las paraestatales.

Habiéndose reunido en mayo del 81 en la ciudad de Guadalajara un grupo de economistas ubicados en la centro-izquierda, con la intención propositiva de orientar la política económica en el siguiente sexenio, procurando  realizar cambios sustantivos en el modelo caduco, vivificándolo con políticas de carácter nacionalista y a favor de la economía social.

Ah, pero fue el caso de que el futuro secretario de Programación y Presupuesto, futuro patriarca-padrino del neoliberalismo a ultranza impuesto en México, el Sr. Carlos Salinas, hizo acto de presencia en la reunión en calidad de “ariete utilizado para enfrentar a los economistas progresistas del Estado que buscaban, en mayo de 1981, inclinar a la opinión pública hacia cambios de fondo. Si ellos propusieron un proyecto nacional, popular y democrático, Salinas fue a Guadalajara a sabotear la reunión y decir que el proyecto nacional era el Plan Global y que no había vuelta de hoja. Más tarde, siendo ya el brazo derecho del candidato priísta Miguel de la Madrid, marginó al sector obrero de la redacción del Plan Básico y no incluyó sus propuestas en el programa de gobierno. Al hacer un resumen de la consulta popular, dijo una frase clave: ‘Hay que devolverle a la sociedad civil lo que el Estado no puede ni debe controlar’. / En el marco del discurso del 1º de diciembre y de las reducciones sucesivas en el gasto público, la frase cobra sentido. De todos modos, su inclinación tecnocrática hizo que el IEPES estuviera integrada por técnicos y no por políticos”.[5]

Plan Global, sin duda, pero con qué propósito, el de optar por las privatizaciones; las empresas del Estado debían ser suprimidas pretextándose ineficiencias operativas, déficits, derroches y recursos mal empleados: entiéndase corrupción. Sonaba agradable mencionar ‘devolverle a la sociedad civil…’, pero la ‘sociedad civil’ no es desde fines del siglo XIX los pequeños y medianos empresarios, la sociedad civil con el liberalismo (neo) es equivalente a beneficios para el gran capital. Y así pasaría a ser en México con el advenimiento del PRI-tecnocrático.

Un elemento de comparsa en la orientación neoliberal entrante venía a ser el secretario de Comercio, Héctor Hernández, reconocido ya como un adelantado neoliberal por ser el promotor de la entrada de México al GATT. Quién, habiéndoselo propuesto a JLP, no encontró su aprobación, dedicándose entonces a procurar una ‘mejor opción’, iniciar un proyecto de mercado común con los EUA. Proyección a concretarse cuando el modelo neoliberal se consolidara.

Por supuesto, la crisis se resolvería en dos o tres años a la manera neoliberal, se afirma, superando la recesión con un permanente menor gasto público, reduciendo a toda costa y coste la intervención del Estado, considerándolo el agente principal del malestar causado; cuando que no era sí, sino todo lo contrario.

Al neoliberalismo hay que entenderlo como lo que es, una política económica de índole capitalista tardía, programada para consolidar el dominio transnacional propio del capital monopolista; así, capitalismo imperialista que incide en las Naciones del Sur sometiéndolas de manera progresiva a la implementación de medidas contraccionistas, favoreciendo al gran capital nacional y transnacional en detrimento de la economía popular, empleando la crisis, el shock causado, para emplear medidas que ahondan más el deterioro social en beneficio de la recuperación de la ganancia capitalista. Carcomiendo la infraestructura de la economía real, hasta el grado de aunar al quebranto del Tercer Mundo el del Primero, tal y como acontece ahora en Europa, Japón y en los propios EUA.

Cierto que el quebranto ya estaba con nosotros, habiendo propiciado la toma de las medidas que imponía el FMI, cuando que a leguas se evidenciaba que éstas resultarían contraproducentes: “Recesión por la baja en el gasto público; menos intervención del Estado en la economía por presiones dentro del gobierno y del FMI; inflación por aumento de precios y tarifas del sector público; carestía por flexibilidad en el control de precios; quiebras por problemas de liquidez; desempleo por cierre de empresas: pobreza por crecimiento cero; concentración de la riqueza, porque se salvará el más fuerte; violencia social por falta de fuentes de trabajo; protestas por topes salariales; marginación por el derrumbe del salario real; inquietud sindical por la represión económica selectiva; caída en el nivel de vida de las mayorías”.[6]

Una crisis con efectos catastróficos en cierne que supuestamente se iba a remediar eliminando la participación del Estado, permitiendo la vuelta a la libertad de mercado en el que las empresas compitiendo entre sí impulsan la economía hacia niveles más altos, derramando la riqueza a diestra y siniestra e incluso permeado hacia las capas inferiores, bla, bla, bla. Nada de lo cual era cierto, puesto que la sociedad neoliberal ya no es la sociedad industrial originaria (y ni en aquella ‘sociedad de competencia’ los índices de vida de los asalariados eran mejores), sino el resultado de la Crisis que el capitalismo ha provocado. Sociedad capitalista en decadencia, en la medida misma en que predomina en ella el capital monopolista transnacional, como tal imperialista, así pues, penetrante en las Naciones del Sur, implementando el neo colonialismo, fuerza centrífuga-centrípeta que se reactiva incrementando la extracción de capital-riqueza hacia las metrópolis.

De la Madrid argumentaba que después del período del shock vendría una ‘etapa de recuperación y de sociedad igualitaria’ (sic). Contradicción de términos si se conociera lo que el neoliberalismo lleva por dentro como modelo de política económica concebida para concentrar la riqueza en los capitostes, a la par de que se administra la pobreza lo mejor posible, lo que se comprobaría desde ese mismo sexenio.  La etapa del shock servía para instaurar la política económica neoliberal, transformando las instituciones gubernamentales en entidades predispuestas a establecer el dominio del capital privado. Un}Estado Gerencial y policíaco que le entrega el poder productivo a un empresariado de élite, coadyuvando a que su dominio se ejerza administrando, controlando, los diversos sectores socioeconómicos con sus respectivos conglomerados de trabajadores operando en favor de incrementar la plusvalía. Por igual a de acontecer con la Banca y el advenimiento de la bancocracia liderada por banksters, plaga apocalíptica que asola al mundo.

Para iniciar con éxito tal proceder, en México se habría de revertir la nacionalización… Lo que bien iniciaba ahorcándose al muerto en lunes, pues al igual que en el sexenio anterior, se comenzaba el siguiente comprometiendo a la administración a seguir al pie de la letra otro convenio con el FMI. La dichosa Carta (de intención) que incluía un memorándum oculto y un acuerdo secreto relativo a la negociación del petróleo a pactarse con el Departamento del Tesoro (USA), lo que a todas luces relucía como un encausamiento al nuevo gobierno para que mantuviese el tributo del crudo, determinado en imposición su compraventa por la deuda creciente.

El desajuste financiero obligaba a una terapia de shock válida para restringir la operatividad del gobierno, habiéndose ya verificado tres reducciones al gasto público (junio del 81, abril y noviembre del 82), para poner a la dirigencia mexicana de rodillas ante el FMI. La carta de intención firmada era “más bien una carta de rendición”. Y las recetas neoliberales que decían combatir la crisis en realidad sirven para agudizarla. Menor gasto público, aumento de precios en las tarifas de los servicios urbanos, ligados a incrementar el precio de los artículos básicos. La economía sacrificada a favor del equilibrio macroeconómico, lo que es igual a que los de abajo se vean afectados en sus condiciones elementales de vida en procura de equilibrar las finanzas públicas y favorecer la concentración capitalista. La neo política económica liberal estaba más que cantada, anunciando su tendencia: El primer caso está a la vista: “el aumento en las gasolinas originará una carestía generalizada, mientras que los mecanismos del sistema funcionarán al máximo para contener los salarios y las protestas. (…) La austeridad más severa e injusta en la historia moderna del país había sido entronizada. La solución fue agudizar la crisis para salir de la crisis”.[7]

Inauguración de un darwinismo social por el cual un mentado ‘realismo económico’ pasa a ser la ley de la selva en que se convierte la sociedad sometida a las ‘leyes del libre mercado’, con toda intención de favorecer al más fuerte, a la élite corporativa transnacional y su industria depredadora en procura de conquistar lo que resta del mundo, lo que se ha de complementar con el advenimiento del máximo monstruo procreado por el Capital: los banksters.

No terminaba de instalarse en los Pinos el nuevo mandatario cuando en la madrugada del 28 de diciembre  procedió a dar un albazo en la Cámara de Diputados, turnando una serie de iniciativas con las cuales procedía a modificar la Constitución en un sesgo que bautiza su política económica neoliberal. Específicamente en lo concerniente a la nacionalización de la banca, se presenta una iniciativa de ley de tintes reaccionarios; una reprivatización parcial concediéndoles a los particulares un 34% de las acciones, así no fuese a título individual.

Con la llamada Ley Reglamentaria del Servicio Público de Banca y Crédito se proponía: “La iniciativa presidencial que reabre la participación de los particulares en la banca nacionalizada, establece que el capital de las ahora Sociedades Nacionales de Crédito estará representado por títulos de crédito que se denominarán certificados de aportación patrimonial, los que se dividirán en dos series: Una identificada como ‘A’, que sólo podrá ser suscrita por el gobierno federal y que representará en cualquier momento el 66% del capital de la sociedad. Otra será la serie ‘B’, que amparará el 34% restante del capital y que podrá ser suscrita por el gobierno federal, por entidades de administración pública, por gobiernos de las entidades federativas y municipios, por los usuarios del servicio y por los trabajadores de las propias sociedades nacionales de crédito. Ninguna persona física o moral podrá tener más del 1% de las acciones”.[8] Eso en teoría. El decreto así suscrito aparentaba dar ese 34% a otras entidades diferentes de banqueros privados, pero de cuando acá los ciudadanos comunes o incluso los gobiernos estatales son dueños de la mayoría de las acciones y activos de los bancos.

Como lo hacía ver el dirigente de la Coordinadora Nacional de Trabajadores Bancarios, la aplicación de ‘esta Ley posibilita el manejo arbitrario del crédito causante de la generación de grandes fortunas particulares, así como de la crisis financiera que hoy vive el país’: “El manejo del 34% de las acciones por particulares…, puede ser perfectamente absorbido por el conjunto de los exbanqueros…”.

Gracias a tal reforma: “Los exbanqueros serán indemnizados y podrán participar además de sus antiguas actividades de intermediación financiera. El país carga sobre sus espaldas los 8 000 millones de dólares que la exbanca privada debía al exterior. En el mercado controlado, esos dólares equivalen, a la paridad actual, a 760.000 millones de pesos”.[9] 

Generosas compensaciones y pagos de pasivos elevaron el coste expropiativo. Cuando políticos empresarios tales como Carlos Hank González, Díaz Serrano, Robirosa Wade, Toledo Corro, políticos magnates que en principio dicen estar de acuerdo con la nacionalización, resultan rebeneficiados.

La artimaña propuesta por la administración tecnocrática entrante funcionaba gracias a que la bancada priísta -apoyada por supuesto por sus compinches panistas- aprobaba la iniciativa de ley, en el marco de un típico albazo, sin consulta previa ni estudio detenido de la iniciativa, como debiera ser, y por supuesto, sin modificación alguna. Muchos de aquellos politiqueros que tan sólo seis meses atrás se paraban y aplaudían a raudales en el mismo recinto el decreto de expropiación, ahora daban su aprobación de manera vergonzosa a una disposición de tendencia contraria, salvo 40 diputados del PRI que remordidos en la conciencia decidieron abandonar el Recinto Legislativo.

Tal leyezuela conseguida con albazo iba incluida con toda una serie de modificaciones a la Constitución, a las que Heberto Castillo no duda de calificar de ‘Traición’. Un paquete de reformas eufemísticamente presentadas como para ‘reordenar la economía’. Cuando que lo que en realidad se procuraba era integrar a la propiedad privada, cual sector civil preferente, al compartimento del Estado, mientras que el ‘sector público’ comenzaba a auto-restringirse la soberanía, así como sus facultades de actividad patrimonial, minándolas al considerarlas ‘áreas estratégicas de encargo’, faltando al principio rector de la Constitución de 1917 que le otorgaba al Estado ‘la facultad de imponerle a la propiedad privada las modalidades que dicte el interés público’.

Precepto emanado de la Revolución que con toda intención era modificado por un régimen de tendencia neoliberal, él que por medio de tales modificaciones hacía por entregarle a los capitalistas las llaves de las riquezas nacionales.

La incorporación de un ‘sector privado’ al Estado se hacía en proporción inversa a la rectoría y soberanía del Estado: “Ahora, además de establecer límites precisos a la propiedad de la nación y de desviar esta propiedad hacia un llamado sector público, se establece constitucionalmente el derecho a la propiedad del sector privado y de una entelequia llamada sector social. ¿Cómo se definen estos tres sectores? De ninguna manera. Todo queda a la libre interpretación de cada quién. ¿Se precisan los campos? No, se difuma lo preciso (…) El impulso renovado a los empresarios se ratifica cuando se dice que en el nuevo artículo 25 de la Constitución ‘se fijan con claridad los propósitos y la sujeción jurídica de los tres sectores al principio de legalidad’. Esto es, la propiedad de la nación y la del sector privado en igualdad de condiciones”.[10]

Y mil disculpas, el nuevo gobierno se compromete ante los capitalistas a que no habrá alguna otra nacionalización, sino que por el contrario, la nueva administración se preocupa por resarcirles a los barones del dinero el agravio: “Por lo pronto, se devuelve el 34% a los sectores privado y social”. He ahí el engaño perpetuado, ¿cuánto del negocio monetario iría a parar al sector ‘social’?: “Ya sabemos que los jornaleros y los obreros compran cientos de acciones de la banca, sobre todo ahora con el aumento de los salarios mínimos”.[11] Pague con su salario mínimo las nuevas acciones y después realice un viaje a las Vegas.

El giro neoliberal comenzaba a concretarse, la burguesía propietaria local debía reacomodarse al embate transnacional con otro marco jurídico y composición del Estado: “Ahora las empresas del Estado no son de la nación sino ‘bienes de dominio de la Federación’. La clase en el poder toma posesión así de los bienes nacionales. Y emite leyes para consolidar el poder del jefe del clan: los legisladores serán usados para legitimar esa propiedad. Y el Poder Ejecutivo reparte migajas entre los miembros del ‘sector social’. México S.A. se convierte en una sociedad mercantil con tres socios, el sector público, el sector privado y el sector social… / Las reformas a la Constitución hechas en estos 31 días constituyen la traición más grande que se ha hecho al pueblo mexicano en los años posrevolucionarios”.[12] ¡Y las que vendrán con el salinato y subsiguientes, de mal en peor, aventando la soberanía del Estado por la ventana!

ADIÓS ‘REVOLUCIÓN’, MEJOR NOS PONEMOS A LA MODA, ES DECIR, DE MODO

El régimen de Miguel de la Madrid realizó la transformación de época al interior del Partido, dejando atrás las posturas revolucionarias nacionalistas, las que se abandonaban ante la inevitable renovación del Partido y de la Nación en proyección hacia el ‘México moderno’, por lo que los ‘chicago boys’ se adueñaron de las secretarías encargadas de administrar las ‘finanzas públicas’ como si fuesen privadas, en pro del empresariado capitalista.

La afectación causada por la crisis del 82 creó el medio ambiente adecuado en el cual se pudo dar la transición de la ideología revolucionaria a la neoliberal; lo que pudo efectuarse de manera drástica ante el apremio por aplicar las medidas de shock anti crisis propuestas por el decálogo neoliberal, y el discurso revolucionario quedó atrás, se cambió por algo así como ‘orden y transición para un futuro progreso’, la modernización del Partido iría acorde con la modernización de la economía y así de la sociedad; y lo dicho, tras de dos años difíciles de recomposición del aparato económico, se conseguiría un desarrollo igualitario…, siéntense a esperar.

Se puede considerar que Miguel de la Madrid era el candidato adecuado para realizar la transición dados sus antecedentes, y JLP lo debió saber; al haber sido su discípulo en la licenciatura en derecho, en la UNAM, pudo contar con su visto bueno para otorgarle la Presidencia aplicándose el tradicional ‘dedazo’ (el presidente saliente solía designar a su sucesor al interior del Partido); pero el posgrado de MdeM es lo indicativo para advertir su orientación tecnócrata, al obtener el grado de maestría en administración pública en Harvard, ya sin haber sido un político tradicional, a como se acostumbraba dentro del PRI, sin haber ocupado un puesto público por designación democrática, (así fuera simulada), a demás de estar ligado a la banca privada mexicana por el parentesco con un tío, orientaciones que perfilaban al candidato hacia la transformación tecnócrata.

Habría que recordar que en la campaña MdeM tuvo el honor de ser visitado por Nelson Rockefeller y Henry Kissinger, quienes de seguro vinieron a exhortarlo de la manera más atenta posible a que emprendiera la reforma neoliberal. ‘Póngase a tono con la prosperidad del mundo libre, intégrense a la american way of life’. Una especie de padrinos de lujo a quien el futuro presidente tendría en consideración. Por algo sería que ya en funciones de mandatario condecoró al magnate-político miembro de una de las dinastías de plutócratas de mayor antigüedad y poderío. Sí, por algo sería….

Íntegramente convencido debió quedar Miguelito, quien ya de por sí estaba predispuesto para realizar la ‘gran transformación’, el giro sepulturero de la ‘revolución’ al interior del Partido aplicando la medicina shock, al unísono que se instauraba la política económica neoliberal, convencidos por el apuro. Así de fácil, debido a que la ideología ‘revolucionaria’ hasta ese entonces presumida ya era puro discurso, y como tal se esfumaba a la primera de cambio por así convenir a la dirigencia tradicionalmente corrupta del partido, aunque la transformación procede no sin dejar de acusar una ruptura al interior del PRI.

La agudización de la crisis coyuntural por el endeudamiento y caída de la producción obligaban al cambio; cambio que representaba la mayor apertura a la ‘inversión extranjera’, implementándose el recetario neoliberal, primeramente de índole contraccionista que castigaba el crecimiento a favor de la obtención de la ganancia neta, por la consabida mayor explotación del trabajo, proyectándose asimismo una preferencia por las ganancias fáciles, bancarias y bursátiles, aberración crematística en la que han caído las finanzas mundiales.

Transformación efectiva, de un desdibujado capitalismo monopolista de Estado, a uno cien por ciento pro privada iniciativa, convencidos estaban de la ‘superación’, que su apego y devoción por las teorías monetaristas y neoclásicas era superior al que pudieran tener los discípulos más fieles de Friederick Hayek y Milton Friedman en Europa y Norteamérica, fieles copistas.

Tal y como lo consignaba por aquellas fechas Héctor Guillén Romo en su libro Orígenes de la Crisis en México, los funcionarios administrativos mexicanos en el gobierno de Miguel de la Madrid pasaban a ser fieles e incondicionales seguidores de los teóricos de la austeridad que vienen a ser los economistas neoclásicos mejor conocidos como monetaristas, friedmaníacos, hacedores de los ‘chicago boys’, teniendo por máximo ‘gurú’ al austriaco Friederick Hayek; convertidos en hayerkianos puros por sus aplicaciones ortodoxas contenidas en los recetarios fondomonetaristas.

Teórico propositor de la austeridad contraccionista: ‘Los pueblos no pueden vivir por encima de sus posibilidades, deben de ser contenidos en su gasto para que sean austeros, hay que ayudarles, disciplinarlos para que no gasten por encima de sus posibilidades ni tengan un nivel de vida superior al debido’. Oh, sí, desde luego que los ´pueblos´ o el ‘pueblo’ no pueden o no deben vivir más allá de la austeridad…, los pueblos no, pero los capitalistas sí. Eso es algo que se le pasa aclarar al premio nobel austriaco.

Acorde con lo cual, no se debía vivir de prestado. Pero eso era lo que se venía implementando con los nuevos tratados y acuerdos establecidos por las instituciones financieras centrales.

El equilibrio contable propuesto por Hayek que nivelara las cuentas con el exterior era una mera propuesta irrealizable, pero que daba lugar a la disminución de las actividades auténticamente financieras emprendidas por el Estado en la Nación.

En teoría hayekiana, el remedio al desorden y al crecimiento exacerbado que el Estado venía realizando, radicaba en encontrar los equilibrios financieros y en las balanzas de pagos y de comercio, practicando fielmente los recortes al gasto público, restringiendo la moneda para que no hubiera un excesivo circulante, no se repare ni se advierta que con la restricción en la emisión monetaria se propicia la concentración del capital dinero en las instituciones monetarias y en los acaparadores capitalistas, entiéndase: banksters y demás especuladores.

La tesis de Hayek es contundente en cuanto a su imposición: “se diseña desde arriba y se acata abajo”, autoritarismo puro. En lo que el ‘arriba’ es lo alto de las fianzas metropolitanas y lo ‘abajo’ los gobiernos dependientes de la Periferia; por supuesto, nada que ver con la democracia.

El hayekismo, se hacía ver desde entonces, no ha de procurarse como teóricamente lo proponía su mentor austriaco; si en la propuesta el equilibrio en la balanza fiscal y en la comercial debería ser prioritario, entonces, ¿por qué se incrementan las importaciones mientras las exportaciones se incrementan? El caso es que este equilibrio se suele conseguir como medida de shock devaluando la moneda y paralizando las importaciones, mientras que supuestamente las exportaciones se han de incrementar, ocurriendo que al aminorarse el déficit comercial, y alcanzarse un cierto equilibrio con o sin la sobrevaluación del peso, de cierto que las importaciones vuelven a incrementarse necesariamente para poder a su vez intensificar las exportaciones de bienes con valor agregado, dada la dependencia que la planta productiva tiene de maquinaria y herramientas e insumos provenientes del exterior; de otra manera, lo que se suele exportar mayormente son productos del sector primario y materias primas en bruto.

El equilibrio en la balanza comercial resulta imposible sin aplicarse medidas protectoras a la industria nacional, pero el neoliberalismo las elimina y los resultados son negativos para la economía (popular). Cuando que el rigor propuesto por la austeridad planteada se efectiviza y el gasto público fielmente se reduce afectando los servicios públicos, e incrementando su costo, desfavoreciendo a la mayoría de la población.

Acción número uno contraproducente para la sociedad. Y para colmo, en procura de ‘equilibrar las finanzas públicas’ se incrementan los impuestos indirectos “que son los que más pesan sobre la clase trabajadora”, perjudicando de nuevo a los de la clase baja.

La balanza de pagos no se equilibra o se hace favorable con una mecánica de control del tipo de cambio, sino produciendo más, lo necesario para ser autosuficiente en lo básico. Lo realmente efectivo y en dirección a favorecer la hegemonía del capital se impone contundentemente con el control brutal que el Estado aplica al congelar el salario.

Si en un principio se da la reducción del déficit público y se obtiene un superávit comercial. Esto es un espejismo transitorio que será revertido por el desequilibrio permanente que se agudiza con la apertura irrestricta del mercado. ‘Logros’ efímeros o contraproducentes para la economía realizados a costa de “reducir el nivel de vida de la población, de imponer una recesión brutal y de hacer caer tremendamente el producto”.[13] Trátese pues, de una teoría y praxis a favor de la hegemonía de los dueños de medios de producción, una teoría que propone una política en aras de recuperar la tasa de ganancias que en espíritu detenta la inquina del capital al considerar a los obreros como instrumentos de producción a los que se puede sacrificar con tal de ser más ‘competitivos’ en el exterior, reducir la inflación y equilibrar las finanzas públicas. Nada de lo cual se consigue salvo la reducción de los puestos de trabajo y el aumento del ‘ejército de reserva’, cuyo coste abaratado propicia su mayor explotación por empresarios nacionales y transnacionales.

El shock monetarista simplemente no funciona en sus propuestas de contención regulatoria pero sí funciona para implementar una feroz austeridad de la que se sigue una extrema reducción del nivel de vida de la población.

Una teoría no apta para las condiciones en desventaja de las economías subdesarrolladas por la asimetría con los países desarrollados. En un mundo-mercado en el que se contrapone el Norte contra el Sur en el desequilibrio de los intercambios desiguales, no ayudando a superar las desventajas sino que las acrecienta.

Pero el hayekismo y por igual el fredmanismo son más una teoría que se conjuga como neoliberalismo y que es impuesta desde arriba, una propuesta plena de falacias que se impone por las causas de fuerza mayor del capital, y como tal apta para ser propuesta por el FMI para ser acogida de manera dogmática por los tecnócratas mexican curius, acatadores del dogma neoliberal: “…, no hay en el gobierno quien cuestione que la austeridad es la única arma para la crisis. El que piense que hay una vía alternativa, o es un loco o no ha entendido nada de economía. Peor aún, no hay posibilidad de discusión. Por eso, y para matizar discursivamente el asunto, es común que los funcionarios hablen de una ‘austeridad revolucionaria’”.[14] El absurdo, un neoliberalismo revolucionario, solo posible en la mendicidad de los tecnócratas, viniendo a ser un disparate que se impone por las causas de fuerza mayor que ejerce la presión imperialista, una imposición del poder capitalista.

En realidad el capitalismo nunca ha necesitado de una teoría que lo avale o programe su comportamiento y desarrollo, suele imponerse como una praxis de poder político-económico a favor de los propietarios, complementada por auxiliares técnicos haciendo econometría, e ideólogos que hacen la labor de justificar sus procedimientos.

Siendo innegable que el PRI le roba al PAN su política económica, de lo que daba cuenta la propia dirigencia de Acción Nacional durante el sexenio. Y con más inteligencia lo advertían los economistas críticos: “Yo creo –dice el economista- que si la derecha del PAN  estuviera en el poder, haría exactamente lo mismo en materia de política económica. Tal parece que el señor Luis Pazos es el cerebro económico del gobierno. No hay una medida que no escape al modelo hayekiano. Ni siquiera el cambio estructural, que sí se está dando, pero en sentido negativo: se está dañando gravemente a la pequeña y mediana industrias y se está favoreciendo la concentración del capital”.[15] Anticipándose que con el futuro arribo del PAN al gobierno federal no habría cambio alguno, puesto que el cambio radical ya se venía efectuando con el arribo de los Pri-tecnócratas detentando la conducción del Estado.

Los tecnócratas habrían de modernizar nuestro atrasado país proyectándolo hacia el Primer Mundo, empero, para alcanzar tal ‘paraíso’ habría antes que pagar la deuda y generar una industria competitiva nacional, pequeño inconveniente que el neoliberalismo no soluciona sino todo lo contrario, lo agrava. Pero en el país de los eternos colonizados la dirigencias tecnocrática se sigue congratulando de que la inversión extranjera viene a México como si fuese la solución de nuestros problemas, y no es así.

POR ALGO SERÁ QUE LA TROIKA CONSPIRA…. PARA IMPONER EL DIKTAT

El 25 de marzo de 1982 en la ciudad de Nueva York se reunían los miembros selectos del Consejo de las Américas -una entidad controlada por David Rockefeller- a puerta cerrada en procura de establecer los parámetros de presión a ser empleados para obligar al gobierno de México a firmar la Carta de Intención que le proponía el Fondo, para lo cual, se ejercería presión: “las fuerzas del FMI intentan crear una atmósfera de miedo (cosa que se dio en agosto, septiembre y octubre, para presionar la firma de la carta) alrededor de México, por medio de la cual los pequeños bancos cancelan los créditos a México y las empresas privadas revalúan sus operaciones en México…”.[16]

Acorde con la información proporcionada por Executive Intelligence Review (EIR), desde el principio del año aciago una misión del FMI visitó el Distrito Federal con la misión de lograr que el gobierno de JLP aceptara implementar el plan de austeridad que tal engendro imperialista había confeccionado, tal y como lo confirmaría posteriormente el propio jefe de la misión, Claudio Loser.

El artículo escrito en EIR tocaba el trasfondo del asunto, detectando las huellas del FMI propiciando la crisis del 82, al alentar la fuga de capitales, el cierre momentáneo de más créditos y al orquestar una campaña que denostaba a México en los Estados Unidos y en Europa, efectuada por los más prestigiados diarios financieros, tales son: el Wall Street Journal, Journal of Commerce, Financial Times y The Economist.

De cierto que la Troika y algo más que podemos identificar como la pluto-criptocracia se conjuraba para atacar a México obligándolo a aceptar las condiciones que el Fondo Monetario Imperialista le tenía preparadas. A decir de la revista norteamericana, se trataba de frenar el desarrollo de México aprovechándose de su debilidad financiera.

El gobierno saliente debería firmar la carta y comenzar a implementar las medidas de austeridad, misma política económica de ajustes depresivos que sería ampliada por el siguiente gobierno. Pero Jo Lo Po se resistía, ciertamente no quería acatar lo que conocía de cierto sería un programa que fastidiaría la economía mexicana; pero como sabemos, la presión ejercida fue tremenda, el ataque externo e interno colocaba a la Nación en una posición de extrema debilidad, obligándolo a acatar los convenios.

El Fondo presionaba y presionaba, aprovechándose de que el programa presentado por el nuevo secretario de Hacienda, Jesús Silva Herzog, ya se ajustaba a sus propuestas, de cierto que el nombramiento de este funcionario fue “recibido calurosamente por el FMI”.

Cuando que la troika en su conjunto, como instituciones mundiales oficiales emanadas de la ONU, junto con los banksters y sus emporios privados, aunados a los empleados del establishment usamericano, inclúyase a la Reserva Federal y al Departamento del Tesoro, así como también de seguro podríamos incluir a los europeos, junto a los ya mencionados diarios financieros, pues todos estos conspiraban para someter a México a los planes de austeridad confeccionados ex profeso.

Para el ex presidente del Banco Mundial, Robert McNamara, México era un peligro, sobre todo si seguía creciendo demográficamente, de ahí el que se debiera proceder a frenar y a controlar su desarrollo. Bajo tales consideraciones la injerencia del FMI y los otros de la Troika tenía el propósito implícito de someter a México a su diktat. El gobierno de México debería acatar los programas de austeridad, de lo contrario no habría más crédito: ‘bajen sus gastos, su déficit en la balanza de pagos, devalúen el peso, reduzcan sus importaciones, disminuyan los salarios, o les tronamos la economía’. Sin eufemismos, tal era el mensaje de la misión.

México, en la actualidad, es demasiado dependiente del crédito externo  para mantener su economía. Es por eso que deberá someterse”. Así lo manifestaba David Eilley, funcionario de la Reserva Federal de Nueva York, con franqueza pocas veces vista, mientras que Claudio Loser, el funcionario del FMI, argumentaba: “al devaluar (en febrero) la moneda en 30%, ya se impusieron las condiciones para reducir las importaciones en 30%, algo que México debe hacer”….. Si el gobierno sigue este programa, el que respaldamos, será en verdad un severo programa de austeridad”. Revelándose esta vez lo que en la mayoría de las ocasiones tales funcionarios imperialistas callan.

Pues sí, la crisis no ocurre porque ‘Dios lo quiera’, no es un fenómeno social ajeno a las intenciones de los poderes capitalistas, las causas de fuerza mayor se conjuran teledirigiendo a las economías.

En este caso el propósito y los objetivos más la praxis para efectuarlos quedan registrados, que la inflación, que la fuga de capitales y las devaluaciones que afectaron a México en tal año aciago, provenían de esas causas sobre determinantes, la hegemonía del capital imperialista así se las gasta.

Anunciado en el Wall Street Journal desde el 28 de enero: “funcionarios mexicanos (no los identifican pero les dan la jerarquía de determinantes en las decisiones) informaron que el peso se deslizará entre el 15 y el 18%. Así como una devaluación siguió a la elección de López Portillo en 1976, la gente dice (nuevamente) que lo mismo sucederá después de las elecciones de julio (como efectivamente ocurrió por la especulación de julio y agosto). Y aunque no haya verdad alguna en tales rumores, sus efectos psicológicos tal vez influyan sobre el gobierno”.[17]

Y sometan al peso: “Lylo Pai, del Departamento de Divisas Extranjeras del City Bank, dijo en febrero: “el peso debe estar entre 50 y 60 unidades por dólar, como lo señalé el año pasado (sic). Los cambistas internacionales decidirán cual debe ser su valor (sic)”. Más cacofónico no croa un sapo en el estanque. …Fúguense los capitales de México rumbo a Suiza y a California… “No se pueden detener las fuerzas del mercado”. Así lo consideran los cambistas del templo, pero esto es un chantaje que esconde una conspiración; verdad a medias, mentira oculta.

Lo que los empleados del Templo auguraban como pitonisos de Pluto se habría de cumplir en un México atribulado de fin de sexenio del último gobierno que osó implementar una política económica nacionalista. Así en Chicago se afirmaba que habría otra devaluación del peso, lo que el artículo de la EIR hacía ver: “Este es el itinerario de la devaluación del peso, como parte de una conspiración encabezada por el FMI… [Paso a paso las predicciones de los agoreros se iban cumpliendo. No pudiéndose detener la ofensiva imperialista]…, la ofensiva del FMI –denunciada por la EIR- para someter a la economía mexicana durante tres años a las medidas de austeridad y de privatización [promovidas por el FMI] vía su carta de intención”.[18]

¿Hace falta decir más? Que la caída de los precios del petróleo dejaba a México en extrema necesidad de recurrir a más préstamos. Y, ¿acaso por desventura el mercado de petróleo no podía ser manipulado en aquel entonces?

La Troika, las troikas, las instituciones que producen el orden internacional en favor de la hegemonía imperialista que repercute en el dominio de la plutocracia a través de préstamos y deudas y de un sistema bancario bursátil desregulado, status quo mundial sobre-determinado, sometido al Diktat de las corporaciones transnacionales, en eso consiste el capitalismo imperialista: control autoritario de las relaciones de producción y detentación como propiedad privada de los principales medios de producción y de los recursos naturales preciados, así como de las empresas de distribución y comercialización, todo ello a escala internacional; dominio monetario, dominio político, dominio ideológico, dominio militar; el poder de la Bestia Apocalíptica.

UN MAL COMIENZO, GENERADOR DE UN SIMILAR FIN DE SEXENIO

Si el Plan  Global de Desarrollo (1980-1982) fracasó por la caída del precio del petróleo; el Plan Nacional de Desarrollo (PND) (1983-1988), no funcionó como se suponía, puesto que se presupuso que las tasas de interés irían a la baja, sucediendo lo contrario; cortesía de los reganomics.

Los propósitos del PND de “abatir la inflación y la inestabilidad cambiaria, proteger el empleo, la planta productiva y el consumo básico…, [fracasaron] la inflación será este año del 70% en lugar del 40% estimado…, el desempleo en 83 sumó 2 millones 784,000 personas y para 1984 se espera que sean 3 millones 432,000; la tasa de crecimiento de la economía tendrá una caída de 3.7% y la inflación contraerá significativamente el consumo”.[19] Buen inicio de sexenio que no habría de componerse dando lugar a la llamada década perdida.

Y Silva–Salinas y Hernández podían hacer cuentas alegres y predecir un mejoramiento a corto plazo, pero era el mundo al revés y el show debía continuar.[20]

El recetario fondomonetarista se aplicaba ortodoxamente: “Para combatir la inflación, el gobierno se basó fundamentalmente en los cánones fondomonetaristas, que consisten en reducir la demanda a través del déficit gubernamental, la disminución drástica de las importaciones, la devaluación creciente de la moneda nacional frente al resto de las divisas. Pero principalmente, con la reducción drástica de los salarios reales, con lo cual se condena a los trabajadores y desempleados a una creciente depauperización. / La política antiinflacionaria no se cumplió: ‘en el bienio 1982-83 el crecimiento de la inflación alcanzó un promedio de 90.1% en términos del índice de precios del consumidor, en lugar del 77% estimado en el PND. En 1983, la inflación tuvo un crecimiento del 80.8% en lugar del 50% que se había trazado el gobierno”.[21]

Fieles al dogma neoliberal-monetarista de que los salarios y el gasto público son inflacionarios; la crisis se combate deprimiendo la economía (la auténtica). Sin que la inflación fuese contenida, puesto que las empresas monopolistas incrementan sus precios para mantener sus ganancias a flote, tal y como lo suelen realizar cuando están en dificultades, trasladando a los precios de sus productos los costos y algo más, por aquello de la plusvalía y las ganancias netas.

Tiempo en el que la Secretaría de Hacienda puso en venta 339 empresas, con un valor de 84,441 m de p, empresas que habían sido tomadas con la expropiación bancaria. En el ideario tecnócrata neoliberal tales no eran prioritarias ni formaban parte de las áreas estratégicas a cubrir por el ‘sector público’.

¿Quién se apuntaba para comprarlas? Pues a los ex banqueros no les faltaba con qué. “El monto de la indemnización recibida exclusivamente por la expropiación de las instalaciones bancarias que hoy maneja el gobierno asciende a 89,320 millones de pesos, por lo que podrán readquirir las acciones que les fueron expropiadas hace casi 21 meses y todavía les quedarían 1,789 millones de pesos”.[22]

Las transnacionales del Norte también podrían hacerlo si el gobierno consentía aumentar el porcentaje de acciones que podían detentar…, como inversión, claro está, para eso implementaba la Ley Sobre Inversión Extranjera, acorde con lo que el cliente pida. Todo lo cual indica que la política económica neoliberal impuesta por los pri-tecnócratas respondía de manera directa y dócil a los planes de injerencia diseñados en el Norte:

“Durante el gobierno de Miguel de la Madrid se decretó la fusión de las cinco empresas ferrocarrileras entonces existentes en una sola. Se hizo primordialmente con el fin de ‘flexibizar’ los contratos colectivos de trabajo, afectando negativamente a 30 mil trabajadores. La idea del BM [Banco Mundial], lejos de estar orientada a consolidar organizativamente a FNM [Ferrocarriles Nacionales de México], tenía como objeto desarticular, como posteriormente lo hizo Salinas contra la nacionalista cúpula sindical petrolera, las fuerzas sindicales independientes de la cúpula charra, que se oponían a la virtual desintegración del contrato colectivo, paso previo a la privatización según las exigencias de los inversionistas interesados en su rechazo a cualquier ‘precio laboral’. En otras palabras, con De la Madrid, y bajo el impulso de los préstamos del BM dedicados supuestamente a ‘modernizar’ los ferrocarriles, se procede a preparar las bases para el eventual desmembramiento y privatización de FNM, dirigiendo originalmente los cañones contra los sectores nacionalistas dentro del sindicalismo ferrocarrilero”.[23]

EL FRACASO DEL SAM

La quiebra del Sistema Alimentario Mexicano (SAM) era otro evento ominoso con el que se iniciaba el primer sexenio neoliberal. Sector básico, así primario en toda economía nacional autárquica, que al malograrse en México pasaría a convertirse en un gran defecto promovido por la tara neoliberal.

Inaugurado por JLP en marzo de 1980, en la celebración anual de la expropiación petrolera, misma fecha en la que el Presidente ratificó su decisión de que el país no ingresaría al GATT. En ese año México tuvo que importar 11 millones de toneladas de granos básicos, y el reporte de las condiciones alimentarias de sus habitantes revelaba la existencia de 35 millones de desnutridos, de los cuales 19 millones estaban en condiciones graves y un tercio de ellos incluía niños.

El SAM venía a ser un programa de primordial importancia para la economía mexicana, haciendo por cubrir debidamente la producción agroindustrial, procurando la autosuficiencia alimentaria, requisito básico de toda nación independiente.

Planteado por el régimen de Jo Lo Po como un propósito inobjetable a conseguirse, la autosuficiencia alimentaria en granos básicos a partir de 1982 y en otros cultivos importantes hacia 1985. (Quién previera lo que se venía en los años siguientes).

¿Cómo se habría de conseguir tan importante propósito? Empleando los ingresos excedentes del petróleo.

De cierto que el SAM era producto de un concienzudo estudio del campo mexicano, centrado en planificar de manera científica la producción agroindustrial, localizando el potencial productivo en las diversas regiones del país por características geo-climáticas y tipo de cultivo apropiado. Procediéndose a conceder de inmediato subsidios a los productores de temporal. Así como a otorgar aumentos periódicos a los precios de garantía: “para que los productores pudieran obtener siquiera el salario mínimo. Preveía, además, programas de impulso a la ganadería y a la pesca, sin dejar de lado un ambicioso plan publicitario que restara influencia a los nocivos productos de las transnacionales”.[24] Confirmándose con esto que el SAM tenía el enfoque correcto.

Ese era el camino a seguir para fincar el desarrollo del país, la autosuficiencia alimentaria sería el sustento de una nación independiente; la auténtica soberanía que se traslapa a las instancias superiores de la Pirámide Social, lo que sólo es posible partiendo de una base sólida cimentada en el Sector, por eso, Primario.

El SAM fue reconocido por organizaciones internacionales especialistas como el programa correcto para procurar la autosuficiencia. 160 millones de pesos se destinaron en su primer año para su implementación. Empero, la repentina caída del precio del crudo y una generalizada recesión dio al traste con lo presupuestado; y para colmo de males sobrevino una sequía. Y si en 1981 se había cosechado una producción en maíz y frijol que alcanzaba la autosuficiencia, para 1982 –el año aciago- la producción en la gramínea y la leguminosa se redujo en un 17 y en un 28 por ciento respectivamente.

No pudiendo faltar el mal congénito, cuando el crédito otorgado al campesinado se vio afectado por la lacerante corrupción; los intermediarios capitalizaron los subsidios y el gran corrupto, la gran mosca atraída al festín, Miguel Lerma Candelaria, se ‘prorrateó’ los de por sí insuficientes recursos destinados; al final las estadísticas que referían los ‘logros’ del SAM fueron manipuladas para aparentar alcanzar los objetivos: “En cuanto a la tranquilidad en el campo, fue una mentira que no se pudo sostener ante los constantes embates contra los campesinos que, ya fuera en Chiapas (Golonchón), Hidalgo (Huejutla), Puebla (Pantepec), Oaxaca (zona Tiquil), estado de México (Ocoyoacac) y otros lugares, padecieron matanzas para despojarlos de sus tierras”.[25]

Pero contra lo que muchos pensaron o les hicieron pensar, el SAM no era el problema y debió haberse seguido implementándo, el propósito era imperativo e insustituible, lo que determinaba que debía prevalecer por sobre los problemas coyunturales; ligado a una explotación racional y proporcionalmente adecuada de la venta del petróleo, en procura de lograr un desarrollo integral que permitiera seguir incrementando la infraestructura industrial en la elaboración de productos derivados del petróleo. Pero no, la crisis del 82 y sus repercusiones quebraron las políticas  del auténtico desarrollo nacional para dar paso a la subordinación al extranjero.

Tres años fueron poco tiempo para cambiar una condición nacional de atraso y abandono en el campo. La ‘Robolución’ había abandonado al campo depauperando al campesino, cuyas condiciones de vida y trabajo fueron quedando rezagadas durante toda la etapa pos revolución. En realidad, la revolución burguesa –salvo el cardenismo- no le hizo justicia al campo, no hizo del campesino una de sus prioridades, sino que fue marginándolo y permitiendo la concentración de las mejores tierras en otra burguesía agraria.

El ‘México profundo’ mostraba una realidad lacerante por la traición de la burguesía ya pseudo revolucionaria para con el campo, el sector auténticamente revolucionario fue depauperado por un Partido cada vez más aburguesado.

El milagro del SAM se desvaneció de inmediato. Para 1983 se contemplaba que la importación de alimentos ascendería a 21 millones de toneladas. Las empresas transnacionales del rubro alimentario instaladas ya en México hacían su parte para bloquear la autosuficiencia alimentaria; en procura de la ganancia capitalista agrícola, hacen incompetente la producción del campesino aislado.

Las devaluaciones del peso volvían raquíticos los créditos y subsidios concedidos. 80,000 millones de pesos anunciados para el 83, por la devaluación del mismo, representaban un retroceso de un 20% en relación con el año anterior. Los precios de garantía se van quedando muy abajo ante el “incremento en los insumos y la aplicación del 15% del IVA, que ha provocado la duplicación de los costos de producción de alimentos / Por lo pronto, ya se prevé en el ciclo otoño-invierno una disminución de 150,000 toneladas de trigo, debido a que los actuales precios de garantía son insuficientes para restituir el poder adquisitivo a los productores que optan por dedicarse a otra labor”.[26] De ahí entre otras cosas se sigue el auge de la producción de estupefacientes.

¿Qué dijo o hizo MdeM ante el problema del campo y el exterminio del SAM?, dejar en claro que la tara neoliberal se había instalado en el Palacio de Gobierno con su arribo a la Presidencia. En su programación inicial manifiesta en 10 puntos no hizo referencia alguna al campo. No era de extrañar, taradez de burgueses colonizados y desnaturalizados. Pudiendo los periodistas ya consignar, que no haciéndose ningún planteamiento de consideración sobre el campo, se auguraban  años de vacas flacas, trigos y mazorcas raquíticas por venir.

Pero Miguelito ya tenía la solución en cierne al problema, ‘habrá alimentos suficientes’, sí, cómo, importándolos: “hemos confirmado y ampliado créditos que aseguren las importaciones necesarias de alimentos’. Este año el país comprará en el extranjero siete millones de toneladas de granos”.[27] Recibiéndose un pago adelantado por 1,000 millones de dólares concedidos por la Commodity Credit Corporation, con el cual se remarcaba la tendencia a seguir sometiendo a la alimentación mexicana a los intereses de las transnacionales yanquis. Pero los tecnócratas estaban felices por haber encontrado la ‘solución’ a tan apremiante problema. ¡Brillante ‘solución, endeudarse más y volver al país dependiente de alimentos!

A 2 600 millones de dólares ascendía la cuenta total de importaciones en el inmediato 1983, incrementándose las dificultades de pago ante la abultada deuda. Cuando los gringos pedían gobernantes mexicanos adaptados y proclives a la visión del mundo capitalista a lo ‘United States’ sabían que irían introduciendo en México caballitos de Troya. Qué clientes tan propicios se fabricaban en las Universidades Norteamericanas; de los chicago boys a los chicago bueyes.

Con el SAM, se dijo, se juega el destino del país; y al fracasar así fue.

QUIEBRA EMPRESARIAL

Un año después, mayo de 1984, 34 de las más grandes empresas del país estaban en una situación de quiebra técnica, debido a que la cantidad del adeudo que tenían superaba más del 50% del valor de sus activos.

Entre las cuales se contaban las siguientes, (incluyéndose el porcentaje en  sus activos que representa el adeudo): Alfa: 86.6; Visa: 86.4, Vitro: 55.6; Apasco: 63.9; Resistol: 63.7; Celanese Mexicana: 60.9; Mexicana de Aviación: 78.3; Grupo Industrial Saltillo: 63.6; Hilsa: 61.5…

A pesar de que el gobierno las había ayudado con todo tipo de medidas relativas al caso: subsidios, exención de impuestos, permisos para incrementar precios, etc., etc. El costo de su adeudo exorbitante, con la devaluación del peso y el incremento de las tasas de interés de los bancos anglosajones, termina por postrarlas: “En conjunto, la deuda externa de estas 34 empresas se eleva a un billón 500,000 millones de pesos aproximadamente, que equivalen al 51.5% del endeudamiento externo total de toda la iniciativa privada mexicana”.[28]

Y deuda produce deuda; la deuda es una trampa en la que han caído tales empresas así como el gobierno de un país con una moneda inferior al dólar imperialista; un adeudo impagable al que el alza de las tasas de interés y amortizaciones incluidas, significa una sangría que agota sus finanzas, impidiendo su crecimiento y dificultando en gran medida su reproducción, quedando obligadas a recurrir a más créditos para salvarse de la ruina, esto es, de que la quiebra técnica termine por hacerse efectiva.

En la sociedad-mercado que es toda nación capitalista, al contraerse las ventas por la saturación de los mercados y la disminución del poder adquisitivo, hace caer los ingresos bajando las utilidades de las empresas, pasando a ser otro factor que impide la posible recuperación. Pero los empresarios no son quienes más padecen, los trabajadores asalariados sufren más que el resto de los involucrados en el sector productivo capitalista.

Víctima específica de la ocasión vino a ser la empresa cementera Tolteca, la que con el 53% de sus activos endeudados, pretendía cerrar la fábrica, lo que llevó a los trabajadores a una huelga, ante la pérdida de los beneficios que antaño consiguieron: “El 80% de la deuda total de Tolteca corresponde a préstamos externos recibidos principalmente de la Wells Fargo, la International Finance Corp., el Eximbank y el Libra Bank. Sus pérdidas, al tercer trimestre del año pasado, ascendían a 50.8 millones de pesos. [Por igual las demás] En todos los casos, los costos financieros crecieron en proporciones superiores al cien por ciento entre 1982 y 1983. A pesar de que se trasladaron al precio final, no han impedido que éstas 34 empresas se coloquen en una posición de virtual insolvencia”.[29]

Las vicisitudes de Alfa, la empresa emblema del boom petrolero, para fines de 1983 mostraba el ocaso de sus sueños de ser un emporio transnacional, teniendo un adeudo equivalente a 354,771 m de p que representaban el 86.6% del valor de sus activos. Y ya sabemos que se veía obligada a pagar con acciones para solventar su debacle. Teniendo en puerta volver a reciclar el adeudo: “Su plan de restructuración contempla ‘capitalizar’ un monto aproximado de 300 millones de dólares -54,000 millones de pesos- por el equivalente al 30% del capital social de la tenedora”.[30]

Su otra división en el conglomerado regiomontano: Visa, tenía un adeudo por 165,325 m de p, del cual el 89.6% era con acreedores externos, representando el 86.4% de sus activos: “VISA renegocia con sus principales acreedores estadounidenses la ampliación de plazos para pagos de deudas en moneda extranjera equivalentes a 92,529 millones de pesos, que deben saldarse en un plazo no mayor de un año”.[31]

Lo peor del caso venía a ser que el gobierno neoliberal se ponía a modo con los acreedores, haciéndose flexible con las aplicaciones de la Ley Sobre Inversiones Extranjeras, posibilitando que las empresas en apuros permitieran una mayor “participación del capital foráneo en la actividad económica nacional, pero no a partir de la apertura de nuevas plantas y fuentes de empleo, sino de la apropiación parcial de las empresas ya existentes”.[32]

Viniendo a ser la Compañía Minera Autlán en ese tiempo la empresa mexicana con mayor adeudo, equivalente al 97.9% del valor total de sus activos, debiendo 34,300 m de p con un 63% al exterior, es decir, pagaderos en dólares. No estando en mejor condición la Cervecería Moctezuma, con un débito de 65,350 m de p, de los cuales el 77.3% se los cobraban en el exterior; no es de extrañar su futura venta al extranjero. Teniendo por acreedores a bancos tales como el Chase Manhattan Bank, el Bank of America, Bank of Montreal y al Morgan Guaranty.

Por supuesto que la política económica emprendida por la administración tecnocrática neoliberal servía para: “debilitarlas financieramente / La reducción de las ventas, la austeridad en la aplicación del gasto público y la política de deslizamiento del peso han podido más que todas las facilidades fiscales, la contención de los salarios y que el Fideicomiso para la Cobertura de Riesgos Cambiarios (FICORCA), creado por el Banco de México para apoyar la renegociación de la deuda externa privada”.[33]

La trampa de la deuda, el boom del petróleo con su repentina caída y la devaluación del peso, más el alza de las tasas de interés y la espiral inflacionaria, hay que entenderlo, funcionaron a la perfección causando estragos en las empresas nacionales, haciéndolas vulnerables a la penetración del capital extranjero, o a su captura por las grandes empresas nacionales en una relación de auténtico encadenamiento.

Por su parte, muchas medianas y pequeñas empresas quebraban, otras en el darwinismo selvático resisten y se adaptan a nuevas circunstancias generadas por la apertura a los mercados externos, más que compitiendo, subordinándose a la incidente penetración del capital externo.

A diferencia, las grandes empresas acudían al auxilio que les prestaba la Bolsa, en función sustitutiva de la Banca Nacional, la que sería un dechado de inefectividad en espera de reconvertirla. Pues como en toda crisis coyuntural: “Las transnacionales son las que con mayor fortuna libran los tiempos difíciles e, inclusive, los aprovechan para fortalecer su posición en el mercado ante la desaparición de las empresas más débiles. Aunque pierden se mantienen firmes, muchas veces con la ayuda de sus casas matrices o de la banca de sus países de origen”.[34] Y el pez grande se come al chico en la pecera de la Bolsa. Y vénganos el auge y la caída de la Bolsa…

Ah, pero la Banca Nacional sí servía para algo; sí, para multiplicar con generosos intereses los depósitos de las empresas mexicanas que prefieran las ganancias fáciles a invertir en las actividades productivas: “Tienen a plazo fijo 10.6 billones de pesos que les generan intereses por dos billones de pesos, cada dos años…”. Lo que se combina con una continua fuga de capitales, para que: “en solo dos años, las cuentas de mexicanos en el exterior pasaron de 7,040 millones de dólares a 9,540 millones hasta el tercer trimestre de 1983”.[35]

Ocurriendo que transnacionales tales como General Popo, Teleindustrias Ericcson, Chrysler y Texaco de México, teniendo que buena parte de su adeudo correspondía a créditos concedidos por la banca mexicana, no se desfondaban por el apoyo metropolitano.

DÉCADA PERDIDA EN EL PANTANO PETROLERO Y DEL ADEUDO

Y EL DESPERDICIO DE LA BANCA

Si la década de los 80 fue terrible para México, en gran medida se debió a la conjunción de dos factores aciagos que jugaron en su contra: el lacerante endeudamiento en creciente continua, y la caída de los precios del petróleo.

La actitud del gobierno de JLP con respecto a la OPEP fue de un esquirolaje disimulado; con el de MdeM se procuró un acercamiento y un trato diplomático, pero con un mercado saturado de crudo, el precio del barril bajaba y había que perseguir clientes y competir contra los de la OPEP, quienes a su vez competían entre sí, no cumpliendo los convenios tarifarios acordados vendiendo en el mercado alternativo, ‘libre, spot’, en el que los países compradores podían regular los precios en su favor. Hacia 1985 la producción mundial de la OPEP llegaba a ser la mitad de la de 1976, “y seguía disminuyendo”.

Así que México decidía bajar el precio de su barril y aumentar la exportación, desesperado por ganar clientes –o no perderlos. Lo que no sería problema, puesto que su cliente predilecto estaría dispuesto a comprárselo a precio reducido.

Corría el verano de 1985 y había en el mercado un excedente de tres millones de barriles. Y con los ingresos del petróleo a la baja el gobierno mexicano no hacía sino disminuir el gasto público de manera automática. Tiempo en el que México pagaba 12,000 m de d al año por concepto de intereses, considerando pedir prestado otros 1000 mdd

Cierto que para ese año las perniciosas tasas de interés usamericanas se reducían un tanto, pero tan perniciosa era ‘la trampa’ del adeudo que la otra parte del conglomerado del agio anglosajónico, la City, no lo hacía por igual: “Y no se puede olvidar, no se debe, que el gobierno de México ‘logró’ que la tasa de interés que prevaleciera en la mayor parte de nuestros créditos fuera la de Londres”. Y el gobierno podía anunciar que se iba saliendo del endeudamiento porque el PIB crecía, pero no era cierto: “El PIB, con un crecimiento de 3.5% alcanzó los 118,000 millones de dólares (29.5 billones de pesos en 1984), pero la deuda externa llegó en 1984 al 85% del PIB”.[36] Y era el caso, pues, de que las renegociaciones sobre la deuda intentaban aplazar el pago del principal, mientras no se dejaba de seguir cubriendo los intereses puntualmente, y estos solían subir anualmente.

Lo crucial del caso radicaba en que se pagaba con petróleo: “Entregamos un millón 25,000 barriles cada día por ese concepto”.[37]

A mediados de 1985 las condiciones económicas no mostraban mejoría alguna, simple y sencillamente porque dadas las condiciones impuestas en el estricto seguimiento del modelo neoliberal, no tenían cómo mejorar.

En julio de ese año el gobierno procede a devaluar el peso, abaratar el petróleo y a esquilmar a la banca nacional preocupadísimos ante la escasez de divisas porque, ¡oh tremenda calamidad!, podían impedir seguir pagando a tiempo el débito.

El superávit comercial venía siendo en el 85 inferior en un 41.1% al del año pasado; las exportaciones disminuían en un 10.1%, mientras que en la contraparte de la balanza, las importaciones se incrementaban un 38.6%.

Por supuesto, el fondo del balance negativo en las cuentas se debía a la disminución en los ingresos de las exportaciones petroleras, las que disminuyeron un 8.2%, y las no petroleras en un 13.8%, disminuyendo también las reservas de divisas del Banco de México, de 8 130 m de d a 6 930, en semanas en las que se debía pagar casi 13 000 m de p en intereses del adeudo externo.

La solución era consabida, dada la ortodoxia neoliberal con la que actuaba la administración delamadrista y sus muy correctos lacayos del imperialismo, por no decir, secretarios: “agudizar la crisis y redoblar el sacrificio social. La vía: malbaratar el petróleo, devaluar el peso en el mercado libre y dejar sin recursos a la banca nacionalizada, mediante el incremento del encaje legal”.[38] El precio del barril Ismo se reducía en 1.24 dólares, mientras que el Maya lo hacía en 7.7 centavos de dólar, sin tomarse en consideración a la OPEP, cuando que hasta ese momento la administración delamadrista venía actuando relativamente de manera mancomunada, evitando una guerra de precios. Representando una disminución de precio acumulada al año de 2.49 dólares en el Ismo y 2,27 en el Maya, provocando una pérdida de 1 309 m de d.

Y la Banca nacionalizada languidecía, explicándose su ineficiencia por las condiciones en las que le ubicaba las medidas contraccionistas del gobierno neoliberal, al propiciar el alza en un 90% del encaje legal, significando el porcentaje en ingresos que cada banco debía depositar en el Banco Central, quedándose tan solo con un 10% de su captación, por lo que se veían obligados a encarecer el crédito.

“Por otra parte, la determinación oficial de hacer entrar a la banca en el mercado especulativo de divisas, a través de la operación de casas de cambio propias, tuvo su consecuencia prevista: la eliminación del mercado de cambios regulado por el Banco de México, del dólar tipo ‘libre’, con lo que de hecho el peso enfrenta una devaluación cercana al 35%, desde el jueves 11. De 248.27 pesos con que terminó el miércoles, el dólar amaneció al día siguiente en 336 pesos por unidad, paridad que habían fijado previamente los juegos especulativos de las casas de cambios privadas y bancarias”. Lo que equivalía a dejar “en manos de los especuladores ese 20 o 30% de las divisas que tiene desquiciado al mercado”.[39]

De que las mejoras anunciadas no se materializaban a la mitad del sexenio se da cuenta con este dato ilustrativo: “de abril de 1984 a abril de 1985, el salario mínimo se incrementó apenas 55.9%, mientras que en el mismo período la canasta básica subió 224.5%”. Y la banca nacionalizada que debiera ser utilizada para garantizar el desarrollo nacional se veía imposibilitada a funcionar eficazmente, quedando marginada del leitmotiv que imperaba en la administración tecnocrática neoliberal. No fue instrumento para contener la crisis sino que la sumieron en ella.

La banca nacionalizada no logró superar el funcionamiento aburguesado que la caracteriza, no pudiendo convertirse en una banca de apoyo al ciudadano medio al no cumplir su función de otorgar créditos accesibles para impulsar la producción en el campo y en la industria. Difícil se las veían las empresas que intentaban exportar, sin poder pagar los insumos requeridos, cautivos en el círculo vicioso de tener que importar insumos para poder exportar productos con algún valor agregado, y en un ámbito competitivo en el que el desnivel tecnológico no hacía sino acrecentarse. Nulo el financiamiento destinado a la investigación tecnológica.

El ahorro venía cayendo de un año a otro, la cartera vencida de las Sociedades de Crédito se incrementa en un 40%. Aun y cuando con elevadas tasas de interés se pretendía captar el ahorro, su estrategia no funcionaba, y esto debido a que de manera colateral el régimen tecnocrático neoliberal alentaba una banca paralela, ahí y cuando la preferencia por captar dólares y especular, permanecía: “La desconfianza impera: la gente sigue optando por los dólares y la especulación, o bien por invertir en el sistema financiero paralelo que, dicho sea de paso, se dinamiza en proporción al estancamiento de la banca nacionalizada. Un dato ilustrativo: en el primer semestre, la Bolsa de Valores captó cinco billones de pesos, cantidad superior en 25.47% a todo lo obtenido en 1984”.[40] Los instrumentos bursátiles promovidos por el propio Estado se hacían más apetecibles (CETES y Petrobonos, principalmente), aumentando su empleo en un 100%.

¿Cómo podía competir la Banca atrasada y afeada con los más modernos, atractivos y más lucrativos procedimientos bursátiles? A sabiendas de que tan sólo el 10% de sus entradas las podía emplear para destinarlas al crédito ante tan elevado encaje legal impuesto, no alcanzando a solventar las más elementales necesidades de crédito para la planta productiva, haciendo del crédito un préstamo elitista: “Es decir, la gran industria. La pequeña y mediana, agobiadas por la crisis, sin recursos, no soportan tasas de interés de hasta 90% por un crédito que, además les llega lento y condicionado”.[41]

Ni siquiera se denotaba una actitud de servicio público en una banca que al nacionalizarse debería promover un trato acorde con los intereses del pequeño y mediano empresariado, así como del ciudadano común, ya no se diga de llevar el crédito al campo. Pero no, se seguían cobrando comisiones por servicios prestados a pesar de que la nueva reglamentación expresamente lo prohibía, así como se concedían estímulos a las tarjetas de crédito, otorgadas de manera preferencial a clientes con ‘probada solvencia económica’, tarjetas de crédito ejecutivas, para ‘mexicanos de primera’.

Las tasas de interés de entrada y salida, por captar dinero y por prestarlo, presentaban una diferencia del 20% a favor del ‘riesgo bancario’. Por supuesto, la Banca nacionalizada seguía siendo un negocio de la burguesía adinerada que no servía para mejorar la infraestructura o cosa alguna válida para el desarrollo desde abajo.

En un entorno generalizado de capitalismo desenfrenado, la banca nacionalizada fungía como patito feo de un sistema entregado al gran capital. Presentando las mismas tenencias de cuando era (¿era?) un emporio privado, (qué lo volvería a ser a la mayor urgencia, y en eso estaba empeñada la administración delamadrista). Y para comprobar su recurrencia preferente por el sector élite, se seguía desperdiciando en publicidad televisiva una millonada: “Televisa recibió de once bancos nacionalizados 3,010 millones de pesos por pago adelantado para publicidad de 1985”.[42]

(La Banca como Pemex serían empleados por los gobiernos neoliberales como arca a sacrificar y vaca a explotar a destajo para sostener los ingresos del gobierno, aunque de la Banca se desprenderían, retornándola a su ‘legítimos dueños’, neo banqueros que a su vez la traspasarían a extranjeros, ¡Todo un logro del México neoliberal!).

No había modificación substantiva alguna, pero lo sustantivo del caso en cuanto a la ineficiencia bancaria radicaba en el apoyo a la banca paralela, lo que se evidencia en el hecho de que los empresarios activos, tales como “los industriales agrupados en Canacintra, optan por recurrir a la Bolsa Mexicana de Valores, toda vez que la banca apenas les ha aportado –hasta julio- 50% de lo solicitado”.[43]

Ese era el caso, se prefería a la Bolsa por sobre la Banca; la Bolsa tenía el glamur perdido por la Banca nacionalizada, que el manejo de los grandes capitales es cosa de barones de dinero, pero habría de reconocerse que estos son tiburones operando en sus peceras….

DÁNDOLE CUERDA A LA DEUDA E(X)TERNA

Para fines del sexenio de JLP los efectos de las disposiciones de la bancada interventora transnacional se hacían sentir con la concentración de la riqueza en una cada vez más reducida minoría burguesa. Estando de por medio la negación permanente de no efectuar una reforma fiscal equitativa, motivo por el cual los ingresos fiscales del gobierno federal, hacia 1981 “sólo cubrieron el 62.3% de sus gastos, y el impuesto sobre la renta únicamente representó el 23.2% de tales gastos. No es extraño entonces que en los años de auge, la proporción de dicho impuesto en el total de los ingresos tributarios bajara de 39.4% a 35.3%, y que el déficit presupuestal del gobierno creciera de 250 mil en 1980, a más de 825 mil millones en 1981 y probablemente a cerca de un billón de pesos en 1982”.[44]

Había déficit en las empresas privadas y en la administración gubernamental, estimulado por una política inflacionaria con costosos subsidios, crédito excesivo y gasto improductivo: “Para ilustrar todo esto bastaría recordar que la tasa anual de inflación, que en 1980 y 81 se aproximó al 30%, en 1982 –hasta octubre- pasó de 83%; que entre 1977 y 1981 la circulación monetaria se elevó de menos de 196 mil a más de 612 mil millones de pesos; que tan sólo los seis más grandes bancos privados obtuvieron en 1981 una utilidad conjunta de 11 222 millones; que en el cuatrienio del auge las obligaciones en dólares del sistema bancario se dispararon de 18 650 a 48 623 millones y que, en esos propios años, el gobierno federal otorgó principalmente a la industria y al comercio, subsidios por  43 mil millones de pesos”.[45]

Todo auspiciado por los ingresos petrolíferos, los que por demás tendían a inflar el gasto suntuario en el boom ciego y a fugarse a carretadas, habiendo un déficit comercial por pagos a transnacionales que sacaban los petrodólares. Momentos en los que la libertad cambiaria era garantía de saqueo.

Para ese entonces la deuda crecía a más de 82 mil millones de dólares y las finanzas nacionales se ponían en manos del FMI, esto es, quedan en manos del cártel imperialista, por algo sería que el decreto expropiatorio de la Banca no afectó al banco consentido, el único a ese entonces incluido del extranjero, el Citibank.

Con los ‘chicago boys’ las recetas friedmaníacas comenzaron a aplicarse, cuyo signo revela la superficialidad de la teoría monetarista, la que se concentra en atacar a la inflación, suponiendo que el problema es un desajuste financiero, un mero fenómeno monetario. Procediéndose a reducir el gasto público para aliviar el déficit fiscal y a controlar la oferta monetaria y crediticia, sin dejar de favorecer a los acaparadores nacionales y extranjeros, actuando con el imperativo de reducir la intervención estatal y el gasto público en tanto se privatizaban las empresas del Estado; complementándose con el control –disminución- de los salarios y el sometimiento de los trabajadores a jornadas más intensas, garantía de la plusvalía, para que los más graves problemas se resuelvan adecuadamente: “Tal diagnóstico convierte los efectos en causas”. Fenómenos súper estructurales que no quieren advertir las causas infraestructurales y como tales de fondo, inmersas en los procedimientos capitalistas.

Cuando que en realidad, la política económica monetarista lo que procura es hacer más atractiva la inversión para los empresarios implicando una mayor explotación de los trabajadores y las facilidades otorgadas al gran capital para consolidar sus ganancias. Lo que venía a ser el expediente favorito para resolver las crisis recurrentes, así impuesto desde el Chile de Pinochet y secundado por la Thatcher y Reagan, cuando que en realidad, desde su inicio se detectaba la imposibilidad de “devolver al capitalismo el vigor de antaño y reactivar su economía, así se cuente con el refuerzo de enormes presupuestos militares y de muchos gastos improductivos, cuyo efecto multiplicador sobre la inversión, el ingreso y el empleo es cada vez menor”.[46] Ni keynesianismo ni monetarismo pueden ya rescatar al capitalismo de su progresiva debacle.

La economía trastornada, tornada en cremata a favor de una casta monetarista, llegados para quedarse hasta el fin del capitalismo, aplicada en México por los tecnócratas hasta un próximo estallido de la bomba de tiempo en que está convertida la economía mexicana.

Habiéndose padecido una lastimosa recesión en 1982-83 que afectó los ingresos de la mayoría de la población, aunado a la disminución del gasto público, viéndose afectadas las condiciones infraestructurales y los servicios públicos, lo que ocurre a costa de reducir el déficit financiero del 18% en 82, al 8.5% en el 83; mismo período en el que las importaciones disminuyen drásticamente ante la devaluación del peso, propiciándose un superávit comercial de 33.05%. Tal superávit se presentaba como una condición sine qua non para cubrir el servicio de la deuda externa.

La inflación se reducía pero seguía siendo muy alta y en tales condiciones cubrir el servicio de la deuda resultaba imposible. Los sucesivos préstamos onerosos, convertidos en sumatoria de deuda, llegaban a cifras impagables, dado su corto plazo de vencimiento precipitado. Así lo reconocía el propio Secretario de Hacienda, ni con un amplio superávit comercial era posible cubrir el servicio de la deuda, haciéndose necesario reprogramar a un más largo plazo. Sí, pero la deuda no dejaría de acrecentarse. Que “entre 1982 y 1984 México trasladó por concepto del servicio de la deuda externa, recursos netos por 46 mil millones de dólares”.[47]

Tibios intentos se hicieron por parte de los países deudores latinoamericanos tratando de contrarrestar la imposición que el capital imperialista realizaba al imponer la Deuda. Club de acreedores sí, club de deudores no. Debían de prevalecer los tratos bilaterales entre Banca y país deudor. Cuando que la Banca internacional era un conglomerado de acreedores, el ‘Club de París’.

Así en concreto, en las nuevas negociaciones con el FMI realizadas hacia 1984 en procura de conseguir reprogramar los pagos a un plazo más largo, eran tantas las ventajas y los beneficios otorgados a favor del holding de acreedores que podían hacer concesiones menores sin dejar de incrementar ganancias por cobro de intereses y de amortizaciones. Así es como la deuda se ‘eterniza’ y resulta sumamente lucrativa para el acreedor, cuan onerosa para el prestatario, llegándose a pagar con creces el adeudo originalmente concertado.

Como le conviene al club de acreedores, las tasas de interés no se reducen, los deudores no pueden limitar los pagos del servicio a una porción de sus exportaciones, teniendo como imperativo marcado el evitar a toda costa la suspensión de pagos. ‘Si les aprieta mucho los pagos, les reducimos un tanto las comisiones, les cambiamos la tasa de interés de la Prima Rater por la Libor, y se les concede el canje de un porcentaje insignificante de créditos concertados en dólares a otras monedas’, pero el imperativo radica en que: ¡Sigan pagando!

… Y A SEGUIR PAGANDO LA DEUDA Y MALBARATANDO EL PETRÓLEO

Y había que seguir, faltaba más, ¡qué!, pagando el adeudo. El acuerdo concertado en 1984 y efectivizado en el 85: “cubrió 48 500 millones de dólares, que representaban la totalidad de la deuda pública concertada con la banca comercial e incluía la reprogramación de los montos renegociados en 1983 y del préstamo sindicado de 5 mil millones conseguido ese año”. Ah, pero claro, “Se consiguió un nuevo préstamo por 3 800 millones de dólares de la banca internacional”. Apremiante era el propósito de reducir el porcentaje del PIB empleado en el pago, lo que debería ocurrir hacia 1990.

Aquello se festinó como un ligero alivio de deuda, tan solo porque las amortizaciones se extendían en plazo, empero: “El servicio total representó en 1985 el 42.5 por ciento de los ingresos en cuenta corriente, contra el 50.5 por ciento registrado en 1983. El sólo pago de los intereses absorbió en 1985 el 33.1 por ciento de dichos ingresos contra el 34.9 por ciento en 1983”.[48]

Y los efectos nocivos en la economía eran evidentes, que en el 82-83 el país decreció 5.8%, y la ‘recuperación’ del 84 marca la tendencia de un crecimiento aminorado con inflación galopante.

La intención de los acreedores por hacer de la Deuda de los países tercermundistas el gran negocio lucrativo del monetarismo imperialista cual transferencia de riqueza neta, semejante a un tributo, no se advierte sino que se disimula con el cinismo característico de los capitostes.

De esa manera el vicepresidente del Citibank recomendaba amablemente la recesión como fórmula para pagar la deuda, sin reparar en el quebranto así generado para los más desfavorecidos. “Lo que van a hacer los países con problemas de liquidez es lo que han hecho a lo largo de la historia. Van a hacer más lentas sus importaciones de productos que necesiten menos y llegado el caso van a tomar el riesgo político de amputar programas internos bien recibidos por la población. Ellos van a adoptar medidas de austeridad que reducirán el déficit, los subsidios y la inflación, medidas que van a comenzar a esponjar la deuda vieja y les van a permitir endeudarse de nuevo”.[49] Esto se llama saqueó con conocimiento de causa. Las economías tercermundistas desangradas por el Gran Capital usurario. Aquello era (es) de un cinismo despiadado. Cinismo de quien se beneficia lucrando a costillas de pueblos que ven reducir su nivel de vida para pagar una deuda inhumana, apareciendo para marcar la tendencia a seguirse durante toda esta nociva etapa neoliberal. Pueblos y recursos naturales sacrificados a la voracidad bestial del capital.

La administración de tecnócratas neoliberales mexicanos caídos en la trampa asentía lo que los imperialistas consideraban. ‘Sí, gracias a los ajustes la evolución de la economía mexicana muestra mejorías sustanciales, habrá que profundizar en los ajustes’. Lo que es igual a decir; México a merced del Fondo Monetario Imperialista.

Claro que el terremoto y de nuevo la baja del precio del petróleo dieron al traste con la ‘recuperación’ en el 86; cuando que el ‘remedio’ neoliberal en realidad provoca una mayor recesión económica: la inflación se reactiva junto a la subida de las tasas de interés internas, y a todo esto, la banca nacionalizada no aportaba gran cosa para ayudar a cubrir los déficit, que la captación de la banca era precaria, lo que a su vez repercutía en un deterioro del superávit comercial y en una mayor fuga de capitales al exterior con un deslizamiento mayor del peso respecto al dólar.[50] Devaluación e inflación crónicas se tornaba secuencia característica de esta sucesión de crisis generadas por el agio del sector rentista, pasando el quebranto del sector dinerario a la economía real, reduciendo el crecimiento productivo, cayéndose en recesiones más intensas.

Las economías entran en una etapa declinante en cuanto al desarrollo productivo y en lo que se refiere al impulso y progreso tecno-científico, dejando de ser un factor de desarrollo autentico, cualitativo. El capital estorba y se cierra sobre sí mismo en su concha petrolífera.

La petrolización de la economía se evidenciaba, la baja en los precios del crudo equivalió a 6 puntos porcentuales del PIB y en 1986 el PIB descendió un 4%.

Y si la crisis se agrava hay que profundizar los ajustes, lo que significa proceder a un mayor deslizamiento del tipo de cambio, elevación de las tasas de interés, elevar las tarifas del sector público, acelerar la apertura de la economía y el impulso del sector exportador… Así como entablar una nueva negociación con los acreedores.

Y a renegociar la deuda se ha dicho, que de eso se trata la imposición neoliberal que el Norte ejerce sobre el Sur. Política económica dictada por la troika neoliberal que ha sido todo un éxito para conseguir la concentración monetaria en la Banca nor-atlántica, primer episodio del dominio bancocrático efectuado por banksters con el que asolan al mundo, pasando de esquilmar al Tercer Mundo a esquilar a los países del Sur Mediterráneo. Viéndose desfavorecidas las economías nacionales y por tanto las clases bajas.

PLAN BAKER Y LA RENUNCIA DE JESÚS SILVA HERZOG (JSH)

El famoso ‘Plan Baker’ concebido en octubre de 1985 a propuesta del entonces Secretario del Tesoro, revela la fórmula agiotista que representa el neoliberalismo como política económica impuesta a favor de los banksters. Resultando ser un plan con maña: El Plan proponía, Primero) que en los países deudores se debía generar una creciente confianza en el sector privado en detrimento de la confianza concedida al gobierno, para así “incrementar el empleo, la producción y la eficiencia”. Segundo) ‘Acciones del lado de la oferta ‘para movilizar los ahorros domésticos y facilitar la inversión tanto doméstica como extranjera’ (…) Tercero) ‘Medidas de apertura del mercado para alentar a la inversión directa extranjera y los flujos de capital, así como liberalizar el comercio, incluyendo la reducción de los subsidios a la exportación”.[51] Haciéndose evidente que el Plan de ‘ayuda’ en realidad marcaba los imperativos favorables al capital privado transnacional.

Como ayuda a la deuda el mentado Plan solo representaba un paliativo: “Los recursos adicionales propuestos no eliminaban la transferencia neta de recursos y no creaban, por tanto, condiciones propicias para revertir la situación de estancamiento en que se encuentran la mayoría de las naciones endeudadas. El Plan condicionaba los recursos a la aplicación de una política económica de corte neoliberal favorable a los intereses del capital transnacional y contenía una amenaza explícita a los países que decidieran aplicar medidas unilaterales en el tratamiento de la deuda”.[52]

La realidad era de que: o se pagaba, o se crecía. En enero de 1986 Jesús Silva Herzog criticaba el Plan Baker, aludiendo que al aplicarlo se podría continuar pagando el servicio de la deuda pero no se lograba crecer: “y sin crecimiento el problema de la deuda no se desvanecerá”. Por supuesto que no, pero la prioridad impuesta por los capitalistas imperialistas era lo primero: la absorción del tributo monetario.

De cuatro meses atrás a la fecha de la renuncia, 14 de junio de 1986, JSH venía abogando por lograr un nuevo acuerdo con las entidades acreedoras, mismo propósito que lo fue distanciando del Presidente y de sus colegas en el gabinete administrativo.

En realidad se trataba de un tibio intento que se ‘atrevía’ a pedir condiciones más ‘flexibles’ para renegociar la deuda, y si acaso conseguir una actitud más blanda por parte de los principales acreedores y en especial del FMI, todo en aras de…, seguir pagando la deuda.

Era aquello el cuento de nunca acabar, de estar desenvolviéndose en círculos, dando vueltas en el círculo vicioso de pedir prestado para pagar lo devengado con atraso mientras el adeudo total seguía creciendo. Cuando que los precios del petróleo se desploman, una vez más, a principios de aquél año; una baja en el precio a más de la cuenta que se había calculado en el presupuesto anual, no queriendo que bajara más de 2 o 3 dólares, pero ya en junio iba para menos 10 dólares, así que los ingresos en la moneda de pago disminuían y la urgencia financiera frisaba entre 8,000 y 10,000 m de d, muy por arriba de los 4 000 estimados al inicio del año.

Y no había de donde compensar, sin ingresos suficientes por exportaciones no se podía cubrir el servicio de la deuda correspondiente a 1986; por supuesto que las exportaciones no petroleras resultaban insignificantes en su monto y no ayudaban a saldar la elevada suma. La solución consabida: para seguir pagando los intereses del adeudo, había que seguir pidiendo prestado.

Así pues, hacia junio de aquel año se evidencia que el país no puede pagar ni siquiera los intereses devengados. ¿Moratoria?, de ninguna manera. Pero con sólo insinuarlo los agiotistas internacionales tiemblan.

Tan se asustaron los acreedores ante una segunda moratoria mexicana allá en Washington y en New York, que el mismísimo presidente en turno de la Reserva Federal, Paul Volker, realizó un viaje a México para convencer a las autoridades de que tal procedimiento era innecesario. Los reaganomics estaban dispuestos a ayudar al país para que saliera del estancamiento.

A diferencia de Miguel de la Madrid y de Carlos Salinas, cuando menos Silva Herzog optó ante el apuro por presentar una actitud más firme ante los acreedores, peticionando esa mayor ‘flexibilidad’ de su parte, casi, casi un eufemismo por no decir, disminución en la tasa de intereses, por no atreverse a exigir una quita en el principal, ante el apuro y la afectación económica a la Nación.

Pero el Presidente no hacía causa común y se comportaba como un intransigente y cumplido pagador por sobre consideración alguna de la afectación evidente en la sociedad; cual si fuera una deuda de honor el compromiso. Cuando que en realidad la deuda la había generado de manera maliciosa los principales prestamistas a sabiendas que mañosamente se iría incrementando sin que los endeudados tuvieran capacidad de pago para cubrirla en un corto plazo. De sus excedentes monetarios se constituye la base de préstamos ofrecidos de la manera más generosa e insistente a los países del Tercer Mundo, montando la trampa que se activa con el sucesivo incremento de las tasas de interés. Y para colmo, la manipulación del mercado de hidrocarburos deja en franca desventaja a un México que, como hemos visto, se le orientó a endeudarse para instaurar su infraestructura de exportación de crudo. Así pues, la deuda se convierte en un tributo monetario, por el cual las instituciones financieras metropolitanas compensaban la caída sistemática de sus ganancias.

En enero del 86, Silva Herzog en Londres expresó a los acreedores verdades con sordina referentes a las enormes dificultades que representaba para México el seguir al corriente del servicio del adeudo, cuando el precio del petróleo recién caía, amagando con una posible moratoria. Qué el Plan Baker era insuficiente era poco decir, pero en la condición de deudor aislado y sometido a la reglamentación del agio internacional que la Troika establece, se negociaba en desventaja, como vencidos o acusados; pero ni por enfrente le pasaba a JSH considerar y plantearles a los ‘honorables acreedores’ el formar el ‘club de deudores’ con los demás países de América Latina también afectados por el agio monetarista imperialista. En bloque los deudores se defenderían mejor, como un cardumen de pececitos que se unen para evitar ser devorados por el tiburón, por ello, precisamente, el club de acreedores lo tenía estrictamente prohibido. Y no era el México de MdeM el indicado para encabezar un acuerdo entre deudores del Sur, incapacitado por su entreguismo a romper la relación de sumisión en la que había caído el gobierno de México.

Cuando menos en Londres JSH se atrevió a decir que la deuda se tornaba calamitosa para la economía mexicana, pidiendo corresponsabilidad a los acreedores y reclamando cambios: “El alivio en las tasas de interés, alivio regulatorio, el suficiente crédito nuevo, el acceso a precios remunerativos en nuestras exportaciones, ahora ya no son cosas solamente deseables: se han convertido en una precondición para una eficiente solución sin confrontación a la crisis de la deuda”.[53] Muy formalmente y someramente tocando la petición de fondo que se debería hacer: Facilidades de pago o moratoria.

El club de acreedores hizo caso omiso del aviso peticionario, olímpicamente desconocieron la gravedad del problema y siguieron proponiendo las leoninas condiciones de pago, el Tributo para mejorar su Negocio. Ni el Secretario de Estado, Georges Shultz, ni el del Tesoro, James Baker, ni el presidente de la Junta de la Reserva Federal, ni los directores del Banco Mundial, Alden W. Clausen, ni el del Fondo Monetario Imperialista (por sus auténticas siglas en español), Jacques de Larosiere, mostraron el menor signo de aminorar la carga tributaria. Pero para que no se agüitara la parte deudora enviaron a Paul; a promover renegociaciones, argumentando que con reactivar las medidas de ajuste que se venían aplicando la situación mejoraría. Sí como no. Un absurdo solo cierto en el país de al revés.

Y obediente el gobierno de Miguelito procede a acatar las órdenes. Así en abril: “Se recortaron 500 m de p del presupuesto, se retiraron 200,000 millones al subsidio a la tortilla, se establecieron reformas fiscales para recuperar 300,000 millones de pesos en ingresos fiscales, se autorizó la reapertura de cuentas en dólares, se incrementaron precios y tarifas públicos, se redujeron subsidios al consumo de bienes básicos y continúa la desincorporación de empresas del sector público”.[54] Qué más se podía pedir, todo acatado al pie de la letra de las exigencias del acreedor, es decir, del imperialismo monetarista que de esa manera insidia en México cincelando su giro económico hacia el neoliberalismo.

Pero tales medidas de ‘ajuste’ siempre resultan insuficientes, por lo que al año siguiente hay que implementar otras semejantes. Fue entonces que JSH trató de establecer una negociación con mayor dureza por la parte ofendida, pero sin atreverse a romper con el FMI, simplemente tratando de evitar su aval financiero para la obtención de los nuevos empréstitos. Obteniendo por respuesta mayor dureza en la contraparte. Puesto que el Fondo intentaba acrecentar la incidencia del acreedor, proyectando en los nuevos tratos que fuera la parte otorgante la que determinara los requerimientos financieros que México debería solicitar.

Qué moviéndose en el círculo vicioso de préstamos sucesivos para poder cubrir los intereses sumados al año y nada del principal se garantizaba el reciclaje a futuro, sobredeterminándose la economía así sumisa del país deudor, con opción a proceder a ir reestructurando las bases institucionales del Estado, intervenido en pro de implantar el dominio del sector privado interno y de los capitales imperialistas provenientes del Septentrión.

Sin unidad interna y sin decisión de conformar un club de deudores para enfrentar al club de acreedores, como lo que es, un club de agiotistas imperialistas, México estaba (y seguirá estando) condenado a seguir pagando a costa de debilitar su economía.

Y al interior del país la actuación de JSH era criticada y se cuestionaba con severidad su desempeño, no quedando bien ni con Dios ni con el Diablo. Medias tasas, ni crítico ni neoliberal ortodoxo: “héroe o villano: promotor y opositor de la moratoria, ortodoxo y heterodoxo económico, impulsor del desarrollo y entusiasta de la recesión, funcionario indispensable y prescindible, pilar y enemigo del sistema financiero internacional, idóneo e inadecuado aspirante a la presidencia de la República… en suma, aparece un Silva Herzog contradictorio, que en el exterior era progresista y en el interior conservador”.[55] Por qué sería, por la sobre determinación que emanaba del Imperio hacia dentro; cualquier liberal es de izquierda en los parámetros espectrográficos de la derecha ultra imperialista, pero adentro, los neoliberales son la extrema derecha de países colonizados que requieren liberarse del status quo capitalista interno, algo  imposible si no se produce la liberación afuera, con la caída del Imperio Capitalista, a efectuarse en las próximas décadas.

Se le cuestionaba el no presentar informes claros en los que se explicitaran las condiciones de los diversos renglones implicados en los acuerdos recientes. Presentándose desacuerdos en las cifras manejadas por el Presidente y el Secretario, haciéndose evidente la falta de coordinación, y peor aún, de cooperación, por parte de la Secretaría de Programación y Presupuesto.

Qué Carlos Salinas se oponía a un plan de estabilidad heterodoxo, ‘primero había que resolver las necesidades de ajuste a la economía’. La ortodoxia neoliberal químicamente pura. El propio Silva Herzog develaba la actitud de Salinas: lo “Acusaba, en particular, aunque nunca públicamente, a Carlos Salinas de Gortari de que estuviera más preocupado por la carrera presidencial –para lo cual el deterioro de la imagen de Silva lo favorecía- que caminar a su lado en la búsqueda de una solución real a la crisis”.[56]  Y ese era el caso.

Hasta ese entonces la principal ‘solución’ al adeudo no era una solución, desde la perspectiva del ortodoxo neoliberal que venía a ser Carlos Salinas, el recortar a destajo puestos públicos era una ‘solución’. Salinas estaba por el acuerdo con el FMI en las condiciones que tal institución fijara, pero como a él no le correspondía lidiar con los del club de acreedores, resultaba favorecido al no verse en dificultades que desgastaran su imagen.

Silva Herzog es retirado del cargo “aduciéndose que no seguía las instrucciones presidenciales y entorpecía las negociaciones”.[57]

De cierto que la renuncia incondicional presentada por JSH terminó por favorecer a la línea más ortodoxamente entreguista del gobierno delamadrista, la que encabezaba el Secretario de Programación. Y el reemplazante en Hacienda, Gustavo Petricioli, venía a ser un sujeto ad hoc para continuar dándole cuerda al adeudo al unísono de ser apto para  seguir cimentando la política económica neoliberal, tal y cual lo habría de hacer con la Bolsa mexicana….

Y vuelta a la tuerca, se concierta un nuevo acuerdo para seguir pagando con facilidades; tal y como la ingeniería del agio que diseña el Fondo Monetario Imperialista puede lograr, negociación tras negociación, con un objetivismo que no los compromete en las desastrosas consecuencias causadas al deudor.

Deuda que en la medida en que se prolonga se acrecienta. Deuda externa igual a deuda eterna mientras el capitalismo de Wall Street y la City siga imperante.

Para generarse la sensación de alivio a la deuda se crea el PAC (Programa de Aliento y Crecimiento), por el cual, con el asentimiento del nuevo Secretario de Hacienda, la administración mexicana se ponía a tono con la estrategia delineada por el Plan Baker: “…, a partir de ese momento era claro que México aceptaba las reglas del juego establecidas por el gobierno norteamericano: más deuda para seguir manteniendo la solvencia financiera de los bancos, sin perspectivas claras respecto a las posibilidades de reanudar el crecimiento, ya no digamos un auténtico proceso de desarrollo económico”.[58]

México se convertía en el país más fielmente pagador de deuda en el mundo, más fielmente aparcado al FMI, y los tecnócratas se regodeaban en el Congreso, congratulándose por los renovados acuerdos y las concesiones otorgadas por el Fondo Monetario Imperialista. Y el círculo vicioso se retro-proyectaba con más préstamos y más deuda, ahora concedida por el Banco Internacional de Pagos (BIP). Para que diversificando la deuda pareciera que se debía menos, sumatorias aparte. Corría el mes de agosto de 1986 cuando el BIP se dignó conceder 1 600 millones de dólares…, para que México siguiera pagando.

Y no estábamos solos en nuestra desgracia, también el Banco Mundial se acomedía uniéndose al carrusel de la Troika para conceder 2 300 m de d a emplearse preferentemente en garantizar el cambio estructural, promocionado la exportación de maquila manufacturera. Por supuesto, las tasas de interés siguen asignándose al gusto del acreedor: un spread de 13/16 Libor. “Esta tasa está muy cerca de la que ellos habían solicitado a la entrada: 14/16. Esto representa una ganancia suplementaria no despreciable a repartirse entre los casi quinientos establecimientos acreedores”.[59]

Los reganomics se empeñaban en llamarle a aquello ‘crecimiento sostenido’, apuntalando la economía de libre mercado, cuando que en realidad estaba clarísimo hacia donde conducía tal encaminamiento: a endeudar al país para someterlo a cambios radicales en procura de implantar un sistema productivo orientado a las exportaciones en detrimento del mercado interno y de la planta productiva nacional.

La trampa de la deuda operada por los acreedores imperiales les permitía asimismo ir moldeando la política económica a implementarse en México, que para conceder más préstamos exigían se profundizaran las ‘reformas estructurales’. Reforma económica impuesta y sobre-determinada por el chantaje de la deuda. Particularmente el FMI se destacaba por su actitud intransigente y condicionante, el gobierno mexicano debería aplicar medidas más drásticas para merecer más préstamos, tales como reducir todavía más los salarios, disminuir el consumo y la inversión. Esto es, joder al trabajador asalariado y joder la productividad, algo terrible para un país en supuesto proceso de desarrollo.

Obvio que el directo responsable del México subordinado al Fondo Monetario Imperialista venía a ser el presidente Miguel de la Madrid Hurtado, tal y como lo hacía ver Heberto Castillo del Partido Mexicano del Trabajo, (PMT) y Ramón Sosamontes del Partido Socialista Unificado de México (PSUM), quienes recordaban por esos días “que el primer mandatario aceptó recientemente, que debemos seguir pagando la deuda, es decir, ‘seguir sirviendo y ser obedientes con la banca internacional, además de continuar con la reprivatización de la economía. Los miembros del gabinete económico hacen lo que se les ordena y están rodeados de asesores ineptos”. ¿Serían ‘chicago boys’?[60] ¡Ah, las ventajas de haberse doctorado en Harvard o en Yale para entender el mundo y ser un eficiente colaborador en el desarrollo globalizador! Esa era la clave de la congraciada sumisión, que a fin de cuentas también se estaba beneficiando la alta burguesía del Virreinato.

¡Ah!, pero no olvidar que el beneficio conseguido con la renuncia radicó en que con Petricioli el FMI acede de inmediato a avalar un nuevo préstamo por 6 000 m de d a ser entregados en año y medio, siempre y cuando, por supuesto, no lo olviden, se aplicara un nuevo recorte al gasto público, y –¿quién podría sorprenderse ya a esas alturas del Negocio tributario?- a sabiendas de que esa cantidad tan solo serviría para cubrir los compromisos ya adquiridos que se venían encima, léase, ‘el pago de intereses atrasados y por venir’: “Heberto Castillo aseguró que es un hecho que ‘ no podemos comprar más productos básicos al extranjero, mismos que aunque se oculte son necesarios’. Al respecto Claudio X González, presidente del Consejo Coordinador Empresarial (CCE), mantuvo una ilusión: ‘El endeudamiento es vital para la reordenación económica y el cambio estructural. Es necesario un crédito puente, por lo que hay que avanzar en la negociación y evitar enfrentamientos’”. Quedando marcadas las actitudes respectivas de los sectores económico-políticos del país en lo concerniente al adeudo, la de un miembro de la oposición de auténtica izquierda, y la de un encumbrado empresario miembro de la cúpula capitalista y cercano a los tecnócratas. ¿Quién se favorecía y quién se desfavorecía ante la sumisión a la banca internacional? Obvius.

Si bien es cierto que los empresarios medios, comprometidos con la producción, de la Canacintra, por su parte planteaban: “’la necesidad de modificar el tratamiento de la deuda’ que se ha seguido hasta ahora. Fue una proposición radical y de excepción del sector privado. Argumentó que no es posible que se pague más de intereses que el monto de los créditos recibidos. De 1980 a 1985, el país pagó 72,732 millones de dólares y recibió créditos por 59,200 millones. ‘Es urgente que se renegocie la deuda y se contraten nuevos créditos que se empleen en la planta productiva y no para cubrir el servicio de nuestros pasivos’, afirmó Juan Moreno Sada, presidente de la Canacintra”.[61] Quedando así delineada una propuesta de centro, muy digna de ser tomada en cuenta; pero no, el gobierno de tecnócratas seguía empecinado con pagar y pagar, como buenos tecnócratas adiestrados en las propias universidades usamericanas. Ya lo sabemos.

Para un analista suspicaz al momento mismo de aquellos enroques en el gabinete no escapaba el que se proyectaba la sombra de un ganador hacia el futuro, y este no podía ser otro sino el Secretario de Programación y Presupuesto.[62] Mismo que se entendía de mejor manera con el nuevo Secretario de Hacienda. Y de allí en caballo de hacienda pal’ real, es decir, rumbo a Los Pinos.

OCTUBRE DE 1987: EL CRACK DE LA BOLSA

La Bolsa Mexicana de Valores (sic) fue privilegiada desde el gobierno delamadrista con el propósito expreso de otorgarles a los barones del dinero una institución pecuniaria avanzada, con la que fueran compensando la pérdida de la Banca. Compensando y superando los dividendos obtenidos, dado que la Bolsa en el mercado-mundo-capitalista comenzaba a conocer su apogeo, debido a ser un instrumento financiero más sofisticado y apto en el manejo del capital-dinero, cuando las políticas económicas de corte monetarista van a ir estimulando la especulación, en compensación de la caída del crecimiento o ganancia industrial, la ganancia fácil resulta más atractiva en una etapa de desquiciamiento capitalista.

En México, el gobierno del cambio le otorgó a la Bolsa concesiones y privilegios especiales en detrimento de la Banca: “exención de impuestos, legislación ex profeso para ampliar sus redes y alejar a la banca de toda participación en la intermediación bursátil, facultades para ser copropietarias de empresas industriales, apoyos sin fin para promover su expansión y facilidades para irrumpir en áreas que sólo competen a los bancos”.

El gobierno creaba una Casa de Pluto otorgando toda clase de facilidades y solapando “las anomalías que con frecuencia cada vez mayor se suscitan aquí. Y hace poco por vigilar ese mercado especulativo, que con rendimientos promedio de 630% en los primeros nueve meses del año –con una pírrica aportación al aparato productivo-, ha sido la sensación en los círculos financieros internacionales”.[63]

Certero informe que daba cuenta de que tras de la salida de JSH de la Secretaría de Hacienda, su suplente, Gustavo Petricioli, vino a ser el artífice del desarrollo de la Bolsa en México, cual sujeto adecuado en el momento preciso, ubicado en el gobierno para impulsar el crecimiento de los agentes financieros no bancarios.

Siendo un experto en la materia, propositor de un estudio sobre instrumentos bursátiles, ex presidente de la Comisión Nacional de Valores, no era un advenedizo improvisado, sino un estudioso formado para realizar el trabajo en el momento oportuno, haciendo “posible a partir de su ingreso en la Secretaría de Hacienda, que la Bolsa de Valores viviera auges insospechados, combinando medidas de política económica con factores externos”.[64]

Habiendo sido espectacular el auge en la Bolsa desde fines de 1986 y sobre todo durante los primeros meses del 87, pues en ese lapso el índice de precios y cotizaciones se incrementó de 45,000 puntos a 387 mil. Desde antes del quinto informe de gobierno, los movimientos en la Bolsa evidenciaron la tendencia a hacer crecer los caudales bursátiles, cuando Nacional Financiera (Nafinsa) coloca acciones de su Fondo de Inversiones por 50,000 m de p, generando en tan solo tres días ganancias de 11.4%. “Es decir, hubo una deliberada oferta bursátil para mover el mercado al alza”.[65] Pretextándose que la Bolsa crecía en resultas de la confianza tenida en el desempeño de la administración delamadrista (sic).

La mano negra de la política económica implementada por el gobierno tecnocrático se advierte en el objetivo procurado, como una parte fundamental de un giro hacia una política de corte crematista a favor de los capitalistas: “lo cierto es que el gobierno se planteó el objetivo de centralizar el capital en el sector privado vía las casas de bolsa, para lograr otro tipo de crecimiento económico sustentado en la lógica empresarial, es decir, en las leyes del mercado y ya no en la inversión pública…. ‘Ese objetivo se encuentra en el Programa Nacional de Financiamiento del Desarrollo. Contempla inclusive, la participación de la banca nacionalizada en el apuntalamiento de las casas de bolsa. Sobre advertencia no hay engaño. Hacienda se deshizo de la casa de bolsa Somex para dejar todo el campo bursátil al sector privado y estableció normas de operatividad privilegiadas”.[66]

Estando de por medio el propósito gubernamental de procurar inversión en pesos e incrementar el mercado monetario nacional con la divisa nacional: “El gobierno amarró el auge de la bolsa con la política económica, a través del manejo de las tasas de interés y el tipo de cambio. ‘Mediante la reducción de las tasas de interés –cayeron 30% en términos reales en año y medio-, se propició el alza de los precios de la bolsa. Como en la bolsa se invierte en pesos, era importante mantener el tipo de cambio con un desliz menor a la inflación, para que no fuera negocio comprar dólares…”.[67] Lo cual fue posible por las reservas de divisas acumuladas en 15,000 m de d.

Empero, los diversos y divergentes elementos que determinan el mercado monetario, no actuando a favor de la producción industrial, sino de un consumo exacerbado, convierten el auge en las bolsas en un casino en el que ganan los más avezados especuladores y los procedimientos crematísticos terminan por desfavorecer a la economía.

Las variables mercantiles externas, una vez más, jugaron a favor de la inflación, las bajas en las tasas de interés internas no ayudaron a incentivar la producción, y sin control de precios, se ocasionó que la captación bancaria disminuyera en 8.3% en los ocho meses anteriores al crack, mientras que los precios se incrementaban por la secular intención de los empresariosde aumentar sus ganancias. Dinero encarecido, mercado al alza, inflación que advertía una nueva devaluación, cuando se sabía que los funcionarios mismos realizaban compras de dólares.

La apoteosis al alza bursátil alcanza su clímax en la apertura de la Bolsa el lunes 5 de octubre de 1987 al conocerse la designación de Carlos Salinas  como el presidenciable del PRI, nombramiento cien por ciento agradable para los barones del dinero, disparándose de inmediato el bullicio especulativo en el mercado de Pluto, denotándose la ‘mano negra’ de Hacienda, contándose con la implementación de los Certificados de la Tesorería (CETES) en un 70% de las operaciones totales, sugiriéndose la intención oficial de provocar el auge.

Mas el exagerado incremento repentino en las operaciones de aquel lunes 5 de octubre auguraba una subsiguiente caída, y a pesar de que los potentados dirigentes venían actuando con absoluta independencia, aquel lunes el presidente de la Comisión Nacional de Valores, Lorenzo Peón Escalante, decidió suspender operaciones de remate, puesto que a menos de una hora de iniciadas, el indicador bursátil había subido 29,000 puntos, más de lo que se había incrementado en los cuatro y medio meses anteriores.

El típico juego de un alza jumbo a la que se sigue una caída estrepitosa se asomaba… El viejo truco de vender al alza para después comprar a la baja, ya con millones agenciados en el intercambio…. Haciendo uso de la manipulación de cuentas y rumores propiciados para conducir a los pececitos a las redes-embudo tras de las cuales los esperan los tiburones dispuestos a engullirse miles de incautos, los que atraídos por el boom y decepcionados de los bajos rendimientos que otorgaban los bancos, acudían a la Bolsa con la esperanza de acrecentar de manera repentina sus ahorros.

Habiendo sido incitados en las semanas previas al destape de Salinas, augurándoles que con la designación del futuro presidente priísta, las acciones se elevarían hasta los techos de los rascacielos. Y la burbuja se infló el lunes 5 de octubre augurando su reventadura.

La intervención previsora de la Comisión gubernamental, facultada por la ley, disgustó sobremanera a los adoradores de Pluto, pero emplearon el impulso bien intencionado de Peón Escalante a su favor, efecto judo. Con el refinado proceder fraudulento que caracteriza a los barones del dinero, aprovecharon pues la intervención de la Comisión para achacarle a ésta la catastrófica caída, tras de haber ordenado la suspensión por una hora de las operaciones en procura de serenarlas.

Las autoridades gubernamentales después de estas debacles quedaron conturbadas, viéndose presionadas por los barones para que no volvieran a intervenir en el ‘libre mercado’, coto privado de los agiotistas que por sí solo ‘se regula’. (El mundo hoy en día lamenta la eficacia de esta auto regulación). El trasiego insulso del dinero no favorable a las actividades productivas ni al bienestar de la ciudadanía comenzaba a conturbar al mundo-mercado.

En resultas de que el fenómeno bursátil especulativo estaba ya generalizado. Una semana después se desplomaban las bolsas en Nueva York, Londres y Tokio, por lo que para el lunes 19, dos semanas después, volvió a darse en México un crack, esta vez más grave, presentándose una caída en cifras históricas: “132,557 puntos que significaban el 42.18% del total de la bolsa, equivalente a unos 20,000 billones de pesos”.

Para cuando se suponía que la recuperación habida en los últimos meses bastaba para garantizar el prodigioso auge bolsero. Acontecía que la caída internacional volvía a inducir  a México en la debacle. La caída de Wall Street ocasionó una baja en el índice mexicano de 52,000 puntos, en otro lunes negro; proseguido el martes con otro bajón de 35 mil puntos, y: “Ya era grave el asunto. Desde el inicio de la baja artificial, el martes 6, a las caídas ‘trágicas’ de lunes 19 al martes 20, el indicador bursátil había perdido más de 142,000 puntos, que equivalen a un desplome de 30 por ciento, y que en pesos significan 20 billones de pérdida (teóricamente para el mercado, pues)”.[68]

Por lo que esta vez, a la limón, los intermediarios privados y los del gobierno participan en el salvataje. Por supuesto, como era de esperarse en los momentos de apuro, el Secretario de Hacienda interviene brindando el apoyo oficial, entiéndase, los recursos públicos (dineros) para asegurar “la debida fortaleza y liquidez de las instituciones”, así llamadas y consideradas ‘financieras’.

Cuando que el juego no dejaba de ser propicio para la ganancia de los escualos, pues a la baja las Casas de Bolsa compraron las acciones devaluadas a precios de ganga tras de dos semanas depresivas: “Las compras fueron tan voluminosas que ya el miércoles el índice recuperó más de 19,000 puntos”. La acción devoradora en la pecera se consumaba.

La mano negra del mercado con la complicidad del gobierno realizan la magia negra bursátil beneficiando a los adoradores de Mammón en el Templo del Borrego Dorado (así sea su sucursal virreinal no deja de proporcionar cuantiosas ganancias para los nacionales y extranjeros…. Sígase la pista del dinero).

Se trató de una decisión concertada entre las principales casas para hacer más escandalosa la caída. Maquinación de tiburones, dueños y señores de su pecera, propietarios del 70% de la cartera, cuya cauda total ascendía en algo más de 2 billones de pesos,[69] pudiendo, obviamente con tal cúmulo, manipular el mercado en su favor.

Siendo las casas más grandes al comando de la Bolsa: Operadora de Bolsa, Inverlat, Acciones y Valores, Probursa, Acciones Bursátiles, Inverméxico, Prime…, las que controlaban la pecera y sus redes. Es decir, quien estando al comando del Negocio, pudieron sortear dos semanas a la baja para terminar haciéndose de la parte del tiburón.

Conclusión: un gobierno inmiscuido en la praxis monetarista neoliberal iba camino a convertirse en ‘el peor de todos’.

LA DEUDA, ESE TRIBUTO CAPITALISTA QUE EL NORTE LE IMPONE AL SUR

El sino y el destino de México como país dependiente está marcado por la injerencia externa: inversiones, préstamos, instalación de sucursales, lo que se incrementa con la globalización, sinónimo de apertura de mercados.

Con toda intención la deuda fue inducida para ser empleada como una carga que significa una obligación que vencía la resistencia del Estado Nación, posibilitando la entrada del capitalismo externo, acorde a sus intereses.

Los mecanismos empleados por el rediseñado proceder del mercado monetario, desregulado a la vez, permitirá una mayor acumulación de capital-dinero, concebidos perversamente más que considerar que fueron dejados al ‘libre arbitrio del mercado’; concebidos para gestar una nueva acumulación de capital en los centros monetarios atlantistas. Acción que en la globalización internacional representa una nueva forma de absorción centrípeta activada desde el Norte hegemónico.

Con una clara intencionalidad de generar una extracción-obtención de divisas maquinada de manera institucional con el aval de las instituciones que componen el status quo financiero internacional, admitidos como autoridad suprema mundial incontrastable, sin jurisdicción superior y con la aquiescencia de los Estados del Primer Mundo y la sumisión de los de la Periferia.

Lo que se constata en la aplicación, el desempeño que vienen teniendo los bancos y las bolsas metropolitanas, en su propósito de captar capital-dinero, inflando las bolsas, mucho de ello capital ficticio, contando para ello con la valiosa colaboración de los ‘paraísos fiscales’.

En México, la aplicación de la Deuda para comprometer las decisiones del gobierno en aras de la abertura a la penetración del capital extranjero viene siendo todo un éxito, implementándose modalidades de préstamos tales como “’pagos por concepto de comisión de compromiso’, una práctica formal y legalmente establecida en los tratados internacionales”. Lo que viene a ser una disposición arbitraria de un préstamo negociado unilateralmente, entregándose tan sólo un porcentaje del capital concertado, y cuya obligación de pago se programa de manera automática: “Así, pese a que los fondos aún no se hayan desembolsado –aunque sí aprobados por el acreedor-, por el simple hecho de tener en ‘disponibilidad los fondos’, el préstamo ya comienza a generar ganancias que son adicionadas al monto total del débito, ya sea a los intereses que en sí mismo genera el empréstito asignado o, en su defecto, al correspondiente por castigo en el caso de haberse rechazado”.[70] Monumental atropello de la Banca del Centro.

Como puede advertirse, trátese de un préstamo impositivo del que se benefician por principio de cuentas la troika, bajo el concepto de ‘comisión de compromiso’. Haciéndose efectivo el préstamo en trenches (tramos). Viniendo a ser el redondeo de un mecanismo agiotista ya empleado desde antaño. El viejo truco de concertar un préstamo, otorgando sólo una parte al tiempo de que se cobran intereses calculados sobre el monto total.

Y el préstamo es concedido con el propósito expreso de financiar alguna rama favorable de las estructuras nacionales a los intereses expresos del capital extranjero, “en apoyo a las actividades de importación y exportación de mercancías, es decir, para promover y facilitar la proyección comercial de los Estados Capitalistas Centrales (ECC) en los mercados de la periferia”. Habiendo implícita una condicionalidad en el préstamo inducida por el prestamista: “Así, el BM no sólo indica cómo debe utilizarse lo que presta, sino también todo lo que se refiere a la participación nacional, incidiendo en la asignación de una porción importante de la inversión pública, la cual, recuérdese, deriva parcialmente de la recaudación de impuestos que se aplican a la sociedad mexicana”.[71] Llegando incluso a incautar o disponer del capital nacional.

Aun en la etapa de la economía mixta, período de la ‘sustitución de importaciones’, los préstamos otorgados por el Banco Mundial tenían el propósito de generar la infraestructura requerida en los parámetros del tráfico preferente hacia el Norte. Incluso los préstamos que se concedieron a Ferrocarriles Nacionales de México, (FNM) tenían esa intencionalidad. Eran préstamos otorgados para general la infraestructura necesaria para realizar la conexión Sur-Norte.

Mas nótese lo onerosos que resultan ser siempre los pagos de intereses: “Un ‘segundo préstamo de ferrocarriles’ del BM, contratado en junio de 1972 por 75 mdd, no fue finiquitado sino hasta 25 años después, acumulando, para septiembre de 1997, 52 millones 375 mil dólares por concepto de pagos de intereses. Es decir, más de 125 millones de dólares que el gobierno seguía pagando aún en la década de 1990, cuando el propio BM propició el desmantelamiento, privatización y extranjerización de la paraestatal”. Por eso la Deuda es un recurso principal del capital imperialista.

En el caso de la incidencia sobre los FNM en el período previo a la vorágine neoliberal, se denota el objetivo que consistía en menguar la planta productiva en las áreas de metalmecánica, volviéndola Fierro Nada Moderno dependiente de las empresas desarrolladas: “El programa sirvió al país para promover las exportaciones de los acreedores, luego para fomentar fusiones y finalmente desembocó en la apertura comercial formalizada por el TLCAN, y virtual desmantelamiento de la industria metal mecánica y de máquinas y herramientas del país”. [72]

La trampa de la deuda, exprimiendo la economía. Si merced a la férrea retracción impuesta a la economía y en especial gracias a la disminución de importaciones se obtenían excedentes de divisas, éstas no se aplicaban al aparato productivo sino se destinaban al pago del adeudo: “el 36.5% del total en 1982 y el 45.4% en 1983”.[73]

Empleando la Deuda, refieren Saxe-Fernández/Delgado, el Banco Mundial logra a partir de 1982 una penetración tal en la administración nacional, que pasa a ser un cogobierno con el PRI. De cierto que tal hegemonía es la que viene a establecer el neoliberalismo:

La instauración de un régimen dominado abrumadoramente por los acreedores internacionales, resultado de la negociación de la crisis 1982 por efectos de la deuda externa, se ha expresado a finales del siglo XX y en los que va del XXI en un ataque frontal contra los pivotes, todavía frágiles, del nacionalismo económico latinoamericano, en particular, como ya se mencionó en lo que sólo puede calificarse como una sistemática e intensa campaña para forzar el traspaso a la iniciativa privada, nacional o extranjera, del acceso, gestión y usufructo de los activos estratégicos –naturales y sociales- que el espacio geográfico nacional contiene”.[74] Tal y como lo venimos mencionado, deuda crea obligación propiciando el relajamiento por parte del Estado de su soberanía y de su patrimonio nacional, ante la presión sistemáticamente concertada por los acreedores forzando la apertura indiscriminada.

La causa de fondo de tal apertura radica en la adecuación del país a los imperativos transnacionales; la administración delamadrista acata sumisa y gustosa las propuestas del FMI, y en específico en lo que respecta a la apertura comercial, la relación con el BM fue determinante.

Los denominados Trade Policey Loands (TPL), son acuerdos que designan el realineamiento  intensificado de México para con los EUA: “garantizando el cumplimiento de los lineamientos macroeconómicos establecidos en las Cartas de Intención del FMI. Fomentó una creciente liberalización del comercio caracterizada por la falta de reciprocidad de EU que no obedeció a las necesidades del aparato productivo mexicano”.[75]

Los préstamos concedidos fueron designados para ‘fortalecer las exportaciones’, con ellas y la reducción de las barreras arancelarias, México se convertía en un país más dependiente de la importación de tecnología estadounidense, incluso en la rama agrícola industrial. Así lo festina el presidente del BM ya en 1989, México daba entrada “a maquinaria, pesticidas y otros productos de alta tecnología” (sic) gracias a que con 1 000 m de d concedidos en préstamo por el BM el gobierno mexicano se comprometía a importarlos, mismo préstamo con el cual se incitó al gobierno de México a comprar granos del excedente producido en los EU a costos subsidiados. En procura de lo cual el gobierno de MdeM derogó, ya de salida, en 1988, 4 mil novecientas facciones arancelarias para facilitar las importaciones, por aquello de que el SAM no era necesario.

Ustedes saben, ‘con los créditos que nos concede el BM podemos importar la cantidad de alimentos suficientes que el país requiere’. Craso error, inconcebible concesión de soberanía alimentaria para un país que se pretende independiente. No ser autosuficiente en granos ni en buena parte de los alimentos que se consumen en el país agrava aún más la subordinación, la que irá en aumento conforme los gobiernos neoliberales siguen mal-gobernando México, y todavía peor, abriendo otra vertiente de endeudamiento para cubrir tal necesidad básica, la dependencia de México simple y sencillamente se agiganta. Deudas por generar la infraestructura petrolera, deudas por importación de alimentos, México en el sexenio de MdeM quedaba convertido en un país más dependiente y por tanto más subordinado a la hegemonía imperialista, grave defecto histórico-estructural que los tecnócratas consienten.

El presidente del Banco Mundial lo consignaba en un formal informe de gobierno: “el préstamo para la política comercial fue un quiebre de gran envergadura [sic]. Por medio de aquél, el BM logró financiar la introducción del proceso de reforma comercial. El segundo préstamo se orienta a mantener el ímpetu aperturista dentro de los parámetros establecidos por el primero y tiene una serie de metas, que el gobierno mexicano debe cumplir, de otra forma no se liberizarían los fondos de la segunda fase del mismo (second trench)”.[76]

Sin lugar a dudas, aquello representaba un ‘quiebre de gran envergadura’, un quiebre que dejaba atrás la procurada autosuficiencia alimentaria y la edificación de una agroindustria de factura nacional; elementos indispensables en toda nación realmente soberana; pero no, ‘hay les van otro millardo de dólares para que compren la tecnología extranjera y cubran contingencialmente su déficit alimentario’.

La colonización como tara de la dependencia yace enraizada tanto en las estructuras sociales como en la mentalidad de las clases sociales, en específico en los gobernantes y en la burguesía dominante- dominada. Constituyéndose en el principal obstáculo para el desarrollo independiente tras tres siglos de colonialismo hispano y dos y lo que va del tercero de neocolonialismo auspiciado por el capitalismo imperialista, garantizando la tara que afecta a los colonizados en su disposición a servir a los potentados de las metrópolis, cosa que hacen gustosos, puesto que el ser subordinados representantes del exterior les proporciona el bienestar en sus cotos locales, considerándose, cual  súbditos que son, que es preferible ser regentes de los imperialistas que ser lacayos y pobres: “Su actuación en el país responde, como ya se indicó, a su despreciable codicia por apropiarse de las migajas que deja el imperio, es decir, se conforman con una participación marginal en el proceso general de apropiación de excedentes, que resulta en un alto grado de apoderamiento de la riqueza que queda luego de la expoliación extranjera, dejando en la miseria a la inmensa mayoría de la población mexicana”.[77] Se ha dicho, y es cierto, Don Porfirio y sus científicos eran más patriotas que los tecnócratas.

A mediados de la década de los 80, ante lo impagable del adeudo y las subidas a la tasa de interés, Heberto Castillo calculaba para toda la región ibero parlante en América “un pago adicional por intereses del orden de los 9,000 millones de dólares al año. Y ya estaban pagando 135,000 millones sólo en intereses. México cubrirá en 1984 alrededor de 13,000 millones por este concepto, el 80% del total de su exportación de petróleo”.[78]

Descifrando el entuerto, entendiendo de lo que se trataba, además del pago en capital líquido, lo que al Imperio le importa es el pago en especie; México y Venezuela pagaban con petróleo, Argentina con trigo y carne, Brasil con café, caucho, diamantes. Materias primas e insumos, productos de consumo abaratados por igual en la transferencia desigual de valores que se efectúa entre el Norte y el Sur desde que el capitalismo colonialista rige el comercio internacional. Procedimientos neocolonialista que con el correr de las décadas posteriores al auge de la Posguerra adquirían una nueva proyección. Así en América Latina: “Durante 30 años al menos, las estadísticas muestran que nuestros países –los atrasados- incrementaron año tras año su deuda externa a grado tal que en los últimos 10 el mejor negocio de las naciones desarrolladas fue concertar empréstitos, no efectuar inversiones”.[79] Y con la nueva administración neoliberal, México se esforzaba a toda máquina por producir más petróleo para vendérselo al vecino del norte.

Todo fuera por seguir con fidelidad religiosa los ‘consejos’ del FMI, México se convertía en el modelo ejemplar de país pagador de deuda: “Mejor pagador que México no podía haberlo. Inclusive el gobierno de México se prestó a la maniobra de ayudar con 100 millones de dólares a Argentina para detener su decisión de no pagar la deuda”.[80] Hasta eso llegaba el gobierno sumiso de MdeM, esquiroles en el mercado internacional del petróleo y régimen divisorio que impedía la moratoria o una postura de defensa conjunta de los prestatarios ante los acreedores.

México se convertía en líder mundial de subordinación neoliberal; país ejemplar como deudor cumplido con los banksters agiotistas metropolitanos. A la sazón América Latina en conjunto debía más de 350,000 m de d, cuando que para consolidar el Tributo, se aumentaba la tasa de interés al 15% en dos meses: “Se impone un pago –que recuerda los tributos imperiales- de 4,750 millones de dólares anuales más a nuestros países. ¿Por qué?”.[81] Porque eso es lo que es, un tributo moderno, de otra manera instaurado, acorde con el dominio del capital imperialista que se cierne sobre el mundo con la Crisis.

Las cifras del pago de la deuda en los últimos 15 años -en una estimación realizada a fines de 1985- era de tal magnitud que representaba la sangría de las ‘venas abiertas’ de México. Era imposible para un país históricamente empobrecido por el colonialismo poder tener los recursos necesarios para contener la pobreza secular, la que con el deterioro que la Crisis capitalista agudizaba no hacía sino incrementarse, cuando que las políticas económicas impuestas desde la Metrópoli no hacían sino posibilitar la transferencia de capitales hacia los centros bancarios, convirtiendo a los países de las periferias en países tributarios de capitales a las capitales del poder capitalista. Trátese de que el capitalismo imperialista procede imponiendo un neocolonialismo monetarista.

EL TRIBUTO ES SU NEGOCIO…, Y MUY REDITUABLE.

Así las cosas: “En los dos últimos años [1986-87] cobró mayor vigor la liberalización de la economía; se aprobó y ejecutó el ingreso al GATT, se eliminaron los permisos a la importación en la mayoría de los productos, se redujo drásticamente la protección arancelaria y se aceleró el proceso de privatización del sector paraestatal de la economía, incluyendo actividades y ramas que al comienzo del sexenio de Miguel de la Madrid habían sido consideradas prioritarias”.[82]

Por supuesto, con tales medidas la economía mexicana en lugar de mejorar se hundía más y más en el estancamiento y la inflación, el crecimiento apuntaba en 1987 a un 1.5%, mientras que la inflación se disparó en un 159.2%, con tasas de interés más altas que nunca. El crack de la bolsa del 87 completó la debacle.

Implementándose instrumentos de capitalización de pasivos como los SWAPS, y el Programa de Conversión de Préstamos en Bonos promovidos por el gobierno de los EUA y activados preferentemente por el Morgan Guaranty Trust.

Los swaps vienen a ser el instrumento perfecto, consecuente en la secuencia que impone el agio capitalista en beneficio de las transnacionales, como tal imperialista, viniendo a ser “la compra con descuento por parte de un inversionista privado de los pasivos en moneda extranjera del sector público y de empresas privadas. Con estas operaciones los compradores se convierten en socios de las empresas endeudadas. Las transacciones se efectúan al valor que la deuda del país de que se trata tenga en el mercado secundario”.[83]

Los bancos acreedores internacionales (Citybank, Bankers Trust, Chase Manhattan, etc.), y las casas de bolsa actúan como intermediarios entre las empresas endeudadas y los potenciales ‘inversionistas’ compradores. Su participación como mecanismos de inversión va dirigida a promover la privatización empresarial, ‘cambios estructurales’, procreando la aparición de grandes empresas dirigidas a la exportación en ramas tales como: ‘la automotriz y autopartes, el turismo, hoteles; bienes de capital y metalmecánica; maquiladoras y químico-farmacéutica’. “En cuanto a las empresas que han participado en la venta de la deuda, las transacciones se concentran en las transnacionales, en algunos grupos privados nacionales y en empresas paraestatales, hecho que no es sorprendente ya que eran estos segmentos de la estructura productiva los que tenían un mayor endeudamiento con el exterior”.[84] Mostrándose así el artilugio monopolista efectuado a través del funcionamiento del mecanismo del adeudo, endeudar para abaratar las empresas y poder comprarlas a precio de remate.

Por supuesto, los SWAPS no sirven para reducir la deuda, por la sencilla razón de que ese no es su propósito. Desde el comienzo de su aplicación los SWAPS tuvieron un efecto inflacionario al expandir la cantidad de dinero circulante. Y así operan, facilitando el control de las mayores empresas productivas nacionales, cuando que los propios gobiernos neo colonizados les ponen las paraestatales en charola de plata: “Para el capital transnacional resulta más atractivo hacerse del control o ampliar el control de las empresas endeudadas mediante la compra con descuento de sus pasivos o mediante reinversiones, que arriesgarse con recursos frescos en la instalación de nuevas plantas o incursionar en otras áreas de actividad. El negocio resulta aún más atractivo sí, como es el caso, el gobierno mexicano subsidia generosamente las operaciones, lo que permite al capital transnacional obtener pingües ganancias aún antes de haber invertido. No obstante que el gobierno de  De la Madrid se declaró enemigo de los subsidios y de la ‘economía ficción’, a través de los SWAPS se trasladaron recursos a las transnacionales al comprarle las divisas comprometidas en las transacciones a precios muy altos”.[85] Instrumentación del capital monopolista metropolitano perfecto para hacerse del control de las otrora empresas nacionales y con bonificación incluida.

Tal y como aconteció en el caso de la Chrysler: “(Esta empresa) compró 100 millones de deuda externa de México en 65 millones de dólares y cómo el gobierno le ha redimido casi 23 millones de dólares al 86% y como las restantes 77 se los redimieran al 92%. Así tan solo… por esa inversión de 67 millones obtuvieron prácticamente 90 millones de dólares. Un 38.5% de redituabilidad de golpe –concluía el articulista- no está mal”.[86] Nada mal para el emporio transnacional. Nada bien para una nación que comienza a ser dominada por gobiernos pro propiedad privada de capital transnacional.

Si esto aconteció con la Chrysler, la Volkswagen compró deuda mexicana por alrededor de unos 80 m de d, y obtuvo 141 m de d en pesos otorgados por el gobierno mexicano. Espejitos por oro, supuestos programas de ayuda al adeudo que en realidad remataban el propósito de apoderarse de la industria nacional.

Puesto que en el tianguis de los banksters, los procedimientos implementados para ‘aminorar la deuda’ resultan contraproducentes, cumpliéndose el propósito subrepticio que en realidad procuran conseguir los potentados capitalistas, inclúyase la siderurgia y la minería al lado del plato más codiciado, el ‘petróleo en la mira’, lo de más valor remunerativo que le interesa al capital imperialista, promoviendo privatizar las paraestatales e ir promoviendo una ‘economía’ controlada por los grandes consorcios, consiguiendo su objetivo: incrementar la extracción de beneficios a las metrópolis. Auténtico procedimiento neocolonial: deuda → privatización → incremento de dividendos y de regalías obtenidas por vectores centrípetos.

Otro mecanismo bursátil empleado con la finalidad de hacerse de los activos nacionales vendría a ser la conversión de préstamos a bonos. Artilugio implementado a partir de 1988 por cortesía del Morgan Guaranty Trust. Otro galimatías que aparentando disminuir el endeudamiento, lo que hacía en realidad era incrementarlo. Suponiendo solución al convertir deuda en bonos a un plazo de dos años, a un precio tasado en el mercado secundario, viniendo a ser a un 50% del valor nominal, respaldados en ‘bonos cupón cero’ emitidos -y así ‘garantizados’ (sic)- por el Departamento del Tesoro. Cuando que en realidad el valor en el mercado agiotero del adeudo mexicano era muy inferior al nominalmente designado.

Nuevos Bonos que  el gobierno mexicano pagaría a una sobretasa 5/8 por encima de la tasa Libor: “Dicha sobretasa es superior a la pactada con la banca para el pago de la deuda pendiente, ya que representa el doble de la establecida en el último acuerdo de renegociación efectuado en 1986”. ¡Qué mejor manera de aliviar la deuda! Y los ingenuos se la creen, y el gobierno de tecnócratas neoliberales proceden con el mayor empeño a implementarlos.

Geniales soluciones con las cuales el adeudo no hacía sino acrecentarse, por lo que los de la administración Reagan, -ese cow boy de a mentiritas, mecenas de Milton Friedman- estaban de plácemes; el monetarismo se fortalece con el endeudamiento, Tributo del Tercer Mundo…, y del Sur Mediterráneo.

Para acrecentar el negocio-tributo: “El porcentaje de la deuda total que inicialmente se pretendía liberar era mínimo, de aproximadamente 6 700 millones de dólares, lo que significaba el 6 por ciento del total de la deuda pública. El ahorro en términos de intereses también era poco significativo, del orden de 550 millones de dólares en total, lo que de ninguna manera representaba un alivio y no eliminaba el riesgo de insolvencia. Una baja de un dólar en el precio del petróleo o un alza de un punto en la tasa internacional de interés bastarían para eliminar los ahorros”.[87]

Pseudo-soluciones que en realidad servían para darle vuelo al adeudo simulando descuentos. Tales mecanismos banco-bolseros favorecen, obvio es, más a la Banca acreedora que a la Nación deudora. Mantener un pago constante y acrecentado, asegurado por el pago de intereses era (es) el objetivo procurado que garantiza el tributo monetario.

El adeudo heredado del régimen de JLP en realidad no aminoraba aunque el incremento porcentual en el sexenio de MdeM bajaba en gran proporción, de un 237% a un 18% de nuevos empréstitos; pero el total del adeudo no deja de incrementarse de 91 200 m de d en el 82, a 167 600 m de d en el 87. El gran remedio conseguido consistía en el aminoramiento de la deuda privada de 18 900 en el 82 a 13 100 en el 87, pero a costa de la intromisión del capital transnacional por intermedio de los swaps.

La sangría causada a la economía nacional se revela en el porcentaje del PIB que el adeudo alcanzaba, 31% en el 1981, 53.4% en el 82, como resultado de incrementarse los préstamos y de las devaluaciones del peso padecidas. Para el 85, el ‘alivio’ representó el 57%, pero todavía habría de incrementarse más, a un 82.5% en el 86 “…, debido al estancamiento en la producción y a la política de ‘tasas de cambio realistas’ que en el período que va de 1985 a 1987 implicó una devaluación acumulada del peso del orden del 790%. En 1987 el índice se mantuvo en el 80.3 por ciento del PIB, lo que implica que para amortizar la deuda total de México deberían entregar un tributo equivalente a nueve meses de producción”.[88]

Condicionamientos que revelan la realidad en la subordinación que representa el sometimiento a los procedimientos de la Banca y los organismos financieros transnacionales. La tributación al agio de la bancocracia metropolitana impedía el crecimiento nacional, los excedentes monetarios quedaban destinados a cubrir el servicio de la deuda, y conste que había un superávit comercial debido al aminoramiento en las importaciones, lo que acontecía de manera obligada por la devaluación del peso, que de incrementarse su valor, de inmediato generaría el crecimiento de éstas.

Todo lo cual se reflejaba en unas condiciones internas de la economía depauperantes, caída del empleo y salarios, esto es, sacrificándose la condición de vida de los trabajadores. Cuando que el ahorro interno se destina a la ganancia externa. Las ganancias de los siete principales bancos en los EUA se acrecientan de un 22% en 1970, a un 60% en 1982, tributo latinoamericano implicado; pasando a ser los países del Tercer Mundo exportadores netos de capitales. Logro inobjetable del neoliberalismo, igual a neocolonialismo auspiciado por el capitalismo-imperialista-transnacional.

En el solo caso de México, del 82 al 86 se trasladó en promedio 12 mil m de d anuales, para un total de 72 300 m de d sumados hacia 1987; siendo cerca de la mitad de lo transferido por toda América Latina, cifra que alcanzó los 150 mil m de d. Siendo cantidades que para México tan solo representan el pago de un 6% del adeudo en 7 años.

Y la economía devaluada abarata su moneda y sus valores de exportación. He aquí, pues, manifestada la estrategia procurada por el capital imperialista por medio de la cual el endeudamiento garantiza la extracción del petróleo en beneficio de USA: “Dicha transferencia supera las exportaciones de petróleo crudo que ese mismo período (1982-1987) sumaron 71 153 millones. Es como si en vez de tantos rodeos comerciales y financieros hubiéramos construido un oleoducto que apuntara hacia el Norte y remitiéramos gratis uno de nuestros más preciados recursos naturales”.[89] Negocio redondo, de eso se trata, lo venían procurando desde los años 70, ‘endéudense para convertirse en una potencia petrolera’, y el petróleo barato va pa’allá, y la deuda se incrementa y se incrementa acá, pagándose año tras año como tributo’. Negocio redondo que apuntala la subordinación neocolonial.

ENÉSIMO FRAUDE ELECTORAL Y GOLPE DE ESTADO TÉCNICO PARA APUNTALAR AL NOLIBERALISMO EN MÉXICO

Siendo entre los administradores del gabinete el favorito de MdeM, Carlos Salinas es designado como secretario de Programación y Presupuesto, encargándose de implementar el PIRE (Programa Inmediato de Reordenación Económica), teniendo por principales objetivos, reestructurar la administración pública para conseguir dos prioridades propias del decálogo neoliberal: disminuir el gasto público, y racionalizar –léase- disminuir la presencia del Estado en la economía; a lo que se agrega otro de los principales objetivos del decálogo, abatir la inflación. Y Salinas auguraba: (con tales medidas) “Venceremos la crisis, evitaremos su recurrencia y el país recobrará la capacidad de un auténtico desarrollo nacional”.[90] Mas tales propósitos en lo concerniente a frenar la inflación se incumpliría y con ello el golpeo a la economía popular se agravaría a lo largo de todo el sexenio, lo que si se realizaría con todo celo son los cambios estructurales, acabando con el Estado Nacionalista.

Incluso en 1985 el propio Banco de México presentó un informe sobre la situación económica del país calificado de ‘inusitado’, informe en el que consideraba errática la política del gasto conduciendo al repunte de la inflación, con un sobregiro presupuestal que incrementó el déficit público. Cuando que la gran verdad de la problemática radicaba en que los crecientes pagos de la deuda externa quebrantaban las finanzas públicas; problema toral que el informe no señalaba.

Era el documento preliminar. Pero suscitó tal disgusto en el secretario Salinas, que a la hora de publicar su documento definitivo, el banco rectificó: eran circunstancias las que habían provocado el deterioro económico de ese año”. No volvería a pasar. Para el año siguiente el B de M se puso a tono con la tecnocracia y proclamaba que el 86 había sido mejor que el 85, ‘cuando que en ese último año la inflación fue de un 105.7%, la caída del producto de 3.8%, la baja salarial en un 8%, provocando un severo deterioro en la planta productiva, con consecuencias que agravaban las condiciones de vida popular; el salario caía a niveles de hacía 25 años, el desempleo se incrementaba, así como el subempleo, comenzándose a sentir un deterioro en la salud pública’.[91]

Pero los objetivos se cumplían en lo realmente importante para el establishment usamericano y mexicano; las ´reformas estructurales’ iban en curso con viento en popa, y las consignas neoliberales se procuraban empleando el dogma del: ‘sin nosotros, peor sería’, así que, acostúmbrense, no habrá variación en la conducción de la economía; dicho por el propio Salinas: “No podemos sacrificar el trabajo realizado. La solución duradera de nuestros problemas económicos está en la continuidad de los cambios estructurales”.[92] Y así ha sido, así es, y seguirá siendo por los próximos seis años y contando….

El Estado neoliberal habría llegado para quedarse marcando toda un etapa en la vida de México, y para apuntalarlo habrían de efectuarse elecciones fraudulentas, principiando por colocar al patriarca –del neoliberalismo en México, o habría que decirle, padrino de la mafia. ¡Qué tanto vienen a ser una y otra y otra más elecciones fraudulentas en un país con medalla de oro en latrocinios electorales!

‘Caída del Sistema’ fue el calificativo con el cual se conoce lo acontecido entre el miércoles 6 y el jueves 7 de julio de 1988. Cuando que los representantes de los partidos contendientes de oposición al PRI reclamaban al secretario de Gobernación, Manuel Bartlett el que no se cumpliera lo ofrecido, la información oportuna conforme iba transcurriendo la votación. En vez de eso, a las 17.15 horas se ‘cayó el sistema’.

En realidad, la ‘caída del sistema de cómputo’ representaba la ocultación de los resultados parciales recibidos apenas comenzada la tarde, resultados que presumiblemente favorecían con cierta amplitud al Candidato del Frente Nacional Democrático, el ingeniero  Cuauhtémoc Cárdenas. Y aun y cuando no había información oficial sobre el resultado de la elección, en el transcurso de la noche, el presidente del PRI, Jorge de la Vega, con todo descaro se atrevía a proclamar el triunfo de Carlos Salinas.

Para ese entonces, por supuesto que Televisa ya había jugado su papel, colaborando a desinformar y denostar a los candidatos de oposición, (además de Cárdenas, Manuel Clouthier del PAN y Rosario Ibarra de Piedra por el PPS), motivo por el cual, en conjunto los partidos de oposición al PRI presentan una demanda ante la Procuraduría General de la República por los delitos de difamación y calumnias. Acusando en específico al programa ‘60 Minutos’ (una burda copia de un programa gringo), transmitido el domingo 3 por el Canal 2, al considerar que en él se hizo uso de la calumnia y la difamación en contra de los candidatos de la oposición. Y aunque en principio los miembros del PRI se opusieron, terminaron por aceptar que se procediera con la demanda de manera formal… Y se procedió, pero aquello no paró el advenimiento del Quinto Poder que viene a significar la injerencia de Televisa en la consecución de la pseudo democracia en México.

Es importante señalar que tal sesión se inició guardándose un minuto de silencio en memoria de Francisco Xavier Ovando, persona que fungía como Secretario de Acción Electoral del Frente Cardenista,  asesinado el sábado 2 de julio, en lo que venía a ser un crimen de carácter político que crispaba la elección; así se las gastaba la mafia desde aquel entonces.

Al igual que en tantos otras elecciones y como es costumbre en este país, las irregularidades efectuadas por el PRI en la contienda eran abundantes y de todo tipo, tal y como lo denunciaban los comisionados de la oposición: “robo de urnas, ‘brigadas de votantes’, expulsión de sus representantes de casilla, urnas ‘embarazadas’ al inicio de la votación, aceptación de electores sin credencial, funcionarios electorales arbitrarios… Lo mismo de siempre”.[93] Lo mismo de siempre pero cabría añadir que para aquel entonces los muertos votaban y el fraude cibernético se incorporaba dado el control de computo avanzado implementado.

Si como se da por sentado los resultados desfavorecían al PRI, fue allí en la Secretaría de Gobernación donde se comenzaron a realizar los ‘ajustes’, por no decir, a adulterar las cifras, para revertir el triunfo de Cuauhtémoc Cárdenas.

Aquella misma noche CC, MC y RI de P presentan un reclamo en el que afirman: “Hoy se ha puesto en evidencia la determinación del grupo gobernante de consumar una imposición a despecho de la voluntad popular [verificándose] violaciones e irregularidades que afectan gravemente la limpieza de los comicios…, [pudiéndose] determinar su nulidad en caso de no ser satisfactoriamente reparadas”.[94] Al unísono los candidatos de oposición se conciertan para protestar ante la evidencia de un fraude en proceso. Manuel Bartlett les responde que “sus imputaciones, no están sustentadas. Estamos viviendo un proceso limpio, democrático…” (Sic). ¡Cuál era el problema, acéptenlo, esa es la ‘democracia’ en México!

El fraude ciertamente se consumaría entre la noche del jueves 8 y el sábado 10 de septiembre de aquel año. 260 diputados del PRI más tres desertores del Frente Democrático Nacional (FDN) proclamaron presidente electo a Carlos Salinas de Gortari siendo poco más de la mitad del quórum requerido, habiéndose iniciado la sesión con tan solo 256 diputados de los 500 que componían el total, ante la ausencia de los panistas y de la coalición de oposición de izquierda.

Los que advirtiendo que tal ausencia de la sala no fructificó en detener el intento, volvieron al recinto a dar la batalla, en procura de detener la imposición. Aquella misma noche los diputados del Frente tomarían la tribuna, pero fueron contragolpeados por “un centenar de priístas y por agentes de seguridad que se abalanzaron hacia el presídium, desalojando a los frentistas y tomaron y protegieron la tribuna, durante más de dos horas, para que los secretarios de la Cámara pudieran dar la primera lectura al dictamen… [Haciendo uso de la fuerza física, para lo cual se apoyaron en] “innumerables jóvenes de pantalón de mezclilla y tenis, muchos con el pelo corto –presuntamente coordinados por el Estado Mayor Presidencial-, cuya presencia se hizo más ostensible en los momentos de mayor tensión”. Consumaban la aprobación oficial del fraude. “Como fuera, sin importar costos ni escándalos políticos. Nada. La orden había sido dada desde el martes 6, cuando el líder del PRI, Manuel Camacho Solís, declaró la hora de calificar la elección presidencial”. [95]

La Cámara de Diputados, erigida en Colegio Electoral lo imponía: “el PRI elaboró el dictamen y el PRI lo aprobaría”. De nada valieron los reclamos del FDN y del PAN. Exigiendo se cotejaran las cifras de los votos casilla por casilla. La respuesta del Partido de Estado fue la cerrazón total. Las actas originales que registraban el resultado de la elección se encontraban en los sótanos del mismo recinto legislativo, mas los priístas impidieron su revisión, aun y cuando existía el precedente reciente de que se habían abierto en el caso de la calificación de la elección para diputados.

Para los diputados de oposición el ‘dictamen’ que consumaba el fraude había sido realizado en la Secretaría de Gobernación, los priístas afirmaban ser obra de la fracción de la Cámara. El caso es que lo tenían y para dar lectura procedían a generar el quórum requerido. Inútil fueron los reclamos de panistas y frentistas que gritaban que no se habían reunido para que procediera su lectura, los priístas, encabezados por Ricardo Monreal, hicieron cerrar las galerías del Congreso durante la sesión del Colegio Electoral, “para garantizar –según dijeron- ‘un marco favorable para la exposición de las ideas de quienes habrán de participar en este asunto tan trascendente para la nación’”.[96] Los priístas resumen la ‘democracia’ electorera que impera en México diciendo que las mayorías se expresan pero la minoría oficial en sus instituciones decide quién y cómo se ha de gobernar.

Y aquella sesión se convirtió en un pandemónium. Al diputado priísta José Murat se le asignó la labor de leer el dictamen, los frentistas cargaron consiguiendo dispersar las hojas del mencionado, al tiempo en que “la sala de sesiones comenzó a llenarse de jóvenes de tenis blancos y pantalones de mezclilla. Muchísimos más de los que desde días anteriores estaban en  todas las puertas de acceso. Sanitarios, estacionamientos y pasillos del Palacio Legislativo”. Y no eran todos, que escondidos detrás del presídium y de las enormes banderas que engalanaban la sala había más golpeadores, supuestamente miembros del Estado Mayor Presidencial: “Frentistas y panistas gritaban: ‘Fuera, fuera’. ‘Fuera policías y guaruras’”.[97]

Pero los del PRI no perdían el tiempo, maestros en estas malas ares, artimañas, para pronto daban a conocer un boletín de prensa en el cual se da cuenta del ‘triunfo legítimo y por mayoría absoluta en 24 entidades del candidato Salinas de Gortari’.

Al continuar la sesión, una nueva trifulca se desata, la batalla por tomar la tribuna fue un combate de lucha libre, del cual los priístas salen triunfantes…, pero por estar apoyados por miembros de  los Aparatos Represivos del Estado.

Indignación seguida de impotencia, los opositores gritaban: ‘¡Fraude, fraude…, democracia sí, fascismo no…, hijos de Pinochet…, Ratas cibernéticas…, Mapaches electrónicos”! Mientras los priístas coreaban: ¡Salinas, Salinas; ganamos, ganamos! “A las 2:07, José Murat eleva al máximo el tono de su voz y grita la parte del dictamen que declara presidente electo a Carlos Salinas de Gortari. Y la coreografía, a su máxima intensidad….”.

Ah, pero los molestos formulismos de la ‘democracia’ obliga a efectuar una confirmación del agravio a la Nación. Ésta tendría que efectuarse el viernes 9 a las 12 hrs…. Desde luego que la sesión no comienza a la hora programada, dilatada por los escarceos y por la rigurosa puntualidad acostumbrada. Los diputados inconformes hacen uso de la palabra para condenar lo que venía sucediendo, aquello era un escandaloso fraude a punto de consumarse. El diputado Octavio Moreno Toscano del FDN al término de la sección de oratoria “denuncia la manipulación informativa de los boletines; la presencia de agentes de seguridad; el origen del dictamen; el procedimiento. Denuncia. Afirma: si se aprueba el dictamen, se habrá consumado un golpe de Estado Técnico”.[98] Con lo cual se resume y califica adecuadamente lo acontecido.

Los llamados a que se actuara con cordura, realizando los procedimientos legales y constitucionales para calificar la elección fueron ignorados por la jauría priísta. Supuestamente los diputados deberían argumentar lo concerniente al dictamen y proceder a votar con entera libertad. Pues sí, desde la oposición denuncian que el recinto está ocupado por grupos paramilitares y porros, mientras que en el exterior, las calles están bloqueadas con transportes de granaderos.

Estado de sitio para consumar el fraude, equivalente a un golpe de Estado concreto para imponer a Salinas y darle curso al régimen neoliberal. La farsa se consuma, la mayoría priísta y los tres desertores concluyen el agravio con 263 votos. Así queda para la Historia, vergüenza de supuesta democracia. Ah, pero por supuesto “Entre los primeros en saludar a Salinas de Gortari, el secretario de Gobernación, Manuel Bartlett, permaneció con el presidente electo de las 10:08 a las 10:28 horas. Poco después, 10:40, los diputados priístas comparecieron ante su líder máximo. Ante ellos, Salinas sostuvo que el proceso parlamentario que lo declaró presidente electo fue ‘una batalla apegada a la Constitución’, expresó que defenderá ‘apasionadamente la independencia de México’, renovó su ‘compromiso con la democracia y la justicia’ y ‘exaltó la libertad que existe en el país, ‘sin la cual no podríamos llamarnos mexicanos” (sic).[99]

Y Salinas se deja querer por el ‘pueblo’ al lado de sus allegados: Manuel Camacho Solís, Raúl Salinas de Gortari, Otto Granados, Gutiérrez Barrios, Andrés Massieu, en la residencia en la que estaban ubicadas sus oficinas particulares saludó a un grupo de pequeños comerciantes movilizados oportunamente para la ocasión, uno de aquellos lacayos al estrecharle la mano dijo: ‘hoy no me la lavo’, simbolizando la sumisión del lumpen proletario al establishment.

Y para concluir este otro ejercicio ejemplar de la ‘democracia’ que se acostumbra en México. Dos de los diputados priístas partícipes en el sainete recién verificado, se apersonan ante el presidente de la Madrid para informarle de manera oficial que la sesión del Colegio Electoral había concluido satisfactoriamente. Y el Presidente procede a calificar el dictamen de ser “un ejemplo de documento parlamentario” (sic).

Será de sabios cambiar de opinión y de bando, a más de 20 años de aquel golpe de Estado simulado, uno de los protagonistas principales habla y se deslinda del Fraude cometido en una entrevista concedida a Proceso. Se trata del ex Secretario de Gobernación Manuel Bartlett Díaz. Argumentando sostener ahora una política nacionalista similar a la de Cuauhtémoc Cárdenas y a la de Andrés Manuel López Obrador, además de expresar tener una animadversión para con Carlos Salinas de Gortari, a quien califica de ser “el verdadero operador de la campaña de Peña Nieto”.[100]

Priísta desde hace más de medio siglo, habiendo sido senador por dicho partido en la legislatura comenzada en el año 2000, detentando una política de corte nacionalista en defensa de los recursos naturales del país, deslindándose de la mayoría de los miembros del PRI, proclives a privatizar Pemex y a la Comisión Federal de Electricidad. Bartlett argumenta que su acercamiento a Andrés Manuel López Obrador está dado de facto al coincidir en la defensa del sector eléctrico y del petróleo.

Refiriéndose al pasado y a su desempeño como miembro del gabinete priísta, partícipe en asuntos escabrosos en que se vio vinculado, se defiende argumentando que Carlos Salinas estaba detrás de varios golpes publicitarios dados en su contra en momentos en que él era uno de los presidenciables: “Salinas es un jugador sucio, no es un demócrata”.[101] Refiriéndose a lo que califica de montajes realizados para desprestigiarlo, como fue el caso de un problema familiar que involucró a sus sobrinos, de lo que se hizo un chisme entre nota rosa y roja.

Y más importante aún fue su involucramiento como presunto autor intelectual del asesinato de Manuel Buendía, en el supuesto de que el articulista de Excélsior iba a publicar nombres de altos funcionarios y policías vinculados al narcotráfico, entre los cuales pudiera estar el suyo y el de familiares del Presidente. Y Bartlett hace ver que José Zorrilla, quien en aquel entonces fungía como jefe del Dirección Federal de Seguridad (DFS) adscrita a la Secretaría de Gobernación, enjuiciado y condenado como el autor intelectual del crimen, no era un hombre de su equipo habiendo sido nombrado en ese puesto por el presidente saliente López Portillo. Así que no siendo un hombre de confianza él no lo dirigía, pero por el hecho de ser un miembro de la Secretaría de Gobernación, el desprestigio, la sospecha, caía sobre el titular, siendo esto realizado como una conjura para descalificarlo y excluirlo, inclúyase una supuesta indagación en su contra realizada desde los Estados Unidos por la DEA.

En lo concerniente a la ‘caída del sistema’, de entrada, al tocar el tema Bartlett indica que tal frase manida fue en realidad pronunciada por Diego Fernández de Ceballos, no habiendo sistema de cómputo alguno involucrado, que lo ocurrido fue el bloqueo del sistema telefónico, acontecer que ciertamente mencionó en aquel momento: “Heberto Castillo pregunta en qué consiste el problema del sistema de cómputo. Bartlett explica que se habían instalado líneas telefónicas para un sistema de cómputo con un programa muy elemental, un sumatorio, y que al empezar a funcionar el sistema se bloqueó porque eran insuficientes los 160 teléfonos que había. Agregó que ya había organizado otro sistema con 300 líneas, pero que no empezaba a funcionar porque llegaron los tres candidatos y sus acompañantes y habían interrumpido su trabajo. Heberto Castillo le preguntó cómo es que se habían bloqueado. Bartlett dijo que se habían bloqueado con las llamadas de los comisionados de los partidos, que se comunicaban mucho a provincia. Castillo alegó que eso francamente no era posible. Bartlett dijo que entendía su suspicacia, pero que así era”.[102] Lo que parece ser una verdad a medias.

Y sigue argumentando Manuel Bartlett en su defensa que él no proclamó el triunfo de Salinas a pesar de las presiones del Presidente de la Madrid y del propio Salinas, por lo que fue el presidente del partido, de la Vega quien lo realizó. “Les dije que el Código Electoral que estaba vigente en ningún momento se le atribuye a la Comisión Federal Electoral facultades de computar elecciones… Pero todas las boletas, los paquetes de la elección presidencial se fueron al Colegio Electoral, donde se calificó la elección”. Es una fantasía el considerar que yo apagué la computadora cuando iba ganando uno (Cárdenas) y la reprogramé (debiera decir) para que ganase Salinas. “Eran 300 distritos los que se estaban computando, se tardaron tres días en hacerlo. Todo eso que computaron se fue allá. Si hubo fraude, pues fue allá”.[103]

Y para rematar revela algo de mayor importancia para lo que se vendría: ‘Para obtener la aquiescencia del PAN, Salinas concierta un acuerdo con la dirigencia de ese partido -¡Diego Fernández de Ceballos!-. “Ya lo investigó Martha Anaya y descubrió el pastel: el acuerdo Salinas –PAN. Él se comprometió a hacer todo (para ayudar al PAN a llegar a los Pinos) y lo cumplió”.[104]

De cierto que en las jornadas de calificación electoral quienes lideraban a las respectivas bancadas eran el ya mencionado Jiménez Morales por el PRI, y nada más y nada menos que Diego Fernández por el PAN. Mismo miembro del neo panismo que en su calidad de senador tiempo después procedería a incinerar las boletas.

Bartlett lo refiere así: “Quien hizo presidente a Salinas fue el contubernio entre el PAN y el PRI, cuyos legisladores quemaron después los paquetes para que no hubiera pruebas. En esto estuvieron unidos Fernández de Ceballos y Salinas, como están unidos ahora Calderón y Beltrones”.[105] La concertacesión procede, es bueno que lo sepan.

NOTA POSELECTORAL

Consummatum est el fraude aunque la oposición prosigue su lucha, hoy como hace seis años Andrés Manuel López Obrador se ve impedido de llegar a la presidencia porque el establishment neoliberal de afuera y de adentro no lo quiere, y no lo quiere porque no es uno de los suyos, como si lo es Enrique Peña Nieto. Ante la debacle panista después de dos sexenios de oprobio la concertacesión procede garantizando que bajo la pseudo-democracia imperante  el Sistema neoliberal siga vigente.

El ‘nuevo PRI’ recupera la conducción del gobierno federal para seguir aplicando la misma política económica que se gestó desde el salinato, por lo que seguirá impulsando los ‘cambios estructurales’, es decir, privatizando disimuladamente el petróleo y la energía eléctrica…, aún más.

Y conste que los indicadores de la problemática nacional aparecen por doquier pidiendo a gritos el cambio; el mismo día, días antes de las elecciones se refería la venta de la Cervecería Modelo a un consorcio belga-estadounidense, mientras se daba cuenta de los estragos que causan las mineras extranjeras y nacionales en prácticamente todo el territorio nacional, así como de las continuas alzas a la gasolina y el incremento, como en ningún otro lugar de Latinoamérica, del precio de los alimentos, todos ellos indicadores contundentes del hoyo en que está metido el México neoliberal… Y no olvidar que quienes lo han metido en él son los mismos que retornan al gobierno.

Un breve muestrario de la aguda problemática en la que se encuentra la economía nacional, pero espanta la inconsciencia de la mayoría de los habitantes del país, algo así como el 80 por ciento de mexicanos de todas las clases sociales; lo que resulta compresible por parte de la burguesía beneficiada con el modelo de concentración de la riqueza neoliberal, pero la pasividad de las mayorías desarticuladas es producto de su nulidad política y del triunfo de la enajenación mediática.

Educación, toma de ‘conciencia de clase para sí’, sigue siendo la fórmula después de tanto años para que los agentes revolucionarios y hacedores de la riqueza capitalista se rebelen y revolucionen construyendo la democracia auténtica de abajo hacia arriba.

No es que se perdiera una oportunidad de cambio, el problema es que éste no es posible con las elecciones copadas por un Estado dominado por la oligarquía asentada en el bipartidismo; compruébese que sólo con un movimiento anti-sistémico de carácter popular y a nivel nacional se puede revertir este dominio oligárquico, antes de que la debacle conduzca a una situación desesperada, un estallido espontáneo violento, nunca preferible o por sí sólo suficiente para conseguir el cambio auténtico si no va acompañado por la conciencia revolucionaria.

La ‘democracia electorera’ que priva en México es una trampa en la que caen algunos movimientos sociales que originalmente intentan el cambio, pues al integrarse a la institucionalidad son anulados y conducidos a un proceso de desgaste. Una vez más queda demostrado que la contienda electoral tal y como acontece bajo la sobre-determinación del Estado, ahora como Estado a favor del bipartidismo, anula toda posibilidad de una auténtica contienda democrática en la que un pueblo consciente manifieste su preferencia por el candidato que convenga a los intereses de la mayoría, y no como ocurre, al que representa los intereses de la oligarquía.

La derrota de AMLO se explica más allá de las trácalas y las trifulcas de ocasión implícitas en la trampa electorera, por el hecho de que en el juego partidista ningún candidato que se salga del círculo de la mafia tiene opción de triunfo dado que los partidos de ‘oposición’ son impotentes para generar un cambio al no estar respaldados por movimientos populares, son eso, partidos disgregados de las masas, no las representan ni las conducen. Esta nueva elección, este nuevo fracaso, vuelve a demostrar que la trampa del sistema electoral bajo control del Estado para mantener el status quo no se vence siguiéndole el juego al sistema, peor aún, dejando en sus manos el control del proceso electoral.

La alternativa se comenzaría a realizar con un movimiento de protesta permanente, desobediencia civil, organización de las bases, conjunción de las agrupaciones sociales actualmente en brega, involucrando a los estudiantes del #132, unidos en una coalición nacional, junto con los pocos sindicatos combativos, como los del SEM y otros disconformes, como los empleados de Mexicana de Aviación que han sido golpeados por el régimen calderonista, inclúyanse los agraviados del Movimiento Paz con Justicia y Dignidad, las agrupaciones campesinas afectadas con la apertura del mercado de granos y con la ‘ley Monsanto’, la agrupación de los pueblos indígenas, con el resurgimiento del movimiento neo zapatista acorralado por el mal gobierno de Felipillo. Solo una auténtica coalición de luchadores anti-sistémicos existentes en distintas trincheras pero desunidos hasta la fecha, podría conmover a tan sólido status quo, dado que en esta pseudo democracia electorera un cambio por el pronunciamiento del pueblo en las urnas no se hace posible, elección tras elección.

Democracia es el gobierno del pueblo, de un pueblo unido y consciente, y no de uno disgregado y denigrado por las taras que engendra la dominación burguesa en el lumpen proletario, así se explica la compra del voto masiva como nuevo recurso para concretar el fraude, aprovechándose de la necesidad de los empobrecidos, de las principales víctimas del sistema, las que sumidas en la ignorancia y la desesperación a falta de combatividad política son presa fácil de los hacedores del fraude, por una despensa que cubre las necesidades de una semana, le entregan el poder por un sexenio a quienes los empobrecen permanentemente.

Antes de que la producción robótica se generalice, las huelgas generales siguen siendo el arma de lucha principal de la clase obrera, pero si los obreros son otra clase de robots y el ejército de reserva industrial es esquirol en potencia no habrá movimiento que cimbre al sistema capitalista en sus bases. Por lo que urge el resurgimiento de la clase obrera combativa para detener la hegemonía del capital, una tarea del deber ser revolucionario pendiente pero que no deja de ser posible en circunstancias que habrán de presentarse en el próximo futuro en el mundo entero.

Posibilidades, mil, pero el dominio neoliberal de la burguesía propietaria proseguirá un sexenio más, lo que es igual a la prosecución de seis sexenios de neoliberalismo desgastando al país. En lo que es importante pues, que las movilizaciones no restrinjan a impedir la imposición del títere, sino que el movimiento de oposición se mantenga y crezca ante el advenimiento del maximato, pues el país queda en manos de los originales tecnócratas neoliberales que vienen a redondear la obra implicando la debacle de la economía.

En México como en el mundo se vive una etapa de arrastre por la vorágine del capitalismo desenfrenado, la que al parecer ha de prolongarse durante el resto de la década generando situaciones calamitosas, de las cuales se propiciará el auténtico momento crítico (en el que hace crisis la situación problemática), de cuyo desenlace en la correlación de fuerzas resultante dependerá el futuro de la Humanidad.….


[1] Proceso, No. 318. 6-12-1982.

[2] Heberto Castillo. “Acato al FMI, lo fundamental”. Proceso 318: 34.

[3] Francisco Ortiz Pinchetti. “Dureza y títulos académicos, distintivos del Gabinete -los políticos, en nivel inferior-”. Proceso 318: 7.

[4] Carlos Ramírez. “El regreso de Mancera al Banco de México inicia la media vuelta de lo hecho en septiembre”. Proceso 318: 15.

[5] Carlos Ramírez. “Para salvarse de la quiebra, el Estado opta por el sacrificio social -la razón de los más fuertes conduce ya al país-“. Proceso 318: 14.

[6] Ibid: 12. Subrayado añadido.

[7] Ibid: 17. Subrayado añadido.

[8] Juan Antonio Zúñiga. “Los banqueros vuelven a casa y la Banca recobra su meta utilitarista”. Proceso No. 322, 3-01- 1983: 8. “También se establece que los titulares de la serie ‘B’ tendrán derecho de participar en las utilidades de la sociedad emisora y, en su caso, en la cuota de liquidación. Además, ‘sus titulares podrán participar en la designación de los miembros del consejo directivo de la sociedad que corresponden a la propia serie y formar parte del órgano consultivo’”. Ibid: 9. Todo fuera por recuperar su valiosa experiencia.

[9] Ididem.

[10] Heberto Castillo. “Traición”. Proceso 322: 31y 32.

[11] Ibid: 32.

[12] Ibidem. Subrayado añadido.

[13] Carlos Acosta. “La austeridad seguirá siendo la tónica aunque se llegue a la ruina -el neoclasicismo económico no admite cambios-”. Proceso No. 455, 22-08-1985: 29.

[14] Ibidem.

[15] Ibid. Incluye referencias de Héctor Guillén, como la concerniente a ‘Luis Pesos’, reconocido ‘teórico del liberalismo a ultranza que por ese entonces ya pontificaba la transformación económica que levantaría a México. Por algo sería que Manuel Buendía lo tenía en su mira, refiriéndose a él con la debida consideración, haciendo ver que el ‘Doc’ en su juventud militó en la organización de ultraderecha el MURO, después se ‘doctoró en economía como opus deista, convirtiéndose en prócer del advenimiento  neoliberal, actuando en funciones de ideólogo disfrazado de economista. Conferencista y autor de libelos de ‘gran éxito’, best sellers, llegándose a cotizar como el conferencista mejor pagado en México, perorando ante selectos auditorios compuestos por empleados  de empresas y/o burócratas, ante los cuales se recitaba dos o tres cassettes bien aprendidos en lo que expresaba lo que la clase pudiente quería escuchar: “Uno de sus primeros libros, destinado a exigir que el petróleo volviese a manos extranjeras, fue auspiciado por don Manuel Espinoza Yglesias. Bancomer compró casi toda la edición para regalar ejemplares a muchos miembros de la ‘santa alianza’ que luego tendrían la obligación de hacer comentarios, so pena de incurrir en desagrado”.  Manuel Buendía. La Ultraderecha en México. “El ‘Doc’ Pazos. Excélsior 15-10-1982.

[16] Carlos Ramírez. “Paso a paso, el Fondo Monetario trazó el hundimiento del país -McNamara veía a México, superpoblado, como peligro para Estados Unidos-”. Citando un  párrafo de Executive Intelligence Review. Proceso No 311, 18-10-1982.

[17] Ibid: 18. Subrayado añadido.

[18] Ibidem. Subrayado añadido.

[19] Fernando Ortega Pizarro. “Fallan las predicciones y se queda sin base el plan nacional de desarrollo”. Proceso No. 395, 28-05-1984: 6.

[20] Vid caricatura de Naranjo en Proceso No. 458. En la que aparecen estos tres tristes personajes cosechando verduras en un escenario, y sólo el tramoyista oculto en la ‘concha’ grita, ¡Bravo!, ese tramoyista no podía ser otro que… ??? MdeM, o en su defecto el director del BM, o el Secre Baker, no faltaban tramoyistas neoliberales.

[21] Fernando Ortega Pizarro. “Fallan las predicciones…”: 7.

[22] Juan Antonio Zúñiga. “Los exbanqueros podrán recuperar acciones de empresas que valen lo que les dieron por los bancos”. Proceso 395: 10.

[23] John Saxe Fernández. La Compra-Venta de México. Plaza Janes. 2006: 439.

[24] Guillermo Correa y Juan A. Zúñiga. “El Sistema Alimentario Mexicano murió de hambre al caer el petróleo”.  Proceso No. 324, 17-01-1983: 13.

[25] Guillermo Correa. “El SAM, supuesta panacea, al fracasar creó más pobreza –sólo sobrevive su hijastra la ley agropecuaria-“. Proceso 324: 14.

[26] Ibid: 14-15.

[27] Guillermo Correa. “No faltarán alimentos, porque se importarán”. Proceso 324: 14.

[28] Juan Antonio Zúñiga. “La salida, entregar industrias a los acreedores extranjeros –un billón 500,000 millones deben 34 de las mayores empresas-“. Proceso No 395: 6.

[29] Ibid: 9.

[30] Ibidem.

[31] Ibid: 10

[32] Ibid; 9. Subrayado añadido.

[33] Ibid: 10.

[34] Ibid: 11.

[35] Fernando Ortega Pizzarro. “Fallan las predicciones… ”. Op.Cit: 6-7.

[36] Heberto Castillo. “La impagable deuda”. Proceso 451: 40.

[37] Ibidem.

[38] Carlos Acosta. “El fracaso de la política financiera obliga a devaluar y abaratar el petróleo”. Proceso No. 454. 15-08-1985: 6.

[39] Ibid:  8 y 9. Incluye referencia de Eduardo González.

[40] Carlos Acosta. “Sin confianza y varada por sus vicios, la banca nacionalizada nada aporta al desarrollo”. Proceso No 461, 2-09-1985: 8.

[41] Ibidem.

[42] Ibid: 9.

[43] Ibidem.

[44] Alonso Aguilar-Guillermo Carmona-Arturo Guillén-Ignacio Hernández.  La Nacionalización de la Banca –la crisis y los monopolios-. Nuestro Tiempo, 1985: 27.

[45] Ibid: 28.

[46] Ibid: 73.

[47] Arturo Guillén. “La Renegociación y el Desenvolvimiento Reciente de la Deuda Externa de México”. En: La Deuda Externa –grillete de la nación-. Nuestro Tiempo, 1989: 66.

[48] Ibid: 68 y 69.

[49] Ibid: 70-71. Cita de Hans A. Augermuller.

[50] Ibid: 72.

[51] Ibid: 74.

[52] Ibid: 75.

[53] Cita tomada de: Carlos Acosta. “En su afán de rectificar Silva Herzog se enajenó apoyos y decidió irse”.  Proceso No. 503, 2307-1986: 8.

[54] Ibid: 10.

[55] Fernando Ortega Pizarro. “Reacciones divididas ante la renuncia; se impugna la carencia de información”. Proceso 503: 6.

[56] Carlos Acosta. “En su afán de rectificar….” Op.Cit.: 10.

[57] Arturo Guillén. Op.Cit.: 76. Incluso sería víctima de un acoso cuando el padrino de la mafia fuera asentando su dominio.

[58] Carlos Acosta. “En su afán….”: 10

[59] Arturo Guillén. Op.Cit.: 81. Siendo una nota del diario francés Le Monde.

[60] Fernando Ortega Pizarro. “Reacciones divididas…”. Op.Cit.: 6.

 

 

[62] Ibid: 7.

[63] Carlos Acosta: “Machucón a la ‘mano negra’ del gobierno, que alteró el mercado; –el sector bursátil, ya omnipotente, se deshace de intrusos-“. Proceso No 573, 26-10-1987: 6.

[64] Fernando Ortega Pizarro: “Según técnicos y empresarios, en lo sucedido en la Bolsa hubo concertación gobierno-financieros”. Proceso No. 573: 7.

[65] Ibidem.

[66] Ibid: 8. Incluye cita de Enrique Quintana. Subrayado añadido.

[67] Ibid: 8-9.

[68] Carlos Acosta. “Machucón a la mano negra…”. Op.Cit.: 13.

 

[69] Ibidem.

[70] John Saxe-Fernández-Gian Carlo Delgado.  Imperialismo Económico en México; -las operaciones del Banco Mundial en nuestro país-. Debate-Arena. 2006: 18-19.

[71] Ibid: 19 y 20.

[72] Ibid: 21 y 23. Subrayado añadido.

[73] Fernando Ortega Pizarro, Proceso 395: 7.

[74] Saxe Fernández-Delgado: 27. Subrayado añadido.

[75] Ibid: 28.

[76] Ibid: 30.

[77] Ibid: 25.

[78] Heberto Castillo. “La moratoria, inevitable”. Proceso 395: 37.

[79] Ibidem. Subrayado añadido.

[80] Ibidem.

[81] Ibid: 38. Subrayado añadido.

[82] Arturo Guillén. Op.Cit.: 82.

[83] Ibid: 83.

[84] Ibid: 85.

[85] Ibid: 86.

[86] Ibid: 86 y 87. Incluye cita de Emilio España Krause, publicado originalmente en Excélsior.

[87] Ibid: 89.

[88] Ibid: 92. Negritas añadidas.

[89] Ibid: 96. Negritas añadidas.

[90] Carlos Acosta. “El estilo Salinas: imponer y descalificar”. 4-10-1985, en: Salinas en Proceso. Grijalbo, 2012: 21.

[91] Ibid: 23, 24 y 25.

[92] Ibid: 25.

[93] Elías Chávez. “Cuando el Sistema se cayó”. 10 de julio de 1988, en: Salinas en Proceso: 56.

[94] Ibid: 58.

[95] Carlos Acosta, Pascual Beltrán del Río, Homero Campa et al. “Presidente electo, a la de fuerzas”. 11-09-1988, en: Salinas en Proceso: 65. Desde luego, ahora Camacho Solís es un miembro prominente de la oposición de izquierda, en este país de arrepentidos.

[96] Ibid: 70. Obsérvese, Ricardo Monreal es hoy también un miembro destacado de la oposición. No me equivoco al decir que la política en México está en manos de unos cuantos, los malos y los arrepentidos…., y el Gallito.

[97] Ibid: 71 y 72.

[98] Ibid: 76. Negritas añadidas.

[99] Ibid: 79.

[100] José Gil Olmos.  “La historia según Bartlett”. Proceso No. 1851, 22-04-2012: 19.

[101] Ibidem.

[102] Salinas en Proceso: 59.

[103] Proceso 1851: 20.

[104] Ibidem.

[105] Ibidem.

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