¿Refundación panista?

Escrito por on Ago 12th, 2012 y archivado en Destacado, Diálogo Privado. Tu puedes seguir los comentarios a esta entrada a traves de RSS 2.0. Comentarios y referencias estan cerrados.

PAN

Alguien dijo que en política no hay nada escrito. Y sin duda tiene razón. Ahora mismo lo estamos viendo: el PAN se apresta a formar una alianza de conveniencia mutua con el PRI, a nivel nacional.
De hecho, en la reunión de legisladores electos que se celebró en Querétaro, el académico, analista y ex-canciller mexicano, Jorge G. Castañeda, propuso que Acción Nacional haga alianza con el PRI para avanzar en sus propios intereses. Para Castañeda, sería un matrimonio de conveniencia.
Textual: “hoy tiene la oportunidad (el PAN) de negociar con el PRI para sacar adelante reformas que Acción Nacional ha propuesto, que ahora Peña Nieto ha propuesto, algunas que Peña Nieto no quiere pero Acción Nacional si quiere y por lo tanto que Peña Nieto va a tener que aceptar si quiere el apoyo de Acción Nacional para las que él quiere”.
¿Conoce usted a alguien que sepa explicar mejor un razonamiento? Francamente, yo no.
A fin de cuentas no sería la primera vez que PRI y PAN hacen alianzas al más alto nivel. Su relación ha sido, siempre, de amor y odio. Históricamente han sido incompatibles porque en sus orígenes cada uno representaba una filosofía política diametralmente opuesta a la del otro. Diríase que eran posturas en tanto obsoletas. El PAN era considerado por los “revolucionarios” como el partido de la reacción.
Los intelectuales de entonces -1940, 1950, 1960- solían escribir en revistas de izquierda, que el PAN era la herencia de los conservadores que apoyaron el imperio de Maximiliano. Muchos años después, esta tesis seguía siendo utilizada en las contiendas políticas para desacreditar a Acción Nacional. Nada más lejos de la realidad, como a todos consta.
La visión de conservadurismo que se tenía en el siglo pasado, era muy anticuada. Nada tenía qué ver con el conservadurismo del siglo XIX al que combatieron los liberales encabezados por Benito Juárez.
El tiempo pasó, y extrañamente PRI y PAN experimentaron al mismo tiempo una radical transformación.
El PRI se despojó de sus bases ideológicas liberales -a veces cargadas muy a la izquierda, como en los periodos de Lázaro Cárdenas y Luis Echeverría- y el PAN guardó en el arcón de los recuerdos la doctrina de Manuel Gómez Morín, que fue la que le dio origen.
Carlos Salinas de Gortari hizo alianza con Diego Fernández de Cevallos, a través del cual el pragmatismo neo-liberal sustituyó a las antiguas tesis. PRI y PAN se fundieron en algo que la vox populi llamó “modus vivendi”. El PAN fue fundamental para la legitimación del triunfo de Salinas en las elecciones de 1988. Esta operación “modus vivendi” se mantuvo hasta el sexenio de Ernesto Zedillo, cuando Acción Nacional fue crucial para la aprobación del aumento al IVA y el rescate de la banca privada. Con Salinas se dieron varios hechos que, por su notoriedad, era imposible que pasaran inadvertidos. ¿Se acuerda usted de las concertacesiones? Esta manifestación radical de pragmatismo, lastimó lo mismo a doctrinarios panistas que a tradicionalistas priístas. Y, claro, principalmente a quienes resultaron afectados con las negociaciones en Los Pinos.
La primera en sentirse devastada  fue Margarita Villa quien fue la primera víctima de las concertacesiones. –después de esto nunca se volvió a saber de ella-. Y fue también la primera candidata del PRI a una gubernatura -la de Baja California en 1989- sacrificada en aras de la legitimación de un sexenio.
A Luis Donaldo Colosio, a la sazón presidente nacional del PRI, le tocó al trago amargo de salir a declarar que “las tendencias no nos favorecen en Baja California”. Y siguieron otros estados.
Algunos de esos triunfos panistas eran verdaderamente legítimos. Pero otros, no. En Guanajuato Vicente Fox ganó la elección, pero oficialmente se reconoció el triunfo de Ramón Aguirre Velázquez, muy recomendado de Miguel de la Madrid. Fox encabezó una protesta que amenazaba con trascender a la opinión pública internacional. Esto por ningún motivo lo consentiría Salinas. Así que cedió la gubernatura al PAN, pero no para Fox, que era el que había triunfado, sino para el alcalde de León, Carlos Medina Plascencia. Se dijo en su momento que Medina sería gobernador en forma provisional mientras se convocaba a nuevas elecciones. Esto nunca sucedió y el panista gobernó hasta el fin del periodo.
Muchos abusos, muchos actos de cinismo se cometieron durante la etapa de modus vivendi entre PRI y PAN. Nadie volvió a acordarse de Manuel Gómez Morín ni de las banderas y conquistas revolucionarias.
Es probable que entre PRI y PAN se haya dado un acuerdo con el auspicio de los Estados Unidos, para llevar a cabo la alternancia partidista en el poder presidencial. Hay indicios claros de que Zedillo le regateó el apoyo a Francisco Labastida para no permitirle crecer como candidato. El propio sinaloense lo reconoció no hace mucho. El Presidente Zedillo le cerró el paso en muchos proyectos.
El más conocido, fue el de los carros “chocolate”. Labastida quiso comprometerse en campaña a legalizar los carros extranjeros que estaban ilegalmente en el País.
Electoralmente, se calculaba que el proyecto era bastante rentable pues podría redituar entre seis y ocho millones de votos. Zedillo lo paró.
Y entonces Fox, que nada tenía qué perder, tomó de bandera el compromiso de legalizar todos los “chocolates” que hubiera en el territorio nacional. En este contexto, podría decirse que el PRI fue determinante para que el PAN pudiera tomar posesión de la Presidencia en 2000, como lo fue en el 2006, cuando el PRI le abrió las puertas del Congreso a Felipe Calderón para que pudiera protestar como Presidente. En los últimos seis años el PAN y el PRI se distanciaron.
El principal negociador, el Jefe Diego, estaba fuera de la jugada y era Calderón el que tomaba todas las negociaciones. Pero al fin buenos socios que fueron en el pasado, ahora vuelven a converger en una situación en la que se necesitan mutuamente. Sólo que esta vez, el PRI está del otro lado del mostrador.
Es decir, es el que despacha. Por eso, digo, que no hay nada escrito en política.
Jorge G. Castañeda lo explicó con meridiana claridad en la reunión de legisladores electos del PAN, de Querétaro. Ahí, donde una noche antes, el Presidente Calderón, siguiendo la ruta que siguió Salinas el último día de su sexenio en Chalco Solidaridad, cantó a dueto con el trovador David Filio, la canción “Historia de las sillas”, del cubano Silvio Rodríguez. Igual que Salinas en noviembre de 1994, cuando cantó el bolero de Roberto Cantoral, “Reloj”. Ya ve: hasta en eso se parecen.

En esa reunión Calderón se deslindó de culpas por la derrota y se las achacó a quienes hicieron campaña con la bandera del cambio, en vez de hacerlo con la bandera de la continuidad. Finalmente, no se llegó a ninguna parte.

LA REFORMA POLITICA

Se le veía relajado, dueño de la situación pero al mismo tiempo respetuoso. El entrevistador se deshacía en elogios, exaltaba su obra política, resaltaba el hecho de que la Reforma Política promulgada por el Presidente Felipe Calderón, no era sino el corolario de dos años en los que desde la Cámara de Senadores, la impulsó, la revaluó y, ya consensuada, la envió al Ejecutivo.
-Fue sólo una firma, la firma del Ejecutivo- quiso precisar el entrevistado. Manlio Fabio Beltrones nos se fue con la finta de los halagos. Se asumió como el depositario de la confianza de sus compañeros de partido en la Cámara Baja para ser su coordinador para los tres años que vienen.
-Tú y él (Felipe Calderón) se conocen muy bien, ¿verdad?,  Doña Margarita y tú le conocen muy bien.
Relampagueante la respuesta:
-En ese orden.
El entrevistador no era otro que Brozo, cuyo nombre real es Víctor Trujillo.
Rara vez había visto a Beltrones tan dispuesto a una charla en el terreno humorístico del famoso conductor, actor, guionista, académico y políglota.
-Ustedes los priístas son mayoría junto con los del Verde y el Panal- le recuerdan.
-Es una mayoría precaria de 251. Ten en cuenta que el pueblo no quiso otorgarle la mayoría a ningún partido político. Por sexta ocasión consecutiva el pueblo se ha negado a darle esa mayoría a algún partido.
-En los últimos años tú fuiste una especie de vice-presidente– lo halagó el entrevistador.
-Fui un legislador de oposición responsable, propositivo. Yo reconozco en el Presidente Calderón su honestidad, sus principios. En algunas cosas no estuvimos de acuerdo o no se pudieron llevar a cabo reformas porque su partido parecía no darse cuenta de que era Gobierno.
Beltrones expuso con claridad lo que necesita el País y lo que él está dispuesto a dar.
-Estas cosas deben de pasar, nadie tiene porque sorprenderse.
En relación con los partidos pequeños, dijo:
-En el pasado se buscaban bisagras, que abren la puerta pero después la cierran.
Se refería a esa precariedad de los 251 votos sumados con el apoyo del Verde Ecologista y el PANAL.
Pues sí: vaya forma de describir una realidad: los partidos bisagra abren la puerta “pero después la cierran”.
Verdad de verdades. De su nueva condición política, expresó: “Llevo doce años como oposición, debo habituarme a ser parte del partido en el Gobierno”. El entrevistador trajo a colación la doble posición que PAN y Gobierno mostraron casi siempre a la hora de debatir una iniciativa. Es decir, que Calderón nunca se entendió con su partido.
-A nosotros no nos va a pasar lo que a otro partido, que duró doce años en el poder y no se dieron cuenta que eran Gobierno- pronosticó.
-Entre ustedes también hubo desavenencias. Cuando desde la Cámara de Senadores enviabas tus iniciativas a la Cámara de Diputados, tus propios compañeros las echaban atrás.
-Pero ahora voy a estar en la Cámara de Diputados y las voy a sacar. Ya me piché una pelota y ahora tengo qué batearla.
Brozo mete aguja para sacar hebra:
-Ya te saliste con la tuya y con la de Enrique.
Beltrones responde:
-Pero se quedó con todo.
El entrevistador insiste:
-¿Entonces esa falta de entendimiento entre Calderón y el PAN fue lo que hizo inviable que se sacaran adelante algunas reformas?
El sonorense parece reflexionar las palabras:
-Tener la oposición dentro de casa debe ser muy malo para quien quiera gobernar.

LA GENTE SE ACOSTUMBRA A TODO

En días pasados platicaba con un amigo y él me decía:
-¿No te fastidia leer sobre puros ejecutados?- me sorprendió con la pregunta.
Me recuperé rápido y respondí:
-No, no me fastidia. Lo que me preocupa es que estamos llegando a un punto en que ya no nos conmueve ninguna noticia por más espantosa que sea.
Tiempo después reflexioné sobre lo que mi amigo me había dicho. Recordé que aquí mismo he comentado sobre esta indiferencia social hacia la violencia de nuestro entorno. En algunas ocasiones me he referido a esa indolencia frente a los espectaculares encabezados de los periódicos sobre masacres y otros hechos de sangre. Este es el legado que nos deja Felipe Calderón, más preocupado por ahora en evitar que le arrebaten el control de su partido, que en tratar de contener la ola sangrienta que se está abalanzando sobre el País. Y todavía el secretario de Gobernación, Alejandro Poiré, se atreve a dar cifras alegres sobre los niveles de violencia. Lo de San Luis Potosí fue como un baldazo de agua fría para el grupo calderonista. En un solo día ejecutaron a 21 personas. En una sola vez, mataron a 14, cuyos cadáveres fueron abandonados en el interior de una furgoneta. La televisión, la radio y la prensa escrita le dieron una inusual cobertura, tal vez pensando que aumentaría el raiting y el número de lectores. Se equivocaron.
Ya sea por indiferencia o “por fastidio”, como dijo el desconocido del café-terraza, lo cierto es que la violencia cada vez “vende” menos en amplios círculos de la sociedad.
Hablaba yo del legado que deja Calderón. El viernes, por ejemplo, los diarios del País publicaron unos cuantos sucesos de violencia. Nada más los que cupieron en una página.  Aunque bien vistas las cosas, ¿a quién le interesan esas noticias? Me duele tener que reconocer lo que alguien comentó no hace mucho: “La gente se acostumbra a todo, hasta a los muertos”.

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