El periodo vacacional veraniego no ha resultado tan light, políticamente hablando. Ya vio usted: aunque incompleta, pero se aprobó la Reforma Política, que desde hace cuatro años venía empujando un grupo de legisladores. Sobre aquello que no se aprobó, algunos senadores dijeron que quedaron asignaturas pendientes para el futuro. Una de ellas es la relección de legisladores, tema que no aprueba el futuro Presidente de la República. A lo mejor para dentro de tres años. A lo mejor. Ahora bien: ¿Sabe usted que es lo que más me llamó la atención de todo esto? Que la aprobación de la Reforma Política se produjo casi en silencio. No hubo bombo, nadie presumió, nadie se acreditó nada. Y cuando digo “todo mundo”, me refiero a comunicadores de televisión, a analistas políticos, a intelectuales como Jorge G. Castañeda. Ni hablar: al César, lo que es del César.
Decía yo que estos son tiempos de sequía política. Sin embargo, el País no ha estado ajeno a muchos acontecimientos políticos. Y es que, bien vistas las cosas, la política en sí misma nunca se va de vacaciones. Está en los balnearios de moda, frecuentados por los políticos del momento. Está en los comedores de los grandes hoteles. En las grandes tiendas estadounidenses. En los parajes recreativos de la campiña y de las montañas. Y está entre aquellos que no abandonan sus lugares de origen.
Un ejemplo, según narró un diario nacional: dos políticos se encontraron en un hotel del sector Polanco, en la Ciudad de México, según relata un ameritado cronista. Uno, que fue líder nacional del PAN, Manuel Espino Barrientos.
El otro, nuestro paisano, secretario general adjunto del CEN del PAN, Rubén Camarillo Ortega.
Espino Barrientos, le reclamó que no hubiese protestado por las tonterías cometidas por los altos mandos del partido y que desembocó en la tragedia electoral del primero de julio. Camarillo se hizo el desentendido y lo colmó de elogios: “El tiempo te dio la razón”, le dijo. El duranguense no aceptó al aire y le reviró, con esta pregunta:
-¿Por qué no declaraste antes?
Camarillo intentó justificarse aduciendo: “Fox era manejable, éste (Calderón), es un C…”.
Lo que el comunicador narra en su crónica, es el típico diálogo entre dos panistas que se conocen de muchos años y cruzan opiniones sobre lo que suponen va a acontecer en las semanas por venir.
Que si quién va a designar a los coordinadores parlamentarios. Que si Felipe Calderón quiere imponerlos. Que no, porque Gustavo Madero tiene qué hacerlo. Buena grilla, pero sin el folclor y la enjundia de la grilla de los priístas. Lo cierto es que las vacaciones de verano de este año, no han amansado las aguas de la grilla política. Usted estará de acuerdo en que el conflicto post-electoral algo tiene qué ver con ello.
De hecho, lo que sucedió el jueves es tan inédito como insólito: los dirigentes del PAN y del PRD, Gustavo Madero y Jesús Zambrano Grijalva, presidiendo una rueda de prensa juntos. Y más asombroso aún: los dos exigiendo se investigue un supuesto “lavado” de dinero por parte del PRI.
Lo insólito viene porque la secretaria general del CEN del PAN, Cecilia Romero, afirmó que el próximo día primero de diciembre, Enrique Peña Nieto tomará posesión como Presidente de México.
Lo cierto es que hay mucho ruido político por donde se le quiera ver.
entereza para aceptar EL fracaso
La sabiduría popular suele decir que las personas no sólo se conocen en el triunfo, sino mucho mejor en la derrota. Es posible. ¿Sabe usted por qué dejé de sentir respeto por Andrés Manuel López Obrador, luego de haberle reconocido por años como un auténtico líder social? Se lo diré: porque es un pésimo perdedor.
No tiende grandeza en la derrota, como si la tienen muchos candidatos perdedores del PRD, del PRI y del PAN, a quienes no les favoreció el voto en las elecciones del pasado 1 de julio.
La derrota del PRI en el 2000, no sólo es memorable porque perdió la Presidencia de la República después de 70 años en el poder, sino por la actitud digna del candidato perdedor, Francisco Labastida Ochoa.
Y digna y valiente también ha sido la postura de Josefina Vázquez Mota, candidata perdedora. Como para que algunos varones que se doblegan ante la derrota, aprendan de esa lección de valor y ecuanimidad ante la adversidad. A lo largo de mis ya muchos años en este oficio, he sido testigo de casi todo lo que puede ocurrir en la actividad política. He visto el rostro del triunfo pero también el de la derrota.
Imposible olvidar aquel rasgo de hombre de Héctor Hugo Olivares al perder en la elección de 1998.
La derrota electoral de Héctor Hugo, era en aquel momento, con mucho, lo peor que le podía pasar a un candidato del PRI. Eran otros tiempos en los que el PRI no perdía.
Olivares Ventura era un político profesional y como tal, sabía de los altibajos que el hombre debe enfrentar. No se derrumbó en el fracaso. Hombre culto, que abreva del conocimiento universal, cita el pensamiento de otros para apaciguar el inevitable dolor que por dentro carcome el orgullo de cualquiera.
“En la guerra se muere una sola vez, en la política se muere para resurgir”, citó.
Históricamente los hombres que más han alto han llegado en el reconocimiento de los pueblos, son los que, de la derrota, se levantaron para vencer. Claro, algunos que lo hicieron, ya estando en la cima, se perdieron en la soberbia del poder. Es el caso de Ricardo Nixon, cuya grandeza se manifestó en la derrota, repetida en dos ocasiones -primero por la presidencia de EU, y luego por la gubernatura de California- y no en el triunfo.
Pero siempre estará presente la lección de Abraham Lincoln, cuyas sucesivas derrotas en sus intentos de ser diputado y senador, lejos de ablandarlo, lo fortalecieron. En el sub-Continente Americano tenemos un caso único: el de Inácio Lula Da Silva, que por tres veces consecutivas perdió las elecciones presidenciales de Brasil. Nunca lo abatió el fracaso. Por eso, en la cuarta vez, ganó la elección y fue un gran gobernante.
Mire usted: en muchas cosas uno puede no estar de acuerdo con el Presidente Felipe Calderón. Sin embargo, su enorme serenidad para enfrentar la debacle de su partido, lo dibuja como un político que sabe asumir sus fracasos con valor como los triunfos con humildad. Esto no se le puede regatear a Calderón, por mucho que yo mismo no esté de acuerdo con él en algunas de sus medidas y acciones políticas. Calderón vio como su hermana era derrotada en Michoacán y cómo a su delfín, Ernesto Cordero, lo hacía polvo Josefina Vázquez Mota. Todo lo enfrentó con decisión, reconociendo al ganador de inmediato, como lo hizo con Enrique Peña Nieto. Pues sí: no todos tienen la entereza para aceptar su fracaso.
FELIPE CALDERON ¿Y AHORA QUÉ?
La pregunta que por estos días recorre los corrillos políticos del País, es: ¿qué quiere Felipe Calderón para sí mismo, después del primero de diciembre? ¿Calderón quiere ser Presidente de su partido después del primero de diciembre? Si tal fuese el caso -y yo no lo descartaría por descabellado que se antoje- entonces uno tiene qué suponer que, ante el vacío que la crisis con Fox ha dejado en el PAN, el Presidente quiere llenarlo y con ello seguir siendo un factor de influencia en el País. Empero, como otros presidentes en el pasado, me parece que FCH está equivocado. Lo que se le viene después de diciembre es algo fácilmente previsible. No es una cuestión de clarividencia sino de lecturas del pasado. Ningún presidente mexicano ha podido consumar sus pretensiones de convertirse en una especie de consejero del poder después de haberlo dejado. Calderón habla de sus reformas no consumadas. Dice que habrá qué empujarlas después.
Reconoce que las cosas no le han salido nada bien al PAN y se yergue como el panista que les dará a sus correligionarios una lección de lealtad, dignidad y congruencia.
Algunos analistas políticos piensan que Calderón no sólo pretende apoderarse del PAN después de diciembre, sino impulsar a doña Margarita Zavala para que sea la candidata del PAN a la Presidencia en 2018. Aún más: se especula que podría promover a Josefina Vázquez Mota -si se deja- para la Jefatura de Gobierno del Distrito Federal. Quién sabe.
En México indudablemente la situación se volvió más turbulentos tras de las declaraciones al diario El País, de España. Un analista político escribió el jueves que estas supuestas aspiraciones de Calderón. Tiene sentido, pero a fin de cuentas no deja de ser especulación. Ciertamente, a nadie se le puede escapar que con Vicente Fox fuera de sus filas, el PAN queda casi huérfano. Esto no tiene vuelta de hoja.
El Jefe Diego ya no ha sido el mismo después del secuestro. Don Luis H. Álvarez anda en los 98.
Ernesto Ruffo Appel y Francisco Barrio Terrazas andan en el dorado exilio y si a esto agregamos los dos secretarios de Gobernación muertos en accidentes aéreos y la casi desaparición de los panistas -otrora poderosos- regiomontanos por culpa de Larrazábal, entonces se tiene un panorama donde el único albiazul que brilla es Calderón. Creo que, quienes se hacen estas reflexiones, pudieran no andar equivocados.
El protagonismo reciente de Calderón “con su alocada carrera de inauguraciones y discursos post-electorales”, lo hacen ser la tabla salvadora a la que cual asirse el panismo en estos tiempos desoladores.
Otro suceso bastante previsible, es que Calderón va a maniobrar para dejar a Ernesto Cordero en la Coordinación de la bancada panista en el Senado. Como si lo estuviera viendo, de veras. Igualmente, no tendrá problemas para dejar a uno de su confianza en la Coordinación panista en la Cámara de Diputados, que no será Camarillo Ortega, como lo menciono líneas arriba. La falta de vocación política de Fox, contribuye a este panorama que parece estarse perfilando en el cercano horizonte de Acción Nacional. O sea, que al marginar Calderón a los panistas tradicionales, se quedó con todo el pastel panista para sus cuates de la Libre de Derecho y el ITAM.
La realidad es que Calderón se adueñó del PAN desde hace tiempo. Ahora bien: ¿Suena difícil que el actual Presidente de la República pudiera querer quedarse con la dirigencia nacional de su partido?
Yo diría que sí, pero no imposible.
En estos tiempos de la joven democracia en la que vivimos, muchos hechos inéditos han ocurrido. Y seguramente vendrán otros. Por otra parte, otros presidentes ocuparon algún cargo oficial después de haber dejado la presidencia. López Mateos fue presidente del Comité Olímpico Mexicano. Lázaro Cárdenas fue vocal ejecutivo de Siderúrgica Nacional. Miguel Alemán Valdés, fue presidente del Consejo Nacional de Turismo, Díaz Ordaz fue Embajador en España por tres meses y Miguel De La Madrid fue director del Fondo de Cultura Económica. Pero todos – unos más que otros- tuvieron un comportamiento discreto, no de protagonismo político, a excepción de Fox que da hasta lástima por lo arrastrado que se vio con los priístas. Mire usted: Creo que como en el caso de otros presidentes que aspiraron a ocupar una posición de influencia política después del sexenio, Calderón difícilmente podrá superar los reclamos de sus propios correligionarios. Principalmente de los que durante estos últimos cinco años y medio, han permanecido en las sombras.

