Los lastres del PAN y los resultados del 1° de julio

Escrito por on Jul 12th, 2012 y archivado en Agenda Pública, Destacado, Galería Fotográfica. Tu puedes seguir los comentarios a esta entrada a traves de RSS 2.0. Comentarios y referencias estan cerrados.

Los lastres del PAN y los resultados del 1° de julio

El plano de la contienda arroja los elementos de análisis de los resultados de la elección del 1° de julio: las coordenadas de la competencia, los aciertos de los ganadores y las fallas de quienes perdieron.

En la entrega pasada se analizaron ya las coordenadas en que se jugaron las campañas, confirmándose que la reducción de la oferta política, su espectacularidad y simplificación, así como el juego de ficciones resultaron fundamentales para el triunfo de Enrique Peña Nieto.

Particularmente el manejo propagandístico de las encuestas de las empresas que machacaron la ventaja inalcanzable de EPN (GEA-ISA, Consulta Mitofsky, Parametría, Buendía&Laredo y Asociados, y Ulises Beltrán y Asociados) terminó sirviendo para el desfonde de Vázquez Mota, meter las dudas sobre López Obrador y mantener a Peña con una ventaja que terminó siendo cómoda. Queda ahí una debilidad del marco normativo electoral, que no impide que un grupo de empresas que entran al juego de intereses sea limitado en su actuar irresponsable.

Por otro lado, el sacudimiento del ritmo de campaña con el movimiento #YoSoy132, el calentamiento de la campaña y los buenos momentos de las campañas de AMLO y JVM fueron insuficientes para revertir la percepción de que EPN iba seguro al triunfo, lo que se convalidó en las urnas.

Además del grave manipuleo, los manejos clientelares y la compra de votos quedan como manchas del proceso que no se tipificarán como delitos y causales para que la votación sea “limpiada”.

El triunfo conlleva los méritos de quienes si hicieron su tarea. En próxima ocasión veremos los aciertos del PRI que abonaron a su victoria. Ahora hay que poner el acento en las fallas del PAN, pero no en el día a día de la campaña, sino  en lo que podría llamarse el “daño estructural” con el que se llegó a la competencia electoral de 2012. Aquí se encuentran las fallas de fondo que ocasionaron la debacle electoral de ese partido, que no supo aprovechar su posición de gobierno y que por ello se constituyen quizá en la causa principal que explica los resultados electorales.

1. La falta de diseño y seguimiento de un plan.

El principal déficit de Acción Nacional fue la ausencia de un proyecto de conducción del proceso de transición democrática en el 2000, año en que asume el poder. No hubo vía de ruptura, ni de pacto para tratar de construir un nuevo modelo de entendimiento, sino cohabitación con el viejo molde de hacer política, al que nunca se propuso desmantelar.

Detrás de ello hay algo más grave, arribar al poder sin preparación, que es lo que se viene discutiendo de nueva cuenta en las últimas semanas, a la luz del activismo de Vicente Fox a favor de Enrique Peña Nieto. Con el corrimiento del expresidente a favor del pragmatismo, se constata que en 2000 el PAN fue un vehículo para llegar a Los Pinos, no el proyecto político que vencía y pretendía inaugurar una nueva época política.

2. No hubo cambio en la conducción política.

Una de las expectativas inherentes a la alternancia de parte de la ciudadanía fue contar con una clase gobernante sensible, eficaz y limpia. La expectativa sigue sin cumplirse porque no se acreditó cercanía con la gente, porque faltan resultados y porque los datos de corrupción siguen siendo graves.

Hay asegunes y atenuantes de todo lo antes dicho, pero lo cierto es que el panismo no logró una diferenciación respecto al priísmo. Si en algunas excepciones notables de funcionarios y en ciertos momentos se observó el ánimo de dignificar el servicio público, la burocracia que se conformó en estos doce años se termina mimetizando con la de toda la vida.

Sin duda que hay avances en resultados que los gobiernos de Acción Nacional pueden enarbolar como logros propios, productos de buenas gestiones, pero no insertos en un plan de trabajo político que implicara cambios en las leyes, las estructuras y la cultura política, vía la labor legislativa, la educación, el trabajo con la sociedad y la comunicación.

Hay que decir que con Fox sí se operó un cambio de estilos con actitudes que en principio parecían saludables para la desacralización de los vetustos patrones de la política mexicana, pero que terminaron mostrando que se trataba de simpe frivolidad.

3. La ausencia de análisis de la realidad política.

Lo más cotidiano fueron las malas decisiones políticas, producto de la falta de conocimiento y análisis del entorno. La colección es larga, pero se puede sintetizar un paquete de temas relevantes. En el sexenio foxista la atención innecesaria al conflicto zapatista en 2000, la fallida reforma fiscal, la falta de agenda reformista, el peloteo y menosprecio con la Reforma del Estado, la inconsistencia en la relación con el PRI, las tensiones con el Legislativo, la perdida de mayoría en 2003, el pleito con AMLO hasta el intento de desafuero y la campaña de 2006, la captura de Fox a manos de su vocera Martha Sahagún, el desaprovechamiento de la organización social vía Oportunidades, la alianza con Elba Esther Gordillo, la tolerancia de Fox a los negocios que realizaron los hijos de su esposa, el descontrol de la sucesión panista, el aliento a Santiago Creel, la intromisión del Ejecutivo en la elección presidencial de hace seis años y ahora la profesión de fe peñista.

Con Calderón la entrega a los operadores priístas en el Congreso, la decisión de la lucha contra la delincuencia, la inversión y concentración prioritaria en la guerra contra las bandas delincuenciales, la falta de otras vías de legitimación ante el ataque de López Obrador, la continuación de los contubernios con los poderes fácticos, el obsequio del control de la educación y otras posiciones a la Gordillo y el SNTE, la dilución de la agenda reformista, las tensiones con el Congreso, la ruptura con Vicente Fox y la persecución a Espino, el control del panismo y su caída electoral a lo largo del sexenio, la formación de un círculo político y parte del gabinete por lealtades antes que por capacidades, la falta de un plan de sucesión, el descontrol de la interna panista, el fracaso de la candidatura interna de Cordero, los coqueteos de Calderón con el ala moderada del PRD, el incierto y desconcertante papel del presidente en la campaña de Vázquez Mota, la pretensión de controlar el PAN después de la derrota, el cuestionamiento a la legalidad de la elección, el intento de una agenda de reformas de fin de sexenio y la posible tensión en el cambio de poderes con el equipo de Peña Nieto.

El ejercicio del poder es una dinámica permanente de toma de decisiones, por lo que es indispensable contar con análisis objetivos de la realidad. Si no se cuenta con ello, o si se dejan de lado por la superficialidad de Fox o la cerrazón de Calderón, los saldos en conjunto del panismo se quedan pobres en materia política.

Hay cuentas de avances y logros en estos doce años, así como también relación de fallas de muy malos sexenios priístas, pero la deficiencia en cuestión es grave porque defrauda la esperanza de cambio que se gestó en 2000.

4. Consistencia en la relación PAN-gobierno.

No se conformó un diseño de relación funcional. De la crítica histórica del panismo al PRI-gobierno, se terminó con la implantación de Calderón de dos presidentes (Germán Martínez y César Nava), la expulsión de Manuel Espino, el intento de imponer a Cordero y el control de la campaña de JVM.

En el camino, también se le dieron reveses al presidente con la presidencia de Gustavo Madero y la derrota interna de Ernesto Cordero. A Calderón siempre se le acusó de operar electoralmente, pero en realidad solamente se metió en dos procesos en forma manifiesta: Coahuila y Michoacán, perdiendo contundentemente en ambos casos. De Calderón se esperaba que metiera la mano por Josefina, pero no lo hizo de manera efectiva y queda como “demócrata”, aunque le duela a los panistas la falta de respaldo.

No hubo definiciones de cómo llevar la relación entre partido y gobierno. La tradición marcaba una sana distancia, pero para ser eficaz se pedía también que el presidente en turno hiciera valer su peso. Ni una ni otra cosa se dio, se quedaron en medio y sin resultados.

Hoy ante la inminente salida de la presidencia, parece que vuelve la certidumbre: regresar al papel de oposición responsable y leal, a partir del cual pueden emprender una brega de recuperación.

5. La formación de una nueva cultura política en la ciudadanía.

Si la falta de plan fue la falla de origen, el corolario es el castigo del electorado al PAN, que lo pinta indistinto al partido que venció en 2000. La diferencia se queda en que los que regresan si tienen oficio y los que van de salida se perdieron.

 La bandera de formación de ciudadanos, de abrir los cauces de participación y lograr un cambio en la cultura política terminó por perderse. El fracaso más rotundo del PAN no es la debacle electoral y la derrota de Josefina, sino el haber desperdiciado la oportunidad de contribuir a una transformación en la formación política de los mexicanos.

 gustavomtz@azpol.com

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1 comentario en “Los lastres del PAN y los resultados del 1° de julio”

  1. Victor Calvillo dice:

    Estimado Gustavo

    Te felicito por el excelente trabajo de este análisis y reflexiones que centran la discusión de lo que ha dejado o dejo de hacer AN ante la gran oportunidad que le dieron los Mexicanos en 2000 y 2006.

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