A pesar de condiciones muy desfavorables, la izquierda logra un fuerte impulso en el proceso electoral. Con todo el peso del duopolio televisivo en contra y en oposición a la oligarquía, la izquierda logra lo que desde mi punto de vista, es una victoria, parcial y relativa, pero importante.
Es increíble, lo que es un logro importante se ha presentado como una derrota. No se logró la presidencia, es cierto, pero dentro de un proceso profundamente desigual e inequitativo, con la compra masiva de votos y el gasto abrumador de cantidades enormes de dinero, el hecho es que, el candidato triunfador, sólo logra 6 puntos porcentuales de ventaja, no alcanzará la mayoría absoluta en la Cámara de Diputados y quizás no lo logrará en el Senado. La izquierda gana dos estados claves: Morelos y Tabasco, arrasa en el DF y se logran avances en muchos otros estados. Lo logrado por la izquierda es ampliamente satisfactorio.
Todo indica que el gobierno del Sr. Peña Nieto no será bueno. Hay un fuerte temor sobre lo que nos espera con el nuevo gobierno. La duda y la incertidumbre están presentes. Quizá esto sea exagerado pero no falso. Quien llega por medio de la compra del voto, del derroche monetario y el apoyo de los poderes fácticos, llega con las manos atadas y con compromisos excesivos que no presagian nada bueno. El mal gobierno tiene una serie enorme de nombres de expresidentes: Echeverría, López Portillo, Miguel de la Madrid, Salinas de Gortari, Zedillo, Fox, Calderón; 42 años del mal gobierno. Como dice el dicho: “por eso estamos como estamos”, por eso el estancamiento económico, el crecimiento de la pobreza, la ruptura del lazo social, la emigración masiva, la separación entre clase política y sociedad civil, la decadencia interminable, la criminalidad que nos ahoga, la anomia social, la incertidumbre y la desconfianza.
Pasamos por una de las épocas más críticas de nuestra historia y hay que decirlo, los cuatro candidatos hicieron campañas mediocres, sin análisis, sin evaluaciones serias, sin visión clara ni de los problemas ni del futuro, sin estrategias de ninguna clase para enfrentar nuestros serios problemas. Promesas, spots, eslogans, todos superpuestos sin ton ni son. Lo dijo Carlos Fuentes, los candidatos se ven muy chicos frente a la magnitud de nuestros problemas. Además, de un candidato inculto no se puede esperar gran cosa.
Lo que levantó la campaña fueron los jóvenes y su movimiento “yo soy 132”, ellos renacieron la esperanza y la alegría; ellos movilizaron muchos votantes.
Sin duda alguna el Sr. López Obrador tiene todo el derecho a recurrir a la ley hasta sus últimas instancias en el caso de la elección presidencial. Pero enfocar el movimiento sólo hacia ese punto con el riesgo de desgastar a las fuerzas sociales hoy activas es un grave error. Primero, hace parecer como derrota lo que es lo contrario. Segundo, la sensación de derrota desanima, entristece y es ampliamente desmovilizadora y lo peor, es una percepción falsa. Tercero, hubo irregularidades muy graves, no hay duda, pero éstas se dieron antes del conteo de votos y por eso el recuento no conduce a gran cosa, es gastar la pólvora en infiernitos olvidando lo fundamental. Cuarto, si hubo fraude en una elección las hubo en todas y eso conduciría a echar por la borda logros importantes. Quinto, lo clave ahora es consolidar lo alcanzado, organizar las fuerzas políticas, darles rumbo, cavar trincheras y prepararse para el futuro inmediato. Los errores estratégicos son graves.
La izquierda está dividida con partidos y buen porcentaje de dirigentes mediocres. Hay oportunismo y corrupción y por tanto, es necesario reordenar, restructurar, limpiar, generar nuevas visiones, rehacer los análisis, reconfigurar los liderazgos ¿De qué sirve ganar la presidencia si se tiene en contra el congreso, la mayoría de las gubernaturas, de las presidencias municipales, los poderes fácticos, los sistemas de comunicación? La tarea parece de magnitudes inalcanzables. Antes de la presidencia nacional hay que ganar las municipales, los estados, el congreso, contar con cuadros altos y medios sólidos, hay que tener al menos, una mayoría relativa importante en el congreso. Recuérdese, no es la lucha por el gobierno, es la lucha por el poder. Tener el gobierno y carecer del poder no conduce a nada.
Los retos son enormes. Hay que preparar las luchas futuras, las llamadas reformas estructurales están en lo inmediato. Hay muchas cosas que reformar pero los planteamientos neoliberales que se nos hacen en materia laboral y de petróleo son inaceptables.
