Terminan las campañas presidenciales, por lo que hay que hacer un balance y aprestarse a la cita electoral del próximo 1° de julio. La valoración cada quien la hará desde su perspectiva, formación e información con la que cuente.
Como aporte a la deliberación, en esta entrega se ofrecen algunos apuntes, a modo de balance y lecciones, que sirvan para comprender el entorno.
1. El debate del cambio político se quedó corto
Como se marcó desde un principio, la ruta de campaña giraba en torno a la visión del proceso de transición. Cambio verdadero con López Obrador, democracia de resultados y estado eficaz con Peña Nieto, y un México diferente con Vázquez Mota.
López Obrador, que en el tono y mensaje puede ser el más convincente, se quedó con la propuesta de cambio verdadero a nivel de utopía, cuando se dedicó a la descripción de anhelos y aspiraciones, negando o minimizando la explicación de propuestas o, más grave aún, proponiendo formulas equivocadas e inconsistentes. La sola apelación a su trayectoria y supuesta calidad moral es insuficiente para pedir que se le crea.
La idea del estado eficaz que EPN planteó en algún momento en su libro olvidado por el escándalo de la FIL, terminó buscándose aterrizar con el concepto democracia de resultados, que parte de la crítica al estancamiento que argumenta el priísmo contra los sexenios del PAN. La oferta no convence de una vocación democrática, sino que se reduce al patrón mexiquense de erigirse como el gobierno que cumple, que le da soluciones a su ciudadanía. En el fondo no significa un cambio en las políticas públicas, que incluso quedan cortas y empanizadas algunas de ellas, en tanto que otras acabaron en la tónica populista (vales de medicina, despensas, útiles escolares, etc.).
Vázquez Mota, como se apunto desde su arranque de campaña, se enredó en presentarse como diferente, lo que no le decía mucho al electorado respecto a qué o quiénes. Hasta mediados de campaña ha significado su idea, mostrándose como una opción distinta a los otros dos candidatos, a los que iguala como priístas. El discurso ya tomó sentido, aunque tarde, quedándose guardada la apología del compromiso y testimonio democrático del panismo histórico, la propuesta de gobierno de coalición va en tal sentido y también como un mecanismo de gobernabilidad. Las indefiniciones y equivocaciones de inicio hicieron que esto no fuera la bandera de campaña sino hasta mediados de la misma. El cierre de filas de panismo se concretó con el anclaje a los logros del gobierno calderonista, pero se descompuso con la defección de Fox por el priísmo.
Como puede verse, ninguno profundizó en los atributos de un nuevo diseño institucional, el cambio profundo del modelo de desarrollo y el modo de alcanzar la gobernabilidad.
2. Espectacularidad y simplificación de la oferta
Ante estos limitados espacios de las plataformas políticas y los proyectos de los candidatos, lo que cobra fuerza son las formas de la campaña. La lectura correcta la hizo el PRI, que entendió que la competencia se arrancó en dos coordenadas que ya se han expuesto: la de la corrección-incorrección y la de la espiral del éxito contra la espiral del fracaso.
La primera consiste en ver la campaña como un despliegue de movimientos perfecto, de manera que gana el que no la riega y pierde el que se equivoca. Hasta el Iberogate así se observó la campaña, ya después se revisaron cosas de mayor fondo y se desnudó, en contra de Peña, que no toda radica en la superproducción.
La otra coordenada es meter la disputa a la óptica de que el que va arriba ni se despeina, y los que no traen estrella nunca van a pelear, mucho menos remontar. Obviamente esto no es así, cada uno los tres candidatos serios ha tenido su momentum, como se verá más adelante.
Con una dinámica así, en lo que importa es que se vean bien las cosas. Aquí también el PRI es quien atinó: que la gente gane más, atacar el bolsillo y dejarse de promesas más acabadas y que den para pensar a una ciudadanía valorada. AMLO no se queda atrás con la retahíla de promesas imposibles y Josefina le entró también con el cuchi-cuchi.
3. El sacudimiento a la contienda
El surgimiento de #YoSoy132 modificó favorablemente la ruta de la contienda que se quería vender como sentenciada. Aunque el movimiento carece de profundidad y de una visión que trascienda el 1° de julio, y pese a la intromisión de los activistas de las izquierdas, el aporte es innegable como detonador del interés por la política, la democracia y la conducción de los candidatos.
Ingenuidad, cortoplacismo y manipuleo son algunos de los rasgos negativos que se les han criticado a los jóvenes. El tiempo ubicará el alcance y seriedad del movimiento, pero ha motivado a que se revise con mayor detenimiento a los candidatos y a que estos tengan al menos que intentar refrescar sus propuestas.
Constantemente la calle ha sido tomada para manifestar el repudio a Enrique Peña Nieto y también para defenderlo. Esto puede ser muy peligroso si los manifestantes de uno y otro bando creen que las plazas llenas, los gritos y las pancartas son las que ganan las elecciones.
4. Campaña negativa y calentamiento
Lo anterior dibuja un escenario de alto riesgo que se ha venido complicando con una serie de acontecimientos que se han venido presentando, como se analizó en la pasada colaboración. El cultivo de desconfianza en el proceso y el anuncio anticipado de prácticas fraudulentas y su rechazo, reviven el fantasma de 2006.
López Obrador ya retornó a su línea beligerante y absoluta, lo cual es reprobable; sin embargo, no carece de razón al afirmar que se está orquestando una movilización para la compra del voto. Por eso el PRI no ha dejado de insistir en que no dividirá a México, así como de organizar marchas por la paz, que en realidad son actos de proselitismo a su causa, es decir, AMLO como el peligro para México y EPN como la opción de paz para el país.
Fuera de esta polarización, hay que distinguir la campaña negativa como una práctica sana para comparar y mostrar vulnerabilidades del adversario frente a las ventajas propias. Todos los candidatos -hasta Quadri- han usado el recurso, pero es Vázquez Mota quién más eficazmente se ha colocado en este terreno y logrado exhibir a sus oponentes y diferenciarse, como se vio en el segundo debate del IFE y el de #YoSoy132.
5. El momentum de cada candidato
El análisis de las campañas no puede ser una lectura de las encuestas publicadas. Si a eso se redujera podía decirse que no ha pasado nada, y en realidad ha pasado mucho.
Viene a colación el artículo del corresponsal de The New York Times, Randal C. Archibold (In Mexico, a Candidate Stands Out Despite Attacks, 11 de junio de 2012), cuya lectura superficial nos deja la idea de un candidato priista imbatible frente al caudal de ataques que ha recibido, lo impensable en otros países con competencia democrática; sin embargo, lo que en el fondo se nos está diciendo es que hay una seria anormalidad en la contienda mexicana, que se explica o en que no hay capacidad de hacer encuestas serias en el país, o bien en que las casas encuestadoras que publican ya entraron a un juego de intereses.
En tal contexto, la contienda no ha sido ni lineal, ni ajena a movimientos, de manera que se pueden distinguir que cada candidato ha tenido su momentum:
Primero: EPN tuvo su largo momentum desde su arranque hasta el 11 de mayo, fecha desde la que viene bajando por traspiés, el resurgimiento del anti priísmo activo, las críticas y su manejo excesivamente conservador.
Segundo: AMLO tuvo su momentum desde el surgimiento del #YoSoy132 hasta el 10 de junio, con un discurso agresivo contra EPN. Se le empezaron a descomponer las cosas con el escándalo del pase de charola, sus obstinaciones en Tercer Grado y la pasividad en el segundo debate, lo que terminó por desdibujar su oferta.
Tercero: JVM entra a su momentum a partir del 10 de junio, con su triunfo en el debate, aunque ya se veía la recomposición desde el discurso y spot contra Elba Esther Gordillo. La candidata sigue en ritmo y foco, aunque con su problema de retraso.
Al cierre de campaña, las encuestas de los cuartos de guerra dan cuenta de una contienda cerrada, con ventaja de EPN que ha logrado estacionarse en la caída que traía, con JVM subiendo y con AMLO desplazado al tercer lugar y a la baja.
Todo apunta a una elección de tercios, en la que serán decisivos los indecisos, así como tomar en cuenta la alta tasa de rechazo a las encuestas.
6. Ficciones para una lucha de percepciones
La campaña comprueba que lo importante es ganar el espacio de percepción del electorado. La vía para ganar esta batalla sería en el plano ideal que la percepción se correspondiera con la realidad, pero como ello no sucede, se recurre a ficciones que pueden ser decisivas en los resultados.
Desde cada trinchera se diseñan y lanzan ficciones a favor del candidato y el proyecto o en contra de los demás contendientes. Así, puede hablarse de varias piezas que se vienen asentando en torno a cada aspirante.
Sería harto subjetivo entrar a revisar cada una de las cosas que se han dicho de los candidatos. Lo que sí es importante advertir es que hay tres ideas que están rondando en el debate público que se quieren asentar como verdad absoluta, pero que en realidad son especulaciones que serán constatadas hasta pasar la prueba de los hechos y no antes: La elección esta sentenciada, es imposible un fraude, y el triunfo del PRI no representa una regresión autoritaria.
La elección no está decidida, hay que ir a votar.
El fraude es posible desde el momento en que hay gente de todos los partidos comprando el voto y gente dispuesta a venderlo.
Si el PRI no representa una regresión autoritaria es una excelente noticia para el país, pero hay que verlo. Las experiencias del priísmo de retorno no han acreditado su vocación democrática, ni el proyecto peñista da señales de apertura e inclusión.

Como bien dice el autor; “La elección no está decidida, hay que ir a votar” y lo más indignante….hay gente que está dispuesta a vender el voto……!! fuerzas del Universo, ilumínenos a todos los mexicanos !!. Muy sustancioso este análisis, felicidades Gustavo.