Educación: leyendo a Delors.

Escrito por on jun 12th, 2012 y archivado en Destacado, Galería Fotográfica, Tecnologia e Internet. Tu puedes seguir los comentarios a esta entrada a traves de RSS 2.0. Comentarios y referencias estan cerrados.

Educación: leyendo a Delors.

Por intereses de la tarea educativa, retorné a una lectura comentada de Charles Delors en su recopilación “La Educación encierra un tesoro” que elaboró, en base a criterios de 17 especialistas representantes de la comunidad internacional, por mandato de la UNESCO (1990- ¿) en que se plasma el pensamiento universal de consenso sobre tan vital tema.

Veremos el capítulo 3, Del crecimiento económico al desarrollo humano, en que de inicio se consideran a Ciencia y Educación, como “motores fundamentales del progreso económico”. Para los años en que se escribió -1er quinquenio de los 90s- el Planeta, si bien mantenía notable deterioro en los países del Sur, denotaba crecimiento. Hoy las condiciones son diferentes.

La economía planetaria vive en crisis recurrentes -Consenso de Washington- sin que se precisen esfuerzos definitivos por corregirlas de fondo, dejando en manos de las finanzas –bancos principales de E.U. y la C.E.- los ajustes que acogotan a las clases trabajadoras –incluidas las de cuello blanco- con tal de mantener la vigencia del mercado como rector de la economía. Los casos extremos son ahora Grecia, España e Italia, pero todas las naciones sufren las consecuencias.

Por otro lado, sí se aprecia un desarrollo científico y tecnológico acelerado, pero bajo control de las naciones ricas y sus empresas financieras que colocan dichos bienes adonde responden mejor al acrecentamiento de sus intereses. Lo mismo ocurre con la modernización incesante de los medios de comunicación, que no son utilizados para propagar la cultura y acrecentar los ritmos y niveles de educación –como lo pretende la UNESCO con su Proyecto M-Learning-. Mucho habrá de trabajarse para avanzar en esta ruta.

Despierta inquietud el desquebrajamiento de los organismos de integración – sobre todo UE- la cual en su situación reciente muestra que las bondades por las que muchos países decidieron “integrarse” no se cumplen a cabalidad, tanto por el desencuentra entre intereses nacionales y los regionales, como por el “aborazamiento” de los capitales, copando con sus tentáculos los esfuerzos locales por el crecimiento de sus mercados internos para ungirlos a los grandes mercados rectores de la economía transnacional.

Delors recoge el clamor de los países del Sur, ante una creciente distribución inequitativa de la riqueza mundial –diríamos que intrínseco al Sistema económico vigente- que lleva a la presencia de mercados disfuncionales al interior de dichos países, a la sangría de materia gris, acumulada al servicio del neoliberalismo y al incremento del desempleo, a pesar de la explotación de los países ricos a los pobres –transnacionales- tanto en la exacción de materias primas para su confort, que debiera proveer de muchos más puestos de trabajo, como en el retorno de ellas en procesamientos arrebatados a muchas industrias locales.

Ello provoca: profundas desigualdades entre países y al interior de ellos, fundamentalmente relacionando los niveles de vida de los ricos y los pobres. En aquel momento, 75% de la población vivía en países pobres, con un 16% del PIB. Hoy podemos comparar a los países ricos según el Banco Mundial: Estados Unidos ($10.950 billones), Japón ($4.300 billones), Alemania ($2.400 billones), Inglaterra ($1.790 billones), Francia ($1.760 billones), Italia ($1.470 billones), Canadá ($856.520 millones), España ($838.650 millones), México ($626.080 millones) y Corea del Sur ($605.330 millones), con brutales realidades internas contrastantes, pero ninguno en el rango de la equidad que busca la economía sustentable.

Por su lado los países más pobres se precisan por el porcentaje que indica qué sector de la población se encuentra en estado de pobreza: Zambia (86%), Franja de Gaza (81%), Zimbawe (80%), Chad (80%), Moldova (80%), Haití (80%), Liberia (80%), Guatemala (75%), Surinam (70%) y Angola (70%). Estos son los extremos pero en el resto del mundo del Sur, las condiciones son también alarmantes.

Tales intereses jalonan la educación hacia el mundo económico. La Productividad se da por presencia y aplicación al proceso económico de  capital humano en condiciones óptimas de habilidades obtenidas. El mundo económico es diferente y cambiante –te adaptas o desapareces-. Por ello dice Delors- las metodologías educativas son cada vez más sofisticadas. Las competencias para la vida, implican manejo de informática en casi todas las actividades. Tal tendencia modifica las relaciones de producción: se busca flexibilidad para contratar y despedir personal, a fin de alcanzar la evolución tecnológica, con los mejor preparados –intelectual y cognoscitivamente-. La educación adquiere mayor importancia para el desarrollo.

En la práctica, la distribución de los recursos cognoscitivos, es desigual. Existe grave déficit de conocimientos en los países del Sur. Alfabetización y escolarización crecen allí, pero requerirán largo plazo para llegar a la equidad. Los que adquieren competencias de punta, emigran hacia países ricos. Aquí se reivindica plantear la urgencia de mayor acceso de países pobres a mercados internacionales, pero el documento no nos dice como. Lo cierto: los países pobres no tienen recursos suficientes para invertir en investigación y no cuentan con una comunidad científica numerosa.

Dedica el libro que coordinó Delors, sendos párrafos a la participación de la mujer en educación: palanca esencial del desarrollo. Hecho preocupante: la desigualdad entre hombre y mujer en el acceso a la educación. Para esas fechas 2/3 de adultos analfabetas en mundo eran mujeres (África, Asia y América Latina). Una de cuatro niñas no van a la escuela frente a uno de cada seis varones. En los grupos sociales “de subsistencia” la mujer manipula  lo más pesado, no tiene seguridad social ni apoyo para sus hijos; trabaja de 12 a 18 horas y el hombre de 8 a 12h.

A pesar de ello progreso existe, sin duda, pero hay que hacer el control de daños. Las formas de producción actuales: No garantizan el desarrollo humano que es desigualitario; implican elevados costos en medio ambiente y empleo, debido a que los recursos no renovables están super explotados (energéticos y tierra laborable en proceso de extinción); Contaminación física y química que altera la biología del Mundo (agua potable, deforestación, efecto invernadero, basura).

El incremento del desempleo se da: por la sustitución sistemática de trabajadores por innovaciones; generalización de inteligencia artificial, Dichas circunstancias amenazan la estabilidad de los países, de ahí que el progreso sea fuente de desigualdad que lleva a sociedades en crisis. Lo más doloroso es la Juventud sin Futuro que no puede superar en sus saberes a la técnica que progresa mas rápido que la capacidad humana para solucionar los problemas que crea. Esto y más provoca el modelo productivista actual.

Hay que ir a uno que incorpore ética, cultura y ecología –dice Delors- Sustentable le llamaríamos, que vaya a un desarrollo humano. El PNUD propuso en 1990 reconsiderar el bienestar humano como la finalidad del desarrollo. Los indicadores de desarrollo no se limitarían a ingreso por habitante sino a salud (mortalidad infantil), alimentación, nutrición, acceso a agua potable, educación, medio ambiente y participación democrática de sexos. Se pretende sostenibilidad al lado de desarrollo humano mediante: mejoramiento en las condiciones de existencia; respeto a medios naturales para la existencia; cuestionamiento de gastos militares. Todos estos cambios, requieren nuevos paradigmas (modelos) impulsados por la educación.

Be Sociable, Share!

Los comentarios estan cerrados