Conexión México – Buenos Aires – Madrid (Tercera y última parte)

Escrito por on may 6th, 2012 y archivado en Destacado, Macías opina. Tu puedes seguir los comentarios a esta entrada a traves de RSS 2.0. Comentarios y referencias estan cerrados.

Felipe Calderón Hinojosa

La expropiación petrolera decretada en Argentina, como ya lo comentamos, dio la puntilla a los intereses futuristas de Calderón de hacerse, al término de su presidencia y por un plazo de unos diez años, de la Dirección de Repsol –la petrolera multinacional con sede formal en España-, decisión que de pasadita abre un boquete en las finanzas públicas mexicanas, dado que se tiene una deuda de más de mil seiscientos millones de dólares que se pidieron prestados por conducto de “Credite Agricole”, institución financiera europea, para la compra de las acciones de Repsol, con las cuales el grupo Pemex, junto con Sacyr-Vallermoso, tendría el control de dicha transnacional petrolera. El fluir de la riqueza del oro negro se quedó en el pozo. La decisión de Cristina Fernández “tamponeó”, como efecto colateral, la pretensión calderonista de hacerse magnate del petróleo. De ahí la reacción del Presidente de México contra la medida soberana argentina, reacción ocultada bajo el manto de libertad de empresa, de protección y seguridad en las inversiones, reacción según palabras por demás desatinadas y que hasta violatorias de toda regla elemental de la diplomacia resultan.

La decisión del acuerdo de Pemex con Sacyr se tomó en lo oscurito, a espaldas del Consejo de Administración del organismo petrolero mexicano, bajo el argumento de que a criterio de su Director General no era un asunto relevante. Tan relevante era, para analizar pros, contras, efectos, consecuencias previsibles, riesgos y otros alcances, que ahora se tiene esa deuda millonaria para pagar el capital invertido en una empresa que perdió la mayor parte de su valor tras la expropiación argentina. Además, un gran efecto negativo es la enemistad que se creó con los demás accionistas y directivos de Repsol, empresa a través de al cual Pemex canaliza grandes exportaciones de crudo a Europa. Si se pudieran haber hecho negocios con Repsol en beneficio del país, hoy sus posibilidades son lejanas o están severamente atascadas por la animadversión que generó el “quasi golpe de estado” que el director de Sacyr y Calderón le querían dar a Bufrau, el catalán director de Repsol. Se trata ahora de una animadversión que no es un mero coraje que se olvide; detrás hay miles de millones de dólares de un interés que se quería afectar. No fue y no es un juego de niños que causa un disgusto y al rato se olvida. Se endeudaron las finanzas mexicanas y ahora, además de la deuda, hay una gran pérdida, todo por la ambición de hacerse magnate a costa del aprovechamiento del cargo público. Este es un típico caso para enfrentar un juicio político, ese procedimiento constitucional tan desconocido por muchos; pero este no es ahora el tema del apunte.

Calderón vociferó llendo en contra de la misma tradicción mexicana, defendida en todos los foros internacionales, de la defensa de la soberanía, de la Doctrina Estrada de no intromisión en los asuntos extranjeros y en violación a ese principio juarista que deberían observar escrupulosamente los mandatarios mexicanos, por ser un legado ideológico de México al mundo y desde luego por dignidad propia, de que el respeto al derecho ajeno es la paz. La decisión soberana argentina no debería ser cuestionada en modo alguno por México y menos con expresiones que podrían ser hasta insultantes. Este tipo de exabruptos sólo se entienden en el marco de una rabieta por la pérdida del sueño de llegar a ser magnate petrolero. Qué pena que caíste en esto, Felipe! Yo había respaldado públicamente, a través de mis modestos apuntes, tu acción presidencial, el nombramiento de colaboradores y la redignificación de la Presidencia misma, tan vapuleada por las estupideces de tu predecesor; inclusive, en carta privada, pero formal ante tu investidura presidencial, te expresé hace ya tiempo mi modestísimo respaldo y reconocimiento a la lucha contra el crimen que asola al país, carta que tuvo, también privada pero oficialmente, una atenta respuesta presidencial. Sin embargo, este embrollo de Repsol-Pemex-Sacyr mancha gravemente el sexenio. Creo que el asunto dará mucho de que hablar, una vez que se de el ya no lejano cambio de gobierno.

Nada justificaba la decisión de aumentar la inversión en Repsol para ir de la mano con Sacyr en la toma de decisiones de la petrolera multinacional. La supuesta adquisición de tecnología era algo totalmente inviable si no fuera a través de contratos comunes y corrientes que no requieren de ese tipo de acciones de inversión y de bloques de accionistas; Repsol no comparte su tecnología con nadie… o ¿acaso se pretendía, a través de los cargos directivos, apoderarse furtivamente de esos conocimientos tecnológicos aplicables para aguas profundas? El Director General de Pemex pretendió justificar el acuerdo bajo el pretexto de una supuesta internacionalización de Pemex, que en verdad no lo es, sino una turbia medida para hacerse del control y negocios petroleros en virtud de soterrados intereses personales. ¿Por qué casarse diez años con Sacyr –una empresa inmobiliaria española- siendo que Pemex es un organismo gubernativo con una orientación constitucionalmente clara en cuanto a sus funciones públicas? La respuesta a esta interrogante es la protección que un cargo directivo de tales dimensiones daría durante un sexenio, tal vez adverso, protección en contra de previsibles vendavales político-jurídicos, a la vez que garantizaría grandes ingresos –descomunales- y buena chamba para muchos cuates.

Sin embargo, primero, la crisis española forzó a Sacyr a deshacerse de sus acciones, lo que dejó embarcado a Pemex en una bronca sin precedente, generándole una gran enemistad con trascendencia hacia los círculos petroleros españoles y europeos, y ello fue el primer golpe, fuerte, muy fuerte, para la aspiración de hacerse de la dirección de Repsol. Luego viene la puntilla, la expropiación argentina, contra la cual al parecer hubo una desesperada intención de contenerla, enviando a Josefina a convencer a Cristina de no dictar la medida; se tenía la esperanza de convencer a otros accionistas de Repsol, a través de contratos que por gestión presidencial y por medio de Pemex, se obtendrían para la actividad petrolera en aguas cubanas del Golfo, pero este nuevo intento se esfumó con la decisión argentina.

Así, las finanzas petroleras mexicanas quedan endeudadas, el país pierde, Calderón no será director de Repsol y Argentina manejará el petróleo de su descomunal yacimiento de Vaca Muerta sin la injerencia de turbias manos mexicanas.  Termina así la conexión México-Buenos Aires-Madrid.

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