Los dislates del presidente Calderón

Escrito por on feb 26th, 2012 y archivado en Destacado, Diálogo Privado. Tu puedes seguir los comentarios a esta entrada a traves de RSS 2.0. Comentarios y referencias estan cerrados.

Enrique Peña Nieto y Felipe Calderón

Después de que un día antes “alguien” filtró lo que dijo ante consejeros mexicanos (no olvidar que la otra mitad pertenece a City Group) de Banamex y luego de una serie de aclaraciones que finalmente quedaron como el remedio peor que la enfermedad, el Presidente Felipe Calderón pronunció un discurso con el que evidentemente intentó borrar de un plumazo lo de la víspera. Y no fue para menos. Lo extraño es que de todos los cuestionamientos que se enderezaron en su contra, ninguno hizo la referencia del hombre de Estado que, como tal, debe ser neutral, plural y definitivamente respetuoso de las leyes electorales.
No hay duda: Calderón hizo una apología de la candidata presidencial de su partido, Josefina Vázquez Mota. Es cierto: pensó que estaba en una reunión privada, como quien dice entre puros cuates de su banco favorito, Banamex. De hecho, había unos 350 consejeros, la mayoría conocidos o amigos del Presidente.
Todo fue a puertas cerradas y, por supuesto, no hubo medios. Los periodistas asignados a la fuente presidencial, estaban esperando afuera. Si así fue, ¿cómo es que lo sucedido en el interior alcanzó la luz pública y llegó a los medios? Ahora se sabe que fue un sinaloense, nativo de Culiacán el que les filtró toda la información a los medios. Es dueño de uno de los consorcios inmobiliarios más importantes del País, denominado HOMEX. Eustaquio De Nicolás, y Enrique Peña Nieto, estudiaron juntos en la Universidad Iberoamericana y esa amistad trascendió a los tiempos. Él fue quien pasó la información a los reporteros de como Calderón, sin venir al caso, se refirió a la encuesta de Los Pinos y los ahora famosos cuatro puntos de diferencia con Peña Nieto. Un punto destacable es que cuando hizo esta referencia, no arrancó aplausos.
Y es que nadie se lo creyó. De hecho, en los noticiarios del día siguiente, viernes, Roy Campos hizo la precisión: la presentación de su encuesta fue una simple coincidencia. Puntualizó que él ya tenía programada esa presentación para ese día. Cuestionado por la enorme diferencia entre la encuesta que presentó Calderón y la que Mitofsky dio a conocer horas después, Campos explicó que cada quien tiene su metodología y que no hay encuesta mejor.
-Lo que hay es un promedio del mercado en el que participan las empresas más serias- dijo.
En este contexto, Roy Campos comentó que el promedio de las ocho encuestadoras más acreditadas, arroja un 16.5% de ventaja de Peña Nieto en relación con el segundo lugar. Pues sí. Como que es bastante amplia la diferencia. Para algunos, estos dislates inaceptables en un Presidente, se deben a la desesperación de Calderón porque los números no le están cuadrando. El papelón que hizo el jueves lo obligó a aprovechar la ceremonia de “El Día de la Bandera”. El suyo, fue un discurso republicano, algo inusual en él.
Su voz fue la de un estadista, con la Banda Presidencial al pecho. Vibrante el mensaje, que habló de neutralidad, de respeto a los poderes legislativo y judicial, a los partidos políticos, al IFE y a los resultados de la elección presidencial. Se comprometió a ser respetuoso de quien triunfase con el voto libre de los ciudadanos en las elecciones de julio venidero. Todo eso estuvo bien, pero…Pero, ¿por qué un Presidente demócrata, republicano, tiene que decir lo que se sobre entiende que está obligado a respetar porque así lo establece la Constitución y porque así se lo demanda la Nación? Me queda claro que hubo una vinculación entre lo que ocurrió en la reunión de consejeros de Banamex y el discurso de “El Día de la Bandera”.
Ahora bien: ¿quién ganó y quién perdió con este sainete? Creo que no ganó ni perdió nadie. Bueno, a lo mejor el Presidente perdió otro poquito de credibilidad pues no hay duda de que nadie se creyó lo de los cuatro puntos. Por lo demás, ni fu ni fa.

CALDERON DE CUERPO ENTERO

Se me adelantó Carmen Aristegui. Ella ya leyó el libro más reciente de Julio Scherer García, “De cuerpo Entero”, todo él alusivo al Presidente Calderón. Yo apenas lo compré el jueves pasado y voy en las primeras páginas. Aristegui  estuvo en la presentación del libro. Creí entender que fue comentarista de la obra y que leyó algunos pequeños fragmentos de este aterrador testimonio.
En algún momento, casi al final del artículo de la periodista cita una anécdota contada por Manuel Espino, de un lejano encuentro que tuvo en un hotel de Insurgentes, en la Ciudad de México, con el hoy Presidente de la República. Es devastador el relato. Sin embargo, si se trata de analizar la personalidad de un hombre para tener una visión de la naturaleza de quien nos gobierna, me parece que no es con esos detalles como se llega a una opinión completa. De hecho, otros presidentes padecieron las mismas debilidades y tuvieron un buen desempeño. Me importan otros aspectos, como el de la ingratitud y los odios que desde niño su señor padre le inculcó hacia un partido político, en este caso, el PRI. Como un asunto psicológico que Calderón haya dicho hace tiempo que “mi padre me enseñó a odiar al PRI”, no presagia nada bueno para los eventos políticos que ya están encima. Este antecedente de formación, no augura nada bueno y desdice el espíritu del discurso republicano y demócrata que pronunció en “El Día de la Bandera”. Sí, se me adelantó Aristegui, y yo terminaré este domingo de leer el libro, de todos modos, ya le contaré.

MASACRES EN PENALES DE NUEVO LEON

Todos estaban en el negocio: desde el director del penal hasta el más modesto de los custodios. Desde luego, pasando por el comandante de Seguridad. Ahí hubo una doble tragedia: la de la muerte violenta de 44 internos y la fuga de treinta reos de alta peligrosidad. Todos eran zetas, se dice. A la estupefacción por el elevado número de internos asesinados, siguió el pasmo provocado por una revelación aterradora: los custodios les pusieron a modo a sus adversarios a los de otro grupo. Fue una masacre. Enseguida, los mismos guardias les abrieron la puerta para que se fugaran treinta reos. Claro: ahogado el niño, a tapar el pozo. A todos los detuvieron y cesaron. El escándalo estalló en forma tardía. El Gobierno Federal se lavó las manos -como ya es costumbre- y culpó a las autoridades estatales de Nuevo León del problema, muy a pesar de que los reos que protagonizaron los sangrientos sucesos estaban ahí por delitos del fuero federal.
Para los expertos en temas de seguridad, es preocupante que un Gobierno Federal que está por terminar su periodo, invente medidas de solución al cuarto para las doce. Y es que ya se anunció que antes de terminar el año estarán terminados varios centros penitenciaros exclusivamente para reos federales. Qué bueno pero también, qué malo. Que bueno porque, por fin, le quitarán presión a las cárceles estatales y ahora sólo lidiarán con reos del Fuero Común. Igualmente, qué bueno porque en las cárceles estatales disminuirán los niveles de corrupción entre el personal administrativo y de vigilancia, cuenta habida de que, sin narcos en reclusión, será escaso el dinero que circule para corromper. Pero qué malo que esta medida llegue tan tarde. Para analistas especializados en estos temas, el hecho de que el Gobierno de Felipe Calderón haya tomado esta decisión a estas alturas del sexenio, no es sino el reflejo de una política llena de improvisaciones. O sea, que se fueron tomando medidas sobre la marcha. Lo que ocurrió en el penal de Apodaca, Nuevo León, llamó la atención por la forma casi suicida como actuaron los guardias. De hecho, no se tiene registro de un caso igual. A usted le consta, estimado lector: no me gusta personalizar mis comentarios sobre hechos de violencia. Nunca he creído que el periodismo deba basarse en el protagonismo de quien escribe. Pero en este caso, no queda sino especificar las cosas. En el penal de Apocada, dos grupos de criminales se antagonizaron ferozmente. Según las autoridades, en un lado estaban los llamados Zetas. En el otro, gente del Cártel del Golfo. Supuestamente los custodios les abrieron la puerta del área donde dormía el grupo del Cártel del Golfo para que los Zetas ingresaran y perpetraran la atroz carnicería. Y de acuerdo a las revelaciones del vocero del Gobierno de Nuevo León, no sería sino hasta horas después, que los propios custodios procedieron a abrir la puerta para que treinta zetas se fugaran. Este es el punto más grave. A este suceso ya se le describe como el más insólito en la historia de la vida carcelaria de este País. Sin embargo, no lejos en el tiempo, se localiza un precedente igualmente insólito. Usted recordará que hace algún tiempo, una noticia sorprendió a la opinión pública de este País.
Resulta que al esclarecer varias matanzas de civiles en antros y restaurantes de Torreón, Coahuila, autoridades federales descubrieron que los integrantes del comando que cometía las ejecuciones múltiples, vivía en… ¡la cárcel de Gómez Palacio! Las revelaciones que siguieron a los primeros reportes, fueron apabullantes: un grupo de reos supuestamente perteneciente al Cártel de Sinaloa, abandonaba el penal por las noches. Usaban las armas del propio CERESO y dos vehículos también al servicio del personal carcelario. Se trasladaban a la vecina ciudad de Torreón -a menos de diez kilómetros- mataban a clientes de antros propiedad de los zetas, y tranquilamente regresaban a la prisión en Gómez Palacio, que se ubica en el Estado de Durango. Llevaban meses haciéndolo así y las autoridades no daban con bola. Cuando los medios locales de comunicación -y también nacionales- difundieron los detalles de esta maraña de complicidades, varios reporteros fueron secuestrados por gente del Chapo. No les querían hacer daño, les dijeron. Lo único que les exigían es que publicaran unos videos que ellos mismos tomaron sobre las complicidades entre autoridades de Coahuila y los zetas. Los liberaron a todos. Los medios -sobre todo los nacionales- no aceptaron la exigencia y todo quedó así. En su momento se dijo que todo esto se debía a la cohabitación en un mismo penal de reos federales y del fuero común. En realidad, este problema, el del hacinamiento en las cárceles del País, no es de ahora sino de mucho tiempo. No han sido pocos los gobernadores que le han exigido al Gobierno Federal que construya sus propios penales. Ahora, cuando la tragedia se ha vuelto una constante, el Gobierno Federal anuncia que antes de que termine el año estarán listos ocho o diez centros penitenciarios. Lo más triste de todo, señor mío, es que México no le aprendió nada a Colombia.

SOLO SE MUDA EL CRIMEN ORGANIZADO

Déjeme decirlo: francamente resulta inexplicable el discurso del Gobierno Federal en el sentido de que la economía está mejor que en ningún otro sexenio en los últimos treinta años, y hasta presume de que hay menos pobreza y, por ende, menos pobres. No se entiende, porque de acuerdo al CONEVAL, de 2008 a 2010, el número de pobres aumentó en tres millones. O sea, que andamos en 53 millones de pobres.
Pero hay otro dato revelador, éste, proporcionado por el INEGI: hasta el 2011 el número de mexicanos en la informalidad, andaba en los 14 millones. ¿Sabe usted qué significa esto? Significa que millones de egresados de universidades, ante la falta de oportunidades de trabajo profesional, se han visto obligados a engrosar las filas de la economía informal. Y esto aumenta año con año, con las riadas de nuevos egresados de las aulas universitarias. Por desgracia, otra parte de esos jóvenes escoge el camino de la delincuencia, algo que está documentado por las distintas corporaciones policíacas y medios de comunicación.
Estos datos han sido desestimados por funcionarios del Gobierno de Felipe Calderón, lo que por otra parte no es para sorprender a nadie. Ya vio usted: el Presidente Calderón acaba de estar en Ciudad Juárez donde presumió los bajos niveles de violencia que existen hoy en esa ciudad, a contrapelo de lo que fue durante muchos años. Mire usted: a veces con la verdad se puede engañar. Es cierto que en Ciudad Juárez no existen ya los índices de violencia que le dieron una célebre fama negra a esa urbe fronteriza. Es cierto.
Pero también lo es que la violencia, en términos generales, no ha descendido sino todo lo contrario. Lo cierto es que cuando el Estado mexicano concentra toda su capacidad de fuerza en una ciudad rebasada por la violencia, al final logra reducir los niveles de criminalidad. ¿A qué se debe esto? Los expertos en seguridad pública afirman que no es que el Estado esté haciendo retroceder al llamado crimen organizado, sino que éste simplemente se muda a otra ciudad. Cuando el gobierno implementó su operativo en Ciudad Juárez, poco a poco la violencia se empezó a incrementar en Monterrey y su zona metropolitana. Y lo mismo pasó en Tijuana: se reducen los niveles de violencia, no se acaba, pero si disminuyen. Pero los grupos delincuenciales no son exterminados, sino que cambian de aires.  Como ya se ha dicho: la violencia se mueve.

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