Vida: justificación y razón

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Vida: justificación y razón

Articulo en coautoría:

José Arturo Luevano y Vázquez.

Hugo Ignacio González Cervantes.

De esto, muchos han dicho mucho;

algunos poco; nadie suficiente.

Proverbio Latino.

 

¿Es que la vida es un mito? Si lo es, sí hay que terminar con ella o determinar el origen de ella.  Porque es tiempo de vivir de verdades, de realidades. Es tiempo de alejar las nubes y telarañas que obcecan la razón. Pero si la vida es nuestra realidad más palpable y única, entonces solo queda preservarla, mejorarla, hacerla única. ¿Es la vida un mito o una realidad?

El largo transitar del pensamiento humano se ha cuestionado el origen de la existencia. El tema parece casi bizantino.  Filósofos, legisladores, teólogos, economistas y literatos han estructurado una opinión al respecto sin llegar a una conclusión. ¿Hace falta gastar tinta en otra elucubración sobre este mismo añejo asunto?

Sí, la reflexión es importante ahora toda vez que miramos el panorama universal y descubrimos que el mundo parece caminar a una nueva era de destrucción, de hecatombe. Y, quizá estará el lector de acuerdo conmigo, la cadena se rompe por el eslabón más delgado. ¿Cuál eslabón? ¡La vida en sus inicios, en sus orígenes! ¡Tópico que desde siempre se discute pero que nunca acaba!

De una vez hay que anticiparse a quien puede “brincar el escapulario”. De ninguna manera caeré en los sitios comunes de los líderes religiosos de diversas denominaciones. Nuestra reflexión tiene su base en un sentido de humanismo que va más allá de cualquier religión. Lo anterior se apoya en la evidencia científica que, a la postre, vino a romper la era de tinieblas creada por las escuelas ergotizadoras.

Esta oportuna reflexión atiende al acontecer nacional. Cuando se dieron tiempo las instituciones y diversos agentes sociales de todos los tintes para postular la conveniencia o no de legalizar, permitir el aborto en todo el país.

Cuando hemos sabido por las informaciones de los más diversos y divergentes medios de comunicación las experiencias de mujeres de muy diversas edades, condiciones, mentalidades, etnias, respecto al derecho de tener o no tener hijos. Un dilema más por resolver.

Aceptar la parte esta de que los tribunales tienen potestad (¿ésta es una palabra católica o no tiene religión?), autoridad para intentar regular los actos individuales y sociales. Pero, ¿hasta dónde le es permitido regular la decisión de parejas, o de una mujer sola, en el caso de la concepción?

¡Imposible escapar a muchos lugares comunes! Dejar a los individuos y a la sociedad, en su conjunto, la decisión de dar vida o detenerla hace suponer que se trata de una sociedad cuyos rasgos culturales son 1) espiritualidad -¡no religiosidad!- brotada de la fuerza de carácter; 2) madurez intelectual obtenida a chorro de lectura, reflexión, análisis, discusión; 3) madurez social que comprende el valor de las decisiones y de las consecuencias. Por último, 4) una fortaleza socioeconómica imbatible, lograda a fuerza de trabajo común, sostenido, solidario y no solo subsidiario.

Entrando en todos estos considerandos es fácil entrar en la conclusión: sí, debe terminarse con la vida de un zigoto que evoluciona rápidamente en embrión. Los expertos dicen que a las seis semanas de la fecundación ya hay pulsaciones y funciones vitales primitivas. Y debe liquidársele antes de que sus órganos esenciales estén ya terminados. Sí debe matarse a un futuro bebé.

(¡Matar! Por Dios Santo: cuantos más verbos se usan en una reflexión más se enreda uno…) Matar sí, porque el deber lo impone; porque la conciencia lo exige; porque la sociedad lo permite y porque el modernismo lo prescribe. Matar sí, pero que sea en una sociedad constituida por seres, organizaciones, instituciones, condiciones superiores. Matar sí, siempre que lo que se mate ponga en riesgo, en alto peligro, un bien mayor.

(No pueden evitarse los enredos entre lo que se debe y no; entre lo que se quiere o no; entre lo que se quiere y conviene o no…)

Una cosa es cierta: la vida como tal ha de respetarse en nuestro entorno,  porque estamos hartos de la muerte.  En suma, todavía debemos pasar el micrófono a las miles de futuras madres lo que común autonomía o no, independencia o no, conciencia o no, HAN DE DECIDIR.

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