Orejas baratas por aniversario de Plaza México

Escrito por on feb 7th, 2012 y archivado en Deportes, Destacado, Toros. Tu puedes seguir los comentarios a esta entrada a traves de RSS 2.0. Comentarios y referencias estan cerrados.

Aniversario de 66 de la Plaza México (Foto José Antonio Casillas)

Domingo 5 de febrero del 2012, décimo quinta corrida de la temporada grande de la plaza México y segunda de aniversario.

Tarde encapotada y un poco fría. Se pronosticaba lluvia en chubascos aislados y se cumplió a cabalidad. Cuando llegamos a la plaza se soltó fuerte el aguacero. Luego cayó a intermitencias y rodando el octavo de la noche, el chipi chipi creció en intensidad. Entradón de temporada, con un público muy metido en cuernos y capotes, que llegó desde temprano y aguantó con agrado el kilométrico festejo. Fácilmente tuvimos más de tres cuartos de plaza.

Julián López “el Juli” de negro y oro

José Mari Manzanares de berenjena y oro

José Mauricio de berenjena y oro.

Diego Silveti de obispo y oro.

Toros de Xajay, casa ganadera que se ha ganado el respeto de los públicos y que es de las favoritas de los diestros, aunque por ahí tenga sus detractores. Es propiedad del Arquitecto Javier Sordo Madaleno y tiene su fundo en el rancho La Laja, en tierras de Tequisquiapan, Querétaro. Mandó un encierro disparejo en presentación. A mi dos me parecieron chicos. Pero es insustancial comparado a la cantidad de mansos. De los ocho siete malos por descastados. Sólo uno bueno, el tercero, que mereció el arrastre lento.

Y bueno, hace sesenta y seis años se inauguró la plaza México. Lo hemos oído hasta el hartazgo pero este coso se construyó para otro México. Aquel que se proyectaba después de la guerra mundial como uno de los países “beneficiados” en el dramático trance. Porque había vendido muchas materias primas a las naciones en conflicto. Porque empezaba su industrialización a paso redoblado. Para ese país esperanzado, se erigía un monumental coso de concreto. Porque los toros eran también otra cosa. Eran una manifestación de júbilo popular. Un pretexto para darle identidad y rumbo a un pueblo vital y alegre. Ese monstruo, el más grande del mundo, viene a simbolizar la bonanza económica y el gusto inusitado de su pueblo, por los ejercicios taurinos.

Hoy ya nada es igual. El país se sume en la desesperanza, en la crisis perpetua, en la inmovilidad y campea lo mediocre. En lo taurino ya no tenemos la misma estatura y a pesar de los esfuerzos, ninguna de nuestras actuales figuras se compara en popularidad con las de aquella época. Porque hablar de 1946, es hacerlo de Silverio, Armillita, Procuna, Garza y tantos otros, que no sé si eran mejores toreros, pero estoy seguro de que eran una conmoción entre la gente. Hoy nuestra figura más encumbrada, la que usted me diga, podría caminar casi inadvertida por una plaza comercial. En sus tiempos, cualquiera de los que mencioné, provocaba los tumultos que hoy desencadenan los inefables ídolos de las telenovelas.

Porque los toros se han alejado de los públicos. Porque ahora las pasiones andan metidas en otros escenarios. Ya no son los protagonistas de las acaloradas discusiones. Ya no son los personajes de los delirios populares. Pero aquí está nuestra fecha cumbre. La de festejar con la esperanza de que nuestra plaza se convierta otra vez en el centro de una fiesta revitalizada. Debería ser entonces la fecha de una reflexión profunda y de una renovación a fondo. Nada más para revisar qué ha alejado a la gente de las plazas.

Y aquí si coincido con muchos aficionados. Nos falta toro. Nos falta bravura. Para darme la razón, la colección que mandó Xajay, una ganadería sería y respetada, que sólo presentó un toro bueno. El ganadero le puso a sus toros nombres, que eran conceptos, de lo que la tauromaquia es y representa como manifestación cultural. Arte, tradición, cultura, libertad, expresión, etc., haciendo su manifiesto corpóreo contra los antitaurinos. Y contra ellos, o a favor de la fiesta brava, también se ven en cada tarde mantas y manifestaciones. Ayer, por ejemplo, los cuatro alternantes dieron la vuelta al ruedo con un grupo de jóvenes que traían una manta que decía: “Si a los Toros”. ¡SI A LOS TOROS! Pero a los toros bravos, no a estos remedos de reses que imponen las figuras por facilones. Es inaudito que festejando el aniversario de la plaza estuvimos a punto de atestiguar que regresaran a un toro por rehuir al caballo. De hecho sucedió en el cuarto, un marrajo que le hizo asco a los capotes y que yendo al caballo, mejor salió corriendo a otro lado. Ahí el juez pitó la devolución del astado, pero nadie escuchó y el picador de la contraporra, con mucha maña, le asestó un puyazo, por lo que la devolución se anuló, o se olvidó. Y nada más simbólico que el toro “CULTURA”, haya sido ese manso perdido que fue una vergüenza para su dehesa.       Porque precisamente se ha pervertido la cultura del toro bravo. Y no digo más y vayamos al festejo.

JULI. Se presentó el torero madrileño, un consentido de esta plaza. Mucho de la buena entrada del día de ayer, la conjuró su nombre en los carteles. Y abrió plaza para vérselas con “500 años”, un toro negro bragado listón, que plantó un comportamiento difícil. Hasta después de picado pudo hacerle algo. Un quite por chicuelinas que le corearon mucho. Ya en la muleta se manifestó como agarrado, un poco incierto. Con algo de genio porque tiraba derrotes. No era bravo, era un manso que se defendía y que pedía la tabla. Ante él, Julián tuvo que acortar pronto en su trasteo, porque se negaba a embestir. Y ahí, encunado, celándolo con el muslo, el Juli se pegó un arrimón. Muy de cerca, exponiendo mucho, para sacar medios pases de puro valor. En un momento le perdió el respeto, se confió en extremo y el toro, al sentirlo le tiró un derrote. Lo levantó por el muslo y luego le asestó un hachazo en el pecho. Afortunadamente en el dramático trance, sólo sacó un rayón en el muslo y destrozos en el bello terno. Con el ambiente caliente, el Juli regresó al procedimiento. Celarlo de cerca, pendulear la muleta y arrebatar pases, que no tenían lucimiento pero si emoción. A tal grado le expuso el torero, que se escucharon agónicos gritos de: “¡Ya Julián!” Espectadores que se angustiaban ante los terrenos que pisaba, en su terca intensión de sacar pases de donde no los había. Finalmente montó el estoque. Parecía que al llegarle a la cara en el volapié, iba a quedarse con la espada en la mano, pero prolongando la reunión con tenacidad, pudo sepultar el estoque, que entró trasero. Muy trasero y perpendicular. El toro dobló pronto acusando un derrame por el hocico y algunos pitaron. Pero nadie los escuchó porque aclamaban al torero en camisa, que se fue a la boca de riego a levantar los brazos en señal de triunfo. Se levantó la petición. Con esa estocada era para repudiarlo, pero al consentido le soltaron dos orejas rapidito y sin problemas.

Luego repetiría la misma dosis con su segundo enemigo. Se llamó “Arte” y pesó 500 kilos y fue de los que tuvo cuerna de respeto. A este le pudo armar algo en el capote, unos mandiles sabrosos ante una embestida sin fuerza, de toro abanto y rajadillo. Después de la puya, que fue un autentico piquetito de doctor, se enredó en zapopinas, que él llama lopecinas, demasiado andantes para mi gusto. Ahora si que fueron mejores las de Adame un día antes, por aguantar la embestida plantado en la arena. Pero el público no ve esto y aplaudió hasta el delirio el barroco pase, con muchos entusiasmados poniéndose de pié. Llegando a la muleta el toro de plano se rajó. Era de esos que se escupían del embarque y si no hubiera habido tabla, no hubieran parado hasta refugiarse en Tequisquiapan. Y también era de esos que no embestían sino pasaban. Caminando el toro bajaba un poco la cabeza para meter los cuernos, pero siempre terminaba embistiendo con el hocico, que es más bien evidencia de no embestir. Ah, pues a este “Arte” que era soso y bobalicón, el Juli le repitió el arrimón. Y si en el anterior se veía el peligro, a mi me van a disculpar, pero ante este no era necesario armar tal escandalera. Porque el villamelonaje se emocionó hasta el delirio, pensando que veían una cumbre del toreo. El Juli plantado a centímetros del cuerno de un toro que no sabía para qué tenía los cuernos, no es gesta heroica. Y sí, los pases que sacó, tuvieron el mérito de la vergüenza torera, pero no entiendo los desgañitados olés que le soltaron. El colmo fueron esos desplantes de golpear al toro, de agarrarlo a zapes como a un chamaco mal portado. ¿Qué habrá pensado de esto su criador el Arquitecto Sordo? Señor Juli, lo único que consiguió fue poner en evidencia lo malo del toro. En fin que ahí queda esa faena, para muchos un portento, para mi un ejercicio de gallardía y nada más. También de exposición y valor. De sitio y técnica. Pero ahí no hubo creación. Todos los pases que consiguió están empañados por los soso del toro. Claro que las dos orejas que ganó después de una estocada trasera, me parecieron un soberano exceso. Pero al cliente lo que pida, y a las figuras hasta más de lo que pidan. Dos orejas querían, dos concedió el juez que no se animó a aguantar las mentadas de madre.

MANZANARES. Dos años hacía que Manzanares no venía a la México. Y no es que no quisiera, sino que se lo impidió una lesión en la mano izquierda. Yo, como lo confesé aquí, tenía muchas ganas de verlo, porque las veces que vino me dejó muy buenas sensaciones. Me hizo vibrar con un toreo muy entendido de las posibilidades de los toros, de mucha verdad, de honestidad a raudales y también, de inteligencia y técnica.

Este domingo salió a el aniversario después de un año soñado, logrando triunfos importantes en todas las plazas de España. Lástima que se las vio con este ganado manso y soso. Su primero algo se dejó, pero lo que fue su segundo, fue un toro exasperante.

El toreable brincó segundo de la tarde y llevó el nombre de “Fiesta Brava”. La verdad no armó fiesta, ni fue brava. Pesaba 490 kilos y fue un cárdeno bragado meano. Yo lo vi novillo. Paticorto y ovalado. Chiquito. Salió como bueno pero no se animó a rematar y después se fue a todos los toque que le planteó la cuadrilla del alicantino. La faena empezó con unos mandiles suaves y sabrosos y en un golpe de inspiración, el maestro mezcló por ahí una chicuelina de mano baja, que fue emocionante. Remató soltando una punta del capote, de pintura. En el caballo algo peleó el Xajay, en un puyazo embarullado donde pareció que le dieron dos en un solo viaje. En banderillas comenzamos a sospechar que el toro se iba a rajar, por distraído, porque no plantaba pelea. El diestro, observando algo que no le gustó, ni lo brindó. Pero a pesar de su poca fe en el burel, se fue de frente a armarle pelea. El toro era un poquito soso, pero se venía bien de largo. Manzanares lo llevó a los medios y estructuró una faena que es un libro de texto sobre los terrenos en la lidia. Poco a poco tendiendo a la tabla, sin forzar al toro, y terminando donde este se sentía a gusto. Ahí se fue engarzando tandas buenas, sabrosa, verdaderas. Faena suave y elegante, donde por momentos sí parecía un portento lo que hacía. Si tan siquiera el toro fuera un poquito más emotivo, ya no más bravo, que eso parece imposible. Faena derechista, porque por el lado izquierdo el toro iba rebrincado y punteando, aunque eso no impidió que lograra un natural monumental. El toro se apagó de pronto y empezó a regatear la embestida y ante esto la medicina parece ser, porque así lo administran tarde a tarde todos los diestros, aplicar en dosis importantes la dosantina. Y venga con ella Manzanares, una buena y a la mitad de la otra, el toro se rajó, se escupió de la suerte y huyó. Infame. Mansedumbre a raudales. Ahí en la tabla se lo quiso pasar por la derecha intentando sujetarlo y volver en redondo, pero el toro se dio sus mañas para salir huyendo. Ante esto, el maestro decretó el fin de la faena y el momento del estoque. Luego de acomodarlo mucho tiempo y frente a toriles, montó el estoque invitando al torete, con un toque de muleta, a que encontrara la espada en el cite a recibir. Lástima que entró traserilla y tendida, porque a pesar de ser entera, fue poco efectiva y el toro nada más no dobló. Tuvo que instrumentar un golpe de descabello, para finalmente deshacerse del manso de Xajay. Y se levantó la petición que fue posiblemente mayoritaria y populista. Para no meterse en problemas el juez Gilberto Ruíz soltó pronto la oreja.

Segundo de su lote brincó “Libertad”, un toro avacado y feo, que fue desarrollando un problema de motricidad. Ante esto fue devuelto, porque no podía moverse, porque derrumbaba errático, porque parecía un verdadero borracho que se caía sin controlar sus movimientos. Claro que junto a mí el licenciado Pepe, me recordó lo irónico que resultaba que ese toro atolondrado e incierto haya llevado el nombre de “Libertad”. Bueno pues el torete fue estoqueado en el albero por Manzanares, ante la imposibilidad de hacerlo salir del mismo.

Sexto bis, vino el primer reserva de Xajay de nombre “Pasión”. Lo único a consignar dos buenos pares de banderillas que le puso, llegándole a la cara y embrocando con precisión relojera, Juan José Trujillo, que tuvo que agradecer desde el tercio una sonora ovación que le tributó el respetable. Por las dificultades que planteó el toro, el diestro no tuvo manera de hacer nada. Este Xajay era una escultura, pero por inmóvil y pesado. Era también un toro horror de exasperante. Después de un pinchazo, pudo sepultar el estoque a todo parado. Manzanares se retiró en silencio y el toro fue muy pitado.

Fíjense que si hubieran embestido los toros hubiéramos sido testigos de una confrontación tan interesante. Hubiéramos podido apreciar a dos extraordinarios toreros, pero sobre todo a dos estilo diferentes y acabados de interpretar la tauromaquia. El Juli es un maestro de lo técnico, del poder, de un sentimiento seco y sin florituras. Manzanares se ha mostrado como un excelso conocedor del toro, pero su quehacer es inspirado, calmoso, estatuario. Ojalá y vengan otras fechas.

MAURICIO. Muchos amigos están esperando mis palabras de reconocimiento. Yo auguré que Mauricio no iba a estar a la altura del compromiso. Y de que me equivoco, me equivoco. Y este domingo, me equivoqué rotundamente con el torero de Mixcoac. Y no por lo hecho con el tercero de la tarde, que fue el único buen toro del encierro. Si no por el empaque mostrado con el que no embestía, su segundo. Bien estuvo el muchacho haciendo lo que se debía y evitando caer en las provocaciones del público.

Se las vio primero con “Tradición”, un toro muy bonito que cargaba 520 kilos de peso. Era cárdeno claro bragado meano, disparejo de cuerna. Hizo salida natural y emotiva, hasta un poco atrabancada al irse con fuerza a todos los toque. Mauricio le salió para plantar cuatro verónicas templadas y cargadas y una media con personalidad. En varas el toro cargó fuerte y logró tumbar al caballo, pero sin abandonar su cabalgadura el picador maniobró para levantar al jamelgo y completar un puyaso superior. Con el ambiente caliente Mauricio se encontró en los medio con “Tradición” y ahí le zumbó 3 gaoneras señeras y ceñidas. Remató con larga revolera. Brindó a todos y se fue a engarzar una faena bien plantada y estructurada. Empezó emotivo con seis por alto, estatuario y sin moverse un centímetro. Y a correr la mano. Buenas tandas por derecha con un toro que se venía de largo y quería distancia. Que metía bien la cabeza y que el diestro aprovecho para enredarse en sabrosos redondos de mano baja, de poderío y mando.  Adornó con trincherazo y se quedó muy quieto para embarcar el derechazo sin enmendar. Sin enmendar también un cambió de mano por la espalda y aguantar enormidades para jalar el natural. En un momento Mauricio acortó los terrenos, pero el toro se agarró. Le gritaron con tino: “Dale distancia”. El torero lo hizo y el toro volvió a jalar, aprovechando largas y nobles embestidas. También administró la dosantina, que resultó bien templada y larga con lo que el público se emocionó fuerte. En ese ánimo se fue por el estoque. Para acomodarlo terminó soberbio con un firmazo que pudo haber firmado Manolo Martínez, con el diestro mirando al tendido. Y entró a matar. Se entregó en la espada y fue trompicado, lástima que dejó un bajonazo. El público no lo advirtió, o no quiso hacerlo y prodigo fuerte la petición. Cuando el juez soltó la oreja lo pitaron fuerte para que soltara dos. Pero ahora si aguantó. Luego decretaría el arrastre lento, que fue un poco mucho, tal vez.

Su segundo no tuvo nada. Un toro abanto y rajado que plantó muchas complicaciones. Con este Mauricio se vio a la altura y algo le quiso hacer. Pero no había manera y lo único torero fueron los doblones con los que empezó y un macheteo de aliño, con el que terminó. Dejó una estocada precisa. Le soltaron unas palmitas y al toro puros pitos.

SILVETI. Diego topó con dos toros malos. El primero de su lote, de nombre “Cultura” de salida le hizo asco a los capotes lo que prodigó una protesta airada de la gente. El colmo fue cuando rehuyó ir al caballo. Ahí el juez ordenó el cambio, pero no fue advertido porque el llamado de clarín no fue escuchado en medio de tan fuerte silbatina. El toro fue entonces al caballo de la contraporra y acorralado, no tuvo más que estrellarse en el peto. Ahí le pegaron, por lo que el juez anuló su decisión. De esta manera la lidia de este ejemplar de nula casta, estuvo marcada por las persecuciones. Persiguió Silveti al toro que se rajaba de manera vergonzosa. Pero en el trance le arrimó la muleta y a veces consiguió unos emotivos pases. Buenos derechazos con ese temple inaudito, con esa técnica arrebatada, que tiene el heredero de la dinastía Silveti. Qué aroma tienen esos pases, qué sello más personal. Con dos o tres de esos tenemos para platicarle a nuestros nietos. Claro que los que estuvimos en esta plaza el día de “Charro Cantor” ya tenemos para contarles largo y tendido. Pero esa es otra historia y hoy era otra corrida. La de “Cultura”, la de defenderse y huir. La de un momento amargo que el toro le echó mano y lo trompicó. Y aquí el gesto fue el de Manzanares. Pongan atención, porque el alicantino, siguió toda la faena de su compañero, desde la tabla, pero no en el burladero de matadores. Él se colocó cerca, tanto que cuando Silveti fue empitonado, Manzanares fue de los primero en llegar a echar capotazos para quitar al toro. Manzanares estaba en el callejón, con la montera puesta y el capote dispuesto y al ver el achuchón, brincó sin pensarlo dos veces y llegó pronto a asistir. Claro que después del dramático momento se calentó el ambiente y Silveti todavía tuvo arrestos para plantar una emocionante tanda por derecha. Se fue por el estoque y para tener buen ánimo, se zumbó unas bernardinas de escándalo. Y a matar. También citó a recibir, para dejar tres cuartos de acero trasero y tendido. Quiso descabellar pero el toro todavía cargaba fuerte, tanto que enfrontiló al diestro que volvió a visitar la arena, en otro momento de pánico. Escuchó un aviso. Se tuvo que tirar a matar otra vez y pinchó sin soltar, para luego sepultar el estoque, tras escuchar el segundo aviso. Al segundo descabello el toro dobló. Con todo y lo pesado por el acero, lo sacaron al tercio y le tributaron una cerrada ovación. Al toro, por cierto, puro pitos.

Su segundo, octavo de la noche, se llamó “Ole”. Pesaba 500 y también marcó su mansedumbre de salida al hacerle ascos a los capotes. Aquí recordar para los siglos de los siglos, el quite por gaoneras. Qué momento de magia y verdad. Qué entregadas y mandonas. Qué ceñidas. La faja sacó chispas al pasar el toro. Y por supuesto las manoletinas al final de su faena. Una buena manera de recordar a uno de los diestros que inauguraron, 66 años atrás, el monumental coso de insurgentes. Pues esas que hizo Silveti calentaron mucho, porque las pudo haber hecho el mismísimo Manuel Rodríguez “Manolete”.

Terminó la de aniversario. Un público agradecido y desorientado marcó para que la tarde fuera, en las estadísticas, más apantalladora de lo que fue. Suenan bien seis orejas, pero bien pudieron ser nada más dos. Una a cada toro del Juli. La de Manzanares, en otra tarde no se la daban. La de Mauricio y su bajonazo, fue de villamelones.

Claro que usted tiene la última palabra y puede disentir. Porque además ya sabe, yo de que me equivoco, me equivoco.

Terminemos aquí.

Comencé a caminar bajo la lluvia.

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1 comentario en “Orejas baratas por aniversario de Plaza México”

  1. Sofía dice:

    Empieza usted su atinada crónica de la 15a. de la Temporada Grande hablando de hace 66 años y que ya nada es igual, tiene usted mucha razón y si a esa desigualdad le agrega la voracidad de la reventa, el abuso de esa empresa, claro que sacan a la gente de las plazas, como nunca se vieron vacias localidades de barreras, en un cartel así, otrora se hubiera llenado, pero tal vez otros aficionados como yo, ya nos hartamos de la reventa, ni en España.
    Saludos desde Provincia.

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