Obama: Bad for Us

Escrito por on Ago 26th, 2011 y archivado en Destacado, Galería Fotográfica, Sobremesa. Tu puedes seguir los comentarios a esta entrada a traves de RSS 2.0. Comentarios y referencias estan cerrados.

Obama: Bad for Us

En aquellos lejanos tiempos cuando mister Obama era la estrella del día y por todas partes se le festejaba como a un auténtico rock star de la política, y le regalaban, nomás de pura buena fe, hasta premios Nobel, garrapateé para Crisol Plural unas líneas con el título de Obama: Good for them, en donde, palabras más palabras menos, expresaba mi consideración de que, más allá de lo bueno que pudiera hacer el ex-senador de Illinois por sus “felou americans”, era muy pero que muy poco lo que su llegada podría ayudarnos a los que vivimos de este lado del Bravo. Este es, entonces, el momento supremo, temido y buscado a partes iguales por los que pretendemos tener algo que decir sobre el mundo y sus vicisitudes, en que no solamente hay que decir “se los dije”, sino agregarle un “me quedé corto”.

A escasos meses y centavos de que el sonriente orador que habita la Casa Oval busque afanosamente su reelección a punta de millones, no solo no ha hecho nada para ayudar a los de afuera de su casa, también ha logrado fastidiar bien y bonito a los de adentro. Así como don George W. Bush logró un importante consenso entre la población estadounidense sobre su incompetencia, su sucesor está empeñado en hacer de la memoria de su predecesor, una época cuasi dorada en la historia de los yunaites.

Obama ha hecho de todo, y casi todo lo ha hecho mal. No solo no ha podido mantener sus promesas de campaña, molestando con ello a sus millones de fans, sino que tampoco ha logrado caerle bien a los blancos a los que tanto teme asustar – de acuerdo a su propia biografía- convirtiéndose además en el pretexto perfecto para el resurgimiento de movimientos racistas y xenófobos (los temibles birthers, entre otros) que si bien siempre han existido por allá, ahora tienen una fuerza con la que no habían soñado en años. Para sus seguidores, Obama ha cedido en todo lo importante (como su escuálida reforma de salud) y no ha conseguido nada a cambio, no pudo ejercer ningún tipo de control sobre los megabancos que ocasionaron la durísima recesión, de la que todavía no se ve la salida, ni contra la clase financiera en su conjunto, que sigue hinchándose de lana mientras el desempleo cunde; no solo no logró cerrar Guantánamo y retirar a su país de sus muy muy tontas guerras (Irak, Afganistán), sino que además los metió de cabeza a otras (Libia, Pakistán) haciendo marometas con la ley para poder bombardear a Gadaffi sin autorización del Congreso, gastando varios millones de dólares más en el trámite y poniendo en riesgo más vidas de sus ciudadanos (para ni hablar de los siempre sufridos civiles de los países “liberados”).

Pero tampoco ha logrado quedar bien con el otro bando, los republicanos no dejan de acusarlo de ser una cruza maldita entre Lennin, Malcom X y el emperador Palpatine, en eterna y malvada búsqueda de cómo acabar con la grandeza individualista de los estadounidenses mediante el nefasto intervencionismo del Estado, tratando de asesinar viejitos y bebés al mismo tiempo en que trata de regalarle millones de dólares a los vagos, malvivientes, y criminales (que de pura casualidad siempre resultan ser negros y/o latinos)¿lo peor de esto? No estoy exagerando ni tantito. Los republicanos, con el advenimiento del funesto Tea Party hace un buen rato que echaron la racionalidad por la ventana y ahora están tratando de ver, ya no cómo limitar a un Estado demasiado gordo o cómo incentivar la famosa competitividad americana. Vaya, ya ni siquiera están tan interesados en promover la fuerza de los Estados Unidos en el mundo a través de sus ejércitos. No, de lo que se trata ahora es de averiguar cómo hacerle para de una vez por todas correr a Darwin de las escuelas y meter a la Biblia en su luga; en poner centros de terapia para “curar” homosexuales y hacer más grupos paramilitares para cazar migrantes. Y no, tampoco estoy exagerando.

Pero, a pesar de todo esto, Obama no ha tenido las ganas, o el valor  o la capacidad de pararse frente a esa horda de lunáticos para defender los intereses de la gente que votó por él, que fueron muchos. ¿Será tan grave lo que piden sus votantes como para poner a dudar al presidente? ¿Querrán instaurar el terror rojo, organizar soviets, eliminar la propiedad privada, convertirse al lado oscuro de la fuerza? En realidad no, lo que buscan son empleos bien pagados (aunque no tanto como los de los famosos CEOs gringos), con derechos sindicales como pensiones (the horror! The horror! Diría Marlon Brando); quieren educación pública, ni siquiera gratuita, sino simplemente no tan cara; quieren que sus soldados dejen de pelear guerras que no benefician en nada la población y que los que cometieron fraudes con sus grandes compañías enfrenten la ley. El apocalipsis de San Juan se queda corto.

La actual tragedia de los gringos, que es la vieja tragedia los que vivimos al sur de Texas es que se fueron con toda la finta. Pensaron los demócratas, tan cándidos ellos, que estaban eligiendo a un presidente liberal (que es lo más cercano que se puede acercar un político estadounidense a ser de izquierda), pero en realidad eligieron a otro presidente de eso que ahora se suele llamar “centro” y que no es otra cosa que un político preocupado por quedar bien con todos de palabra, y quedar bien con los que pagan la fiesta en la obra. Dicho de otra manera, Obama no se ha peleado en serio a favor de más derechos ciudadanos y en contra de las oligarquías (poderes fácticos se les llama ahora) no porque no pueda (que de hecho al principio de su gobierno hubiera podido con cierta holgura) sino porque en realidad no quiere. Obama, como el 90 % de la clase política gringa, y como el 90 % de la clase política mexicana sigue creyendo a pie juntillas en el catecismo del santo mercado y la divina providencia, digo, la mano invisible. Sigue creyendo honestamente que si se les da rienda suelta a los grandes inversionistas, banqueros e industriales, todo, de alguna manera, se va a arreglar. Sigue pensando de buena fe, como todavía demasiada gente a ambos lados de la frontera, que quitar derechos a los trabajadores es una buena manera de mejorar la economía, porque eso le da más dinero a los dueños y  con ello más ganas de invertir. Que la realidad se empeñe en demostrar que eso no ocurre más allá de los febriles sueños de Friedrich Hayek y compañía no es obstáculo para que los niños aplicados, bien peinados y mejor portados como Obama (o Ebrard) sigan haciendo sus confirmaciones del brazo de sus padrinos de Wall Street.

Y aquí está lo verdaderamente grave del asunto, el show que acaban de hacer Obama y el Congreso con la deuda y la total indefensión en que se encuentra la primer potencia del mundo frente a las calificadores de deuda, amén de la arrastrada que éstas le han dado a la gente de Grecia, por poner solo un ejemplo, nos habla del peligro inminente de que lo poquito que hemos conseguido a nivel global en términos de democracia, termine valiendo menos que un bono del gobierno ateniense. La gente de Estados Unidos votó masivamente por Obama y votó con la esperanza de que gobernara para ellos, como supuestamente tiene que ocurrir en una democracia, y terminó viendo que en realidad Obama y el gobierno en conjunto, está trabajando para quedar bien con un grupo de banqueros, con los acreedores y dándole más dinero a los billonarios y a los especuladores. ¿Entonces para qué votar?

Cada mes y cacho, alguien hace una encuesta que nos cuenta lo decepcionados que estamos en Latinoamérica con la democracia y con ella viene siempre el anuncio temible de la cercanía de regresar a las dictaduras militares y tal y tal. Poco sabíamos todos que el peligro más real y cercano contra la democracia está del otro lado, no en la opresión conservadora, sino en la depredación liberal, no coartando la libertad para elegir, sino simplemente haciendo la votación irrelevante.  Gane quien gane una elección, como han comprobado los inocentes gringos y en la mayoría de los países del mundo, será alguien que “no ponga nerviosos a los mercados”; que “garantice la responsabilidad fiscal” (aunque muchos de esos “responsables” hayan agarrado una deudas que para que les cuento); que “no polarice”, con lo que quieren decir que no tenga ideas que vayan contra la sacralización del mercado o, peor aún, que hablen de aquella mítica y de plano fuera de moda “justicia social”; que “garantice la creación de empleos”, con lo que quieren decir que esté contra los sindicatos (los reales, no los charros) y los derechos laborales. En fin, que sea alguien que a la hora de decidir lo haga siempre, y por convicción personal, a favor de que las cosas, en el peor de los casos, sigan como están.

Lo que nos puede quedar al final del día del tremendo fiasco que resultó ser la gran esperanza de los estadounidenses, es la enseñanza de que no hay que irnos con la finta. Estamos de hecho ya en la campaña para cambiar presidente el año que viene, y es la época de vender y revender sueños, de aquí para adelante nos van a bajar la luna, las estrellas y hasta los asteroides si nos descuidamos. Los opinadores, lectores de boletines y hasta los intelectuales nos van a contar, además de las infinitas virtudes personales de los candidatos, de lo importante que será tener aspirantes a la silla con el águila que vayan al “centro” de la política, que no espanten a los grandes-grandes-requetegrandes empresarios y que ni sueñen siquiera en hacer cosas que pongan nerviosos a los ya de por sí neuróticos mercados o que puedan ahuyentar las siempre tan bienamadas inversiones extranjeras, y encima, nos van asegurar que eso es bueno para nosotros. Aprendamos por una vez en cabeza ajena,  no es bueno para nosotros, como no lo ha sido para la gran mayoría de los estadounidenses, como no lo ha sido para la gran mayoría de griegos, españoles, italianos, franceses, chilenos, británicos, tunecinos, egipcios y un lamentablemente largo etcétera.

Los estadounidenses votaron por otro tecnócrata, creyendo que votaban por un demócrata, votaron por alguien de derecha, creyendo que votaban por alguien de centro, creyeron que votaban por alguien interesado en los intereses de las clases media y baja, tanto como de los de la clase alta. También en eso se engañaron, votaron por alguien que solo responde a los banqueros, a los grandes inversionistas y a los gigantes industriales, quienes son, por lo demás, los que pagan sus campañas y las de sus compañeros de partido. La desilusión nacional en que están sumergidos un número importante de gringos es del mismo tamaño que la esperanza que generó la llegada del primer presidente negro, ahora están todavía más graves de lo que estaban antes, con la derecha convertida en un hervidero de lunáticos y su “centro”, trabajando arduamente para los mismos beneficiarios de la derecha. El famoso “si podemos”, se convirtió en “no, siempre no”.

Evitémonos desde ahora una desilusión similar, teniendo además en cuenta el chasco que se llevaron millones de mexicanos que creyeron que Fox realmente tenía intención de desmantelar el antiguo régimen. Tenemos que aprender de una buena vez que lo que les gusta o conviene a los “mercados”, lo que pone tranquilos a los inversionistas, tiene muy poco que ver con lo que beneficia a la mayoría de los habitantes del país.  A pesar de lo que sus voceros nos cuentan, los grandes capitalistas no tienen todas las respuestas, ni sus planes son los mejores ni los más certeros. Les hemos hecho caso desde más de veinte años, y la cosa empeora en lugar de mejorar. Necesitamos movernos, no permanecer en el mismo sitio, dándonos de topes con la misma pared. Obama resultó malo para su país, y en consecuencia, resultó malo para el mundo. No hay que irnos con la finta nosotros, un sujeto bien portado y con buena imagen, que no ponga nerviosos a los de lana, debe de ponernos nerviosos a los demás.

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