Ya casi nadie se salva

Escrito por on Jul 5th, 2011 y archivado en Destacado, Galería Fotográfica, Trepidación en el orden. Tu puedes seguir los comentarios a esta entrada a traves de RSS 2.0. Comentarios y referencias estan cerrados.

Ya casi nadie se salva

En el  México de hoy cada vez es más común que la delincuencia se esparza  por todos los rincones del país. El delito parecería lejano hasta que le ocurre a alguna persona cercana o peor aún, A TI. Es tan miserable aquel sujeto que amenaza con un arma de fuego que no le importaría terminar con otra vida porque es un uno más y sin justicia ni  proceso legal en su contra puede usar la violencia para amedrentar a su víctima  dejándola indefensa a merced de su voluntad y con el alma en vilo. La persona que sufre esta dolorosa afrenta apenas puede respirar en el momento para soportar el miedo y el coraje mezclados ante la imposibilidad de contrarrestar la acción de ese verdugo producto de un sistema político-económico el cual ahora somos testigos y protagonistas de la película de miedo y de la realidad superando a ficción.

La delincuencia en cualquiera de sus modalidades se ha apoderado de gran territorio de la nación, los caminos, terracerías y carreteras de muchos estados principalmente Zacatecas, San Luis Potosí y Jalisco perecen las mejores parcelas para actuar con impunidad sin dejar huella o rastro alguno para que las autoridades que fuesen competentes impidieran atracos, abusos, vejaciones y extorciones sistemáticos originados por el abandono y el oprobio social.  Lo anterior lo demuestra el estado fallido mexicano ante la ausencia de autoridades eficientes bajo el velo laxo de la sociedad.

La desintegración familiar, la ausencia de valores en la persona, la falta de oferta de trabajo, los salarios de hambre,  la ominosa diferencia de los capitales, la pobre educación recibida, la exacerbada emigración y hasta las condiciones del clima provocan el marco ideal para que cualquier improvisado salga y amedrente por unos cuantos pesos a todo aquel que pase por enfrente. Si a esto sumamos la ineficaz aplicación de la ley, la rudimentaria administración de justicia,  la violación sistemática de las normas, el olvido del derecho de un tercero más el individualismo construido alrededor de las personas tendremos como resultado la proliferación de lacras sociales que vivirán y  morirán atacando sin mayor empacho para saciar su necesidad inmediata.

La responsabilidad es de todos porque en algún momento también caemos en conductas antiéticas, discriminatorias o vejatorias ante el prójimo. La ostentación ante el necesitado e indiferencia ante mendigo generan en esas personas un rencor que va brotando poco a poco hasta triturar el bienestar social. En este momento presentar un pliego de propuestas sería tan difícil como el problema mismo. Me parece que el ámbito de influencia de cada uno de nosotros podría hacer mucho.  La honestidad y rectitud de los actos ya podría ser un gran avance, no comer al otro, también.

Sin duda alguna hay esperanza y convicción de salir adelante, pero, ¿Qué pasara con el mañana? ¿A que nos está obligando la carencia de justicia y la exagerada delincuencia? Parece que cada día es insoportable, pareciera que tomar justicia por propia mano seria la salida, sin embargo, nos estaríamos convirtiendo en sujetos de esa misma crítica y enemigos de la paz social al provocar  una manifestación con violencia afectando al que trabaja y lucha por ser mejor en esta patria.

Vivir en carne propia un acto delictivo con violencia verdaderamente cambia la perspectiva de las cosas  y el estado de alerta se maximiza por no tener la certeza de salir con seguridad. Esto no es paranoia ni miedo infundado, es una señal de que algo ya se PUDRÍO y se debe cambiar.  El sistema de gobierno no funciona, las tremendas separaciones entre los estados complica la coordinación de las cuerpos policiacos en todos los órdenes. Tampoco la solución está en la aplicación de penas más severas a los indiciados, mucho menos la cacería de brujas porque eso sería ir en contra de los derechos fundamentales del ser humano como el ser oído y vencido en juicio. Aquí lo que falta es convicción y denuncia, acción  participación comunal, no hacerse de la vista gorda participando activamente en cualquier rincón del país en contra de este mal.

Mi apuesta está en la gente por los que todavía no se corrompen y tienen en sus manos la decisión para evitar el del delito y su castigo.

Ahora creo  y lucho por un mejor México, pero las voces del reclamo necesitan imperiosamente el eco donde los aportes sean en beneficio de la sociedad, allí donde reside el problema y donde con certeza se construirá un mejor escenario para actuar y vivir en armonía.

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