El talón de Aquiles de Felipe Calderón

Escrito por on May 15th, 2011 y archivado en Destacado, Diálogo Privado. Tu puedes seguir los comentarios a esta entrada a traves de RSS 2.0. Comentarios y referencias estan cerrados.

Cecilia Romero, ex-directora del INM y protegida de Calderón

Muchas veces he estado a punto de creer, a pie juntillas, el discurso del presidente de la República, Felipe Calderón Hinojosa. Su vehemencia en la defensa de su modelo anticrimen, ha llegado a conmoverme.
Le he percibido intensamente sincero, notoriamente honesto. Y me he dicho que ese hombre no puede mentir. Que está convencido de lo que dice y de lo que hace. Muchas veces me ha pasado esto. Y también muchas veces he tenido que modificar mi percepción. Me ha bastado mirar el entorno del presidente para que la duda asalte mi razón. Y es que lo que uno ve no puede ser desconocido para el presidente de México. El presidente ha cuestionado repetidamente a los gobernadores de los estados donde hay mayores niveles de violencia. Casi todos -por no decir que todos- de filiación priísta. Ha culpado cada vez que se le presenta la oportunidad, al pasado priísta de todo lo que hoy está padeciendo el País.
Autorizó el llamado “michoacanazo” para exhibir a los alcaldes priístas y perredistas de corruptos y coludidos con la delincuencia y todos fueron exonerados por la justicia federal.
Algunos analistas que conocen de cerca el caso, piensan que algunos de los ediles encarcelados pudieran ser culpables de tener nexos con el crimen organizado, pero la operación se realizó más con propósitos mediáticos que con un sentido legalista y de hacer justicia. El presidente Calderón no dejó pasar la oportunidad de responsabilizar a los gobiernos locales del secuestro y ejecución masiva de migrantes en municipios de Tamaulipas y Durango. Usted recordará que al principio Calderón intentó aprovechar esta tragedia para endosarles culpas a los alcaldes y gobernadores de esos estados. Pero luego se supo que entre muchos agentes y altos funcionarios del Instituto Nacional de Migración hay una verdadera red de complicidades con el crimen organizado.
Testimonios de algunos sobrevivientes de secuestros múltiples de migrantes, dan cuenta de que en retenes del INM fueron detenidos por agentes migratorios y luego llevados a otro lugar, donde los entregaron a grupos armados de delincuentes. Muchos de esos migrantes aparecieron muertos en las fosas clandestinas de San Fernando, Tamaulipas, y del Municipio de Durango. Sumados los cadáveres de uno y otro sitio, ascienden a más de 450 muertos. De eso estamos hablando. Las prácticas homicidas no empezaron ayer. De hecho, llevan ya cuando menos tres años. ¿Y sabe usted quien dirigía el Instituto Nacional de Migración hasta hace algunos meses?
La señora Cecilia Romero, que tuvo que salir de ese cargo por los durísimos cuestionamientos que en su contra hicieron representantes de organismos defensores de los derechos humanos y por las denuncias de migrantes centroamericanos sobrevivientes de atentados en su contra.
Si mal no recuerdo, Cecilia Romero era directora del INM cuando fueron descubiertos los primeros 72 cadáveres en el Municipio de San Fernando. Cuando salió del INM no lo hizo en calidad de derrotada.
En realidad, se ufanó de haber dejado el puesto porque aspiraba a ser presidenta nacional del PAN.
No lo logró pero como consolación le dieron la Secretaría General. Es decir, que la actual número dos en la nomenclatura panista, fue responsable -si no por comisión sí por omisión- de las muertes de decenas de migrantes. Y que no salga por ahí algún defensor oficioso con el cuento de que ella no podía ser responsable de lo que hacían sus subalternos. ¿Acaso no acaba de ser detenido el ex delegado del IMSS en Sonora, por su supuesta responsabilidad en la tragedia de la Guardería ABC? ¿Por qué él sí y la señora Romero no? He ahí la cuestión. Por eso, digo: muchas veces he creído que el presidente Calderón actúa bajo un código de honor y de justicia. Pero luego los hechos en su entorno me mueven a la confusión y a la duda. Acaba de declarar en Estados Unidos que “la violencia en México empezó en 2005 y espero que en el corto plazo podamos ver su declive”. Incluso, pronostica que México terminará con la violencia en menor tiempo que en Colombia. Él sabrá por qué lo dice. El problema en todo caso, es que a este Gobierno le queda menos de dos años de vigencia y para efectos prácticos, a lo mucho un año. Por otra parte, no ha dejado de sorprender a algunos analistas la extraña coincidencia de que varios comunicadores hayan abordado el tema de la posible candidatura presidencial de doña Margarita Zavala de Calderón. Cualquiera más, cualquiera menos, todos describieron las grandes cualidades de la Primera Dama aunque al final concluían en que el presidente Calderón dijo desde un principio que esto no podía suceder en su Gobierno.
Pero en política no hay casualidades. Es de suponer, entonces, que se mandó un buscapiés para determinar cuál sería la reacción pública. Lo que me quedó claro es que la señora Calderón es ampliamente respetada en este país, no sólo como Primera Dama, sino como militante de su partido y por su trayectoria política sin tacha. Con todo, a nadie le gustó la idea de una posible candidatura presidencial.
La pregunta en todo caso, sería: ¿siente el Presidente Calderón que el problema de la inseguridad se ha convertido en el talón de Aquiles de su gobierno y busca desesperadamente opciones alternativas?
Pudiera ser. Pero en términos reales, su Gobierno tiene aristas por todos lados. No sólo por las incongruencias detectadas como el caso de Cecilia Romero, sino porque sus funcionarios han cometido arbitrariedades y han caído en prácticas perniciosas a lo largo y ancho del territorio nacional.

LOPEZ OBRADOR Y MOREIRA EN AGUAS

La semana que recién terminó Aguascalientes fue anfitrión de dos políticos que se manejan en las cúpulas partidistas nacionales. Andrés Manuel López Obrador que ahora lucha a brazo partido por ser candidato a presidente de México. Y sin duda lo logrará. Si no es con el PRD lo será por el PT y Convergencia. López Obrador vino acompañado de uno de los políticos aguascalentenses más importantes: Armando López Campa. Político nato que se inició en el PRI y que por caprichos del destino hoy se desempeña en el Partido Convergencia en uno de los cargos más altos a nivel nacional.

Recuerdo como si fuera ayer a López Campa como líder juvenil cenopista, en el sexenio de Esparza Reyes. Y de ahí pal real, ocupando un sinfín de cargos, tanto de elección popular como en diferentes áreas del gobierno, en sus tres niveles. Hoy Armando está encumbrado en el Partido Convergencia; es pieza clave en el partido de Dante Delgado y lo veremos más continuamente en la campaña de López Obrador por la presidencia de México.

López Obrador vino exclusivamente a realizar una visita a sus huestes y para ello se organizó un mitin en la plaza principal, en donde se tuvo una buena respuesta de la militancia.

Otro que también estuvo en Aguascalientes el día de ayer fue Humberto “el Monster” Moreira, solo que  éste “cobijado” por toda la estructura partidista tricolor. El acarreo de ataño regresó con todos sus fueros. Las prácticas  de traslado de militantes a los eventos masivos siguen siendo las mismas al amparo de las necesidades de la gente más urgida de apoyos que acuden a pasar lista. La aplanadora priísta está siendo aceitadita para lo que pronto se necesitará. Muchos de los asistentes acudieron con la ilusión de ver bailar a su líder nacional, pues como usted recordará Moreira tiene un estilo muy guapachoso de bailar. Ahora sí que lo bailado nadie se lo quita. Moreira vino a reunirse con la militancia tricolor  y a darse baños de pueblo en la feria.

LOS MUERTOS ANONIMOS

Ya se lo había escuchado decir a un prestigiado analista mexicano. A su vez, él se lo escuchó a un funcionario federal. Desde el Gobierno, se había enviado la buena nueva: la delincuencia organizada poco a poco se está trasladando a los países de Centroamérica. Y entonces me cayó el veinte: a esto le está apostando el Gobierno de Felipe Calderón en su lucha o guerra contra el crimen organizado. Esto sucedió el pasado fin de semana. Posteriormente leí una nota de la agencia Notimex. El encabezado hizo que algo acá, dentro, me sacudiera fuertemente: “Narcotráfico invade Centroamérica: OEA”. La nota cita declaraciones del secretario general de la Organización de Estados Americanos, José Miguel Insulza. El peruano, alerta sobre “la grave criminalidad que existe en Centroamérica”. Y advierte del peligro de que en esa región la situación se agrave si las bandas de narcos siguen trasladándose a esos países. Y lo cierto es que Insulza parece tener razón. De hecho, sus consideraciones parecen tener una lógica difícil de rebatir. Por ejemplo, se refiere a México y a Colombia como dos estados fuertes capaces de superar sus actuales problemas de violencia. Luego entonces, los delincuentes preferirían asentarse en Guatemala, El Salvador, Honduras o cualquier otro país de la región, donde les sería más fácil operar sus negocios ante gobiernos mucho menos fuertes. Tal es la lógica de Insulza. Luego, desliza unas palabras que cada quien puede interpretar como mejor le parezca: “México tiene cifras menores”. Y aquí es donde la puerca tuerce el rabo. Porque una cosa es que la exposición de criterios del secretario general de la OEA presente aspectos congruentes con la realidad, y otra es que México ya está por abajo de los índices de violencia de otros países del subcontinente. A ver, dígame: ¿bajo qué parámetros se establecen estadísticas sobre violencia cuando la realidad sigue golpeando a la sociedad y los hechos demuestran que la cifra promedio de muertos no desciende? Por otra parte, ¿sabía usted que no todas las víctimas llamadas estadísticamente “daño colateral”, están en los registros oficiales? Lo peor es que con frecuencia ni los medios tienen un registro de algunas de esas víctimas. Los voceros del gobierno mexicano dicen que las cosas van mejorando y el secretario general de la OEA les hace el caldo gordo con sus datos sobre Centroamérica. Yo no lo creo. ¿Cómo va uno a creer nada cuando en Durango cada día que pasa aumenta el número de muertos sepultados en fosas clandestinas? La semana pasada ya habían alcanzado los 200 muertos. Y en Tamaulipas, acuérdese usted de los 72 migrantes y los casi 200 encontrados en este año. ¿Leyó usted los reportajes que se publicaron en varios medios nacionales sobre las madres que han perdido a sus hijos en esta lucha contra el crimen organizado? Y si leyó, entonces se habrá dado cuenta del grado de indefensión en que se encuentran cientos de miles de ciudadanos. Particularmente, a mí me conmovió la historia de una pobre madre que desde enero de 2009, ha recorrido un azaroso camino en busca del hijo que le fue secuestrado. Ella ha pasado por todo. Dice que hasta con gente del crimen organizado se ha entrevistado con tal de saber el paradero de su hijo. Doña María Guadalupe tiene 61 años. Su hijo Antonio Robledo Fernández, tenía 32 años cuando desapareció el 25 de enero de 2009. Se sabe que lo “levantaron” los Zetas, en Monclova, Coahuila.
Una frase de doña María Guadalupe, me estremeció: “¿10 de mayo?… ¡Quiten este día del calendario!”.
A ella le duele la fecha, la celebración. ¿Qué puede, cómo puede celebrar una madre el 10 de mayo si su hijo le fue arrebatado por el crimen organizado y no ha habido autoridad alguna que le dé respuesta?
Su hijo no era un vicioso ni un joven de mal vivir. Era ingeniero civil y trabajaba para la empresa ICA Flour. Es decir, lo secuestraron para pedir rescate por su liberación. Como éste, hay cientos de casos de jóvenes secuestrados que nunca han vuelto a ser vistos. Lo peor es que un gran número de estos desaparecidos, no están en los registros oficiales. Tal es nuestra realidad. Y para quienes piensan que las cosas van mejorando, nada más el pasado fin de semana se registraron 43 ejecuciones en distintos lugares del país. Las noticias se han vuelto rutina: seis cabezas en alguna calle céntrica de alguna ciudad. Tantos ejecutados en Sinaloa. Otros más en Ciudad Juárez. Y en Tamaulipas. Y en Acapulco. Y en Durango. Y en Jalisco. Y en Aguascalientes ya llevamos casi 40 en lo que va del año. En fin, en todas partes. Pero como digo: lo más grave es aquello que no figura en los registros. Son los muertos anónimos. O los secuestrados del silencio, de quienes nadie sabría nada de no ser por el llanto y el clamor de una madre. O de muchas madres.

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