La ruptura cupular

Escrito por on May 8th, 2011 y archivado en Destacado, Diálogo Privado. Tu puedes seguir los comentarios a esta entrada a traves de RSS 2.0. Comentarios y referencias estan cerrados.

Felipe Calderón y Elba Esther Gordillo

Déjeme decirlo: no sé qué me sorprende más, si las declaraciones de Elba Esther Gordillo o la desenfadada forma en que los medios difundieron el suceso. Ciertamente, la revelación que hace la presidenta del SNTE no es algo que lo tome a uno desprevenido. De hecho, se veía venir desde que por primera vez se supo que la Gordillo se había reunido a desayunar con Enrique Peña Nieto. En aquel entonces se especuló sobre el apoyo que la maestra le habría ofrecido a Peña en sus aspiraciones presidenciales. Usted recordará que en uno de mis comentarios sobre el asunto, me pregunté cómo habría de reaccionar Felipe Calderón Hinojosa, con quien la chiapaneca había suscrito un pacto que a ambos benefició con largueza. ¿Significaba que Elba Esther Gordillo no confiaba en el triunfo del PAN en el 2012? Oportunista y desleal como ha sido a lo largo de su trayectoria dentro del Sindicato de Maestros, ¿se aprestaba a tomar distancia del PAN y de Calderón para sumarse a un proyecto -el de Peña Nieto- por el que lo apostaba todo? Todos los indicios indicaban que así era. Gordillo cambiaba de caballo antes de alcanzar la otra orilla. Y en política -lo escribí aquí mismo- eso no se vale. Algunos analistas afirmaron en ese tiempo que posiblemente Elba Esther Gordillo estaría estirando demasiado la cuerda. Que estaba cayendo en exceso de confianza y que podría correr la misma suerte que su antecesor y protector político, Carlos Jonguitud Barrios.
Todo esto y mucho más, se dijo y se escribió en aquel entonces. Incluso, no hace mucho se comentó en columnas periodísticas de la Ciudad de México, sobre otros encuentros de la Gordillo con el gobernador mexiquense. En estas entrevistas, no siempre los compañeros de mesa de ambos fueron los mismos.
No se había sabido de ninguna declaración por parte de alguien del equipo de Calderón en relación con los juegos futuristas de la Gordillo. Ni una sola palabra, ni una insinuación. Y sin embargo, algo raro flotaba en el ambiente. Ahora es la propia maestra la que revela que las cosas con Calderón y el grupo de Los Pinos, no andan bien. Se va con cautela pero aún así deja en claro que hay “diferencias” con el presidente.
Por momentos, desliza la verdadera situación: Calderón intenta fracturar a los gremios sindicalistas.
Comunicadores distritofederalenses habitualmente bien enterados, comentaron que en el equipo de Gordillo “temen un manotazo de Calderón contra la maestra”. O sea, un golpe de timón como el de Carlos Salinas contra Carlos Jonguitud Barrios. ¿Significaría que Calderón teme el apoyo que Elba Esther Gordillo otorgue a Enrique Peña Nieto? Si así fuese, entonces habría que dar crédito a la versión que propalan muchos en el sentido de que Gordillo fue determinante en el triunfo de Felipe Calderón.
La pregunta es inevitable: ¿cómo sería ese “manotazo” de Calderón contra la maestra Gordillo?
Desde luego, no me imagino nada parecido a lo que Salinas mandó que le hicieran a Jonguitud Barrios.
(Fernando Gutiérrez Barrios, a la sazón secretario de Gobernación, le transmitió el mensaje presidencial a Jonguitud. Estaban en la oficina del político veracruzano. El potosino apeló a sus derechos ciudadanos, a la Constitución y a los valores democráticos. Don Fernando le dijo lo que tenía que decirle. Pero el hasta en ese momento líder máximo del SNTE no pareció tomar muy en serio la advertencia. Cuando Jongitud llegó a su casa se dio cuenta que todos los servicios habían sido cortados. Especialmente el teléfono. Además, su residencia estaba vigilada por todas partes. Volvió a Gobernación y ahí aceptó el retiro por propia voluntad. Así surgió como nueva lideresa máxima, su antigua protegida).
Pero aquellos eran otros tiempos. Hoy, de consumarse el “manotazo” presidencial, tendría que ser con las formalidades de la ley. Que para el caso sería lo mismo. Además, sería un caso atípico de venganza política o castigo político, como usted guste.
En el caso de Jonguitud, Salinas cumplía un ritual del sistema presidencialista de la época: imponer un castigo ejemplar a quien se había atrevido a violar los cánones no escritos del sistema priísta. Y es que Carlos Jonguitud minimizó, durante la campaña, a Salinas. Ya siendo candidato a la presidencia el de Agualeguas, a Jonguitud le preguntaron los periodistas en Toluca, que qué pensaba del lema salinista de la política moderna. Con aires de intocabilidad, respondió: “la política no es vieja ni moderna, es la misma antes que ahora”. Salinas registró la ofensa. En realidad, era una más de varias que el potosino le había hecho a Salinas, desde que era secretario de Programación y Presupuesto y aspirante a la candidatura.
Ya candidato, Salinas no podía olvidar que Jonguitud de algún modo se había aliado con su acérrimo enemigo, Joaquín Hernández Galicia, La Quina. Había sido una alianza informal. Algo así como un cierto apoyo financiero para la impresión y distribución de un libro sobre el asesinato de una niña indígena -chiapaneca- de 12 años, durante un juego de soldados y apaches que jugaban los hermanos Carlos y Raúl Salinas y un niño vecino de ellos. Fue algo de niños, como poner a la pobre sirvienta contra la pared de la casa y dispararle con una escopeta del papá, don Raúl, pretendiendo simular un fusilamiento. El caso alcanzó las páginas de varios periódicos. Dos periodistas fueron contratados por La Quina para escribir el libro cuyo título no podía ser más revelador: “Un asesino en el Gabinete”. La portada mostraba una composición de imágenes. El rostro, con la boca abierta, de Carlos Salinas y un recorte de periódico donde se aprecia una foto borrosa, en blanco y negro, de la niña chiapaneca en un charco de sangre. La acción de La Quina fue brutal y muy cobarde. Y por ello tuvo qué pagar un alto precio. Jonguitud, hasta donde se sabe, solamente “cooperó” con algún tipo de apoyo. Y eso le costó la presidencia vitalicia del SNTE. Hasta un empresario prominente en el ramo de la hotelería y la edición de revistas de historietas -“Lágrimas y Risas”, Memín Pinguin”, entre otras) Guillermo de la Parra fue arrestado procesando y condenado a pasar varios años en la cárcel. En el fondo, su delito fue permitir que en una de sus imprentas se imprimiera el libro financiado por La Quina. Como digo: aquellos eran otros tiempos y a fin de cuentas se trataba de revanchas sexenales.
Elba Esther Gordillo y Felipe Calderón no pertenecen al mismo partido ni vienen de la misma escuela.
Son dos fuerzas que se aliaron con un propósito que a ambos le convenía. Logrado éste, cada quien ha usufructuado la parte de poder que le ha correspondido. Es decir, no se deben lealtad más allá del presente.
¿Llegaría Calderón al extremo de dar ese “manotazo” que temen los asesores de la Gordillo para asestar un golpe demoledor al SNTE y al mismo tiempo al proyecto de Peña Nieto? Vaya usted a saber. Por lo pronto, ha sido la propia Elba Esther la que revela que sí hay diferencias aunque niega la ruptura. Creo que la ruptura ya se dio, tiempo ha. Falta esperar lo que de esta separación de intereses vaya a ocurrir.

algo ominoso podría ocurrir en este país

Lo que sucedió hace tres días en Ciudad Juárez (y no me refiero a una ejecución masiva en una fiesta familiar ni a la ejecución por parte de policías federales de un ciudadano de bien) debe tomarse con la seriedad y la preocupación que el caso merece. El alcalde Héctor Murguía Lardizábal, encaró a un convoy de federales luego de que sus escoltas fueron detenidos y apuntados con armas largas. Indignado, el munícipe descendió de su vehículo y enfrentó al elemento que portaba el fusil. Alguien filmó con un celular la escena. “Tú no mandas en Juárez, no tienes porqué andar apuntando a nadie”, le espetaba a la cara el alcalde al federal. Y el remate, de antología: “¡Por eso los repudian a ustedes, por eso los odian!”.
Esto sucedió durante el día y en los noticiarios de la tarde, en televisión por cable y en los de TvAzteca y Televisa, el video fue transmitido tal cual. Minutos después, leyeron un comunicado de la Secretaría de Seguridad Pública Federal. Los altos mandos defendían la actitud de los agentes en Juárez: se habían confundido porque así se conducen los sicarios. Vaya cosa. Muchos mexicanos inteligentes ven con horror cómo cada vez más se deteriora el tejido social y se degradan las estructuras institucionales en este país.
Ya no se tiene una conciencia clara de si es el presidente Felipe Calderón Hinojosa o son los poderes fácticos que orgánicamente dependen del Ejecutivo Federal, los que están marcando la pauta a seguir en materia de seguridad pública. Calderón dice que comprende el dolor y el sufrimiento de los que han perdido a sus hijos en la lucha contra el crimen organizado, pero los hechos muestran –y demuestran- que no hay la intención de modificar la estrategia. Todo para adelante, cueste lo que cueste. Al menos esta es la percepción que la sociedad tiene. Calderón ha insistido en que no hay que claudicar, que si claudica se dejaría el país en manos del crimen organizado. Pero sucede que nadie le ha pedido que claudique, sino que analice otro tipo de estrategias. ¿Será que ya no hay alternativa? Quién sabe, pero creo que algo ominoso podría ocurrir en este país.

LA OTRA CARA DE LA TRAGEDIA NACIONAL

Cuando descubrimos las condiciones en que realizan su misión, uno no puede menos que admirarlos. Y sentir compasión por ellos. Me refiero a los defensores de los derechos humanos de ciudades fronterizas donde el crimen organizado ha rebasado a los gobiernos. Como Nuevo Laredo, por ejemplo.
En esa ciudad dejada de la mano de Dios (y del Estado mexicano) hay un Comité de los Derechos Humanos. Lo preside Raymundo Ramos Vázquez, un hombre solidario hasta la temeridad, con las personas que han sido vejadas o que perdieron a un ser querido asesinado por grupos criminales. Ramos Vázquez apareció en días pasados en un programa de televisión matutino. El tema de la plática con el comunicador, fue la inseguridad en la carretera Monterrey-Nuevo Laredo. “Ahora estamos hablando de cinco personas que desaparecieron en el tramo Monterrey-Nuevo Laredo. Fueron dos jóvenes que venían de Puebla y tres señores. Los cinco eran buenas personas, de buen vivir. Se les perdió la pista antes de llegar a Nuevo Laredo”, relata Ramos Vázquez. Enseguida, le pasa el teléfono a la madre de uno de los jóvenes. Quebrada por el llanto, doña María Ignacia cuenta la historia de su drama. Su hijo tiene las dos ciudadanías, la norteamericana y la mexicana. Había ido a su natal Cholula, Puebla, a visitar a su madre y hermanos. De regreso, un amigo quiso acompañarlo hasta una ciudad estadounidense donde compraría algunas cosas. Luego regresaría en autobús a su tierra. Su relato resulta estremecedor en esta parte:
–“Antes de llegar a Nuevo Laredo me llamó de su celular. Me dijo que acababa de pasar un retén, donde el policía le pidió identificación. Él le mostró la licencia de manejo de Estados Unidos. El agente le dijo que le mostrara otra. Mi hijo le explicó que no le daría otro documento, que esa era su licencia de manejar en Estados Unidos donde vive y trabaja. El policía le dijo que está bien pero que le diera doscientos pesos. Se los dio. Me estaba contando esto cuando gritó a su amigo: ‘¡métele, métele!’, y se cortó la comunicación”.
La sospecha de que fue “levantado” cerca del retén, está muy arraigada en la madre y en el defensor de los derechos humanos de Nuevo Laredo. Doña María Ignacia cuenta que como pudo consiguió dinero para trasladarse a Tamaulipas, luego de que en Puebla ninguna autoridad quiso investigar la desaparición de su hijo. Recuerda que cuando llegó a Nuevo Laredo fue a ver a un Ministerio Público para pedirle información sobre el curso de las investigaciones.
–¡Qué anda haciendo aquí, señora! ¡Regrésese a su tierra, es muy peligroso!– le advirtió.
Hecha un mar de lágrimas, dice que lo más triste es que el Ministerio Público de Monterrey levantó un acta pero nunca ha investigado nada. Raymundo Ramos Vázquez le dio albergue en su casa a doña María Ignacia. Allí duerme y come. Y los ires y venires a distintas dependencias, los hace en compañía del activista laredense. Ramos dice que aunque ahora se ha hecho un pequeño escándalo por la desaparición de cinco personas en ese tramo carretero, la realidad es que son 172 personas registradas como desaparecidas en esa rúa. Para Ramos Vázquez, lo más grave es que los Ministerios Públicos no investigan. “Reciben la denuncia, levantan un acta pero no investigan. Hay cientos de casos de desaparecidos en esas condiciones. Es la impunidad absoluta. Los policías no investigan o porque son cómplices o porque tienen miedo hasta de su sombra”, afirma. Hace la aclaración que los 172 desaparecidos documentados por las organizaciones pro-derechos humanos, no tienen nada qué ver con los cientos de muertos de las fosas clandestinas de San Fernando. O sea, que los desaparecidos en la carretera Monterrey-Nuevo Laredo, son parte de una estadística distinta. Gravísimo.
Las lágrimas y el dolor ya no son el testimonio de las multitudes conmovidas por la tragedia de otros. Sólo están en los dolientes. En la madre desgarrada por la pérdida irremplazable del hijo. Está en el padre que, desde lo profundo de su pena, clama por la solidaridad de todos. Una solidaridad que sólo unos cuantos han logrado concitar. Ya sea el poeta Sicilia, ya sea el empresario Martí. Pero hay cientos, miles de mamás y de papás, cuyo dolor es tan grande como el de Sicilia y Martí, que no logran ser escuchados y menos atendidos por las autoridades, por los gobiernos. Ciertamente, esta es la otra cara de nuestra tragedia nacional.

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