La Rebeldía Adolescente o cuando los padres educan con el Hígado

Escrito por on Feb 25th, 2011 y archivado en Cultura, Destacado, Galería Fotográfica, Psicología. Tu puedes seguir los comentarios a esta entrada a traves de RSS 2.0. Comentarios y referencias estan cerrados.

La Rebeldía Adolescente o cuando los padres educan con el Hígado

La Adolescencia no es una enfermedad ni es una etapa en la que los padres deben de “soportar y dejar pasar”. La Adolescencia es la compleja fase que marca el proceso de transformación del niño en adulto, es un período de transición donde los  protagonistas carecen de una identidad propia y de definición personal, pero la sociedad y, en especial sus padres, pretenden que actúen con madurez y responsabilidad, perdiendo de vista lo que señalan algunos autores al respecto: “el adolescente es una especie de híbrido, con rasgos de adulto y resabios de niño”.

La constante evolución de esta etapa provoca que el adolescente viva en continua crisis, que en ocasiones, provoca que la familia se vea desbordada y necesite de ayuda psicoterapéutica. La crisis de la adolescencia es el resultado de un conflicto interior entre un ser que tiene “la facultad de pensar pero la incapacidad de decidir”; la necesidad de expresar sus emociones pero la carencia de recursos apropiados para ello; la confusión del caos que se gesta en su interior y la imposibilidad de detenerlo haciéndose obvio en el exterior; la ebullición de inquietudes personales y el enorme temor a la crítica, el rechazo y el ridículo; la necesidad de contacto físico amable pero la conversión del mismo en brusquedad; la búsqueda del silencio interno dentro del bombardeo del ruido externo.

Es importante saber que los trastornos de esta etapa pueden prevenirse desde que los hijos se encuentran en la niñez y no por ellos, sino por los padres que tienden a idealizar al niño y, contradictoriamente, temen ya no ser necesarios y ven con gran temor su crecimiento e independencia, por lo que no les permiten recorrer ese camino hacia la adultez con los recursos emocionales y afectivos que el adolescente debe construir por sí mismo. Lo que vale la pena aclarar es que sí es función de los padres brindarles la mayor cantidad de herramientas cognitivas, afectivas y actitudinales para poder hacerle frente a este momento. Para los padres, la adolescencia puede presentarse como una catástrofe natural; sin embargo, es la preparación paterna la que ayuda a contener este caos e impulsar al adolescente para que transite de la manera más adaptativa posible.

Los padres, suponen que son los adolescentes mismos los responsables de los trastornos que se ocasionan; sin embargo, desde una óptica más neutral, se puede considerar que son ellos el blanco de situaciones tan variadas, desconocidas e inesperadas que pueden convertirse en las víctimas de los problemas de la sociedad actual, tales como la violencia, las drogas, las enfermedades de transmisión sexual y las muertes causadas por los accidentes de tránsito vehicular por ejemplo. Los estudiosos del tema señalan que “la crisis adolescente no debe ser planteada, necesariamente, como problema ni debilidad, sino como un proceso imprescindible para el surgimiento de la persona adulta. La adolescencia es un mal natural, necesario pero… afortunadamente pasajero”

Cuando los padres tratan de aliviar el mal de la adolescencia, por considerarlo así no porque realmente lo sea,  cometen uno de los errores más comunes que es suponer que la solución radica en imponer su autoridad mediante gritos, amenazas y castigos; obteniendo como resultado lógico exactamente lo que querían evitar, que es el desgastarse  anímicamente, incrementando la rebeldía de los hijos y cerrando la mejor puerta que podrían haber utilizado: la de la comunicación.

La familia  necesita establecer una relación basada en la comunicación comprendiendo que el hecho de estar detrás de los hijos la mayor parte del tiempo es la causa de que se incremente la rebeldía; las relaciones humanas que son percibidas como asfixiantes, originan esa necesidad de protección que se manifiesta a través del rechazo y aislamiento, con tal de preservar lo que se considera esencial para el ser humano, especialmente durante la adolescencia, ya que los chicos que están cursándola, interpretan lo que les sucede con mayor intensidad.

Paradójicamente, la rebeldía se considera como un equilibrio durante la adolescencia. Es conveniente hacer una distinción entre la rebeldía y la disconformidad y el espíritu crítico, actitudes que no suponen rechazo a la autoridad de los adultos; aceptarla es compatible con discrepar en la opinión y percepción sobre cualquier situación, tema de interés, opinión, etc., la variedad es lo que enriquece cualquier relación humana.

Según algunas publicaciones, existen cuatro tipos de rebeldía:

1.                    La rebeldía regresiva: proviene del miedo a actuar y se traduce en la reclusión en sí mismo.  El adolescente adopta una postura de protesta muda y pasiva contra lo que le rodea, pareciendo que se cubre con una armadura protectora hermética y casi imposible de franquear.

2.                   La rebeldía agresiva: se manifiesta de manera violenta.  El adolescente al no poder tolerar las dificultades que se le presentan en la vida cotidiana, por saberse frágil y temer ser dañado, trata de mitigar su dolor haciendo sufrir a los demás. El chico manifiesta su oposición y sublevación murmurando, gritando, reclamando, criticando, confrontando o mediante un comportamiento claramente hostil traducido en violencia física directa destruyendo objetos, agrediendo a otras personas o a sí mismos.

3.                   La rebeldía transgresiva: consiste en ir contra las normas de la sociedad, aparentemente por egoísmo o por demostrar que no existe la disposición para cumplirlas, pero en realidad, es para demostrarse hasta dónde pueden llegar y soportar la presión social.

Las tres formas descritas son tipos de rebeldía que tienen su origen en la inseguridad e inmadurez del adolescente.

4.                   La rebeldía progresiva: es signo del adolescente que sabe soportar el paso de la realidad pero permite la injusticia; acepta las reglas, pero las discute y critica para mejorarlas; propone soluciones o alternativas y trata de negociar ¿ideal de adolescencia?, depende del contexto.

Las actitudes rebeldes de los adolescentes pueden llegar a ser valiosas y positivas siempre y cuando encuentren a los adultos dispuestos a adquirir el compromiso de enseñarles a canalizarlas y que las manifiesten en un ambiente de cordialidad y respeto. ¿Cómo es posible hacerlo? Hay que ayudar a los chicos a dirigir esta energía y aprovecharla mediante el convencimiento de que su actitud no debe establecerse por la controversia o repulsión  hacia una idea, sino por convicción propia, sustentada en argumentos que le brinden tranquilidad no más altercados. Un adolescente sano cursa por todas las fases de rebeldía sin llegar a los extremos; si utiliza sólo un camino de expresión de rebeldía, hay que tomar las medidas pertinentes y acudir a una asesoría profesional para evaluar qué es lo que le impide ampliar la gama de recursos adaptativos y obtener mejores estrategias de convivencia y comunicación.

Las emociones del adolescente parecen exageradas, son inconsistentes y  cambian repentinamente. Es importante recordar que son cambios de las formas en que expresan sus sentimientos y no cambios a los sentimientos en sí. En el periodo adolescente el chico necesita cariño, afecto y apoyo por parte de sus padres; así como también de mayor comprensión y paciencia, ya que, sufre una serie de cambios tanto en su aspecto físico como en su forma de pensar y, al no saber afrontarlo requiere de la ayuda de los adultos, pero se niega a solicitarla o incluso, a aceptarla, pues es su manera de percibir que está siendo autónomo. Por eso el grupo de pares o de iguales, se convierten en fuentes importantes para ofrecer apoyo social al adolescente, ya que le ofrecen mayor capacidad de comprensión y escucha y es ahí, con ellos, donde como padres se abre la posibilidad de acercarse a esa red social, manteniendo una distancia óptima para poder saber qué le pasa al hijo adolescente y cómo ayudarlo en el momento oportuno sin que se sienta invadido ni exhibido o expuesto al ridículo con sus iguales.

A los adolescentes se les dificulta comunicarse con los adultos (en especial con las figuras parentales); y no significa que no necesiten y deseen establecer comunicación con los padres, sino que no saben ni cómo ni cuándo hacerlo; por eso es recomendable adquirir la personalidad del “padre- refrigerador”, que funciona igual que el refrigerador de nuestras casas, sabemos dónde se encuentra y acudimos a él cuando necesitamos algo de su interior confiando en que va a satisfacer una necesidad básica y nutricia, pues estamos seguros de que nos lo brindará y que cada vez que lo abramos estará allí, iluminado dando claridad para ver qué es lo que buscamos, sin imponer lo que supone que requerimos; con una temperatura fresca y adecuada para conservar las cosas en un estado saludable; silencioso, sin esperar que le agradezcamos ni le reconozcamos el servicio que nos otorga; pero dentro de su sencillez ocupando un lugar especial en nuestra vida cotidiana.

Los padres no deben volverse rivales de los amigos de sus hijos adolescentes; por el contrario, hay que conocerlos y acercarse a ellos y a sus propios padres, para monitorear a la distancia su poder de persuasión; teniendo claro que las influencias de los padres y los iguales se complementan; las recibidas de los padres son decisivas en el desarrollo del adolescente, en lo que afecta su futuro como los estudios, vida laboral, cuestiones económicas;  mientras que los iguales determinan las opciones de su presente, sus deseos y necesidades actuales como las relaciones sociales, temas sexuales, diversiones, apariencia, modas, intereses musicales, recreativos, etc.

Los adolescentes buscan independencia, y por consecuencia, desean realizar actividades sin el control paterno constante;  les molestan las ocupaciones caseras, las preguntas de los padres sobre su vida privada; empiezan a perder  la docilidad infantil volviéndose oposicionistas y, por lo tanto, para la percepción paterna: ingobernables. Idea lógicamente entendible, los padres caen en una especie de espejismo que los confunde ya que, conviven con personas que pueden parecer adultos físicamente y que desean ser tratados como tales, pero, en el interior son adolescentes que no saben a ciencia cierta ni lo que quieren ni a qué aspiran; por lo tanto, la intervención de los padres en el desarrollo de sus hijos y en especial durante este periodo es crucial, la calidad de relación que establezcan con sus hijos y el tipo de disciplina que empleen con ellos, permitirá que se favorezca el logro de los objetivos que se planteen los hijos adolescentes. Por lo anteriormente citado, es importante otorgarles una responsabilidad que exija su cumplimiento y, al mismo tiempo, les permita tomar decisiones, lo cual concederá a los padres poder estar al tanto de la vida de sus hijos para que ellos les tengan confianza, sin invadir ni su espacio personal ni su privacidad. Señalando que esta regla tiene su excepción: cuando el adolescente ponga en riesgo su salud, su integridad o su vida, o la de los demás, es ahí donde, por supuesto, los padres deben ejercer su función e intervenir sin ninguna duda o reserva.

En la adolescencia los espacios donde son posibles las interacciones sociales se amplían y crecen junto a los deseos de independencia, el chico demanda un enorme monto de afecto y atención por parte de sus padres, pero finge que no es así, traduciendo su forma de recibir amor retándolos continuamente, de tal manera que la tolerancia y el temple de sus figuras parentales serán la única forma de sentir su amor incondicional. Aún y cuando, esto lleve a los padres a ser candidatos para un implante de hígado.

Paralelamente al alejamiento de la tutela parental, el adolescente busca establecer lazos más estrechos con sus compañeros, sus pares, sus iguales. La amistad del adolescente tiene una función primordial para su integración a la sociedad, pues le permite reforzar su identidad y entablar relaciones duraderas basadas en la confianza, la intimidad, la comunicación, la expresión abierta del afecto y el conocimiento mutuo.  Durante este periodo el chico valora a sus amigos específicamente por sus características psicológicas, y por ende, está seguro de que son los amigos las únicas personas capaces de compartir y ayudarle a resolver sus problemas emocionales sin juzgarlo, criticarlo o devaluarlo.  Esta concepción de la amistad es debida al proceso cognitivo de la perspectiva social, que consiste en adoptar la posición de una tercera persona para analizar más objetivamente sus relaciones, es decir, tal y como las vería el otro.

Las amistades adolescentes contribuyen esencialmente aportando el sentimiento de igualdad y el de pertenencia a un grupo, se vuelven más íntimas debido a que son idénticas por naturaleza; es decir, al ser similares y de igualdad, permiten que el adolescente experimente y exprese sin temor ni censura toda la gama de afectos y valores positivos (cariño, confianza, lealtad, colaboración, apoyo, respeto etc.) y negativos (celos, ira, agresividad, cólera, rechazo, molestia, indiferencia, etc.) sin sentir que serán juzgados o rechazados. Para ellos, los amigos son logros sociales significativos puesto que se convierten en los mejores indicadores de su competencia social y por consiguiente, del incremento de su autoestima y conocimiento de sí mismo ya que la comparación con sus pares es necesaria para que las personas lleguen a desarrollar un sentimiento válido y preciso de su propia identidad. El grupo de iguales fomenta que el adolescente adquiera conciencia de sí, experiencia que el entorno familiar no puede proporcionarle.

Pero ¿cómo educar sin invadir? Se ha observado en diversas investigaciones que los diferentes tipos de disciplina parental se relacionan directamente con la aceptación por parte de los hijos; por ejemplo, los padres democráticos crean un ambiente propicio para la comunicación y apertura, lo que permite la expresión de afectos y necesidades de todos los miembros que la conforman;  en contraste,  los adolescentes manifiestan un marcado rechazo hacia los padres autoritarios y hacia los excesivamente permisivos, ya que los adolescentes lo interpretan como desinterés e indiferencia.

1.                     Padres democráticos: los adolescentes con conductas más independientes y seguras, proceden de familias con padres democráticos que favorecen la adquisición de la autonomía personal, que se expresan emocionalmente y mantienen una comunicación abierta; así también, ejercen disciplina razonada con tolerancia y flexibilidad adecuadas con exigencias acordes con la edad de su hijo. Este tipo de disciplina favorece el desarrollo integral del adolescente, una mayor adaptación e incluso resultados académicos superiores.

2.                    Padres autoritarios: son quienes no favorecen el diálogo y la comprensión, no demuestran afecto a sus hijos, ejercen un fuerte control sobre ellos y les exigen demasiado, no permiten que se discuta su autoridad y poder. Estos padres no demandan de sus hijos superación personal, sino el cumplimiento de expectativas o frustraciones propias de los padres, propiciando la distorsión de la comunicación, así como continuos conflictos familiares que terminan por desgastar la convivencia social.

3.                    Padres excesivamente permisivos: al no ejercen ningún tipo de control sobre sus hijos, no les permiten tener metas y objetivos personales para lograr, les provocan sentimientos de abandono y de carencia de importancia, lo cual, merma su desarrollo personal.

Para educar sin el hígado hay que ayudar a los adolescentes a que descubran de que valen por lo que son y darles oportunidad de que vivan sus propias experiencias en situaciones que no impliquen riesgos mayores, teniendo en cuenta de que no necesitan sermones o presión, sino cariño y aceptación. Los adolescentes sienten más deseos de complacer a los padres cuando se sienten apreciados que cuando los atormentan.

Cuando se les critica para corregirlos, es esperado que se defiendan y no acepten sus fallas, por eso es importante que la crítica sea hacia la situación no hacia ellos. Es conveniente escuchar lo que expresen, sin cuestionar si tiene o no razón, otorgándole la  mayor atención posible sin rechazarlos o insinuar que lo que dicen carece de importancia, pues para ellos sí es importante y merece respeto.

Cuando el adolescente decide cómo vestirse y organizar sus cosas, busca en realidad su independencia y autonomía; hay que brindarle cierta libertad pero estando al pendiente de él, dejando claro que hay ciertos tópicos (los que atenten contra su integridad, su salud física o mental, su vida o la de otros) en los que no hay margen de negociación.

El ambiente tranquilo y apacible le permitirá compartir sus intimidades, pero dándole el tiempo necesario para que lo haga cuando así lo decida pertinente, no hay que agobiarlo con preguntas que se conviertan en interrogatorios ya que, ocasionará que entre en mutismo y cierre los espacios de ingreso a su vida personal.

Es necesario tener paciencia con el adolescente y tener  límites claros pero razonados, no impuestos, pues le brinda seguridad y ayuda a formarlo. Vale la pena tener cuidado con lo que los hijos ven y leen, no a base de represión, sino de reflexión, para evaluar cómo lo asimilan y ayudarles a formarse un criterio, no imponérselos.

Hay que estar alertas de cambios emocionales desproporcionados o que se presenten por períodos de larga duración, ya que estas señales pueden indicar problemas emocionales severos. De ser así, busque asesoría psicológica para orientar adecuadamente la educación y salud mental de su adolescente. Si es Usted quien está pasando por una crisis personal al relacionarse con sus adolescentes, también vale la pena acudir. Recuerde que hay que ser inteligente a la hora de educar. Hacerlo con la cabeza, no con el corazón y mucho menos con el hígado.

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2 comentarios en “La Rebeldía Adolescente o cuando los padres educan con el Hígado”

  1. ANONIMO dice:

    MUY CONTROVERTIDO EL TEMA, Y CRUCIAL EN LA VIDA DE CUALQUIER SER HUMANO, Y CIERTO ES QUE SI NO SE CONSTRUYÓ UNA BUENA RELACIÓN DURANTE LA INFANCIA SE DIFICULTA EL TRATO CON LOS HIJOS ADOLESCENTES, LO CIERTO ES QUE NO HAY RECETA GENERAL, Y ES IMPORTANTE CONTAR CON PROFESIONALES QUE NOS APOYEN COMO PADRES. FELICIDADES COMO SIEMPRE A LA PSICÓLOGA CLAUDIA BERMÚDEZ

  2. Para que esta etapa de la adolescencia no sea un conflicto en la familia, por causa de los cambios físicos y emocionales, los padres de familia deben desde la infancia inculcarles valores espirituales, humanos y algo muy importante es la coherencia en su conducta ya que los niños absorben todo lo que ven en sus casas.

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